ORACIONES EFICACES

Diciembre 12

ORACIONES EFICACES

Os ruego, hermanos, por nuestro Señor Jesucristo y por el amor del Espíritu, que me ayudéis orando por mí a Dios. (Romanos 15:30)

Pablo confiaba en que sería librado gracias a las oraciones de los santos, sin que importara cuál prueba estuviera soportando. Creía en la voluntad soberana y en el propósito de Dios, y sabía que Él haría que se cumplieran sus propósitos en concierto con las oraciones de sus hijos.

También sabía que “la oración eficaz del justo puede mucho” (Stg. 5:16). Así como el amor y las oraciones de los santos en el primer siglo ayudaron tanto a Pablo, sus oraciones por sus guías espirituales también los ayudarán.

Del libro La Verdad para Hoy de John MacArthur DERECHOS DE AUTOR © 2001 Utilizado con permiso de Editorial Portavoz, http://www.portavoz.com

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SOLEDAD PLENA

SOLEDAD PLENA

Charles R. Swindoll

12 de diciembre, 2018

Salmos 13

El Salmo 13 comienza en ese lugar donde la persona abatida se encuentra: de cara al suelo, aplastada bajo el peso del sufrimiento. En la primera sección de la canción leemos:

¿Hasta cuándo, oh Señor? ¿Me olvidarás para siempre? ¿Hasta cuándo esconderás tu rostro de mí? ¿Hasta cuándo tendré conflicto en mi alma y todo el día angustia en mi corazón? ¿Hasta cuándo será enaltecido mi enemigo sobre mí? (vv. 1-2)

David, hundido por las pruebas abrumadoras de la vida, decide enfrentar el abatimiento utilizando cuatro formas humanas y comunes. En estos dos versículos, podemos reflejarnos y ver esas cuatro rutas de escape mentales que con frecuencia utilizamos cuando estamos bajo presión.

Dios me ha olvidado para siempre. ¿Recuerda usted la última vez que se sintió abandonado? «¿Hasta cuándo, oh Señor? ¿Me olvidarás para siempre?» Cuando una prueba ha continuado por tanto tiempo y parece no haber ninguna esperanza de alivio, David finalmente cae aplastado emocionalmente. Se pregunta si Dios le ha abandonado.
Dios no se preocupa por mí. Esto no es nada más que simple autocompasión. «¿Hasta cuándo esconderás tu rostro de mí?» Esta es una expresión que inevitablemente acompaña esos sentimientos de abandono y que susurra la mentira: «Dios sencillamente ha perdido interés en mí. Él dijo que me iba a cuidar e iba a llevar mis cargas, pero eso no está sucediendo». ¿Le parece familiar? La Palabra de Dios es muy honesta. Con qué frecuencia nos reflejamos en las páginas de la Biblia.
Voy a tener que resolver la situación por mí mismo. Aquí David está dudando de las promesas de Dios y sugiriendo que Dios no es confiable. «¿Hasta cuándo tendré conflicto en mi alma?» Ese término hebreo se traduce más bien como, «planear algo». David había comenzado a planear la forma de salir de esa situación, de resolverlo por sí mismo. Seguramente él pensó: «Después de todo, Dios me dio la mente para pensar y espera que la utilice». El típico concepto de: «Ayúdate que yo te ayudaré».
Un momento. ¿Es eso cierto? Tal vez le sorprenda saber que esa frase no aparece en ningún lugar de la Escritura. Hagamos una pausa y recordemos algunos de los dichos de Salomón:

Confía en el Señor con todo tu corazón y no te apoyes en tu propia inteligencia. Reconócelo en todos tus caminos y él enderezará tus sendas. (Proverbios 3:5-6)

Encomienda al Señor tus obras y tus pensamientos serán afirmados (Proverbios 16:3). Cuando los caminos del hombre le agradan al Señor, aun a sus enemigos reconciliará con él (Proverbios 16:7). Las suertes se echan en el regazo, pero al Señor pertenece toda su decisión. (Proverbios 16:33)

¿Qué es lo que sucede cuando intentamos resolver las cosas por nosotros mismos? Exactamente lo que le ocurrió a David. ¿Y qué fue lo que le sucedió? Mire la última parte del Salmo 13: 2: «. . . y todo el día angustia en mi corazón».

