¿Quién puede ser salvo?

Lunes 16 Enero

Más fácil es pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios… ¿Quién, pues, podrá ser salvo? Entonces Jesús, mirándolos, dijo: Para los hombres es imposible, mas para Dios, no; porque todas las cosas son posibles para Dios.

Marcos 10:25-27

¿Quién puede ser salvo?

Algunas preguntas de la Biblia

Jesús iba caminando cuando un hombre rico llegó corriendo y le dijo: “¿Qué haré para heredar la vida eterna?”. Este hombre siempre había respetado los mandamientos de la Ley, pero amaba las riquezas. Y cuando Jesús le dijo: “Anda, vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme”, se fue triste (Marcos 10:17, 21).

Entonces Jesús dijo a sus discípulos: “¡Cuán difícilmente entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas!” (v. 23). Sorprendidos, exclamaron: “¿Quién, pues, podrá ser salvo?” (v. 26). Impregnados con ideas de esa época, consideraban la riqueza como una prueba del favor de Dios. Pero Jesús los miró y les respondió: “Para los hombres es imposible, mas para Dios, no; porque todas las cosas son posibles para Dios” (v. 27).

Pobres o ricos, somos incapaces de salvarnos a nosotros mismos. Sin embargo, a los que no tienen nada les es más fácil aceptar el Evangelio… Seamos quienes seamos, reconozcamos que no podemos hacer nada para obtener la vida eterna y depositemos nuestra confianza en Dios. Él lo puede todo. Él da la fe y transmite la vida eterna. “Por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios” (Efesios 2:8).

¿Quién puede ser salvo? Nadie, si Dios mismo no lo salva. Pero él puede y quiere hacerlo, y nos anima a ir a él cuanto antes, con confianza, por medio de Jesucristo.

1 Samuel 13 – Mateo 11 – Salmo 10:1-11 – Proverbios 3:19-20

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

DIOS CON NOSOTROS

Diciembre 15

DIOS CON NOSOTROS

Porque se cumplirá lo que le fue dicho de parte del Señor. (Lucas 1:45)

Isaías 7:14 dice: “El Señor mismo os dará señal: He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel”. Esa virgen se llamaba María.

Sin embargo, el nombre Emanuel es la clave de este versículo, y el corazón de la historia de la Navidad. Es un nombre hebreo que literalmente significa “Dios con nosotros”. Es una promesa de la deidad encarnada, una profecía de que Dios mismo aparecería como un niño humano, Emanuel, “Dios con nosotros”. Ese niñito que iba a nacer sería Dios mismo en forma humana.

Si pudiéramos condensar todas las verdades de la Navidad en solo tres palabras, estas serían las palabras: “Dios con nosotros”. Tenemos la tendencia a enfocar nuestra atención en Navidad en la infancia de Cristo. La más grande verdad de esa festividad es su deidad. ¡Más asombroso que un niño en el pesebre es la verdad de que este niño prometido es el Creador omnipotente de los cielos y la tierra!

Del libro La Verdad para Hoy de John MacArthur DERECHOS DE AUTOR © 2001 Utilizado con permiso de Editorial Portavoz, http://www.portavoz.com

 

¿Deberíamos los cristianos tener un árbol de Navidad? ¿Tiene el árbol de Navidad su origen en antiguos ritos paganos?

¿Deberíamos los cristianos tener un árbol de Navidad?

¿Tiene el árbol de Navidad su origen en antiguos ritos paganos?

La costumbre moderna del árbol de Navidad no procede de ninguna forma de paganismo. No hay evidencia de ninguna religión pagana que decorara un árbol especial para celebrar sus festivales de invierno, aunque los romanos celebraban el solsticio de invierno con un festival llamado Saturnalia en honor a Saturno, el dios de la agricultura. Estos decoraban sus casas con plantas y luces e intercambiaban regalos. Más tarde en la edad media, germanos y escandinavos ponían árboles perennes dentro de sus casas justo afuera de sus puertas para expresar la espera de la próxima primavera. Los primeros árboles navideños fueron decorados por cristianos protestantes en el siglo XVI en Alemania. Nuestro moderno árbol navideño evolucionó de estas antiguas tradiciones alemanas, y esta costumbre, muy probablemente, llegó a los Estados Unidos con los emigrantes alemanes a Pennsylvania y Ohio.

