LA SEGURIDAD NO TIENE LÍMITES

LA SEGURIDAD NO TIENE LÍMITES

9/3/2018

Puede también salvar perpetuamente a los que
por él se acercan a Dios.
HEBREOS 7:25

El alcance de su seguridad como creyente es tan ilimitado como su certeza es absoluta. En rea-lidad, la expresión “perpetuamente” en el versículo de hoy literalmente significa “por completo” o “para siempre”. La seguridad de la salvación es absolutamente amplia, sin salvedades ni límites.
El infalible decreto del Padre de seguridad para los cristianos se cumplió misericordiosa y completamente mediante la obra de su Hijo en el Calvario (vea 1 Jn. 2:1). Y esa seguridad es lo bastante firme como para que dure toda su vida en la tierra, hasta que usted llegue a la presencia del Señor. El apóstol Judas presenta esta alentadora bendición, en la que siempre usted puede confiar: “Y a aquel que es poderoso para guardaros sin caída, y presentaros sin mancha delante de su gloria con gran alegría” (Jud. 24).

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El «Yo seré» de Dios

SEPTIEMBRE, 03

El «Yo seré» de Dios

Devocional por John Piper

Sin muros será habitada Jerusalén, a causa de la multitud de hombres y de ganados dentro de ella. Y yo seré para ella —declara el Señor— una muralla de fuego en derredor, y gloria seré en medio de ella. (Zacarías 2:4-5)

Algunas mañanas me despierto sintiéndome frágil, vulnerable. A menudo, esto es un sentimiento vago. No hay amenaza ni debilidad alguna. Solo un sentido indefinido de que algo saldrá mal y de que yo seré responsable por ello.

Suele pasarme luego de recibir muchas críticas, o cuando tengo muchas expectativas con plazos definidos y que parecen demasiado grandes y numerosas.

Cuando miro hacia atrás y traigo a memoria alrededor de cincuenta años de estas mañanas recurrentes, me sorprende ver cómo el Señor Jesús ha guardado mi vida y mi ministerio. La tentación de escapar del estrés nunca ganó, o al menos no hasta ahora. Esto es increíble. Lo alabo por ello.

En lugar de dejar que me hundiera en la parálisis del miedo o que corriera hacia un espejismo de pastos más verdes, él despertó en mí un clamor en pedido de auxilio y luego lo respondió con una promesa concreta.

Permítanme dar un ejemplo reciente. Una mañana me desperté sintiéndome frágil en el sentido emocional. Débil y vulnerable, oré: «Señor, ayúdame. Ni siquiera estoy seguro de cómo orar».

Una hora más tarde estaba leyendo Zacarías, en busca de la ayuda por la que había orado. La ayuda llegó:

Sin muros será habitada Jerusalén, a causa de la multitud de hombres y de ganados dentro de ella. Y yo seré para ella —declara el Señor— una muralla de fuego en derredor, y gloria seré en medio de ella. (Zacarías 2:4-5)

Habrá tanta prosperidad y crecimiento para el pueblo de Dios que Jerusalén no podrá contenerlos dentro de sus muros. La «multitud de hombres y de ganados» será tan numerosa que Jerusalén será como muchos pueblos esparcidos en una tierra sin murallas.

La prosperidad es buena, pero ¿qué hay de la protección?

A esto Dios responde en Zacarías 2:5: «yo seré para ella —declara el Señor— una muralla de fuego en derredor». Sí, así es. Esa es la promesa, el «yo seré» de Dios. Eso es lo que necesito.

Y si eso es cierto para las aldeas vulnerables de Jerusalén, también es cierto para mí como hijo de Dios. Dios será «una muralla de fuego en derredor» mío. Sí, él lo será. Lo ha sido y lo será.

Y se pone aún mejor. Dentro de los límites de esa abrasadora muralla de protección, él dice: «gloria seré en medio de ella». Dios nunca se contenta con darnos la protección de su fuego; él nos dará el deleite de su presencia.


Devocional tomado del articulo“Qué Hacer si Te Sientes Frágil al Despertarte”

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1 Samuel 27 | 1 Corintios 8 | Ezequiel 6 | Salmo 44

3 SEPTIEMBRE

1 Samuel 27 | 1 Corintios 8 | Ezequiel 6 | Salmo 44

El Salmo 44 ofrece un importante contraste con los temas que hemos estado considerando en los libros proféticos. Los profetas mayores siguen vinculado estrechamente los pecados de Israel con la destrucción que Dios hizo caer sobre él: el pueblo tiene lo que se merece. Está claro que hemos hablado anteriormente del sufrimiento inocente, especialmente en Job y en algunos salmos. Sin embargo, en Salmos 44 nos topamos con el de una nación inocente.

