Jesucristo está vivo

Viernes 21 Septiembre

Buscáis a Jesús nazareno, el que fue crucificado; ha resucitado, no está aquí; mirad el lugar en donde le pusieron.

Marcos 16:6

Jesucristo está vivo

Todos sabemos que un crucifijo es un objeto que representa a Cristo clavado en una cruz. En muchos países los vemos casi en todas partes: en las casas, los hospitales, los lugares públicos… Todos recuerdan que hace 2.000 años Jesucristo fue crucificado y murió.

Pero el mensaje del Evangelio, aunque pasa por la cruz, no se detiene ahí. El apóstol Pablo resume así su predicación: “Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras… fue sepultado, y… resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras” (1 Corintios 15:4).

Los discípulos del Señor, que se convirtieron en sus testigos, no solo anunciaron a un Cristo muerto, sino que también dieron testimonio de su resurrección: “Matasteis al Autor de la vida, a quien Dios ha resucitado de los muertos” (Hechos 3:15).

Hoy Dios dirige a todos este mensaje: Cristo murió en la cruz para borrar los pecados de todos los que creen en él. Luego Dios lo resucitó, demostrando así que él está totalmente satisfecho con la obra perfecta cumplida por Cristo en la cruz.

La tumba vacía nos da la seguridad de que los que pertenecen a Cristo, aunque hayan muerto, volverán a la vida al igual que él. Un día el Señor vendrá a buscarlos: resucitará a los creyentes muertos y transformará el cuerpo de los vivos que son suyos, para que todos estén en el cielo con él, en la casa del Padre.

“El Señor mismo con voz de mando… descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos… seremos arrebatados juntamente con ellos… y así estaremos siempre con el Señor” (1 Tesalonicenses 4:16-17).

Jeremías 51:1-32 – 2 Corintios 10 – Salmo 106:28-31 – Proverbios 23:24-25

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ESPERANZA EN LA LUCHA

ESPERANZA EN LA LUCHA

9/20/2018

Con la mente sirvo a la ley de Dios, mas con la carne a la ley del pecado.

Romanos 7:25

Como a los cristianos se les llama a la obediencia y la nueva naturaleza desea obedecer, ¿qué hace usted cuando se siente tentado a desobedecer? En primer lugar, tiene el poder del Espíritu Santo en usted (Ro. 8:2), que lo capacita para hacer la voluntad de Dios. Pero Pablo también describe la realidad de nuestra lucha constante con la carne en Romanos 7. Él dice: “Veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente” (v. 23). 

El pecado en nuestra naturaleza humana lucha contra nuestro deseo de obedecer. Todo cristiano libra esa lucha. Su aspecto humano lucha contra la nueva criatura que se deleita en la ley de Dios. Lo que nos da esperanza es que, cuanto más luchemos, tanto más victoriosos seremos. Así que dé gracias al Señor por continuar su obra para librarlo y darle cada día la victoria sobre el pecado.

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Ni siquiera cerca del verdadero hedonismo

SEPTIEMBRE, 20

Ni siquiera cerca del verdadero hedonismo

Devocional por John Piper

No os acumuléis tesoros en la tierra, donde la polilla y la herrumbre destruyen, y donde ladrones penetran y roban; sino acumulaos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni la herrumbre destruyen, y donde ladrones no penetran ni roban. (Mateo 6:19-20)

El mensaje que hace falta gritar desde las casas de altas finanzas es: «Hombres seculares, ¡no están siquiera cerca de ser verdaderos hedonistas!».

Dejemos a un lado la satisfacción que nos brinda el escasa ganancia del cinco por ciento de los placeres, que son devorados por las polillas de la inflación y con la herrumbre de la muerte. Invirtamos en el seguro de primera clase, de alta rentabilidad y con aseguración divina, que es el cielo.

Dedicar toda la vida a las comodidades e ilusiones materiales es como tirar el dinero a una ratonera. Por el contrario, invertir toda la vida en la labor del amor produce dividendos de gozo insuperables y sin fin:

«Vended vuestras posesiones y dad limosnas; [y de ese modo] haceos bolsas que no se deterioran, un tesoro en los cielos que no se agota, donde no se acerca ningún ladrón ni la polilla destruye» (Lucas 12:33).

Ese mensaje es una muy buena noticia: vengan a Cristo, en cuya presencia hay plenitud de gozo y deleites para siempre. Únanse a nosotros en la labor del hedonismo cristiano. Porque el Señor lo dijo: ¡es más bienaventurado amar que vivir en el lujo!


