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Jueces 6 | Hechos 10 | Jeremías 19 | Marcos 5

23 JULIO

Jueces 6 | Hechos 10 | Jeremías 19 | Marcos 5

La curación del hombre gadareno que estaba poseído por una “legión” de demonios (Marcos 5:1–20) exige algunas explicaciones y reflexiones en muchos puntos. Nos detendremos en seis de ellos:

(1) El escenario es un territorio gentil en el lado oriental del Mar de Galilea, en la región de Decápolis (5:20), las diez ciudades de población mayoritariamente helenística. La piara de cerdos deja claro este punto, ya que ningún judío respetable tendría estos animales. (2) El hombre pobre descrito en estos versículos estaba sometido a algún tipo de ataque cíclico. En ocasiones, era lo suficientemente dócil como para que lo encadenasen, pero después era tan increíblemente poderoso que podía romper las cadenas y liberarse. Expulsado de su hogar, vivía entre las tumbas, por donde deambulaba gritando y lacerándose. Era un hombre en la última agonía de la destrucción a manos de fuerzas demoníacas (5:5). No debemos dar por sentado que todos los casos de lo que hoy llamamos locura sean consecuencia de una actividad demoníaca; tampoco caigamos en el reduccionismo que achaca todos estos fenómenos de posesión a desequilibrios químicos en el cerebro. (3) Las palabras dirigidas a Jesús (5:6–8), aunque salen de los labios de un hombre, son producto del “espíritu maligno”. Este sabe muy bien (a) reconocer quién es Jesús y (b) vivir con el horrible conocimiento de la condena final que le espera. (4) Este diálogo entre Jesús y el “espíritu maligno” contiene dos elementos que no se encuentran en ningún otro exorcismo en los evangelios canónicos. Primero, la extraña interacción entre el singular y el plural: “Me llamo Legión… porque somos muchos”. Esta respuesta indica una ambigüedad en cierta actividad demoníaca. Además, como Jesús deja entrever en otros pasajes, la posesión múltiple por espíritus inmundos es una condición “peor” que debe evitarse escrupulosamente (Mateo 12:45). Segundo, estos demonios no desean marcharse de la zona y quieren entrar en otros cuerpos (5:10, 12). Jesús accede a ambas peticiones, lo cual presumiblemente refleja en parte el hecho de que aún no ha llegado la hora de su expulsión definitiva. (5) Aunque es esencial tener en cuenta el señorío absoluto de Jesús sobre esos espíritus malignos, debemos añadir que él no requiere la presencia de todos ellos individualmente, ni pregunta por sus nombres, ni entra en conversación con ellos, ni otras muchas cosas puestas en práctica habitualmente por algunos que se dedican a “ministerios de liberación”. (6) Las respuestas a esta liberación son asombrosas. El hombre salvado quiere seguir a Jesús, que lo comisiona a dar testimonio, en su mundo gentil, de lo mucho que el Señor ha hecho por él y de su misericordia (5:18–20). Los habitantes de la región ruegan a Jesús que se vaya (5:17): prefieren los cerdos a las personas, su tranquilidad financiera a la transformación de una vida.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 204). Barcelona: Publicaciones Andamio.

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