9/63 – ¿Qué quieres de Jesús? | Marcos 3:7-19 

Iglesia Biblica del Señor jesucristo

Serie: Marcos

9/63 – ¿Qué quieres de Jesús? | Marcos 3:7-19

Ps. Sugel Michelén

El pastor Michelén ha formado parte del Consejo de Ancianos de Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo en Santo Domingo, República Dominicana, durante más de 30 años.Tiene la responsabilidad de predicar la Palabra regularmente en el día del Señor.Tiene una Maestría en Estudios Teológicos y es autor de varios libros: Historia de las Iglesias Bautistas Reformadas de Colombia, Coautor junto al Pastor Julio Benítez; La Más Extraordinaria Historia Jamás Contada, Palabras al Cansado – Sermones de aliento y consuelo; Hacía una Educación Auténticamente Cristiana, El que Perseverare Hasta el Fin; y publica regularmente artículos en su blog “Todo Pensamiento Cautivo”https://www.todopensamientocautivo.com/

Él es instructor asociado en Universidad Wesleyana en Indiana (IWU), extensión en español; enseña Filosofía en el Colegio Cristiano  Logos; y durante 10 años, ha sido profesor regular de la Asociación Internacional de Escuelas Cristianas (ACSI)  para América Latina.

El pastor Michelén, junto a su esposa Gloria tiene tres hijos y cuatro nietos.

Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo

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David

Ministerios Ligonier

Renovando tu Mente

David

R.C.Sproul

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Nunca olvidaré la primera vez que tuve la oportunidad de visitar Tierra Santa. Habían estado tras de mí por años para ir a ese viaje diciéndome que me ayudaría mucho y que lo disfrutaría, yo decía: «No, yo no quiero ir, no quiero». Finalmente fui; y nunca lo olvidaré.

Nos quedamos en un hotel en el Monte de los Olivos, con vistas al valle del Cedrón, mirando justo de frente la ciudad vieja de Jerusalén. Y recuerdo una noche, saliendo al patio detrás del hotel, allí de pie, tarde en la noche, mirando las paredes iluminadas por los reflectores, y luego a la izquierda de las paredes que quedaban de Jerusalén esa pequeña parcela de tierra que era la ciudad vieja, la ciudad donde David estableció la capital.

Y allí, en la penumbra y la oscuridad, solo cerré mis ojos y me imaginé a David huyendo de su palacio con su familia, debido al avance de la horda rebelde que marchaba contra él bajo el liderazgo de su propio hijo Absalón.

Y la Biblia nos dice que esa noche cuando David huyó, se dirigió hacia el valle de Cedrón lamentándose mientras él iba. Y cuando me paré allí en ese lugar imaginando a David, me invadió una sensación única de la historia, porque han pasado poco más de 3.000 años desde que David fue ungido rey de Israel.

Recuerdo otra ocasión, muchos años después, que alguien me dijo, «RC, cuando vayas al cielo, aparte de tus familiares y seres queridos fallecidos ¿cuáles son las cinco personas que más te gustaría ver en el cielo, de la historia de la iglesia?»

No puedo recordar ahora mismo cuales cinco enumeré en esa ocasión, pero sé que uno de los cinco era David. Simplemente no puedo pasar por alto a David. Si alguna vez hubo un hombre renacentista antes del Renacimiento, sería David. Herbert Marcuse, un filósofo que revolucionó en el siglo XX cuyo libro más famoso se tituló «El hombre unidimensional».

Nunca este título se aplicaría a David, porque este era un hombre que tenía múltiples facetas, extremadamente complejo. Él era un conjunto desenfrenado de contradicciones que demostró el adagio de los que dicen que cuando era bueno, era muy, muy bueno, y cuando era malo, era terrible.

Entonces, vemos la grandeza de la humanidad manifestada en la vida de este hombre, así como las profundidades de la corrupción. Y esa es una de las razones, supongo, por las que me gusta David, porque es tan real.

Recuerdo que Kierkegaard una vez hizo la observación, «Mi queja no es que mi edad sea mala, sino que es insignificante; que carece de pasión». Él dijo: «Cada vez que me deprimo”, dijo, “vuelvo a las páginas del Antiguo Testamento, porque cuando leo la Biblia, allí’, dijo, “encuentro gente que miente, que mata, que engaña, que roba y comete adulterio».

Él dijo: «En una palabra, se trata de gente con pasiones igual que nosotros, no santos de papel o héroes de cartón». Y precisamente así era David. Nos quedamos la última vez con la aparición de la monarquía y el primer rey que fue Saúl.

Y vimos cómo Saúl empezó con un ascenso meteórico de esplendor, pero pronto degeneró en corrupción de todo tipo donde no solo fue invadido por la locura, por los celos y por la rabia contra David, sino que recurrió a la consulta de hechiceros, visitando a la adivina de Endor y cosas así.

Y Saúl, quien había sido muy distinguido como guerrero, finalmente, murió en batalla y tenemos el registro de eso en el primer capítulo de 2 Samuel. Y leemos del mensaje que le traen a David, que este hombre que había tratado de matarlo una y otra vez había sido herido en batalla.

Y leemos estas palabras en el versículo 17 del capítulo 1 de 2 Samuel: «David entonó esta elegía por Saúl y por su hijo Jonatán, y ordenó que enseñaran a los hijos de Judá el cántico del arco; he aquí, está escrito en el libro de Jaser.

Tu hermosura, oh Israel, ha perecido sobre tus montes. ¡Cómo han caído los valientes! No lo anunciéis en Gat, no lo proclaméis en las calles de Ascalón; para que no se regocijen las hijas de los filisteos, para que no se alegren las hijas de los incircuncisos.

Oh montes de Gilboa, no haya sobre vosotros rocío ni lluvia, ni campos de ofrendas; porque allí fue deshonrado el escudo de los valientes, el escudo de Saúl, no ungido con aceite. De la sangre de los muertos, de la grosura de los poderosos, el arco de Jonatán no volvía atrás, y la espada de Saúl no volvía vacía. Saúl y Jonatán, amados y amables en su vida, y en su muerte no fueron separados; más ligeros eran que águilas, más fuertes que leones.” “¡Cómo han caído los valientes, y perecido las armas de guerra!”

Esto, de un hombre que lo había perseguido sin descanso, que lo había tratado de matar, Incluso David, quien había tenido más de una oportunidad para matar a Saúl, se negó a poner su mano sobre él, porque Saúl era el rey y Saúl era el ungido del Señor.

Ahora David escribe una elegía por la muerte del rey. Bueno, como dije, la historia de David es una historia llena de contradicciones y complejidades. David era muchas cosas; en primer lugar, era un niño prodigio. Siempre me han fascinado las historias de los grandes músicos como Mozart y otros, que a una edad muy temprana alcanzaron niveles de logro tan notables en su campo y en su arte.

Pero David era solo un muchacho que había cuidado de las ovejas de su padre en los campos y las había defendido de leones y de osos, cuando lo vemos aparecer en la escena donde el pueblo de Israel ha sido acorralado por el campeón de los filisteos, Goliat.

Los ejércitos de Israel acampaban a un lado de un barranco, y los ejércitos de los filisteos, al otro, y cada día de la semana, semana tras semana, el campeón de los filisteos llegaba al valle y este gigante, Goliat, desafiaba a los ejércitos de Israel a que enviaran un campeón para que pudieran resolver su conflicto en un combate de hombre a hombre.

Pero no se encontró a nadie en todos los ejércitos de Israel que asumiera el desafío. Y el rey se sentó en su tienda y tembló hasta que Isaí envió a su hijo menor David al campamento para llevar algo de comida a sus hermanos mayores y asegurarse de que estuvieran alimentados.

Y este muchacho llega y ve a este gigante desafiando a Israel para que presente a un luchador que pelee contra él. Y él, en su idealismo juvenil, está completamente confundido por esto, ¡ustedes saben!

Él mira a su alrededor, ¿dónde están sus hermanos?, ¿dónde está el rey? ¿por qué no se presenta alguien? ¿no se supone que los soldados están para luchar por el honor y la defensa de su pueblo? Y David, no puede soportar que este filisteo no solo avergüence al pueblo de Israel, sino que se atreve a hacerlo con la arrogancia de burlarse del Dios de Israel.

Él va donde el rey, y le dice, «Déjame ir». El rey dijo: ‘Eres un muchacho, no puedo dejarte ir’. David dijo: ‘¿Por qué?’, ‘yo puedo contra este gigante’. Él dijo: ‘Dios me ha librado del león, Él me ha librado del oso. Déjame ir a la batalla’. Finalmente, ya que nadie más aceptaba el desafío, y Saúl estaba harto de escuchar estas burlas día tras día y semana tras semana, finalmente llamó al que llevaba su armadura y le pusieron a David esta enorme armadura, pero David no podía ni moverse con todo eso.

