Una buena noticia para un mundo perdido

Jueves 12 Enero
(Cristo Jesús) vino y anunció las buenas nuevas de paz.
Efesios 2:17
No he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento.
Lucas 5:32

Una buena noticia para un mundo perdido

Cuando abrimos un periódico, quisiéramos encontrar más noticias buenas que malas, pero no es así. Sin embargo, desde hace veinte siglos, una buena noticia fue anunciada: ¡El Evangelio, que significa buena noticia!

Jesús vino al mundo y anunció la buena nueva de la paz. Este es un resumen de los planes de Dios para el hombre perdido y sin esperanza. Desde la muerte y la resurrección de Cristo, el Evangelio proclama a todos que el Hijo de Dios se hizo hombre, que murió en una cruz sufriendo el castigo por nuestros pecados, y que así abrió el camino hacia Dios a todo el que se arrepiente. Esta es la maravillosa revelación del amor divino presentada en el Nuevo Testamento.

Muchas personas conocen esta noticia, pero tristemente no quieren beneficiarse de ella. Jesús, el portador de este mensaje de paz, no fue recibido. Se presentó como la luz del mundo (Juan 8:12), pero “los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas” (Juan 3:19). Lo mismo sucede en nuestros días: en su conjunto, el mundo rechaza el evangelio y se aleja cada vez más del amor de Cristo. Pero Dios es paciente, él no quiere “que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento” (2 Pedro 3:9). El Evangelio todavía es predicado en todo el mundo, como Jesús lo anunció (Marcos 13:10). ¡Benefíciese hoy de esta buena noticia!

“He aquí sobre los montes los pies del que trae buenas nuevas, del que anuncia la paz” (Nahum 1:15).

“Y vino y anunció las buenas nuevas de paz a vosotros que estabais lejos, y a los que estaban cerca” (Efesios 2:17).

1 Samuel 9 – Mateo 9:1-17 – Salmo 8 – Proverbios 3:9-10

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El camino de la felicidad

Miércoles 11 Enero
Le dijo Tomás: Señor, no sabemos a dónde vas; ¿cómo, pues, podemos saber el camino? Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.
Juan 14:5-6

El camino de la felicidad
Jean d’Ormesson, decano de la Academia Francesa, filósofo y autor de muchas obras, murió el 5 de diciembre de 2017. En una de sus últimas obras escribió: «Muy pronto llegará el tiempo en que me encontraré ante Dios… Busqué la felicidad… Nunca dejé, desde el fondo de mi abismo, de buscar el camino, la verdad y la vida».

Sin duda muchos lectores se sienten identificados con estas declaraciones. ¿Qué ser humano no se preocupa por la muerte… y por lo que hay más allá? Pero, ¿de qué sirve buscar, si no vamos al único que tiene la respuesta?

Dios no nos dejó sin respuesta. Jesús, su Hijo, fue su mensajero. Dejó la gloria del cielo para tomar nuestra condición humana y morir en una cruz, sufriendo el suplicio destinado a los peores malhechores. Su sacrificio abre un camino hacia Dios a todo el que lo acepta como su Salvador, y Dios lo adopta como su hijo.

Jesús también mostró qué es la verdad, no una verdad como la de los hombres, que cambia en función de las épocas y lugares. ¡La verdad divina es invariable, constante, la misma para todos! Muestra todo lo que hay en el corazón humano, sus contradicciones, sus bajezas, sus miedos, pero también revela el corazón de Dios: su amor, su compasión, su gracia. Podemos aferrarnos a esta verdad con toda confianza. Jesús también es la fuente de la vida, la vida eterna.

Si usted cree en él, la muerte ya no será un salto a lo desconocido, sino la puerta abierta hacia el paraíso celestial. ¡Confíe en Jesús, quien es el camino, la verdad y la vida!

1 Samuel 7-8 – Mateo 8:23-34 – Salmo 7:9-17 – Proverbios 3:7-8

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Echa mano de la vida eterna.

