4/6 –De la tribulación al triunfo, 3ª Parte

Gracia a Vosotros

Serie: Beneficiándonos de las pruebas de la vida

4/6 –De la tribulación al triunfo, 3ª Parte

John MacArthur

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Abramos nuestras Biblias en el primer capítulo de Santiago, conforme estudiamos juntos la Palabra de Dios en los versículos 2 al 12. Mientras que se está preparando para el estudio de la Palabra de Dios, permítame recordarle que es una ocurrencia común en la vida, ciertamente lo es en mi vida, y no tengo duda que también es el caso en su vida como cristiano, conocer a personas que pensaban que eran cristianos.

Creo que bastante frecuente, personas que creían que eran salvas, que creían que conocían a Dios y después, vino una dificultad severa a su vida que exhibió la realidad de que no conocían a Dios en absoluto. Cuando probaron ser incapaces de enfrentar esa prueba severa, su fe fue revelada. Fue descubierto que era una fe muerta, no una fe viva. Una fe no salvadora. No pudieron aferrarse a los recursos provistos en aquellos que realmente creen en Dios. Y dejan lo que parecía ser quizás, una fe genuina. El tipo de pruebas que vienen a la vida todo el tiempo tienen la intención de hacer esto. En cierta manera, motivar a la gente, a sacarlos de su seguridad, a despertarlos al hecho de que confían en Dios o no confían en el resto de las circunstancias humanas. Las pruebas cumplen un propósito muy útil al afirmarnos o la legitimidad o la ilegitimidad de nuestra fe.

Y eso es exactamente lo que Santiago tiene en mente en esta sección de apertura de esta epístola maravillosa. Él está preocupado a lo largo de la epístola entera con el tema de la fe viva. Él está preocupado con el tema y el asunto de la salvación genuina. Y como hemos señalado, la epístola entera es una serie de pruebas que tiene la intención de revelar la legitimidad de la fe de alguien. La epístola entera es una serie de pruebas de la fe viva.

La primera es la prueba de las pruebas severas. Cuando las pruebas vienen a nuestra vida, revelan si esa fe es real o no lo es. Si se mantiene en pie o no. Nos aferramos a Dios y dependemos de Sus recursos o no lo hacemos. Y eso es algo que necesitamos saber. Todos nosotros necesitamos entender la fortaleza o la legitimidad de nuestra propia fe. No sólo necesitamos reconocerla en nuestras propias vidas, sino también en las vidas de otras personas.

Ahora, en cierta manera, esto, para traerlo a una ilustración bíblicamente, permítame hacerle un par de preguntas. ¿Cómo juzga usted la vida espiritual de una persona quien, uno, habiendo oído de manera dispuesta el Evangelio, con oídos abiertos, con disposición, en segundo lugar, recibió personalmente la palabra sin resistencia, en tercer lugar, respondió con gozo y, en cuarto lugar, creyó? Alguien quien oyó el Evangelio con disposición, recibió personalmente la Palabra, respondió con gozo y creyó.

Ahora, ¿acaso eso caracteriza la salvación genuina? ¿Identifica eso a un cristiano verdadero? ¿Es esa la característica de la fe salvadora genuina? Bueno, descubrámoslo al ver un capítulo en Lucas, capítulo 8. En Lucas, capítulo 8, versículo 13. Y aquí hay un versículo que explica una parte de la parábola de las tierras. Tiene que ver con la tierra superficial que tenía piedra debajo de la tierra. Y dice: “los de sobre la piedra son los que, habiendo oído, reciben la Palabra,” la reciben personalmente, la palabra acerca de Cristo, la salvación. “Reciben la Palabra con gozo, pero estos no tienen raíces, creen por algún tiempo y en el tiempo de la prueba,” ¿qué?, “Se apartan.”

Ahora, notará aquí que tenemos a aquellos que oyeron el Evangelio, recibieron personalmente la Palabra, respondieron con gozo y se apartaron. Entonces, todo eso en sí mismo es algo que queda corto de la fe salvadora.

Pero quizás nunca pudo haber sido manifestado como algo menos que fe salvadora si no hubiera sido por las pruebas. Si no hubiera sido por un tiempo de prueba. Un tiempo de prueba. Esa pequeña frase “un tiempo de prueba” es una frase muy interesante. Es una parte crucial del diseño de Dios para la gente. De tal manera que la realidad de su fe, lo que realmente es, puede ser manifestado.

La palabra tiempo aquí no es chronos, lo cual significa tiempo cronológico como en este momento son las 6.35 o algo así. No es tiempo cronológico en el sentido de calendarios y relojes. Es kairos, he una palabra diferente. Eso significa un tiempo destinado, un tiempo de oportunidad. Una circunstancia, una temporada en particular.

Y entonces, de lo que aquí está hablando no es un tiempo en el reloj, sino un tiempo en el destino. Un tiempo en la vida de uno. Vendrá un tiempo de prueba. Y en este caso, fueron aquellos que se apartaron. No significa que le pertenecieron a Dios en un momento. El verbo, literalmente significa,aphistemi, significa estar distante de o aparte de. En el tiempo de la prueba, se apartaron de Dios. Se mantuvieron lejos de Dios. Nunca Le pertenecieron a Él y la prueba lo manifestó.

De nuevo, regresamos a 1 Juan 2:19: “si hubieran sido de nosotros, habrían permanecido con nosotros. Pero salieron de nosotros para que se manifestase que nunca fueron de nosotros.” Estas son personas que en el tiempo de la prueba se quedan solas. Se mantienen alejadas de Dios. Realmente, no conocen a Dios en absoluto. O, como la semilla en Lucas 8, podrían encontrar un poco de tierra en la parte de arriba y sólo es lo suficiente como para que la planta se mantenga en pie, pero nunca echa raíces.

Entonces, la idea aquí no es que es arrancada. Esa no es la idea. Nunca hubo una raíz. La planta simplemente estuvo de pie por sí misma en la tierra, por así decirlo. Y la unión con la tierra sólo fue una unión aparente, nunca una relación verdadera. Nunca el tipo de unión que podía arraigar a la planta profundamente y causar que creciera y diera fruto.

Pero la realidad de ese tipo inadecuado de fe no fue manifestada sino hasta la prueba. Por cierto, el término aquí, en Lucas 8:13, es el mismo término peirasmos. El tiempo de la prueba del que Santiago habla. Ahora, regresemos a Santiago y veamos cómo es que Santiago nos enseña acerca de este mismo tema.

Las pruebas no pueden destruir la fe. Quiero que sepa esto. Quiero seguir enfatizando eso. Las pruebas no destruyen la fe, únicamente la ponen a prueba. Y la fe que permanece en pie ante la prueba muestra que es genuina y la fe que fracasa en la prueba manifiesta que es falsa. Las pruebas no pueden destruir la fe. Sólo pueden probarla.

Ahora, la semana pasada le mostré que las pruebas tienen muchos propósitos. ¿Se acuerda de lo que dijimos? Dios envía pruebas para humillarnos. Él envía pruebas para alejarnos del mundo. Él envía pruebas para llamarnos a concentrarnos en cosas eternas. Él envía pruebas para revelarnos lo que realmente amamos. Él envía pruebas para enseñarnos el valor del favor y la bendición de Dios. Él envía pruebas para capacitarnos para ayudar a otros en sus pruebas. Él envía pruebas para desarrollar en nosotros una mayor fortaleza, una mayor utilidad y una que no mencioné, algunas veces Él envía pruebas para disciplinarnos por nuestro pecado y empujarnos hacia la perfección.

Pero Santiago está preocupado, primordialmente, con una razón por la que Dios envía pruebas; y esa es para probar la legitimidad de nuestra fe. Como lo expresé la semana pasada, para medir la fortaleza de nuestra fe. Ahora, lo que hemos estado diciendo a lo largo de esto es que en medio de una prueba la fe verdadera va a perseverar. La fe verdadera perseverará, la fe verdadera se aferrará y avanzará. Perseverará hasta el final. Soportará cualquier prueba.

Y la pregunta que Santiago realmente nos trae es cómo hacer eso. ¿Cómo es que la fe verdadera puede perseverar ante cualquier prueba? ¿Cómo es que la fe verdadera va a sufrir cualquier pérdida y aun así aferrarse a su fe en Dios? ¿Qué es lo que le da la capacidad de perseverar y no apartarse?

Bueno, hay varios ingredientes que hemos estado estudiando. En primer lugar, Santiago dice, una actitud gozosa. La fe verdadera poseee una actitud gozosa en medio de la prueba más severa. Versículo 2: “Hermanos míos, tened por sumo gozo,” o gozo total o mero gozo, gozo puro, “cuando os halléis en diversas pruebas.” La primera actitud que es característica es gozo en medio de la prueba. Siempre hay una ventana en algún punto en una prueba para que un creyente verdadero encuentre una fuente de gozo.

Podría ser que sabemos que Dios está en control, y sabemos eso. Podría ser que la esperanza del cielo, como lo vimos con el padre en esta mañana, quien sabía que sus hijas estaban en la presencia de Cristo. Pero para el creyente verdadero habrá una actitud gozosa y necesitamos cultivar eso en nuestra propia vida espiritual debido a todo lo que las pruebas llevan a cabo. Y debido a todo lo que las pruebas no pueden llevar a cabo. Debido a que nos acercan al Señor, nos fortalecen, nos hacen más útiles. Todo lo positivo. Y debido al hecho de que nunca pueden destruir la fe verdadera. Nunca pueden afectar el plan de Dios. Nunca pueden alterar Su diseño externo. Podemos encontrar gozo en medio de cualquier prueba. Entonces, una actitud gozosa.

En segundo lugar, hay otro ingrediente, que va de la mano con la capacidad de perseverar; y vimos eso hace dos semanas atrás, de hecho. Y esa es una mente que entiende. Observe el versículo 3: “sabiendo esto, que la prueba de vuestra fe produce paciencia.”

Ahora, usted tiene que entrar a las pruebas con conocimiento. Usted necesita saber que las pruebas producen paciencia o perseverancia. Ese es un poder para permanecer, un poder perseverante. Si usted no tiene ninguna prueba, usted no va hacer fortalecido para perseverar. Entonces, una actitud gozosa y una mente que entiende.

Y, en tercer lugar, señalamos una voluntad sumisa. En el versículo 4, él dice en el imperativo “mas tenga la paciencia su obra perfecta para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna.” En otras palabras, que la prueba venga y que traiga la perseverancia. Y que la perseverancia traiga perfección. Señalamos que perfección aquí significa madurez espiritual. Madurez espiritual, deje que haga lo que Dios quiere hacer. Deje que lo humille a usted. Deje que lo aleje del mundo. Deje llamarlo a usted a la esperanza eterna. De que revele lo que usted realmente ama. Deje que le enseñe a valorar la bendición de Dios. Deje que lo capacite para ayudar a otros. Deje que desarrolle fortaleza en usted para que usted pueda ser utilizado en modos más grandes en el futuro. Deje que lo discipline, si eso significa su purificación.

En otras palabras, deje que haga lo que Dios quiere que haga. No pelee contra ella. Entonces, la actitud correcta al entrar en una prueba: una actitud gozosa, la mente correcta es una mente que entiende el propósito de Dios y una voluntad sumisa que acepta de manera pronta y dispuesta, sabiendo que mediante las pruebas llegamos a ser como Cristo. Ese es el camino a la madurez.

Ahora, siguiendo estas primeras tres, quiero compartir en esta noche con usted las últimas dos actitudes que son necesarias en la vida de uno que persevera. En cuarto lugar, un corazón que cree. Un corazón que cree. Y para esto, vamos a ver los versículos 5 al 8. Un corazón que cree, ahora permítame detenerme por tan sólo un momento antes de que veamos el texto, y en cierta manera, preparar la escena, si es posible.

Digamos que usted está atravesando una prueba y usted realmente está haciendo su mejor esfuerzo por mantener una actitud gozosa, una mente que entiende y una voluntad sumisa. Pero usted está teniendo dificultad realmente en entender lo que está pasando. Quizás usted está puede estarse diciendo a sí mismo ‘quiero tener una actitud correcta, quiero tener una actitud de entendimiento correcto y quiero tener una voluntad sumisa, pero carezco de la sabiduría y el poder para permanecer gozoso y perseverar y madurar en medio de esto. Estoy luchando por mantener mi corazón enfocado, concentrado en la causa por la que debo estar gozoso. Estoy luchando por entender esto y estoy luchando por ser permisivo. Necesito algo de ayuda. ¿Qué hago?” Bueno, lo que usted necesita realmente es una cosa: sabiduría. Necesita sabiduría para la prueba. Necesita entenderla. Necesita entendimiento práctico necesario para enfrentar los problemas de la vida. Usted no va a poder mantener una actitud gozosa y una mente que entiende y una voluntad sumisa a menos de que Dios le dé a usted más que tan sólo sus facultades humanas para trabajar con ello.

Y entonces, aquí es donde usted llega al versículo 5: “y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría.” La sabiduría siempre es algo de mucho valor, pero especialmente cuando usted está enfrentando atravesando una prueba. Querer saber cómo estar gozoso, querer estar dispuesto a perseverar en la prueba para cumplir los propósitos santos de Dios, demanda sabiduría. Y usted no va a encontrar todas las respuestas en su propio razonamiento humano.

La sabiduría para Santiago y para cualquier lector judío y cualquier judío en ese entonces era el entendimiento necesario para vivir la vida para la gloria de Dios. La sabiduría era operar en obediencia a la voluntad y la Palabra de Dios. Comenzaba con temer a Dios y después, pasaba a obedecer a Dios. Y cuando atravesamos una prueba y pasamos una prueba, necesitamos sabiduría. Cualquier creyente se va a sentir débil, va a sentir la necesidad de fortaleza y recursos. Va a buscar algo a qué aferrarse en medio de la prueba. ¿Y a dónde va? Él va a Dios y le pide sabiduría. Esa es la promesa. “Si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría,” ¿qué?, “Pídala a Dios.” Pídala a Dios.

La búsqueda de sabiduría es la búsqueda suprema del hombre. Para aquellos de nosotros que conocemos y amamos al Señor, Él provee esa sabiduría. Pienso en Proverbios 3:5-7: “Fíate de Jehová con todo tu corazón y no te apoyes en tu propia prudencia.” ¡Qué gran afirmación! Cuando usted está enfrentando una prueba, cuando usted está atravesando por una dificultad, usted no debe apoyarse en su propio entendimiento. Confíe en Jehová con todo su corazón. Reconócelo en todos tus caminos y Él enderezará tus veredas. No seas sabio en tu propia opinión. No dependas de ti para las respuestas. Pídele a Dios sabiduría divina.

Entonces, aquí podríamos decir con seguridad que las pruebas le ayudan a usted a mejorar su vida de oración, ¿verdad? Lo llevan a sus rodillas. Lo hacen clamar a Dios por lo que usted no tiene y desea de manera desesperada. Desesperada.

Entonces, cuando usted atraviesa las pruebas de la vida, sea lo que sea, la intención de Dios es que usted reconozca el estado de bancarrota de la razón humana y la respuesta es que usted pueda obtener de otras personas. Y pienso en Job, quien trató de obtener las respuestas de todo el mundo, de toda persona que lo rodeaba. Y todo el mundo le dio la respuesta equivocada. Y la respuesta correcta siempre está disponible en la mano de Dios; si la buscamos de Él, recibiremos eso.

Acompáñeme por un momento a Job 28. Una de mis porciones favoritas de la Escritura.

Éste es un pasaje tremendo. En la primera parte del capítulo, habla de estar en una búsqueda minera para encontrar metal preciado y cómo los hombres hacen esfuerzos increíbles para encontrar riquezas. Lo sacan de la tierra, y entran a las profundidades de la tierra y atraviesan por todo tipo de cosas para encontrar riquezas.

Pero en el versículo 12 dice: “Mas ¿dónde se hallará la sabiduría? ¿Dónde está el lugar de la inteligencia? No conoce su valor el hombre, ni se halla en la tierra de los vivientes. El abismo dice: No está en mí; y el mar dijo: Ni conmigo. No se dará por oro, ni su precio será a peso de plata. No puede ser apreciada con oro de Ofir, ni con ónice precioso, ni con zafiro. El oro no se le igualará, ni el diamante, ni se cambiará por alhajas de oro fino. No se hará mención de coral ni de perlas; La sabiduría es mejor que las piedras preciosas. No se igualará con ella topacio de Etiopía; no se podrá apreciar con oro fino. ¿De dónde, pues, vendrá la sabiduría? ¿Y dónde está el lugar de la inteligencia? Porque encubierta está a los ojos de todo viviente, Y a toda ave del cielo es oculta.”

La verdadera sabiduría, la sabiduría sobrenatural necesaria para entender las nuevas de la vida no está disponible en el mundo que nos rodea. “El Abadón y la muerte dijeron: Su fama hemos oído con nuestros oídos.” La destrucción y la muerte han oído de ella. Saben cómo encontrarla. No la encuentran. Y luego, versículo 23: “Dios entiende el camino de ella, y conoce su lugar.” Entonces, si usted quiere sabiduría, ¿dónde va usted? Usted va a Dios. Y no quiero ser simplista, sólo quiero enfatizar lo que la Biblia está diciendo.

Ahora puede regresar a Santiago 1. Quiero que entienda que lo que las Escrituras están diciendo es tan simple como esto, amados. Cuando usted enfrenta una prueba, el lugar adonde usted debe acudir a Dios. Esto es más importante que acudir a sus amigos para encontrar respuestas y meterse en la misma situación en la que Job se metió. Eso es mucho más importante que buscar una cita en algún tipo de clínica de consejería antes de que usted haya hecho algo para considerar y consultar la mente de Dios.

Yo creo que la promesa de Dios en este versículo es una de las promesas más grandes en toda las Escrituras, si no es que la promesa más importante para un creyente que vive en este mundo. Y esta es que, si necesita sabiduría, Dios se la da. Digo, ¿qué más hay fuera de esto? ¿Qué más podríamos querer que el entendimiento divino para entender y responder apropiadamente a toda prueba de la vida? Dios da sabiduría.

Ahora, ¿de qué tipo de sabiduría estamos hablando? No estamos hablando acerca de especulación filosófica. Estamos hablando acerca de hacer lo correcto. Estamos hablando acerca de entender lo que está sucediendo con la mente de Dios. Estamos hablando de lo que Santiago explica con más detalle en el capítulo 3, versículo 17. La sabiduría que es de lo alto es primeramente pura, después, pacífica. Esto es conducta correcta en todos los asuntos de la vida. De eso estamos hablando. Y este es el tipo de sabiduría que viene de Dios. Y en algún punto, usted sabe, necesitamos regresar a esto.

Cuando los cristianos enfrentan problemas en la actualidad, la primera respuesta es normalmente acudir a alguna otra fuente humana. Pero aquí dice que, ‘si alguno de nosotros vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios’. Pídala a Dios. ¿Qué es lo que usted está pidiendo? Usted está pidiendo un entendimiento que le permitirá estar gozoso y ser sumiso. Usted está preguntando qué es lo que debe hacer que es correcto. Y sería mi gran oración que en medio de todos los problemas que la gente parece tener, que aprendan que el problema tiene la intención de llevarlos no a los hombres, sino a Dios. A encontrar en Él la única fuente de sabiduría verdadera, el camino de una respuesta correcta.

Ahora, observe de nuevo el versículo 5: “si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios.” Pídala a Dios. Ese es un imperativo. Eso no es optativo. Eso es un mandato. Ese es un mandamiento. Eso es tanto un mandato a orar, como lo es orar sin cesar. Eso es tanto un mandato a la oración como lo hemos estado aprendiendo en 1 Timoteo 2, acerca de los hombres levantando manos santas en oración. Ese es un mandato a que oremos.

Las pruebas tienen la intención de llevarnos a depender de Dios. De Él. Para hacernos reconocer que no tenemos recursos humanos, nos quedamos únicamente con un medio invisible de apoyo. El creyente verdadero, entonces, en la prueba, va a saber que necesita sabiduría y va a clamar a Dios. Él casi no puede ser restringido de clamar a Dios. Pero necesitamos hacer eso mucho más.