Angustia, frustración y preocupación se vuelven los compañeros constantes de una persona abatida. Ese es el derivado de una actividad egocéntrica. ¿Cuándo aprenderemos a darle nuestras cargas al Señor y dejarle que el resuelva la situación?

4.¡Esta prueba me enoja! Es humillante cuando nos pasan por encima. Sentimos que nos han herido el orgullo y por lo tanto pedimos venganza: «¿Hasta cuándo será enaltecido mi enemigo sobre mí?»
¿No es esa una queja común? No obstante, tengo que recordarle una vez más que ello proviene de la arrogancia. Ella nos hace pensar que tenemos el derecho de defender la verdad, especialmente cuando algún enemigo está aprovechándose de nosotros. Peleamos armados hasta los dientes con tal de mantener nuestra arrogancia. Queremos que la gente nos aprecie y piensen bien de nosotros. Pero David, al igual que usted y yo tenemos que aprender que la verdad se defiende por sí misma. La verdad emergerá victoriosa en el propio tiempo de Dios.

Afirmando el alma: ¿Cuáles de las reacciones de David resuenan más en usted en este momento?

Dios me ha olvidado para siempre.
Dios no se preocupa por mí.
Tendré que resolver la situación por mí mismo.
Esta prueba me enoja.¿Cuál ha sido su reacción? ¿Le ha funcionado?
La verdad emergerá victoriosa en el propio tiempo de Dios.

Charles R. Swindoll

Adaptado del libro, Viviendo los Salmos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2013). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmh.org). Copyright © 2018 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

Buena pregunta

Miércoles 12 Diciembre

No me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree.

Romanos 1:16

Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo, que juzgará a los vivos y a los muertos… que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina.

2 Timoteo 4:1-2

Buena pregunta

Al oeste de los Estados Unidos vivía un agricultor de edad avanzada, un cristiano ferviente que no perdía ocasión para hablar de su Señor. Cierto día visitó a su hijo, senador en Washington, quien le presentó al embajador de Bélgica. De repente el anciano le preguntó: «Excelencia, ¿es usted un verdadero cristiano? ¿Cómo está su alma?». Estas preguntas avergonzaron a su hijo, quien hábilmente desvió la conversación para evitar que el embajador tuviese que responder.

Meses más tarde el anciano murió. ¡Qué sorpresa se llevó el hijo cuando descubrió, entre las numerosas coronas mortuorias, un ramo de flores enviado por la embajada belga! El mismo embajador había escrito unas líneas en una tarjeta. Con los ojos llenos de lágrimas, el senador leyó el conmovedor testimonio rendido a su padre: «Fue la única persona de Estados Unidos que se preocupó por mi alma y me preguntó si era cristiano».

¡Cuántas personas encontramos diariamente! ¿Conocen ellas a Jesús, el Hijo de Dios? ¿Cuál sería su destino si el Señor volviese hoy? No perdamos ninguna ocasión para concientizar a aquellos con quienes nos encontramos sobre el destino eterno de su alma. Cristianos, ¡que nadie diga de nosotros que no nos interesamos en el destino de su alma!

“El que gana almas es sabio”, declaró el rey Salomón (Proverbios 11:30).

Jueces 5 – Apocalipsis 5 – Salmo 140:6-13 – Proverbios 29:21-22

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LIBERACIÓN DE AFLICCIONES TEMPORALES

Diciembre 11

LIBERACIÓN DE AFLICCIONES TEMPORALES

Sé que por vuestra oración y la suministración del Espíritu de Jesucristo, esto resultará en mi liberación. (Filipenses 1:19)

El versículo de hoy muestra el valor de la plena confianza en Dios. Pablo sabía que su aflicción presente era temporal y que sería librado de ella.

¿Por qué estaba Pablo convencido de su liberación? Su declaración: “Sé que… esto resultará en mi liberación” es una cita de la versión griega de Job 13:16. Job era un hombre justo que sufrió mucho, pero fue librado porque Dios siempre libra a los justos. Job dijo: “Y después de deshecha esta mi piel, en mi carne he de ver a Dios” (Job 19:26). Él sabía que temporal o eternamente Dios lo libraría.

Pablo sabía que podía confiar en que Dios lo librara tal como Dios había librado a Job. Confiaba en que sus circunstancias resultarían en bien, ya fuera librado de la cárcel, justificado en su juicio y librado de la ejecución, o yendo a la gloria como un mártir. Tal vez usted no sufra las mismas pruebas que Pablo, pero cualesquiera que sean sus circunstancias la misma segura confianza está a su alcance.