Y dijo: ‘Quítenme estas cosas. No puedo usar esto. No necesito armadura. Tomaré mi honda, y mis cinco piedras lisas y el Señor Dios de los ejércitos entregará este hombre en mis manos’.
Y David caminó hacia el valle de la muerte solo. Como un joven, no un joven contra un hombre, sino un joven contra un gigante. Y cuando Goliat vio que venía este muchacho, se enfureció, él se sintió insultado. Y dijo: «¿Qué? ¿Me tratas como un perro?»

David dijo: ‘Vengo en el nombre del Señor Dios de Israel’ jujujuju con la honda y la piedra golpeó al gigante en su sien y el gigante cayó muerto, y en ese momento, David corrió hasta allá y tomó la espada de Goliat y le cortó la cabeza y la sostuvo en alto la cabeza de Goliat.

Esto es material de los cuentos de hadas, pero está registrado aquí en la Escritura como historia seria. No es de extrañar que este joven se convirtiera de inmediato en un héroe para el pueblo de Israel. Este fue solo el inicio de las hazañas militares de David.

Podríamos discutir sobre quién fue el guerrero más grande en la historia del Antiguo Testamento. Algunos podrían votar por Josué, pero ciertamente en términos de leyendas militares y hazañas, nunca nadie superó a David.

Él fue el Napoleón Bonaparte, Julio César, Aníbal de Cártago, Alejandro Magno, todos ellos en un solo guerrero de su época. De hecho, si algo nos muestra la imagen de los primeros días de David es a un hombre que a veces llega a ser casi un bárbaro. A veces no se parece tanto un general respetado como Julio César, se parece más a Atila el Huno: un bárbaro.

Cuando se encuentra con esta banda itinerante de merodeadores cerca del Mar Muerto y en Siclag y cómo se enfrenta a ellos … es como un Robin Hood. Él mismo es un fugitivo de la ira de Saúl, y tiene a su alrededor un puñado de soldados improvisados y se convierte en un guerrillero merodeador que saquea y asalta; sanguinario, cruel, despiadado. Si leemos solo esta porción de la vida de David, uno se pregunta cómo la Biblia podría afirmar que este era un hombre conforme al corazón de Dios.

Sin embargo, además de ser un guerrero, y un bandido, descubrimos que también era un hombre extremadamente sensible, que tenía el espíritu y el corazón de un poeta y de un músico. David tendría que ser el poeta con laureles de Israel. Y el fruto de su producción literaria llega hasta nosotros en los salmos. No hay literatura en toda la Sagrada Escritura que revele una sensibilidad más profunda, que nos permita ver con claridad el alma de un hombre de Dios, que suspira por Dios como el ciervo anhela las corrientes de agua, como vemos en los poemas de David.

Y no sólo tenía este don literario, de la creatividad, sino que se distingue como un músico. De hecho, es tan competente como músico que este es el único lugar donde fue recibido en el palacio por el trastornado rey Saúl, porque cuando Saúl tenía sus ataques de depresión, melancolía y delirio, enviaría por David y David vendría a tocar su lira, y mientras tocaba, la música era tan hermosa que tranquilizaba al demonio enfurecido dentro de Saúl. David compuso canciones para la música de la vida religiosa de su época.

Pero además de ser un prodigio, un guerrero, un bandido, un poeta y un músico, quizá David es más recordado por ser el rey. De hecho, el símbolo supremo de la realeza en el Antiguo Testamento y qué rey que él era. A pesar de que su ascenso al trono fue a través de una ruta tortuosa, y hubo una fuerte resistencia por parte de las personas que seguían a Saúl y que buscaban que el reinado de Saúl fuese una dinastía a través de la herencia biológica, sin embargo, Dios había hablado a través de la obra de la unción de Samuel, que Samuel había ungido a David como rey, de modo que David era elección de Dios para ser rey de Israel.

Y finalmente, cuando pudo acabar con la guerra civil y llevar al pueblo a la unidad, su monarquía empezó a prosperar. Recuerdo que cuando estaba haciendo un doctorado en Holanda, en los años 60, y vivía en las afueras de Ámsterdam, e iba a la escuela en la ciudad allí, a los holandeses les gustaba hablar sobre el siglo XVII.

Quiero decir que parecía que nunca dejaban de hablar del siglo XVII y tenían a todos los guías turísticos de la casa de Rembrandt, y contaban las historias de la magnífica producción de arte que salió de ese pequeño país.

En un breve período de tiempo en el siglo XVII, este pequeño país que siempre era amenazado con ser cubierto por el mar, gobernó el mundo con comercio y con la fuerza del transporte marítimo. Por eso, los holandeses llaman a ese período su edad de oro.

Hubo una edad de oro en Grecia, una edad de oro en Roma, una edad de oro en Holanda, pero también hubo una edad de oro en esta pequeñísima nación que era una franja de tierra uniendo los tres continentes en el Medio Oriente.

La edad de oro de Israel fue durante la monarquía davídica. Pues David, cuando llegó al poder, conquistó todas las naciones alrededor de Israel que amenazaban su seguridad. Él extendió las fronteras por primera vez desde Dan hasta Beerseba. Instituyó el período de mayor prosperidad en su historia, y no solo fue un rey fuerte, y un rey benévolo, sino que fue un administrador extremadamente capaz, lo cual es muy inusual cuando tienes a estos luchadores poéticos y carismáticos. Era un diplomático maestro.

En realidad, fue una idea genial tomar esta ciudad recién conquistada, que había pertenecido a los jebuseos, y que después de haberla conquistado, en lugar de mover su capital al Norte o al Sur para satisfacer las partes que rivalizaban, el “Real Madrid y el Barcelona” de Israel, decidió situar su capital en un lugar nuevo, y estableció la sede de su gobierno, la sede de su monarquía, en Jerusalén. Jerusalén. Jerusalén, la ciudad de la paz, la llamó así.

Había sido llamada la ciudad de pan, y ahora esta ciudad se convierte en el símbolo de la presencia de Dios. Es en esta ciudad que se establecerá el templo. Es en esta ciudad a la que el redentor vendrá y será crucificado. Este es el monte de Sion. Esta es la ciudad que los judíos todavía dicen, todo el tiempo, «El otro año en Jerusalén».
Esta es la ciudad que es el pedazo de tierra más disputado en el mundo de hoy y llegó a tal lugar prominente bajo la monarquía de David. Me refiero a que él sería famoso en la historia secular por sus logros como rey en el mundo antiguo, incluso si no fuera tan importante en las Escrituras.

Pero creo que quizás, lo que más recordamos de David, fueron sus extraordinarias hazañas como pecador. Lo que sea que David hizo, lo hizo a lo grande. Él no bromeaba cuando se involucró con esta mujer, Betsabé. Se enamoró locamente, fue cegado por su deseo, rebajándose no solo al adulterio, sino que rebasa los límites y usa su poder de rey para colocar a uno de sus fieles soldados en el frente de batalla para asegurarse que quede expuesto al fuego enemigo y lo maten.

Eso es lo que hace con el marido de Betsabé. Y toma a Betsabé para sí mismo y la embaraza. Pero Dios envió a David el profeta Natán y Natán le contó una parábola inolvidable.
Él le dijo a David: ‘Había un hombre que en el reino era leal al rey. Era pobre y desamparado, pero tenía una oveja pequeña, una corderita que era una oveja hembra y él amaba a esta oveja. Permitió que la oveja viviera en su casa y comiera de su mesa. Su vida estaba dedicada a esta pequeña oveja. Y había otro agricultor en la tierra que tenía enormes rebaños de ovejas, y vio la belleza de esta pequeña corderita que pertenecía al hombre pobre y en su arrogancia él entró y robó la pequeña corderita del hombre pobre’.

Cuando David escuchó esa historia dijo: ‘No en mi reino. Encuentra quién es ese hombre’ y añadió, ‘y haré caer toda la ira de mi reino sobre él y se hará justicia al respecto’. En ese momento Natán pronuncia la declaración inmortal, «Tú eres ese hombre». Verás que la caída de David fue más violenta que la caída de Goliat, porque la suya era una caída espiritual.

En muchos sentidos, parecía que él estaba a punto de repetir la degeneración y corrupción que había manifestado el reinado de su predecesor Saúl. Pero la gran diferencia entre Saúl y David se encuentra en el arrepentimiento de David.

David se convierte, en el Antiguo Testamento, en el modelo supremo del despertar piadoso a la propia bancarrota espiritual y moral y la absoluta necesidad de confiar en la gracia de Dios y nada más para la salvación.

En esta ocasión la profundidad del arrepentimiento de David se manifiesta en el Salmo 51. Cada estudiante del Antiguo Testamento debe leer el Salmo 51 con mucho cuidado para tener una idea de lo que realmente significa estar desnudo ante un Dios santo y justo, y confiar en su misericordia y solo en su misericordia. Por eso, en ese sentido, David era un hombre conforme al corazón de Dios.

