Seis significados de estar en Cristo

AGOSTO, 29

Seis significados de estar en Cristo

Devocional por John Piper

[Dios] nos salvó y llamó con llamamiento santo, no conforme a nuestras obras, sino según el propósito suyo y la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos. (2 Timoteo 1:9)

Estar «en Cristo Jesús» es una realidad extraordinaria. El significado de estar en Cristo nos deja sin aliento. Unidos a Cristo. Atados a Cristo.

Si estamos «en Cristo», veamos lo que esto significa para nosotros:

  1. En Cristo Jesús recibimos gracia antes de que el mundo fuera creado, como lo expresa 2 Timoteo 1:9: la gracia «nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos».
  2. En Cristo Jesús fuimos escogidos por Dios antes de la creación, como lo dice Efesios 1:4: «[Dios] nos escogió en Él [Cristo] antes de la fundación del mundo».
  3. En Cristo Jesús somos amados por Dios con un amor inseparable. Romanos 8:38-39 dice: «Estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro».
  4. En Cristo Jesús fuimos redimidos y todos nuestros pecados fueron perdonados, como muestra Efesios 1:7: «En Él [Cristo] tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados».
  5. En Cristo Jesús fuimos justificados delante de Dios y la justicia de Dios en Cristo nos fue conferida. Así lo expresa 2 Corintios 5:21: «Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él».
  6. En Cristo Jesús fuimos convertidos en una nueva creación y en un hijo de Dios, como dice 2 Corintios 5:17: «De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas». Lo mismo expresa Gálatas 3:26: «Pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús».

Devocional tomado del libro “The Stupendous Reality of Being “in Christ Jesus””

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1 Samuel 21–22 | 1 Corintios 3 | Ezequiel 1 | Salmo 37

29 AGOSTO

1 Samuel 21–22 | 1 Corintios 3 | Ezequiel 1 | Salmo 37

Ezequiel era coetáneo de Jeremías. Aunque nació en una familia sacerdotal, lo apartaron del templo. En marzo de 597 a.C., lo deportaron a Babilonia, a más de mil cien kilómetros de su tierra, junto al joven rey Jeconías, la reina madre, la aristocracia y muchos de los principales sacerdotes y artesanos. Jeconías estuvo en la cárcel o bajo arresto domiciliario durante treinta y cinco años. La comunidad exiliada, empobrecida y alejada de Jerusalén y del templo, soñaba con nostalgia volver a casa y suplicaba a Dios que los rescatase. No podían concebir que en una década la ciudad fuera totalmente destruida. Trataron de asentarse en los márgenes del río Kebar, probablemente un canal de irrigación procedente del Éufrates. Allí, según Ezequiel 1, a la edad de treinta años y en el quinto de su exilio (es decir, alrededor de 593, seis años antes de la destrucción de Jerusalén), Ezequiel tuvo una visión extraordinaria.

Una explicación detallada de esta visión apocalíptica exige más espacio del que disponemos aquí. No obstante, algunas observaciones son fundamentales:

(1) En términos generales, Ezequiel ve un trono móvil, el de Dios (una vez prediqué sobre este pasaje a algunas personas con deficiencias auditivas, ¡y más de uno creyó que estaba hablando del teléfono móvil de Dios!).

(2) El trono está compuesto por “cuatro seres vivientes”, cada uno de los cuales tenía alas extendidas que se tocaban con las adyacentes, de forma que todas ellas formaban un inmenso cuadrado vacío. Dentro de ese espacio había antorchas, relámpagos y fuego. Cada criatura tenía cuatro rostros, probablemente una forma de indicar que el trono de Dios es inteligente (la cara humana), regio (el león), fuerte (el toro) y compasivo (el águila, cp. Éxodo 19:4; Isaías 40:31). Al lado de cada criatura, había una rueda. Las cuatro parecían estar encajadas entre sí, de forma que no pudiesen caerse. Toda la estructura se mueve en línea recta, como el cursor en un monitor de tres dimensiones, propulsado por las ruedas y las alas adicionales de las criaturas vivientes, dirigida cohesivamente por el Espíritu. Encima de la cabeza de las criaturas, y sustentada por ellas, hay una plataforma como un cuenco gigante, que brilla como el hielo o la escarcha. El trono de Dios se encuentra sobre ella.

