Cualidades Bíblicas de un Líder de la Iglesia

Cualidades Bíblicas de un Líder de la Iglesia
Como pastor, oro regularmente para que Dios provea a nuestra iglesia local con buenos líderes. Oro especialmente para que Dios ponga, dentro de nuestra comunidad, hombres cuyos dones espirituales e interés pastoral indiquen que Dios los ha llamado a ser ancianos u obispos (las palabras se utilizan de manera intercambiable en la Biblia; vea, por ejemplo, Hechos 20). Si llega a hacerse claro que Dios ha dotado a cierto hombre en la iglesia, y si después de orar, la iglesia reconoce sus dones, entonces deberemos designarlo como anciano.
Todas las iglesias han tenido individuos que llevan a cabo las funciones de anciano, aún si no usan esa palabra especificamente. Los nombres más comunes del Nuevo Testamento para este oficio fueron “episkopos” (supervisor) y “presbíteros” (anciano). Cuando los evangélicos de hoy escuchan la palabra “anciano” pueden inmediatamente pensar en “presbiteriano”; aún así cuando los congregacionalistas surgieron por primera vez en el siglo XVI, enfatizaron tambien el oficio de anciano. Los ancianos podían ser encontrados en las iglesias bautistas en América en los siglos XVIII y XIX. W. B. Johnson, el primer presidente de la Convención Bautista del Sur, escribió un libro sobre la vida de la iglesia en el cual él defiende fuertemente la idea de una pluralidad de ancianos en la iglesia local.
De alguna forma esa práctica, nunca universal, dejó de usarse casi enteramente entre los bautistas. De ahí en fuera, a través de la falta de atención a las Escrituras o a la presión de la vida durante la colonizacion (cuando las iglesias estaban naciendo a una velocidad impresionante), la práctica de cultivar tal liderazgo congregacional se detuvo entre las iglesias bautistas. Pero las discusiones para revivir este oficio bíblico continuaron entre las publicaciones bautistas. Mas tarde, en los inicios del siglo XX, las publicaciones bautistas se referian a los líderes con el título de anciano; para cuando el siglo XX terminaba, la idea parecía desvanecerse; hoy en dia es inusual para una iglesia bautista tener ancianos.
Hoy existe una tendencia para regresar a este oficio bíblico, y por una buena razón. Fue necesario en los tiempos del Nuevo Testamento y es necesario ahora.
La Biblia claramente muestra una pluralidad de ancianos en cada iglesia local. Aunque nunca sugiere un número específico de ancianos para una congregación en partícular, el Nuevo Testamento se refiere a “ancianos” (en plural) dentro de las iglesias locales (i.e. Hechos 14:23; 16:40; 20:17; 21; 18; Tito 1:5; Santiago 5:14). Cuando lea a través de Hechos y de las epístolas; vera que siempre se habla de más de un anciano.
Probablemente el asunto más importante en mi ministerio pastoral ha sido el reconocimiento de un grupo de hombres en nuestra iglesia como ancianos. Me ha ayudado inmensamente en mi trabajo pastoral, saber que a esos hombres los ha reconocido la congregación como dotados y piadosos. Nos reunimos, oramos, y hablamos sobre asuntos; y al hacerlo, aportan sus conocimientos y sabiduria. Así que mi propia experiencia testifica de la utilidad de la práctica NeoTestamentaria de tener, cuando sea posible, más ancianos en una iglesia local, que un solo pastor. Y tratar de que sean personas que estén arraigadas en la congregación, no simplemente personal exterior contratado por la iglesia.
Esto no significa que yo no tenga algún papel distintivo como pastor, pero soy fundamentalmente un anciano, una de las personas que Dios ha dotado para dirigir a la iglesia unidos. ¿Cómo encontramos tales líderes en nuestra iglesia? Oramos por sabiduría, estudiamos la Palabra de Dios, especialmente 1 Timoteo y Tito. Vemos quien satisface esos requisitos. No simplemente buscamos que tengan influencia en la comunidad local.
En el Nuevo Testamento, encontramos indicaciones de que el predicador principal es diferente del resto de los ancianos. En el Nuevo Testamente existen varias referencias a la predicación y a los predicadores que no aplican a todos los ancianos en la congregación. Por ejemplo, en Corinto, Pablo se dedica exclusivamente a predicar en una manera que no lo podrían hacer los ancianos laicos en una iglesia. Probablemente la iglesia solo podía pagarle a un número limitado de ancianos de tiempo completo (Cf. Hechos 18:5; 1 Corintios 9:14; 1 Timoteo 4:13; 5:17). Los predicadores parecen dedicarse exclusivamente a predicar (Romanos 10:14, 15), en cambio los ancianos parecen ser parte de la comunidad local (Tito 1:5).