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Pragmatismo Religioso

Pragmatismo Religioso

Oscar Arocha

En Grecia se le llamaba pragmático al individuo que era muy hábil en los negocios. En base a este concepto nació en los primeros años del siglo XX, en USA, una filosofía denominada pragmatismo, la cual postula lo siguiente: “Que el único criterio válido para juzgar la verdad de toda doctrina científica, moral o religiosa, se ha de fundar en sus efectos prácticos”. Para el pragmatismo, la experiencia tiene la voz o juicio final para aceptar o rechazar una idea o concepto religioso. Pero nuestro propósito presente no es discutir sobre la idea original de la filosofía pragmática, sino sobre una de sus variantes, la cual proclama que la experiencia religiosa es más importante que la doctrina bíblica.

Este pensar se ha introducido en el Cristianismo y está arrastrando no pocos al engaño. El corazón falso de entonces es el mismo hoy. El hombre no ha cambiado mucho, aun cuando experimente progresos sociales, tecnológicos y de derechos humanos. Y esa variante del pragmatismo la encontramos en este verso: “Ciertamente pondremos por obra toda palabra que ha salido de nuestra boca, para ofrecer incienso a la reina del Cielo y derramándole libaciones, como hemos hecho nosotros y nuestros padres, nuestros reyes y nuestros príncipes, en las ciudades de Judá como en las plazas de Jerusalén, y tuvimos abundancia de pan, y estuvimos alegres, y no vimos mal alguno” (Jer.44:17). Nótese: “Tuvimos abundancia de pan, y estuvimos alegres, y no vimos mal alguno”. No es nuevo que hombres y mujeres estén juzgando la verdad de la religión por sus experiencias. Si el asunto funciona y te da beneficios, entonces es verdad.

Significado espiritual

Si se compara el pensar de Jeremías con ellos, notará una diferencia, la cual es ésta: El hombre de fe juzga la mente y la voluntad de Dios por lo que está revelado en Su Palabra; en cambio, el pragmático lo interpreta por lo que Dios hace en Sus obras. Ellos dicen que si tienen buenas experiencias, el Señor está con ellos. Si prosperan, si tienen grandes congregaciones, si progresan socialmente, si se les multiplican las diversiones, si logran desarrollar actividades que mantenga la feligresía contenta, es que la providencia divina obra a su favor, o que son bendiciones del amor de Dios. Así piensan.

Operación

El pragmático es como Poncio Festo (Hch. 26): su vista se enfoca básicamente en lo que a su juicio funciona. Sus mentes no dan lugar al mundo de lo invisible, sino a lo que temporalmente les beneficie. La manera cómo opera el pragmatismo es que si ven que sus acciones son exitosas, concluyen que tal conducta es correcta. En cambio, si hacen algo en la religión verdadera, en el Cristianismo, y eso no les trae prosperidad terrenal, aun cuando no tengan base bíblica para censurar lo que hacen, sospechan de la verdad: “Desde que dejamos de quemar incienso a la Reina del Cielo y de derramarle libaciones, nos falta de todo, y somos exterminados por la espada y por el hambre” (Jer.44:18). Era correcto abandonar la práctica idolátrica, sin embargo, como no les dio beneficio material, dudaron de esa buena obra. Juzgan el favor del cielo por el engrosamiento de sus bolsillos. Así una persona rolliza, su médico le prescribe rebajar de peso; antes su figura era de prosperidad, pero ahora se ve delgada, como si estuviera peor de salud cuando está mejor. La realidad de una vida no se juzga solo por la apariencia. Estando mejor es cuando se ve peor. En esta forma de pensar los sentimientos carnales suelen tener una voz de mando excesivamente fuerte, en cambio, lo que es razonable, en ellos es de voz débil. Cuando sus sentidos son afectados dudan de la verdad. Otro caso: “Ofreció sacrificios a los dioses de Damasco que le habían derrotado. Y dijo: Puesto que los dioses de los reyes de Siria les ayudan, yo también les ofreceré sacrificios, para que me ayuden a mí. Pero ellos fueron los que lo hicieron fracasar a él y a todo Israel” (2 Cr. 28:23). Rechazan la verdad, porque en no pocas ocasiones quienes viven más fieles y estrictos con la verdad son más sufridos. En cambio los más infieles tienen menos problemas. Razonan, pues, que Dios trata a los tales con más favores terrenales, y por tanto han de ser más felices. De ese modo bendicen a quienes Dios aborrece.

