ESPERANZA EN LA LUCHA

ESPERANZA EN LA LUCHA

9/20/2018

Con la mente sirvo a la ley de Dios, mas con la carne a la ley del pecado.

Romanos 7:25

Como a los cristianos se les llama a la obediencia y la nueva naturaleza desea obedecer, ¿qué hace usted cuando se siente tentado a desobedecer? En primer lugar, tiene el poder del Espíritu Santo en usted (Ro. 8:2), que lo capacita para hacer la voluntad de Dios. Pero Pablo también describe la realidad de nuestra lucha constante con la carne en Romanos 7. Él dice: “Veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente” (v. 23). 

El pecado en nuestra naturaleza humana lucha contra nuestro deseo de obedecer. Todo cristiano libra esa lucha. Su aspecto humano lucha contra la nueva criatura que se deleita en la ley de Dios. Lo que nos da esperanza es que, cuanto más luchemos, tanto más victoriosos seremos. Así que dé gracias al Señor por continuar su obra para librarlo y darle cada día la victoria sobre el pecado.

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Ni siquiera cerca del verdadero hedonismo

SEPTIEMBRE, 20

Ni siquiera cerca del verdadero hedonismo

Devocional por John Piper

No os acumuléis tesoros en la tierra, donde la polilla y la herrumbre destruyen, y donde ladrones penetran y roban; sino acumulaos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni la herrumbre destruyen, y donde ladrones no penetran ni roban. (Mateo 6:19-20)

El mensaje que hace falta gritar desde las casas de altas finanzas es: «Hombres seculares, ¡no están siquiera cerca de ser verdaderos hedonistas!».

Dejemos a un lado la satisfacción que nos brinda el escasa ganancia del cinco por ciento de los placeres, que son devorados por las polillas de la inflación y con la herrumbre de la muerte. Invirtamos en el seguro de primera clase, de alta rentabilidad y con aseguración divina, que es el cielo.

Dedicar toda la vida a las comodidades e ilusiones materiales es como tirar el dinero a una ratonera. Por el contrario, invertir toda la vida en la labor del amor produce dividendos de gozo insuperables y sin fin:

«Vended vuestras posesiones y dad limosnas; [y de ese modo] haceos bolsas que no se deterioran, un tesoro en los cielos que no se agota, donde no se acerca ningún ladrón ni la polilla destruye» (Lucas 12:33).

Ese mensaje es una muy buena noticia: vengan a Cristo, en cuya presencia hay plenitud de gozo y deleites para siempre. Únanse a nosotros en la labor del hedonismo cristiano. Porque el Señor lo dijo: ¡es más bienaventurado amar que vivir en el lujo!


Devocional tomado del libro “Deseando a Dios”, página 129

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2 Samuel 16 | 2 Corintios 9 | Ezequiel 23 | Salmos 70–71

20 SEPTIEMBRE

2 Samuel 16 | 2 Corintios 9 | Ezequiel 23 | Salmos 70–71

La vejez. No es algo a lo que nuestra generación se refiera demasiado, al menos de forma realista. Hablamos de prepararnos para la jubilación, pero somos reticentes a hacerlo sobre la enfermedad y la muerte. Muy pocos tratan estos asuntos abiertamente y con franqueza sin afligirse o sin moderarlos (lo cual indica, en ambos casos, que tienen miedo).

Es mucho más responsable aprender cómo envejecer fielmente, cómo morir bien. Eso es lo que quería el salmista. “No me rechaces cuando llegue a viejo; no me abandones cuando me falten las fuerzas […]. Aun cuando sea yo anciano y peine canas, no me abandones, oh Dios, hasta que anuncie tu poder a la generación venidera, y dé a conocer tus proezas a los que aún no han nacido” (Salmo 71:9, 18). Desde su juventud, sabía que el Señor le había enseñado (71:17). Ahora, ruega a Dios que no lo abandone en la vejez.

Por un lado, el salmista pidiendo principalmente que Dios le proteja de los ataques externos cuando esté demasiado viejo y enfermo para resistir (71:10ss.). La situación sería especialmente preocupante si el autor de este salmo fuese David o algún otro rey davídico. Una nación vecina que no se atreviese a atacar a Israel cuando David tuviese cuarenta años podría hacerlo cuando fuese ya anciano. Aunque no somos reyes, es correcto y bueno que pidamos especial protección al Señor cuando envejezcamos y enfermemos tanto que sea fácil aprovecharse de nosotros.

Sin embargo, la visión de David abarca más que la simple protección. Quiere vivir su vejez transmitiendo su testimonio a la siguiente generación. Su objetivo no es vivir cómodamente jubilado, sino emplear esos años para anunciar “tu poder a la generación venidera” y dar a conocer “tus proezas a los que aún no han nacido”. Merece la pena orar de esta forma. ¿Acaso no deben pedir gracia los cristianos ancianos, a fin de transmitir lo que han aprendido a la siguiente generación? Esta enseñanza puede llevarse a cabo de forma individual o en grupos pequeños. Quizás uno de ellos tomará bajo su tutela a un joven creyente o a un niño abandonado. Quizás algún experimentado guerrero de la oración enseñará a orar a un joven líder cristiano. Cuando ya no se tengan fuerzas ni para estas cosas, pediremos a Dios que su gracia obre en nuestra debilidad de forma que él sea glorificado en nosotros: quizás mostremos a los más jóvenes cómo perseverar bajo el sufrimiento, cómo confiar en medio del dolor y cómo morir en la gracia de Dios.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 263). Barcelona: Publicaciones Andamio.

El horno de fuego ardiente

Jueves 20 Septiembre

Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; y si por los ríos, no te anegarán. Cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en ti.

Isaías 43:2

Invócame en el día de la angustia; te libraré, y tú me honrarás.

Salmo 50:15

El horno de fuego ardiente

Lea Daniel 3

Nabucodonosor, rey de Babilonia, había hecho una estatua de oro y había pedido a todo su pueblo que la adorase, como si fuese un dios. Pero tres jóvenes hebreos prefirieron obedecer a su Dios. Conocían su primer mandamiento del cual hablamos ayer: “No tendrás dioses ajenos delante de mí. No te harás imagen…. No te inclinarás a ellas… porque yo soy el Señor tu Dios… celoso” (Éxodo 20:3-5). Por lo tanto decidieron no postrarse ante la estatua. Fueron denunciados y llevados ante el rey, quien estalló en ira. Les ofreció una última oportunidad: si se arrodillaban ante la estatua no serían quemados vivos. Pero los jóvenes confiaron en su Dios y respondieron al rey: “Nuestro Dios a quien servimos puede librarnos del horno de fuego ardiendo; y de tu mano, oh rey, nos librará. Y si no, sepas, oh rey, que no serviremos a tus dioses, ni tampoco adoraremos la estatua que has levantado” (Daniel 3:17-18). Furioso, el rey ordenó echar al horno a los tres hombres atados. Pero, ¡qué sorpresa! Solo se quemaron sus ataduras. Los tres hebreos caminaban libremente en medio del fuego, acompañados por una cuarta persona. Era Dios mismo quien estaba ahí con ellos y los protegía del poder del fuego.

El rey, espantado, les ordenó salir del fuego. Y todos pudieron ver el milagro que Dios había hecho a favor de sus fieles testigos.

Dios nunca deja sin respuesta a la fe, incluso si algunos han muerto como mártires. Si tenemos que pasar por la prueba, descansemos confiadamente en Dios. ¡Él nos responderá!

Jeremías 50:21-46 – 2 Corintios 9 – Salmo 106:24-27 – Proverbios 23:23

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