Devocional tomado del libro “Deseando a Dios”, página 129

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2 Samuel 16 | 2 Corintios 9 | Ezequiel 23 | Salmos 70–71

20 SEPTIEMBRE

2 Samuel 16 | 2 Corintios 9 | Ezequiel 23 | Salmos 70–71

La vejez. No es algo a lo que nuestra generación se refiera demasiado, al menos de forma realista. Hablamos de prepararnos para la jubilación, pero somos reticentes a hacerlo sobre la enfermedad y la muerte. Muy pocos tratan estos asuntos abiertamente y con franqueza sin afligirse o sin moderarlos (lo cual indica, en ambos casos, que tienen miedo).

Es mucho más responsable aprender cómo envejecer fielmente, cómo morir bien. Eso es lo que quería el salmista. “No me rechaces cuando llegue a viejo; no me abandones cuando me falten las fuerzas […]. Aun cuando sea yo anciano y peine canas, no me abandones, oh Dios, hasta que anuncie tu poder a la generación venidera, y dé a conocer tus proezas a los que aún no han nacido” (Salmo 71:9, 18). Desde su juventud, sabía que el Señor le había enseñado (71:17). Ahora, ruega a Dios que no lo abandone en la vejez.

Por un lado, el salmista pidiendo principalmente que Dios le proteja de los ataques externos cuando esté demasiado viejo y enfermo para resistir (71:10ss.). La situación sería especialmente preocupante si el autor de este salmo fuese David o algún otro rey davídico. Una nación vecina que no se atreviese a atacar a Israel cuando David tuviese cuarenta años podría hacerlo cuando fuese ya anciano. Aunque no somos reyes, es correcto y bueno que pidamos especial protección al Señor cuando envejezcamos y enfermemos tanto que sea fácil aprovecharse de nosotros.

Sin embargo, la visión de David abarca más que la simple protección. Quiere vivir su vejez transmitiendo su testimonio a la siguiente generación. Su objetivo no es vivir cómodamente jubilado, sino emplear esos años para anunciar “tu poder a la generación venidera” y dar a conocer “tus proezas a los que aún no han nacido”. Merece la pena orar de esta forma. ¿Acaso no deben pedir gracia los cristianos ancianos, a fin de transmitir lo que han aprendido a la siguiente generación? Esta enseñanza puede llevarse a cabo de forma individual o en grupos pequeños. Quizás uno de ellos tomará bajo su tutela a un joven creyente o a un niño abandonado. Quizás algún experimentado guerrero de la oración enseñará a orar a un joven líder cristiano. Cuando ya no se tengan fuerzas ni para estas cosas, pediremos a Dios que su gracia obre en nuestra debilidad de forma que él sea glorificado en nosotros: quizás mostremos a los más jóvenes cómo perseverar bajo el sufrimiento, cómo confiar en medio del dolor y cómo morir en la gracia de Dios.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 263). Barcelona: Publicaciones Andamio.

El horno de fuego ardiente

Jueves 20 Septiembre

Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; y si por los ríos, no te anegarán. Cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en ti.

Isaías 43:2

Invócame en el día de la angustia; te libraré, y tú me honrarás.

Salmo 50:15

El horno de fuego ardiente

Lea Daniel 3

Nabucodonosor, rey de Babilonia, había hecho una estatua de oro y había pedido a todo su pueblo que la adorase, como si fuese un dios. Pero tres jóvenes hebreos prefirieron obedecer a su Dios. Conocían su primer mandamiento del cual hablamos ayer: “No tendrás dioses ajenos delante de mí. No te harás imagen…. No te inclinarás a ellas… porque yo soy el Señor tu Dios… celoso” (Éxodo 20:3-5). Por lo tanto decidieron no postrarse ante la estatua. Fueron denunciados y llevados ante el rey, quien estalló en ira. Les ofreció una última oportunidad: si se arrodillaban ante la estatua no serían quemados vivos. Pero los jóvenes confiaron en su Dios y respondieron al rey: “Nuestro Dios a quien servimos puede librarnos del horno de fuego ardiendo; y de tu mano, oh rey, nos librará. Y si no, sepas, oh rey, que no serviremos a tus dioses, ni tampoco adoraremos la estatua que has levantado” (Daniel 3:17-18). Furioso, el rey ordenó echar al horno a los tres hombres atados. Pero, ¡qué sorpresa! Solo se quemaron sus ataduras. Los tres hebreos caminaban libremente en medio del fuego, acompañados por una cuarta persona. Era Dios mismo quien estaba ahí con ellos y los protegía del poder del fuego.

El rey, espantado, les ordenó salir del fuego. Y todos pudieron ver el milagro que Dios había hecho a favor de sus fieles testigos.

Dios nunca deja sin respuesta a la fe, incluso si algunos han muerto como mártires. Si tenemos que pasar por la prueba, descansemos confiadamente en Dios. ¡Él nos responderá!