Empuje

Esta influencia del pragmatismo dentro del pueblo de Dios no debiera ser subestimada, ya que aun grandes Creyentes fueron casi contaminados, y hoy día no pocos de los nuestros a menudo son casi engañados. Un caso muy conocido, Asaf: “En cuanto a mí, por poco se deslizaron mis pies; casi resbalaron mis pasos, porque tuve envidia de los arrogantes, al ver la prosperidad de los impíos” (Sal.73:2-3). Aun nosotros, tú y yo somos tentados a pensar que el lado de la prosperidad es mejor que la verdad. El pragmatismo corrompe el buen juicio y se apresura a condenar al inocente: “Entonces, al recoger Pablo una cantidad de ramas secas y echarlas al fuego, se le prendió en la mano una víbora que huía del calor. Cuando los nativos vieron la serpiente colgada de su mano, se decían unos a otros: ¡Seguramente este hombre es homicida, a quien, aunque se haya salvado del mar, la justicia no le deja vivir!” (Hch.28:3-4). Al juzgar por los ojos de la cara, fueron llevados a conclusiones erradas. Juzgan la mente y voluntad de Dios por los hechos de la providencia y no por Su Palabra revelada en la Biblia. Ocurre algo todavía peor: la manera en que opera su razonamiento los conduce a dilatar el arrepentimiento: “Cuando la sentencia contra la mala obra no se ejecuta enseguida, el corazón de los hijos del hombre queda más predispuesto para hacer el mal” (Ec. 8:11). Como Dios en Su paciencia no los ha castigado, concluyen que pueden seguir haciendo mal y no serán molestados. Jeremías se topó con esta reacción de los judíos en Jerusalén.

Una tentación común

Veamos ahora el caso de un Creyente llegando a razonamientos equivocados por la influencia de este pragmatismo religioso, es decir juzgar la mente y voluntad de Dios solo por lo que está sintiendo o experimentando: “Y Gedeón le respondió: ¡Oh, señor mío! Si Jehová está con nosotros, ¿por qué nos ha sobrevenido todo esto? ¿Dónde están todas sus maravillas que nuestros padres nos han contado diciendo: ¿No nos sacó Jehová de Egipto? Ahora Jehová nos ha desamparado y nos ha entregado en mano de los madianitas” (Jue.6:13). Así no pocos de nuestros hermanos, verdaderos Creyentes, están inclinados a decir: “Si Dios me habría amado, nunca me hubiese dejado caer en una calamidad tan profunda como esta, o quizás digan de otro modo, que la aflicción que les ha caído es porque Dios no les ama”. Hermanos, si la verdadera religión no fuese asunto de fe, sería propio pensar así, o que la providencia de Dios es solo para agradar los sentidos, o juzgar el amor divino solo por nuestra experiencia. Pero no olvidemos que vivimos por fe no por los sentidos. El pragmatismo es un mal al que tú y yo estamos expuestos.

Hermano, no todo lo que brilla es oro

La prosperidad material de los incrédulos es consistente con el aborrecimiento de Dios. La prueba infalible del amor de Cristo es la salvación. Oye cómo lo dice el salmista: “Acuérdate de mí, oh Jehová, según tu benevolencia con tu pueblo; visítame con tu salvación” (Sal. 106:4). Hay un favor de Dios que es común a todas las criaturas, los bienes materiales, pero hay otro que solo da a los elegidos, quienes han conocido la salvación. Y Pablo agrega: “Dios demuestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Ro. 5:8). No podemos decir que un perro que viva en un palacio, con abundante comida y cuidados, sea amado por Dios. ¿Cómo puedo saber si alguien ha recibido ese preciado don espiritual? La respuesta se encuentra en este texto: “Los que son de la carne piensan en las cosas de la carne; pero los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu” (Ro. 8:5). La naturaleza de una criatura se conoce por su alimento; los herbívoros, comen hierbas; los carnívoros, carne, y los espirituales, se alimentan de las cosas del Espíritu. Amén.

