¿QUIÉN ES SU PRÓJIMO?

Septiembre 30

¿QUIÉN ES SU PRÓJIMO?

Amarás a tu prójimo como a ti mismo.

Romanos 13:9

Cuando Pablo dice que debemos amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos, quiere decir que debemos tener el mismo cuidado e interés por los demás que el que tenemos por nosotros mismos. Pablo dijo lo mismo de esta manera: “No mi­rando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual ­también por lo de los otros” (Fil. 2:4). Usted debe interesarse en la comodidad, la felicidad, la paz y la alegría de los demás tanto como se interesa en la de usted.

¿De quién es la cara que usted lava por la mañana? ¿De quién es el cabello que usted peina? ¿De quién es la ropa que compra? ¿De las comodidades de quién se preocupa usted? Usted está interesado en su con­ser­vación y en su comodidad, y debe interesarse en los demás de la misma manera. Présteles tanta atención como se presta a sí mismo. Eso es amar a su prójimo como a usted mismo.

¿Quién es su prójimo? Cualquiera que se cruce en su camino. Aunque sea difícil amar a todo el mundo, usted tiene una nueva capacidad en usted para hacer eso (Ro. 5:5).

Del libro La Verdad para Hoy de John MacArthur DERECHOS DE AUTOR © 2001 Utilizado con permiso de Editorial Portavoz, www.portavoz.com

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El descubrimiento más liberador

SEPTIEMBRE, 30

El descubrimiento más liberador

Devocional por John Piper

Por lo demás, hermanos míos, regocijaos en el Señor. (Filipenses 3:1)

Nunca antes me habían enseñado que Dios es glorificado cuando nos gozamos en él. Tal gozo en Dios es precisamente lo que hace que la alabanza sea un honor a Dios y no una hipocresía.

No obstante, Jonathan Edwards lo dijo de un modo muy claro y poderoso:

Dios se glorifica a sí mismo en las criaturas también de dos maneras: 1. Al aparecerse en… su entendimiento. 2. En comunicarse a sí mismo al corazón de ellos; y en el gozo y el deleite y disfrute de ellos en las manifestaciones que Dios hace de sí mismo… Dios es glorificado no solo porque ellos ven su gloria, sino también porque se regocijan en ella.

Cuando aquellos que ven su gloria se deleitan en ella, Dios es más glorificado que si solo la vieran… El que da testimonio de su idea de la gloria de Dios [no] glorifica a Dios tanto como el que también da testimonio de su aprobación de esa gloria y de su deleite en ella.

Este fue un descubrimiento impactante para mí. Debo buscar el gozo en Dios si he de glorificarlo como a la Realidad de más alta estima del universo. El gozo no es una simple opción que acompaña a la adoración. Es un componente esencial de la adoración.

Hay un nombre que le damos a aquellos que elogian aunque no se deleiten en el objeto de su alabanza: hipócritas. Este hecho —que alabar significa tener un placer consumado, y que el propósito más sublime del hombre es beber más y más de este placer— quizás haya sido el descubrimiento más liberador de mi vida.


Devocional tomado del libro “Deseando a Dios”, páginas 22-23

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1 Reyes 2 | Gálatas 6 | Ezequiel 33 | Salmos 81–82

30 SEPTIEMBRE

1 Reyes 2 | Gálatas 6 | Ezequiel 33 | Salmos 81–82

Ezequiel 33 marca un punto de inflexión en el libro. Los capítulos 33–37 recogen oráculos relacionados con la caída de Jerusalén. Aunque las advertencias y llamamientos al arrepentimiento continúan, se puede oír ahora una nota de alivio. Mientras los exiliados veían difícil creer que Jerusalén pudiese caer, Ezequiel no paraba de advertirles. Una vez consumado el desastre, Dios concede a Ezequiel en su misericordia palabras que aliviarán a la comunidad de exiliados, alimentarán su fe y armarán de valor su mente y su voluntad.

