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1 Samuel 27 | 1 Corintios 8 | Ezequiel 6 | Salmo 44

3 SEPTIEMBRE

1 Samuel 27 | 1 Corintios 8 | Ezequiel 6 | Salmo 44

El Salmo 44 ofrece un importante contraste con los temas que hemos estado considerando en los libros proféticos. Los profetas mayores siguen vinculado estrechamente los pecados de Israel con la destrucción que Dios hizo caer sobre él: el pueblo tiene lo que se merece. Está claro que hemos hablado anteriormente del sufrimiento inocente, especialmente en Job y en algunos salmos. Sin embargo, en Salmos 44 nos topamos con el de una nación inocente.

Hubo derrotas e incluso deportaciones (44:11) antes del exilio (véase Amós 1:6, 9), por lo que no podemos saber con certeza cuándo se escribió este salmo. Ni siquiera los reyes buenos vencían siempre (p. ej., Salmo 60). Aquí, el salmista comienza repasando el pasado. Al iniciar la nación su andadura como tal, todo dependía de la intervención poderosa del Señor: “Fue tu brazo, tu mano derecha; fue la luz de tu rostro, porque tú los amabas” (44:3). El salmista no está fijándose en héroes nacionales pasados, ni lamentándose por su ausencia actual. Recuerda el poder de Dios en la historia y declara que la nación sigue confiando en él (44:6–8). ¿Por qué llegan entonces esas desastrosas derrotas (44:9–16)? A diferencia del grave pecado denunciado por Isaías, en este caso predomina la fidelidad: “Todo esto nos ha sucedido, a pesar de que nunca te olvidamos ni faltamos jamás a tu pacto. No te hemos sido infieles, ni nos hemos apartado de tu senda” (44:17–18).

Hacia el final del salmo, al menos dos indicios invitan al lector a reflexionar acerca de la dirección tomada por escritores bíblicos posteriores, aunque no aportan “soluciones”. (1) Cuando parece que Dios duerme, cuando se retira (44:23ss.), no está derramando su ira sobre nuestro pecado, sino que está gestionando sus propios tiempos. No admite que le metamos prisa y su “gran amor” (44:26) triunfará al final. Los altibajos de la historia cristiana adoptan la misma postura: no siempre se corresponden con los diferentes métodos o grados de lealtad. Un comentarista (F. D. Kidner) definió perfectamente la situación: “Aunque la imagen del Señor durmiendo nos pueda parecer ingenua, se representaba en el Nuevo Testamento para enseñar una lección que seguimos encontrando relevante: cp. versículo 23 con 4:8”. (2) Sorprendentemente, el salmista dice: “Por tu causa, siempre nos llevan a la muerte” (44:22, cursivas añadidas). Esta idea no se desarrolla completamente hasta que Pablo cita el versículo (Romanos 8:36ss.). Sin embargo, engloba la noción de que parte del sufrimiento sin ser consecuencia de nuestro pecado, es simplemente el resultado de ser fiel a Dios en un mundo que está en guerra con él. En tales casos, sufrir no es una señal de derrota, sino una insignia de nuestra fidelidad, comunión e incluso victoria: somos “más que vencedores por medio de aquel que nos amó” (Romanos 8:37).

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 246). Barcelona: Publicaciones Andamio.

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