1/17 – José y la Gracia de Dios

Iglesia Evangélica de la Gracia

Serie: La Vida de José

1/17 – José y la Gracia de Dios

David Barceló

En este primer sermón, nos adentramos en una historia apasionante, que refleja sin duda alguna el Evangelio del Señor Jesucristo. El Justo, acusado, culpado, exaltado, que salvó a los mismos que antes le ofendían. https://facebook.com/IEGBarcelona http://porGracia.es/ http://sermonaudio.com/iegracia

David Barceló

Westminster en California (MA) y Westminster en Filadelfia (DMin)

David es licenciado en Psicología y graduado de los seminarios Westminster en California (MA) y Westminster en Filadelfia (DMin). Es miembro de la NANC y graduado en Consejería Bíblica por IBCD. David ha estado sirviendo en la Iglesia Evangélica de la Gracia, desde sus inicios en mayo de 2005, siendo ordenado al ministerio pastoral en la IEG en junio de 2008.

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¿Qué es tener éxito en el ministerio?

9Marcas

Entrenando pastores, edificando iglesias sanas

FUNDAMENTOS

Nota de los editores: edición del 20 aniversario

Nos gusta decir que 9Marks no tiene nada nuevo que ofrecer. Solo apuntamos a cosas que son muy, muy antiguas. ¡Reciban saludos de sus tatarabuelos!

Por supuesto, los cristianos de hace cien años no hicieron todo correctamente al edificar sus iglesias. Pero, por lo menos, buscaron las instrucciones en el lugar correcto—en las Escrituras. Ellos no encontraron dirección en los métodos de marketing modernos o en las encuestas a grupos de sondeo. Ellos no calcularon su trabajo en la iglesia según los vientos culturales. Ellos abrieron la Biblia, la estudiaron y trataron de moldear según ella su comunidad, gobierno y reuniones.

9Marks ha existido por veinte años para animar a los líderes de las iglesias a hacer lo mismo. Nuestra misión es simple: equipar con una visión bíblica y recursos prácticos a líderes de iglesias para que la gloria de Dios se refleje a las naciones a través de iglesias sanas.

Sí, necesitas conocer tu propio contexto, así como los padres necesitan conocer a sus hijos individualmente. Pero la Biblia provee toda la dirección que necesitamos para reunirnos como congregaciones, para afirmarnos unos a otros como miembros del cuerpo de Cristo a través de la práctica de las ordenanzas, para predicar la Palabra, para desarrollar líderes, para discipularnos unos a otros, para evangelizar a nuestros amigos y vecinos, para crecer en vida, en salud y vitalidad.

De manera extraña, demasiados libros y artículos para pastores afirman ofrecer la «clave» para el crecimiento de la iglesia. Usualmente, la clave es cualquier cosa que el autor cree que impulsó el crecimiento de los números de la membresía de su iglesia. El mensaje es: «¡Haz lo que hice!». Por supuesto, si esa fuera verdaderamente la clave del crecimiento, entonces ¿por qué el Espíritu Santo no la reveló? ¿Está tratando solamente de hacernos la vida difícil?

Desde el 2014, 9Marks ha venido publicando la Revista 9Marcas para ayudar a líderes y miembros de iglesias a pensar bíblicamente sobre diferentes áreas de la vida de la iglesia: la predicación, el evangelio, la membresía de la iglesia, la teología bíblica, el discipulado y la consejería bíblica.1 Todas las Revistas 9Marcas están en nuestro sitio en Internet y disponibles para que las descargues gratuitamente.

En esta edición conmemorativa del 20 aniversario, hemos compilado algunos de los artículos más esenciales—varios por cada una de las nueve marcas. Léelos y, después, pásalos a tus compañeros líderes de la iglesia.

Quizá 9Marks no exista de aquí a veinte años porque suficientes iglesias habrán captado la visión: sí, la Biblia es suficiente. Hasta entonces, oremos que Dios nos ayude a perseverar siendo fieles en apuntar una y otra vez a la Biblia. Más que eso, oremos para que más iglesias y pastores modelen y enseñen lo mismo. 1 Nuestra meta es continuar publicando esta Revista y tratar otros temas, por ejemplo: los ancianos, los diáconos, la evangelización, la disciplina en la iglesia, el canto, la oración, los programas de escuela dominical, el evangelio de la prosperidad, la autoridad, las misiones, la política, el pastorado a solteros, las transiciones pastorales, entre otros.

Mark Dever – Daniel Puerto – Jonathan Leeman

 

¿Qué es tener éxito en el ministerio? ¿Cómo se puede medir?

Esta pregunta es difícil de contestar porque hay en juego principios que compiten entre sí:

1. ¿Medir lo sobrenatural?  Los frutos sobrenaturales no siempre se pueden medir.

2. Éxito igual a fidelidad. Uno de nuestros criterios más importantes para el éxito debería ser si un hombre está o no predicando la Palabra fielmente y viviendo una vida de conformidad a la Palabra.

3. Más que cabezas en la asistencia.  El número de personas que asiste a una iglesia no es el único factor a considerar, sino cuántos miembros están creciendo en santidad, cuántos líderes se están levantando, cuántos miembros están yendo a las misiones, etc. Estos factores son mucho más ricos y complejos, y normalmente son mejores indicadores de la fidelidad y del éxito del ministerio de un hombre.

4. El éxito no es siempre visible. Un ministerio fiel y «exitoso» puede no presentar fruto obvio e inmediato. Adoniram Judson no vio ni un convertido por siete años. Además, las respuestas iniciales pueden ser tremendamente engañosas con el tiempo (Mt. 13:1-23). Y ¿cuánto «fruto» pudo ver el profeta Jeremías?

5. Pero el fruto visible debería ser considerado. Dios da diferentes talentos a diferentes personas. Es absolutamente posible que un hombre trabaje fielmente en algo para lo que no tiene talento. En tal caso, habrá poco fruto visible, lo cual debería considerarse al evaluar sus planes a largo plazo y el apoyo que recibirá. No todos los cristianos deberían pedir a la iglesia que se separe una porción de sus ingresos para apoyarles en un ministerio a tiempo completo. El fruto visible es una parte de esa consideración.

6. ¿Cuál es la conclusión?  El éxito en el ministerio principalmente significa fidelidad, pero hacer un intento por evaluar humilde y cuidadosamente el fruto del ministerio de un hombre debería jugar un papel de apoyo a la hora de sopesar el éxito en el ministerio.

Traducido por Kevin Lara.