Al final del versículo 16 de Santiago 5, “la oración eficaz del justo puede mucho”. Y después, la ilustración de Elías, quien era un hombre con pasiones semejantes a las nuestras, y oró fervientemente para que no lloviera; y no llovió sobre la tierra por tres años y seis meses. Y oró otra vez y el cielo dio lluvia y la tierra produjo su fruto. Dios responde a la oración. Dios responde.

Regrese al versículo 5 nuevamente del capítulo 1. Y lo que vemos es que, “si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios.” Es un mandato a que oremos. Deje que los problemas lo lleven a Dios, lo acerquen a Dios. Deje que los problemas lo lleven a oración. Y quiero decirle esto: si usted está atravesando un problema profundo en su vida y no ha enriquecido su vida de oración, no lo ha llevado al Trono de la gracia, entonces, quizás los problemas van a continuar hasta que usted finalmente despierte y comience a hacer esto.

La fuente de la sabiduría está ahí si acudimos a ella. ¿Y qué vamos a encontrar cuando lleguemos? Observe el versículo 5: “pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente.” El cual da a todos abundantemente. Tenemos un Dios generoso y de gracia que desea derramar en nosotros esas cosas que deseamos.

Y Proverbios 6, ahí el escritor dice: “sin inclinares tu oído a la sabiduría y aplicares tu corazón al entendimiento,” ¿cómo voy a obtener esto? Sí, “si clamares a la inteligencia y levantares tu voz a la inteligencia, si como a la plata la buscares y la escudriñares como a tesoros, entonces entenderás el temor de Jehová y hallarás el conocimiento de Dios. Porque Jehová da la sabiduría. Y de Su boca viene el entendimiento y la inteligencia.” Dios la tiene disponible y Dios quiere darla al corazón que busca. Pero hay un sentido en el que Él la retiene hasta que usted viene y pide por ella, demostrando su amor, su confianza y su dependencia de Él.

En Jeremías 29:11: “porque yo sé los pensamientos que tengo para vosotros, dice Jehová. Pensamientos de paz y no de mal para darte un fin esperado.” En otras palabras, para darte aquello que es benéfico. Entonces, “clamarás a Mí e irás y orarás a Mí y te oiré y me hallarás y me encontrarás cuando me busques con todo tu corazón. Y seré hallado por vosotros, dijo Jehová.”

Ahora, la palabra abundante es una palabra maravillosa, haplōs, significa incondicionalmente. Significa sin negociar, significa libre y generosamente. Nos recuerda a Mateo 7. Y usted conoce muy bien, yo lo sé, Mateo 7, particularmente los versículos 7 al 11, todos los hemos reclamado en una u otra ocasión. “Pedid y se os dará, buscad y hallareis, llamad y se os abrirá, porque todo aquel que pide recibe y el que busca halla y el que llama se le abrirá. ¿Y qué hombre hay entre vosotros que si tu hijo le pide pan le dará una piedra? ¿O si le pide un pescado le dará una serpiente? Pues si vosotros, siendo malos sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le piden?” La promesa está ahí.

Cuando usted enfrenta problemas, cuando usted enfrenta dificultad, cuando usted enfrenta una prueba, acuda a Dios en oración. Él no negocia, Él no pone condiciones. Él da a todos abundante y generosamente, la sabiduría que usted necesita para entender y responder apropiadamente a esa prueba.

Él también añade, versículo 5, “y sin reproche”. Ahora, esta es una palabra antigua y lo que básicamente significa es que Él no retiene nada. Él le da generosamente, sin reservas. Es una forma negativa de la afirmación previa. Más adelante, él dice en el capítulo 1, versículo 17, que Él es el que da toda buena dádiva y todo don perfecto y en Él no hay mudanza ni sombra de variación. Él da, y da y da. Ésa es Su naturaleza, como un Dios dador. Él da sinceramente, da sin titubeo, Él da sin reservas mentales. Él no da rehusándose o enojado, eso es lo que significa. Él no está diciendo “bueno, no debo estar haciendo esto, pero hombre, voy a hacerlo, espero que lo valores.” Él no está jugando juegos con tu indignidad. Él no está recordándole a usted cuán inmerecido usted es. Él es bueno y Él es dador. Él es dadivoso y Él continúa dando. Él no retiene nada. Si a usted de falta sabiduría, a usted se le manda que pida a Dios, quien les da a todos los hombres abundantemente y liberalmente. Él no retiene nada. Y cuando usted pide, al final del versículo 5, “y le será dada,” dice.

Ninguna sabiduría, amados, y esta es una promesa, ninguna sabiduría necesaria para la perseverancia del creyente en medio de una prueba jamás es retenida de ese creyente que pide. ¿No es ésta una promesa maravillosa? Espero que entienda eso. Ninguna sabiduría que necesite un creyente para perseverar en medio de una prueba, jamás es retenida de un creyente que pide.

Algunas veces, no pedimos, hacemos todo menos pedirle a Dios. Algunas veces, deberíamos ser encontrados de rodillas, clamando de nuestros corazones a que Dios nos dé Su dirección. Me encanta lo que dice en el Salmo 81:10, quizás recuerda esto: “Yo soy Jehová tu Dios, quien te sacó de la tierra de Egipto…” Aquí viene… “abre tu boca y Yo la llenaré.” ¿No es esa una promesa maravillosa? Dios quiere proveer todo recurso necesario para un creyente en medio de la prueba.

Ahora, lo que eso significa, como he estado diciendo, es que perseveramos mediante la oración. Perseveramos mediante la oración dependiente, arrojándonos sobre Dios. En Marcos 14:38 dice: “velad y orad para que no entréis en tentación.” Peirasmos. Velar y orar para que usted no caiga en peirasmos y después, una vez que esté en ella, si usted cae en una prueba, se asegura de que nunca se convierta en una tentación al arrojarse en dependencia de Dios. Perseveramos mediante la oración. Si le pedimos a Dios.

Pero note, si es tan amable, en el versículo 6, que hay una condición para este tipo de petición. Pero pida con fe. En otras palabras, creyendo. Oración que cree. Confianza genuina.

Ahora, habiendo descripto al Padre dispuesto, Santiago ahora se vuelve al hijo que espera. Si hay una falta de sabiduría no es la culpa de Dios. Si usted no entiende su prueba, si usted está desmoronándose y usted no entiende por qué murió su esposa o por qué murió su marido o alguien se enfermó. O si usted no sabe por qué ha sido azotado por un problema económico, un problema financiero, o un problema de casa, o un problema de auto, o un problema de trabajo. O ansiedad en su corazón. Si usted está enfrentando pruebas y no puede entender por qué, entonces, la razón simple, inicialmente es que usted no le ha pedido a Dios que le dé sabiduría. Usted no lo ha buscado con todo su corazón.

Y si usted ha pedido y aun así no sabe, entonces no ha pedido con fe verdadera. Quizás, usted ha orado de manera no sincera, quizás poco como en el capítulo 4 de Santiago, en donde usted ora para consumir las cosas en sus propios deseos. Usted realmente no está pidiendo con una fe honesta, creyendo con todo su corazón que Dios puede y responderá. Quizás, usted está orando de la manera opuesta en la que los hombres deben orar según 1 Timoteo 2:8, que deben orar levantando manos santas sin ira ni contienda, sin dudar. Y usted está dudando si Dios puede ayudar o no. Usted está en contienda o quizás la palabra también podría significar diakrinomai, tiene la idea de titubear.

Pero pida con fe, no dudando nada. La palabra dudando significa dudar o disputar o debatir. Hay algunas personas que simplemente dudan que Dios puede darles una respuesta. Hay otras personas que simplemente quieren discutir con Dios, cuestionándole por qué hizo lo que hizo. Y entonces, sus oraciones no son nada más que una pelea. Pero usted no debe dudar de la provisión disponible de Dios. Usted no debe dudar del poder disponible de Dios y usted no debe dudar del propósito y la voluntad de Dios. Usted no debe debatir si Dios hizo lo que debería haber hecho o no, si algo en su vida no está bien, no hay causa de debate o disputa con Dios diciéndole a Dios que debió haberlo hecho a su manera.

La fe que no vacila simplemente cree que Dios es soberano, cree que Dios es amoroso y cree que Dios proveerá todo lo que se necesita para entender la prueba y acude a Dios en oración. Amados, no es un patrón típico que atravesamos una prueba y en lugar de ir al Señor y colocar a Sus pies sin duda alguna, sabiendo que lo puede resolver, que Él nos puede dar sabiduría sin debate o disputa con lo que Él ha hecho, simplemente lo dejamos ahí y le rogamos continuamente por sabiduría. Eso es lo que debemos hacer, pero tristemente es lo que rara vez hacemos.

En Mateo 21, simplemente para llevarlos a un par de versículos que creo que son importantes en relación a esto, Jesús respondió y les dijo: “de cierto os digo que, si tenéis fe y no dudáis, no solo haréis esto que se le ha hecho a la higuera, sino también si le dijerais a este monte quítate y arrójate al mar, será hecho. Y todo lo que pidáis en oración creyendo lo recibiréis.” Ahí Jesús esencialmente dice lo mismo, la fe mueve los músculos de la omnipotencia.

Ahora, ese no es un cheque en blanco. Usted no recibirá lo que pida para consumirlo en sus deseos pecaminosos. Usted no va a recibir lo que usted pida a menos de que esté en la voluntad de Dios. Usted no va a recibir lo que pida a menos de que traiga gloria a Dios el Padre, como dice Juan 14:13 y14. El discípulo que ora, no obstante, usando el poder de la fe, verá a Dios operando de manera dramática y repentina como Jesús. Y él va a mover montes. Y, por cierto, eso es una metáfora para algo difícil, fue usado por nuestro Señor, una figura de dicción, no refiriéndose a un monte literal.

Y una fe como una semilla de mostaza, comienza pequeña y llega a crecer. Una semilla de mostaza era la semilla más pequeña que se convertía en este árbol grande. Y lo que él estaba diciendo ahí es esto: si usted tiene una fe que comienza pequeña, pero persevera y crece, usted verá grandes movimientos de Dios en respuesta a su oración. Una confianza persistente que está creciendo alineada con la voluntad de Dios es potente y trae la sabiduría necesaria para toda prueba. ¡Qué promesa! Sea cual fuere la prueba, usted debe tener un corazón que cree, creyendo que Dios permitió esto para Su propósito. Y está bien. Creyendo que Él le va a dar la sabiduría para soportarla, para perseverar y para ser mejor de lo que jamás usted podría haber sido si no hubiera perseverado en esta prueba.

Pero observe lo opuesto en el versículo 7, o de regreso al versículo 6, casi nos saltamos ese. Versículo 6: “porque el que duda es semejante a la onda del mar que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra.” La persona que duda, que va a Dios y que realmente no cree que Dios puede proveer la sabiduría y que vacila es como el mar que está inquieto y se mueve de un lado para el otro, con su marea interminable que nunca puede estar estable. Es como que el que es aventado de aquí para allá y llevado por el viento. Es como aquellos que estuvieron en el día de Josué, ¿se acuerdan, cuando iban de una a otra opinión. Es como aquellos de los días de Elías, quienes no podían decidir si Jehová era Dios o Baal era dios. Como aquellos del día de Pablo que estaban sacrificándole a los demonios y después, iban a la mesa del Señor. Esas personas quieren a Dios, pero quieren algo más y vacilan de un lado al otro. Van de un lado a otro. Esas personas tibias a quienes el Señor vomitará de Su boca porque no son ni calientes ni frías.

La persona que duda, que no va a Dios y se aferra con confianza es como el mar en el versículo 7 y dice: “no piense pues quien tal haga que recibirá cosa alguna del Señor.” No hay sentido, debo decir, en una persona así que espera que va a recibir algo del Señor. El que duda de Dios, el que debate con Dios, el que es inestable en su confianza y no está comprometido de manera sólida con el Señor, no va a recibir nada.

Esa persona, ese hombre, caracteriza a un incrédulo, como dice en una versión. También podría caracterizar a un cristiano débil que duda, que está actuando como un incrédulo. Y es realmente triste ver esto. Una persona que viene a la Iglesia y es un cristiano farsante no es real. Entra en una prueba y comienzan a dudar, disputan con Dios y se enojan con Dios y se van. Pero con mucha frecuencia, en muchas maneras, es igualmente trágico un cristiano que un cristiano débil. Enfrentan una prueba severa y en lugar de tener una actitud gozosa, una mente que entiende, una voluntad sumisa y un corazón que cree, vacilan y van de un lado para el otro. Y en cierta manera, son un manojo de nervios, controlados por sus emociones y no pueden confiar en Dios. Y no parecen poder orar y pedirle sabiduría a Dios. Literalmente, no están dispuestos a disfrutar de los recursos que Dios ha provisto en su cuenta espiritual. Y no reciben nada.

Entonces, pueden seguir y seguir en la miseria de esa prueba, nunca conociendo la resolución que está disponible de manera inmediata para ellos mediante la oración que confía de manera persistente en Dios.

El versículo 8 lo resume. “El hombre de doble ánimo es inconstante en todos sus caminos.” Un hombre de doble ánimo, una mujer u hombre pecaminosos. De hecho, en Santiago 4:8, “limpiad vuestras manos, pecadores y purificad vuestros corazones vosotros los de doble ánimo.” Una persona de doble ánimo es realmente un hipócrita. La persona que dice “Oh, creo en Dios,” pero cuando viene la prueba no saben qué hacer. Quizás, quieren confiar en Dios, pero no confían en Dios y vacilan, como dice aquí. Y en ese caso, no va a recibir nada. De hecho, van a ser inconstantes en todos sus caminos.

Doble ánimo es dipsuchos, el “di” al principio es dos y la palabra suchos es la palabra para alma. Dos almas, dos mentes. Un alma dividida entre Dios y el mundo. Confiando y no confiando. Creyendo y no creyendo. Uno amigo del Señor y uno amigo del mundo. Y usted recordará lo que dice Santiago 4:4: “la amistad con el mundo es enemistad con Dios.” Amar al mundo y tratar de amar a Dios al mismo tiempo. Y Juan dice que es imposible hacer eso. John Bunyan en el clásico El Progreso del Peregrino lo llamaba el ‘Señor que veía a ambos lados’.

El Salmo 12:2 habla de un corazón doble, el cual Jehová juzgará. Deuteronomio 6:5 habla de un corazón concentrado en una cosa cuando dice ‘amarás a Jehová tu Dios con todo tu corazón, alma, mente y fuerzas’. Esta es la persona indecisa. Y creo de manera más característica es el incrédulo. Pero es triste decirlo: que a veces los cristianos no creen, no se aferran a la soberanía de Dios. Confían en Dios, no hacen a un lado sus dudas, no aceptan la sabiduría que Dios, de manera dispuesta y liberalmente les provee cuando piden. Una persona así, de dos almas, el Señor que ve a ambos lados es inestable en toda área de la vida. No alguna, sino todas. Él no puede enfrentar las pruebas de la vida porque no tiene suficiente fe en Dios. Él no tiene suficiente fe en Dios para ir y buscar la sabiduría que necesita de manera desesperada.

Y esta persona que duda es condenada en esta epístola. Él no tiene confianza verdadera, no hay lealtad verdadera. Su vida entera es de vacilación. Es inestable. Es usada en 1 Corintios 14:33. Dios no es autor de confusión, él está confundido. Está en caos. Creo que también es usada en Santiago 3, es traducida en el versículo 8, no refrenada. No refrenada.

Una persona que no es constante. Que vacila. Entonces, los versículos 5 al 8 son muy simples, permítame resumirlos. Cuando usted entra a una prueba, la manera en la que usted persevera en esa prueba es recibir de Dios sabiduría divina. Ir a Dios y tener la confianza que Él da de manera libre, nunca debate, nunca discute, nunca contiende nada, sino que da exactamente lo que usted necesita para perseverar en esa prueba.

Pero la condición es que su fe sea real. Que sea una fe que no es como el mar que está turbado. Porque si usted tiene una fe que vacila, que confía y no confía, que cree y que no cree, usted se encuentra en el medio y usted no recibirá nada. De hecho, un doble ánimo así lo va a hacer inestable en toda área de la vida. La verdadera estabilidad en la vida viene para aquellos que confían en Dios en el medio de la prueba. Cualquier prueba. Entonces, un corazón que cree de manera genuina es esencial para perseverar.

Y después, finalmente, un espíritu humilde. Un espíritu humilde. Esta explicación es muy, muy rica. Versículo 9: “el hermano que es de humilde condición.” Deténgase ahí por un momento. Éste es otro mandato. Un regocijo obligatorio. El hermano que es de humilde condición, ¿qué quiere decir esto? El hombre pobre. El que está privado económicamente, el cristiano pobre, que está abajo en la escala económica. El hombre que no tiene mucho. Y usted sabe que estos creyentes que estaban dispersos, a quienes Santiago escribió, a las 12 tribus que estaban en dispersión, dice el versículo 1, eran víctimas de persecución. Eran víctimas de la privación, del racismo, de la hostilidad. La pobreza entre aquellos que estaban dispersos era algo común. Muchos de ellos eran muy pobres. Tenía muy poco.

Y la palabra aquí que se traduce de humilde condición es utilizada en la Septuaginta, la cual es el Antiguo Testamento en griego para traducir la palabra pobre, topeinos, pobre. Que las personas pobres se regocijen. ¿Qué significa eso? Esa palabra es una palabra muy rica. Significa jactarse de un privilegio o posición. Que se jacten, que se gloríen, que los pobres se jacten. Aquí está el gozo del orgullo legítimo. Quizás no tenga nada en el mundo de qué regocijarse. Quizás no tenga nada en el mundo que posea, pero regocíjese, gloríese. Es privilegio. ¿Y qué privilegio es? Porque es ¿qué? Exaltado. Él es exaltado. ¿De qué manera? Espiritualmente. Él puede ser la escoria del mundo, la suciedad del mundo, pero él puede regocijarse porque su posición delante de Dios es de exaltación.

Entonces, él dice: “si no tienen nada en esta vida, si ha sido privado de tal manera que puedes encontrarte a ti mismo en el nivel más bajo, tienes de que gloriarte porque espiritualmente eres exaltado.” Él puede tener hambre, pero tiene el Pan de vida. Él puede tener sed, pero tiene el Agua de vida. Él puede ser pobre, pero tiene riquezas eternas. Él puede ser rechazado por los hombres, pero ha sido recibido por Dios. Él puede no tener hogar aquí, pero tiene un hogar glorioso en la vida venidera. Entonces, él dice: ustedes pobres, regocíjense porque han recibido atención divina. Y porque sus pruebas están haciéndolos perfectos y eso es para exaltarlos en la dimensión espiritual. Cuando Dios quita, Él quita para hacerlos espiritualmente maduros. Cuando Él los hace espiritualmente maduros, eso es una exaltación.

Entonces, la persona que es privada puede aceptar su privación, aceptar sus pruebas, debido a la esperanza de que Dios lo está exaltando mediante esas pruebas en la dimensión espiritual y en últimas, llevándolo a la gloria futura. En últimas, llevándolo a un punto en el que él recibirá toda la herencia prometida a los santos que aman a Dios. Algún día, recibirá una herencia que hará que él se regocije con un gozo inefable lleno de gloria. Entonces, podemos regocijarnos en cualquier prueba. Podemos regocijarnos en cualquier privación. Porque Dios nos ha escogido para una posición exaltada en su Reino y Pablo dijo que los sufrimientos de este mundo no son dignos de compararse con el gozo que será nuestro en ese día.

Romanos 8:17 en adelante habla de eso. Las verdaderas riquezas son nuestras. Entonces, la pobreza es una prueba corta. No dura mucho. Y aquellos de nosotros que perseveramos en ese tipo de pruebas, de las cuales la pobreza podría ser una, podemos ver hacia adelante, a un tiempo glorioso de exaltación.

Para resumirlo, dice esto: no busquen encontrar su gozo en sus circunstancias mundanas y no quedarán decepcionados si no tienen nada. Encuentre su gozo en su exaltación espiritual. En que Dios le está salvando y le está moviendo hacia la semejanza a Cristo y algún día, le va a colocar en Su presencia.

