Jueces 7 | Hechos 11 | Jeremías 20 | Marcos 6

24 JULIO

Jueces 7 | Hechos 11 | Jeremías 20 | Marcos 6

El capítulo que nos ocupa (Jeremías 20) presenta una perspectiva de las circunstancias externas de Jeremías en ese momento de su ministerio, y de su confusión interior.

(1) Las circunstancias externas de Jeremías: el sacerdote Pasur hijo de Imer es el “oficial principal” en el templo, presumiblemente el encargado de la seguridad, que sirve bajo el mando del sumo sacerdote. Las acciones y palabras proféticas que Jeremías comunicó en el capítulo anterior, anunciando la destrucción de Jerusalén y de su templo, se han interpretado como algo cercano a la traición, si no a la blasfemia, más aún cuando Pasur ha estado entre los que “profetizaba mentiras” (20:6), asegurando que Dios nunca dejaría que la ciudad cayese en manos de los paganos (cp. 14:14–15). Así pues, Pasur ordena arrestar y azotar al profeta, presumiblemente hasta el límite legal de cuarenta azotes (Deuteronomio 25:3, este número se redujo en uno en la época de Pablo para garantizar que no excediese accidentalmente el límite, 2 Corintios 11:24). Jeremías pasa una noche en el cepo, un elemento que provocaba contracturas musculares muy dolorosas. La mañana siguiente, Pasur cambia de opinión y deja ir al profeta. Está equivocado si cree que su indulgencia va a hacerle callar: Jeremías utiliza la ocasión para asignar un nuevo significado al nombre de Pasur, “Terror por todas partes” (20:3–4), otro anuncio pintoresco del juicio que caerá con total seguridad, cuando todas las falsas profecías de Pasur queden expuestas como lo que son.

(2) La confusión interna de Jeremías: si el profeta es valiente de cara al exterior, los siguientes versículos (20:7–18) revelan algo de su angustia personal. Jeremías ha estado prediciendo el juicio durante décadas, pero hasta ese momento no ha llegado. Cada vez es más fácil desacreditarlo y burlarse de él. La paciencia del Señor se convierte en excusa para el escepticismo (como en 2 Pedro 3:8–9). Temporalmente, el profeta decide guardar silencio, pero la palabra profética que arde en su interior es tan fuerte que no puede guardarla dentro (20:9). Por tanto, habla y sus antiguos “amigos” le escuchan con condescendencia burlona, esperando que diga algo que les permita denunciar a este necio a las autoridades y ocasionarle problemas (20:10). Jeremías oscila entre una fe brillante y firme, totalmente confiada en que el Señor lo vindicará finalmente (20:11–13), y una desesperación debilitadora que desea abiertamente no haber nacido nunca y que se regodea en una autocompasión entendible (20:14–18).

Es posible que algunos siervos del Señor nunca hayan experimentado semejantes altibajos, pero son muy pocos. Ciertamente, quienes sirven en lugares difíciles se ven casi invariablemente reflejados de algún grado en las experiencias de Jeremías. Oremos por los líderes cristianos, especialmente por aquellos cuya labor se desarrolla en terrenos complicados y profundamente desalentadores.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 205). Barcelona: Publicaciones Andamio.

La Palabra de Dios fortalece la fe

Martes 24 Julio

Ella es mi consuelo en mi aflicción, porque tu dicho me ha vivificado.

Salmo 119:50

Tu palabra me fue por gozo y por alegría de mi corazón.

Jeremías 15:16

La Palabra de Dios fortalece la fe

«Era joven y no estaba muy firme en la fe. Un día escuché lo siguiente en una reunión cristiana: ¿Qué va a fortalecer su fe? ¿Sus reflexiones? ¿La actualidad? ¿Lo que piensan los demás? No, ¡la Biblia! Al leerla su alma será alimentada y fortalecida.

Entonces comprendí que solo la Palabra de Dios podía liberarme de mis dudas».

La Palabra es el primer medio, empleado por el Espíritu Santo, para fortalecer nuestra fe. Cuando estamos turbados, algunos nos dicen: «¡No hay que pensar en los problemas, hay que seguir luchando!». Pero estos consejos no sirven de mucho, pues solo la Palabra de Dios tiene el poder para reconfortarnos e instruirnos a fin de que continuemos avanzando. Al leerla y pensar en ella, nuestro corazón se apega al Señor, y por medio de ella recibimos luz y fuerza.