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Una mirada histórica al Premilenialismo

Coalición por el Evangelio

Una mirada histórica al Premilenialismo

​Juan José Binet

El término Premilenialismo o Premilenarismo no era manejado sino hasta mediados del siglo XIX. Hasta ese momento solo se lo conocía como milenarismo, que fue el término acuñado por los primeros padres de la Iglesia. Sobre esto dice Phillip Schaff, en su libro Historia de la Iglesia Cristiana lo siguiente:

“El punto más impactante en la escatología de la edad pre-nicena es el prominente quiliasmo, que es la creencia en un reino visible del Cristo glorificado sobre la tierra con los santos resucitados por un período de mil años y antes de la resurrección general y juicio final. Ciertamente no era la doctrina de la iglesia plasmada en algún credo o forma de devoción, pero sí la amplia opinión de distinguidos eruditos como Bernabé, Papías, Justino Martir, Ireneo, Tertuliano, Metodio y Lactancio, mientras que Cayo, Orígenes, Dionisio Magno, Eusebio (y más adelante Jerónimo y Agustín) se opusieron a ello”.

El término es eventualmente labrado hasta lo que hoy nos referimos como Premilenialismo. Como hablamos en nuestra introducción al Premilenialismo, esta postura tiene sus marcados aspectos y variaciones, y por causa de ello nos vemos precisados a distinguir el Premilenialismo Histórico (o Clásico) del Premilenialismo Dispensacional. La razón por la cual el término evoluciona se debe a la necesidad de enfatizar y vincular el reino milenial con la previa venida de Cristo en gloria, de modo que el prefijo “pre” significa “venida previa al milenio”.

Como resumen, a continuación describimos los rasgos característicos más relevantes de estas posturas:

El Premilenialismo es una alternativa tanto al Postmilenialismo (que enseña que la segunda venida de Cristo ocurrirá luego de un período de mil años de justicia) como al Amilenialismo (que enseña que el período de mil años no debe ser tomado literalmente, sino que se trata de la edad mesiánica/eclesiástica actual). Esta postura teológica se desprende primordialmente de Apocalipsis 20, pero está vinculada concomitantemente a las promesas de reino futuro tanto en el AT como en las palabras de Jesús (Hch. 1:6-7)

El Premilenialismo Histórico o Clásico es distintivamente no Dispensacional. Esto significa, entre otras cosas, que no ve distinción teológica radical entre Israel y la Iglesia. A menudo se perfila como post-tribulacional, lo cual significa que el arrebatamiento de la iglesia ocurrirá luego de un período de tribulación. El Premilenarismo Histórico se adhiere al Quiliasmo por causa de su enfoque de que la Iglesia será arrebatada para recibir a Jesús en el aire y de inmediato escoltarlo a la tierra, a fin de establecer su gobierno de mil años literales. Entre los proponentes de esta postura se encuentran Charles H. Spurgeon, George Eldon Ladd, Francis Schaeffer y Albert Mohler.

Por su parte, el Premilenialismo Dispensacional inició alrededor del 1830, como fuese planteada por John Nelson Darby. Simplificando un poco esta postura, podríamos decir que el Premilenialismo Dispensacional entiende que la nación de Israel será salvada y restaurada a un lugar de preeminencia durante el Milenio. Además, y de manera general, los que se suscriben a esta enseñanza creen en un rapto pre-tribulacional. Es decir, que los escogidos no han de pasar por toda o la mayor parte de la Gran Tribulación. En esta postura se encuentran Donald Barnhouse, Norman Geisler, John Macarthur y Evis L. Carballosa.

Mirando a la historia

Existe literatura judía temprana que alude a un reino mesiánico temporal previo al estado eterno, como  IV Esdras 12:34, II Baruc 24:1-430:1-539:3-840:1-4; Jubileos 1:4-29 y 23:14-31. La creencia judía en una era mesiánica terrenal transitoria continuó expandiéndose durante y más allá del tiempo de la redacción del libro del Apocalipsis.

Justino Martir en el Siglo II fue uno de los primeros escritores cristianos que declaró concordar con la creencia judía de un reino mesiánico temporal previo al estado eterno. De acuerdo a Johannes Quasten:

“En sus ideas escatológicas, Justino comparte los puntos de vista de los quiliastas respecto al milenio”. Él insiste en un distintivo premilenial, a saber, que habrá dos resurrecciones, una de los creyentes antes del reino de Cristo y luego una resurrección general más adelante.Justino escribió en el capítulo 80 de su obra Diálogo con Trifo, “Yo y otros cristianos en nuestros justos juicios estamos convencidos de que habrá una resurrección de muertos, y un bloque de mil años en Jerusalén que luego será erigido… porque Isaías habló en esos términos respecto a este período de mil años”.

Ireneo (130-202), el otrora Obispo de Lyon en el siglo II, fue un premilenialista declarado. Es mejor conocido por sus tomos voluminosos escritos contra la amenaza gnóstica del segundo siglo, comúnmente conocido como Contra Las Herejías. En el quinto libro Contra Las Herejías, Ireneo se concentra primordialmente en escatología. En un pasaje él defiende el Premilenialismo al argüir que un futuro reino terrenal era necesario por causa de la promesa de Dios a Abraham. En otra porción Ireneo también explica que la bendición a Jacob “pertenece incuestionablemente a los tiempos del reino cuando los justos llevarán espada luego de levantarse de entre los muertos”.

Muchos de estos teólogos y otros de la iglesia primitiva expresaron su creencia en el Premilenialismo por medio a su aceptación de la tradición sexta-septimilenial. Esta postura aduce que la historia humana continuará por 6000 años y luego disfrutará de un sabático de 1000 años (el reino milenial), de ese modo toda la historia humana consistirá de un total de 7000 años previo a la nueva creación. De tal modo, aunque entendemos que hay otras posturas, es evidente que la historia de la iglesia tiene un marcado énfasis premilenial.

Jeremías

Ministerios Ligonier

Renovando tu Mente

Jeremías

R.C.Sproul

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Recuerdo que cuando estudiaba un postgrado en Holanda llevaba una vida súper estricta, me levantaba a la misma hora todos los días y había un pequeño dormitorio en el lugar que alquilábamos que tenía un lavabo chico y solo había espacio para poner una mesa pequeña de trabajo entre la pared y el lavabo, y la parte posterior de la silla estaba contra la cama.

Solía sentarme en esa mesa por 12 horas todos los días. Y tenía que hacer todos estos estudios teológicos y me dije a mí mismo, «Si voy a tener que estudiar toda esta teología, hay algo que quiero agregar a esto. Quiero estudiar la Biblia, mientras estoy haciendo esto».

Por eso, tenía esta rutina todos los días antes de empezar con mi carga académica, estudiaba cuidadosamente el texto de un libro de la Biblia, y mi compañero por un año fue el profeta Jeremías.