Y, por otro lado, observe el versículo 10: “pero el que es rico, en su humillación.” Esto es, regocíjese, el mismo verso verbo debe aplicarse, exáltese, gloríese en que está siendo humillado. El hermano rico aquí, estamos hablando del cristiano rico, es el que parece que todo está su favor. Y entonces, muchas pruebas de la vida se relacionan con la pobreza, pero la persona rica que parece tenerlo todo en su lugar, que se regocije, no es su riqueza, sino en que está siendo humillado. Está siendo bajado, porque cuando una persona rica enfrenta una prueba, comienza a darse cuenta de manera realista de que todo lo que posee no puede comprar las cosas reales de la vida. El cristiano rico debe regocijarse, porque cuando él enfrenta pruebas, él tiene que enfrentar la bancarrota de las riquezas mundanas y depender de las dádivas y de la gracia de Dios.

Entonces, la persona humilde, se regocija en la provisión de Dios y la persona rica se regocija en la provisión de Dios de la misma manera. La persona que no tienen nada se regocija en lo que Dios provee. La persona que tiene todo y reconoce que no puede comprar lo que necesita, también se regocija en lo que Dios ha provisto. El cristiano pobre puede también como comentario al margen, regocijarse porque está asociado con los ricos y el cristiano rico puede regocijarse en el privilegio abnegado de ser identificado con Cristo y con creyentes pobres. ¿Por qué? Porque todos somos humillados al mismo nivel en una prueba y todos tenemos que depender de Dios, ¿verdad? Ése es el punto. El dinero no saca a la gente de sus problemas. Sus pruebas verdaderas. Oh, podría resolver tu problema económico, pero vas a encontrar muchos otros problemas que no van a poder ser resueltos con dinero.

Entonces, el punto aquí es que sea pobre o rico, las cosas pruebas vienen a la vida para humillarnos y la verdadera humildad, sea que posee mucho o poco de los bienes de este mundo, la verdadera humildad, dice: “mis recursos están en Dios.”

El gran comentarista luterano Lensky, creo que tiene un párrafo interesante. Él dice, y cito: “la fe en Cristo levanta al hermano humilde más allá de sus pruebas, a la gran altura de una posición en el Reino de Cristo, mientras que, como hijo de Dios, él es rico y se puede regocijar y gloriarse. La fe en Cristo hace algo igualmente de bendito para el hermano rico. Lo llena del Espíritu de Cristo, el Espíritu de humildad y la verdadera humildad cristiana. Conforme el hermano pobre se olvida de toda su pobreza terrenal, así el hermano rico se olvida de toda su riqueza terrenal; y los dos son iguales, están al mismo nivel por la fe en Cristo.” Fin de la cita.

Eso es correcto. Y yo creo que esa igualdad es ilustrada mediante las pruebas. Cuando usted pierde a una hija o pierde a un hijo o pierde a una esposa o pierde a un marido, no importa cuánto dinero usted tenga, nada de eso va a hacer que usted pueda comprar algo para salir de esa prueba. Nada de eso. Ahí está el ecualizador. Las pruebas nos llevan al mismo nivel de dependencia de Dios y de esta manera, nos llevan humildemente al mismo nivel el uno con el otro.

Entonces, no nos preocupamos con las cosas terrenales y en la Iglesia no exaltamos a aquellos que tienen mucho en contraste con aquellos que tienen poco, porque todas nuestras posesiones terrenales son inadecuadas para comprar lo que necesitamos espiritualmente.

Ahora, Santiago parece tener una preocupación en particular en confrontar a la gente rica. Él lo hace en el capítulo 1 y continúa haciéndolo a lo largo de la epístola, como lo veremos. Pero él dice, regrese al versículo 10, que el rico debe estar feliz porque es humillado. Porque cuando él es humillado, como puede ver, se da cuenta de que las riquezas verdaderas no son de este mundo, no están aquí. “Porque cuando sale el sol con calor abrasador la hierba se seca.” Una persona rica en general, no está hablando en particular de un cristiano rico, sino de los hombres ricos en general, van a secarse, así como la flor del pasto.

En Israel, hay tres flores muy comunes. La anémona, el ciclamen y el lirio. Y pueden florecer y usted puede ver la belleza de sus colores en febrero. Y son quemados y terminan secándose en mayo. Francamente, no es diferente de los montes de la parte sur de California, en donde florecen y usted sale de la ciudad por una semana y regresa, y otra vez en un desierto. Eso es lo que él está viendo aquí. Hay un verdadero espíritu de humildad que dice: “no voy a confiar en estas cosas que pasan tan rápido, que se queman tan rápido”. Y el poeta, en Santiago, expande su ilustración aún más en el versículo 11: “porque cuando sale el sol con calor abrasador, la hierba se seca. Su flor se cae y perece su hermosa apariencia. Así también se marchitará el rico en todas sus empresas.”

La forma del lenguaje griego aquí expresa lo que normalmente ocurre. El pensamiento es tomado de Isaías 40, versículos 6 al 8. Es tomado de Isaías, el profeta. Él dice: “el sol abrasador,” o literalmente el calor abrasador, se podría referir al viento conocido como el siroco que llega y literalmente aplasta a todas las flores en su camino, ese viento ardiente. Así será en el futuro el destino de los hombres ricos. El calor abrasador y el viento de la furia de la muerte, el juicio de Dios va a quemar todo de tal manera que el hombre rico debe regocijarse en sus problemas porque sus problemas lo divorciaron de la dependencia de sus recursos. Y todos sus recursos van a perecer de cualquier manera. Y puede regocijarse. Y cuando todo se haya quemado, él va a tener las riquezas verdaderas. Así como el hombre pobre.

Entonces, ¿que es necesario? ¿Qué tipo de actitud debemos tener para enfrentar las pruebas? Una actitud gozosa, una mente que entiende, una voluntad sumisa, un corazón que cree y un espíritu humilde que no confía en nuestras posesiones, sino en la provisión de Dios.

Ahora, en conclusión, regresemos a donde comenzamos. La primera prueba de la fe viva es la prueba de las pruebas. O aflicciones. La perseverancia en las pruebas caracteriza a los creyentes genuinos. Caracteriza a los creyentes genuinos. Y usted necesita verlas en su propia vida y en las vidas de otros para terminar y discernir quién es real. Es tan, tan importante.

Y conforme enfrentamos estas pruebas, el Señor nos está despojando de nuestras dependencias mundanas y acercándonos a sí mismo, mostrándonos cómo es en realidad de nuestra fe y perfeccionándonos a la semejanza a Cristo. ¡Qué pensamiento tan glorioso! Los marineros solían decir: “los vientos cruzados son los más seguros para entrar al muelle.” ¿Alguna vez ha navegado? ¿Ha tratado alguna vez de entrar a un muelle con un viento en la parte de adelante del gran barco? Muy difícil. ¿Alguna vez ha tratado de entrar a un muelle con un viendo por la parte de atrás y se ha encontrado a varios metros adentro de la playa? Los marineros tienen razón. Los vientos cruzados con los más seguros para entrar al muelle.

George Whitfield dijo, y cito: “todas las pruebas tienen dos propósitos: que podamos estar mejor familiarizados con nuestros corazones impíos y que podamos estar mejor familiarizados con nuestro Salvador amado.” Fin de la cita. Tiene razón, y para eso son. El cardenal Richelieu murió en el año 1642 y él dijo esto en una ocasión, y cito: “una persona virtuosa y con buena disposición es como el buen metal, entre más se le expone al fuego, más es refinado. Entre más adversidad encuentra, más es probado. La adversidad puede tratar de tocarlo y detenerlo, pero no puede dejar sobre él alguna huella falsa.” Fin de la cita. Es verdad.

Estaba leyendo, como me gusta hacer con frecuencia, a algunos escritores de la antigüedad en esta semana y encontré un pensamiento hermoso de Joseph Church remontándose al siglo 17. Él dijo lo siguiente: “los sufrimientos no son más que pequeñas astillas de la Cruz de Cristo”. Los sufrimientos no son más que pequeñas así de la cruz de Cristo. Él, quien sufrió tanto por nosotros y nosotros tenemos el privilegio de sufrir de una manera pequeña a favor de Él.

Quiero cerrar con un poema simplemente para dejar el pensamiento en su mente que viene de Ella Wheeler Wilcox escrito alrededor del año 1880. Ella dice esto: “no dudaré, a pesar de que todos los barcos en el mar lleguen la casa con mástiles y velas rotas. Yo creeré en la mano que nunca falla. De lo que aparentemente es malo para mí; y aunque yo pueda llorar porque esas velas están golpeadas, aun así, lloraré mientras que mis mejores esperanzas son despedazadas, yo confiaré en Ti. Yo no dudaré, aunque todas mis oraciones regresen sin ser respondidas de la esfera que todavía es blanca de arriba. Yo creeré que es un amor sabio, que me ha rehusado esas cosas que yo anhelo. Y aunque en ocasiones, yo no puedo dejar de llorar, aun así, el ardor puro de mi creencia fija arderá sin ser disminuida. No dudaré, aunque las tristezas caigan como la lluvia y los problemas me rodeen como abejas en un panal. Yo creeré en las alturas para las cuales yo lucho y de que son únicamente alcanzadas mediante la angustia y el dolor. Y aunque yo gima y tiemble con mis cruces, aun así, ve en medio de mis pérdidas más severas la ganancia mayor.”

“Sin duda alguna, estaré bien anclada en la fe como un barco fuerte, conforme mi alma enfrenta todo viento que es fuerte, es valentía de la no dejaré de tener. Aunque el mar desconocido de la muerte me enfrente, o quizás lloraré cuando el cuerpo parta del espíritu, yo no dudo. Así me oirán los mundos que escuchan con mi último suspiro.” Fin de la cita. Así es como debemos enfrentar la vida. Y así es como debemos enfrentar la muerte. Sin titubear. En todo sentido, y Dios provee eso para nosotros conforme perseveramos como Santiago nos ha enseñado. Inclinémonos en oración.

Escuche con atención, Thomas Watson dijo en una ocasión: “sea cual sea el problema que en esta vida enfrenta el hijo de Dios, es todo el infierno que jamás enfrentará.” Eso es verdad. Sea cual sea la dificultad que enfrentamos en esta vida, es todo el infierno que jamás conoceremos porque se nos ha prometido el cielo eterno. Entonces, podemos perseverar como aquellos cuya fe es real.

Un antiguo escritor puritano expresó una actitud en el medio de todas las pruebas que es tan deseable para el hijo de Dios. Permítame compartirla con usted conforme piensa en esto. Él escribió lo siguiente, y cito: “Aquí está la diferencia clara entre los piadosos y los impíos. Viene en el sufrimiento de las pruebas. Los impíos, entre más coloca el Señor Su mano sobre ellos, más murmuran y se revelan en contra de Dios. Los fieles, cuando se sienten abrumados con el pecado, turbados con los conflictos de Satanás, cuando sienten el enojo de Dios ofendido con ellos, huyen a los brazos de la misericordia de Dios y se aferran a la mano de Dios, quien está abofeteándolos, y la besan.” Fin de la cita.

Padre, sabemos que hay ocasiones cuando Tu mano nos abofetea. Y si realmente entendemos lo que Tú estás haciendo, besaríamos esa mano. No dudamos, no disputamos. No debatimos. Anhelamos, oh Señor, aceptar las pruebas que producen semejanza a Cristo, que revelan la naturaleza de nuestra fe como algo genuino o falso. Las pruebas que nos humillan, que nos alejan del mundo, que nos llaman a la esperanza eterna, que nos muestran lo que realmente amamos. Que nos enseñan a valorar Tu bendición. Que nos enseñan a cómo ayudar a otros. Que desarrollan en nosotros una mayor utilidad, que nos disciplinan para ser más puros. Señor, Te damos gracias por pruebas así. Y queremos tenerlas por sumo gozo. Y queremos entender y queremos someternos. Y queremos creer en oración para encontrar sabiduría. Y queremos humillarnos para aprender la lección de dependencia de Ti, no de los recursos humanos.

Entonces, lleva a cabo Tu propósito bueno y santo a través de todas las pruebas de la vida. Y descansamos en esta oración, en la confianza de que no hay ninguna prueba que hayamos enfrentado que no podamos enfrentar.

Pero Tú eres fiel y nunca nos dejarás ser probados más de lo que podamos resistir, sino que juntamente con la prueba, siempre darás la salida para que podamos soportar. Y de esta manera, probaremos ser Tus hijos. Entonces, lleva a cabo Tu obra en nuestros corazones. Confórtanos en nuestra prueba. Enséñanos la oración y la dependencia humilde, para que, a partir de estas cosas, podamos llegar a ser todo lo que Tú quieres que seamos. Por causa del Salvador, amén.

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17/27 – La enseñanza de Cristo

Aviva Nuestros Corazones

Serie: El Cristo incomparable

17/27 – La enseñanza de Cristo

Nancy Leigh DeMoss

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/la-ensenanza-de-cristo/

Leslie Basham: Aquí está Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy Leigh DeMoss: Algunas de ustedes pueden estar familiarizados con un vídeo, un DVD titulado “Moldeador de  sueños”. Es la historia sobre un profesor llamado Guy Doud. Él era un profesor de secundaria y tenía un corazón para sus estudiantes. Este hombre encontró  maneras increíblemente innovadoras y creativas para motivar a sus alumnos a aprender. Él tomó interés personal en sus estudiantes, y como maestro tuvo un impacto significativo en sus alumnos. Pues bien, en 1986 Guy Doud fue invitado a la Casa Blanca, donde fue honrado por el presidente Reagan como el maestro nacional del año.

Hoy queremos mirar al hombre que tendría que ser honrado como el más grande maestro de todos los tiempos.

Leslie: ¿Quién fue el mejor maestro que jamás haya existido? Vamos a estudiar esta pregunta a medida que Nancy Leigh DeMoss continúa la serie El Cristo incomparable en Aviva Nuestros Corazones.

Nancy: El Cristo incomparable es acerca de quién estamos hablando en esta serie. Hoy queremos conocerlo como un maestro. Nunca ha habido y nunca habrá un maestro como Cristo.

De hecho, una noche, un hombre llamado Nicodemo, que era un maestro sabio y respetado, busco a Jesús y le dijo. “Sabemos que has venido de Dios como maestro…”  en Juan capítulo 3.

De manera que Nicodemo sabía que Jesús no era un maestro común. No era un rabino ordinario.  En realidad no había nadie como Él, porque Él había venido de Dios.

Los evangelios se refieren a Jesús como un maestro en más de 40 ocasiones. Jesús siempre estaba enseñando.  Él era capaz de revelar la verdad y la perspectiva eterna en momentos cotidianos de la vida y  en conversaciones. Eso es lo que hace un buen maestro. Él siempre condujo conversaciones de tal forma que le diera a la gente el punto de vista de Dios en todo lo que se estaba hablando.

Jesús fue un maestro que—a diferencia de algunos profesores que pudimos haber tenido en el pasado—Su enseñanza era convincente. Llamaba la atención, y desde el primer momento su enseñanza atrajo grandes multitudes. Mientras se propagaba de boca a boca, la gente venía desde muy lejos solo para escuchar a Jesús enseñar.

Mateo capítulo 4 nos dice:

“Y Jesús iba por toda Galilea, enseñando en sus sinagogas y proclamando el evangelio del reino…Y le siguieron grandes multitudes de Galilea, Decápolis, Jerusalén y Judea, y del otro lado del Jordán” (vv.23-25).

Así que aquí está Jesús enseñando en la región norte de Galilea, y la gente lo escuchaba, la palabra se extendía, y venían de todas estas distancias para escuchar este nuevo rabino que enseñaba. La enseñanza de Jesús no solo atrajo grandes multitudes, pero una vez la gente era atraída, Su enseñanza provocaba y  causaba asombro. Esto se ve a lo largo de todos los evangelios.

Mateo capítulo 5 versículo 1 dice: «Cuando vio las multitudes, subió al monte, y después de sentarse, sus discípulos se acercaron a él. Y abriendo su boca les enseñaba, diciendo…»Ahora, ¿qué le sigue a este versículo? Mateo 5, ahí comienza el Sermón del Monte.  Así que Mateo 5, 6 y 7, se trata de lo que Jesús enseñó a los que vinieron. Al estudiar este texto, da la impresión de que esto comenzó como una pequeña reunión y que después otros se unieron al grupo. Al final del Sermón del  Monte, hay una gran multitud reunida allí en aquel monte.

Así llegamos al final del Sermón del Monte, Mateo capítulo 7, y dice: «Cuando Jesús terminó estas palabras, las multitudes se admiraban de su enseñanza…” (v. 28). Si tienes la NVI, dice que se “asombraban” de Su enseñanza. Esa palabra traducida como ‘asombraban’ en griego es ekplesso. La palabra significa literalmente que “fueron deslumbrados”. Ellos se quedaron atónitos. Ellos se sorprendieron. Ellos se asombraron.

Pero esa no fue la única vez. En Mateo capítulo 13 en el versículo 53 dice,

“Y sucedió que cuando Jesús terminó estas parábolas, se fue de allí. Y llegando a su pueblo, les enseñaba en su sinagoga, de tal manera que se maravillaban, otra vez la palabra griega, y decían: ¿Dónde obtuvo éste esta sabiduría y estos poderes milagrosos? ¿No es éste el hijo del carpintero?”(vv. 53-55)

¿Te das cuenta? Las enseñanzas de Jesús eran diferentes a todo lo que ellos habían oído antes.  No era más que el «hijo del carpintero». Ellos no esperaban que un comerciante tuviera este tipo de sabiduría. Después de todo, Jesús no tenía formación en el seminario. No tenía algún título de postgrado. Él obtuvo Su sabiduría de, ¿dónde? de  Dios mismo. Él era un estudiante de la Palabra de Dios. Ellos no estaban acostumbrados a escuchar de maestros que recibieran su sabiduría directamente de Dios.

A medida que continuamos en ese pasaje, llegamos al versículo 57 de Mateo capítulo 13, y te das cuenta de que la reacción—aunque estaban asombrados—no siempre fue positiva. Dice: «Y se escandalizaban a causa de Él”. Pero ¿No es cierto que también hoy día cuando muchos escuchan las enseñanzas de Jesús se ofenden y las rechazan? Tal vez no lo encuentran lo suficientemente sofisticado como para los tiempos modernos. Porque la enseñanza de Jesús no encaja con la sabiduría convencional, que va en contra de nuestra cultura.

Veamos otra instancia, en Marcos capítulo 1, donde la gente se admiraba de las enseñanzas de Jesús.

Marcos capítulo 1, “Entraron en Capernaúm; y enseguida, en el día de reposo entrando Jesús en la sinagoga comenzó a enseñar. Y se admiraban, la palabra de nuevo,  de Su enseñanza; porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas.” (vv. 21-22)

En algunas de sus traducciones se les llama a los escribas ‘maestros de la Ley’. Estos eran hombres que eran expertos en la Ley Mosaica. Pasaban sus vidas estudiando los detalles minuciosos de la Ley Mosaica. La enseñaban, de manera que ellos interpretaban la Ley y la interpretaban para otros. Eran expertos en la Ley, los escribas. Versículo 27. “Y todos se asombraron…” Ahora, aquí se usa una palabra griega diferente. Es una palabra que significa “estupefacto” o “atónitos”. “…de tal manera que discutían entre sí, diciendo: ¿Qué es esto? ¡Una enseñanza nueva con autoridad!”.

La enseñanza de Jesús fue, en muchos aspectos, un contraste con la enseñanza que estaban acostumbrados a oír de los escribas y los maestros y los líderes religiosos. Echemos un vistazo a algunas de las formas en que la enseñanza de Jesús era diferente. Por ejemplo, los rabinos y los escribas y los maestros religiosos a menudo citaban a otros rabinos y maestros. Tomaban ideas prestadas de fuentes humanas. Ellos exponían la tradición. Pero la palabra que se usa aquí en relación a la exposición de Jesús y la autoridad con la que Él hablaba, hace referencia a una autoridad dentro de Él mismo, no a una autoridad derivada de otros. Su mensaje venía de Su Padre. Poseía autoridad divina.

Los escribas y maestros de la ley a menudo se centraron en los detalles, en las minucias de la ley. Colaban los mosquitos y se tragaban el camello, dijo el mismo Jesús (ver Mateo 23:24). Pero Jesús se centró en asuntos de significado eterno. Él enseñó cosas que realmente importaban. Él volvía una y otra vez al mismo mensaje básico acerca del Reino de Dios, del Rey de ese Reino, y lo que significaba ser un súbdito de ese Reino.

