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2 Samuel 16 | 2 Corintios 9 | Ezequiel 23 | Salmos 70–71

20 SEPTIEMBRE

2 Samuel 16 | 2 Corintios 9 | Ezequiel 23 | Salmos 70–71

La vejez. No es algo a lo que nuestra generación se refiera demasiado, al menos de forma realista. Hablamos de prepararnos para la jubilación, pero somos reticentes a hacerlo sobre la enfermedad y la muerte. Muy pocos tratan estos asuntos abiertamente y con franqueza sin afligirse o sin moderarlos (lo cual indica, en ambos casos, que tienen miedo).

Es mucho más responsable aprender cómo envejecer fielmente, cómo morir bien. Eso es lo que quería el salmista. “No me rechaces cuando llegue a viejo; no me abandones cuando me falten las fuerzas […]. Aun cuando sea yo anciano y peine canas, no me abandones, oh Dios, hasta que anuncie tu poder a la generación venidera, y dé a conocer tus proezas a los que aún no han nacido” (Salmo 71:9, 18). Desde su juventud, sabía que el Señor le había enseñado (71:17). Ahora, ruega a Dios que no lo abandone en la vejez.

Por un lado, el salmista pidiendo principalmente que Dios le proteja de los ataques externos cuando esté demasiado viejo y enfermo para resistir (71:10ss.). La situación sería especialmente preocupante si el autor de este salmo fuese David o algún otro rey davídico. Una nación vecina que no se atreviese a atacar a Israel cuando David tuviese cuarenta años podría hacerlo cuando fuese ya anciano. Aunque no somos reyes, es correcto y bueno que pidamos especial protección al Señor cuando envejezcamos y enfermemos tanto que sea fácil aprovecharse de nosotros.

Sin embargo, la visión de David abarca más que la simple protección. Quiere vivir su vejez transmitiendo su testimonio a la siguiente generación. Su objetivo no es vivir cómodamente jubilado, sino emplear esos años para anunciar “tu poder a la generación venidera” y dar a conocer “tus proezas a los que aún no han nacido”. Merece la pena orar de esta forma. ¿Acaso no deben pedir gracia los cristianos ancianos, a fin de transmitir lo que han aprendido a la siguiente generación? Esta enseñanza puede llevarse a cabo de forma individual o en grupos pequeños. Quizás uno de ellos tomará bajo su tutela a un joven creyente o a un niño abandonado. Quizás algún experimentado guerrero de la oración enseñará a orar a un joven líder cristiano. Cuando ya no se tengan fuerzas ni para estas cosas, pediremos a Dios que su gracia obre en nuestra debilidad de forma que él sea glorificado en nosotros: quizás mostremos a los más jóvenes cómo perseverar bajo el sufrimiento, cómo confiar en medio del dolor y cómo morir en la gracia de Dios.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 263). Barcelona: Publicaciones Andamio.

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