Y desde entonces, en cierto modo siento como si Jeremías es mi amigo. Pasé mucho tiempo con él, estudiando sobre el contenido de su libro y siempre quedé deslumbrado por el valor, la fidelidad y la devoción de Jeremías, pues a Jeremías también se le dio la difícil tarea, al igual que a Isaías, de anunciar el juicio de Dios sobre su propio pueblo y sobre su propia iglesia.

Y a veces tenemos este retrato del profeta del Antiguo Testamento como una especie de persona seria, mala e irascible que le da placer anunciar estos juicios terribles, devastadores que estaban a punto de caer sobre el pueblo.

Recordemos que el sobrenombre de Jeremías era «el profeta llorón», porque Jeremías no disfrutaba en dar malas noticias.

Era un hombre con un corazón quebrantado que lloró por su pueblo y que lloró por la ciudad de Jerusalén. Nosotros también, en aquellos días, solíamos ir con frecuencia al Rijksmuseum  de Ámsterdam para ver pinturas maravillosas.

El museo nacional, quizás, era superado sólo por el Louvre en París, en términos de su colección de grandes obras de arte. Tiene esta gran sala enorme, que era la sala de Rembrandt, la colección más grande de Rembrandt que se pueda encontrar en todo el mundo.

Y solíamos ir y mirar con detenimiento todas estas pinturas de Rembrandt, pero mi favorita era la pintura titulada en holandés, “Jeremias per rord het onderhong fon Jerusalem” – “Jeremías lamenta la destrucción de Jerusalén.”

Si has visto esa pintura, notarás que el profeta está apoyándose como recostado sobre las Escrituras y en el fondo, se entremezclan la luz y la oscuridad en un estilo clásico de Rembrandt. Si miras con mucha atención la pintura verás la ciudad de Jerusalén en llamas. Para pintar sus cuadros, Rembrandt hizo algo similar a lo que hicieron Miguel Ángel y otros.

Si estuviera haciendo personajes bíblicos, él haría 30 ó 40 bocetos de la vida de la persona, antes de elegir uno para pintar. Y lo que buscaba era un momento crítico, un momento provechoso que pudiera capturar a todo el hombre y toda su misión en una escena, y esa sería su elección del Jeremías: Jeremías llorando sobre la ciudad de Jerusalén.

Jeremías tenía 20 años aproximadamente, cuando fue llamado para ser profeta y el registro de su llamado se encuentra en el primer capítulo de su libro. Es importante entender que Jeremías fue el último profeta de Judá antes de la destrucción de Jerusalén y el exilio, del pueblo de Dios, a Babilonia.

Leemos en los versículos 4 y 5 del primer capítulo, «Y vino a mí la palabra del Señor, diciendo: Antes que yo te formara en el seno materno, te conocí, y antes que nacieras, te consagré; te puse por profeta a las naciones».

Es interesante que ha sido llamado el profeta a las naciones o el profeta a los gentiles, cuando la mayor parte de su profecía fue dada a los judíos en Jerusalén y sus alrededores. Su ministerio duraría aproximadamente 50 años desde esta fecha.

Él era de la tribu de Benjamín y muchos, muchos siglos después, otro descendiente de la misma tribu de Benjamín sería ordenado, no como un profeta, sino como la contraparte del profeta del Antiguo Testamento en el Nuevo Testamento, un apóstol.

Este hombre benjamita en el Nuevo Testamento también fue llamado «el apóstol a los gentiles». Y en un sentido real el ministerio de Jeremías en el Antiguo Testamento anticipa el ministerio del apóstol Pablo en el Nuevo Testamento.

«Entonces dije», este es Jeremías hablando, por supuesto, “¡Ah, Señor Dios! He aquí, no sé hablar, porque soy joven». Se ha dicho de Jeremías, como veremos en breve, que no solo al principio, sino a lo largo de su ministerio, fue un profeta reacio y vemos la resistencia al principio cuando dice: «No sé hablar, porque soy joven.»

Y el Señor me dijo: ‘Oh, lo siento, Jeremías, debo haber llegado a la casa equivocada. No debes ser el Jeremías que ordené desde la fundación del mundo o el que santifiqué en el vientre de tu madre’. Eso no fue lo que Dios dijo. Cuando Jeremías protestó que era demasiado joven, el Señor le dijo: «No digas: ‘Soy joven’ porque adondequiera que te envíe, irás, y todo lo que te mande, dirás. No tengas temor ante ellos, porque contigo estoy para librarte, declara el Señor.

Entonces el Señor extendió su mano y tocó mi boca. Y el Señor me dijo: He aquí he puesto mis palabras en tu boca. Mira, hoy te he dado autoridad sobre las naciones y sobre los reinos, para arrancar y para derribar, para destruir y para derrocar, para edificar y para plantar».

Y ahora ves lo mismo que ocurrió con Isaías, cuando se le dio a Isaías la penosa tarea de anunciar malas noticias por todas partes. Sin embargo, Isaías es conocido hoy por ser un profeta del evangelio en el Antiguo Testamento.

De igual manera, cuando Dios viene y pone sus palabras en la boca de Jeremías, él le dice: Él dijo: ‘Quiero que vayas y arranques y derribes y rompas’. ¿Por qué? ‘Para que puedas plantar y para que puedas construir’. Pero antes de que Dios reconstruya su nación y reconstruya su pueblo, en primer lugar, tenía que derribar las estructuras que se habían vuelto tan corruptas.

Y estas fueron las circunstancias del llamado de Jeremías y para tener una idea de la dificultad de su tarea, Dios envió a Jeremías no tanto a ministrar a los reyes como había sido el caso de Isaías, sino al núcleo religioso de la nación, a los sacerdotes y a los profetas en esos días.

El capítulo 7 nos da una idea de esta misión y a partir del versículo 1 de este capítulo, leemos esto: «Palabra que vino a Jeremías de parte del Señor, diciendo:  Párate a la puerta de la casa del Señor y proclama allí esta palabra, y di: ‘Oigan la palabra del Señor, todos los de Judá, los que entráis por estas puertas para adorar al Señor.’ Así dice el Señor de los ejércitos, el Dios de Israel: Enmendad vuestros caminos y vuestras obras, y os haré morar en este lugar. No confiéis en palabras engañosas, diciendo: ‘Este es el templo del Señor, el templo del Señor, el templo del Señor’”.

¿Qué está pasando aquí? Hemos dicho que una de las cosas, una de las funciones del profeta en el Antiguo Testamento era la de ser reformador.

Ahora, el profeta como reformador no era un revolucionario. Hay una diferencia. Los profetas no trataban de ser innovadores y lanzar todas las cosas que Dios había instituido en el pacto y en la vida religiosa del pueblo.

He dicho muchas veces que lo que sucedió con el culto de Israel en el Antiguo Testamento es que degeneró en ritualismo, externalismo, y formalismo, donde las personas solo seguían con las costumbres, pero sus corazones estaban muy lejos de las cosas de Dios.