Debemos recordar, sin embargo, que el predicador (o pastor) es también uno de los ancianos de su congregación. Esto significa que muchas decisiones que involucran a la iglesia, pero que no requieren la atención de todos los miembros, no recaeran únicamente sobre el pastor, sino sobre todos los ancianos. Mientras que esto algunas veces parece difícil, tiene inmensos beneficios como: complementar los dones del pastor, corregir algunas de sus deficiencias, validar su buen juicio, y crear un apoyo congregacional para las decisiones; dejando a los líderes menos expuestos a posibles críticas injustas. Esto también hace que el liderazgo esté más arraigado, sea más permanente y maduro. Esto tambien anima a la iglesia a tomar más responsabilidad por el crecimiento espiritual de sus miembros y ayuda a que la iglesia sea menos dependiente de sus empleados.
Muchas iglesias modernas tienen la tendencia a confundir a los ancianos, ya sea con gente contratada por la iglesia o con diáconos. El diaconado también es un oficio en el Nuevo Testamento, establecido en Hechos 6. Mientras que una distinción absoluta entre los dos oficios es difícil, las resposabilidades de los diáconos son los detalles prácticos de la vida de la iglesia: administración, mantenimiento y cuidado de los miembros con necesidades. Actualmente, en muchas iglesias, los diáconos han tomado un rol espiritual, pero mucho ha sido dejado simplemente al pastor. Sería para beneficio de la iglesia distinguir el papel del diácono y el del anciano.
¿Qué se pensará de un líder de la iglesia? Os Guiness, en “Cenando con el Diablo”, lamenta que muchas iglesias hayan caído presas de las influencias seculares en la forma en que escogen a sus líderes. El escribe:
“En contraste a la falacia conservadora ampliamente difundida de los ochentas, el reto más importante de la modernidad no es el secularismo, sino la secularización. El secularismo es una filosofía; la secularización es un proceso. Donde la filosofía es obviamente hostil y toca solo a algunos, el proceso es visible en gran parte y toca a muchos. Siendo abiertamente hostil, el secularismo raramente engaña a los cristianos. Siendo mucho más sutil, la secularización a menudo engaña a los cristianos antes de que se den cuenta, incluyendo a aquellos en el movimiento de crecimiento de la iglesia. ¿De qué otra forma puede explicar uno el comentario del hombre de negocios japonés a un visitante australiano? ‘Cuando me reúno con un líder budista, me encuentro con un hombre santo. Cuando me encuentro con un líder cristiano, me reúno con un gerente.’ ”
En lugar de buscar líderes por sus cualidades administrativas, tenemos que buscar gente de carácter, reputación, con habilidad para manejar la Palabra de Dios, y que puedan mostrar el fruto del Espíritu en sus vidas. Esa es la clase de personas que deberíamos reconocer y en cuyas manos deberíamos poner la responsabilidad de liderear a una congregación.
Parte de encontrar a un líder de iglesia es encontrar a alguien en quien podamos confiar y quien pueda confiar en nosotros como congregación; alguien que pueda tener suficiente fe en las decisiones y compromisos hechos por la congregación, y que sienta que puede trabajar con cada miembro.
Pienso eso porque Pablo en 1 Timoteo 3 enfatiza como el anciano debe tratar con su familia, y eso revela mucho acerca de él y de como trabajaría como anciano. También es interesante notar cuantas veces estas cualidades tienen que ver con darse uno mismo al servicio de los demás. Los ancianos tienen que estar enfocados en los demás. Deben ser irreprochables, particularmente en su conducta publica. Ellos deben tener un matrimonio y vida familiar ejemplar; deben ser prudentes en todas las cosas, “respetables, hospitalarios, capaces de enseñar”, no violentos, pendencieros, o codiciosos; no convertidos recientemente y respetados por aquellos fuera de la iglesia.
Los diáconos también deben estar irreprensibles, ejemplares en su vida familiar, templados en todo, no codiciosos, no mentirosos, sino gente que honestamente guardan las verdades de la fe.
Tal debe ser el caso de aquellos quienes serán los pastores de la iglesia de Dios. Como buenos pastores, ellos no deben de trasquilar al rebaño por interés propio, sino deben atender y cuidar a cada una de las ovejas.
Esto es algo de las cualidades bíblicas de los líderes de la iglesia.