Para animar a amigos creyentes, quizá sea útil evocar experiencias personales a fin de mostrarles que podemos simpatizar con sus dificultades. Pero solo la Palabra divina es “viva y eficaz” (Hebreos 4:12), y tiene el poder para transformar vidas.

Si no estoy lleno del amor divino, mi mensaje no tendrá ningún impacto positivo en el corazón de la persona a quien trato de animar. Y no tenemos el poder para penetrar en los corazones, como sí lo hace la Sagrada Escritura, que ha sido “inspirada por Dios” (2 Timoteo 3:16). Dejémonos impregnar por la Palabra de Dios y dirigir por su Espíritu para vivir y transmitir aquello que será una ayuda en el día difícil.

Números 33 – Lucas 9:21-43 – Salmo 88:1-7 – Proverbios 20:2-3

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No se permite el favoritismo

No se permite el favoritismo

7/23/2018

Porque no hay acepción de personas para con Dios. (Romanos 2:11)

Es pecado que un cristiano muestre favoritismo con las personas. Es decir, no debe estar prejuiciado ni a favor ni en contra de otra persona basándose en posición social, riqueza, influencia, po­pu­laridad o apariencia física.

La más clara y más práctica enseñanza neotestamentaria acerca de la imparcialidad está en la carta de Santiago a los creyentes:

Hermanos míos, que vuestra fe en nuestro glorioso Señor Jesucristo sea sin acepción de personas. Porque si en vuestra congregación entra un hombre con anillo de oro y con ropa espléndida, y también entra un pobre con vestido andrajoso, y miráis con agrado al que trae la ropa espléndida… ¿no hacéis distinciones entre vosotros mismos, y venís a ser jueces con malos pen­sa­mien­tos? …pero si hacéis acepción de personas, cometéis pecado, y quedáis convictos por la ley como transgresores (2:1-4, 9).

Si Dios nunca obra con favoritismo, ¿no debiera procurar usted el mismo carácter virtuoso, “no haciendo nada con parcialidad” (1 Ti. 5:21)?

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Cómo resistir a los deseos pecaminosos

JULIO, 23

Cómo resistir a los deseos pecaminosos

Devocional por John Piper

Por la fe Moisés… [abandonó] los placeres temporales del pecado… porque tenía la mirada puesta en la recompensa. (Hebreos 11:24-26)

La fe no se contenta con los «placeres temporales». Tiene un hambre voraz por el gozo, y la Palabra de Dios dice: «en tu presencia hay plenitud de gozo; en tu diestra, deleites para siempre» (Salmos 16:11). Por lo tanto, la fe no se desviará hacia el pecado. No se rendirá tan fácilmente en la búsqueda del máximo gozo.

El rol de la Palabra de Dios es alimentar el apetito de la fe por Dios. Al hacerlo, aleja nuestro corazón de los sabores engañosos de la lujuria.

Al principio, la lujuria comienza a engañarme y a hacerme sentir que realmente me perderé alguna gran satisfacción si continúo en mi camino hacia la pureza. Pero entonces tomo la espada del Espíritu y comienzo a pelear.

· Leo que mejor es sacarme un ojo que caer en la lujuria (Mateo 5:29).

· Leo que si pienso acerca de lo que es puro, amable y honorable, la paz de Dios estará conmigo (Filipenses 4:8).

· Leo que poner la mente en la carne trae muerte, pero ponerla en el Espíritu trae vida y paz (Romanos 8:6).

· Leo que los deseos carnales batallan contra mi alma (1 Pedro 2:11) y que los placeres de esta vida ahogan la vida del Espíritu (Lucas 8:14).

· Lo que es aún mejor, leo que Dios no negará ningún bien a aquellos que caminan en integridad (Salmos 84:11) y que los puros de corazón verán a Dios (Mateo 5:8).

En la medida en que oro para que mi fe sea saciada con la paz y la vida de Dios, la espada del Espíritu rasga la cubierta de azúcar del veneno de la lujuria. La veo por lo que realmente es y, por la gracia de Dios, su poder seductor es destrozado.