R.C. Sproul es el fundador de Ligonier Ministries, el maestro principal de la programación de radio Renewing Your Mind, y el editor general de la Biblia de estudio Reformation

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4/5 – ¿Por qué tienes tanto miedo?

Aviva Nuestros Corazones

Serie: Un Corazón de Quietud

4/5 – ¿Por qué tienes tanto miedo?

Nancy Leigh DeMoss

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/por-que-tienes-tanto-miedo/

Leslie Basham: Nancy Leigh DeMoss pregunta, ¿Qué es más grande, tu tormenta o tu Dios?

Nancy Leigh DeMoss: No sé cuál sea tu tormenta el día de hoy. No sé cuál sea tu dificultad económica. Si estás en un proceso de cambio. Quizás estés batallando con un hijo acerca del cual no se ha escrito un libro de texto que te ayude. No sé cuál sea tu tormenta, pero sé que Jesús lo sabe; Dios lo sabe. Y Él nos dice a nuestros corazones, “¿Porqué tienes tanto miedo? ¿Dónde está tu fe?” Bueno, mi fe a veces no es muy grande, pero déjame decirte una cosa, ¡mi Dios siempre es muy grande!

Leslie: Esto es Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy:  Estamos hablando de cómo tener un corazón en quietud, y una hermana que está presente en la grabación se me acercó durante el receso y me dijo, “Esto es exactamente lo que necesito el día de hoy. Mi casa está medio empacada,  todo está en cajas, y estamos preparándonos para mudarnos”. Si algún día te has encontrado en esta situación, es ahí donde necesitas un corazón en calma. En cada circunstancia y temporada de la vida. Estamos tentadas a inquietarnos, a tener nuestro corazón en crisis.

Pero estamos viendo un texto que nos anima a elegir, aun en medio de la tormenta, el tener un corazón en quietud: y es el  Salmo 131. Espero que lo estén leyendo, memorizando, meditando en él, y haciéndolo parte de sus vidas. El salmista dice,

Jehová, no se ha envanecido mi corazón, ni mis ojos se enaltecieron;    ni anduve en grandezas,    ni en cosas demasiado sublimes para mí. En verdad que me he comportado y he acallado mi alma como un niño destetado de su madre; como un niño destetado está mi alma. Espera, oh Israel, en Jehová, desde ahora y para siempre. (RV 60)

Siempre me ha gustado leer las biografías de cristianos del pasado. Una de las razones es porque, al leer acerca de sus luchas y como ellos confiaron en Dios en medio de la tormenta, eso llena de valor mi propio corazón, y pienso, “caramba, Dios vino a su rescate. Sé, que ese Dios vendrá a mi rescate también”.

He estado leyendo un libro durante los pasados meses. Lo estoy sosteniendo en mi mano en este momento, mis radioescuchas no podrán verlo, pero ¡es un libro enorme! Tiene aproximadamente 750 páginas, creo, y con una letra chiquitita. Es un libro que  acaban de volver a publicar. Se trata de la autobiografía de George Mueller,  quien fue el fundador de los orfanatorios en Inglaterra donde en cierto momento estaban alimentando a más de 2,000 huérfanos cada día; alimentándolos, vistiéndolos, educándolos.

George Mueller sentía que, en su caso, Dios no quería que él le dijera a nadie acerca de las necesidades de su ministerio; el costo de mantener a estos huérfanos, porque él quería que la vida en esos orfanatorios fueran una demostración al mundo de la grandeza de Dios y de Su fidelidad y de Su poder.

Quiero leerte algunos extractos de cómo Dios capacitó a este hombre para que cultivara un corazón en quietud.

[Él dijo:] “No tengo ni un simple centavo en la mano para los huérfanos. En un día o dos muchas libras serán necesarias para cubrir las necesidades. Mis ojos están en el Señor.”

[Aquí hay otra cita:] “El Señor en Su sabiduría y amor, aún no ha mandado ayuda. De dónde ha de venir; no debe de ser mi preocupación. Creo en Dios que Él lo hará, en el tiempo exacto, Él mandará la ayuda.”

[Y en otra ocasión él dijo] “Nunca habíamos estado tan bajos de provisiones como ayer y hoy. Aún así mi alma da gracias al Señor, estuvo en perfecta paz tanto ayer como hoy.”  [¡Este es un hombre con un corazón tranquilo! Él dice:] “Mi corazón no está en angustia. Estoy seguro que, en la mejor manera y tiempo, Dios mandará ayuda.”

[Aquí hay otra historia:] “Durante los últimos dos días solo se produjo la vigésima parte de lo que se gastó.” [O sea que sus gastos fueron 20 veces más de lo que entró.] “Cuando pensé en la cantidad de lo que salió y de lo poco que entró, recordé las palabras en Isaías capítulo 26 versículo 4 “Confiad en el Señor para siempre, porque en Dios el Señor, tenemos una Roca eterna.” Y mi corazón respondió: ”en Dios el Señor, tenemos una Roca eterna, en Él confiaré.” Minutos después recibí una carta de Canadá, [a miles de kilómetros de distancia] que contenía una cheque bancario por £81 libras, 9 chelines.” Así que Dios mandó lo que se necesitaba, en la medida que él puso su confianza en el Señor.

[En otra ocasión escribió:] “Mientras escribo esto, el salario de estos cinco días ha sido tan pequeño, que no cubriría ni la quinta parte de todos los gastos de estos cinco días; pero de nuevo, estoy esperando una gran cantidad de dinero.” Aquí vemos un hombre que siempre se mantuvo esperando que Dios hiciera lo que se necesitaba.

“Es una bendición indescriptible, en realidad, conocer a Dios, caminar en amistad con Él; el poder ser capaces de hablarle a Él acerca de todo, y transferirle todas nuestras preocupaciones y cargas. De esta manera tan feliz y bendecida, he podido caminar por 44 años y no puedo describir el gozo que viene con esta vida de santidad, bendecida, independientemente de las circunstancias, eventos políticos, dificultades económicas, amigos, muerte, etc. Siempre y cuando podamos descansar en Dios, tenemos todo lo que podamos necesitar.”

[En otra ocasión escribió estas palabras:] “Dios no me ha fallado en ningún momento.”

Déjame insertar algo aquí, y lo escribiría en mi propio diario, en mi propia autobiografía. Mientras miro hacia atrás, en mi caminar de 40 y tantos años con el Señor, más de 25 de ellos en servicio vocacional cristiano, bastantes años en el ministerio Aviva Nuestros Corazones; miro hacia atrás y digo, “Dios no me ha fallado en ningún momento”.

Él continúa diciendo en su nota en el diario,

Cuarenta años he probado Su fidelidad, en este trabajo. No tengo ansiedad ni preocupación alguna.

Ahora, leo esto, y lo encuentro maravilloso—de un hombre quien cuida y alimenta a aproximadamente 2,100 huérfanos,  en un momento dado, y que pueda decir. “No tengo ansiedad ni preocupación alguna.” Bueno,  no es que no haya tenido ansiedad y preocupación alrededor de él; es que nunca dejó que habitarán en su corazón. Nunca hizo suyas esas ansiedades y preocupaciones.

La fe en Dios es lo que me permite transferir toda mi carga a Él; ya que tengo cientos de necesidades, aparte de las que tienen que ver con dinero. A cada momento veo a Dios siendo mi ayudador, mientras yo pongo mi confianza en Él, y le oro con una simplicidad de un niño, acerca de todo.

Y él en verdad así lo hizo. Al tú leer las 700 páginas de su diario, lo encuentras página tras página tras página diciendo, “Tenemos esta necesidad, así que oramos por ello. Tenemos esta necesidad, así que oramos por ello. Tenemos esta necesidad, así que oramos por ello”. Él oraba por todo.

Después él dice,

“Anímense, queridos compañeros, a tomar este camino tan bendecido y verán la paz y el gozo que produce.”

[Bueno, una nota más de su diario.] “¿Qué podríamos hacer ahora, querido lector, bajo estas circunstancias, cuando todo el dinero para los objetos arriba mencionados se había esfumado? Había ocasiones donde el ministerio no tenía ningún apoyo económico. [¿Qué debían hacer? Él contestó de la siguiente manera,] hacemos lo que hemos venido haciendo por 47 años, esto es, esperamos continuamente en Dios. Bajo cada prueba y cada dificultad, encontramos que la oración y la fe son nuestro remedio universal.

Fue verdad para George Mueller más de 150 años atrás. También es verdad para ti y para mi hoy día. Espera continuamente en Dios.  Bajo cada prueba y para cada dificultad, la fe y la oración son el remedio universal.