​Oscar Arocha es pastor de la Iglesia Bautista de la Gracia en República Dominicana. Es profesor de Eclesiología, Homilética y Teología Pastoral en la Academia Ministerial de la Gracia en Santiago. Ha sido conferencista en diferentes ciudades de América Latina. Sus predicaciones y doctrinas son difundidas cada semana en emisoras de Radio y Televisión. Puede encontrarlo en Twitter.

EL QUEBRANTAMIENTO DE LA DESESPERANZA

EL QUEBRANTAMIENTO DE LA DESESPERANZA

Charles R. Swindoll

11 de diciembre, 2018

Salmos 13

Hace muchos años cuando vivía en La ciudad de Dallas y estaba estudiando en el Seminario, recibí una llamada telefónica que me llevó a un pequeño departamento de la ciudad. Toqué a la puerta y me abrió un hombre que tenía en su mano un rifle. Me invitó a pasar. Fuimos a la cocina donde había simplemente un bombillo y una pequeña mesa con dos sillas. Allí comenzó a contarme su triste historia. Acababa de salir del hospital después de una cirugía en la espalda. Él era un hombre solitario, que había perdido el contacto con su esposa y con su único hijo, muchos años antes tras el fracaso de ese matrimonio. Mientras hablaba con él acerca de sus luchas intensas, noté que el apartamento estaba lleno de fotografías de su hijo en diferentes etapas de crecimiento.

Había fotos de cuando el niño estaba en pañales. Otras cuando el niño estaba graduándose del jardín de niños. Fotos del niño jugando béisbol y muchas otras más. Todo el enfoque de ese hombre se centraba en su matrimonio fracasado y en su hijo con quien él ya no podía pasar el tiempo. Esos recuerdos nostálgicos del pasado lo tenían cautivo y llenaban su corazón de arrepentimiento y desaliento. Desafortunadamente, mis intentos de ayudarle a que viera más allá de su angustia fueron inútiles. Menos de una semana después, él manejó su auto hasta las afueras del este de Texas y allí se suicidó. Para él, la vida ya no tenía ningún valor.

Es normal sufrir después de una pérdida significativa. El dolor es ese proceso angustioso de ajustarse a un nuevo conjunto de circunstancias. Una vez que la aceptación llega a nuestras vidas, el dolor desaparece, cediéndole el paso al gozo nuevamente. Algunas veces, sin embargo, el dolor puede llevar a la desesperanza, en lugar de la aceptación. Eso es precisamente lo que es el abatimiento. Una caída perpetua a la desesperanza.

No es necesario leer el salmo 13 muchas veces para detectar el abatimiento en David. Al igual que mi amigo solitario en el apartamento, el salmista se siente desalentado y olvidado. Es el viejo síndrome de «nadie me quiere». La desesperación ni siquiera describe ese estado emocional. Mi abuelo lo diría de esta forma: «Se siente como cucaracha». Un dicho muy común pero muy claro. Estoy seguro de que estos sentimientos mutuos son los que nos llevan a leer los salmos durante nuestros días tristes. David se siente miserable. Nadie sabe la razón. Sin embargo, sus palabras resuenan en nuestros sentimientos de dolor cuando nos sentimos «como cucarachas».

Afirmando el alma
Si usted o alguien que usted conoce, está sintiéndose abatido, ¿sabe usted cuál es el motivo? ¿Qué circunstancia causó ese dolor? Dedique unos momentos para describir eso de manera escrita. Hágalo en tercera persona como si estuviese contando la historia de un personaje ficticio.

Adaptado del libro, Viviendo los Salmos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2013). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmh.org). Copyright © 2018 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

La conciencia, ¿una facultad molesta?

Martes 11 Diciembre

Dios juzgará por Jesucristo los secretos de los hombres.

Romanos 2:16

Dios traerá toda obra a juicio, juntamente con toda cosa encubierta, sea buena o sea mala.

Eclesiastés 12:14

La conciencia, ¿una facultad molesta?

El hombre tiene una conciencia: siente más o menos vergüenza cuando hace algo malo, y se siente satisfecho cuando hace el bien. Pero alguien dirá: el bien y el mal son nociones muy relativas. Sin embargo, todos poseemos una referencia interior a la que nuestro comportamiento es confrontado continuamente.