(3) La importancia de este trono móvil queda clara más adelante en el libro. En este momento, podemos comprender dos cosas: (a) cuanto más se acerca la visión al propio Dios, se describe a este de forma más distante. La culminación, “tal era el aspecto de la gloria del Señor” (1:28), no da lugar a la concepción de un artista, sino a la adoración; (b) de forma más amplia: las visiones de Dios siempre inducen al quebrantamiento, a la humildad y a la adoración (cp. Isaías 6; Apocalipsis 1; 4–5).

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 241). Barcelona: Publicaciones Andamio.

¿Por qué yo?

Miércoles 29 Agosto

Esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria.

2 Corintios 4:17

Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse.

Romanos 8:18

¿Por qué yo?

«Todos los que me rodean tienen una buena salud y yo sufro de una enfermedad cada día más incapacitante, sin esperanza de curación. ¿Por qué me tocó a mí y no a los demás? ¿Qué he hecho para sufrir tanto?». A menudo surgen estas preguntas… La vida parece injusta. Para algunos ella se desarrolla sin problemas ni preocupaciones; en cambio para otros las dificultades se acumulan.

El patriarca Job, que pasó por una prueba muy grande al perder todos sus bienes, sus hijos y su salud, dijo: “¡Oh, que pesasen justamente mi queja y mi tormento, y se alzasen igualmente en balanza! Porque pesarían ahora más que la arena del mar; por eso mis palabras han sido precipitadas” (Job 6:1-3). Si vemos las cosas solo desde el punto de vista de nuestra vida aquí en la tierra, todo parece causar desánimo. Pero Dios nos ama, es sensible a nuestras angustias y quiere que veamos más allá de las cosas visibles, “pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas” (2 Corintios 4:18). Desde la perspectiva divina, el sufrimiento cobra otro sentido. Lo que para el incrédulo es una injusticia, para el creyente que confía en Dios es una prueba que se convertirá en motivo de “alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo” (1 Pedro 1:7). Mediante los versículos de hoy, el apóstol Pablo anima a todos los que sufren. En medio de sus numerosas pruebas fue sostenido por la certeza de que Dios lo amaba y por las perspectivas eternas que reserva a los creyentes.

Jeremías 31:21-40 – 1 Corintios 7:1-24 – Salmo 102:1-8 – Proverbios 22:10-11

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La casa sobre la arena

La casa sobre la arena

8/28/2018

Cualquiera que me oye estas palabras y no las hace, le compararé a un hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena. (Mateo 7:26)

La casa edificada sobre la arena simboliza una vida espiritual edificada sobre el fundamento de las opiniones, las actitudes y las voluntades humanas, que siempre son cambiantes e inestables. Si edifica su vida sobre ese fundamento, la está edificando sobre la obstinación, la autosuficiencia, la justicia propia, los propósitos egoístas y la realización de los propios deseos. Si escoge cimientos arenosos, su vida se fundamentará en falsas enseñanzas y no alcanzará la salvación; “siempre están aprendiendo, y nunca pueden llegar al conocimiento de la verdad” (2 Ti. 3:7).

No sea como el que superficial y descuidadamente escoge una sección de la arena del mundo para edificar sobre ella su esperanza. Más bien preocúpese por la profundidad de la recompensa espiritual que resulta de considerar sabiamente y escoger con cuidado el sólido cimiento de Dios.

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Perdonados por amor al nombre de Jesús

AGOSTO, 28

Perdonados por amor al nombre de Jesús

Devocional por John Piper

Oh Señor, por amor de tu nombre, perdona mi iniquidad, porque es grande. (Salmos 25:11)

La justicia de Dios es el infinito celo y gozo y placer que él tiene en lo que es supremamente valioso, es decir, en su propia perfección y valor. Si en algún momento Dios decidiera actuar en contra de esta pasión eterna por su propia perfección, él sería injusto, sería un idólatra.

