Dependencia como la de los niños

Dependencia como la de los niños

8/7/2018

Si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos. (Mateo 18:3)

Mientras hablaba de la genuina salvación, Jesús hizo una apropiada comparación con las características de los niños. Para ser salvo, usted debe ir a Cristo con la actitud dependiente y la perspectiva de un niño: sencillo, indefenso, confiado, sincero, sin pretensiones y sin ambiciones.

No es que los niños no tengan pecado, sino que son cándidos y modestos, dependientes de los demás y libres de egoístas reclamos de grandeza. Se someten al cuidado de sus padres y de otros seres queridos, dependiendo de ellos para que satisfagan todas sus necesidades. Esa es la actitud humilde y dependiente que debe tener todo el que procure entrar en el reino de Jesucristo.

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El motivo de la creación

AGOSTO, 07

El motivo de la creación

Devocional por John Piper

Creó, pues, Dios al hombre a imagen suya, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. (Génesis 1:27)

Dios hizo a los seres humanos a su imagen para que el mundo estuviera lleno de reflectores de Dios. Imágenes de Dios. Siete mil millones de estatuas de Dios, para que así nadie ignore el motivo de la creación.

Nadie (a menos que estuviera totalmente ciego) podría pasar por alto el propósito de la humanidad: Dios. Conocer, amar y mostrar a Dios. Los ángeles daban voces en Isaías 6:3, diciendo: «Santo, Santo, Santo, es el Señor de los ejércitos, llena está toda la tierra de su gloria». Está llena de millones de seres humanos que llevan su imagen. Ruinas gloriosas.

Pero no solo de humanos. ¡También de naturaleza! ¿Por qué un mundo increíblemente bello para que vivamos? ¿Por qué un universo tan vasto?

Una vez leí que son más las estrellas del universo que las palabras y sonidos que todos los seres humanos de todos los tiempos han emitido. ¿Por qué? La Biblia es absolutamente clara al respecto: «Los cielos proclaman la gloria de Dios» (Salmos 19:1).

Alguien podría preguntar: «Si la Tierra es el único planeta habitado y el hombre es el único habitante racional entre las estrellas, ¿para qué un universo tan grande y vacío?». La respuesta es esta: no se trata de nosotros. Se trata de Dios. Y decir solo eso, es quedarse corto.

Dios nos creó para que lo conozcamos y lo amemos y lo demos a conocer; y nos dio un indicio de cómo es él —el universo—.

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Jueces 21 | Hechos 25 | Jeremías 35 | Salmos 7–8

7 AGOSTO

Jueces 21 | Hechos 25 | Jeremías 35 | Salmos 7–8

El Salmo 8 es una joya de valor incalculable, que celebra la gloria y la bondad de Dios reveladas en la creación. Con una brevedad maravillosa, David presenta una emocionante mezcla de sobrecogimiento y gozo ilimitado. Sin pasar por alto la maldad del mundo (8:2), se centra en elementos del orden creado que reflejan la majestad de Dios. Ni siquiera los cielos son apropiados para la tarea (8:1b), ya que el Señor ha ordenado que su alabanza brote de los labios de los chiquillos y de los niños de pecho (8:2). “Oh Señor, soberano nuestro, ¡qué imponente es tu nombre en toda la tierra!” (8:1, 9); oportunamente, el salmo empieza y termina con el propio Dios.

En gran parte, el salmo se centra en el lugar ocupado por el ser humano en este universo creado por Dios y centrado en él. La pregunta retórica fundamental es: “¿Qué es el hombre para que pienses en él? ¿Qué es el ser humano, para que lo tengas en cuenta?”. Las variantes de esta pregunta tienen diferentes matices, dependiendo del contexto. Esta puede estar implorando un respiro (Job 7:17), escondiéndose con vergüenza por el pecado humano (Job 25:6) o socavando la arrogancia del hombre (Salmos 144:3–4). En el Salmo 8, la pregunta expresa un temor reverencial estupefacto cuando el salmista atisba la incomparable grandeza del universo y reflexiona sobre la pequeñez del ser humano y su tremenda importancia: sorprendentemente, Dios “piensa” en el “hombre”, lo cual significa mucho más que “acordarse” de nosotros (¡como si la omnisciencia pudiese olvidar!). Más bien, la palabra contiene matices de compasión, como muestra la línea paralela: él cuida de nosotros. Esta relación es gloriosa. De hecho, aquí tenemos a uno de estos seres humanos dirigiéndose personalmente a este Dios grandioso y mayestático: “para que pienses en él… para que lo tengas en cuenta”. Un comentarista nos recuerda que la conclusión correcta a la que Isaías llega al considerar la gloria del orden celestial de Dios no es su lejanía, sino que “cuida al máximo los detalles” (Isaías 40:26ss.). El Señor no diseñó el universo para que fuese simplemente inmenso y carente de significado. Lo hizo como hogar infinito para su pueblo (Isaías 45:18; 51:16). De hecho, la visión del Salmo 8 se remonta al relato de la creación (Génesis 1–2). El Señor ha formado a esta criatura, a este pequeño ser, a este ser humano bendecido por él, para que reine con él sobre todo el orden creado de este planeta (8:6–8).

Dos reflexiones más: en primer lugar, esta historia del ser humano está totalmente alejada de la visión moderna que nos pinta como subproductos accidentales de una cosmogonía sin significado, ni intrínsecamente buena o mala. En segundo lugar, la epístola a los hebreos, teniendo en cuenta el salmo 8, reconoce lo lejos que nos encontramos de nuestro propósito en la creación y halla esperanza en un hecho: Jesús es el prototipo de hombre del orden consumado que está por llegar (Hebreos 2:5–13).

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 219). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Si Dios es justo…

Martes 7 Agosto

Jesús, Señor nuestro, el cual fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación.

Romanos 4:24-25

(Dios es) justo, y… justifica al que es de la fe de Jesús.

Romanos 3:26

Si Dios es justo…

«Si Dios es justo me recibirá en el paraíso. Él sabe que nunca he robado ni matado a nadie, que trato de hacer el bien, que soy mejor que muchas personas que me rodean…».

Si esto es lo que usted piensa, ¡está equivocado! Sí, Dios es justo, pero no ejerce la justicia como lo hacen los hombres, que pueden absolver a un hombre en primera instancia y declararlo culpable en la segunda, o viceversa. Él sabe todo sobre usted, no solo conoce sus actos visibles, sino también sus pensamientos más secretos. Conoce exactamente toda su vida. No nos compara al promedio de los hombres, sino que nos mide según las normas de su santidad absoluta. Y como tiene los ojos demasiado limpios para ver el mal (Habacuc 1:13), no puede recibirle en su presencia tal como usted es.

Pero su justicia inflexible se une a un amor infinito, y si bien lo declara culpable, también quiere perdonarlo. Ofrece su perdón a todos los que aceptan que Jesucristo sufrió en su lugar el juicio que ellos merecían. Dios es justo, por lo tanto no puede hacer pagar dos veces la misma deuda. “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 1:9).

Entonces, ¡no trate de declararse inocente! Al contrario, reconozca sus faltas y su incapacidad para hacer lo que es justo ante Dios; mediante la fe en Jesucristo, acepte la gracia que él le ofrece.

Él cumplirá su promesa de perdonarle y darle la vida eterna.

Jeremías 11 – Lucas 17 – Salmo 91:7-10 – Proverbios 20:29-30

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