Bueno, George Mueller experimentó esto. David lo experimentó; estamos leyendo acerca de su experiencia en los Salmos. Jesús también lo experimentó cuando estuvo en la tierra.

Mientras me  preparaba para esta serie, pensé en este pasaje de Marcos capítulo 4 donde Jesús le dice a Sus discípulos. “Subamos a la barca y pasemos al otro lado del mar de Galilea.” Dejaron a la multitud, se subieron la barca.

En los versículos 37-38 dice, “Pero se levantó una violenta tempestad, y las olas se lanzaban sobre la barca de tal manera que ya se anegaba la barca. Él estaba en la popa, durmiendo sobre un cabezal.” Ahora, ¿cómo pudo Jesús dormir durante la tormenta? Creo que es porque Él conocía bien Salmo el 107. Sabía que Dios estaba en control. El Salmo 107:25 dice, “Él [Dios] habló, y levantó un viento tempestuoso que encrespó las olas del mar.”

Dios es Quien hizo que las olas se levantaran e hizo la tormenta. Pero fue Él Quien también, como dice el versículo 29. “Cambió la tempestad en calma y las olas del mar callaron.” Dios causa la tormenta; pero Dios también la calma. Jesús lo sabía, y es por eso que Él podía tener un corazón en quietud.

Los discípulos, en cambio, no tenían un corazón tranquilo. Marcos capítulo 4 versículo 38 dice, “entonces le despertaron y le dijeron: Maestro, ¿no te importa que perezcamos?” Jesús estaba dormido, Su cabeza sobre un cabezal, descansando. Él tiene un corazón tranquilo porque Él sabe que Dios está en control. Los discípulos están intranquilos. Están alarmados. Están ansiosos y agitados. Y creen que a Dios no  le importa que perezcan.

Bueno pues, en los versículos 39-40 vemos, “Y levantándose, reprendió al viento, y dijo al mar: ¡Cálmate, sosiégate! Y el viento cesó, y sobrevino una gran calma.  Entonces les dijo: ¿Por qué estáis amedrentados? ¿Cómo no tenéis fe?”

No sé cuál sea tu tormenta el día de hoy. No sé cuál sea tu dificultad económica. Si estás en un proceso de cambio. Quizás estás batallando con un hijo acerca del cual no se ha escrito aún un libro que te ayude. Estás enfrentando el vaivén quizás en la bolsa de valores, o es una situación de empleo de tu esposo o una situación laboral.

No sé cual sea la carga. Puede que hayas acabado de enterrar a alguien a quien amabas mucho, o puedes estar viviendo los últimos días de alguien a quien amas mucho. No sé cuál sea tu tormenta en el día de hoy, pero sé que Jesús la conoce. Dios sabe, y Él le dice a nuestros corazones, ¿Por qué tienes miedo? ¿Dónde está tu fe?”

Bueno, mi fe a veces no es tan grande, pero una cosa sí te digo, ¡Mi Dios es siempre muy grande! Él es el Dios de George Mueller; el Dios de David; fue Dios de Jesús; Él es mi Dios, y Él es tu Dios.

Pandita Ramabai era una mujer la India del siglo XIX quien rescato niños maltratados y no deseados y les dio un hogar. Ella dijo, “La vida consagrada a Dios no tiene nada que temer, nada que perder ni nada de qué lamentarse.”

Así que déjame leerte este salmo de nuevo, el cual se titula en una versión, “Simple confianza en el Señor”. Ese es el fundamento de todo. Es así como obtienes un corazón en quietud.

El salmista dice,

“Señor, mi corazón no es soberbio, ni mis ojos altivos; [esto es un corazón humilde. Después está el corazón simple:] no ando tras las grandezas, ni en cosas demasiado difíciles para mí;[después versículo dos, el corazón tranquilo:] sino que he calmado y acallado mi alma; como niño destetado en el regazo de su madre, como niño destetado reposa en mí mi alma.[ Después, versículo tres—llegaremos a eso en unos momentos—el corazón confiado:] Espera, oh Israel, en el Señor, desde ahora y para siempre” Salmo 131

Compartí anteriormente en esta serie que he estado leyendo un librito escrito por David Powlison acerca del estrés, el cual es, de hecho, una exposición del Salmo 131. En ese pequeño libro, que ha sido de gran aliento para mi, el Dr. Powlison escribe de nuevo el salmo de una manera opuesta. Si no tenemos un corazón tranquilo, es así como leería este salmo. En lugar de dirigirte al Señor, decimos “Yo misma”. Estamos centradas en nosotras mismas, en lugar de enfocadas en el Señor.

“Yo misma,

Mi corazón es orgulloso,

Y mis ojos son altivos (veo a los demás como a menos),

Y persigo grandezas demasiado difíciles para mí.

Así que por supuesto mi alma está inquieta y llena de ruido; es lo que viene naturalmente.

Como a un bebé hambriento quejándose en las faldas de su madre.

Como un infante hambriento, estoy intranquila con mis demandas y mis preocupaciones.

Pongo mis esperanzas en cualquier cosa todo el tiempo.

Según el Dr. David Powlison. Fue muy útil para mi, el ver que si no estoy viviendo conforme Salmo 131, comportándome y tranquilizando mi corazón y confiando en el Señor, entonces voy a tener un corazón orgulloso. Voy a estar persiguiendo cosas que están fuera de mi alcance. Mi corazón estará inquieto y alborotado por dentro. Estaré llena de inquietud por dentro por mis demandas y por mis preocupaciones. Y estaré colocando mis esperanzas en cualquier cosa todo el tiempo en lugar de confiar en el Señor.

Me recuerda el pasaje en Isaías capítulo 57 en los versículos 20-21 donde la Escritura dice: “Pero los impíos son como el mar agitado, que no puede estar quieto, y sus aguas arrojan cieno y lodo. ‘No hay paz’ —dice mi Dios— ‘para los impíos’.”  Algunos de nuestros corazones lucen así, ¿no es así? Agitados en la tempestad, no pueden estar quietos arrojando cieno y lodo. No hay paz porque nuestros corazones no son puros, ni están en calma delante del Señor.

Llegamos al versículo que es el fundamento de todo el salmo. “Espera, oh Israel, en el Señor, desde ahora y para siempre.” Este es un corazón confiado. Y te darás cuenta que este versículo está dirigido al pueblo de Dios, a Israel. Espera, Israel, en el Señor.

Pero no es solo para Israel. Es para mi. Tengo que poner mi nombre en ese versículo. Espera, Nancy, en el Señor. Tú pon tu nombre allí. Tu esperanza ha de estar en el Señor desde ahora y para siempre. Veo en este versículo una invitación, pero también una orden al mismo tiempo. Se me invita, se me exhorta a esperar en el Señor. Es una invitación. Pero también es una directriz. Espera en el Señor. No esperes en nadie más. Espera en Él.

Así que nos preguntamos, “¿Cuál es la manera de obtener quietud de corazón?” La manera es esperar en el Señor, poner toda tu confianza en Él,  apoyarte en Él. No puedo solo decirme a mi misma, “No voy a preocuparme más”, ¿no sería esto fantástico? Poder decir, “nunca más estaré ansiosa, ni tensa, ni estaré hiperventilando.”

No puedes esperar decir estas cosas y nunca más sentirte preocupada. Tenemos que deshacernos de esa inclinación, de esa tendencia a preocuparnos; pero para esto debemos sustituir la inclinación. La confianza en el Señor es lo que reemplaza la preocupación.

Así que en lugar de decir, “Ya no estaré ansiosa; no me voy a preocupar; no voy a tener esos pensamientos inquietantes en mi mente”—porque ahí te metes en otro remolino—mejor, cambia de enfoque. Confía en Dios. La confianza en el Señor reemplazará la confianza que tienes en tus circunstancias y  en las demás personas que buscas para encontrar satisfacción.

Así que, espera en el Señor vs cualquier otra cosa que estés buscando o esperando para devengar satisfacción. ¿Qué estás buscando para hacerte feliz, qué estás buscando para estar tranquila? Deja a un lado esas cosas. Deja a un lado esa confianza en esas cosas y espera en el Señor. La palabra esperar es una palabra activa.  A veces creo que la usamos más en un sentido más pasivo. Como por ejemplo, “espero que el clima mejore”, o “espero que mis hijos crezcan rápido”

Pero esta palabra en el lenguaje hebreo es una palabra activa. Significa el “esperar, ser paciente, permanecer, permanecer en algo, confiar en algo. Es una “esperanza activa, descansar, apoyarnos, esperar”.

Estoy pensando en ese viejo himno,  “Descansando en los brazos eternos,” poniendo mi confianza en Él. Le dije a alguien con quien estaba conversando el otro día, “El gobierno de este mundo está en Sus hombros.” Eso viene del libro de Isaías. ¿No crees que si los hombros de Dios son lo suficientemente grandes para cargar con el gobierno del mundo entero, que sus hombros no serán suficientemente grandes como para cargar con tus preocupaciones, con tus cargas? Espera en el Señor.  Echa tu carga sobre Él.