¿Cómo puede un Dios tan justo tener algún tipo de afecto por pecadores como nosotros que menospreciaron su perfección? La maravilla del evangelio es que en esta justicia divina también se encuentra el fundamento mismo de nuestra salvación.

La infinita estima que el Padre tiene por el Hijo hace posible que alguien como yo, un vil pecador, sea amado y acepto en el Hijo, porque en su muerte Jesús vindicó el valor y la gloria de su Padre.

Ahora yo podría orar con un nuevo entendimiento junto al salmista: «Oh Señor, por amor de tu nombre, perdona mi iniquidad, porque es grande» (Salmos 25:11). El nuevo entendimiento consiste en que Jesús ha sido la expiación por nuestro pecado y ha reivindicado el honor del Padre, por lo cual nuestros pecados son perdonados «por su nombre» (1 Juan 2:12).

El deleite infinito del Padre en sus propias perfecciones es la fuente de nuestro gozo eterno. El hecho de que el deleite de Dios en su Hijo sea deleite en sí mismo no es vanidad. Es el evangelio.


Devocional tomado del libro “Los Deleites de Dios”, páginas 43-44

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1 Samuel 20 | 1 Corintios 2 | Lamentaciones 5 | Salmo 36

28 AGOSTO

1 Samuel 20 | 1 Corintios 2 | Lamentaciones 5 | Salmo 36

En esta era de la información, muchos de nosotros hemos aprendido a ser lo más breves posible. Mi supervisor en el doctorado me ayudó mucho en este ámbito: aunque mi prosa sigue siendo demasiado dispersa, la concisión y precisión adquiridas deben mucho a su concienzuda corrección de mi trabajo hace un cuarto de siglo. Los directores eficientes aprenden a ser breves; los programadores informáticos son más valorados cuanto más cortos sean los códigos escritos que introducen en las máquinas. Hay muy pocos autores contemporáneos que se atrevan con libros largos y enmarañados, y los editores suelen acortarlos.

No obstante, aquí estamos, leyendo tranquilamente Isaías, Jeremías, Lamentaciones, con Ezequiel por delante, y nos encontramos dando vueltas, una y otra vez, alrededor de los mismos temas: el pecado en la comunidad del pacto; la amenaza del juicio; el mismo llevado a cabo, primero contra las tribus del norte, y después contra Judá. Reconocemos las sutiles diferencias, por supuesto: histórico, apocalíptico, oráculo, lamento, oraciones. Aquí en Lamentaciones 5, la quinta endecha se expresa en forma de larga oración: “Recuerda, Señor, lo que nos ha sucedido; ten en cuenta nuestro oprobio” (5:1). Sin embargo, ¿no nos hemos dicho más de una vez: “Sé que esto es la Palabra de Dios, y sé que es importante, pero creo que ahora comprendo algo de la historia y de la teología del exilio? ¿Por qué no centrarnos en otra cosa?”. Vivimos en una época dominada por la información, queremos brevedad, y en ocasiones la Biblia parece terriblemente discursiva. Así pues, leemos otro capítulo lo más rápidamente posible porque ya “sabemos” todo esto.

Ahí radica parte del problema. Leamos este capítulo de nuevo, despacio, concienzudamente. Está claro que tiene relación con el Israel seis siglos anterior a Cristo, con la destrucción de sus ciudades, su tierra y su templo, con el inicio del exilio. Sin embargo, prestemos atención a la profundidad y la persistencia de las súplicas, al arrepentimiento, al compromiso personal con Dios, a la conciencia cultural, al reconocimiento de la soberanía y la justicia de Dios, al profundo sentimiento de que el pueblo debe volver al Señor si el retorno a la tierra es posible, por no hablar de su significado (5:21). Después, comparemos esto con las ramas del confesionalismo cristiano con las que estemos más familiarizados. En días de decadencia cultural, degradación moral y deterioro eclesiástico a gran escala, ¿son nuestras oraciones como las de Lamentaciones 5? ¿Han ardido en nuestra mente y nuestro corazón los temas de los profetas mayores hasta el punto de que nuestro anhelo es estar junto al Dios viviente? ¿O hemos caído en el espíritu de este siglo, de forma que nos conformamos con ser ricos en información, pero pobres en sabiduría y piedad?