No hay nada en la Biblia que prescriba o prohíba los árboles de Navidad. Algunos piensan, equivocadamente, que Jeremías 10:1-16 prohíbe cortar árboles y decorarlos de la misma manera como lo hacemos en Navidad. Sin embargo, aún leyendo superficialmente este texto, se comprende que Jeremías establece la prohibición de ídolos hechos de madera, cubiertos de plata y oro para luego adorarlos. Una idea similar aparece en Isaías 44, donde el profeta describe la necedad de los idólatras, que cortan un árbol, queman parte de él en el fuego para calentarse, y usan la otra parte para tallar un ídolo, ante el cual se inclinan. Entonces, a menos que nos inclinemos ante nuestro árbol de Navidad, tallemos un ídolo y oremos ante él, estos pasajes no deben ser aplicados a los árboles de Navidad.

No hay ningún significado espiritual en tener o no un árbol navideño. Cualquiera que sea nuestra elección, el motivo detrás de la decisión del creyente acerca de este punto, como en todas las cuestiones de conciencia, éste debe ser para complacer al Señor. Romanos 14:5-6ª establece en este pasaje el principio acerca de la libertad de elección. “Uno hace diferencia entre día y día; otro juzga iguales todos los días. Cada uno esté plenamente convencido en su propia mente. El que hace caso del día, lo hace para el Señor.” El Señor se contrista cuando los cristianos miran a otros con desdén, ya sea por celebrar o no la Navidad. Esto es orgullo espiritual. Cuando sentimos que de alguna manera nos hemos elevado a un plano superior de espiritualidad por hacer o no algo sobre lo que la Biblia calla, usamos equivocadamente nuestra libertad en Cristo, creando así divisiones en Su Cuerpo, y de esta manera, deshonramos al Señor. “Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios” (1 Corintios 10:31).

Usado con permiso del Ministerio Got Questions

Tomado de GotQuestions.org. Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en:  https://www.gotquestions.org/Espanol/

En manos de los hombres

Domingo 15 Enero

Angustiado él, y afligido, no abrió su boca; como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca.

Isaías 53:7

En manos de los hombres

De Getsemaní a la cruz

Judas acababa de traicionar a su Maestro. Era de noche, los soldados detuvieron a Jesús. Lo ataron y lo llevaron a casa de Anás, pariente del sumo sacerdote. Allí lo golpearon en el rostro por primera vez. Luego, en casa de Caifás, donde se habían reunido los jefes religiosos, falsos testigos lo acusaron. Jesús no respondió. Todos lo condenaron y querían matarlo. Le escupieron la cara, lo azotaron… Pedro lo negó tres veces.

Fue entregado a Pilato, el gobernador romano, quien dijo que Jesús era inocente. Pilato lo remitió a Herodes, quien lo trató con desprecio y, para burlarse de él, le puso una ropa resplandeciente y lo devolvió a Pilato. El gobernador trató de liberarlo, pero no lo logró.

Para burlarse de él, negando su posición de rey, vistieron a Jesús con una ropa de color púrpura (ropa real), le pusieron una corona de espinas y lo expusieron así ante la multitud. Esta gritó a una voz pidiendo la liberación de Barrabás, que era un asesino, y exigió la crucifixión de Jesús. Pilato mandó azotarle; los soldados se reunieron en torno a él en el patio del palacio. Le quitaron las vestiduras de púrpura y le pusieron su propia ropa. Jesús guardó silencio y fue llevado hasta el Gólgota para ser crucificado.