Una mujer me dijo el otro día mientras charlábamos y  mientras compartía algunos pensamientos de ansiedad dentro de ella conmigo, algunas  circunstancias que estaba enfrentando, “¿Cómo me deshago de esta ansiedad? Estoy enojada. Estoy desanimada. Estoy ansiosa. Sé que lo estoy.” Lo podía ver en su cara. Lo podía ver en sus lágrimas. Lo podía escuchar en su voz. Ella dijo, “¿Cómo me deshago de esto? Le dije, “Espera en el Señor.”

Isaías capítulo 26 versículo 3 dice: “Al de firme propósito guardarás en perfecta paz, porque en ti confía.” Espera en el Señor. Eso es lo que dice Filipenses capítulo 4: piensa en las cosas que son puras, amables, buenas y verdaderas, para que la paz de Dios guarde tu corazón y tu mente, y te mantenga descansando calladamente en Cristo Jesús (versículo 8 parafraseado)

Lo que tienes que hacer es quitar los ojos del problema y ponerlos en el Señor. Yo le dije a esta mujer, “Ve al Salmo 131.” Le he estado diciendo a mucha gente esto recientemente. No sé cuál es tu circunstancia. Ve al Salmo 131. Memorízalo. Medita en él. Sigue repitiéndoselo al Señor.

Y no solo ese pasaje, pero otros pasajes también. Cántaselos al Señor. Canta himnos. Canta salmos. Canta canciones espirituales. Estas cosas me ayudan cuando mi corazón está apesadumbrado. Y cuida en lo que te estás apoyando, en lo que estás buscando para saciar tus necesidades.

Charles Spurgeon dijo acerca de este pasaje, “ Recuerda que donde esté tu tesoro allí estará tu corazón. Si ese tesoro es removido, tu corazón va a sentir dolor”. Porque estás apoyándote o dependiendo de otras cosas que no es el Señor. Él dijo, “El hombre que depende solamente de Dios y cuya esperanza está en Él, no tiene ni siquiera la mitad de problemas que aquél que tiene su apoyo y su dependencia aquí y allá, ¡y otros 50 lugares más! Cada apoyo terrenal será la causa o el motivo de angustia en un momento u otro”.

Y podrás preguntar, ¿qué son los apoyos terrenales?

Pudieras estar tratando de satisfacer tus necesidades con tu esposo.

Pudiera ser tu hijo(a).

Pudiera ser tu trabajo.

Pudieran ser las compras.

Pudiera ser la comida.

Pudieran ser los amigos.

Cualquier cosa en la que te estés apoyando, lo que sea que estés buscando para que llene las necesidades más profundas de tu corazón—eso será ocasión de angustia en algún momento u otro; a menos que estés apoyándote en el Señor. Él nunca te fallará. Nunca te angustiará. Nunca te quedará mal.

Hemos estado viendo el Salmo 131, y quiero que vayamos atrás para ver el salmo anterior. Estos en realidad son como salmos gemelos. Vamos a cerrar viendo el Salmo 130, el cual solo  amplía más acerca de esperar en el Señor. Tú cumples a plenitud el versículo 3 del Salmo 131, esperando en el Señor, cuando vives lo que dice el Salmo 130.

“Desde lo más profundo, oh Señor, he clamado a ti. ¡Señor, oye mi voz! Estén atentos tus oídos a la voz de mis súplicas. Señor, si tú tuvieras en cuenta las iniquidades, ¿quién, oh Señor, podría permanecer? Pero en ti hay perdón, para que seas temido  Espero en el Señor; en Él espera mi alma, y en su palabra tengo mi esperanza. Mi alma espera al Señor más que los centinelas a la mañana; sí, más que los centinelas a la mañana.”

Esa es la imagen del vigilante nocturno que está en el medio del turno de la noche, y trata de tener los ojos abiertos, tratando de mantenerse despierto hasta el final de ese turno. Él está viendo la primera luz del amanecer. O como la madre en medio de la noche con un bebé llorando. Ella está a la espera de que llegue la mañana. Así es como mi alma aguarda al Señor.

Oh Israel, espera en el Señor, porque en el Señor hay misericordia, y en Él hay abundante redención; Él redimirá a Israel de todas sus iniquidades.

Leslie: ¿Estás intensa y desesperadamente apoyándote en el Señor? Nancy Leigh DeMoss nos ha estado mostrando cómo luce la vida dependiente. Su mensaje es parte de la serie Un corazón en quietud.

Si te perdiste de los mensajes anteriores de esta serie, puedes escucharlos al visitar www.Avivanuestroscorazones.com

Esperamos que esta serie te ayude a anclar tu corazón en la Palabra de Dios.

Cuando pasas tiempo con el Señor en oración y en Su Palabra, es como si estuvieras guardando reservas en la alacena para tiempo de crisis. Entérate por qué, mañana en Aviva Nuestros Corazones. Aquí está Nancy para cerrar la sesión en oración.

Nancy: Señor, Gracias porque puedes ser confiado. Gracias porque Tú nunca nos fallarás. La mano humana siempre nos fallará. Cualquier cosa, o quien sea que busquemos que no seas Tú, nos fallará. Pero Tú, Señor, Tú eres fiel. Podemos depender de Ti. Podemos descansar en Ti.  Tú eres todo lo que necesitamos, Señor. Tú eres pan y agua y vida y aire, y todo lo que necesitamos está en Ti. Así que, Señor, ayúdanos a esperar en ti, a tener nuestra esperanza en Ti, a apoyarnos en Ti, a fijar nuestros ojos en Ti, a confiar en Ti, este día y cada día, para siempre. Oro esto en nombre de Jesús. Amén

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Usado con permiso del Ministerio Aviva Nuestros Corazones 

Tomado de: Aviva Nuestros Corazones

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

Una marca en la frente

Jueves 21 Noviembre

(Dios dijo:) Yo, yo soy el que borro tus rebeliones por amor de mí mismo, y no me acordaré de tus pecados.

Isaías 43:25

Bienaventurado el varón a quien el Señor no inculpa de pecado.

Romanos 4:8

Una marca en la frente

http://labuenasemilla.net/20191121

Hace algunos años, en el estado de Pendjab, en India, los policías arrestaron a cuatro mujeres por haber robado objetos pertenecientes a una turista extranjera. Durante su detención provisional, les tatuaron en la frente la palabra «pick-pocket» en pendjabi.

Podríamos preguntarnos en qué se convertiría el mundo si esta práctica se generalizara y si todos, hombres y mujeres, llevaran en su frente la marca indeleble de sus faltas: mentiroso, tramposo, ladrón… ¿La vida sería posible aún? ¡Cuántos hogares destrozados y relaciones rotas!

Cuando los fariseos llevaron a Jesús una mujer que había sido sorprendida en el acto mismo de adulterio, ¿qué les dijo Jesús? “El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella” (Juan 8:7). Jesús reconoció la culpabilidad de esta mujer y la legitimidad del castigo, pero negó a los hombres el derecho de aplicarlo. Solo él podía condenarla, porque él no tenía pecado. Y dijo a esa mujer: “Ni yo te condeno; vete, y no peques más” (Juan 8:11).

Los hombres, por muy culpables que ellos mismos sean, fácilmente denuncian y condenan el mal en los demás. Pero Dios muestra el mal que hay en el corazón de los hombres para que lo confiesen y se arrepientan, antes de que llegue el día del juicio. Así reciben el perdón de Dios creyendo en el sacrificio de su Hijo Jesucristo, quien llevó nuestros pecados en la cruz…“Habéis sido lavados… santificados… justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios” (1 Corintios 6:11).

Job 25-27 – Hebreos 10:19-39 – Salmo 130 – Proverbios 28:7-8

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La monarquía

Ministerios Ligonier

Renovando tu Mente

La monarquía

R.C.Sproul

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Esta es una de las cosas que me frustra cuando veo a la gente que empieza a estudiar el Antiguo Testamento; como dije antes, ellos inician bien su lectura de Génesis y Éxodo y luego empiezan a perder entusiasmo cuando se atascan con Levítico y Números y lo demás.

Y me decepciono porque quiero que lleguen a Primera y Segunda de Samuel. Me encantan los libros de Samuel. Hay tanto contenido en estos libros, ya que las Escrituras nos revelan la vida de algunos personajes más importantes del Antiguo Testamento.