Martes 10 Enero
Echa mano de la vida eterna.
1 Timoteo 6:12

Que hagan bien, que sean ricos en buenas obras, que sean liberales en repartir… que echen mano de la vida que lo es en verdad.
1 Timoteo 6:18-19, V. M.
Echar mano de lo que es verdaderamente la vida
Este pasaje me llama la atención: ¿Cuál es esa verdadera vida, de la cual debo echar mano? ¿Puedo perder mi vida dejando pasar lo esencial? En realidad, ¿cuál es el sentido de la vida, de mi vida? ¿Vivo buscando oportunidades, evitando el sufrimiento y disfrutando de las alegrías que están a mi alcance?

Esta no es la verdadera vida, la que Dios quiere para mí. La vida que me propone es lo que la Biblia llama “la vida eterna” (Juan 17:3), es decir, una vida animada por su voluntad, por la confianza en él, y que va hasta la eternidad, en su presencia.

Esta vida consiste en conocer a Dios y al Señor Jesús, con todo lo que implica en mis decisiones y actividades diarias. Por ejemplo, en el pasaje bíblico citado, la vida eterna se manifestará mediante la bondad y la generosidad hacia los que están a nuestro alrededor.

Esta vida eterna era visible de forma perfecta en Jesucristo (ver 1 Juan 1:1-2). Él vivía en comunión con su Padre y hacía su voluntad, y esto hasta dar su vida en la cruz para salvar a los pecadores.

Jesucristo ofrece esta vida eterna a todos los que lo reciben por la fe. Los creyentes en Cristo ya la poseen: “Vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios… tenéis vida eterna” (1 Juan 5:13).

Sin embargo, se nos anima a echar “mano de la vida eterna”, a apreciarla en su conjunto y como un objetivo eterno. ¿Recibió usted a Cristo como su Salvador? “Este es el verdadero Dios, y la vida eterna” (1 Juan 5:20).

1 Samuel 6 – Mateo 8:1-22 – Salmo 7:1-8 – Proverbios 3:1-6

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Tomen los pueblos nuevas fuerzas – Isaías 41:1

Todas las cosas de la tierra necesitan ser renovadas. Ninguna cosa creada puede continuar existiendo por sus propios medios. «Tú renuevas la faz de la tierra», dijo el Salmista. Aun los árboles, que no se consumen de ansiedad ni acortan sus vidas con fatiga, tienen que beber la lluvia caída del cielo y absorber los ocultos tesoros del suelo.

Los cedros del Líbano, que Dios plantó, solo viven porque día tras día se llenan de la fresca savia que extraen de la tierra. Tampoco la vida del hombre puede sostenerse sin ser renovada por Dios. Como es necesario reparar el desgaste del cuerpo con repetidas comidas, también lo es reparar el desgaste del alma, alimentándola con la lectura de la Palabra de Dios, con la predicación del evangelio y con la participación de la Cena del Señor. ¡Cuán deprimidos se hallan nuestros dones cuando descuidamos los medios de gracia! ¡Cuán extenuados están algunos santos que viven sin el diligente uso de la Palabra de Dios y de la oración privada! Si nuestra piedad puede vivir sin Dios, entonces no ha sido creada por Dios: es solo una ilusión. Pues si Dios la hubiese creado, esperaría en él como las flores esperan el rocío.

Sin una constante renovación, no estaremos preparados para hacer frente a los continuos asaltos del Infierno o a las severas aflicciones del Cielo o a nuestras luchas interiores. Cuando el torbellino se desate, ¡ay del árbol que no haya absorbido la savia o se haya asido fuertemente de la roca, entretejiendo en ella sus raíces! Cuando se levanten las tempestades, ¡ay de los marineros que no hayan afirmado su mástil, echado sus anclas o buscado el puerto! Si permitimos que el bien se debilite, sin duda el mal se fortalecerá e intentará desesperadamente lograr el dominio sobre nosotros; a esto quizá siga una penosa desolación y una lamentable desgracia.