Antes de llegar a ese punto de inflexión, la primera mitad del capítulo vuelve a un tema introducido por primera vez en 3:16–21: el Ezequiel centinela. Se incide de nuevo en ello porque el profeta comienza una nueva fase de su ministerio. En cierto sentido, Dios lo vuelve a comisionar. Al mismo tiempo, las noticias que está a punto de comunicar en relación a la caída de Jerusalén dan al pueblo una nueva oportunidad para arrepentirse y confiar en el Señor. Por tanto, la primera mitad del capítulo (33:1–20) se divide de forma natural en estos dos asuntos. Por un lado, Dios recuerda al profeta su terrible responsabilidad como centinela (33:1–9). Se le obliga a estar, en cierto modo, separado de sus compatriotas exiliados. Debe velar, escuchar al Todopoderoso y proclamar lo que él le dice que transmita, advirtiendo sobre juicio venidero y suscitando la fe en la fidelidad de Dios. Por otro lado, se insta al pueblo a reaccionar ante las advertencias del centinela (33:10–20). No deben confiar en su propia justicia ni caer en el fatalismo. La respuesta apropiada siempre es prestar atención al vigía del Señor, porque él mismo declara: “Tan cierto como que yo vivo… que no me alegro con la muerte del malvado, sino con que se convierta de su mala conducta y viva. ¡Conviértete, pueblo de Israel; conviértete de tu conducta perversa! ¿Por qué habrás de morir?” (33:11).

Después, llegan las noticias: Jerusalén ha caído (33:22). Ezequiel queda liberado del silencio que Dios le impuso anteriormente: puede conversar abiertamente y decir otras cosas que no sean las dadas a él como profeta. Sin embargo, todo lo que habla en el resto del capítulo son más palabras del Señor. Menciona dos temas: (a) Los que han quedado entre las ruinas de la ciudad son siempre optimistas. Creen que se restablecerán, aunque no han renunciado a sus pecados. Así pues, Dios seguirá con su castigo hasta que solo quede desolación, a fin de que entiendan que él es el Señor (33:23–29). (b) Los exiliados a los que Ezequiel se dirige directamente han aprendido a disfrutar escuchándolo, del mismo modo que lo hacemos ante un buen orador, pero no han tomado conciencia de que deben arrepentirse.

¿Dónde encontramos las analogías más cercanas a tales posturas actualmente?

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 273). Barcelona: Publicaciones Andamio.

En el internado

Domingo 30 Septiembre

La palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos… discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.

Hebreos 4:12

En el internado

¿Por qué había un Nuevo Testamento a la cabecera de la cama de esta alumna del colegio? El vigilante lo tomó y lo abrió al azar. Sus ojos se detuvieron en este pasaje: “En aquel tiempo, respondiendo Jesús, dijo: Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y de los entendidos, y las revelaste a los niños” (Mateo 11:25).

El hombre se detuvo, quedó como petrificado y dejó el libro en su lugar. Pretendía burlarse de la credulidad de la estudiante, pero quedó sin palabras.

Dios conoce el corazón de cada ser humano y discierne todos sus pensamientos, incluso los más secretos. Sabe presentarnos un pasaje de su Palabra (la Biblia) apropiado a nuestro estado espiritual y a nuestra situación personal. A quienes no lo conocen, los invita a ir a él para ser salvos; a nosotros los creyentes nos guía en el camino de la vida.

Quienesquiera que seamos, Dios nos habla de diversas maneras. Cuando leemos la Biblia nos habla directamente.

Estemos atentos a su voz y no olvidemos el poder de su Palabra. Ella “no volverá a mí (Dios) vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié” (Isaías 55:11).

“¿No es mi palabra como fuego, dice el Señor, y como martillo que quebranta la piedra?” (Jeremías 23:29).

“El sembrador es el que siembra la palabra… Y estos son los que fueron sembrados en buena tierra: los que oyen la palabra y la reciben, y dan fruto a treinta, a sesenta, y a ciento por uno” (Marcos 4:14, 20).

Amós 1-2 – Tito 1 – Salmo 108:7-13 – Proverbios 24:11-12

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