Dever, M. (2008). Una Iglesia Saludable: Nueve Características (M. González, Trad.; Primera Edición). Publicaciones Faro de Gracia.

El baluarte de la conciencia

Domingo 4 Junio
No imites lo malo, sino lo bueno. El que hace lo bueno es de Dios; pero el que hace lo malo, no ha visto a Dios.
3 Juan 11
El baluarte de la conciencia
En junio de 2017, al presidir las ceremonias del aniversario de la masacre de los aldeanos de Oradour-sur-Glane en 1944, el presidente francés declaró: «El único baluarte contra la locura asesina es nuestra conciencia».

Esta facultad nos permite discernir entre el bien y el mal. El hombre la adquirió cuando decidió desobedecer a Dios y escuchar a Satanás: “El día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal” (Génesis 3:5). Al dejarse seducir, el hombre se convirtió en una criatura responsable de sus actos, capaz de distinguir entre el bien y el mal. Sin embargo, ¡cuántos actos de maldad, robos y crímenes se cometen en el mundo! Aunque se supone que conocemos el bien, tenemos la tendencia a hacer el mal. Nuestra conciencia se siente incómoda con el mal, y en esto es un freno, pero ella no nos da la fuerza para evitar hacer lo malo.

Nuestra desobediencia a Dios corrompió nuestro ser interior. Debemos confesar esto ante él. Si creemos en Jesucristo, en su muerte en la cruz, y lo aceptamos como nuestro Salvador, recibimos una nueva vida capaz de discernir lo que es bueno, lo que agrada a Dios. “Pondré mis leyes en la mente de ellos, y sobre su corazón las escribiré” (Hebreos 8:10).

Por otra parte, el Espíritu de Dios da fuerza a esta nueva vida: “Que (el Padre) os dé, conforme a las riquezas de su gloria, el ser fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu” (Efesios 3:16). Entonces el creyente puede evitar el mal y hacer el bien con la ayuda divina.

“Aborreced lo malo, seguid lo bueno” (Romanos 12:9).

2 Reyes 5 – Romanos 11:1-24 – Salmo 68:1-6 – Proverbios 16:23-24

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

¿POR QUÉ Y PARA QUÉ NOS QUIERE SALVAR DIOS? | MICHAEL LAWRENCE

SALVOS PARA LA GLORIA DE DIOS

MICHAEL LAWRENCE

El propósito de nuestra salvación no es nuestra salvación en sí misma. El propósito de nuestra salvación es la gloria de Dios. “Por amor Mío, por amor Mío, lo haré” —dice Dios a través del profeta Isaías acerca de Su plan de salvación— “Mi gloria, pues, no la daré a otro” (Is 48:11). Y dice exactamente lo mismo a través del profeta Ezequiel. Hablando de la promesa del nuevo pacto, Dios declara: “No es por ustedes, casa de Israel, que voy a actuar, sino por Mi santo nombre, que han profanado entre las naciones adonde fueron” (Ez 36:22).

Esa es la razón por la que Dios ha obrado a través de Su Hijo. Efesios 2 nos muestra la obra divina de salvación corporativa e individual. Pero es en Efesios 1 donde se nos muestra el motivo: “para alabanza de Su gloria” (Ef 1:6, 12, 14). Y Efesios 3 nos enseña que no solo nuestra salvación individual da gloria a Dios, sino también nuestra salvación como pueblo. El propósito de Dios es que “la infinita sabiduría de Dios puede ser dada a conocer ahora por medio de la iglesia a los principados y potestades en los lugares celestiales” (Ef 3:10). Este es el “propósito eterno” de Dios (Ef 3:11).