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 240). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Hoy, Dios todavía perdona

Martes 28 Agosto

Cualquiera que guardare toda la ley, pero ofendiere en un punto, se hace culpable de todos.

Santiago 2:10

Se ha manifestado la justicia de Dios… por medio de la fe en Jesucristo.

Romanos 3:21-22

Hoy, Dios todavía perdona

¿Qué esfuerzo hay que hacer, qué mérito se debe tener para ir al «paraíso», el lugar en el que Dios quiere que el hombre sea feliz después de su muerte?

Seguramente usted ha oído hablar de los diez mandamientos dados por Dios en la Biblia. Es un resumen de la Ley divina. ¿Cree que esta Ley tiene que ser escrupulosamente respetada para «ganar» el cielo? Si fuera así, ¡nadie podría entrar! Léalos atentamente y verá que hay forzosamente uno que no ha respetado… Por ello la Biblia dice que todos los hombres pecaron y no pueden ir al paraíso (lea Romanos 3:23).

Si bien es cierto que la Ley pone en evidencia nuestros pecados, la Biblia también dice: “Mas cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia” (Romanos 5:20). Dicho de otra manera, como la Ley demostró que el hombre es pecador, echar mano de la gracia divina es la única solución para cada uno de nosotros. Esta gracia vio al hombre luchar (tratando de respetar la Ley, de volverse mejor para «ganar» la aprobación de Dios), lo vio agotarse haciendo vanos esfuerzos y luego hundirse por completo.

¡Mediante Jesucristo la gracia llegó hasta nosotros! Clavado en una cruz, reveló de forma admirable el misterio del amor incondicional que Dios tiene a cada ser humano. Allí, Dios hizo caer sobre su Hijo el castigo que merecían nuestros pecados. ¿Cree esto? ¡Entonces esta gracia es para usted!

Jeremías 31:1-20 – 1 Corintios 6 – Salmo 101:5-8 – Proverbios 22:8-9

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La casa edificada sobre la roca

La casa edificada sobre la roca

8/27/2018

No cayó, porque estaba fundada sobre la roca. (Mateo 7:25)

La casa fundada sobre la roca representa la vida de obediencia espiritual. Es la vida que tiene una perspectiva bíblica de sí mismo y del mundo, como se describe en las Bienaventuranzas de Cristo en el Sermón del Monte. Es la vida que se preocupa más por la justicia interna que por la forma externa. Es una vida de autenticidad y no de hipocresía, y de justicia de Dios en vez de justicia propia.

La casa fundada sobre la roca describe la vida que se deshace del orgullo y de las buenas obras humanas y es humilde y contrita debida a su propio pecado. Tal vida procura, con la ayuda del Espíritu, entrar por la puerta estrecha de la salvación y ser fiel al camino angosto de Cristo y de su Palabra. La vida edificada sobre la roca confía en la voluntad de Dios y espera en su Palabra por encima de todo. ¿Dónde descansa su esperanza y dónde radica su confianza?

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Todos nuestros enemigos bajo de los pies de Jesús

AGOSTO, 27

Todos nuestros enemigos bajo de los pies de Jesús

Devocional por John Piper

Entonces vendrá el fin, cuando [Cristo] entregue el reino al Dios y Padre, después que haya abolido todo dominio y toda autoridad y poder. (1 Corintios 15:24)

¿Cuán lejos se extenderá el reinado de Cristo?

El versículo 25 dice: «Pues Él debe reinar hasta que haya puesto a todos sus enemigos debajo de sus pies». La palabra todos nos muestra la extensión.

Lo mismo hace la palabra todo en el versículo 24: «Entonces vendrá el fin, cuando [Cristo] entregue el reino al Dios y Padre, después que haya abolido todo dominio y toda autoridad y poder».