Los comentaristas dicen que si lees el Talmud—donde los escribas escribían sus dichos—a menudo es difícil seguir las complejas divagaciones y el razonamiento de los líderes religiosos. Pero la enseñanza de Jesús, por el contrario, realmente tenía sentido. Era ordenada. Iba al grano. La gente común podía entenderlo.

Aquí hay otro contraste. Los sermones de los escribas eran a menudo confusos y engañosos (Mat 5:21). Pero los sermones de Jesús eran directos, y hablaba, pura y simplemente, la verdad.

La enseñanza de los escribas era a menudo seca y aburrida. No tenía la intención de conectar con la gente común—ellos básicamente hablaban de sí mismos. Pero la enseñanza de Jesús era agradable. Capturó la atención de multitudes, incluidos los niños. Recuerda que no había guarderías para los más pequeños. Jesús despertaba el interés de sus oyentes con historias, con ilustraciones, con descripciones visuales, y con parábolas.

Su enseñanza no estaba cargada, no era formal, y no estaba por encima del entendimiento de la gente común. No abrumaba ni confundía a los oyentes con grandes palabras, o con argumentos eruditos. Usó ejemplos cotidianos, lecciones prácticas. Conectó con hombres comunes y con los corazones de la gente. Él era un gran narrador.

Su enseñanza era bastante simple de comprender para los niños pequeños o para personas de poca educación. Sin embargo, fue también lo suficientemente profunda como para desafiar a personas como Nicodemo, que habían estudiado las Escrituras durante años.

Aquí hay otro contraste. Los escribas y los otros líderes religiosos, a menudo eran motivados por la codicia, por mantener las apariencias. Tenían el deseo de recibir la alabanza de los hombres.  ellos querían que otras personas dijeran cuán grandes maestros ellos eran. Ellos no estaban motivados, muchos de ellos, por el amor genuino hacia las personas que enseñaban.

Pero Jesús sin embargo ¡Jesús realmente amaba a la gente! Estaba motivado por la compasión. Él estaba preocupado por el bienestar eterno de Sus oyentes. Recuerda lo que pasó en Marcos 6, donde dice: «Al desembarcar, Él vio una gran multitud, y tuvo compasión de ellos, porque eran como ovejas sin pastor…” Ellos estaban vagando, sin rumbo, y desvalidos e indefensos. Entonces, ¿qué hizo Él? Su compasión le movió, “y comenzó a enseñarles muchas cosas» (v. 34). Él fue el gran Pastor. Dirigió Sus ovejas y se preocupaba por ellas por su enseñanza.

Hubo otras cosas que hacían de Jesús un gran maestro. Él conocía a Sus estudiantes. Él conocía Sus corazones. No hay maestro en el reino de los humanos que pueda conocer los corazones de sus alumnos. Él no le habló solo a sus mentes, sino que habló palabras que penetraron, que traspasaron, y cambió sus corazones.

Él no solo conocía Sus estudiantes, sino que sabía lo que Sus estudiantes necesitaban escuchar, y eso es lo que Él les dio, sin importar si eso es lo que ellos querían escuchar o no. Independientemente de su respuesta, Él sabía lo que realmente ellos necesitaban, y eso fue exactamente lo que les dio.

Habló palabras a tiempo, las palabras que llenaban las necesidades de los oyentes. A veces, esas palabras eran cosas difíciles de oír. Él dijo por ejemplo: «No te preocupes por nada» (ver Mateo 6:25). Habló contra la ansiedad, contra la codicia, contra la hipocresía, y contra el divorcio. Habló de personas que pensaban que estaban sirviendo a Dios, pero que un día llegarían a estar delante de Dios y que Él les diría: «Jamás os conocí. Apartaos de mí, los que practicais la iniquidad.»(Mateo 07:23)

Si quieres ser un maestro popular, ese no es exactamente el camino a seguir, especialmente cuando tú estás hablando a los líderes religiosos. Pero Jesús habló lo que Sus oyentes debían escuchar. Ya fueran niños o padres o paralíticos o fariseos, o quien quiera que fuera, Él habló lo que ellos necesitaban oír.

Marcos capítulo 12 dice: «Y cuando ellos llegaron, le dijeron: ‘Maestro, sabemos que eres veraz y que no buscas el favor de nadie, porque eres imparcial, y enseñas el camino de Dios con verdad…” (v.14). Jesús no tenía temor de los hombres. Él amaba a Dios, y no estaba tratando de ganar un concurso de popularidad. Él amaba a la gente, y sabía darles lo que necesitaban.

Él no solo conocía a sus estudiantes y lo que ellos necesitaban escuchar, Él también conocía la Escritura. Conocía las Escrituras del Antiguo Testamento. Él no tenía una formación en el seminario formal o de grados avanzados. Él era un estudiante de la Palabra de Dios. De hecho, los evangelios nos dicen que Él citó al menos 24 libros del Antiguo Testamento. Me pregunto cuántas de nosotras podríamos hacerlo, sin necesidad de abrir nuestra Biblia, y citar 24 libros del Antiguo Testamento.

Jesús no estaba enseñando para impresionar a la gente con lo mucho que sabía sobre el Antiguo Testamento, sino que utilizaba la Palabra para apuntar a las personas hacia Dios y hacia Su Reino; les ayudaba a entender la Palabra. Les mostró cómo se conectaba a su vida y lo que Dios estaba haciendo en este mundo.

Jesús también fue un gran maestro, debido al poder de un mensaje de vida. Su vida validó Su mensaje. En otras palabras Él vivía lo que enseñaba. Su vida respaldaba Sus palabras y Él era coherente con todo lo que enseñaba. Nunca hubo una contradicción entre lo que hizo y lo que dijo. Él dijo: «Bienaventurados los mansos», y luego dijo:»Yo soy manso y humilde de espíritu.»

No se limitó a hablar de la oración, ¡Él de hecho oró! Cuando dijo: «Amad a vuestros enemigos, perdonad a los que os persiguen», Él no solo ofreció teología teórica. Él modeló lo que era devolver bien por mal, perdonar a sus enemigos, para amarlos y orar por ellos.

Y, por cierto, para aquellas de nosotras que estamos involucradas en enseñar la Palabra a otras—ya seas una mamá que provee escuela en el hogar, o quizás enseñas en un grupo pequeño que tiene una relación de discipulado uno a uno—hay tanto poder en el mensaje de tu vida. Una cosa para mí es simplemente enseñar la verdad a través de este ministerio, pero el poder viene cuando puedo decir, «Imítame como yo imito a Cristo». Cuando tengo un mensaje de vida. No que sea perfecta, pero estoy honestamente intentando seguir a Cristo en las cosas que estoy enseñando a otras.  Es de ahí de donde viene el poder. Porque hay poder en un mensaje de vida.

Jesús no solo enseñó a grandes multitudes. A veces la gente se pregunta, «¿Cuántas personas hay en la audiencia escuchándome enseñar?» Jesús pasó mucho tiempo centrado en la enseñanza de un pequeño grupo de 12 discípulos. Y luego, más tiempo aún, con un grupo más reducido, de tres de los discípulos que pasaron mucho tiempo con Él.

¿Qué estaba haciendo Jesús? ¿Por qué se enfocaba Él en este grupo más pequeño? Él estaba entrenando y preparando a Sus discípulos para llevar a cabo Su misión después de Su muerte, de Su resurrección y de Su ascensión al cielo. Él fue intencional al invertirse en ellos. Su intención era que cuando Él dejara esta tierra, ellos enseñaran a otros lo que Él les había enseñado. Y esos que Él enseñaba, luego enseñarían a otros, y de esta forma pasarían el testigo de la Verdad de una generación a otra.

Jesús enseñó a sus discípulos, al pasar tiempo con ellos. Vieron cómo vivió y vieron Su carácter cuando no había mucha gente alrededor; cuando no había nadie a quien impresionar. Él les dio la libertad de hacer preguntas, y entonces respondió esas preguntas. Usó experiencias cotidianas como momentos de enseñanza.

Algunas de ustedes pueden estar familiarizadas con el nombre de Howard Hendricks. Se conocía con el nombre de «El profesor» durante los 60 años que enseñó en el Seminario Teológico de Dallas. Se retiró hace unos años a la edad de 82 años. Era muy querido por toda una generación de estudiantes, y por muchos, como yo, que no fuimos a su seminario, pero que escuchamos  sus mensajes muchas veces a lo largo de los años. Sus enseñanzas y sus conferencias nunca fueron aburridas, y nunca ha habido un profesor más citado y citable que él.

El Profesor Hendricks dice:

En mis años de formación en el aula me enteré de que mis estudiantes estaban buscando desesperadamente «cómo» poner la verdad cristiana en la vida práctica, y decidí arriesgarme a tener encuentros cercanos con ellos para permitir que ellos me vieran a mi; para poder ser su guía, un facilitador—no para producir pecadores más inteligentes, sino para guiar a un hombre o a una mujer a ser más como Jesucristo. Mi objetivo no era solo informativo, sino transformador.

Eso me recuerda la enseñanza de Jesús. Su enseñanza no estaba esparciendo información ni llenando cabezas y cuadernos. Él estaba enseñando para ver vidas transformadas. Él dijo: «Las palabras que yo os he hablado, son vida». (Juan 6:63)

Y por cierto, esa es mi carga por el ministerio de Aviva Nuestros Corazones. Lo ha sido a través de todos estos años que hemos estado en el aire. Mi carga es que las mujeres no solo llenen sus cabezas y sus cuadernos con más contenido, sino que ellas sean fascinadas, detenidas, confrontadas por la verdad, y que respondan a ella, que se debatan con ella, y que sus corazones, sus vidas y sus mentes sean cambiadas por esa verdad,  que seamos transformadas juntas por las enseñanzas de Jesús, y seamos hechas a su semejanza.

Al pensar en la enseñanza de Cristo, permíteme sugerir otras dos aplicaciones, mientras consideramos a Cristo como maestro. En primer lugar tenemos que recordar que Su doctrina es la verdad absoluta. Tiene un peso y una autoridad absoluta. Cuando Cristo habla, Dios habla. Es potente, con autoridad, y se impone sobre nuestras vidas.

La enseñanza de Cristo es eterna. Nunca se vuelve obsoleta. Hemos visto que algunas cosas que se enseñaban en las aulas hace 20, 30  ó 40 años, eran incorrectas. Las nuevas evidencias y los nuevos estudios demuestran que no era así. Por el contrario la enseñanza de Cristo nunca se vuelve obsoleta. Es eternamente relevante. Es relevante para cada persona en todas las culturas en todos los períodos de tiempo de la historia. Su enseñanza se aplica a tu vida actual, para cada relación y para cada situación en que te encuentres. El desafío es escuchar, y dejar que transforme tu vida.

Alguien de nuestro equipo me decía el otro día—ella nos ha estado siguiendo a lo largo de esta serie… que después de leer este capítulo acerca de la enseñanza de Cristo del libro de Oswald Sanders “El Cristo incomparable”, me dijo: “Ese capítulo me hizo querer ser un estudiante experto. Si el autor de este libro (de la Biblia)  es el gran maestro de todos los tiempos, sería una locura no leerlo”. Espero que este sea el efecto que causen en ti las enseñanzas de Cristo.

Y una idea final. No estamos solo para ser beneficiarias de la enseñanza de Cristo, sino que debemos llegar a ser canales de su enseñanza, siempre aprendiendo y creciendo, pero siempre pasándola a otros. Eso no es solo para las personas como yo que tienen un micrófono, una plataforma, un programa de radio, y escribo libros. Eso es para gente como tú. Todas nosotras estamos llamadas como Cristo, a ser maestras.

Jesús dijo, cuando Él estaba a punto de ascender al cielo: « Id, pues, y haced discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado…” (Mateo 28:19-20). Jesús nos manda, como sus discípulos, a enseñar a otras lo que Él nos ha enseñado.

«Que la palabra de Cristo habite en abundancia en vosotros, con toda sabiduría enseñándoos y amonestándoos unos a otros…” (Colosenses 3:16). Podemos hacer eso en la vida cotidiana y en los contactos cotidianos e intercambios, en Twitter, Facebook y a través del correo electrónico—enseñando a otros lo que Dios nos ha enseñado.

«Pues aunque ya debierais ser maestros…” dice Hebreos capítulo 5. El reproducirse en otros y enseñar lo que Dios te ha enseñado a ti a través de Su Palabra es una evidencia de madurez espiritual.

Y como mujeres, muy particularmente, tenemos este mandato. Las mujeres de edad “deben enseñar lo que es bueno, y así entrenar a las mujeres jóvenes…para que la palabra de Dios no sea blasfemada”. (Ver Tito 2:3-5).

Amigas, no es necesario un aula formal. Tú no necesitas 22 estudiantes sentados en sillas mirándote a los ojos. Tú ya tienes estudiantes.

  • Las personas que te rodean.
  • Tus hijos.
  • Las personas en tu lugar de trabajo.
  • Las personas con las que te conectas de diversas maneras en tu iglesia y en tu comunidad.

Busca la forma de dirigir la conversación hacia lo eterno y hacia las necesidades del corazón de aquellas que están a tu alrededor.

Leslie: Nancy Leigh DeMoss estará de vuelta para orar. ¿Habías considerado antes la importancia de Jesús como maestro? Este mensaje me ha abierto los ojos a esta parte importante del ministerio de Jesús. Esta serie completa ha sido muy edificante. La serie se titula, El Cristo incomparable. Está abriendo mis ojos a varios  aspectos de la vida de Cristo y de Su ministerio, día a día.

Cuando las mujeres están en contacto con la Palabra de Dios de esta manera, es algo poderoso. Da forma a las actitudes, comportamientos y decisiones. Por ejemplo, Jennifer, una hermana de Chile, nos escribió para dejarnos saber lo mucho que aprecia los mensajes de Aviva Nuestros Corazones. Ella nos escribió,

¡Gracias al Señor por este ministerio! Tengo 22 años, y la primera vez que escuche a Nancy en uno de sus programas de radio, me di cuenta de muchas cosas que como mujer no estaba haciendo bien. Ahora a través de esta serie he podido ver que tengo muchas cosas que presentarle al Señor para que Él las ordene en mi vida. Nancy ha sido un gran apoyo en mi desarrollo como mujer. Ha sido como una madre para mí.

Otras hermanas como Jennifer pueden escuchar Aviva Nuestros Corazones cada día gracias a los oyentes que apoyan el ministerio financieramente. Si deseas hacer una ofrenda, te invitamos a visitar nuestra página, AvivaNuestrosCorazones.com.

La persona más talentosa, inteligente y capaz que jamás vivió fue también la más humilde. Hablaremos de esto mañana en Aviva Nuestros Corazones.

Nancy concluyó el mensaje de hoy animándonos a enseñar a otras lo que nosotras hemos aprendido acerca de Jesús. Ella ahora viene para orar para que podamos vivir esto en nuestra vida diaria:

Nancy: Padre, te pido que, tal y como Tú nos has enseñado, nos hagas canales de Tu enseñanza en las vidas de los demás. Gracias por las enseñanzas de Cristo. Gracias Señor por enseñarnos por medio de tu Espíritu Santo. Oro para que nuestros corazones, en este día, sean atrapados por la enseñanza de Tu Palabra, que podamos recibirla, que podamos abrazarla, que podamos estudiarla, que podamos meditar en ella, y que nuestras vidas sean transformadas por ella. Y que nosotras a su vez podamos ser maestras de otras, que podamos enseñarlo que Tú nos has enseñado y que así podamos adornar en todo la Palabra de Dios. Oramos en el nombre de Jesús, amén.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Usado con permiso del Ministerio Aviva Nuestros Corazones 

Tomado de: Aviva Nuestros Corazones

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

19/63 – Un Salvador Confiable | Marcos 6:45-56

Iglesia Biblica del Señor jesucristo

Serie: Marcos

19/63 – Un Salvador Confiable | Marcos 6:45-56

Ps. Sugel Michelén

 

El pastor Michelén ha formado parte del Consejo de Ancianos de Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo en Santo Domingo, República Dominicana, durante más de 30 años.Tiene la responsabilidad de predicar la Palabra regularmente en el día del Señor.Tiene una Maestría en Estudios Teológicos y es autor de varios libros: Historia de las Iglesias Bautistas Reformadas de Colombia, Coautor junto al Pastor Julio Benítez; La Más Extraordinaria Historia Jamás Contada, Palabras al Cansado – Sermones de aliento y consuelo; Hacía una Educación Auténticamente Cristiana, El que Perseverare Hasta el Fin; y publica regularmente artículos en su blog “Todo Pensamiento Cautivo”https://www.todopensamientocautivo.com/

Él es instructor asociado en Universidad Wesleyana en Indiana (IWU), extensión en español; enseña Filosofía en el Colegio Cristiano  Logos; y durante 10 años, ha sido profesor regular de la Asociación Internacional de Escuelas Cristianas (ACSI)  para América Latina. El pastor Michelén, junto a su esposa Gloria tiene tres hijos y cuatro nietos.

Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo

34 – El Cristiano y El trabajo 1ra Parte

Entendiendo los Tiempos

Primera Temporada

34 – El Cristiano y El trabajo 1ra Parte

ENTENDIENDO LOS TIEMPOS

Surge en el 2013 como programa de radio bajo la cobertura de la emisora cristiana Radio Eternidad en la estación 990am. Las temáticas de nuestro programa son diversas y contemporáneas con las necesidades que se presentan  hoy en día en la sociedad. Todo tema es llevado a la luz de la Palabra de Dios que es la única mediadora entre los hombres y la única verdad que puede hacerle libre. Tratamos diferentes temas con el propósito de entender el presente bajo una cosmovisión bíblica y actuar en base a esta. Con nuestro productor Andrés Figueroa y el equipo de Gracia TV, quienes semanalmente transmiten este programa en un formato para Radio y TV.

http://www.entendiendolostiempos.org/

https://play.google.com/store/apps/details?id=net.nowyouseeme.radioeternidad&hl=es_EC

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Salmos

Ministerios Ligonier

Renovando tu Mente

Salmos

R.C.Sproul

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La última cosa en el mundo que quisiera hacer sería cuestionar la sabiduría de Jesús, pero tengo que hacer una pregunta que siempre me ha intrigado y es esta: Que cuando los discípulos se acercaron a Jesús y le dijeron: «Señor, enséñanos a orar». Él respondió esa pregunta, por supuesto, dando la oración modelo llamada el Padre Nuestro, diciendo ‘cuando ores, ora así’.

Pero su respuesta me sorprende porque lo que yo habría pensado que haría, y estoy seguro que tenía buenas razones para no hacerlo, es que él hubiera dicho a sus discípulos: «Si realmente desean aprender cómo orar, sumérjanse en los Salmos”, porque en el libro de los Salmos tenemos una colección de 150 oraciones que fueron inspiradas originalmente por el Espíritu Santo.

Así que si quieres saber cómo se complace y se honra a Dios en oración, ¿por qué no te sumerges en las oraciones que él mismo inspiró en un momento dado?

Realmente el salterio, el libro de los Salmos, es uno de los más grandes tesoros de la iglesia cristiana. Los historiadores de la iglesia han dicho que, en esos períodos de la historia cristiana, donde una renovación, un avivamiento y un despertar apareció, y la iglesia estaba en su punto más fuerte, simultáneamente con esos períodos en la historia de la iglesia, hubo un fuerte enfoque en los Salmos en la vida del pueblo de Dios, sobre todo en la adoración del pueblo de Dios.

Martín Lutero, por ejemplo, llamó al Libro de los Salmos “la pequeña Biblia” porque vio en él un microcosmos de todo el contenido, no sólo del Antiguo Testamento, sino en su anticipación de algunos de los temas del Nuevo Testamento, que estaban ocultos, por así decirlo, dentro de ese cuerpo de literatura.

El libro de los Salmos es el libro del Antiguo Testamento más citado en el Nuevo Testamento y es muy rico en su variedad de contenido y temas. Ahora históricamente, en la vida de la iglesia, cuando hablamos de la oración, con frecuencia hemos hecho uso del acróstico ACTS (CASA en español) como una guía para esos elementos esenciales de la oración que debemos incluir cuando venimos delante el Padre.