Este nuevo hombre, la iglesia local, no se parece a nada que el mundo haya podido conocer. Su unidad no está basada en la etnicidad, ni en la cultura, ni en el estatus social, sino en una persona —Jesucristo—, Aquel que es la revelación de la sabiduría de Dios (1Co 1:22-30; Col 2:2-3). Y ahora, en Cristo, la iglesia se convierte en la revelación de la sabiduría de Dios para un mundo que nos observa.

Nosotros solos no podemos revelar la sabiduría del Dios que ha reconciliado a las personas consigo mismo, y a los unos con los otros. Necesitamos a la iglesia local, allí donde los que una vez fueron enemigos practican el amor y el perdón entre ellos, aun cuando pueden encontrar muchas razones para no hacerlo.

Así pues, cuando malentendemos el propósito de nuestra salvación, nos metemos en problemas. Si pensamos que Jesús nos salvó para hacernos felices, para que alcancemos nuestras metas, o para que seamos económicamente prósperos, tendremos la tentación de abandonar a Jesús si estas cosas no se materializan rápidamente en nuestras vidas. En vez de pensar que la salvación gira alrededor de la gloria de Dios, daremos por sentado que la vida cristiana gira alrededor nuestro, de nuestros dones, de nuestro llamado y de la manera en la que podemos realizar nuestros sueños. Y esto hace que la iglesia local se convierta en el escenario para mostrar nuestro potencial, en la plataforma para enseñar nuestros dones y en el auditorio para exhibir nuestra vanidad.

Este libro ha sido escrito para ayudar a las iglesias a entender correctamente la diferencia que la doctrina bíblica de la conversión hace en la enseñanza, el evangelismo, el discipulado, la membresía y cualquier otra faceta de la vida como iglesia local.

Pero todo cambia cuando entendemos que nuestra salvación gira en torno a la gloria de Dios. Entonces la vida cristiana deja de ser el lugar donde reivindico “mis derechos como creyente”, para convertirse en el lugar donde pongo mi vida al servicio de los demás. La iglesia deja de ser un escaparate donde exhibo mi llamado y mis dones, para convertirse en una comunidad donde reflejo la gracia de Dios. Lo más irónico de todo es que encontramos la “vida feliz y plena” cuando en vez de buscarla, buscamos a Dios y encontramos en Su gloria la plenitud para la cual fuimos creados.

No somos salvos siendo sinceros, ni teniendo sentimientos profundos, ni amando a Dios, ni haciendo buenas obras. Somos salvos por la obra de gracia de Dios en Cristo. Cuando la iglesia entiende esto y expresa dicha realidad, mostramos al mundo entero que la conversión cristiana no tiene nada que ver con cambiar de partido político o nuestra escala de valores. No es un simple cambio de opinión o mentalidad. La conversión cristiana significa ser rescatado. Ser rescatado de la muerte para pasar a la vida, de la ira para alcanzar perdón, de la esclavitud para obtener libertad. Y es un rescate obrado por Dios. Solo Él puede hacerlo.

El escritor de himnos Charles Wesley lo expresó de forma magnífica:

Mi alma, atada en la prisión,
anhela redención y paz.
De pronto vierte sobre mí
la luz radiante de Su faz.
Cayeron mis cadenas,
¡vi mi libertad y le seguí!.

La conversión es principalmente una acción de Dios y, en segundo lugar y con mucha diferencia, es una acción nuestra. Debemos ser salvos, y a través de Cristo lo somos. Pero la conversión también implica nuestra acción. Nos levantamos, caminamos y perseveramos. En el siguiente capítulo nos vamos a centrar en nuestra responsabilidad.

Este artículo sobre ¿Por qué y para qué nos quiere salvar Dios? fue adaptado de una porción del libro La conversión, publicado por Poiema Publicaciones.

El fruto del Espíritu (6)

Sábado 3 Junio
En otro tiempo erais tinieblas, mas ahora sois luz en el Señor; andad como hijos de luz (porque el fruto del Espíritu es en toda bondad, justicia y verdad).
Efesios 5:8-9
El fruto del Espíritu (6)
La benignidad
El quinto sabor del fruto del Espíritu es la benignidad. Esta virtud es muy parecida al siguiente sabor del fruto: la bondad. Es un estado de ánimo que lleva a realizar actos de bondad.