Todavía tenían su actividad religiosa, pero era puramente externa y superficial. No penetraba en sus corazones. Ahora, lo que los profetas hicieron no fue eliminar las formas o los rituales o las cosas externas, sino que buscaron que el pueblo entendiera la realidad interna a la cual se suponía que debían apuntar y llamarlos a que se arrepientan de permitir que su religión sea solo ritos externos.

Dios le dice a Jeremías: ‘Quiero que vayas directo al centro de la ciudad de Jerusalén, al templo y le digas al pueblo que cambie sus formas y que no confíe en palabras engañosas’. Las palabras engañosas estaban en estas fórmulas que recitaban: «Este es el templo del Señor, el templo del Señor, el templo del Señor». En otras ocasiones he recalcado lo importante que es cuando vemos la repetición en la literatura hebrea, porque la repetición significa énfasis y por lo general cuando se menciona algo de gran importancia se repite; es decir, se dice dos veces. Pero aquí se repite tres veces.

Estas personas están siendo hipócritas en grado superlativo, diciendo que este es “el templo del Señor, el templo del Señor, el templo del Señor”. Y Jeremías es enviado a decirles: ‘Están confiando en palabras engañosas, palabras que no tienen provecho’, y más adelante, dice: «id a mi lugar en Silo». Silo había sido un lugar temporal que había servido como el santuario central en la antigüedad y ahora estaba en ruinas.

Jeremías dice: ‘vayan a Silo y véanlo porque así es como lucirá Jerusalén, cuando Dios haya finalizado con la visitación de su juicio’.

¿Pueden imaginar alguna profecía que fuera más incendiaria que esta? ¿Pueden imaginar la furia y la ira de los sacerdotes y los líderes religiosos de aquel día, que este hombre tenía la audacia de decir que Dios iba a destruir Jerusalén?

Era difícil para Jeremías. Fue odiado y perseguido por los sacerdotes, por los falsos profetas de su tiempo. Y siendo un hombre sensible como lo era, era muy difícil continuar de esta forma. Y creo que uno de los capítulos más conmovedores que describen su lucha es el capítulo 20 de su libro.

«Me persuadiste, oh Señor, y quedé persuadido; fuiste más fuerte que yo y prevaleciste».  Me gusta más esta otra traducción: «Me sedujiste, oh Jehová, y fui seducido» porque captura el espíritu de esta discusión que parece ser un ejercicio de redundancia porque, si Dios seduce a un hombre, nada podría ser más claro que el hombre está seducido. Y si Dios lo agobió, entonces, por supuesto que está agobiado.

Pero ahora Jeremías está diciendo: ‘¿qué posibilidades tengo, Dios? No puedo luchar contra ti. Eres demasiado fuerte para mí. Me has seducido aquí en esta tarea’.

Jeremías dice: «He sido el hazmerreír cada día; todos se burlan de mí». Soy una persona non grata en todo Jerusalén. Soy el hombre más odiado entre mi propia gente. ¿Esto es lo que significa serte fiel a ti y a tus palabras? Que si te soy fiel ¿tengo que ser odiado por todos? “Porque cada vez que hablo, grito; proclamo: ¡Violencia, destrucción! Pues la palabra del Señor ha venido a ser para mí oprobio y escarnio cada día». Cada día, todos los días. Jeremías soporta el reproche y la burla de su pueblo porque él está tratando de ser fiel a la palabra de Dios.

Cada pastor en cada iglesia debe revisar este texto con regularidad. Luego el texto sigue: “No Lo recordaré ni hablaré más en su nombre». ¿Ven la profundidad en la que Jeremías ha caído aquí? No puedo soportarlo más. No puedo aguantar esta hostilidad, este odio, esta burla, y por eso ¡renuncio!

Te devuelvo mi credencial de profeta. No hablaré más en tu nombre. Y agrega, pero tu palabra “se convierte dentro de mí como fuego ardiente encerrado en mis huesos” no puedo detenerla. Eso es lo que me gusta de Jeremías, que era un profeta que tenía fuego en sus huesos y era un fuego que estaba encendido por la palabra de Dios.

«Hago esfuerzos por contenerlo, y no puedo». Verso 11: «Pero el Señor está conmigo como campeón temible; por tanto, mis perseguidores tropezarán y no prevalecerán.

Quedarán muy avergonzados, pues no han triunfado, tendrán afrenta perpetua que nunca será olvidada». Verso 13: «Cantad al Señor, alabad al Señor». Verso 14: «Maldito el día en que nací». Habla de la ambivalencia, habla de vacilar entre el júbilo y la alegría de la alabanza de Dios y luego maldice el día de su nacimiento debido a la miseria que debe soportar.

Capítulo 23, verso 9: «En cuanto a los profetas: quebrantado está mi corazón dentro de mí, tiemblan todos mis huesos; estoy como un ebrio, como un hombre a quien domina el vino, por causa del Señor y por causa de sus santas palabras.

Porque la tierra está llena de adúlteros; porque a causa de la maldición se ha enlutado la tierra, se han secado los pastos del desierto. Pues es mala la carrera de ellos y su poderío no es recto. Porque tanto el profeta como el sacerdote están corrompidos; aun en mi casa he hallado su maldad».

Así que Jeremías se queja, le dice a Dios, mira, me dices que llame a estas personas al arrepentimiento porque el juicio viene a esta ciudad santa, y cada vez que predico hay 15 profetas, que vienen detrás de mí y dicen al pueblo: ‘Paz, paz, Dios está con nosotros.

No hagan caso a Jeremías, él perturba la unidad de la iglesia. Dios te ama exactamente como eres. Paz, paz’. Y Jeremías clama a Dios, diciendo: ‘Oh Dios, el mensaje de estos profetas, curan las heridas de la hija de Sion, solo ligeramente.

¿Cómo puedo hacer para que la gente escuche tu palabra cuando ahogan mi voz todos los días estos falsos profetas que están diciendo a la gente exactamente lo que quieren oír? Gritan paz, paz, cuando no hay paz.

¿Qué le dice Dios a Jeremías? Verso 25, «He oído lo que dicen los profetas que profetizan mentira en mi nombre, diciendo: ‘¡He tenido un sueño, he tenido un sueño!’ ¿Hasta cuándo? ¿Qué hay en los corazones de los profetas que profetizan la mentira, de los profetas que proclaman el engaño de su corazón, que tratan de que mi pueblo se olvide de mi nombre con los sueños que se cuentan unos a otros, tal como sus padres olvidaron mi nombre a causa de Baal?».