Lo he encontrado muy útil ya que la tendencia es que cuando vamos a orar nos pasamos todo el tiempo suplicando, diciéndole a Dios lo que queremos de Él, expresando nuestras necesidades, nuestros sentimientos y cosas así, delante de Él.  Tenemos una tendencia a saltar los asuntos más importantes de la oración. Y este pequeño acróstico sirve para recordarme, por lo menos, de otros elementos cruciales en la oración, siendo el primero la adoración.

Ahora, menciono esto por la razón de que voy a dar cuatro elementos de la oración, pero cuando nos fijamos en el libro de los Salmos, los estudiosos históricamente han visto el salterio y han designado varios tipos o grupos distintos de Salmos, y por supuesto, ese listado es de más de cuatro en número, pero quiero ver algunos de los paralelismos entre este acróstico y esas distinciones de clasificación que hacemos en el Libro de los Salmos.

La “C” en la palabra CASA -al igual que en palabra inglesa ACTS, es la palabra confesión, la A representa la acción de gracias, y la S la súplica.

El apóstol en el Nuevo Testamento nos dice que debemos hacer nuestras peticiones ante Dios siempre con acción de gracias; para que la expresión de un corazón agradecido sea parte integral de la respuesta correcta del pueblo de Dios a Él en la oración.

Y, por supuesto, todas nuestras oraciones en algún punto deben incluir el elemento de la confesión de nuestros pecados. Ahora, como dije, cuando leemos los Salmos a veces casi me siento culpable porque tengo la sensación de que estoy escuchando a escondidas a un santo durante una conversación personal con Dios.

Pero a pesar de que los Salmos, en su mayor parte, fueron escritos por personas como David, y reflejan el sentido más profundo de la expresión personal de entrega, adoración y acción de gracias y alabanza y todo lo que involucra, también tenemos que entender que la función de los Salmos era corporativa en la historia de Israel.

En el verdadero sentido, el Libro de los Salmos era el himnario de Israel; o fue llamado libro de oraciones para el pueblo del pacto de Dios. Pero veamos ahora por un momento algunos de los diversos tipos de salmos que se designan en el Libro de los Salmos.

Como dije, tenemos la palabra adoración al comienzo de nuestro acróstico y cuando los estudiosos diferencian entre los distintos géneros encontrados en los Salmos, uno de los elementos más importantes podría encontrarse en lo que se conoce como salmos de alabanza.

La alabanza es un elemento importante de los Salmos. Y si recuerdas, en el Antiguo Testamento el punto esencial de la adoración era ofrecer un sacrificio a Dios, pero el sacrificio mayor que Dios deseaba era el sacrificio de alabanza.

Así que si quieres aprender a alabar a Dios correctamente, cómo expresar tu sentido de reverencia y temor y adoración ante Él, de nuevo sumérjanse en los Salmos. Salmo 8 empieza, por ejemplo, «Oh, Señor, Señor nuestro, cuán excelente”, o en nuestra traducción, “Cuán glorioso es tu nombre en toda la tierra”. Y en otro lugar leemos, «Te alabaré de todo corazón». Salmo 150, «Todo lo que respira alabe al Señor».

Una vez más, la idea de que Dios ha establecido su gloria y la puso arriba en los cielos y que por esta razón es muy digno de ser alabado, resuena en todo el libro de los Salmos.

Una segunda clasificación que encontramos es la clasificación que habla de los Salmos de sabiduría. Ahora, ustedes recuerdan que en nuestro último segmento hicimos una distinción entre la literatura de sabiduría y la literatura poética.

Ahora, los Salmos caen en ambas categorías. El libro de los Salmos es tanto sabiduría como poesía. Y así hay varios salmos en el libro de los Salmos que nos instruyen en los caminos de la sabiduría; y, obviamente, el más conocido de ellos es el primer salmo que pronuncia la bendición de Dios sobre la persona sabia: «¡Cuan bienaventurado es el hombre que no anda en el consejo de los impíos ni se detiene en el camino de los pecadores, ni se sienta en la silla de los escarnecedores, sino que en la ley del Señor está su deleite y en su ley medita de día y de noche!»

Y se dice del hombre sabio en Salmo 1 que será como árbol plantado junto a corrientes de agua fresca, que da su fruto a su tiempo; Pero el impío, por contraste, lo cual es un tema común en la sabiduría del Antiguo Testamento, no son así, sino que “son como paja que se lleva el viento», no tiene raíces, no tiene firmeza, no tiene sustancia en su vida.

Entonces el salterio empieza con esta instrucción para aquellos que quieren ser bendecidos y ser sabios para meditar día y noche en la palabra de Dios.

Ahora, un tercer tipo de salmos que encontramos con mucha frecuencia, que para algunos les resulta a veces un poco extraño, pero te pido que recuerdes que cuando hice el comentario hace unos mensajes atrás sobre el filósofo danés Kierkegaard, quien dijo que cada vez que se deprimía por la mezquindad de su propia generación, que a su juicio carecían de pasión, él centraba su atención en el Antiguo Testamento donde la gente mentía, mataba y robaba y cosas por el estilo.

Y decía: “porque al menos no es aburrido, y estas personas están apasionadamente comprometidas, existencialmente involucradas en todos los ámbitos de la vida y la existencia humana”. Bueno, una de las cosas que se nota en los Salmos es la expresión de dolor de la gente.

Dolor que se deriva de persecución, enfermedad, pérdida de seres queridos, pena, y todos esos escenarios en los cuales el dolor se levanta. Entonces, esta forma de Salmos se llama lamento.

Es interesante, no lo hemos mencionado todavía, pero uno de los libros cortos del Antiguo Testamento, presumiblemente escrito por el profeta Jeremías es el libro de las Lamentaciones. Y tenemos una tendencia a pensar en la comunidad cristiana que hay algo no espiritual al expresar el dolor o lamentar por lo que está pasando, pero la idea de expresar dolor delante de Dios está muy arraigado en el Antiguo Testamento y Jesús mismo es llamado, “varón de dolores y experimentado en aflicción”.  E incluso encontramos la forma literaria de lamento en los labios de Jesús cuando se lamenta por Jerusalén, ‘Oh, Jerusalén, Jerusalén, has apedreado a los profetas’ y a todos los enviados del Señor… “¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus pollitos… y no quisiste!”

Entonces, en el libro de los Salmos del Antiguo Testamento, tenemos a escritores de Salmos derramando sus corazones, llorando delante de Dios; como David diría, Oh Dios, “… todas las noches inundo de llanto mi lecho”.

Y encontramos este tipo de Salmos repetidamente en el Antiguo Testamento; de hecho, me gustaría dar sólo un ejemplo de ello en el salmo 102. Salmo 102 se titula: “Oración de un afligido”.  «Oh Señor, escucha mi oración, y llegue a ti mi clamor. No escondas de mí tu rostro en el día de mi angustia; inclina hacia mí tu oído; el día en que te invoco, respóndeme pronto.

Porque mis días han sido consumidos en humo, y como brasero han sido quemados mis huesos. Mi corazón ha sido herido como la hierba y se ha secado, y hasta me olvido de comer mi pan. A causa de la intensidad de mi gemido mis huesos se pegan a la piel. Me parezco al pelícano del desierto; como el búho de las soledades he llegado a ser. No puedo dormir; soy cual pájaro solitario sobre un tejado. Mis enemigos me han afrentado todo el día”.

Aquí el salmista se siente desconectado de la comunidad, despreciado por sus contemporáneos; y este es un tema importante en los salmos de lamentación, la sensación de soledad que experimentan las personas cuando sus relaciones se desmoronan y se rompen.

Pero el elemento más fuerte de lamento que encontramos es cuando el salmista siente que Dios se ha retirado y ha retirado su gloria de su presencia. ‘Oh, Señor, ¿hasta cuándo clamaré y no oirás?’ A veces, cuando leo los Salmos pienso en Lutero la noche antes de su fatídica reunión ante el emperador y ante los representantes de la iglesia en el el concilio o la Dieta de Worms en Alemania.

Cuando estaba en agonía y arrodillado ante Dios, y clamó, «Oh Dios, ¿dónde estás Tú? ¿Te estás escondiendo? Necesito tu presencia en este momento crítico». él estaba atravesando por lo que algunos han llamado la noche oscura del alma.

Por lo que, él expresó su lamento ante el Señor y al final de su oración se levantó de sus rodillas, refrescado en su espíritu y alentado en su fe y preparado para resistir al mundo por la causa de Cristo.

Y uno incluso puede percibir mientras lee la oración de Lutero, que el mismo Lutero había sido sumergido en los Salmos. Y ese lenguaje de lamento que era tan familiar para él, ya que enseñó el libro de los Salmos a sus estudiantes universitarios en Wittenberg, y uno puede ver cómo esa literatura había permeado tanto su propia vida de oración.

Como dije, cuando las personas realmente pasan mucho tiempo en los salmos, estos empiezan a salir por sus propias bocas y sus labios en sus propias oraciones.

Otro tipo de Salmos muy importante que encontramos se llama usualmente Salmos mesiánicos. Hay varios de estos en el Antiguo Testamento.

A veces son vinculados a lo que ha sido llamado Salmos Reales o Salmos de Entronización, porque gran parte de la celebración en la vida del pueblo de Israel se centró en la promesa del reino de Dios.

Y el pueblo buscó al rey ungido que habría de venir, que subiría a Sion y allí manifestaría el reino de Dios sobre su pueblo. Y hubo celebraciones en Israel cada vez que un rey era coronado, ese sería un momento religioso en su historia y los salmos especiales fueron compuestos en la antigüedad para celebrar esos acontecimientos mientras ocurrieron.

Y luego más tarde, se le dio un significado futuro a la expectativa de aquellos que buscaron la reconstrucción de la casa de David y temas similares.

Como ya he dicho, el libro de los Salmos es el libro más citado en el Antiguo Testamento. Un salmo es el pasaje que más frecuentemente se cita del Antiguo Testamento. Se trata del Salmo 110. «Dice el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra».

Y eso tiene el elemento de entronización, la promesa de la entrega de autoridad real a aquel, que es a la vez el hijo de David y el Señor de David. Salmo 110, como dije, es el verso del Antiguo Testamento más citado o aludido en el Nuevo Testamento.

El salmo dos nos da un poco de sabor de la expectativa mesiánica. Veamos eso brevemente, y luego uno más. En Salmo 2, leemos de la conspiración internacional de los reyes de este mundo.

«¿Por qué se sublevan las naciones, y los pueblos traman cosas vanas? Se levantan los reyes de la tierra, y los gobernantes traman unidos contra el Señor y contra su Ungido, diciendo: ¡Rompamos sus cadenas y echemos de nosotros sus cuerdas! El que se sienta como Rey en los cielos se ríe, el Señor se burla de ellos. Luego les hablará en su ira, y en su furor los aterrará, diciendo: Pero yo mismo he consagrado a mi Rey sobre Sion, mi santo monte.  Ciertamente anunciaré el decreto del Señor que me dijo: ‘Mi Hijo eres tú, yo te he engendrado hoy».

Y al final leemos «Ahora pues, oh reyes, mostrad discernimiento; recibid amonestación, oh jueces de la tierra. Adorad al Señor con reverencia, y alegraos con temblor.

Honren al Hijo para que no se enoje y perezcáis en el camino, pues puede inflamarse de repente su ira. ¡Cuán bienaventurados son todos los que en El se refugian!”

Salmo 22 es uno de los Salmos más notables en todo el libro. Empieza con un grito de agonía. Las palabras que dan inicio al Salmo 22 son las palabras: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?» Este salmo es sorprendente porque estas palabras, literalmente, son pronunciadas por nuestro Señor en medio de su expiación.

Y es difícil no llegar a la conclusión de que él estaba totalmente consciente al momento en que tomó sobre sí mismo la maldición del antiguo pacto por su pueblo y se expuso al abandono de Dios para redimir a su pueblo. No es de extrañar que las palabras de este Salmo vinieran a su mente mientras estaba en la cruz.

Y continúa, «¿Por qué estás tan lejos de mi salvación?» Y el verso 6: «Pero yo soy gusano, y no hombre; oprobio de los hombres, y despreciado del pueblo. Todos los que me ven, de mí se burlan; hacen muecas con los labios, menean la cabeza, diciendo: Que se encomiende al Señor; que El lo libre; que El lo rescate, puesto que en El se deleita».

El verso 12, «Muchos toros me han rodeado; toros fuertes de Basán me han cercado. Ávidos abren su boca contra mí, como un león rapaz y rugiente. Soy derramado como agua, y todos mis huesos están descoyuntados; mi corazón es como cera; se derrite en medio de mis entrañas.

Como un tiesto se ha secado mi vigor… Porque perros me han rodeado… Me horadaron las manos y los pies. Puedo contar todos mis huesos… reparten mis vestidos entre sí, y sobre mi ropa echan suertes».

Lees todo el Salmo 22 y suena como un relato de un testigo ocular de la crucifixión de Jesús, que tendrá lugar siglos más tarde. Así que los Salmos mesiánicos son muy importantes para el libro del Antiguo Testamento. Otra dimensión que llena la C en nuestro acróstico es el segmento llamado Salmos Penitenciales. Hay varios de estos. Si alguna vez quieres saber cómo confesar tus pecados ante Dios, entonces sumérgete en este grupo de salmos, los salmos de confesión; de los cuales el mayor es, por supuesto, Salmo 51, escrito por David después que fue llevado al arrepentimiento por la declaración profética de Natánen donde él clama a Dios para que Dios trate con él no de acuerdo con la justicia, sino de acuerdo con la misericordia, y que borre sus transgresiones;  y clama: «Mi pecado está siempre delante de mí».

Es un magnífico registro de la verdadera contrición en la vida del creyente. El siguiente grupo es uno de los más controversiales y sólo vamos a verlo rápidamente. Estos son los así llamados salmos imprecatorios, salmos de imprecación; y estos son los Salmos en que los santos, bajo la inspiración del Espíritu, están pidiendo maldiciones sobre sus enemigos.

Y parece ser confuso y sacude nuestra sensibilidad a la luz de la ética del Nuevo Testamento de amar a tus enemigos y versos similares. Pero recuerda que estos Salmos de imprecación están inspirados por Dios.

Y cuando David dice, «Odio a mis enemigos con un odio perfecto», lo que él está diciendo no es que él tiene esa mala voluntad, por así decirlo, un espíritu vengativo, sino ¿qué es un odio perfecto?

El odio perfecto es el tipo de odio que reproduce y refleja el odio de Dios. Creo que el pueblo de Dios que padeció bajo Hitler durante el Holocausto siempre tuvo derecho a presentarse ante Dios y orar para que Dios elimine ese flagelo del poder y de la autoridad. Me refiero de nuevo a que hay un realismo que se encuentra en las oraciones de estas personas en el Antiguo Testamento.

Finalmente, están las oraciones de acción de gracias y las que involucran una exaltación de la belleza y la maravilla y la majestad del amor de Dios o de la ley de Dios, Salmo 19, por ejemplo, y Salmo 119, el cual es un panegírico, que es el más largo de los Salmos y por completo celebra la dulzura y la excelencia de la ley de Dios.

Ese es el Salmo en el que el salmista dice: Oh, “cuánto amo tu ley». Porque, recuerden que para el judío, para el creyente, la oración fue una forma de comunicación de dos vías, y que gran parte de lo que estaban provocando estas oraciones era el resultado de meditar en la palabra de Dios, en la ley de Dios, día y noche.

Y como escuchaban la voz de Dios, entonces, expresaban con sus voces la dulzura y la maravilla de las cosas que se encuentran en su Palabra.

R.C. Sproul es el fundador de Ligonier Ministries, el maestro principal de la programación de radio Renewing Your Mind, y el editor general de la Biblia de estudio Reformation

http://www.ligonier.es

16/27 – La masculinidad de Cristo

Aviva Nuestros Corazones

Serie: El Cristo incomparable

16/27 – La masculinidad de Cristo

Nancy Leigh DeMoss

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/la-masculinidad-de-cristo/

Leslie Basham: Con ustedes Nancy Leigh DeMoss. En la voz de Patricia de Saladín.

Nancy Leigh DeMoss: El tema que estaremos hablando hoy es un tema que debo confesar no lo había pensado mucho antes de esta serie. De hecho, estuve tentada a traer a un profesor invitado el día de hoy, y cuando les diga cuál es el tema, sabrán  por qué.

Leslie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss.

En la temporada cercana al Domingo de Resurrección, nos hemos enfocado en Cristo. Nancy ha estado usando un libro clásico de Oswald Sanders como guía. El libro es “El Cristo incomparable”  [The Incomparable Christ – disponible en Inglés].

Ahora, ¿qué tema en este libro motivó a Nancy a  llamar un invitado especial?

Nancy: Hemos llegado a un capítulo en el libro titulado, “La masculinidad de Cristo”. Ahora, para serte sincera, si yo hubiera escrito un libro acerca del Cristo incomparable, probablemente no hubiera incluido un capítulo de la masculinidad de Cristo, pero estoy agradecida que Oswald Sanders lo hizo.

Una de las cosas que aprendí estudiando este capítulo, este tema. Siempre supe que era un reto ser una mujer verdadera, pero al estudiar esto, me doy cuenta de que no es menos retador ser un hombre verdadero. Y Jesús, por supuesto, es El Hombre Verdadero.

Desafortunadamente, nuestro concepto, en nuestra cultura, de lo que significa ser un hombre, ser varonil, ha sido muy confundido.  Ha sido distorsionado.  Me refiero, ¿Qué es realmente un hombre verdadero?

  • ¿Es independiente, un macho,  un pistolero como John Wayne? —“¡Nunca te disculpes, señor!”
  • ¿O es Rambo—el último guerrero?, pero ¿solitario? ¿Eso es lo que significa ser un verdadero hombre?
  • ¿O es alguien prepotente, arrogante y controlador?
  • ¿Es un hombre con un corazón salvaje?
  • ¿O es un hombre, al estilo Tom Hanks, tierno, sensible, cariñoso?

¿Qué es un verdadero hombre?

En la sesión de ayer hablamos de la humanidad de Cristo. Su humanidad es algo que Él comparte en común con nosotros, como hombres y mujeres. Y al Jesús obedecer al Padre, al Él resistir la tentación, Él modeló cualidades que deben ser vistas en todos los creyentes— sea hombre o mujer.

Pero Él exhibió esa obediencia humana como hombre, un varón, no como una mujer o como un ser andrógeno, sin sexo. Su género era masculino, y ese género no era un aspecto arbitrario de su encarnación.

Quizás nunca antes pensaste en esto, pero Dios no tiró una moneda en el cielo para decidir si Jesús iba ser hombre o mujer. El género masculino de Jesús era una parte necesaria e importante del plan redentor de Dios. Esto podría ser una sola sesión por sí misma, pero no iré por ahí. Hay muchísimas razones bíblicas para apoyar este punto—el que Jesús tenía que ser un hombre—pero aquí está el punto que quiero recalcar en esta sesión.

Y es, que Jesús vivió Su humanidad en maneras que son comunes para todos nosotros, pero también vivió Su humanidad en formas distintivamente masculinas. Él reveló piedad como un hombre. No solo era el ser humano perfecto; sino que también era el varón perfecto, y así, Él provee el modelo perfecto para los hombres.

Ahora, como he dicho, no había pensado mucho en este tema antes y he estado luchando con esto en las últimas semanas: La masculinidad de Cristo. ¿Qué significa? ¿Y qué  implica todo esto? Estoy todavía caminando sobre esto; sigo explorando todo esto. Pero déjenme compartirles algunas cosas que me han impactado desde que empecé a reflexionar en esto.

Empecé a preguntarme,  “¿Cómo ejemplifica Jesús la masculinidad perfecta? ¿Cómo desempeña Él el rol masculino? Bueno, lo hace de varias maneras.

En primer lugar, en los evangelios, al ver a Jesús moverse, operar, puedes ver su masculinidad elegante la forma que se guardó y sirvió e invirtió en las mujeres que lo rodeaban. Esto era algo fuera de lo común en una época donde la mujer era considera menos que un pedazo de  propiedad. Ves que Jesús les prestaba atención, proveía, protegía, era un caballero, por así decirlo, con las mujeres.