Ser benigno con alguien es, según la etimología de la palabra, desearle lo mejor, sin ideas preconcebidas. La benignidad es lo contrario a los celos o el resentimiento. Un pensamiento benévolo no tiene prejuicios, ni superioridad; es liberador, no encierra al otro. La benignidad también se manifiesta en la forma de hablar: una palabra recta y sincera, una palabra que anuncia el bien. La benignidad es visible en actos generosos y se une a la bondad.

Puede existir lo que se ha llamado «trampas de la benignidad», cuando esta se convierte en complacencia con el mal, en cobardía o, aún peor, en manipulación. La auténtica benignidad cristiana tiene cuidado de dejar a la otra persona su libertad. La reconoce en su diferencia, la acoge como amada por Dios, dando así testimonio de un Dios que vino para salvarnos, pero que no se impone.

La benignidad se pone en práctica mostrando interés por nuestro prójimo. Recordemos siempre que ella no es el resultado de nuestros esfuerzos, sino el fruto del Espíritu de Dios en nuestros corazones.

“El ojo misericordioso será bendito, porque dio de su pan al indigente” (Proverbios 22:9).

“Yo libraba al pobre que clamaba, y al huérfano que carecía de ayudador… al corazón de la viuda yo daba alegría. Yo era ojos al ciego, y pies al cojo. A los menesterosos era padre” (Job 29:12-16).

(continuará el próximo sábado)
2 Reyes 4:25-44 – Romanos 10 – Salmo 67 – Proverbios 16:21-22

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

Los Verdaderos Pastores Conocen a sus Ovejas | by Jeremiah Johnson

Los Verdaderos Pastores Conocen a sus Ovejas
by Jeremiah Johnson

El otro día, mientras estaba sentado ante un semáforo en rojo, observé cómo un joven instalaba minuciosamente una pequeña cámara en un parque local. Ajustó el trípode varias veces, hasta conseguir el ángulo perfecto para grabar la acrobacia que estaba a punto de realizar. Esperó a que una pareja de ancianos saliera del encuadre antes de agacharse, colocando sus brazos entrelazados alrededor de su torso y lanzándose a dar una voltereta hacia atrás.

Sin embargo, algo salió mal. Él no completó el giro y se tambaleó toscamente al aterrizar. Cuando cambió el semáforo para seguir en marcha, él se preparó para otro intento.

Toda la escena fue muy breve, pero fue un recordatorio divertido de un punto que no tenemos en cuenta lo suficiente: Las redes sociales no son la vida real.

Tú No Eres Tu Avatar

Ojalá esto sea un alivio para usted. Nadie, por mucho que profese valorar las virtudes modernas de la autenticidad y la transparencia, va a mostrarle hasta el último detalle de sus vidas. Por muy perfectamente ordenados que estén los muebles y la decoración, siempre hay un montón de ropa sucia en algún lugar fuera de la vista. Como el acróbata aficionado que observé ese día, siempre hay tomas fallidas y secuencias que terminan en un archivo que nunca se publica.

Las vidas perfectas que usted ve en Internet no son reales. Están cuidadosamente seleccionadas y editadas para presentar la versión de la realidad que esas personas quieren que usted vea, y a menudo envidia.

Esa pareja que viaja a lugares lejanos y exóticos –ellos no muestran la falta de sueño que padecen ni lo demacrados que están cuando llegan a casa. Las personas que hornean postres elaborados y exquisitos no le enseñan todos los pasteles que no suben y todas las galletas que se queman. Los culturistas y los modelos fitness no publican sus selfies durante un ataque particularmente desagradable de gripe estomacal.

Usted hace lo mismo. Usted no publica todas las fotos de su pareja en la playa—sólo las mejores. Lo mismo ocurre con las fotos familiares, las historias que comparte sobre sus hijos y mascotas, y los comentarios públicos que hace sobre deportes, política y actualidad. Todo ha sido editado y seleccionado para maximizar la respuesta que recibirá de sus amigos y seguidores en Internet.