Ahora escuchen esto, Dios dice: «El profeta que tenga un sueño, que cuente su sueño, pero el que tenga mi palabra, que hable mi palabra con fidelidad. ¿Qué tiene que ver la paja con el grano? declara el Señor. ¿No es mi palabra como fuego, declara el Señor, y como martillo que despedaza la roca?”.

Jeremías, deja de preocuparte por los falsos profetas. Yo me haré cargo de los falsos profetas. Si son soñadores que sueñen, y que cuenten su sueño, pero deja que el hombre de Dios predique la palabra de Dios fielmente y vea el poder de esa palabra.

Justo antes de este reproche leemos este mensaje al inicio del capítulo 23: “He aquí, vienen días, declara el Señor, en que levantaré a David un Renuevo justo; y El reinará como rey, actuará sabiamente, y practicará el derecho y la justicia en la tierra. En sus días será salvo Judá, e Israel morará seguro; y éste es su nombre por el cual será llamado: ‘El Señor, justicia nuestra’».

Jeremías dijo al pueblo que Dios le prometía un nuevo pacto y un nuevo comienzo. Y aunque dijo que el templo sería destruido y el pueblo sería desechado en cautiverio, una de las últimas cosas que hizo Jeremías antes de ser llevado a Egipto fue comprar un campo.

Él invirtió en bienes raíces en Jerusalén como una señal para su pueblo que Dios levantaría esta ciudad una vez más desde las cenizas.

R.C. Sproul es el fundador de Ligonier Ministries, el maestro principal de la programación de radio Renewing Your Mind, y el editor general de la Biblia de estudio Reformation

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8/27 – El bautismo de Cristo

Aviva Nuestros Corazones

Serie: El Cristo incomparable

8/27 – El bautismo de Cristo

Nancy Leigh DeMoss

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/el-bautismo-de-cristo/

Nancy Leigh DeMoss: Cada cuatro años en los Estados Unidos se celebra un evento llamado «la inauguración presidencial».  Esta es  una  ceremonia oficial pública que se lleva a cabo frente a una gran cantidad de espectadores, en la cual el presidente es juramentado en su oficio. Esta inauguración marca el comienzo del período de su liderazgo.  Es en este momento cuando él asume el oficio o posición de autoridad en el poder.

Leslie Basham: Esta es Nancy Leigh DeMoss, dirigiendo nuestra atención a los eventos importantes que marcan los comienzos.

Nancy: En estos últimos programas, hemos considerado la vida y la obra de Jesús antes de venir a esta tierra. Hemos considerado también, Su encarnación, Su niñez, Su adolescencia, Su vida de adulto joven, Su vida de trabajo como carpintero y constructor. Hoy, consideraremos  el evento que, en cierto sentido, se corresponde a Su inauguración o Su ordenación. Observaremos algunas semejanzas en estas ceremonias. Esta fue la ceremonia pública que marcó el final de Su vida privada y que inauguró Su ministerio público en esta tierra.

Leslie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia Saladín.

Nancy: Durante estas semanas que anteceden a la Semana Santa, o la Semana de la Pasión, veremos el retrato del Cristo incomparable. Estaremos siguiendo el bosquejo del libro llamado “El Cristo incomparable” de Oswald Sanders [The Incomparable Christ – disponible en Inglés].  Muchas de ustedes están siguiendo el libro durante este estudio, lo cual es bueno pero no es necesario para sacarle el provecho a esta serie.

Hoy consideraremos el capítulo 7 sobre el bautismo de Cristo—otra mirada al Cristo incomparable. Ahora, cuando un cristiano se bautiza ésta es una ocasión gloriosa, pero en Su bautismo, Cristo fue incomparable.  Nunca ha habido, ni habrá, un bautismo como éste.

Les pido que vayamos al Evangelio de Mateo, el primer libro del Nuevo Testamento, al capítulo 3.  “En aquellos días llegó Juan el Bautista predicando en el desierto de Judea, diciendo: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado.»  (vv. 1-2).

Juan fue enviado a proclamar la venida del Reino de los Cielos y la venida del Rey de este Reino. “Acudía entonces a él Jerusalén, toda Judea y toda región alrededor del Jordán; y confesando sus pecados, eran bautizados por él en el río Jordán.» (vv. 5-6).

El bautismo es un ritual, es una ceremonia que simboliza el lavamiento y la limpieza de nuestros pecados.  Estas personas que venían a ser bautizadas estaban proclamando públicamente que eran pecadores, que necesitaban ser lavados. Ellos estaban entregándose a la misericordia de Dios, habiendo entendido que no  podían salvarse a sí mismos. El bautismo no los iba a salvar, pero era la expresión visible de la obra que ya había sido hecha en sus corazones, una obra que la Biblia llama arrepentimiento.

Arrepentimiento simplemente significa un cambio de pensamiento, un cambio de corazón o un cambio de dirección. Tú ibas en tu propio camino, viviendo tu propia vida, haciendo tus propias cosas, y Dios te detiene; entonces te das cuenta que eres pecadora con la necesidad de ser salvada por Dios. Te detienes, y por la gracia de Dios te arrepentiste y das media vuelta y vas en otra dirección. Pones tu fe en Cristo para que Él te cambie, para que te de un corazón nuevo y una nueva inclinación. Este acto de fe y de arrepentimiento es simbolizado en la ceremonia del  bautizo.

Ahora, estos creyentes fueron  bautizados antes que Cristo muriera en la cruz. Este fue un periodo de transición, pero hoy en día nosotros tenemos un mayor conocimiento sobre Cristo.

Miramos hacia atrás y nos regocijamos en el hecho de que Él ya vino. En el bautismo declaramos nuestra lealtad al Rey de Reyes y a Su reino.

Volviendo a  Mateo capítulo 3 versículo 11. Dice: “Yo a la verdad os bautizo con agua para arrepentimiento, pero el que viene detrás de mí es más poderoso que yo, a quien no soy digno de quitarle las sandalias; Él os bautizara con el Espíritu Santo y con fuego. El bieldo está a su mano y limpiará completamente su era; y recogerá su trigo en el granero, pero quemará la paja en fuego inextinguible.» (vv. 11-12).

El autor  nos está diciendo esencialmente que Cristo va a separar los que pertenecen a  Él, de los que no. Unos irán a la salvación eterna y los otros a la condenación y juicio eternos.

El versículo 13 nos dice:  “Entonces Jesús llegó de Galilea al Jordán, a donde estaba Juan, para ser bautizado por él, pero Juan trató de impedírselo, diciendo: Yo necesito ser bautizado por ti, y tú vienes a mi? ” (vv. 13-14). Y respondiendo Jesús,  le dijo: Permítelo ahora” Juan el Bautista le dijo: «no soy digno de quitarte las sandalias, y Jesús le respondió, «yo quiero que tú me bautices a mí», Juan le dice: «Yo necesito ser bautizado por ti, y ¿Tú vienes a mi?»