Este hombre, llamado Jesús, ¡es el Hijo de Dios! ¿Por qué no mostró resistencia alguna? ¿Por qué no hizo valer su inocencia? Porque “Cristo padeció por nosotros” (1 Pedro 2:21).

Luego, en la cruz, “Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios…” (1 Pedro 3:18).

1 Samuel 12 – Mateo 10:26-42 – Salmo 9:15-20 – Proverbios 3:16-18

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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AVERGONZADO EN NADA

diciembre 14

AVERGONZADO EN NADA

Conforme a mi anhelo y esperanza de que en nada seré
avergonzado; antes bien con toda confianza, como siempre, ahora también será magnificado Cristo en mi cuerpo. (Filipenses 1:20)

El versículo de hoy recuerda la promesa de Cristo en Mateo 10:32: “A cualquiera, pues, que me confiese delante de los hombres, yo también le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos”. El que reconoce a Cristo como Señor en la vida o en la muerte, si fuera necesario, es a quien el Señor reconocerá delante de Dios como suyo.

El apóstol Pablo podía regocijarse en esa verdad. Sabía que nunca sería avergonzado ante el mundo, ante el tribunal del César ni ante Dios mismo porque sabía que Dios sería glorificado en su vida. El Antiguo Testamento afirma que los justos nunca serán avergonzados, mientras que los injustos sí lo serán.

Ser avergonzado quiere decir desalentado, desilusionado o desacreditado. Pablo sabía que eso nunca le sucedería gracias a la promesa de Dios a los justos. Pudiera haber tenido en mente Isaías 49:23: “No se avergonzarán los que esperan en mí”. Sea usted uno de los que no se avergonzarán.

Del libro La Verdad para Hoy de John MacArthur DERECHOS DE AUTOR © 2001 Utilizado con permiso de Editorial Portavoz, http://www.portavoz.com

Del libro La Verdad para Hoy de John MacArthur DERECHOS DE AUTOR © 2001 Utilizado con permiso de Editorial Portavoz, http://www.portavoz.com

UNA CANCIÓN DE ESPERANZA RENOVADA

UNA CANCIÓN DE ESPERANZA RENOVADA

Charles R. Swindoll

14 de diciembre, 2018

Salmos 13

Cuando la canción de David, preservada para nosotros como el Salmo 13, llega a su clímax, la postura de David ha vuelto a cambiar.

David de pie

Leemos en los versículos 3 y 6:

Pero yo confío en tu misericordia; mi corazón se alegra en tu salvación. Cantaré al Señor porque me ha colmado de bien.

«Pero» es la primera palabra del versículo 5. Por lo general, siempre se utiliza para presentar un contraste ante el lector. Es como si David estuviera diciendo: «En contraste a mis quejas y temores iniciales, de mis ojos opacados y mi corazón arrogante, ahora confío. . . ahora mi corazón se regocija. . . ahora mi corazón canta».

¿Nota esas afirmaciones de alabanza? ¡Qué diferencia tan clara! Eso suena más al David que conocemos, ¿no es cierto? No pasemos por alto la última parte del versículo final: «. . . porque me ha colmado de bien».

¡Qué frase tan importante! Léala de nuevo, haga una pausa y medite en ella. Las circunstancias de David no habían cambiado. Saúl todavía lo estaba persiguiendo. Las colinas estériles de Judea todavía seguían allí. Todavía estaba hambriento. Sus circunstancias externas no habían cambiado, pero las conclusiones internas de David habían dado un giro de ciento ochenta grados con respecto a sus pensamientos iniciales. ¿Por qué? Porque David había cambiado. Dios le había «colmado de bendiciones».

¿Qué significa eso entonces para nosotros? ¿Qué palabra de ánimo podemos extraer de esta canción de David? ¿Cómo podemos imitar a David y levantarnos de nuestras propias circunstancias dolorosas?