Incluso, si usted fuera más honesto públicamente sobre sus fracasos y errores que esas personas influyentes en línea, no hay manera de que un perfil de Facebook o una cuenta de Instagram pueda resumir la totalidad de lo que usted es y lo que usted cree. Sin duda, usted tiene pensamientos y opiniones que nunca compartiría con otras personas, porque algunas cosas simplemente no son aptas para ser publicadas, ni siquiera en Twitter.

Usted No Puede Pastorear las Ovejas que No Conoce

Todo esto se aplica a los promotores de la meta-iglesia, quienes con engaños prometen que pueden alimentar, guiar y discipular a un rebaño digital.

La tarea que Dios ha encomendado a sus pastores está claramente definida en las páginas de las Escrituras. Pablo encargó a los ancianos de Éfeso con estas palabras:

“Por tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre. Porque yo sé que después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos rapaces, que no perdonarán al rebaño. Y de vosotros mismos se levantarán hombres que hablen cosas perversas para arrastrar tras sí a los discípulos” (Hechos 20:28-30).

Pero el trabajo de pastor es imposible para quien ni siquiera conoce a las ovejas. No es un trabajo que pueda hacerse a distancia, a intervalos intermitentes. La idea de un pastor que intenta proteger a sus ovejas de los lobos hambrientos a través de una llamada de FaceTime o una reunión por ZOOM es motivo de risa.

Pero como explica John MacArthur en un artículo titulado “More Than Just a Preacher“ (Más Que Un Simple Predicador), la vocación del pastor es mucho más que proteger a sus ovejas de amenazas externas.

Las ovejas carecen de instinto de supervivencia. Son tan humildes y mansas que, si se las maltrata, fácilmente se les aplasta el espíritu, y pueden simplemente rendirse y morir. El pastor debe conocer el temperamento individual de sus ovejas y tener cuidado de no infligirles un estrés excesivo. En consecuencia, un pastor fiel ajusta su consejo a la necesidad de la persona a la que ministra. Debe: “Amonestar a los ociosos, alentar a los de poco ánimo, sostener a los débiles, y ser paciente para con todos” (1 Tesalonicenses 5:14).

Una vez más, eso simplemente no puede suceder si todo lo que el pastor sabe acerca de un miembro de su congregación es lo que publican en las redes sociales. Y en muchos de estos llamados rebaños digitales, es probable que ni siquiera lo sepan. Los miembros de la meta-iglesia a menudo no son más que un nombre de usuario y un avatar. Eso podría significar una simulación de dibujos animados de la persona real, pero ¿cómo podría alguien más en la meta-iglesia saber si incluso esos vagos detalles corresponden con la realidad?

Francamente, el metaverso no trata de simular la realidad—sino de evitarla. Demasiado de lo que ocurre en las redes sociales y en las interacciones basadas en la web tiene que ver con el escapismo. Para algunos, se trata de construir una fachada para parecer más simpáticos, atractivos e interesantes de lo que son en la vida real. Para otros, se trata de dar rienda suelta a los aspectos de su personalidad que no encajan en el mundo real, diciendo y haciendo cosas que nunca harían en persona o delante de amigos y familiares. El relativo anonimato y oscuridad de la web no es una ayuda para cuidar y discipular al pueblo de Dios. Al contrario, es una barrera casi impenetrable para las funciones bíblicas de la iglesia y el trabajo de un pastor piadoso.

Además, también impide que las ovejas lleguen a conocerlo de verdad. Como explica John, las ovejas no pueden seguir a un líder que no pueden observar.

Pedro desafió a sus compañeros ancianos a “apacentar el rebaño de Dios entre vosotros” ejerciendo “cuidado sobre esta” (1 Pedro 5:2). Dios les confió la autoridad y la responsabilidad de guiar al rebaño. Los pastores son responsables de cómo lideran, y el rebaño de cómo sigue (Hebreos 13:17).

Además de enseñar, el pastor ejerce el cuidado del rebaño por medio del ejemplo de su vida. Ser pastor implica estar entre las ovejas. No se trata tanto de un liderazgo desde arriba como de un liderazgo desde adentro. Un pastor eficaz no pastorea a sus ovejas desde la retaguardia, sino que las guía desde el frente. Ellas le ven e imitan sus acciones.