La conciencia permite hacer la diferencia entre el bien y el mal; nos advierte cuando hacemos algo malo. Y nuestra memoria siempre está lista para sacar a la luz las acciones más miserables de nuestro pasado. Mediante todo tipo de actividades o de prácticas religiosas, el hombre trata de acallar la voz de una conciencia cargada, pero generalmente no lo consigue. Esta voz no lo deja tranquilo, le produce malestar, turba su mirada, su sueño… Comprende que hay una justicia que lo supera, y que un día tendrá que rendir cuentas ante su Creador.

En el plano moral, la conciencia tiene la misma función que el dolor en el plano físico, es decir, nos advierte sobre la urgente necesidad de consultar al gran Médico del alma: Dios. Él nos dejó su Palabra, la Biblia, mucho más segura que nuestra conciencia. Ella nos revela la verdad perfecta, divina, inmutable, que viene de arriba y no del hombre (Juan 17:17). Para el que la recibe con fe, es la luz que viene a iluminar, «a nivelar» nuestra conciencia para ver las cosas como Dios las ve, para juzgarlas y apreciarlas como él.

Iluminada de este modo, la conciencia dirige nuestros pensamientos y nuestras acciones en armonía con Dios.

Jueces 4 – Apocalipsis 4 – Salmo 140:1-5 – Proverbios 29:19-20

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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LA ACTITUD DE UN SIERVO

Diciembre 10

LA ACTITUD DE UN SIERVO

Cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee,
no puede ser mi discípulo. (Lucas 14:33)

Pocos en la iglesia actual están consagrados a Jesucristo como lo estuvo el apóstol Pablo. Pablo ejemplifica de lo que hablaba Cristo cuando dijo: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame” (Lc. 9:23). Pablo vivía tan entregado a nuestro Señor que no le importaba si vivía o moría. Esa es una actitud de la que prácticamente no se oye en nuestra época materialista y ególatra. La mayoría de las personas hoy viven para todo menos para lo que Pablo vivía.

Pablo seguía sintiendo gozo siempre que su Señor fuera glorificado, aun cuando fuera él mismo amenazado de muerte. Lo único que le importaba era que se siguiera difundiendo el evangelio, que se predicara a Cristo y que se exaltara al Señor. La fuente de su gozo estaba totalmente relacionada con el reino de Dios.

Del libro La Verdad para Hoy de John MacArthur DERECHOS DE AUTOR © 2001 Utilizado con permiso de Editorial Portavoz, http://www.portavoz.com
la verdad para hoy

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UN MENSAJE DE DIOS

UN MENSAJE DE DIOS

Charles R. Swindoll

10 de diciembre, 2018

Salmos 8

David continúa su servicio de adoración, compartiendo un mensaje de Dios que por ende, es el tema principal de esta composición. Podemos imaginarnos a David frente al pueblo predicándole acerca de la gracia de Dios y de cómo ese pueblo necesita de su Creador.

Primero, él considera la lastimosa deficiencia de la humanidad. Lea los versículos 3 y 4 lentamente. Medítelos y participe del concepto que David quiere presentar:

Cuando contemplo tus cielos, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que tú has formado, digo: «¿Qué es el hombre, para que de él te acuerdes; y el hijo de hombre, para que lo visites?»

El término hebreo que se traduce como «contemplo» es un verbo que significa observar, ver o analizar. David se encontraba al aire libre en medio del esplendor de este fenómeno natural. Al mirar a su alrededor él se dio cuenta de la grandeza de Dios. Todos hemos tenido esa misma experiencia. Nos fijamos en el cielo y nos llenamos de asombro. «Contemplamos» la expansión del universo y su majestuosidad es invariablemente abrumadora.

David se refiere a la creación de Dios como, «la obra de tus dedos». Se puede decir que la creación del universo fue sencillamente, «la obra de los dedos» de Dios. La salvación, sin embargo, representa «la obra de su brazo» (Isaías 52: 10; 53: 1; 59: 16; Salmo 77: 15).

Cuando David hace la pregunta: «¿Qué es el hombre?» David utiliza un término muy poco común para el ser humano: Enosh. Esta palabra proviene de un verbo hebreo que significa ser débil, frágil o enfermizo. En otras palabras: «en comparación con tu esplendor y tu majestad, Señor, ¿qué es esta humanidad débil frágil e ínfima?» Según David, Dios pasa por alto nuestro estatus inferior y actúa a favor de la humanidad de dos maneras significativas: piensa en el ser humano y lo cuida.