“Y respondiendo Jesús, le dijo: Permítelo ahora; porque es conveniente que se cumpla así toda la justicia. Entonces Juan se lo permitió».” (v. 15). En este pasaje vemos otra vez la humildad de Cristo. Podemos ver su humildad en Su nacimiento, a través de toda Su vida, en Su muerte, y podemos ver la humildad de Cristo a través de todos los evangelios.  Este es El Hijo de Dios, el Rey de Gloria, el Rey del Reino de los Cielos.

Aquí vemos a Cristo: sin pecado, sin necesidad de arrepentimiento, pero sometiéndose al bautismo de arrepentimiento. Me recuerda el texto de Isaías capítulo 53, este hermoso pasaje que habla sobre los sufrimientos de Cristo. En el relato se nos dice «que él fue contado entre los transgresores». “Déjame ser bautizado”. Él se identifica con los pecadores, con aquellos a quienes vino a salvar. Cristo se humilló para salvarnos. Esto fue lo que hizo de Cristo un salvador perfecto, el hecho de que él estuvo dispuesto a identificarse con los pecadores.

Aquí vemos no solo la obediencia de Cristo, sino también su humildad. Él dijo: «es conveniente que se cumpla así toda justicia». Cristo cumplió perfectamente toda la ley de Dios, y toda la voluntad de Su Padre celestial. ¿Había alguien hecho esto antes? No, ninguna persona jamás lo había hecho.  No importa cuán religiosa sea una persona, cuán respetada sea, ni que tan encumbrada esté en su sistema religioso. Nadie pudo ni podrá cumplir nunca la voluntad de Dios, y la ley de Dios a plenitud, solo Cristo y por eso Él es incomparable.

Estas son las buenas nuevas del Evangelio: que por medio de Su justicia, Su vida de obediencia es contada a nuestro favor. Los teólogos utilizan el término de «justicia imputada» para definir esto. Esto es lo que significa ser justificados. Ser contados como justos—no porque seamos justos—sino porque la justicia de Cristo es contada a nuestro favor.

Por esto fue necesario que Cristo cumpliera toda la justicia de Dios, de otra manera Él no podría justificarnos siendo nosotras  pecadoras y no podríamos, de ninguna otra forma, ser hechas justas.

Romanos capítulo 8 nos dice que “Dios lo hizo enviando a Su propio Hijo en semejanza de carne de pecado y como ofrenda por el pecado, condenó al pecado en la carne, para que el requisito de la ley se cumpliera en nosotros” (vv. 3-4). La justicia de Dios es  cumplida en nosotros porque Cristo cumplió con toda justicia.

Esto me lleva a preguntar ¿existe algún área de justicia que yo no haya cumplido? Pudiera ser en el área del bautismo, vemos en las escrituras un patrón y una enseñanza de que aquéllos que han puesto su fe en Jesucristo, dan testimonio de ello pasando por las aguas del bautismo.

El bautismo no te salva ni te hace más espiritual. De hecho, el bautismo no es más que  la  expresión externa de lo que ocurre en tu interior.  Lo único que hace el bautismo es mojarte, pero si tu corazón ha sido transformado, si has creído en  Cristo como tu Salvador,  y si te has arrepentido de tus pecados, entonces el bautismo es un acto de obediencia.

Jesús dijo que era necesario para nosotros cumplir con toda justicia. Yo me pregunto si no habrá alguien hoy escuchando este programa en quien este simple acto de obediencia no ha sido cumplido en su vida porque no ha sido bautizado después de haber puesto su fe en Cristo.

Pero volviendo a  Mateo capítulo 3 versículo 16 “Después de ser bautizado, Jesús salió del agua inmediatamente».  En el  bautismo de Cristo tenemos un retrato poderoso en el cual he estado meditando en estos días y me ha resultado difícil elegir las palabras que expresen todo lo que está representado  en este evento.

Cristo no solo se sumergió en las aguas del bautismo, sino que también salió de las aguas.  Este es un retrato que representa  la muerte y la resurrección de Cristo a nuestro favor.  Romanos capítulo 6 versículo 4 lo expresa de la siguiente manera: “Por tanto, hemos sido sepultados con Él por medio del bautismo para muerte, a fin de que como Cristo resucitó de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en novedad de vida».

Esta es una ilustración de lo que pasa con nosotras cuando venimos a Cristo. Estamos unidas a Él en Su muerte y estamos unidas a Él en su resurrección. Somos sepultadas como viejas criaturas, y somos levantadas como nuevas criaturas. No por  las aguas físicas del bautismo, pues éstas solo simbolizan lo que pasa con nosotros espiritualmente: que hemos sido sepultados con Cristo en la semejanza de Su muerte y que hemos sido levantados con Cristo en la semejanza de Su resurrección.

Sin embargo, el bautismo de Jesús es el cumplimiento de algo más. Es el cumplimiento de la figura del sacerdote representada en el Antiguo Testamento. El sacerdote del Antiguo Testamento comenzaba su ministerio a la edad de 30 años. ¿Qué edad tenía Jesús cuando fue bautizado? Cerca de los 30. El sacerdote era lavado con agua en una ceremonia y Cristo está cumpliendo con esta tipología como nuestro Sumo Sacerdote.

De hecho en Levítico capítulo 8 tenemos una  descripción detallada de la primera vez que Aarón, el primer Sumo Sacerdote, y sus hijos, quienes también eran sacerdotes, fueron  consagrados o separados para el ministerio. En esa ocasión toda la congregación de Israel fue reunida en esta ceremonia pública. Leamos algunos versículos de Levítico capítulo 8, “Entonces Moisés hizo que Aarón y sus hijos se acercaran, y los lavó con agua. Y puso sobre él la túnica, lo ciñó con el cinturón, lo vistió con el manto y le puso el efod; y lo ciñó con el cinto tejido del efod; con el cual lo ató. . . Y derramó del aceite de la unción sobre la cabeza de Aarón y lo ungió, para consagrarlo. (vv. 6-7, 12).

Los sacerdotes eran lavados con agua y  vestidos con ropas y  ornamentos especiales, pero solo el Sumo Sacerdote era ungido con aceite. Las Escrituras utilizan comúnmente el aceite para representar la unción del  Espíritu Santo  para el servicio. Cristo cumplió con esta tipología del Antiguo Testamento al ser sumergido en las aguas del bautismo, representando así el lavamiento del agua—aunque Él no tenía ningún pecado por el cual necesitara ser lavado—sin embargo, Cristo fue investido por el poder de Dios y fue ungido con aceite por el Espíritu Santo cuando comenzó su ministerio público.