El valor más importante del liderazgo espiritual es el poder que tiene una vida ejemplar. Primera de Timoteo 4:16 instruye a un líder de la iglesia a: “Tener cuidado de sí mismo y de la doctrina; persiste en ello, pues haciendo esto, te salvarás a ti mismo y a los que te oyeren”.

Las ovejas no ganan nada con un pastor al que sólo ven de vez en cuando, e incluso entonces, sólo desde una gran distancia y a través de varias barreras. Bíblicamente hablando, eso no es un pastor. Nadie dotado y llamado al cuidado del rebaño de Dios sería tan displicente y descuidado en el desempeño de tan elevadas obligaciones.

Jesús permaneció en la cruz

Viernes 2 Junio
(Un malhechor crucificado al lado de Jesús le dijo:) Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino. Entonces Jesús le dijo: De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso.
Lucas 23:42-43

Jesús permaneció en la cruz
Leer Lucas 23:39-43

El evangelio según Lucas afirma que uno de los dos malhechores crucificados con Jesús lo injurió diciéndole: “Si tú eres el Cristo, sálvate a ti mismo y a nosotros”. Quería salvarse de las consecuencias de sus malas acciones mediante una intervención milagrosa, sin juzgar el motivo de su desgracia, es decir, su rebelión contra Dios. Lo mismo sucede con la humanidad, quiere ser librada de las consecuencias del pecado, sin juzgar su corazón, sin un verdadero arrepentimiento.

Pero Jesús no vino para efectuar una liberación física e inmediata de estos dos ladrones. Él vino con un propósito mucho más grande: morir en la cruz para pagar nuestra deuda con Dios, para sufrir la condena en nuestro lugar, para quitar el pecado del mundo, para borrar los pecados de todos los que le piden perdón y creen en él. Así lo entendió el segundo malhechor: reconoció su culpa, y al mismo tiempo reconoció la inocencia de Jesús. Por ello recibió la maravillosa certeza de una salvación total: “De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso”. ¡Qué fe en este hombre, y qué consuelo para Jesús en esos momentos de intenso dolor!

Al recordar las perversas y odiosas provocaciones hechas contra Jesús, admiramos la perfecta paciencia de nuestro Señor, que podría haber movilizado a todos los ángeles del cielo para librarle de sus enemigos. Pero sabemos que si permaneció en la cruz, fue por amor a los que quería salvar.

2 Reyes 4:1-24 – Romanos 9 – Salmo 66:16-20 – Proverbios 16:19-20

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

Una piedad integral | Joel R. Beeke

Una piedad integral
Por Joel R. Beeke

Nota del editor: Este es el octavo capítulo en la serie especial de artículos de Tabletalk Magazine: La historia de la Iglesia | Siglo XVI

La piedad (pietas) es uno de los temas principales de la teología de Juan Calvino. Su teología es, como dice John T. McNeill, «su piedad descrita en profundidad». Él estaba decidido a confinar la teología dentro de los límites de la piedad. Para Calvino, la teología trata en primer lugar sobre conocimiento —el conocimiento de Dios y de nosotros mismos— pero no hay verdadero conocimiento donde no hay verdadera piedad.

Para Calvino, pietas designa la actitud correcta del hombre hacia Dios, que incluye el verdadero conocimiento, la adoración sincera, la fe salvadora, el temor filial, la sumisión en la oración y el amor reverencial. Conocer quién y qué es Dios (teología) conduce a actitudes correctas hacia Él y a hacer lo que Él quiere (piedad). Calvino escribe: «Llamo “piedad” a la reverencia unida al amor a Dios que induce el conocimiento de Sus beneficios». Este amor y reverencia a Dios es un complemento necesario para cualquier conocimiento de Él y abarca toda la vida. Calvino dice: «Toda la vida de los cristianos debe ser una especie de práctica de la piedad».