Devocional tomado del libro “Future Grace” (Gracia Venidera), página 335-336

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Jueces 6 | Hechos 10 | Jeremías 19 | Marcos 5

23 JULIO

Jueces 6 | Hechos 10 | Jeremías 19 | Marcos 5

La curación del hombre gadareno que estaba poseído por una “legión” de demonios (Marcos 5:1–20) exige algunas explicaciones y reflexiones en muchos puntos. Nos detendremos en seis de ellos:

(1) El escenario es un territorio gentil en el lado oriental del Mar de Galilea, en la región de Decápolis (5:20), las diez ciudades de población mayoritariamente helenística. La piara de cerdos deja claro este punto, ya que ningún judío respetable tendría estos animales. (2) El hombre pobre descrito en estos versículos estaba sometido a algún tipo de ataque cíclico. En ocasiones, era lo suficientemente dócil como para que lo encadenasen, pero después era tan increíblemente poderoso que podía romper las cadenas y liberarse. Expulsado de su hogar, vivía entre las tumbas, por donde deambulaba gritando y lacerándose. Era un hombre en la última agonía de la destrucción a manos de fuerzas demoníacas (5:5). No debemos dar por sentado que todos los casos de lo que hoy llamamos locura sean consecuencia de una actividad demoníaca; tampoco caigamos en el reduccionismo que achaca todos estos fenómenos de posesión a desequilibrios químicos en el cerebro. (3) Las palabras dirigidas a Jesús (5:6–8), aunque salen de los labios de un hombre, son producto del “espíritu maligno”. Este sabe muy bien (a) reconocer quién es Jesús y (b) vivir con el horrible conocimiento de la condena final que le espera. (4) Este diálogo entre Jesús y el “espíritu maligno” contiene dos elementos que no se encuentran en ningún otro exorcismo en los evangelios canónicos. Primero, la extraña interacción entre el singular y el plural: “Me llamo Legión… porque somos muchos”. Esta respuesta indica una ambigüedad en cierta actividad demoníaca. Además, como Jesús deja entrever en otros pasajes, la posesión múltiple por espíritus inmundos es una condición “peor” que debe evitarse escrupulosamente (Mateo 12:45). Segundo, estos demonios no desean marcharse de la zona y quieren entrar en otros cuerpos (5:10, 12). Jesús accede a ambas peticiones, lo cual presumiblemente refleja en parte el hecho de que aún no ha llegado la hora de su expulsión definitiva. (5) Aunque es esencial tener en cuenta el señorío absoluto de Jesús sobre esos espíritus malignos, debemos añadir que él no requiere la presencia de todos ellos individualmente, ni pregunta por sus nombres, ni entra en conversación con ellos, ni otras muchas cosas puestas en práctica habitualmente por algunos que se dedican a “ministerios de liberación”. (6) Las respuestas a esta liberación son asombrosas. El hombre salvado quiere seguir a Jesús, que lo comisiona a dar testimonio, en su mundo gentil, de lo mucho que el Señor ha hecho por él y de su misericordia (5:18–20). Los habitantes de la región ruegan a Jesús que se vaya (5:17): prefieren los cerdos a las personas, su tranquilidad financiera a la transformación de una vida.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 204). Barcelona: Publicaciones Andamio.

¿Qué me dice la Biblia?

Lunes 23 Julio

No hay diferencia, por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios.

Romanos 3:22-23

Palabra fiel y digna de ser recibida por todos: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores.

1 Timoteo 1:15

¿Qué me dice la Biblia?

La Biblia nunca fue tan difundida y traducida en tantos idiomas y dialectos como ahora. En muchos países está al alcance de todos los que desean leerla y escucharla. Pero, ¿cuál es nuestra actitud ante este Libro? ¿Qué tiene la Biblia más que otro libro?

A diferencia de todos los demás, nos pone directamente en contacto con Dios, quien se dirige así a cada lector. La Biblia nos revela la apreciación de Dios sobre nuestra vida. Declara que todos los hombres son pecadores y van hacia el juicio, hacia un futuro eterno lejos de él.

¿Qué debemos hacer al leer esto? Simplemente aceptar esta declaración de Dios, reconociendo que estamos en ese camino, que somos culpables ante él. Pero también debemos leer la continuación del texto para descubrir que Dios preparó el medio de salvación para nosotros, y creer simplemente en Jesucristo. Cada persona es responsable de aceptarlo.