No hay enfermedad, ni adicción, ni demonio, ni mal hábito, ni falta, ni vicio, ni debilidad, ni temperamento, ni mal humor, ni orgullo, ni conmiseración por uno mismo, ni conflicto, ni envidia, ni perversión, ni codicia, ni pereza, que Cristo no haya planeado vencer por ser enemigos de su honor.

Esta promesa nos llena de aliento porque, cuando nos preparamos para pelear contra los enemigos de nuestra fe y nuestra santidad, sabemos que no peleamos solos.

Jesucristo está ahora, en esta era, poniendo a todos sus enemigos debajo de sus pies. Todo gobierno, toda autoridad y todo poder serán conquistados.

Por eso, recordemos que la extensión del reinado de Cristo tiene alcance sobre todos los enemigos de su gloria: desde el más pequeño hasta el más grande, todos serán derrotados.


Devocional tomado del sermón“He must reign”

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1 Samuel 19 | 1 Corintios 1 | Lamentaciones 4 | Salmo 35

27 AGOSTO

1 Samuel 19 | 1 Corintios 1 | Lamentaciones 4 | Salmo 35

La cuarta endecha (Lamentaciones 4) aporta diversas imágenes mentales para describir el sufrimiento del asedio final de Jerusalén y más allá. También expone algunas de las razones por las que se impuso el juicio, y acaba con un susurro de esperanza.

El poema comienza comparando a los habitantes de Jerusalén con oro que ha perdido su lustre (4:1). Como este, eran preciados, pero ahora son como los tiestos de arcilla más baratos (4:2). Bajo condiciones de asedio y deportación, la comida es tan escasa que las madres ya no pueden alimentar más a sus hijos; incluso los cachorros de chacal reciben un trato mejor (4:3–4). Dios destruyó Sodoma, conocida por su maldad, con un rápido holocausto, “en un instante” (4:6). Sin embargo, el castigo del pueblo del poeta es mayor que el de Sodoma (4:6); un asedio es algo espantoso y prolongado, y el exilio que le sigue es continuo. El supuesto teológico, desde luego, es que existen grados de culpa: los más conocedores de los caminos de Dios pueden tener menos excusa, y por tanto esperar un juicio más severo (p. ej., Mateo 11:20–24). En cuanto a los miembros de la nobleza, están tan consumidos, degradados y sucios como el resto, por lo que no se les puede distinguir (4:8–9); otra forma de decir que los líderes de la pequeña nación han sido destruidos. Son tan miserables que son inmundos, física y ceremonialmente, como los leprosos que deben sobrevivir a duras penas donde nadie quiere tener contacto con ellos (4:14–15). “El ungido del Señor” (4:20), una referencia al rey Sedequías en este caso, demuestra no servir para nada: “Era él de quien decíamos: ¡Viviremos bajo su sombra entre las naciones!” (4:20), es decir, seguros en el conocimiento de que pertenecía al linaje de David, el ungido del Señor. Sin embargo, al haber destruido la ciudad y el templo, Dios también echó del trono a los descendientes davídicos.

¿Por qué lo hizo? “Por los pecados de sus profetas. Por las iniquidades de sus sacerdotes” (4:13). El escritor no está queriendo decir que los líderes religiosos eran los únicos pecadores, sino que ellos, los que tendrían que haber hecho más para mantener la fidelidad al pacto en la nación, la llevaron a la corrupción y la infidelidad en su lugar. Debido a la posición que ostentaban, lejos de evitar el declive nacional, lo incitaron y aceleraron. ¿Dónde ocurre esto también actualmente?

La historia no acaba aquí. El escritor se mofa de sus vecinos paganos diciéndoles que pueden disfrutar también del momento, porque les llegará el turno. Dios los castigará, al igual que a Israel, y un día la comunidad del pacto, aunque afligida ahora, dejará tras de sí toda huella del exilio (4:21–22). El Ungido del Señor les dará descanso.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 239). Barcelona: Publicaciones Andamio.