Acerquémonos con humildes ruegos al trono de la divina gracia y experimentaremos el cumplimiento de esta promesa: «Los que esperan en el Señor renovarán sus fuerzas» (Is. 40:31, LBLA).

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar (S. D. Daglio, Trad.; 4a edición, p. 10). Editorial Peregrino.

Nos gozaremos y alegraremos en ti – Cantares 1:4

Nos gozaremos y alegraremos en Dios. No abriremos las puertas del año a las lúgubres notas del tamboril, sino a los suaves sonidos del arpa del gozo y a los retumbantes címbalos de la alegría. «Venid, cantemos con gozo al Señor, aclamemos con júbilo a la roca de nuestra salvación» (Sal. 95:1, LBLA).

Nosotros los llamados, los fieles, los elegidos, ahuyentaremos nuestros pesares y levantaremos nuestras banderas de confianza en el nombre de Dios. Dejemos que otros se lamenten de sus aflicciones; nosotros que tenemos para echar en el amargo lago de Mara el árbol que endulza, magnificaremos al Señor con gozo. ¡Oh Espíritu Eterno, nuestro eficiente Consolador, nosotros que somos los templos en que tú habitas, no cesaremos nunca de adorar y de bendecir el nombre de Jesús! Queremos que Jesús tenga la corona del deleite de nuestro corazón; no afrentemos a nuestro Esposo gimiendo en su presencia.

Estamos destinados a ser los cantores del Cielo; ensayemos, pues, nuestro cántico antes de entonarlo en los palacios de la nueva Jerusalén. Nos gozaremos y alegraremos, dos palabras con un significado: doble gozo, felicidad sobre felicidad. ¿Es necesario que nuestro gozo en el Señor tenga ahora algún límite? ¿No hallan los hombres piadosos que su Señor es aun ahora alheña y nardo, caña aromática y canela? ¿Pueden estas sustancias tener en los cielos una fragancia mejor? Nos gozaremos y alegraremos en ti.

Esta última palabra es como el meollo de la nuez, como el alma del texto. ¡Qué riquezas están atesoradas en Jesús! ¡Qué ríos de infinita felicidad hallan en él su manantial y cada gota de su plenitud! ¡Oh bondadoso Jesús, ya que tú eres la presente porción de tu pueblo, favorécenos este año con tal sentido de tu inmenso valor que desde el primer día hasta el último podamos gozarnos y alegrarnos en ti. Que enero comience con gozo en el Señor y diciembre concluya con alegría en Jesús. 2 de enero

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar (S. D. Daglio, Trad.; 4a edición, pp. 9-10). Editorial Peregrino.

Deje que el Espíritu Santo controle su mente

Deje que el Espíritu Santo controle su mente
La vida llena del Espíritu comienza con el regalo del Espíritu Santo a toda persona que recibe a Cristo como Salvador.

31 de diciembre de 2022

Lucas 15.11-19

La manera en que pensamos determina cómo nos comportaremos; por dicha razón, debemos aprender a pensar en cuanto a nosotros mismos de la manera en que Dios lo hace: como nuevas criaturas que ya no estamos bajo el dominio del pecado. Podemos ser “más que vencedores” a pesar de nuestros pecados del pasado (Ro 8.37).

Debemos reconocer las mentiras del enemigo y contraatacar con la verdad de Dios, que declara que el Espíritu de Cristo es mayor que Satanás (1 Jn 4.4). Debemos enfocar nuestra mente en lo que importa espiritualmente (Fil 4.8), y así aprenderemos a distinguir entre lo que nos conviene como creyentes y lo que no. Por último, debemos elegir lo bueno y rechazar lo malo. Cuanto más tiempo seamos guiados por el Espíritu Santo, más sensibles nos volveremos a sus advertencias. Y además, estaremos mejor preparados para ganar la batalla en defensa de nuestra mente.