Lo vemos mientras continuamos leyendo el texto en  Mateo capítulo 3. ¿Que pasó cuando Cristo salió de las aguas del bautismo? «Después de ser bautizado, Jesús salió del agua inmediatamente; y he aquí, los cielos se abrieron, y Él vio el Espíritu de Dios que descendía como una paloma y venía sobre Él. Y he aquí, se oyó una voz de los cielos que decía: Este es mi Hijo amado en quien me he complacido» (vv.16-17)

Ahora, está claro que Cristo no era simplemente otro hombre siendo bautizado. Él es el Cristo incomparable. Juan lo sabía, y los espectadores que estaban ahí ese día y escucharon la voz desde el cielo, también lo sabían. Los ángeles lo sabían y nosotros también lo sabemos al leerlo. Cristo no era simplemente otro hombre siendo bautizado.

Veamos entonces los tres sucesos que tuvieron lugar cuando Cristo salió de las aguas del bautismo.

  • Los cielos fueron abiertos.
  • El Espíritu de Dios descendió como paloma y se posó sobre él.
  • El Padre habló desde los cielos.

Examinemos por un momento cada uno los acontecimientos que tomaron lugar en el bautismo de Cristo. Primero, los cielos fueron abiertos. Por cierto, en el recuento paralelo del bautizo de Cristo que se relata en Lucas capítulo 3, se nos da un detalle que no se encuentra en el relato de Mateo. Lucas nos dice «Jesús también fue bautizado; y mientras Él oraba, el cielo se abrió» (v. 21).

Jesús estaba en comunión con Su Padre,  orando. Él estaba utilizando los medios de la gracia. La intimidad con Dios viene  cuando utilizamos los medios de la gracia que Dios ha dejado disponibles para nosotros.

Imagínense esto de que los cielos fueron abiertos para Jesús. Desde Génesis 3, cuando Adán y Eva fueron echados del huerto del Edén por causa de su pecado y Dios les  prohibió entrar otra vez en este paraíso terrenal,  desde ese momento hasta el día de hoy, el acceso a la presencia de Dios en los cielos ha sido vedado para la raza humana.

Ninguna de nosotras  puede entrar a la presencia de Dios por nuestros propios medios, no podemos entrar al cielo, no podemos disfrutar de la compañía y de la comunión con Cristo para la cual fuimos creadas. El cielo está cerrado para nosotras a causa del pecado, pero Jesús, el Cristo incomparable, tiene acceso a la misma presencia de Dios, al trono de Dios en los cielos. ¿Por qué? Por la virtud de Su vida sin pecado, Él nunca pecó, Cristo nunca desobedeció al Padre, nunca resistió  Su voluntad.

Él tiene acceso constante al trono de Dios y a la misma presencia de Dios. Esto es lo que más amo sobre este tema; ¡que Jesús vino a esta tierra para que el cielo se pudiera abrir para nosotras, para que pudiéramos tener acceso a la misma presencia de Dios!

¿Saben lo que esto significa? Todas las religiones del mundo en esencia están basadas en el esfuerzo que hacen los hombres para llegar a Dios por sus propios medios, por sus propios esfuerzos, por sus propios méritos, por sus propias luchas y por sus propias religiones, pero el camino está vedado, el cielo está cerrado: Pero Jesús dijo: «Yo soy el camino y la verdad y la vida;  nadie viene al Padre sino por mí». (Juan 14:6).

No existe otro camino—solo a través de Cristo podemos llegar al cielo—para esto Él vino a la tierra. Cristo no solo vivió una vida sin pecado, sino que murió la muerte que el pecador merecía, y porque Él murió como sustituto nuestro el cielo está hoy abierto para  nosotras.

¿Recuerdan cuando Esteban, el primer mártir cristiano, fue apedreado como nos relata Hechos en el capítulo 7? ¿Qué vio él?  Cuando él estaba a punto de morir él dijo: «He aquí, veo los cielos abiertos, y al Hijo del Hombre de pie a la diestra de Dios» (v.56). Esteban no hubiera podido decir eso, ni tampoco  nosotras podríamos decirlo, si el Hijo del Hombre, Jesús el Hijo de Dios, no hubiese venido a la tierra, cumplido con toda justicia y muerto a nuestro favor para que el cielo fuera abierto para nosotras. Cristo nos abrió el acceso al Padre.

Me fascina el texto de Apocalipsis capítulo 4 versículo 1 donde  Juan está recibiendo la visión de lo que está pasando en el cielo y nos dice, «Después de esto miré, y vi una puerta abierta en el cielo; y la primera voz que yo había oído, como sonido de trompeta que hablaba conmigo, y decía: sube acá.»  Si Cristo no hubiera vivido una vida sin pecado y muerto en nuestro lugar, esta visión no hubiera acontecido, los cielos no hubieran sido abiertos, la puerta habría permanecido cerrada para siempre, Dios nunca habría dicho: “sube acá, a mi lugar, y habita conmigo para siempre.”

Algunas de ustedes han estado en la iglesia toda su vida, han sido religiosas; pero para otras quizás todo esto sea nuevo y nunca hayan entendido verdaderamente el hecho de que el cielo ha sido abierto para aquellos que siguen a Cristo. Él  nos abrió el camino  a través de Su cruz. ¿No estás agradecida?  ¿No es esto increíble—que el cielo nos haya sido abierto? No porque seamos buenas, o porque  hayamos hecho algo bueno, tampoco  es porque hayamos hecho malabares para lograrlo, sino porque Cristo murió por nuestros pecados.

El segundo evento que tomó lugar, es que el  Espíritu de Dios descendió como paloma y se posó sobre Él. Esto me recuerda el versículo de Isaías 61 que dice: «El Espíritu del Señor Dios está sobre mí, porque me ha ungido el Señor para traer buenas nuevas a los afligidos» (v. 1).  Cuando Jesús vino a esta tierra la plenitud del Espíritu Santo lo ungió para este servicio; lo ungió para proclamar el evangelio, las buenas nuevas a aquellos que están destituidos y que necesitan de un salvador.  ¿Cómo lo hizo? Por medio del Espíritu de Dios que estaba sobre Él.

De hecho, después que Jesús fue bautizado y ungido por el  Espíritu para el servicio, y después de la inauguración pública de Su ministerio, las Escrituras nos dicen en Lucas capítulo 4 versículo 1 que  «Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán, y fue llevado por el Espíritu». Es aquí  donde Cristo comienza Su ministerio terrenal.

Si Jesús, aun siendo Dios, durante toda Su vida terrenal como hombre estuvo siempre en dependencia del Espíritu Santo, ¿cuánto más  no debemos nosotras vivir en dependencia del Espíritu?  Tú y yo nunca podremos hacer aquello para lo que Dios nos ha llamado, cualquier cosa que sea,  lavar los platos, tener hijos, ejercer las funciones de nuestro trabajo… nunca podremos  hacerlo de una manera espiritual que sea efectiva y que glorifique a Dios, a menos que lo hagamos en el poder del Espíritu Santo.