Jeremías 50:21-46 – 2 Corintios 9 – Salmo 106:24-27 – Proverbios 23:23

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Nuestro privilegio indescriptible

SEPTIEMBRE, 19

Nuestro privilegio indescriptible

Devocional por John Piper

Y dijo Dios a Moisés: Yo Soy El Que Soy. (Éxodo 3:14)

Una implicación del magnífico nombre, Yo Soy El Que Soy, es que este Dios infinito, absoluto e incondicionado se haya acercado a nosotros en Cristo Jesús.

En Juan 8:56-58, Jesús responde a las críticas de las autoridades judías. Les dice: «Vuestro padre Abraham se regocijó esperando ver mi día; y lo vio y se alegró. Por esto los judíos le dijeron: Aún no tienes cincuenta años, ¿y has visto a Abraham? Jesús les dijo: En verdad, en verdad os digo: antes que Abraham naciera, Yo Soy».

Jesús no pudo haber pronunciado palabras más elevadas. Al decir: «antes que Abraham naciera, Yo Soy», tomó toda la majestuosa verdad del nombre de Dios, la envolvió con la humildad de la servidumbre, se ofreció a sí mismo para expiar toda nuestra rebelión y abrió un camino para que pudiéramos ver la gloria de Dios sin temor.

En Cristo Jesús, los que somos nacidos de Dios tenemos el indescriptible privilegio de conocer a Yahweh como nuestro Padre — Yo Soy El Que Soy — el Dios

  • que existe;
  • cuya personalidad y poder se debe únicamente a sí mismo;
  • que nunca cambia;
  • de quien fluye todo el poder y la energía del universo;
  • a quien toda la creación debiera conformar su vida.

Oh, que aquellos que conocen el nombre de Dios pongan su confianza en él.


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Devocional tomado del sermón “Yo Soy El Que Soy”

 

2 Samuel 13 | 2 Corintios 6 | Ezequiel 20 | Salmos 66–67

17 SEPTIEMBRE

2 Samuel 13 | 2 Corintios 6 | Ezequiel 20 | Salmos 66–67

En Ezequiel 20, ocurre como en el capítulo 8, en el que los ancianos de la comunidad exiliada consultan al profeta y Dios da a Ezequiel una respuesta para los ancianos y la comunidad que representan.

Parte de lo que Ezequiel comunica ya se ha dicho anteriormente. Al Señor soberano no le entusiasma demasiado dejarlos preguntar porque sabe que su corazón está muy lejos de él (20:2–4, 31; cp. caps. 13–14). Nos encontramos ante una visión general del historial de rebeliones de Israel. Sin embargo, hay dos o tres temas en este capítulo que no se han expuesto con anterioridad o que apenas se han mencionado.

El primero es la gloria absoluta de Dios, una de las motivaciones principales detrás de los juicios que han caído o que están a punto de hacerlo. Por el bien de su propio nombre, Dios ha actuado para evitar que su nombre sea “profanado ante las naciones, las cuales me vieron sacarlos de Egipto” (20:14; cp. 20:22). Este tema de la dar gloria a Dios se desarrolla con más amplitud en los capítulos 36 y 39. Es tan fundamental en las Escrituras que corremos el peligro de pasarlo por alto precisamente por su familiaridad. Por ejemplo, cuando Jesús va a la cruz, estamos acostumbrados a pensar más en el amor de Dios por nosotros al enviarnos un regalo tan increíble que pensar que Dios lo hizo para la gloria de su nombre, o en el de Jesús, que cargó con nuestra culpa y castigo en el madero. Es bueno que pensemos en ello. Sin embargo, las Escrituras también insisten en que la exaltación de Cristo es el producto del compromiso del Padre, que todos honren al Hijo como hacen con él (Juan 5:23; cp. Juan 12:23). Cuando Jesús va a la cruz, lo hace movido por una obediencia y amor absolutos hacia su Padre (Juan 14:31; cp. 15:9–11). El asombroso plan de salvación de Dios es para alabanza de su gloria (Efesios 1:3–14), lo cual debe dar forma a nuestra comprensión del Señor y, por tanto, a nuestra vida de oración y nuestras prioridades.

Por esta razón también, en segundo lugar, Dios no permitirá que su pueblo se sienta cómodo con su pecado. Él dio la ley para que quien la obedeciese viviese por ella (20:11, 21, 25; cp. Levítico 18:5), que en este contexto significa prosperar. Cuando las personas desobedecen y anhelan ser “como los pueblos del mundo”, el Señor promete que lo que tienen en mente “jamás sucederá” (20:32). En su lugar, protegerá su nombre, invocará el compromiso del pacto (20:37) y derramará su ira (20:33) de forma que no vivan según los malvados estatutos que escogen: no prosperarán. Tantos años de paciencia de Dios (antes y ahora) deben acabar finalmente en transformación o en juicio.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 260). Barcelona: Publicaciones Andamio.