La vida llena del Espíritu comienza con el regalo del Espíritu Santo a toda persona que recibe a Cristo como Salvador. Cuando decidimos ponernos bajo el control del Espíritu, su poder divino se libera en nuestra vida. Por ello, ser diligente es necesario para resistir la tentación y mantenernos entregados a Dios. Por tanto, cambie su “mente independiente” y experimente las victorias de quienes tienen la llenura del Espíritu.

Biblia en un año: Apocalipsis 18-22

Atardecer de la vida cristiana

Sábado 31 Diciembre

Pero tú habla lo que está de acuerdo con la sana doctrina. Que los ancianos sean sobrios, serios, prudentes, sanos en la fe, en el amor, en la paciencia.

Tito 2:1-2

Atardecer de la vida cristiana

– Envejezco, Señor; concédeme permanecer modesto y no creer que mi experiencia me permite tener una opinión infalible en todo. Dame el ser sabio en mis apreciaciones de las situaciones y de las personas.

– ¡Que no llegue a ser un personaje triste, austero, inquieto, siempre evocando el pasado, sino un modelo de paciencia, dulzura y comprensión!

– Hazme respetar cada vez mejor tus enseñanzas. Dame el ánimo de difundirlas y, ante todo, de vivirlas en un mundo desorientado, sin puntos de referencia ni esperanza. Concédeme especialmente poder reflejar el ejemplo de amor verdadero y desinteresado que tú nos dejaste.

– Que la lectura de la Biblia llegue a ser, no el cumplimiento de un deber sin gozo, sino la fuente que puedo aprovechar gustoso para renovarme en ella cada día.

– Hazme más sensible a las necesidades de los que me rodean, mi familia, mis allegados, todos aquellos que atraviesan la soledad o el sufrimiento. Ayúdame a orar por ellos con perseverancia y fe.

– Hazme aguardar, no la muerte para ser liberado de mis problemas, sino el gozo de verte y estar contigo para siempre.

“Los días de nuestra edad son setenta años; y si en los más robustos son ochenta años, con todo, su fortaleza es molestia y trabajo, porque pronto pasan, y volamos… Enséñanos de tal modo a contar nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría” (Salmo 90:1012). “El fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza” (Gálatas 5:22-23).

Jueces 21 – Apocalipsis 22 – Salmo 150 – Proverbios 31:25-31

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Vengo pronto

Viernes 30 Diciembre

Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo.
Hechos 1:11

El Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero.
1 Tesalonicenses 4:16

Vengo pronto
“Vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo” (Juan 14:3). Para los cristianos esta promesa del Señor Jesús es alentadora y regocijante en gran manera. En medio de un mundo indiferente, ellos esperan el regreso de su Maestro. Muchos incrédulos se burlan de las verdades bíblicas, y dicen: “¿Dónde está la promesa de su advenimiento?” (2 Pedro 3:4). Con todo, los años pasan y nos acercan a su cumplimiento.

“¡He aquí, vengo pronto!” (Apocalipsis 22:7). Jesús el Salvador volverá por todos los que hayan puesto su confianza en él y los introducirá en una felicidad eterna junto a él. Los creyentes que hayan muerto resucitarán primero y serán llevados, junto con los que todavía vivan, al encuentro del Señor en el aire (1 Tesalonicenses 4:17). Este acontecimiento sobrecogedor y solemne tendrá lugar en un instante, en un abrir y cerrar de ojos (1 Corintios 15:52), y pasará desapercibido para el mundo. Como la ascensión del Señor solo fue vista por sus discípulos (Lucas 24:51), será lo mismo cuando venga por los suyos.

Para los que constaten esto después de la desaparición de sus amigos o vecinos cristianos, ya será demasiado tarde para ponerse en regla con Dios. Pero hoy todavía es el tiempo de la gracia, “el Señor… es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento” (2 Pedro 3:9).