Primero, debemos reconocer que Dios utiliza las pruebas para transformarnos. Dios quiere capacitarnos y moldearnos. Él utiliza esas circunstancias angustiosas traídas por el mal para beneficiarnos en vez de destruirnos. La maldad con la que el mundo nos ataca se convierte en una herramienta para él. Y al hacerlo, él nos colma de bendiciones en lugares que nadie puede ver o tocar.

No hemos aprendido las lecciones más esenciales que Dios ha diseñado para nosotros en cualquier prueba a menos que digamos: «me ha colmado de bendiciones».

En el maravilloso Salmo 119, David declara esta misma conclusión en los versículos 71 al 75. De hecho, David nos dice que tales pruebas son buenas para nosotros:

Bueno me es haber sido afligido para que aprenda tus leyes. . . Conozco, oh Señor, que tus juicios son justos y que conforme a tu fidelidad me has afligido.

Esto es lo que el apóstol Pablo descubrió con su «aguijón en la carne» mientras escribía en 2 Corintios 12: 9:

Y me ha dicho: «Bástate mi gracia, porque mi poder se perfecciona en la debilidad». Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que habite en mí el poder de Cristo.

La debilidad no es un síntoma de una enfermedad terminal. Es una prueba tangible de nuestra humanidad. Mejor aún, es la plataforma donde Dios realiza parte de su trabajo más maravilloso. Si el afán diario del abatimiento ha comenzado a arrastrarle, permítame animarle a que se identifique mejor con este salmo peculiar que habla de una esperanza nueva. No solo puede confortar su alma si no que, probablemente, le levantará su rostro y lo ayudará a ponerse de pie.

Afirmando el alma: Esa clase de oración requiere una confianza increíble en Dios y en su carácter. Demanda mayor fe de su parte ya que eso es más difícil que cambiar sus circunstancias. ¿Está dispuesto a tener esa clase de fe? Hable con un amigo suyo acerca de su respuesta.

Adaptado del libro, Viviendo los Salmos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2013). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmh.org). Copyright © 2018 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

¡Estoy bien!

Viernes 14 Diciembre

En Dios solamente está acallada mi alma; de él viene mi salvación.

Salmo 62:1

(Jesús dijo:) Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.

Mateo 11:28

¡Estoy bien!

De paz inundada mi senda ya esté

O cúbrala un mar de aflicción,

cualquiera que sea mi suerte, diré:

Estoy bien, tengo paz, ¡gloria a Dios!

Coro:
Estoy bien (estoy bien)
gloria a Dios (gloria a Dios)
Tengo paz en mi ser, gloria a Dios.
Ya venga la prueba o me tiente Satán,
No amengua mi fe ni mi amor;
Pues Cristo comprende mis luchas, mi afán
Y su sangre obrará en mi favor.
Oh cuánto me gozo en Su salvación,
Fue pleno Su amor y perdón
Clavado en la cruz, mi pecado expió
¡Gloria a Dios! ¡Gracias al Hijo de Dios!
La fe tornaráse en feliz realidad
Al irse la noche y niebla,
Pues viene Jesús con su grande poder,
Me lleva a la casa con mi Dios

Adaptado, H. S.

“Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado. Confiad en el Señor perpetuamente” (Isaías 26:3-4).

Jueces 6:22-40 – Apocalipsis 7 – Salmo 141:5-10 – Proverbios 29:24-25

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

SUSTENTO DE LOS JUSTOS

Diciembre 13

SUSTENTO DE LOS JUSTOS

No con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu.

(Zacarías 4:6)

La Palabra de Dios, la oración y el Espíritu Santo obran juntos por el bien de los siervos de Dios. La parte especial del Espíritu es dar todo lo necesario para sustentar al justo.

Al Espíritu Santo se le llama “el Espíritu de Cristo” y “el Espíritu de Dios” (Ro. 8:9). Se le puede llamar por cualquier de los dos títulos porque Él está en la Trinidad y procede del Padre en el nombre de Cristo (cp. Jn. 14:26).