El objetivo de la piedad, así como de toda la vida cristiana, es la gloria de Dios: la gloria que brilla en los atributos de Dios, en la estructura del mundo y en la muerte y resurrección de Jesucristo. Para toda persona piadosa en verdad, el glorificar a Dios está por encima de su redención personal. El hombre piadoso, según Calvino, confiesa: «Somos de Dios: vivamos, pues, por Él y muramos por Él. Somos de Dios: dejemos que Su sabiduría y Su voluntad rijan, por tanto, todas nuestras acciones. Somos de Dios: dejemos que todas las partes de nuestra vida se esfuercen en consecuencia hacia Él como nuestro único objetivo legítimo».

Pero ¿cómo glorificamos a Dios? Como escribe Calvino: «Dios nos ha prescrito un modo en el que será glorificado por nosotros, a saber, la piedad, que consiste en la obediencia a Su Palabra. El que sobrepasa estos límites no va a honrar a Dios, sino a deshonrarlo». La obediencia implica una entrega total a Dios mismo, a Su Palabra y a Su voluntad.

Para Calvino, la piedad es integral y tiene dimensiones teológicas, eclesiológicas y prácticas. Desde el punto de vista teológico, la piedad solo puede realizarse a través de la unión y comunión con Cristo y la participación en Él, ya que fuera de Cristo incluso la persona más religiosa solo vive para sí misma. Solo en Cristo pueden los piadosos vivir como servidores voluntarios de su Señor, soldados fieles de su Comandante e hijos obedientes de su Padre.

La comunión con Cristo siempre es el resultado de la fe obrada por el Espíritu, que une al creyente con Cristo por medio de la Palabra, permitiéndole recibir a Cristo tal y como está revestido en el evangelio y ofrecido en gracia por el Padre. Por la fe, los creyentes poseen a Cristo y crecen en Él. Reciben de Cristo por la fe la «doble gracia» de la justificación y la santificación, que juntas ofrecen la limpieza de la pureza imputada y real.

Desde el punto de vista eclesiológico, para Calvino, la piedad es nutrida en la iglesia por la Palabra predicada, los santos sacramentos y el canto de los salmos. Los creyentes cultivan la piedad por el Espíritu a través del ministerio de la enseñanza de la iglesia, progresando desde la infancia espiritual hasta la adolescencia y la plena madurez en Cristo.

La predicación de la Palabra es nuestro alimento espiritual y nuestra medicina para la salud espiritual, dice Calvino. Con la bendición del Espíritu, los ministros son médicos espirituales que aplican la Palabra a nuestras almas como los médicos terrenales aplican la medicina a nuestros cuerpos.

Calvino define los sacramentos como testimonios «de la gracia divina para con nosotros, confirmada por un signo exterior, con el testimonio mutuo de nuestra piedad hacia Él». Al ser la Palabra visible, son «ejercicios de piedad». Los sacramentos fortalecen nuestra fe, nos hacen agradecer la abundante gracia de Dios y nos ayudan a ofrecernos como sacrificios vivos a Dios.

Calvino consideraba los Salmos como el manual canónico de la piedad. Escribe: «No hay otro libro en el que se nos enseñe más perfectamente el modo correcto de alabar a Dios, o en el que se nos incite más poderosamente a realizar este ejercicio de piedad». Con la dirección del Espíritu, el cantar salmos afina los corazones de los creyentes para la gloria.

En la práctica, aunque Calvino consideraba a la iglesia como la cuna de la piedad, también hacía hincapié en la necesidad de la piedad personal. Para él, la piedad «es el principio, el medio y el fin de la vida cristiana». Esto implica numerosas dimensiones prácticas para la vida cristiana diaria, con un énfasis particular en la oración sincera, el arrepentimiento, la abnegación, el cargar la cruz y la obediencia.

Calvino se esforzó por vivir él mismo la vida de pietas. Habiendo probado la bondad y gracia de Dios en Jesucristo, persiguió la piedad al buscar conocer y hacer la voluntad de Dios cada día. Su teología y eclesiología se tradujeron en una piedad práctica, sincera y centrada en Cristo, una piedad que, en última instancia, afectó y transformó profundamente a la iglesia, a la comunidad y al mundo.

Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Joel R. Beeke
El Dr. Joel R. Beeke es presidente del Puritan Reformed Theological Seminary y pastor de Heritage Netherlands Reformed Congregation en Grand Rapids, Michigan.