El espíritu de compartir

El espíritu de compartir

7/18/2018

Compartiendo para las necesidades de los santos. (Romanos 12:13)

La sociedad dice que cada uno de nosotros tiene determinadas posesiones, pero Dios dice que no tenemos nada. Somos sencillamente administradores de aquello con lo que Dios nos ha bendecido. Y parte de esa responsabilidad administrativa es a veces compartir los recursos personales con los hermanos necesitados.

El espíritu de compartir se vio de inmediato en la iglesia primitiva cuando los creyentes después de Pentecostés “perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones… [y] todos los que habían creído estaban juntos, y tenían en común todas las cosas” (Hch. 2:42, 44; vea también 1 Ti. 6:17-18). Pídale al Señor que lo ayude a demostrar ese mismo espíritu de compartir.

La gracia de Dios en los dones espirituales

JULIO, 18

La gracia de Dios en los dones espirituales

Devocional por John Piper

Según cada uno ha recibido un don especial, úselo sirviéndoos los unos a los otros como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios. (1 Pedro 4:10)

La gracia venidera es gracia «multiforme». Viene en diferentes colores, formas y tamaños. Esa es una de las razones por las que los dones espirituales en el cuerpo son tan diversos. El prisma de la vida de ustedes refractará uno de los colores de la gracia que nunca saldrá de mi prisma.

Hay tantas gracias por venir como las hay necesidades en el cuerpo de Cristo, y más aún. El propósito de los dones espirituales es recibir y proporcionar la gracia venidera de Dios para suplir esas necesidades.

Pero alguien podría preguntarse: «¿Por qué citar la carta de Pedro para referirse a la gracia venidera?¿Acaso no maneja un mayordomo una casa que ya tiene en mano?».

La razón principal por la que cito a Pedro para referirme a la gracia venidera es que el versículo que sigue ilustra cómo ocurre esto, y se refiere al suministro continuo de gracia venidera: «el que sirve, que lo haga por la fortaleza que Dios da, para que en todo Dios sea glorificado mediante Jesucristo» (1 Pedro 4:11).

Cuando utilicemos nuestros dones espirituales para servir a alguien el día de mañana, estaremos sirviendo «por la fortaleza que Dios da» mañana. La palabra es da, no dio.

Dios continúa, día a día, momento a momento, supliendo el «poder» en el cual ministramos.


Devocional tomado del libro “Future Grace” (Gracia Venidera), página 294

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Jueces 1 | Hechos 5 | Jeremías 14 | Mateo 28

18 JULIO

Jueces 1 | Hechos 5 | Jeremías 14 | Mateo 28

Este capítulo, Jeremías 14, oscila entre la poesía y la prosa, y entre el discurso de Dios y la respuesta de Jeremías. En ese momento, una calamitosa sequía estaba asolando al país. Algunas reflexiones:

(1) Un desastre puede no ser más que la consecuencia de la Caída y no el juicio específico de Dios sobre un pueblo. Nos recuerda nuestra mortalidad y que estamos perdidos, llamando al arrepentimiento (Lucas 13:1–5). Sin embargo, un desastre específico puede ser el juicio inmediato y directo del Señor sobre una nación. Así pues, una situación de ese tipo exige un examen de conciencia y un corazón humilde. Exactamente de la misma forma, una enfermedad severa puede no ser la consecuencia directa de un pecado específico (Juan 9), pero puede serlo (Juan 5).

(2) Una y otra vez en el Antiguo Testamento, Dios castiga por sus pecados a la comunidad del pacto utilizando las desgracias recurrentes en el mundo antiguo: la espada (es decir, la guerra, y en ocasiones el exilio después de la misma), el hambre y la peste (14:11–12). Esta triple combinación aparece siete veces en la profecía de Jeremías. Ezequiel 14 añade un cuarto elemento: las bestias salvajes. Todos estos fenómenos son “naturales” (hambre y peste) o provocados por una conducta humana malvada (guerra, y a veces hambre y peste).

(3) Debido a que nuestra cultura se empeña en desvincular de Dios lo que ocurre en el mundo “natural”, reservando para él sólo los asuntos privados o “espirituales”, enseguida queremos dar una explicación naturalista a nuestras guerras, hambrunas y epidemias, en lugar de al menos tratar de aprender las lecciones que la providencia pueda estar enseñándonos. No estoy sugiriendo que esta sea fácil de interpretar. Hemos visto que las propias Escrituras nos advierten de que no hagamos insinuaciones demasiado rápidas (Lucas 13:1–5). Sin embargo, no aprender ninguna lección moral y espiritual de los desastres puede indicar, nada más y nada menos, que nos hemos vendido a las fuerzas de la secularización. Nos negamos decididamente a “escuchar” lo que Dios dice cuando nos habla en el lenguaje del juicio, exactamente la misma respuesta que el antiguo Israel. De hecho, según este capítulo, muchos líderes religiosos negaban cualquier relación entre el desastre y el juicio divino (14:14). Siempre ocurre así. Por tanto, no solo se exigirán responsabilidades a los profetas por lo que digan y enseñen, sino también a las personas por lo que elijan escuchar. ¿Acaso no hay lecciones morales y espirituales que aprender del sangriento siglo XX, con las dos guerras mundiales, la carrera armamentística, las quiebras económicas, los nazis, Stalin, Mao, Pol Pot, Biafra, los Balcanes, Ruanda, Vietnam, los despreciables regímenes totalitarios de izquierdas o de derechas, las hambrunas, la esclavitud, Sudán, el racismo, el SIDA, el aborto? Kipling tenía razón: “Señor de los ejércitos, sé con nosotros / para que no olvidemos; para que no olvidemos”.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 199). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Jesucristo, revelación de Dios

Miércoles 18 Julio

El hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente.

1 Corintios 2:14

Jesús le dijo… El que me ha visto a mí, ha visto al Padre.

Juan 14:9

Jesucristo, revelación de Dios

Robert Millikam (1868-1953), premio Nobel de física, afirmó en 1928: «Es infinitamente improbable que el hombre utilice un día la potencia del átomo. La idea ilusoria según la cual emplearemos la energía atómica cuando nuestras reservas de carbón se hayan agotado es un sueño nada científico y utópico». Sin embargo, menos de veinte años más tarde, la primera bomba atómica fue lanzada sobre Hiroshima; y hoy buena parte de la electricidad producida en el mundo proviene de centrales nucleares.

Si la mente humana más instruida se muestra limitada para comprender el ámbito material, ¿cómo puede sondear el ámbito espiritual? ¿Seríamos ingenuos hasta el punto de pensar que la criatura puede comprender todo lo relacionado con su Creador? Necesitamos una revelación para conocer a Dios. Jesucristo nos reveló a ese Dios que los filósofos no alcanzan a conocer con sus investigaciones. Nos dio a conocer no solo al Creador de todas las cosas, sino también a un Dios que es a la vez santidad y amor, verdad y gracia. También nos mostró que ese gran Dios de los cielos se humilló voluntariamente, que vivió en la pobreza por amor a nosotros, para que nosotros fuésemos enriquecidos (2 Corintios 8:9). Esta humillación lo llevó hasta morir en la cruz a fin de redimir a pecadores como nosotros.

¡Qué maravillosa persona es Jesús! Nos hace discernir todos los atributos de Dios y, mediante su obra en la cruz, permite que nos acerquemos a Dios como a nuestro Padre.

Números 28 – Lucas 6:20-49 – Salmo 85:1-7 – Proverbios 19:20-21

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