Solo Jesús puede liberar del juicio a todo el que cree en él, y darle la vida eterna. Tomó nuestro lugar en la cruz, llevando el castigo que nosotros merecíamos debido a nuestros pecados. Jesucristo también nos dice: La voluntad de mi Padre es “que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna” (Juan 6:40). El amor de Dios quiso acercarse a mí. El poder de este mensaje y el impacto que tiene en mi vida me dan la convicción de que la Biblia es verdaderamente la Palabra de Dios.

Números 32 – Lucas 9:1-20 – Salmo 87 – Proverbios 20:1

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Compartir la tristeza de los demás

Compartir la tristeza de los demás

7/22/2018

Llorad con los que lloran. (Romanos 12:15)

Dios quiere que sea sensible ante las tristezas o dificultades de los demás. Eso es compasión, que por definición va más allá del deber de solidarizarse o simpatizar con alguien. Quiere decir en realidad entrar en el sufrimiento ajeno.

Dios es un Dios compasivo (Dt. 4:31), tanto que la Biblia dice que “nunca decayeron sus misericordias. Nuevas son cada mañana” (Lm. 3:22-23). El Hijo de Dios era genuinamente compasivo, mostrando la compasión del Padre cuando lloró con María y Marta ante el sepulcro de su hermano Lázaro (Jn. 11:35).

Si usted es hijo de Dios, ¿cómo puede menos que demostrar el carácter compasivo de su Señor? “Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia” (Col. 3:12).

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Predicarnos a nosotros mismos

JULIO, 22

Predicarnos a nosotros mismos

Devocional por John Piper

¿Por qué te abates, alma mía, y por qué te turbas dentro de mí? Espera en Dios, pues he de alabarle otra vez. ¡Él es la salvación de mi ser, y mi Dios! (Salmos 42:11)

Debemos aprender a pelear contra el desánimo. Es una batalla que peleamos por la fe en la gracia venidera. Se pelea predicándonos verdad, a nosotros mismos, acerca de Dios y el futuro que él nos promete.

Eso es lo que hace el salmista en el Salmo 42: le predica a su alma angustiada, se regaña a sí mismo y discute consigo mismo. Y su argumento principal es la gracia venidera: «¡Espera en Dios! Confía en lo que Dios será para ti en el futuro. El día de la alabanza está por llegar. La presencia del Señor será toda la ayuda que necesites. Y él ha prometido estar con nosotros para siempre».

Martyn Lloyd-Jones, el predicador inglés del siglo XX, creía que esta cuestión de predicarnos a nosotros mismos la verdad acerca de la gracia venidera de Dios es crucial para superar la depresión espiritual.

¿Se dan cuenta de que la mayor parte de la infelicidad en la vida se debe al hecho de que nos escuchamos a nosotros mismos en lugar de hablarnos a nosotros mismos? Tomen esos pensamientos que llegan a ustedes al momento en que se levantan a la mañana. Nosotros no los originamos, pero comienzan a hablarnos, nos traen a memoria nuevamente los problemas de ayer, etc. Alguien está hablando… ¡nuestro propio ser nos está hablando!

La batalla contra el desánimo es una batalla por creer las promesas de Dios; y esa fe en la gracia venidera de Dios viene al oír la Palabra. Por eso, predicarnos a nosotros mismos es esencial para la batalla.


Devocional tomado del libro “Future Grace” (Gracia Venidera), página 305

Jueces 5 | Hechos 9 | Jeremías 18 | Marcos 4

22 JULIO

Jueces 5 | Hechos 9 | Jeremías 18 | Marcos 4

La imagen del alfarero y el barro (Jeremías 18) se repite en las Escrituras (p. ej., Romanos 9:19ss.). Cada uno de estos pasajes se centra en detalles ligeramente diferentes, aunque todos ellos hacen hincapié en la influencia soberana de Dios sobre las personas, que se comparan con el barro. Podemos clarificar los puntos principales con las siguientes observaciones:

(1) El torno del alfarero era muy común en el antiguo Oriente Próximo, no tanto como artículo de ocio, sino como elemento esencial en la manufactura de vasijas y recipientes, útiles para la vida cotidiana y al mismo tiempo decorativos. La palabra torno se encuentra en forma dual en hebreo: dos piedras circulares se encajaban en un eje vertical; el alfarero giraba la inferior con el pie mientras la superior servía como plataforma para el trabajo.