El apóstol Pablo conocía al Espíritu Santo como su maestro, intercesor, guía, fuente de poder y proveedor todopoderoso. Eso es el Espíritu para todos los creyentes. La confianza de Pablo en saber que todo obra para bien (Ro. 8:28) se basaba en la provisión del Espíritu, que “nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles” (v. 26).

El saber que el Espíritu provee lo ayudará a afrontar con gran confianza cualquiera cosa que se cruce en su camino.

Del libro La Verdad para Hoy de John MacArthur DERECHOS DE AUTOR © 2001 Utilizado con permiso de Editorial Portavoz, http://www.portavoz.com

 

LA MIRADA EN DIOS

LA MIRADA EN DIOS

Charles R. Swindoll

13 de diciembre, 2018

Salmos 13

Al leer el Salmo 13 y reflexionar en la sección que describe a David de cara al suelo, abrumado con dolor y desesperanza, puedo ver dos aplicaciones prácticas:

David se sentía agotado debido a la duración de la prueba. «Hasta cuándo» aparece cuatro veces en solo dos versículos. No olvidemos que Dios no solo diseña la profundidad de la prueba sino también su duración. El antiguo profeta Habacuc hizo la misma pregunta en el capítulo 1 del libro que lleva su nombre: «¿Hasta cuándo?»
En los primeros dos versículos del Salmo 13 David se vuelve contra de todos excepto él mismo. Esto me enseña que cuando trato de enfrentarme a la prueba en la carne, me vuelvo en contra de Dios, mi enemigo o mi circunstancia en vez de preguntarle a Dios que es lo que está tratando de enseñarme en esta situación. Cuantas lecciones maravillosas Dios quisiera enseñarnos si nuestros corazones arrogantes estuvieran dispuestos a derretirse en el horno de la aflicción.
En medio de su angustia y su sufrimiento, David tomó una decisión vital. En vez de continuar en esa espiral de sufrimiento, David cambió su perspectiva. Esto nos lleva a la segunda sección de la canción.

David de rodillas:

¡Mira; respóndeme, oh Señor, Dios mío! Alumbra mis ojos para que no duerma de muerte. No sea que mi enemigo diga: «¡Lo vencí!». Mis enemigos se alegrarán si yo resbalo. (vv. 3-4)

Algo le ocurrió a David entre la segunda y la tercera estrofa de este himno. Quizás analizó sus propias quejas y se dio cuenta de que era simple autocompasión. Yo he hecho eso, ¿y usted? Tal vez hizo una pausa en su composición y volvió a leer lo que había escrito. Y al hacerlo se alarmó al ver la incredulidad que había comenzado a surgir ante sus ojos. En esta sección observamos una marcada diferencia. Ya no está de cara al suelo. Su abatimiento está desapareciendo. Lo encontramos ahora de rodillas, lo encontramos en un lugar de victoria. El misionero martirizado, Jim Elliot, escribió una vez: «Los santos que avanzan de rodillas nunca vuelven atrás».

Observe como los versículos 3 y 4 se conectan con los versículos 1 y 2. David parece recordar sus quejas y las analiza mientras habla con el Señor acerca de ellas. Hay tres cambios aparentes.

Primero, en lugar de ver al Señor como un Dios que no se preocupa por él (v. 1), David le hace la petición que le «responda» (v. 3). Y observe que él le dice en el versículo 3: «Dios mío». David ya no piensa que existe alguna distancia entre él y Dios. Su perspectiva es diferente ahora.