Lo hermoso de todo esto es que Dios nos ha dado Su Espíritu para fortalecernos en el servicio.  Si somos hijas de Dios, el Espíritu Santo no solo viene sobre nosotras, sino que las Escrituras nos dicen que el Espíritu de Cristo vive, mora en nosotras.  Hay poder para servir a Dios y para servir a los demás, por el ministerio del Espíritu Santo.

En tercer lugar, el Padre habló desde los cielos y dijo: «Este es mi Hijo amado en quien me he complacido» (Mateo 3:17). Jesús recibió la confirmación, la aprobación y la satisfacción del Padre. Este fue el reporte del cielo la evaluación del cielo sobre Jesús. Cuando Dios miró los 30 años que Cristo estuvo en la tierra, y Él mira aún más allá, desde toda la eternidad y antes de que todo ocurriera, Dios se complace en que Cristo nunca se desvió ni una jota en hacer la voluntad de Su Padre celestialNo hubo nada en sus acciones, actitud, o palabras que no complacieran a Su Padre en los cielos. «Este es mi hijo amado en quien me he complacido.”

Dios estuvo satisfecho de que Su Hijo fue perfecto en Su obediencia, puro, sin pecado y que cumplió todos Sus mandamientos, incluyendo los dos primeros: amar a Dios por sobre todas las cosas, y amar al prójimo. Jesús guardó todos los mandamientos perfectamente.

Por eso Dios reconoció que Cristo sería el sacrificio perfecto  por nuestros pecados, sería nuestro sustituto moriría en nuestro lugar y el Padre aceptaría este sacrificio; esto así porque Jesús era Su Hijo Amado en quien el Padre se complacía.

Y en el bautismo de Jesús vemos la inauguración de Su ministerio público. Él comienza Su ministerio en el Poder del Espíritu Santo, y con la confirmación de que Su vida, Su sacrificio, y el ofrecimiento de Sí mismo al Padre son aceptables,  satisfactorios y  agradables al Padre.

Tengo dos comentarios antes de concluir. Dios nos dice de Cristo, «Este es mi Hijo amado». Por medio de la vida de obediencia de Cristo y por Su muerte sacrificial a nuestro favor, nosotros podemos ser hijos e hijas de Dios, experimentar el amor del Padre y ser aceptadas por Dios.

De hecho, 1era de Juan  capítulo 3 versículo1 dice: «Mirad cuán amor nos ha otorgado  el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios. Y eso somos.» Dios dice: «Este es mi Hijo Amado».  ¿Qué nos dice el Padre si estamos en Cristo? “Que soy Su hija amada o Su hijo amado”. Cristo vino para que pudiésemos tener esta relación con Dios.

“Este es mi Hijo amado en quien me he complacido». Cuando leo esto por mi mente cruza el pensamiento de que si Dios se complació y se deleitó en Su Hijo, ¿cuál debería ser entonces nuestra visión del Hijo?

  • ¿Nos deleitamos en Él?
  • ¿Nos agrada Él?
  • ¿Nos sentimos satisfechas en Él?
  • ¿Es Él suficiente para ti?
  • ¿Podemos decir: «Él es mi Amado Salvador, y en Él estoy completamente satisfecha, completamente complacida?

Leslie: ¿Alguna vez te has detenido a considerar el bautismo de Jesús? Nancy Leigh DeMoss nos ha dado mucho en que pensar al hablarnos de esta inauguración pública del ministerio de Jesús.

Este mensaje es parte de la serie El Cristo incomparable. A través de esta serie Nancy ha estado tratando los aspectos importantes de la vida de Cristo.  Puede que te des cuenta de  que nunca has considerado algunos de estos temas anteriormente. Para escuchar todos los mensajes que han sido transmitidos hasta ahora puedes visitar www.AvivaNuestrosCorazones.com.

Nancy está siguiendo el bosquejo del libro “El Cristo incomparable” de J Oswald Sanders[The Incomparable Christ – disponible en Inglés].  Este libro causó una gran impresión en Nancy durante las semanas que precedieron la Semana Santa hace unos años y por esto ha querido compartirlo con nuestros oyentes.

Bueno, imagínate por un momento que estás sola en un desierto, rodeada de animales y  que no has comido por cuarenta días. ¿Crees que serías más vulnerable a la tentación en una situación como ésta? Descubre cómo Cristo se enfrentó a la tentación en una situación similar el lunes cuando Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Usado con permiso del Ministerio Aviva Nuestros Corazones 

Tomado de: Aviva Nuestros Corazones

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

Colaboradores de Dios

Miércoles 4 Diciembre

(Jesús dijo:) Dad, y se os dará… con la misma medida con que medís, os volverán a medir.

Lucas 6:38

Sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor.

Mateo 25:21

Colaboradores de Dios

http://labuenasemilla.net/20191204

En los evangelios siempre vemos a Jesús dando generosamente. Cuando alimentó a cinco mil hombres, incluso sobró pan (Juan 6:1-15). Cuando los apóstoles volvieron de una noche de pesca sin haber conseguido nada, milagrosamente permitió que las redes se llenaran como nunca antes (cap. 21:1-14). En las bodas de Caná, cambió una gran cantidad de agua en vino, para el gozo de los invitados (cap. 2:1-11).

En estas tres situaciones, es sorprendente ver que el Señor pidió un compromiso personal antes de dar. Él quiere que participemos, y nos dice: “Dad, y se os dará”.

1. Cuando alimentó a la multitud, un muchacho aportó cinco panes y dos peces. Eso parecía irrisorio frente al número de bocas que había que alimentar. Sin embargo, el Señor se sirvió de la contribución de ese jovencito. Queridos niños que leen este mensaje, no olviden que incluso un vaso de agua dado en el nombre del Señor tendrá su recompensa (Mateo 10:42).

2. Jesús no necesitaba que sus discípulos volvieran a pescar para alimentarlos. Pero ellos le obedecieron simplemente echando la red “a la derecha de la barca” (Juan 21:6), y su fe fue recompensada.

3. Cuando Jesús pidió agua, antes de cambiarla en vino, hubiera podido hacerlo sin ella. No obstante, los que le ayudaron, en este caso como en los otros, tuvieron el gozo de ser “colaboradores de Dios” (1 Corintios 3:9).

Esta pequeña participación no tiene comparación con lo que Jesús da. Él quiere poner a prueba la fe y estimularla para luego darle su recompensa.

Job 42 – Santiago 3 – Salmo 137 – Proverbios 29:5-6

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