Ves a un Jesús que como hombre que no se comportaba extraño con las mujeres con que no estaba casado. Ahora, Él nunca estuvo casado, pero puedes ver Su capacidad de relacionarse y tener comunión y tener amistad con mujeres de manera que no era extraña o incómoda. Él era el hombre perfecto.

Lo vemos no tener miedo de invertirse en relaciones donde la gente rápidamente vería un escándalo. Los rabinos del tiempo de Jesús nunca hubieran tenido una conversación con la mujer del pozo, la mujer de mala reputación. Pero Jesús lo hizo. No se portó extraño, no tuvo miedo de entablar una conversación con esa mujer, para presentarle su necesidad de un Salvador, cuando algunas personas pudieron haberlo criticado.

Vemos como Jesús como hombre modela el balance perfecto de fuerza y ternura. Les voy a dar un par de ejemplos que se presentan, de manera interesante, en el Antiguo Testamento—dos profecías en el libro de Isaías que son acerca del Mesías y se cumplieron en Cristo. Muestran este equilibrio de fuerza y ternura.

En Isaías capítulo 40, el versículo 10, dice:

He aquí, el Señor DIOS vendrá con poder, y su brazo gobernará por Él. He aquí, con Él está su galardón, y delante de Él su recompensa.

Así que aquí tenemos el Dios de fuerza y poder quien gobierna,  quien dirige, quien juzga, quien ejecuta juicio—esa es la imagen del Mesías, una imagen de Cristo.

Pero después, en el siguiente versículo, el versículo 11 de Isaías capítulo 40 dice:

Como un pastor apacentará su rebaño, en su brazo recogerá los corderos, y en su seno los llevará; guiará con cuidado a las recién paridas.

¿Puedes ver aquí la ternura y la fortaleza? En una persona—el hombre perfecto.

Aquí hay otro ejemplo en Isaías capítulo 42, que se cita en el Evangelio de Mateo capítulo 12 y se aplica a Cristo, así que sabemos que esto es una profecía acerca de Cristo. Vemos en este pasaje que Jesús sabía cuando era apropiado hablar con suavidad y ternura y vendar las heridas de las personas. Isaías capítulo 42, el versículo 1 dice:

He aquí mi Siervo, a quien yo sostengo, mi escogido, en quien mi alma se complace. He puesto mi Espíritu sobre Él; Él traerá justicia a las naciones. No clamará ni alzará su voz, ni hará oír su voz en la calle.  No quebrará la caña cascada, ni apagará el pabilo mortecino (vv. 1-3).

Es un Salvador gentil, un Salvador tierno. Él no va a gritar cuando es tiempo de susurrar. Pero también sabía cuándo era apropiado levantar la voz y demostrar la ira de Dios en contra del pecado. En el mismo capítulo de Isaías 42 leemos el versículo 13:

El SEÑOR como guerrero saldrá, como hombre de guerra despertará su celo; gritará, sí, lanzará un grito de guerra, [este es el mismo que decía versículos anteriores que no alzará su voz ni clamará, ahora el esta gritando] contra sus enemigos prevalecerá.

El hombre perfecto, sabe cuándo susurrar, sabe cuándo gritar, sabe cuándo debe impartir misericordia, sabe cuándo debe impartir juicio. Misericordia y verdad se han unido en Cristo, el hombre perfecto.

Pero vamos por favor a un pasaje del Nuevo Testamento que no lo había pensado antes en este contexto, pero creo que nos dice mucho acerca de Cristo el hombre, acerca de Su masculinidad. Primera a los Corintios capítulo16—si tienes tu Biblia quiero pedirte que vayas allí. Y voy a leer dos versículos que describen una imagen de la masculinidad de Cristo.

Déjame explicarte un poco de contexto. Pablo está dando instrucciones a los ancianos de la iglesia de Corintio, que le habían escrito con algunas preguntas. Se refiere a estos ancianos como “hermanos” en los versículos 12 y 15.

Y entre esos dos versículos, los versículos 13 y 14, él les da cinco exhortaciones. Esos son los dos versículos que quiero ver ahora, 1 a los Corintios capítulo 16, versículo 13 y 14. Estos versículos, creo, dan una idea de las cualidades de carácter, que si bien no son exclusivamente masculinas, describen cómo debe lucir un liderazgo piadoso y varonil. En este programa, nos dirigimos a las mujeres—yo no le predico a hombres. Sé que algunos hombres me escuchan y de vez en cuando me escriben para recordarme esto, pero estoy predicando a las mujeres. Si los hombres quieren escuchar, ya depende de ellos.

Pero mujeres, es importante para nosotras saber, cuando oramos para que Dios levante líderes masculinos piadosos, ¿por qué estamos orando? ¿Qué tipo de cualidades estamos pidiéndole a Dios que ponga en nuestros pastores, en nuestros esposos, en los hombres y líderes espirituales? Pero por encima de todo, para el propósito de este programa, quiero que vean cómo estas cualidades son modeladas perfectamente en Cristo—la masculinidad de Cristo.

1era a  los Corintios capítulo 16, “Estad alerta, permaneced firmes en la fe, portaos varonilmente, [si tienen la NVI dice, “sean valientes”] sed fuertes. Todas vuestras cosas sean hechas con amor”.

Un comentarista escribió sobre este pasaje  ha señalado que las primeros cuatro de estas cinco exhortaciones, las que se encuentran en el versículo 13, son términos militares. Echemos un vistazo a cada uno de estos términos y su significado, y al hacerlo, podrás ver que esto es algo que Cristo modela.

Número uno: Estad alerta. Es un concepto de permanecer despierto, alerta, vigilante. Es la idea de un centinela que está destinado a proteger un campamento militar. Él tiene que estar continuamente en guardia. Tiene que cuidar del peligro, cuidar del enemigo. Y hombres de Dios… Ahora hay un sentido en el que todo esto se aplica a las mujeres también, pero creo que muestra particularmente características de santidad, liderazgo masculino piadoso. Vigilancia—estar en guardia en relación al peligro, a la tentación y el mal.

Pablo está diciendo, “tienen que estar alertas, tiene que estar atentos por su propia alma—como hombres—y también tienen que estar atentos por las almas de los demás, para que el enemigo no venga mientras están dormidos a causar estragos. Tu esposo, si estás casada, tiene una gran responsabilidad por tu familia, debe estar alerta, debe asegurarse que el enemigo no se introduzca en  la familia a través de los medios de comunicación o a través la cultura, o los programas de televisión o las películas que te pueden enviar en dirección opuesta a los caminos de Dios. Él tiene que estar vigilante de las tácticas sutiles del maligno. Porque él es el responsable de defender aquellos bajo su cuidado.

¿Y quién es más responsable como pastor que Cristo mismo, el Dios/hombre? Sé vigilante.

Número dos: Permaneced firmes en la fe. Este es el concepto de aferrarse a la verdad, no siendo movidos por vientos de doctrina, por modas, falsas enseñanzas. Y una vez más, nosotras como mujeres—hemos enseñado en este ministerio sobre la importancia del discernimiento, de permaneced firmes en la fe. Pero hay una gran necesidad de los hombres piadosos de mantenerse firmes en la verdad. Que sepan cuál es la verdad y que sus pies se planten ahí y sus corazones firmes en la verdad y permanezcan allí. No se moverán venga quien venga, ni por una enseñanza de moda nueva u otro enfoque. Estarán plantados firmemente en la verdad. “Estad alerta, permaneced firmes en la fe”.

Número tres: Portaos varonilmente. Ahora, esta es la única vez que esta palabra (es una sola palabra del griego) es usada en el Nuevo Testamento.

Sin embargo, en la versión griega del Antiguo Testamento, esta palabra (que es encontrada solo una vez en el Nuevo Testamento) es usada muchas veces, y cada vez es traducida como “valientes y fuertes”. Esto es portarse varonilmente actuar como un hombre, ser fuertes, ser valientes.

Puede que digas “¿Esto significa que las mujeres no deben ser fuertes ni valientes?” No, pero si quiere decir que hay un llamado específico a los corazones de los hombres para ser valientes y fuertes.  Una vez más, ¿Quién mejor modela esto que Cristo? ¿Qué tan valiente fue para ir en contra de la ola de los fariseos? Él no le temía a los fariseos. Ellos eran los líderes indiscutibles y hombres respetados de su época, pero Jesús no se doblegó ante ellos. El actuó como un hombre. Cuando supo la verdad, que siempre lo hizo, se mantuvo de pie. La defendió. Él era valiente. «Sé vigilante, permaneced firmes en la fe; actúen como hombres».

Número cuatro: sed fuertes, firmes, constantes. Alguien que es fuerte no huirá cuando lo estén atacando. Él se mantendrá firme, Vemos a Jesús inconmovible en dirección hacia Jerusalén, incluso cuando los discípulos le dijeron: «¡Oh, no puedes dejar que eso te suceda!» Jesús dijo: «Seré arrestado, seré juzgado; voy a ser crucificado, y voy a morir «, y sus mejores amigos, sus discípulos, le dijeron:» Oh, no, no, no, Jesús… No dejes que eso suceda».

Pero Jesús era fuerte, pues puso Su rostro como un pedernal en dirección a Jerusalén, el lugar donde Él sabía que iba a sufrir, el lugar donde Él sabía que iba a ser objeto de abuso y de maltrato, porque sabía que ese era el plan y la voluntad de Su Padre Celestial. Él era fuerte, firme, constante. ¡Qué hombre era Cristo!

Así que tenemos estos cuatro términos militares: “Estad alerta, permaneced firmes en la fe, portaos varonilmente, sed fuertes”. Y luego tenemos en versículo 14 de Primera a los Corintios 16, una exhortación final, que lo une todo: “Todas vuestras cosas sean hechas con amor.”

Todo tiene que ver con el motivo y la forma de actuar como un hombre, ser valiente.  Esto no es un hombre que está solo lanzándose hacia adelante, corriendo sobre las personas en su camino, causando estragos, siendo dominante, siendo autoritario. Se trata de un hombre que está haciendo todas esas cosas—ser firme, vigilante, actuando como un hombre, siendo fuerte—todo lo hace en amor. Esa es su motivación. Es su forma. No es por un beneficio propio. Él no está haciendo daño o controlando a los demás. Lo hace por amor.

Podemos ver esto en las relaciones de Cristo tanto con los hombres como con las mujeres. Siempre estaba buscando los intereses de los demás, nunca comportándose de manera inadecuada, nunca hablando ásperamente a menos que la dureza fuese necesaria como un medio por amor para derribar los corazones orgullosos de aquellos que se resistían. El hombre perfecto, el hombre verdadero es todo visto en Cristo.

Ahora, no solo en Su vida terrenal Cristo mismo se comportó de una manera varonil como un verdadero hombre, pero aún hoy, Cristo nos da un patrón de masculinidad verdadera. Recuerda  que dijimos que todavía está en ese cuerpo, en ese cuerpo humano, exaltado en el cielo. Él nos da un modelo desde cielo para la masculinidad verdadera como el Salvador, la cabeza, y el Esposo de Su Iglesia.

¿Cómo lo hace? Déjenme enumerar algunos aspectos:

  • Primero, Él toma la iniciativa en la búsqueda de Su esposa, la corteja y gana su corazón. Dios está haciendo esto en algunos de sus corazones—atrayendo sus corazones a Cristo. Es la iniciativa de Cristo que lo está haciendo.
  • Segundo,  Él demuestra Su masculinidad en ese amor tan poco común, en ese amor desinteresado y sacrificial,  Él da Su vida por la Iglesia. Él nos ha enseñado ese amor en la cruz, en su muerte sacrificial en nuestro nombre.
  • Tercero, Demuestra valentía y audacia en la protección de Su novia. Como el segundo Adán, Él interviene para revertir los efectos del fracaso del primer Adán de proteger y proveer liderazgo espiritual para la mujer.

Hoy en día oímos mucho hablar de los hombres pasivos. La pasividad fue uno de los primeros pecados de Adán. No intervino. No tomó liderazgo. No protegió a la mujer. Con esto no digo que la mujer no haya sido responsable. Si lo fue, los dos lo fueron. Pero estamos viendo aquí donde el rol se invierte y Eva toma la iniciativa, Adán es pasivo, y solo observa y deja que sucedan las cosas. Cristo revocó eso. Él interviene para revertir los efectos del fracaso de Adán. Él es un verdadero hombre. Él dirige, Él guía a Su novia. “Me guía por senderos de justicia por amor de su nombre.” (Salmos 23:3) ¡Qué hombre! ¿Puedo escuchar un amén?

  • Él es también fiel en proveer para ella. Escuchamos hoy sobre padres y hombres que no han provisto para sus hijos. Han abandonado a sus esposas e hijos. Ahora, también hay madres haciendo esto.  Pero los hombres se llevan la culpa. A veces es algo justificado, pero Cristo nunca llevará ese título. Él nunca abandona a los que Él llama para proveer.
  • Toma la responsabilidad activa de la limpieza y santificación de Su novia. Él trabaja activamente en nuestra santidad. Él es un líder. Él es un hombre. Él es un guerrero y un libertador que pelea la guerra a nuestro favor  para rescatarnos del pecado y de la esclavitud, para vencer a Satanás y la carne y en última instancia, este sistema secular. ¡Qué hombre!
  • Y finalmente lo vemos como el Rey conquistador que un día volverá por Su novia, y tendrá la victoria sobre todos los enemigos, para reinar como Señor soberano del universo por siempre y para siempre.

Ahora, como solemos decir: Ese es el «Qué». Ahora bien, ¿cuál es el «¿Y ahora qué?» La masculinidad de Cristo, ¿cuál es la aplicación para nosotras? Somos mujeres. Me refiero a las mujeres de nuestra audiencia. ¿Cuál es la aplicación de todo esto para nosotras?

Bueno, algunas mujeres dirán: «Sí, debemos señalar las cosas que los hombres no están haciendo bien ya que no están siendo como Jesús». No. Esa no es la aplicación. Para nosotras como mujeres:

Número uno: Cristo es el único hombre perfecto que vivió en esta tierra. ¡Así que no esperen que otro hombre sea lo que solo Cristo es!  Nosotras vamos a quedar decepcionadas cuando esperamos que alguien, sea hombre o mujer, sea lo que Cristo solo puede ser.

Número dos: Como mujer, puede que hayas tenido algunas experiencias… Como yo al recibir una carta esta semana de una mujer que habla de sus experiencias que causaron desconfianza en los hombres. Es posible que te hayan herido enormemente, un padre, un novio, un esposo. Puedo decir: “Mira a Cristo” Él nunca te quedará mal.  Él nunca te abandonará. Él nunca fallará. En Él tienes una imagen de lo que la verdadera masculinidad debió  ser—y que por gracia de Dios, puede hallarse en hombres que siguen a Cristo.

Y esto me lleva a este punto: Es importante para nosotras como mujeres el afirmar y alentar la masculinidad en los hombres. No trates de feminizarlos. El objetivo no es que sean más como nosotras. El objetivo es que sean más como Jesús.  Así que tenemos que orar por nuestros hermanos cristianos para que sean transformados conformen a la imagen de Cristo, al orar lo mismo para nosotras.

Permítanme dejarles con este último pensamiento acerca de la masculinidad de Cristo tomado de Juan capítulo 4, al ver a la mujer en el pozo. La Escritura dice:

Entonces la mujer dejó su cántaro, [ahí en el pozo] fue a la ciudad y dijo a los hombres: Venid, ved a un hombre… que me ha dicho todo lo que yo he hecho. [Esta es una mujer que se había casado 5 veces y estaba viviendo con un hombre que no era su esposo, pero fue atraída a Él. “Venid, ved a un hombre”] ¿No será éste el Cristo? [Un hombre, el Cristo.] Y salieron de la ciudad e iban a Él. (vv.28-30)

Esta mujer había conocido a muchos otros hombres. Ahora había llegado a casa hablando de otro hombre. Ya se podrán imaginar la gente de ese pueblo que dirían, “Sí, otro hombre, ¿qué hay de nuevo en la vida de esta mujer?” Venid, ved un hombre.” Ya nos sabemos esta cantaleta” pero ella dice, “Este es diferente”, ni uno ha sido digno de ser seguido y ser adorado por esta mujer, mucho menos toda la ciudad. Cuando ella les dijo de la masculinidad de Cristo, ellos fueron a seguirlo.

Quiero sugerir que si permitimos que la gente vea a Cristo en Su perfecta deidad, Su perfecta humanidad; si nosotras lo dejamos ver a través de nosotras, entonces ellos serán atraídos a Él. Así que nuestro mensaje no es, “Vengan, síganme” sino “Vengan, vean a este hombre. ¿No será Él el Cristo?”

Leslie: Nancy Leigh DeMoss ha estado describiendo la verdadera masculinidad. Creemos que es vivida perfectamente en la persona de Cristo. Tengo que decir que nunca había reflexionado mucho sobre la humanidad de Cristo, pero ha sido un estudio muy enriquecedor. Yo diría esto para todos los mensajes de nuestra serie actual, El Cristo incomparable.

Los mensajes siguen un esquema del libro con el mismo nombre, “El Cristo incomparable” de J. Oswald Sanders. Nancy al estudiar estos temas, ha necesitado reflexionar sobre algunos temas que nunca hubiera considerado.

Nancy: Bueno, el capítulo de Oswald Sanders acerca de la masculinidad de Cristo fue una especie de revelación para mí. No había tomado el tiempo para pensar en ello antes como lo escuchamos hoy. Es realmente un tema muy importante. Cuando los hombres abrazan la masculinidad bíblica y las mujeres abrazan la feminidad bíblica, Dios es glorificado, y juntos presentamos una imagen precisa de Cristo y Su iglesia.

Una oyente llamada Jessica ha sido retada en esta área. Ella escribió diciéndonos, “Nunca pensé que abrazaría mi rol como la mujer bíblica de la manera que lo hago ahora”.

El escuchar Aviva Nuestros Corazones le ha mostrado el valor y la belleza de vivir ese rol como mujer. Ella dice, “Gracias por su fiel obediencia a Cristo”.

Estoy tan agradecida por aquellos que donan generosamente a Aviva Nuestros Corazones y hacen estas conexiones posibles. Podemos permanecer en el aire gracias al apoyo de radioescuchas quienes tienen un corazón sensible a este mensaje.

Leslie: ¿Cómo Jesús pudo ser humano y divino a la vez? ¿Como surgió la mezcla de la divinidad y la humanidad? Es una pregunta que se ha discutido durante siglos. Nancy Leigh DeMoss te ayudará a entender esto mañana en Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Filipenses 1. “Varón de dolores”.

Usado con permiso del Ministerio Aviva Nuestros Corazones 

Tomado de: Aviva Nuestros Corazones

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

 

Predicar el Evangelio

El Púlpito de la Capilla New Park Street

Predicar el Evangelio

NO. 34

Sermón predicado el Domingo 5 de Agosto, 1855

por Charles Haddon Spurgeon

En la Capilla New Park Street.

«Porque si anuncio el evangelio, no tengo de qué jactarme, porque me es impuesta necesidad; pues ¡ay de mí si no anuncio el evangelio!» — 1 Corintios 9:16 (RVA)

El hombre más destacado de los tiempos apostólicos fue el apóstol Pablo. Él siempre fue grande en todo. Si se le considera como pecador, él fue en extremo pecador; si se le ve como perseguidor, él odiaba en extremo a los cristianos y los perseguía hasta ciudades lejanas; si se le toma como convertido, su conversión fue la más notable de todas las que hayamos leído, consumada por medio de un milagroso poder y por la propia voz de Jesús que le habló desde el cielo: «Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?» Si lo tomamos simplemente como cristiano, vemos que fue extraordinario, que amó a su Maestro más que otros, y buscaba mostrar, más que todos los demás, la gracia de Dios en su vida.

Pero si lo consideramos como apóstol y predicador de la Palabra, sobresale de manera eminente como el príncipe de los predicadores, que predicó incluso ante reyes y emperadores -como Agripa y Nerón- y, asimismo, estuvo frente a emperadores y reyes por causa del nombre de Cristo. Una característica de Pablo era que cualquier cosa que hiciera, la hacía con todo su corazón. Era del tipo de personas que no podía desempeñar una función a medias, ejercitando una parte de su cuerpo y dejando que la otra parte permaneciera indolente; sino que, cuando se ponía a trabajar, absolutamente todas sus energías -cada nervio, cada tendón- eran utilizadas al máximo en el trabajo que debía hacer, ya fuera trabajo del malo o del bueno.