Jueces 20:24-48 – Apocalipsis 21:15-27 – Salmo 149 – Proverbios 31:10-24

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Los días de nuestros años

Jueves 29 Diciembre

No mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas.

2 Corintios 4:18

Si oyereis hoy su voz (de Dios), no endurezcáis vuestro corazón.

Salmo 95:7-8

Los días de nuestros años

Salomón, ese rey famoso por su sabiduría y su inteligencia, también era extremadamente rico (2 Crónicas 9:22-23). Sin embargo, todas sus experiencias conducían a una conclusión que él escribió y que puede sorprendernos: “Vanidad de vanidades, todo es vanidad” (Eclesiastés 1:2). Esta expresión caracteriza bien lo que hay en la tierra, en contraste con lo que es de Dios y del cielo. ¡Todo es insignificante!

Este soplo, este aliento que es nuestra vida, aparece por un poco de tiempo y luego desaparece (Santiago 4:14), cuando el Dios eterno lo decide, porque la duración de nuestra vida está en sus manos (Salmo 31:15). Antes de nuestra vejez -ese tiempo en que a menudo experimentamos la soledad, dificultades físicas, la disminución de ciertas facultades o la capacidad de decidir, de reflexionar-, Dios quiere llamar nuestra atención sobre lo que es eterno, para que dejemos menos lugar a las cosas efímeras. Él pone ante nosotros, mediante un salmo de Moisés, una clase de resumen de la vida humana: “Los días de nuestra edad son setenta años; y si en los más robustos son ochenta años, con todo, su fortaleza es molestia y trabajo, porque pronto pasan, y volamos” (Salmo 90:10).

Después de esta constatación, Moisés pide a Dios: “Enséñanos de tal modo a contar nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría” (Salmo 90:12). Cada uno de nosotros contemos los días que él nos ha dado hasta aquí. Cualquiera que sea su número, no sabemos cuántos nos quedan. Hoy es el día favorable para creer su Palabra y vivir por ella.

Jueces 20:1-23 – Apocalipsis 21:1-14 – Salmo 148:9-14 – Proverbios 31:8-9

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Un encuentro personal con Cristo

Miércoles 28 Diciembre

Una mujer que desde hacía doce años padecía de flujo de sangre… oyó hablar de Jesús, vino por detrás entre la multitud, y tocó su manto… Y en seguida la fuente de su sangre se secó; y sintió en el cuerpo que estaba sana de aquel azote.

Marcos 5:25-29

Un encuentro personal con Cristo

– Señor, usted que es evangelista, dígame cómo encontrar la paz interior.

– Solo Jesucristo puede dársela.

– La he buscado desde hace 10 años, y estoy dudando cada día más.

– Su situación es anormal, porque Jesús declara: “La paz os dejo, mi paz os doy” (Juan 14:27), y usted parece no encontrarla.

– He escuchado a los más célebres predicadores, he seguido a los mejores evangelistas, he leído numerosos libros, y siempre me siento decepcionada.

– Muy bien, pero le aconsejo otra cosa. Vuelva a su casa y cierre la puerta tras sí. Usted no necesita especialistas, ni tantos libros, sino un solo libro: la Biblia. Lo que usted necesita es tener un encuentro personal con el Hijo de Dios. Piense en esa mujer que tocó el manto del Señor Jesús. Como ella, ábrase un camino en medio de la multitud y vaya a Jesús mismo. Entonces entrará en contacto directo con la fuente de la luz y del amor. Como esa mujer, usted necesita postrarse a sus pies, confiar en su gracia, escuchar y aplicarse esta maravillosa palabra del Salvador: “Hija, tu fe te ha hecho salva; ve en paz, y queda sana de tu azote” (Marcos 5:34). Entonces hallará el reposo y la paz.

Al día siguiente, el evangelista vio un rostro radiante en esa mujer: por fin ella había encontrado al Salvador y había hallado la paz en él.

Jueces 19 – Apocalipsis 20 – Salmo 148:1-8 – Proverbios 31:1-7

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