Pero no son solo las vidas de los santos del Antiguo Testamento que se destacan en los libros de Samuel, sino que también vemos un retrato tan magnífico de Dios. Ahora, ya hemos mencionado el período de los Jueces, y dije que el período de los Jueces se extiende hasta incluir Samuel, pero, por supuesto, la historia de Samuel no se da hasta el libro de 1 Samuel y Samuel es presentado como el hijo de la mujer Ana, quien no había tenido hijos

Y quien había orado y orado y orado para que Dios escuchara su oración y le concediera un hijo. Y, de hecho, la oración de Ana, que se encuentra al principio de 1 Samuel, prácticamente se repite en el Nuevo Testamento en la oración de María, llamada el Magnificat.

Y si hay alguna persona en este período de la historia judía que tipifica la venida de Cristo, es Samuel, porque cuando nace, su madre, en gratitud tan profunda por la respuesta de Dios a su oración, dedica a Samuel a una vida de servicio a Dios y lo presenta al entonces juez de Israel, el venerable Elí; Samuel ahora queda bajo el cuidado de Elí.

Y recordamos esa historia de cómo en medio de la noche cuando Samuel estaba durmiendo, escuchó una voz que lo llamaba por su nombre: “Samuel”. Y se despertó y corrió y sacudió a su mentor, Elí; y le dijo: ‘¿Me llamaste?’ Y Elí respondió: ‘No, debes estar oyendo cosas. Vuelve a la cama’.

Y Samuel regresa a dormir. Y otra vez Dios lo llama en medio de la noche: “¡Samuel!” Samuel se levanta de nuevo y corre hacia Elí y dice: ‘¿Me llamaste?’ Y él dijo: ‘No’. Entonces Elí empieza a pensar que tal vez es Dios que le está hablando a Samuel y le da instrucciones a Samuel.

Así que Samuel regresa a dormir de nuevo y ahora por tercera vez Dios viene y le habla en la forma íntima de dirigirse a otro: “¡Samuel, Samuel!” y Samuel responde a Dios diciendo: “Habla, que tu siervo escucha”. Entonces Dios le revela a Samuel que su juicio está por venir a la casa de Elí; porque, aunque Elí mismo había juzgado a Israel con un espíritu de piedad, sus hijos eran malos y Elí no los había disciplinado; y así Dios le dice a Samuel que va a traer juicio sobre una familia, Dios le dice a Samuel que va a traer juicio sobre la familia de Elí.

A la mañana siguiente Elí le preguntó a Samuel ‘¿Te habló Dios?’ Y él dijo: Sí. Y Elí dijo: ‘¿Qué te dijo?’ y Samuel no quería decirle. Estaba aterrado de darle a Elí las malas noticias. Y Elí trata de sacarle la información, pero Samuel no dice nada hasta que al fin Elí dice: ‘Bueno, lo que Dios te haya dicho, lo que sea que Él haya dicho, te puede pasar a ti si no me lo dices’.

Entonces Samuel dijo: ‘está bien, te lo diré’. Y le dijo a Elí que Dios iba a juzgarlo a él y a su familia. Y una de las cosas más significativas de ese momento fue que cuando Elí escuchó la profecía de su propia condena y del juicio de Dios sobre su propia familia, miró a Samuel y dijo: “El Señor es”. Y poco después el juicio vino. Llegó con una vergonzosa derrota de los soldados israelitas en la que murieron los hijos de Elí.

Y cuando Elí recibió el informe de esto, cayó muerto, pero el momento más oscuro de Israel hasta este punto, tuvo lugar en este contexto porque en esa batalla, el Arca de la Alianza, el trono de Dios mismo, fue capturado por los filisteos y fue llevado y puesto como un trofeo en el templo de Dagón, el dios filisteo.

Y, por supuesto, la nuera sobreviviente de Elí dio a luz a un niño ese día, y ella misma murió como resultado del esfuerzo para dar a luz. Pero antes de morir, llamó a su hijo Icabod o Ajikabod, que significa la gloria se ha ido, puesto que el trono de Jehová, el arca sagrada había sido capturada y puesta en manos de sus enemigos acérrimos: los filisteos.

La gloria se había apartado de Israel. Y es en ese contexto que Samuel emerge como el líder espiritual de la nación. Él tiene que asumir el papel que tenía Elí, en un momento en que la fe y la esperanza nacional habían tocado fondo.

Sin embargo, conocemos sobre los acontecimientos extraordinarios a partir de entonces, como cuando los filisteos trajeron el trono de Dios a su templo para burlarse y usarlo como un trofeo. Lo que sucedió fue que la gente era afligida por plagas y la estatua de su dios se rompió en mil pedazos; Y los cinco reyes de los filisteos empezaron a jugar ping-pong, enviando el arca de una ciudad a otra, de Asdod a Gat, luego a Ecrón y así por el estilo, y a donde fuera el arca, la plaga iba, hasta que finalmente entendieron el mensaje de que no era una buena idea quedarse con el arca de Jehová en cautiverio y la devolvieron en un carro de bueyes.

Esta es otra historia extraordinaria que no tengo tiempo para contar ahora; pero en este caso el carro, tirado por los bueyes, que llevaba el Arca no lo conducía nadie. Estaba siendo conducido simplemente por el Espíritu de Dios y cruzó la frontera, de vuelta a Israel exactamente al lugar donde Dios había ordenado que debía llegar.

Y cuando el pueblo de Israel vio el Arca viniendo, a la distancia, se regocijaron. Y no sé lo que dijeron, pero podría sugerir que dijeron: Kabowd, “La gloria ha vuelto”.

Y durante la vida de Samuel hubo gran bendición sobre la nación, como lo había sido durante los mandatos de otros jueces, pero al final de su vida, o casi al final de su vida, otra vez los corazones de Israel se endurecieron e hicieron lo malo ante los ojos del Señor.

Pero esta vez su abandono de Dios tomó toda una nueva dimensión, una que no tiene precedentes en la historia del Antiguo Testamento, y la leemos en el capítulo ocho de 1 Samuel.

Leemos: “Y aconteció que cuando Samuel era ya viejo, puso a sus hijos como jueces sobre Israel. El nombre de su primogénito era Joel, y el nombre del segundo, Abías; éstos juzgaban en Beerseba. Pero sus hijos no anduvieron por los caminos de él, sino que se desviaron tras ganancias deshonestas, aceptaron sobornos y pervirtieron el derecho.”

Estamos viendo la repetición de lo mismo que sucedió con los hijos de Elí. Han oído que se dice, como un tipo de axioma que Dios no tiene nietos; que solo porque alguien sea una persona piadosa y tiene hijos, eso no garantiza automáticamente que los hijos van a seguir los pasos de los padres. Porque cada generación necesita conversión y tan pronto como pensamos que podemos embotellar y vender y controlar y manipular los dones del Espíritu de Dios, hemos perdido toda la realidad de la redención. “Entonces se reunieron todos los ancianos de Israel y fueron a Samuel en Ramá, y le dijeron: Mira, has envejecido y tus hijos no andan en tus caminos. Ahora pues, danos un rey para que nos juzgue, como todas las naciones.”

Hemos vistos a lo largo del período de los jueces que lo que mete a Israel en problemas una y otra y otra vez es su incesante afán de querer conformarse a las naciones paganas y a la cultura pagana que le rodea.

Primero fue adoptar la religión pagana y ahora quieren que las instituciones políticas que observan a su alrededor sean importadas para que ellos puedan ser igual que los demás.

Y todas las otras naciones estaban gobernadas por reyes. Israel no tenía un rey, es decir no tenía un rey terrenal. Se habían olvidado de quién era su Rey, porque no se trataba de una democracia, ni de una oligarquía, ni una aristocracia, ni una monarquía.

Esto iba a ser una teocracia donde Dios era el rey de su pueblo. Pero ahora el pueblo dice: ‘queremos un rey como todo el mundo que nos rodea’.

Ahora, cuando Samuel escucha esto, está muy disgustado. Dice: “Pero fue desagradable a los ojos de Samuel que dijeran: Danos un rey que nos juzgue. Y Samuel oró al Señor. Y el Señor dijo a Samuel: Escucha la voz del pueblo en cuanto a todo lo que te digan, pues no te han desechado a ti, sino que me han desechado a mí para que no sea rey sobre ellos.”

Permítanme hacer una pausa aquí. Samuel entendió eso. Sabía que esto no era solo un rechazo de él o de su familia, que era un rechazo de todo lo que él representaba. Fue un rechazo a todo por lo cual trabajaba. Fue un rechazo de todo su ministerio.

No sé cuántas veces he hablado con clérigos o pastores jubilados, que dedicaron sus vidas al cuidado de los santos en una iglesia, luego ese pastor se jubila y ve cómo esa iglesia se viene abajo y se seculariza, y qué desgarrador es esto para cualquier pastor piadoso o cualquier ministro piadoso.