Pablo, por tanto, podía hablar con toda la experiencia en lo tocante a su ministerio, puesto que él fue el mayor de los ministros. Todo lo que dice es importante; todo nos llega de lo profundo de su alma. Y podemos estar seguros de que cuando escribió esto, lo escribió con mano firme: «Si anuncio el evangelio, no tengo de qué jactarme, porque me es impuesta necesidad; pues ¡ay de mí si no anuncio el evangelio!»

Ahora bien, estoy convencido de que estas palabras de Pablo son aplicables a muchos ministros en nuestros días; a todos aquellos que tienen un llamado especial, que son guiados por el impulso interno del Espíritu Santo a ocupar la función de ministros del Evangelio. Al considerar este versículo, responderemos a tres preguntas el día de hoy: primero, ¿qué es predicar el Evangelio? En segundo lugar, ¿por qué el ministro no tiene de qué jactarse? Y en tercer lugar, ¿cuál es esa necesidad y esa preocupación involucradas en el versículo: «Porque me es impuesta necesidad; pues ¡ay de mí si no anuncio el evangelio!»?

I. La primera pregunta es: ¿Qué es predicar el Evangelio? Hay muchas respuestas para esta pregunta, y posiblemente aquí mismo, en mi audiencia (aunque yo creo que somos muy uniformes en nuestras convicciones doctrinales) pueden hallarse dos o hasta tres respuestas rápidamente disponibles a esta pregunta: ¿Qué es predicar el Evangelio? Intentaré, por tanto, responderla yo mismo de conformidad con mi propio juicio, con la ayuda de Dios, y si sucede que no es la respuesta correcta, están ustedes en completa libertad de encontrar una mejor, mediante su propio discernimiento.

1. La primera respuesta que daré a la pregunta es ésta: Predicar el Evangelio es exponer cada doctrina contenida en la Palabra de Dios, y dar a cada verdad su propia importancia. Los hombres pueden predicar una parte del Evangelio; pueden predicar únicamente una sola doctrina del Evangelio; y yo no diría que un hombre no predica en absoluto el Evangelio si sólo sostuviera la doctrina de la justificación por la fe, «Porque por gracia sois salvos por medio de la fe». Yo lo consideraría un ministro del Evangelio, pero es alguien que no predica todo el Evangelio. No puede afirmarse que un hombre predica el Evangelio completo de Dios, si hace a un lado, a sabiendas e intencionalmente, una sola verdad de nuestro bendito Dios.

Este comentario mío debe ser muy punzante y estallar en las conciencias de muchas personas que, casi como un asunto de principios, no comparten ciertas verdades con la gente debido a que temen esas verdades.

En una reciente conversación con un eminente creyente, hace un par de semanas, me decía: «señor, sabemos que no debemos predicar la doctrina de la elección, ya que no tiene la capacidad de convertir a los pecadores.» Yo le respondí: «¿pero quién se atreve a identificar fallas en la verdad de Dios? Usted está de acuerdo conmigo en que la elección es una verdad y, sin embargo, usted afirma que no debe predicarse. Yo no me atrevería a afirmar algo así. Considero que es una arrogancia suprema atreverse a decir que una doctrina no debe predicarse, cuando Dios, en su suprema sabiduría, ha querido revelarla a los hombres.»

Además, me preguntaría: ¿El fin de todo el Evangelio es convertir a los pecadores? Hay ciertas verdades que Dios bendice para conversión de los pecadores, pero ¿acaso no hay otras verdades destinadas a traer consuelo a los santos? Y, ¿no deberían, estas verdades, ser objeto del ministerio de la predicación, igual que las demás? ¿Debo tomar en cuenta unas y descartar otras? No: si Dios dice: «¡Consolad, consolad a mi pueblo!», si la elección consuela al pueblo de Dios, entonces debo predicarla. Sin embargo, no estoy tan convencido de que la doctrina de la elección no pueda convertir pecadores.

El gran Jonathan Edwards nos dice que, en el momento culminante de uno de sus avivamientos, predicaba acerca de la soberanía de Dios tanto en la salvación como en la condenación del hombre, y mostraba que Dios era infinitamente justo si enviaba a los hombres al infierno; que Él era infinitamente misericordioso si salvaba a algunos, y que todo provenía de Su inmerecida gracia soberana. Y decía: «No he encontrado ninguna otra doctrina que promueva tanta reflexión: nada encuentra un mejor camino al corazón del hombre que la predicación de esta verdad.»

Lo mismo puede decirse de otras doctrinas. Hay ciertas verdades en la palabra de Dios que están condenadas al silencio; porque, en verdad, no deben expresarse, ya que, de acuerdo con las teorías que ciertas personas sostienen de estas doctrinas, no están orientadas a promover ciertos fines. Pero, ¿nos corresponde a nosotros juzgar la verdad de Dios? ¿Debemos poner Sus palabras en la balanza y decir: «Esto es bueno y esto es malo»? ¿Debemos tomar la Biblia y amputarla y decir: «Esto es paja y esto es grano»? ¿Debemos deshacernos de alguna de las verdades diciendo: «No me atrevo a predicarla»? No: Dios no lo quiera. Cualquier cosa que está escrita en la Palabra de Dios, está escrita para instrucción nuestra: toda ella es útil, ya sea para reprensión o para consuelo o para la instrucción en justicia. Ninguna verdad de la Palabra de Dios debe ocultarse, sino que cada porción de ella debe predicarse según su propio sentido.

Algunos hombres se limitan intencionalmente a cuatro o cinco tópicos que predican de manera continua. Si te aventuras a entrar a sus iglesias, naturalmente esperarás oírlos predicar sobre este versículo: «Ni de la voluntad de la carne, sino de Dios» o, si no, sobre este otro: «Elegidos conforme al previo conocimiento de Dios Padre.» Ustedes saben muy bien que al entrar a esas iglesias escucharán únicamente acerca de la elección y que todo proviene de Dios. Esos individuos se equivocan tanto como los otros, dando demasiada importancia a una verdad y olvidando a las demás. Sobre cualquier cosa que deba predicarse -llámenla con el nombre que quieran-, la norma del verdadero cristiano es la Biblia, toda la Biblia y nada más que la Biblia.

Desgraciadamente, muchos forjan un círculo de hierro alrededor de sus doctrinas, y cualquiera que ose dar un paso mas allá de ese pequeño círculo, no es considerado como poseedor de sana doctrina. En ese caso, ¡Dios bendiga a los herejes! Señor, ¡envíanos más herejes! Muchos convierten a la teología en una especie de cilindro con cinco doctrinas que rotan de manera indefinida; nunca se aventuran a otros temas. Debe predicarse toda la verdad. Y si Dios ha escrito en Su palabra «El que no cree ya ha sido condenado», eso debe predicarse tanto como «Ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús». Si leo: «Oh Israel, tú te has destruido a ti mismo» (versión King James), la condenación de ese hombre es su propia obra; debo predicar eso al igual que la frase siguiente: «En Mí se encuentra tu ayuda» (versión King James).

Cada uno de nosotros, a quienes se nos ha confiado el ministerio, debe buscar predicar toda la verdad. Sé que puede resultar imposible tratar de decir toda la verdad. La alta colina de la verdad tiene brumas que envuelven su cima. Ningún ojo humano puede ver la cumbre; tampoco ningún pie humano la ha hollado alguna vez. Sin embargo, podemos intentar pintar la bruma, ya que no podemos pintar la cima. Intentemos describir el misterio, ya que no podemos explicarlo. No encubramos nada; si hay nubes en la cima de la montaña de la verdad, digamos: «Nube y oscuridad hay alrededor de ella.» No lo neguemos; y no pensemos en reducir la montaña de acuerdo con nuestro propio estándar, simplemente porque no podemos ver la cima o porque no podemos alcanzar la cumbre. El que quiera predicar el Evangelio debe predicar todo el Evangelio. Quien quiera ser considerado un ministro fiel, no debe hacer a un lado ningún aspecto del Evangelio.

2. Nuevamente, si me preguntan: ¿Qué es predicar el Evangelio? Contesto que predicar el evangelio es exaltar a Jesucristo. Tal vez ésta sea la mejor respuesta que puedo ofrecer. Me entristece comprobar a menudo cuán poco se entiende el Evangelio, aun entre algunos de los mejores cristianos.

Hace algún tiempo una joven mujer se encontraba en medio de una gran tribulación en su alma; ella se acercó a un hombre cristiano muy piadoso, quien le dijo: «Mi querida amiga, debes irte a casa a orar.» Yo pensé para mis adentros que eso no es nada bíblico. La Biblia no dice: «Vete a casa y ora.» La pobre joven se fue a casa y oró y continuó sufriendo su tribulación. Él le dijo: «Debes tener paciencia, debes leer las Escrituras y estudiarlas.» Eso tampoco es bíblico; eso no es exaltar a Cristo.

Encuentro que muchos predicadores están predicando esa clase de doctrina. Le dicen a un pobre pecador convencido: «Tienes que ir a casa y orar, y leer las Escrituras; debes asistir al culto…», etcétera. Obras, obras, obras, en vez de: «Por gracia sois salvos por medio de la fe.» Yo le diría: «Cristo debe salvarte, cree en el nombre del Señor Jesucristo.» Yo no le diría a nadie, en esas circunstancias, que ore o que lea las Escrituras o que asista al templo; le presentaría la fe, la fe simple en el Evangelio de Dios. No es que menosprecie la oración; eso debe venir después de la fe. No es que diga ni una palabra en contra de buscar en las Escrituras; ésa es una señal infalible de ser hijo de Dios. No es que tenga objeciones en contra de ir al templo a escuchar la palabra de Dios, ¡Dios no lo quiera! Me gozo viendo a la gente en el templo. Pero ninguna de esas cosas es el camino de la salvación. En ninguna parte está escrito: «El que asista al templo será salvo» o «El que lea la Biblia será salvo». No he leído en ninguna parte: «El que ore y sea bautizado será salvo»; pero sí: «El que cree» -el que tiene una fe desnuda en el «Hombre Cristo Jesús»- «en Su Divinidad, en Su humanidad, es librado del pecado. Predicar que sólo la fe salva es predicar la verdad de Dios.»

Tampoco reconoceré a nadie como ministro del Evangelio, en ningún momento, si predica como plan de la salvación cualquier otra cosa que no sea la fe en Jesucristo; es la fe, la fe y solamente la fe en Su nombre. Pero la mayoría de las personas se encuentra enredada en sus propias ideas. Tenemos tanto concepto del trabajo almacenado en nuestro cerebro, tal idea del mérito y de las obras labrada en nuestros corazones, que nos resulta casi imposible predicar de manera clara y completa la justificación por la fe. Y si llegamos a hacerlo, entonces la gente no puede recibirla. Les decimos: «Cree en el Señor Jesús y serás salvo.» Pero ellos tienen la noción de que la fe es algo tan maravilloso y misterioso, que es casi imposible que la puedan alcanzar sin tener que hacer algo más.

Sin embargo, esa fe que nos une al Cordero es un don instantáneo de Dios, y aquel que cree en el Señor Jesús es salvo en el momento, sin ningún otro requerimiento. ¡Ah!, mis amigos, ¿acaso no queremos exaltar más todavía a Cristo en nuestra predicación, y exaltar más aún a Cristo en nuestras vidas? La pobre María dijo: «Han sacado al Señor del sepulcro y no sabemos dónde le han puesto», y podría decir ahora lo mismo si saliera de la tumba. ¡Oh, que haya siempre un ministerio que sólo exalte a Cristo! ¡Oh, que la predicación siempre lo muestre a Él como Profeta, Sacerdote y Rey para Su pueblo! ¡Que el Espíritu manifieste al Hijo de Dios a Sus hijos a través de la predicación! Necesitamos tener una predicación que diga: «¡Mirad a mí y sed salvos, todos los confines de la tierra!»

¡Predicación del Calvario, teología del Calvario, libros sobre el Calvario, sermones sobre el Calvario! Éstas son las cosas que queremos y en la proporción en que el Calvario sea exaltado y Cristo sea engrandecido, en esa medida el Evangelio es predicado en nuestro medio.

3. La tercera respuesta a la pregunta planteada es: predicar el Evangelio es dar a los diferentes tipos de personas lo que requieran. «Sólo debes predicar al pueblo de Dios, cuando estés en ese púlpito», le dijo una vez un diácono a un ministro. El ministro respondió: «¿Has marcado a todo el pueblo de Dios en la espalda, para poder reconocerlo?» ¿De qué sirve esta gran capilla si sólo voy a predicar al amado pueblo de Dios? Son demasiado pocos. El amado pueblo de Dios puede caber en un pequeño salón. Tenemos aquí mucha gente que no pertenece al amado pueblo de Dios, mas ¿cómo puedo saber si la predicación que me piden que dirija al pueblo de Dios no puede también alcanzar a alguien más? Alguien podría decir por otro lado: «Por favor, predica a los pecadores. Si no predicas a los pecadores esta mañana, no habrías predicado el Evangelio. Te escucharemos sólo una vez, y tendremos la certeza de que no caminas correctamente, si no predicas particularmente a los pecadores en esta mañana, en este sermón en particular.» ¡Qué tontería, mis amigos!

Hay momentos en que debe alimentarse a los hijos, y hay otras ocasiones en que debe advertirse a los pecadores. Hay propósitos diferentes para ocasiones diferentes. Si un ministro predica a los santos de Dios, y no dice nada a los pecadores, está actuando correctamente, siempre y cuando en otras oportunidades en que no esté consolando a los santos, dirija su atención de manera especial a los impíos. Escuché, el otro día, un buen comentario de un amigo mío muy inteligente. Una persona estaba criticando las fallas de Lecturas para la Mañana y para la Noche, del Dr. Hawker, ya que no tenían por objetivo la conversión de los pecadores. Mi amigo le dijo al caballero: «¿Has leído la Historia de Grecia escrita por Grote?» -«Sí». -«Pues bien, ¿no es cierto que ése es un libro chocante, puesto que no tiene por objetivo la conversión de los pecadores?» «Sí» -respondió el otro-, «pero la Historia de Grecia, escrita por Grote, no fue escrita para convertir a los pecadores.» «No» -respondió mi amigo- «y si tú hubieras leído el prefacio de Lecturas para la Mañana y para la Noche, del Dr. Hawker, habrías visto que ese libro no fue escrito para convertir a los pecadores, sino para alimento del pueblo de Dios, y si cumple con ese objetivo, entonces el escritor ha sido sabio, aunque no haya tenido otro objetivo.»

Cada grupo de personas debe recibir lo suyo. El que predica únicamente a los santos y sólo a ellos, no predica el Evangelio completo; el que predica únicamente a los pecadores y sólo a ellos, y nunca a los santos, no predica el Evangelio completo. Nosotros tenemos aquí una mezcla de todo. Tenemos al santo que está lleno de seguridad y es fuerte; tenemos al santo que es débil y de poca fe; tenemos al recién convertido; tenemos al hombre que duda entre dos opiniones; tenemos al hombre moral; tenemos al pecador; tenemos al réprobo; tenemos al marginado. Cada uno de esos grupos debe recibir su palabra. Cada uno de ellos debe recibir su porción de alimento a su tiempo; no en todo tiempo, sino a su debido tiempo. El predicador que olvida a alguno de esos grupos no sabe cómo predicar el Evangelio completo. ¡Qué! ¿Me pueden exigir que me limite en el púlpito a predicar ciertas verdades únicamente, para confortar a los santos? No lo puedo aceptar. Dios les da a los hombres corazones para que amen a su prójimo y, por tanto, deben desarrollar esos corazones. Si amo a los impíos, ¿no debo tener los medios para hablarles? ¿No puedo hablarles acerca del juicio venidero, de la justicia y de su propio pecado?

Dios no permita que yo corrompa de tal manera mi naturaleza y de tal manera me endurezca, que no llegue a derramar ninguna lágrima, cuando considere la perdición de los seres humanos que me rodean, y cuando de pie me dirija a ellos así: «¡Ustedes están muertos, por tanto no tengo nada que decirles a ustedes!» y cuando en realidad predique (aunque no sea con palabras) esa herejía tan abominable, que si los hombres están destinados a la salvación, entonces se salvarán, y que si no están destinados a la salvación, entonces no se salvarán; que entonces, necesariamente, deben quedarse quietos y no hacer absolutamente nada; y que no tiene ninguna importancia si viven en pecado o en justicia; un destino fatal los tiene aprisionados con cadenas inquebrantables y su destino está tan determinado que pueden continuar tranquilamente viviendo en pecado.

Creo que su destino está determinado. Como elegidos se salvarán, y si no son elegidos, están condenados para siempre. Sin embargo, no creo en la herejía -que se deriva como una inferencia- que establece que, por lo tanto, los hombres no son responsables y no deben hacer nada. Ésa es una herejía a la cual siempre me he opuesto, ya que es una doctrina del demonio y no de Dios. Creemos en el destino; creemos en la predestinación; creemos en que hay elegidos y no elegidos: pero, a pesar de ello, creemos que debemos predicar a los hombres: «Cree en el Señor Jesús y serás salvo», pero si no crees en Él, estás condenado.

4. Había pensado dar una respuesta adicional a la pregunta, pero no me alcanza el tiempo. La respuesta habría sido algo así como: predicar el Evangelio no es predicar ciertas verdades acerca del Evangelio; no es predicar acerca de la gente, sino predicar a la gente. Predicar el Evangelio no consiste en hablar sobre lo que el Evangelio es, sino en predicarlo al corazón, no por medio de tu propio poder, sino bajo la influencia del Espíritu Santo. No es estar en el púlpito y hablar como si nos estuviéramos dirigiendo al ángel Gabriel diciéndole ciertas cosas, sino hablar de hombre a hombre y derramar nuestro corazón en el corazón del compañero. Esto, creo yo, es predicar el Evangelio, y no pronunciar entre dientes algún árido manuscrito el domingo en la mañana o en la noche. Predicar el Evangelio no es mandar a un cura para que haga el trabajo por ti; no es vestir la ropa fina y pronunciar una altísima disertación. Predicar el Evangelio no es, con las manos de obispo, hacer una oración que constituye un bello ejemplar y luego ceder el púlpito para que una persona más humilde predique. No.

Predicar el Evangelio es proclamar con lengua de trompeta y celo encendido las inescrutables riquezas de Cristo Jesús, para que los hombres puedan oír, y entendiendo, puedan volverse a Dios con todo su corazón. Esto es predicar el Evangelio.

II. La segunda pregunta es: ¿POR QUÉ NO LES ES PERMITIDO A LOS MINISTROS GLORIARSE? «Porque si anuncio el evangelio, no tengo de qué jactarme.» Hay maleza que puede crecer en cualquier parte, y una maleza que puede crecer es el ORGULLO. El orgullo puede crecer tanto en una roca como en un jardín. El orgullo crece en el corazón de un limpiabotas y crece en el corazón de un político. El orgullo crece en el corazón de una muchacha de servicio e igualmente crece en el corazón de su señora.

Y el orgullo puede también crecer en el púlpito. Es una hierba que se esparce de manera terrible. Requiere cortarse cada semana, pues, de otra forma, estaríamos hundidos hasta nuestras rodillas en él. Este púlpito es un excelente terreno para el orgullo. Crece de manera desenfrenada, y yo estoy seguro que difícilmente encontrarían a un predicador del Evangelio que no confiese que tiene una muy fuerte tentación hacia el orgullo. Yo supongo que incluso aquellos ministros sobre los que no se comenta nada, pero que son gente muy buena y tiene una iglesia en una ciudad grande a la que asisten al menos seis personas, sufren la tentación del orgullo.

Pero independientemente de que eso sea así o no, estoy seguro de que dondequiera que haya una gran asamblea y dondequiera que haya mucho ruido y agitación en relación a un hombre, hay allí un grave peligro de orgullo. Y, véanlo bien, entre más orgulloso sea un hombre, más estrepitosa será su caída al final. Si la gente sostiene en sus brazos en alto a un ministro y deja de sostenerlo y lo suelta, ¡qué golpazo se dará el pobre individuo al término de todo! Así les ha ocurrido a muchos. Muchos hombres han sido sostenidos en alto por los brazos de otros hombres; han sido sostenidos en alto por los brazos de la alabanza y no por la oración; estos brazos se han debilitado y han caído al suelo.