(2) Frecuentemente, cuando se daba forma a un recipiente, aparecía algún defecto en el tamaño, en la forma, en la textura de la arcilla o en la presencia de algún contaminante. Entonces, el alfarero reducía su obra a una masa amorfa y comenzaba de nuevo. No tiene sentido preguntar si el alfarero es responsable del defecto. Por supuesto, en el mundo real de la alfarería, puede serlo o puede estar utilizando el procedimiento de prueba y error. No decimos que el propio barro tenga algún tipo de responsabilidad moral en el resultado final. Sin embargo, el sentido de esta extendida metáfora no es asignar la culpa por el defecto: ese es otro asunto. Tratar de interpretar así esta lección es reducir esta imagen a lo más básico. Además, en el contexto más amplio del capítulo, es decir, fuera del mundo de la metáfora, Dios hace responsable al pueblo de Israel por el comportamiento que está dando lugar a este juicio (p. ej., 18:13–15).

(3) ¿Cuál es entonces el sentido de esta imagen? Quizás haya dos. Primero, Dios tiene el derecho de destruir su vasija y comenzar de nuevo. Sea cual sea la causa de los defectos, tiene la misma potestad que el alfarero para reducir su obra a la nada y comenzar de nuevo. En otras palabras, las personas no son en absoluto tan autónomas ni tan capaces de autodeterminarse como creen, lo cual significa que su conducta y desobediencia presentes son ingredientes para un desastre absoluto. Segundo, del mismo modo que un alfarero competente puede empezar de nuevo porque no esté satisfecho con la forma en que se está desarrollando su obra, Dios comienza otra vez porque no le agrada cómo está evolucionando el pueblo de su pacto. ¿Son los modelos de Dios inferiores a los del alfarero de la aldea?

Dios tiene el derecho y los modelos. ¿Tiene sentido oponerse a él?

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 203). Barcelona: Publicaciones Andamio.

¿A cuál de los dos queréis?

Domingo 22 Julio

Pilato les dijo: ¿Qué, pues, haré de Jesús, llamado el Cristo? Todos le dijeron: ¡Sea crucificado!

Mateo 27:22

Vosotros negasteis al Santo y al Justo, y pedisteis que se os diese un homicida, y matasteis al Autor de la vida.

Hechos 3:14-15

¿A cuál de los dos queréis?

En el juicio contra Jesús, Pilato el gobernador romano propuso al pueblo de Jerusalén elegir entre dos hombres. Se los presentó y les preguntó a cuál de los dos querían soltar.

El primero se llamaba Barrabás, un famoso asesino que había fomentado un motín. Era del mismo linaje de los que querían matar a Jesús, quien les había dicho: “Vosotros sois de vuestro padre el diablo… Él ha sido homicida desde el principio” (Juan 8:44).

El otro era Jesús, el Hijo de Dios (Juan 1:18). El evangelista precisa que Jesús es la fuente de la vida (Juan 1:4) y afirma: “Este es el verdadero Dios, y la vida eterna” (1 Juan 5:20). Jesús mismo dijo: “Yo soy la resurrección y la vida”.

Ante esta elección, “todos dieron voces de nuevo, diciendo: No a este, sino a Barrabás” (Juan 18:40). Entonces soltaron a Barrabás y crucificaron a Jesús. Hoy, ¿hubiésemos hecho una elección diferente?

Esta decisión pone en evidencia, de una manera solemne, el estado moral de la humanidad. Lo que vemos en el mundo actual tristemente confirma que quien lo dirige es Satanás, “el homicida”.

Sin embargo, esta constatación no debe desesperarnos, pues las consecuencias de la muerte de Jesús en la cruz son incalculables. Al permitir que su Hijo fuese crucificado, Dios tenía en vista la salvación de la humanidad culpable. ¡Jesús murió, pero también resucitó! Y a toda persona que cree en él, Dios le da la vida eterna.

Números 31:21-54 – Lucas 8:26-56 – Salmo 86:14-17 – Proverbios 19:28-29

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