Ahora, obviamente, Samuel estaba sintiendo esto de sí mismo, pero también comprendió que lo que estaba ocurriendo aquí era un rechazo del Dios que representaba para el pueblo, y me pregunto si se sorprendió cuando Dios le dijo: “Samuel, escúchalos. Me han rechazado a mí, deja que tengan su rey.” En ese sentido, Dios es como el padre pródigo en el Nuevo Testamento, que cuando su hijo quiere rebelarse e ir a una tierra pagana y desperdiciar la riqueza de la herencia de su propio padre, que es lo que todos hacemos. Una de las cosas que creo que son heroicas del padre pródigo de esa parábola es que lo deja ir.

Él no deja de preocuparse por el hijo. Él no deja de orar por el hijo. Él no deja de amar al hijo, pero lo deja ir. Él entrega a su hijo a sus propias inclinaciones pecaminosas y así es como Dios trata a Israel. De hecho, el juicio final de Dios es que el que es malo siga siendo malo.

El peor tipo de juicio que Dios puede mandar a alguien es darle rienda suelta, para entregarlo a sus propias inclinaciones malas. Pero aquí Él está diciendo a Samuel: ‘Si el pueblo no quiere que yo sea su rey, dales un rey’.

Esa es la base pecaminosa para la monarquía, y aún en esto, donde se da y se concede el deseo de un rey, en un sentido muy real, es un acto de juicio divino. Sin embargo, en el consejo secreto de Dios, como se manifiesta más adelante, Dios va a obrar a través de esta institución de la monarquía para poner a su rey elegido para Su reino, que será de la tribu de Judá y cuyo reino será eterno. Quien será el Rey de los reyes y el Señor de los señores.

Y aunque la monarquía de Israel empieza con una serie vergonzosa de circunstancias, la monarquía, en un sentido, prefigura la venida del reino de Dios. Vamos a tomar un momento más para considerar la palabra “monarca”.

Cuando iniciamos nuestro estudio, observamos el primer versículo de Génesis: “En el principio creó Dios los cielos y la tierra”. En la traducción griega para la palabra “principio” en Génesis 1 es la misma palabra que aparece en el primer capítulo del evangelio de Juan, “en arche”, en el principio.

La palabra griega “arche” significa “principio, jefe o gobernante”. Y la palabra “arche” como se interpreta en el sentido de jefe, el preeminente, llega a nuestro propio idioma.

Hablamos de los enemigos y los archienemigos, rivales y archirrivales, obispos, arzobispos, ángeles y arcángeles, herejes y herejiarcas o arc-herejes, que significa que son los principales, los grandes.

Y la idea de la palabra “monarquía” significa “un jefe, un gobernante, un soberano”. Y la razón por la que este es un momento tan dramático en la historia judía es que hasta este punto solo había un gobernante para Israel y era Dios.

Y así dios ve en este deseo por un monarca terrenal, un intento de suplantar su reinado. “Me han desechado a mí para que no sea rey sobre ellos. Así como todas las obras que han hecho desde el día en que los saqué de Egipto hasta hoy, abandonándome y sirviendo a otros dioses, así lo están haciendo contigo también. Ahora pues, oye su voz. Sin embargo, les advertirás solemnemente y les harás saber el proceder del rey que reinará sobre ellos.”

Porque el inicio de la monarquía es el inicio de la corrupción radical de la nación judía. “Entonces Samuel habló todas las palabras del Señor al pueblo que le había pedido rey. Y dijo: Así será el proceder del rey que reinará sobre vosotros: tomará a vuestros hijos, los pondrá a su servicio en sus carros y entre su gente de a caballo, y correrán delante de sus carros”.

Es decir, él va a planear la estrategia y va a reclutar a sus hijos y usarlos para el avance de sus conquistas. Nombrará para su servicio comandantes de mil y de cincuenta, y a otros para labrar sus campos y recoger sus cosechas, y hacer sus armas de guerra y pertrechos para sus carros.”

Ahora empezarán a trabajar para el estado en vez para ustedes. En lugar de comer lo que ustedes producen, tendrán que utilizar el trabajo de su granja para alimentar al gobierno. Miren, eso es lo que va a pasar. Tomará también a vuestras hijas para perfumistas, cocineras y panaderas. Tomará lo mejor de vuestros campos, de vuestros viñedos y de vuestros olivares y los dará a sus siervos.”

“Tomará también vuestros siervos y vuestras siervas, vuestros mejores jóvenes y vuestros asnos, y los usará para su servicio. De vuestros rebaños tomará el diezmo, y vosotros mismos vendréis a ser sus siervos. Ese día clamaréis por causa de vuestro rey a quien escogisteis para vosotros, pero el Señor no os responderá en ese día.

No obstante, el pueblo rehusó oír la voz de Samuel, y dijeron: No, sino que habrá rey sobre nosotros, a fin de que seamos como todas las naciones, para que nuestro rey nos juzgue, salga delante de nosotros y dirija nuestras batallas.”

Y así, después de esta solemne advertencia, Dios les dijo que un héroe saliente del pueblo, un hombre con grandes dotes de poder militar, un hombre de gran estatura, guapo y orgulloso, de la tribu de Benjamín.

Esto debería haber sido un indicio, porque volviendo a la bendición patriarcal de Génesis, fue a la tribu de Judá que se le prometió el reino de Dios. “El cetro no se apartará de Judá,… hasta que venga Siloh”. “El cetro no se apartará de Judá,… hasta que venga Siloh”.

Pero este hombre, quien es el primer rey de Israel, no es de la tribu de Judá, es de la tribu de Benjamín.Es muy curioso, porque, más tarde, unos siglos después, otro de la tribu de Benjamín, con el mismo nombre llegó a ser muy importante en la historia de redención, porque ambos hombres fueron llamados Saúl.

El rey Saúl y Saúl (Saulo) de Tarso; el primer Saúl termina en desgracia, el segundo Saúl llega a ser el apóstol a los gentiles. Entonces Saúl es ungido por Samuel como el primer rey de Israel y su reinado empieza en gloria.

Él tiene tremendas victorias militares y se vuelve enormemente popular entre el pueblo, pero había un defecto fatal en el hombre. Había una especie de arrogancia que afectaba a Saúl. En una ocasión, Saúl estaba esperando a Samuel para que le bendijera antes de ir a la batalla y para ofrecer los sacrificios a Dios a fin de preparar los ejércitos para esa ocasión, y Samuel no se presentó exactamente a tiempo.

Y Saúl se impacientó y entonces él mismo se encargó de hacer los sacrificios. Sí, había una separación entre la iglesia y el estado, en el sentido de que había una división de trabajo aquí, y no era la responsabilidad del rey atribuirse para sí los derechos, el privilegio y la autoridad del juez. Pero Saúl tomó sus manos sucias y profanó las cosas santas y en ese momento llegó Samuel y lo vio y le dijo: ‘Por esto, Saúl, Dios te ha rechazado y ha reservado para sí un hombre conforme a su corazón, a quien levantará para sustituir a ti y tu casa.’

Y Saúl se vuelve loco. Se retira de su responsabilidad como comandante en jefe cuando es enfrentado por el campeón de los filisteos, el gigante Goliat; se hace a un lado mientras que un muchacho se acerca y libera a la nación de la opresión de los filisteos.

Y la gente empieza a cantar en poco tiempo: ‘Saúl ha matado a sus miles, y David ha matado a sus diez miles.’ Y Saúl enfurecido y lleno de celos, y hasta el final de su vida, persigue a David, a quien ahora Samuel ha ungido para ser el rey; un inicio desfavorable para una monarquía tan notable.

R.C. Sproul es el fundador de Ligonier Ministries, el maestro principal de la programación de radio Renewing Your Mind, y el editor general de la Biblia de estudio Reformation

http://www.ligonier.es

Tristeza positiva

Miércoles 20 Noviembre

La tristeza que es según Dios produce arrepentimiento para salvación, de que no hay que arrepentirse; pero la tristeza del mundo produce muerte.

2 Corintios 7:10

Tristeza positiva

¡Sí, hay una tristeza positiva, que incluso desemboca en el gozo! El que toma conciencia de sus faltas se siente apesadumbrado. Esta tristeza resulta del mal que uno descubre en sí mismo. Está unida al horror que sentimos a causa de nuestro propio pecado. Esta tristeza es aún más intensa, si comprendemos cuánto tuvo que sufrir el Señor Jesús para borrar nuestros pecados delante de Dios. Pero este sentimiento nos impulsa a abandonar nuestra mala conducta, a ir a la luz divina, a dar a nuestra vida una nueva dirección: es el arrepentimiento.

Al contrario, “la tristeza del mundo” a menudo es el miedo a las consecuencias por el mal que hemos cometido, y no el odio al pecado. Es, en el fondo, un sentimiento egoísta que no produce un “arrepentimiento para salvación”. Es la tristeza que “produce muerte”.

Abrumado por el temor a las consecuencias de su falta, uno se queda centrado en sí mismo, cargado con su propia culpa. En lugar de ir al Señor y confesar sus faltas, uno huye, se aleja y entra en un estado mórbido.