Digo que hay la tentación al orgullo en el púlpito; pero no hay razón para el orgullo en el púlpito; no hay terreno para que crezca el orgullo; pero crecerá de todas maneras. «No tengo de qué jactarme.» Pero, a pesar de todo ello, a menudo se introduce algún motivo para enorgullecernos, no real, sino aparente para nosotros mismos.

1. Ahora, ¿cómo es que un verdadero ministro siente que «no tiene de qué jactarse»? Primero, porque está muy consciente de sus propias imperfecciones. Creo que nadie se formará una opinión más justa de sí mismo que quien es llamado constante e incesantemente a orar.

Una vez un hombre pensó que podía predicar, y cuando le fue permitido ocupar el púlpito, encontró que las palabras no fluían libremente como él esperaba y en un momento de ansiedad nerviosa y temor, se inclinó hacia delante sobre el púlpito y dijo: «Amigos míos, si ustedes se subieran al púlpito, perderían toda la soberbia que pudieran poseer.» Creo que eso les pasaría a muchos, si intentaran alguna vez la predicación. Les quitaría la inclinación a criticar y les haría pensar que, después de todo, la predicación no es un trabajo fácil. Cuando se predica mejor es cuando se piensa que se ha predicado mal. Quien se ha fijado en la mente un elevado concepto de lo que debe ser la elocuencia y una arenga sincera, sabrá qué tan corto se queda. Él, mejor que nadie, puede reprobarse cuando reconoce su propia deficiencia. No creo que un hombre deba gloriarse cuando hace algo bien. Por otro lado, creo que él será el mejor juez de sus propias imperfecciones y que las verá claramente. Él sabe lo que debe ser: otros hombres no. Miran y ven y piensan que todo es maravilloso, mientras que el predicador piensa que todo es maravillosamente absurdo, y se retira meditando en las cosas en las que ha fallado.

Cualquier ministro verdadero sentirá sus deficiencias. Se comparará a sí mismo con hombres tales como Whitfield, con predicadores de la talla de los puritanos, y dirá: «¿Qué soy yo? Un enano al lado de un gigante; el montículo de un hormiguero al lado de una montaña.» Cuando se retira a descansar el domingo por la noche, dará vueltas en su cama porque siente que erró el tiro, que no ha tenido la vehemencia, la solemnidad, la mortal intensidad de propósito que requería su función. Se reprochará por no haber enfatizado lo suficiente algún punto, o por haber evitado algún otro, o por no haber sido lo suficientemente explícito en algún tema en particular, o por haber considerado demasiado algún otro. Verá sus propias fallas, ya que Dios siempre disciplina a sus hijos en la noche, cuando han hecho algo mal. No necesitamos que otros nos reprendan; Dios mismo lo hace directamente. El ministro más honrado por Dios a menudo se sentirá deshonrado en su propia estima.

2. Además, otro medio que nos lleva a no jactarnos es el hecho de que Dios nos recuerda que todos nuestros dones son prestados. Y de manera sorprendente, al leer un periódico esta mañana, esta verdad me fue recordada: que todos nuestros dones son prestados. El artículo dice así: «La semana pasada, la quieta comunidad de Pueblo Nuevo fue trastornada por un evento que ha traído tristeza a la comunidad completa. Un caballero muy exitoso, que había obtenido un título universitario con honores, se ha vuelto loco desde hace algunos meses. Él había administrado una academia para la educación de jóvenes, pero su locura lo ha obligado a abandonar su ocupación, y desde hace algún tiempo ha vivido solo en una casa en esa comunidad. El casero obtuvo una orden de desalojo; y habiendo sido necesario esposarlo, lo dejaron negligentemente sentado en unas escaleras a la vista de una gran multitud, hasta que llegó el medio de transporte que lo condujo al asilo. Uno de sus alumnos (según el periódico) es el Sr. Spurgeon.»

¡El hombre que me enseñó todo lo que sé en cuanto a conocimiento humano, se ha convertido en un loco de atar! Al darme cuenta de eso, sentí que podía doblar mi rodilla con humilde gratitud y dar gracias a Dios que mi razón no se ha tambaleado y que sus poderes permanecen intactos. ¡Oh, cuán agradecidos debemos estar de que nuestros talentos nos hayan sido preservados y que nuestra mente sea sana! Ninguna otra cosa me habría podido afectar más directamente. Ese gran hombre se había esforzado juntamente conmigo, un hombre de genio y habilidad; y ¡miren en lo que se había convertido! ¡Cómo ha caído! ¡Cómo ha caído! ¡Cuán velozmente la naturaleza humana cae desde la altura y se hunde por debajo del nivel de los animales!

¡Bendigan al Señor, amigos míos, por los talentos que les ha dado! ¡Den gracias al Señor por la razón y por el intelecto que poseen! Aunque éstos no sean muy sofisticados, responden a sus necesidades; y si los llegasen a perder, pronto se darían cuenta de la diferencia. Tengan mucho cuidado de no pensar en relación con cualquier tema: «¿No es ésta la gran Babilonia que yo edifiqué?» Siempre debemos recordar que tanto la cuchara de albañil como la mezcla nos vienen de Dios. La vida, la voz, el talento, la imaginación, la elocuencia, todos son dones de Dios; y quien haya recibido los mayores dones, debe sentir que a Dios pertenece el escudo de los poderosos, puesto que Él ha dado poder a Su pueblo y fortaleza a Sus siervos.

3. Otra respuesta a la pregunta. Otro medio que utiliza el Señor para preservar a sus ministros de la tendencia a jactarse, es éste: Él les hace sentir su dependencia constante del Espíritu Santo. Confieso que algunos ministros no sienten eso. Algunos se atreven a predicar sin el Espíritu de Dios o sin haberle orado. Pero pienso que ningún hombre que verdaderamente haya sido llamado de lo alto, se atreverá a hacer eso, sino más bien sentirá que necesita al Espíritu.

Una vez que me encontraba predicando en Escocia, el Espíritu de Dios quiso dejarme solo; no pude hablar como usualmente lo hago. Tuve la necesidad de decirle a la gente que el coche había perdido sus ruedas; que el coche se arrastraba pesadamente. He sentido el beneficio de eso desde entonces. Fui humillado amargamente y pude haberme arrastrado bajo la cáscara de una nuez o pude haberme escondido en cualquier oscuro rincón de la tierra. Sentí como si no debía hablar más en el nombre del Señor; y entonces me vino el pensamiento: «¡Oh!, eres una criatura ingrata, pues ¿no ha hablado Dios por tu medio cientos de veces? Y, por esta vez que no quiso hacerlo, ¿vas a reconvenir a Dios por eso? Más bien dale gracias por los cientos de veces que ha estado a tu lado; y si alguna vez te ha abandonado, entonces admira Su bondad de mantenerte humilde por este medio.» Algunos pueden pensar que fue el poco estudio lo que me llevó a esa situación, pero puedo afirmar con toda honestidad, que no fue eso. Pienso que estoy obligado a estudiar con dedicación y así no tentar al Espíritu con sermones sin preparación. Usualmente considero mi deber pedir la guía del Señor para mis sermones y le imploro que lo grabe en mi mente; pero en esa ocasión, creo que me había preparado más cuidadosamente de como ordinariamente lo hago, de tal forma que la falta de preparación no era la causa. La simple causa fue: «El viento sopla de donde quiere», y los vientos no siempre son huracanados. En algunas ocasiones el viento está quieto. Y, por tanto, si me apoyo en el Espíritu, debo saber que no siempre sentiré su poder con la misma fuerza. ¿Qué haría yo sin la influencia celestial, ya que a ella le debo todo? Por medio de este pensamiento Dios humilla a los que le sirven. Dios nos enseñará cuánto lo necesitamos. No permitirá que pensemos que hacemos algo por nosotros mismos. «No -dice Él-, no te corresponde nada de la gloria. Voy a humillarte. ¿Estás pensando: yo hago esto? Te mostraré lo que eres sin Mí.»

Vemos a Sansón ir tras los filisteos para atacarlos. Él se imagina que puede matarlos, pero los filisteos están encima de Sansón. Le sacan los ojos. Su gloria se esfuma, porque no confió en su Dios, sino que confiaba en sí mismo. Cada ministro será llevado a sentir su dependencia en el Espíritu; y entonces dirá con énfasis, igual que Pablo: «Porque si anuncio el evangelio, no tengo de qué jactarme.»

III. Ahora viene la tercera pregunta, con la cual concluiremos este mensaje. ¿CUÁL ES ESA NECESIDAD QUE NOS ES IMPUESTA DE PREDICAR EL EVANGELIO?

1. En primer lugar, una gran parte de esa necesidad se debe al llamamiento mismo. Si un hombre es verdaderamente llamado por Dios para el ministerio, lo desafío a que se niegue a aceptar el llamamiento. Un hombre que verdaderamente tiene en su seno la inspiración del Espíritu Santo que lo ha llamado a predicar, no puede dejar de hacerlo. Tiene que predicar. Como fuego en los huesos, así será esa influencia hasta que proyecte sus llamas hacia fuera. Los amigos pueden querer frenarlo, los enemigos criticarlo, los despreciadores burlarse de él, pero el hombre es indomable; él tiene que predicar si tiene el llamado del cielo. Todo el mundo lo puede abandonar; pero él le predicaría a las áridas cumbres de las montañas. Si tiene el llamado del cielo, aunque no tenga una congregación, le predicaría a las cascadas y daría su voz a los riachuelos. No podría callarse. Sería una voz proclamando en el desierto: «Preparad el camino del Señor.» No creo que se pueda detener a un ministro de la misma forma que no se puede detener a las estrellas del cielo. No creo que se pueda lograr que un ministro deje de predicar, si realmente tiene el llamado, de la misma manera que no se puede detener a las poderosas cataratas queriendo consumir sus aguas con la tacita de un niño.

El hombre que ha sido guiado por el cielo no puede ser detenido por nadie. Ha sido tocado por Dios y nadie le impedirá predicar. Volará sobre alas de águila y nadie podrá encadenarlo a la tierra. Hablará con la voz de un serafín y nadie podrá cerrar su boca. ¿No es su palabra como un fuego dentro de mí? ¿Debo de callar cuando Dios ha colocado su Palabra en mí? Y cuando un hombre habla de conformidad con lo que el Espíritu le da a hablar, siente un gozo semejante al cielo; y cuando termina desea volver a su trabajo de nuevo y ansía estar predicando nuevamente. Yo creo que los jóvenes que predican tan sólo una vez a la semana y piensan que ya han cumplido con su deber, no han sido llamados por Dios a una gran obra. Pienso que si Dios ha llamado a alguien, lo impulsará a predicar constantemente y sentirá que debe predicar en medio de las naciones, las riquezas inescrutables de Cristo.

2. Pero otra cosa nos hará predicar: sentiremos «¡ay de mí si no anuncio el Evangelio!» y ésa es la triste carencia de este pobre mundo caído. ¡Oh ministro del Evangelio, haz un alto por un instante y piensa en tus pobres prójimos! ¡Velos como un arroyo, apresurándose a la eternidad; diez mil vuelan a su morada eterna cada solemne momento! ¡Mira el término de ese arroyo, esa tremenda catarata que lanza corrientes de almas al abismo! Oh, ministro, piensa que los hombres se condenan por millares cada hora, y que cada vez que late tu pulso, una nueva alma abre sus ojos en el infierno en medio de tormentos; piensa en cómo los hombres aceleran su camino a la destrucción, cómo «el amor de muchos se enfría» y «abunda la iniquidad». Te pregunto: ¿no sientes una gran necesidad? ¿No sientes el ¡ay de mí si no predico el Evangelio!?

Camina una tarde por las calles de Londres en el momento del ocaso, cuando la oscuridad abriga a la gente. ¿No ves a aquella ramera caminar veloz a su maldito trabajo? ¿No ves a miles y miles de millares lanzados a la ruina cada año? Del hospital y del asilo salen voces que dicen: «¡Ay de ti si no predicas el evangelio!» Acércate a ese gran edificio construido con paredes impresionantes; entra en los calabozos y mira allí a los ladrones que por años han gastado sus vidas en el pecado. Ábrete paso en alguna ocasión hacia la triste plaza de Newgate y mira al asesino ajusticiado. Una voz saldrá de cada institución correccional, de cada prisión, de cada patíbulo, diciendo: «¡Ay de ti si no predicas el evangelio!»

Acércate a las camas de los moribundos y observa cómo los hombres mueren en la ignorancia sin conocer los caminos del Señor. Mira el terror en sus rostros conforme se acercan a su Juez, sin haber conocido la salvación, sin haber siquiera conocido el camino; y mientras los ves temblando ante su Hacedor, escucha una voz: «Ministro, ay de ti si no predicas el evangelio.»

Puedes también seguir otra ruta. Ve alrededor de esta gran metrópolis y párate a la puerta de algún lugar donde se escuchen el sonar de campanillas, cantos y música, pero bajo el total influjo de la ramera de Babilonia, donde las mentiras se predican como verdades; y cuando regreses a casa y pienses en los Papas, deja que una voz te recuerde: «Ministro, ay de ti si no predicas el evangelio.» O entra en la habitación del infiel, donde blasfema en contra de su Hacedor; o asiste al teatro donde se ponen en escena obras llenas de lujuria y libertinaje, y de lo profundo de todos estos antros de vicio sale una voz: «Ministro, ay de ti si no predicas el evangelio.» Y da una última caminata por las cámaras de los condenados; cuando pueda verse el abismo del infierno, párate frente a él y escucha:

«los tristes lamentos, las quejas vacías,
y los chillidos de fantasmas torturados.»

Acerca tu oído a las puertas del infierno y por unos instantes escucha los gritos entremezclados y los alaridos de agonía y desesperación que te romperán los tímpanos; y cuando regreses de ese triste lugar con su música lúgubre aun produciéndote terror, escucharás la voz que te recuerda: «¡Ministro! ¡Ministro! ¡Ay de ti si no anuncias el evangelio!» Mantengamos estas cosas al alcance de nuestra vista y entonces tendremos que predicar. Si te dijeran: ¡Deja de predicar! ¡Deja de predicar! Responderías: Aunque el sol dejara de brillar, nosotros predicaríamos en la oscuridad. Aunque las mareas dejaran de existir en las playas, nuestra voz predicaría el Evangelio. Aunque el mundo dejara de girar, y los planetas detuvieran su curso, nosotros todavía predicaríamos el Evangelio. Hasta tanto que el centro encendido de la tierra no estalle a través de las gruesas estructuras de sus montañas abiertas, nosotros mientras predicaremos el Evangelio; hasta que la conflagración universal no disuelva la tierra, y la materia desaparezca, estos labios o los labios de otros ministros llamados por Dios tronarán llevando la voz de Jehová. No podemos evitarlo. «Porque me es impuesta necesidad»; sí, ¡ay de nosotros si no anunciamos el Evangelio!

Ahora, mis queridos hermanos, una palabra para ustedes. Algunas personas que me escuchan hoy son verdaderamente culpables a los ojos de Dios, porque ellos no predican el Evangelio. No puedo imaginar que de las mil quinientas o dos mil personas aquí presentes que escuchan mi voz, no haya personas calificadas para predicar el Evangelio, además de mí. No tengo tan mala opinión de ustedes para considerarme superior en intelecto a la mitad de ustedes, o aún en el poder de predicar la Palabra de Dios: y aun suponiendo que yo lo fuera, no puedo creer que tengo tal congregación que no haya muchos dotados de talentos y dones que no los puedan utilizar en la predicación de la Palabra.

Entre los Bautistas de Escocia existe la costumbre de invitar a los hermanos para que exhorten los domingos en la mañana; no tienen un ministro de planta que predique en esa ocasión, sino que cada hombre que se sienta inclinado a hacerlo, se levanta y habla. Todo eso está muy bien; sólo me temo que muchos hermanos sin las calificaciones adecuadas se convertirían en los mayores conferencistas, ya que es un hecho conocido que los hombres que tienen poco que decir, se tomarán el mayor tiempo; y, si yo presidiera, les diría: «Hermano, está escrito, habla para edificación.» «Estoy seguro de que no te edificarías ni a ti mismo ni a tu esposa, intenta lograr eso primero y si no lo puedes lograr, no desperdicies nuestro precioso tiempo.»

Lo repito nuevamente: no puedo dejar de creer que hay algunos presentes este día que son flores «desperdiciando su dulce aroma en el aire del desierto», joyas de brillantísima luz perdidas en las cavernas del mar del olvido. Éste es un asunto muy serio. Si hay talentos en la iglesia de New Park Street (la iglesia cuyo pastor era Spurgeon), espero que se desarrollen. Si hay predicadores en mi congregación, dejemos que prediquen. Muchos ministros se esfuerzan para limitar a los jóvenes en el asunto de la predicación. Aquí tienen mi mano, tal como es, para apoyar a cualquiera de ustedes que quiera decir a los pecadores por doquier cuán amado Salvador han encontrado. Quisiera descubrir muchos predicadores entre ustedes; quiera Dios que todos los servidores del Señor sean profetas. Hay algunos presentes que deberían ser profetas, excepto que están medio temerosos; bien, debemos encontrar para ellos el remedio para quitarles su timidez. No puedo soportar el pensamiento de que mientras el demonio pone a todos sus servidores a trabajar, haya un siervo de Jesucristo que esté dormido. Joven, cuando regreses a casa, examínate a ti mismo, date cuenta de cuáles son tus habilidades, y si descubres alguna habilidad, entonces haz la prueba en alguna pobre y humilde habitación y habla a una docena de pobres gentes acerca de lo que deben hacer para ser salvos. No necesitas tener aspiraciones de dedicarte de tiempo completo al ministerio, pero si Dios así lo quiere, entonces puedes aspirar a ello. El que desea un obispado buena cosa desea. De cualquier manera, busca predicar el Evangelio de Dios. He predicado este sermón de manera especial, porque deseo iniciar un movimiento que parta desde este lugar y que alcance a muchas personas. Quiero descubrir a algunos en mi iglesia, de ser posible, que prediquen el Evangelio. Y pongan atención, ustedes que tienen talento y poder, ¡ay de ustedes si no predican el Evangelio!

¡Pero mis amigos!, si se dice: Ay de nosotros si no predicamos el Evangelio, ¿cómo será el ay de ustedes si escuchan y no reciben el Evangelio? Dios quiera que escapemos de esa condenación. Que el Evangelio de Dios sea para nosotros sabor de vida para vida y no de muerte para muerte.

El encuentro de Jesús con Nicodemo

Iglesia Bautista Ozama

El encuentro de Jesús con Nicodemo

Otto Sánchez

Rolando Otoniel (Otto) Sánchez Pérez, nació el 24 de febrero del año 1966 en la ciudad de Santo Domingo.

Viene de un hogar cristiano y conoció la gracia de Jesucristo en su adolescencia.

Es pastor de la Iglesia Bautista Ozama desde el año 1992. Sus primeros estudios universitarios fueron en el área de Publicidad. Realizó estudios ministeriales en el Seminario Teológico Bautista Dominicano.

Tiene una Maestría en Teología del Southern Baptist School for Theological Studies y candidato al Phd, por la misma casa académica.

El pastor Otto está dirigiendo el STBD (Seminario Teológico Bautista Dominicano) desde enero del 2008. Está casado con Susana Almanzar y tienen dos niñas, Elizabeth Marie y Alicia.

http://www.ibozama.org

57/62 – El Propósito de Dios prevalecerá 

Iglesia Bautista Internacional

Serie: Hasta los confines de la tierra

57/62 – El Propósito de Dios prevalecerá

Miguel Núñez

Miguel Núñez

​Miguel Núñez es miembro del concilio de Coalición por el Evangelio. Es el pastor de predicación y visión de la Iglesia Bautista Internacional, y presidente de Ministerios Integridad y Sabiduría. El Dr. Núñez y su ministerio es responsable de las conferencias Por Su Causa, que procuran atraer a los latinoamericanos a las verdades del cristianismo histórico. Puede encontrarlo en Twitter.

Una producción de Ministerios Integridad & Sabiduría

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