En el tren

Lunes 17 Septiembre

Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios.

Hebreos 11:3

En el tren

Sucedió en el siglo 19. Un hombre de cierta edad estaba sentado en el tren leyendo su Biblia. A su lado estaba un joven estudiante sumido en la lectura de una obra científica especializada. Al cabo de un rato, el joven preguntó a su vecino: –¿Todavía cree en ese viejo libro lleno de fábulas y cuentos?

–Por supuesto, porque no es un libro de fábulas, ¡sino la Palabra de Dios! El estudiante replicó:

–¡Usted debería interesarse un poco en la historia! En la época de la Revolución francesa, hace menos de cien años, se descubrió que la religión no era más que ilusión. Solo la gente poco instruida cree todavía que Dios creó el mundo mediante su palabra. Usted debería informarse sobre lo que dice la ciencia acerca de la creación.

–Ah, ¿y qué dicen los científicos de hoy sobre ese tema?, respondió su interlocutor.

–Me bajo del tren en un momento, así que ya no me queda tiempo para explicarle eso detalladamente, pero deme su dirección y le enviaré literatura científica sobre esos temas.

Entonces el hombre abrió su cartera y dio su tarjeta al joven. Este la leyó, y de repente se sintió más pequeño que una hormiga. Dejó el tren cabizbajo. La tarjeta decía:

Profesor Louis Pasteur*Director del Instituto Pasteur

*) Louis Pasteur (1822-1895): famoso químico y bacteriólogo francés, cuyos descubrimientos condujeron al desarrollo de vacunas, los antibióticos, la esterilización y la higiene como métodos efectivos de cura y prevención contra la propagación de las enfermedades infecciosas.

Jeremías 49:1-22 – 2 Corintios 6 – Salmo 106:6-12 – Proverbios 23:17-18

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EL DIVINO PROPÓSITO DE DIOS

EL DIVINO PROPÓSITO DE DIOS

9/16/2018

Nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él.

Efesios 1:4

Mientras Israel andaba todavía errante por el desierto del Sinaí, Moisés les dijo: “No por ser vosotros más que todos los pueblos os ha querido Jehová y os ha escogido, pues vosotros erais el más insignificante de todos los pueblos; sino por cuanto Jehová os amó, y quiso guardar el juramento que juró a vuestros padres, os ha sacado Jehová con mano poderosa, y os ha rescatado de servidumbre, de la mano de Faraón rey de Egipto” (Dt. 7:7-8). Dios no escogió a los judíos por quienes ellos eran, sino por lo que Él es.

Lo mismo puede decirse de los creyentes que Dios escoge. Él los escoge basándose únicamente en su voluntad, propósito y amor divinos. No hay nada que usted hiciera para ganar la salvación; es toda de Dios. Agradezca que Él lo escogiera desde antes de la fundación del mundo.

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El gran banquete del alma

SEPTIEMBRE, 16

El gran banquete del alma

Devocional por John Piper

Una cosa he pedido al Señor, y esa buscaré: que habite yo en la casa del Señor todos los días de mi vida, para contemplar la hermosura del Señor, y para meditar en su templo.(Salmos 27:4)

Dios no hace oídos sordos al anhelo de un alma contrita. Él viene y nos quita la carga del pecado y llena nuestro corazón de alegría y gratitud: «Tú has cambiado mi lamento en danza; has desatado mi cilicio y me has ceñido de alegría; para que mi alma te cante alabanzas y no esté callada, oh Señor, Dios mío, te alabaré por siempre» (Salmos 30:11-12).

Pero nuestro gozo no solo surge de mirar hacia atrás con gratitud. También surge de mirar hacia adelante con esperanza: «¿Por qué te abates, alma mía, y por qué te turbas dentro de mí? Espera en Dios, pues he de alabarle otra vez por la salvación de su presencia» (Salmos 42:5).

«Espero en el Señor, en Él espera mi alma, y en su palabra tengo mi esperanza» (Salmos 130:5).

En el fondo, el corazón no anhela ninguno de los buenos regalos de Dios, sino a Dios mismo. Verlo, conocerlo y estar en su presencia es el gran banquete del alma. Más allá de esta búsqueda, no queda nada. Las palabras fallan. Lo llamamos placer, gozo, deleite. Pero estas palabras señalan pobremente a la experiencia inexpresable:

«Una cosa he pedido al Señor, y esa buscaré: que habite yo en la casa del Señor todos los días de mi vida, para contemplar la hermosura del Señor, y para meditar en su templo» (Salmos 27:4).

«En tu presencia hay plenitud de gozo; en tu diestra, deleites para siempre» (Salmos 16:11).

«Deléitate asimismo en el Señor» (Salmos 37:4).


Devocional tomado del libro “Deseando a Dios”, página 87

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