¿Qué significa esto? El concepto de que Dios piensa en el ser humano significa que Dios nos recuerda. Y el segundo concepto de que nos cuida significa que él nos pone atención. ¡Qué maravillosa verdad!

Si el afán de sentirse abandonado lo tiene entre sus garras, piense en esto: el Dios que creó todo el asombroso universo se acuerda y cuida de personas como usted y como yo. Es fácil creer que Dios tiene más cosas que hacer que preocuparse por nosotros. Sin embargo, Pedro nos recuerda que: «él [Dios] tiene cuidado de usted» (1 Pedro 5: 7). Dios nunca abandona a los suyos.

Esto hace que David reflexione en la gracia de Dios:

Lo has hecho un poco menor que los ángeles, y lo has coronado de gloria y de esplendor. Le has hecho señorear sobre las obras de tus manos; todo lo has puesto debajo de sus pies: ovejas y vacas, todo ello, y también los animales del campo, las aves de los cielos y los peces del mar: todo cuanto pasa por los senderos del mar. (Salmo 8: 5-8)

A pesar de la vasta diferencia entre Dios y el hombre, David declara que el Señor nos ha dado su amor y le ha dado a la humanidad un lugar de dignidad e importancia en este mundo. Fuimos hechos inferiores a los ángeles en términos de poder pero no obstante hemos sido coronados con gloria y majestad. Además, nos dio la responsabilidad y el privilegio de gobernar su creación como sus virreyes (Génesis 1: 28-30).

Hebreos 2:6-9 aplica estos versículos a Jesucristo, y de esta forma convierte esta sección del salmo 8 en versículos mesiánicos y proféticos. Históricamente hablando, sin embargo, estos versículos se aplican a todos los seres humanos. Aunque Jesús es el hijo de Dios, compartimos este honor y esta responsabilidad con el. ¡Asombroso!

Afirmando el alma: Esta noche, salga a caminar bajo las estrellas, y si puede hacerlo recuéstese y mire hacia el cielo. Mientras analiza el vasto espacio estelar, recuerde que Dios le ama de manera individual y por si eso fuera poco le ama más que el universo mismo. Después examine sus propios hábitos y decisiones. ¿Lo hace con la motivación de ganarse el amor y el respeto de los demás o de Dios?

Adaptado del libro, Viviendo los Salmos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2013). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmh.org). Copyright © 2018 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

Andar en la luz

Lunes 10 Diciembre

(Jesús dijo:) Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida.

Juan 8:12

Andar en la luz

Cada tarde la enfermera contaba una historia bíblica a los niños de las calles de una ciudad africana; luego les servía una comida sencilla. Pero, ¿dónde estaba Paki aquella tarde? ¿Por qué no estaba sentado con los demás niños alrededor del fuego? El día anterior había robado unas naranjas en el jardín del hospital, y al escalar el muro se había lastimado un pie. ¡Tal vez la enfermera lo había visto! Aquella tarde se sentó lejos, detrás de un árbol, y desde allí escuchó la historia bíblica. Sin embargo, ¡cómo le hubiese gustado estar junto a los demás, a la luz y al calor del fuego!

Cuando la historia terminó, de la cocina llegaron platos humeantes con arroz. Los niños comían felices. ¡Paki no sabía qué hacer! Desde que había robado las naranjas no había comido nada. ¿Debía quedarse en aquel lugar oscuro, o aventurarse a salir a la luz? Después de un momento de lucha interior, se levantó y fue cojeando hasta el fuego.

«¡Ven rápido Paki, pronto las ollas estarán vacías!», le dijo la enfermera mientras le daba un plato de arroz.

Cuando los demás niños se fueron, ella tomó a Paki por la mano, le curó la herida y habló con él. Le preguntó qué le había sucedido, y Paki le confesó que había robado. La enfermera le perdonó de todo corazón, y el niño dejó el hospital muy feliz. Aprendió que ante la luz todos los pecados son visibles, pero también que, al confesarlos y reconocerlos, pueden ser perdonados. ¡Qué contento estaba por no haberse quedado en la oscuridad!

Si confesamos nuestros pecados, Dios es fiel y justo para perdonarnos (1 Juan 1:9).

Jueces 3 – Apocalipsis 3:7-22 – Salmo 139:19-24 – Proverbios 29:17-18

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