Hubo derrotas e incluso deportaciones (44:11) antes del exilio (véase Amós 1:6, 9), por lo que no podemos saber con certeza cuándo se escribió este salmo. Ni siquiera los reyes buenos vencían siempre (p. ej., Salmo 60). Aquí, el salmista comienza repasando el pasado. Al iniciar la nación su andadura como tal, todo dependía de la intervención poderosa del Señor: “Fue tu brazo, tu mano derecha; fue la luz de tu rostro, porque tú los amabas” (44:3). El salmista no está fijándose en héroes nacionales pasados, ni lamentándose por su ausencia actual. Recuerda el poder de Dios en la historia y declara que la nación sigue confiando en él (44:6–8). ¿Por qué llegan entonces esas desastrosas derrotas (44:9–16)? A diferencia del grave pecado denunciado por Isaías, en este caso predomina la fidelidad: “Todo esto nos ha sucedido, a pesar de que nunca te olvidamos ni faltamos jamás a tu pacto. No te hemos sido infieles, ni nos hemos apartado de tu senda” (44:17–18).

Hacia el final del salmo, al menos dos indicios invitan al lector a reflexionar acerca de la dirección tomada por escritores bíblicos posteriores, aunque no aportan “soluciones”. (1) Cuando parece que Dios duerme, cuando se retira (44:23ss.), no está derramando su ira sobre nuestro pecado, sino que está gestionando sus propios tiempos. No admite que le metamos prisa y su “gran amor” (44:26) triunfará al final. Los altibajos de la historia cristiana adoptan la misma postura: no siempre se corresponden con los diferentes métodos o grados de lealtad. Un comentarista (F. D. Kidner) definió perfectamente la situación: “Aunque la imagen del Señor durmiendo nos pueda parecer ingenua, se representaba en el Nuevo Testamento para enseñar una lección que seguimos encontrando relevante: cp. versículo 23 con 4:8”. (2) Sorprendentemente, el salmista dice: “Por tu causa, siempre nos llevan a la muerte” (44:22, cursivas añadidas). Esta idea no se desarrolla completamente hasta que Pablo cita el versículo (Romanos 8:36ss.). Sin embargo, engloba la noción de que parte del sufrimiento sin ser consecuencia de nuestro pecado, es simplemente el resultado de ser fiel a Dios en un mundo que está en guerra con él. En tales casos, sufrir no es una señal de derrota, sino una insignia de nuestra fidelidad, comunión e incluso victoria: somos “más que vencedores por medio de aquel que nos amó” (Romanos 8:37).

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 246). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Nunca lo conseguiré

Lunes 3 Septiembre

Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal.

Mateo 6:34

No desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré.

Isaías 41:10

Te haré entender, y te enseñaré.

Salmo 32:8

Nunca lo conseguiré

Rebeca tenía seis años y estaba aprendiendo a leer. Víctor tenía doce e iba al colegio. Una tarde la niña observó las tareas que su hermano hacía y se dio cuenta de que no comprendía nada. Entonces se acercó a su madre y le dijo con una voz inquieta: «Mamá, cuando vaya al colegio nunca podré hacer lo que Víctor hace, ¡es demasiado difícil!».

Al ver la preocupación de la niña, su madre la consoló: «Rebeca, tú solo tienes seis años, Víctor tiene doce. Es normal que a tu edad lo que él hace te parezca demasiado complicado, ¡pero hoy nadie te pide que hagas las tareas de tu hermano! Tu profesora te pide que hagas cosas adaptadas a tu edad, sabe qué eres capaz de hacer. Esfuérzate sencillamente en aprender cada día lo que ella te pide. Cuando llegue el momento, verás que podrás hacer los ejercicios que Víctor hace».

En la vida cristiana también hay edades espirituales diferentes. La familia de la fe está compuesta por hijitos, jóvenes y padres (1 Juan 2:12-14). De esta manera algunos cristianos están más adelantados que otros. Pero no nos comparemos unos con otros, preguntándonos con inquietud si seremos capaces de hacer lo que hace este o aquel. ¡Confiemos en Dios! Él conoce nuestra capacidad mejor que nosotros, y adapta a ella lo que nos pide.

Esforcémonos en asimilar las lecciones de hoy. Ellas nos preparan para las que Dios quiere enseñarnos mañana. Así nuestros progresos espirituales serán para su gloria.

Jeremías 35 – 1 Corintios 11:1-22 – Salmo 103:6-12 – Proverbios 22:17-19

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