Segundo, en vez del abatimiento y la angustia que tiene su corazón debido a su propio deseo de resolver las cosas por sí solo (v. 2), David le pide al Señor que le alumbre sus ojos. Una vez más, el hebreo nos da una comprensión más clara. La palabra que se traduce como «alumbrar» en el versículo 3 tiene una raíz causal y literalmente significa: «iluminar». En Números 6:24-26, leemos el mismo término en aquella bendición que hemos escuchado muchas veces:

El Señor te bendiga y te guarde. El Señor haga resplandecer su rostro sobre ti, y tenga de ti misericordia. El Señor levante hacia ti su rostro, y ponga en ti paz. (El énfasis es mío).

El rostro de David había perdido su «brillo». Su rostro y especialmente sus ojos se habían opacado. Él ansiaba que el brillo de Dios se reflejara nuevamente en sus ojos, en ese rostro que estaba mirando al suelo.

Una vez más tengo que decir que cuando las pruebas se intentan resolver en la carne, los ojos muestran la desilusión. No es algo que podamos esconder. Todo nuestro rostro se vuelve rígido e inflexible, perdemos esa «chispa» y esa «luz» que antes surgía de nuestros corazones. Cuando el gozo interno se va, también el brillo de nuestros ojos.

Tercero, David en vez de preocuparse de su enemigo (v. 2), le entrega mentalmente su enemigo al Señor y deja que se encargue de los resultados (vv. 3-4).

Este cambio tan notable de David ocurrió cuando decidió entregárselo todo a Dios en oración. Aunque suene como un cliché, nuestra oración ferviente sigue siendo el aceite más efectivo que reduce la fricción del afán diario del abatimiento.

Afirmando el alma: Si usted dejara de pedirle a Dios que cambiara sus circunstancias externas e hiciera más bien una oración rindiéndose a él y pidiéndole que él le cambie, ¿qué cree usted que ocurriría? ¿Qué es lo que lo detiene de orar de esa forma?

Cuando el gozo interno se va, también el brillo de nuestros ojos.

Charles R. Swindoll

Adaptado del libro, Viviendo los Salmos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2013). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmh.org). Copyright © 2018 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

¡Me hallaste!

Jueves 13 Diciembre

Venid, oíd todos los que teméis a Dios, y contaré lo que ha hecho a mi alma… Me escuchó Dios… Bendito sea Dios.

Salmo 66:16, 19-20

¡Me hallaste!

Señor, tú me buscaste en medio de una infancia donde faltaba lo primordial. Tú me buscaste en mi andar a tientas hacia un Dios que me parecía tan lejano…

Tú me hablabas, Señor, durante esta guerra terrorífica, me hablabas incluso si yo no reconocía tu voz. Tú me guardabas, Señor, y me protegías. Tú me llamaste, Señor, y me hiciste descubrir la realidad de tu presencia invisible. Me sostuviste en mi desánimo, tuviste paciencia conmigo durante mis retrocesos, mis ausencias, mis obstinaciones, mis rencores ante tu aparente silencio. Tú perdonaste, como siempre, mis alejamientos, mis rechazos a caminar contigo, mis búsquedas sin ilusiones de un mundo donde tú no podías estar…

Tú me protegiste cuando estaba a punto de resbalar por una pendiente muy peligrosa; tomaste mi mano con firmeza y me llevaste al único camino verdadero. Y poco a poco tomaste el lugar que te pertenecía en mi vida, ese lugar que obliga a ser verdadero, a verse tal como uno es, bajo tu mirada. Me enseñaste a aceptar las lecciones que da tu amor, me ayudaste a sacar de mi corazón espinas del pasado, a mirar hacia tu luz, a seguirte en un camino embellecido por tu presencia fiel, enriquecedora, persuasiva, alentadora, permitiéndome avanzar en la paz y el gozo. ¡Tú me encontraste, Señor! Tú me acercaste a ti para darme certezas que nadie me puede quitar.

Me gustaría gritar a los demás que no dejen pasar el tiempo, suplicarles que no hagan esperar a Aquel que les tiende la mano y les dice: “Venid a mí”.

G. A.

Jueces 6:1-21 – Apocalipsis 6 – Salmo 141:1-4 – Proverbios 29:23

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