Pero el que va al Señor sabe que no será rechazado. Con bondad, Jesús lo recibe y lo lleva a una sanación completa. Entonces el pecado le parece una terrible esclavitud, en contraste con la gracia del Señor, que libera del pecado; este es abandonado; su raíz es descubierta y juzgada. El alma es purificada; ¡la alabanza puede brotar!

“El que mira atentamente en la perfecta ley… y persevera en ella, no siendo oidor olvidadizo, sino hacedor de la obra, este será bienaventurado en lo que hace” (Santiago 1:25).

Job 24 – Hebreos 10:1-18 – Salmo 129 – Proverbios 28:5-6

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7/41 – Probados, Aprobados, y Triunfantes

Sabiduría para el Corazón

Serie: Filipenses

7/41 – Probados, Aprobados, y Triunfantes

Stephen Davey

Texto: Filipenses 1:10-11
En este programa continuamos estudiando los motivos de oración de Pablo para los Filipenses. Aprenderemos qué significan cada uno de estos motivos y cómo podemos aplicarlos a nuestra vida el día de hoy.

Sabiduría para el Corazón es el ministerio internacional de enseñanza bíblica del Pastor Stephen Davey, traducido y adaptado al español por Daniel Kukin.

http://www.sabiduriaespanol.org

El ciclo de los jueces

Ministerios Ligonier

Renovando tu Mente

El ciclo de los jueces

R.C.Sproul

https://www.ivoox.com/33682236

Recuerdo que cuando era un estudiante universitario, durante el verano trabajaba como consejero en un campamento de niños judíos y era muy celoso al comunicar las Escrituras a mis campistas, pero estaba también limitado por los encargados del campamento en cuánto a lo que podía decir. Así que adopté la costumbre, antes de dormir, de leer historias a mis pequeños campistas cada noche. Y su libro de historias favorito era el libro de Jueces. Ellos se ponían al borde de sus camas mientras leíamos acerca de las aventuras que se registran en ese libro.

Realmente es una secuencia de la historia judía emocionante, de ritmo acelerado que fluye con rapidez. El libro de Jueces, tan corto como es, cubre más o menos un período de 350 años; desde la muerte de Josué hasta el final del período de los jueces, el cual culmina con la vida de Samuel, cuya vida, por cierto, está registrada en 1 Samuel y no en el libro de los Jueces.

Pero cuando pienso en la condensación de la historia judía en ese pequeño libro de cerca de 350 años, me remonto a la mitad del siglo XVII en Norteamérica. Piensen en toda la historia que ha ocurrido en Estados Unidos desde un período de 125 años antes de la guerra de la independencia hasta la época actual. Si lo miramos de esa manera, vamos a tener cierta luz de la gran extensión de tiempo que se encuentra en el libro de Jueces.

El libro se llama el libro de los Jueces porque describe el período transicional en la historia judía, desde el tiempo de deambular por el desierto hasta el momento del establecimiento de la monarquía. Y a este período se le llama la anfictionía. Ahora la palabra “anfictionía” imagino que jamás la hemos escuchado en español ya que tiene su origen en la antigua Grecia. Esta palabra describía en Grecia su situación, que en vez de tener un rey sobre toda la nación, tenías un grupo federado flexible de pueblos o ciudades que estaban algo conectados por un centro religioso; Y en el período griego temprano, ese centro religioso fue el oráculo de Delphi, del que hemos oído hablar en la historia.

Y así, ese período de la civilización griega se le llamó la anfictionía y ese término han usado los académicos para volver a describir este tiempo transitorio, interino en la historia judía. Y la anfictionía es simplemente una palabra que describe una forma de gobierno donde no hay un solo centro de poder, sino que el gobierno existe sobre la base de una federación flexible de tribus y líderes tribales.

Así que, para este período de más o menos tres siglos y medio no había rey en Israel y no había un solo líder, tal como había sido el caso bajo el liderazgo de Moisés y más tarde bajo el liderazgo y la dirección de Josué; Sino más bien, el liderazgo de la nación estaba comprometido con individuos únicos que eran, en el total sentido de la palabra, líderes carismáticos. Ahora, usamos ese término “carismático” de forma un tanto vaga en nuestra cultura actual y proviene de la palabra griega que significa “don de gracia” y se refiere, en la jerga contemporánea, a aquellos que creen en ser ungidos por el poder y la influencia del Espíritu Santo.

Pues bien, en el período del Antiguo Testamento, vemos la charismata o los dones carismáticos que eran dados a individuos específicos para tareas específicas. Recordamos que los primeros carismáticos, por así decirlo, en el Antiguo Testamento fueron los responsables del diseño y de la construcción de los muebles para el Tabernáculo, para lo cual Bezaleel y Aholiab fueron ungidos por Dios Espíritu Santo y capacitados por Dios para esta tarea.

Sabemos que el Espíritu del Señor vino sobre Moisés y le permitió realizar las proezas que realizó. Recordamos en Números 11, donde después de que Moisés fue reprendido por su suegro por asumir toda la responsabilidad de todos los detalles de la organización, administración, gobierno y ser el líder espiritual de la nación, su suegro Jetro le dijo: “Las cosas que estás haciendo, no están bien”.

Y Dios ordenó a Moisés a que reúna 70 hombres, a quienes él conociera como ancianos sobre el pueblo, y Dios dijo que tomaría el espíritu que estaba en Moisés y lo pondría sobre los 70 ancianos. Y cuando Dios hizo eso, tal como está registrado en Números 11, empezaron a profetizar, indicando que habían sido objeto de esta influencia directa e inmediata del Espíritu Santo. Además, en el Antiguo Testamento, los profetas eran ungidos por el Espíritu Santo de una forma carismática y les daba poder para ser portavoces de Dios.

La unción de los reyes más adelante, cuando fueron ungidos con aceite, esta ceremonia de la unción simbolizaba la venida del Espíritu Santo sobre el rey para dotarlo para la misión particular a la que Dios le había asignado. Entonces, lo que tenemos ahora durante este período de federación tribal en el libro de Jueces es el registro de individuos excepcionales que, en tiempos de crisis, son levantados por Dios y facultados por el Espíritu santo para realizar las grandes hazañas y tareas que llevaron a cabo.

Pensamos, por ejemplo, que quizás el más famoso de los jueces en términos de ser carismáticamente dotado por Dios para grandes hazañas, fue Sansón. Pensamos en Sansón y su pelo y la historia con Dalila y todo eso, y su fuerza Hercúlea con la que derribó el templo filisteo y mató a todas estas personas con la quijada de un asno y estas hazañas que no tenían paralelo en la historia judía. Pero lo hizo bajo el poder del Espíritu Santo.

Ahora bien, hay un patrón que se nos presenta en el libro de los Jueces que creo que es muy importante que lo comprendamos y porque es muy ilustrativo e instructivo. No sólo de este período de la historia judía, sino de toda la historia del Antiguo Testamento e incluso, podríamos decir, de toda la historia de la redención. Y ese patrón se observa en un estribillo que aparece una y otra y otra vez en el libro de Jueces, y empieza así: “Entonces los israelitas hicieron lo malo ante los ojos del Señor”. Y después de leer este nefasto prefacio, vemos que Dios levantaría a los enemigos de Israel y los usaría como una herramienta de castigo contra su propio pueblo.

Dios levantaría a los madianitas o a los filisteos o a los amalecitas o quien sea, y estas naciones, estos pueblo paganos vendrían y oprimirían a los judíos, y cuando el pueblo estuviera bajo opresión, clamarían a Dios por socorro y liberación, y ellos se arrepentirían de sus pecados. Y era solo después de que se arrepentían, que Dios levantaba a uno de los jueces, como Otoniel o Aod, el juez zurdo que mató al rey Eglón y que tomó su espada y se la hundió en su gran barriga hasta que la gordura cubrió la empuñadura de la espada.

Pensamos en las proezas de Débora y de Barak y de Gedeón, a quien veremos en un momento, y de Sansón y de Jefté y de otros después, terminando con Elí y finalmente Samuel. Pues bien, estos individuos, bajo el poder del Espíritu Santo, vencían a los enemigos del pueblo judío y traían liberación. De hecho, a veces los jueces eran llamados por el nombre moshiam que significa “libertadores”. Pienso en Moshi Diane, quien fue el general heroico de la guerra de los Seis Días en 1967, que tenía el nombre que a menudo era usado por estos pueblos en el Antiguo Testamento a quienes Dios usó como libertadores o salvadores de la nación.

William Hendricksen usa un poco la aliteración para describir este ciclo repetitivo en el libro de los Jueces y usa esta aliteración con cuatro palabras con el sonido de “RR”. La primera es para REcaída, la segunda es para REtribución, la tercera para, aRREpentimiento y la cuarta es para REscate. Este es el patrón cíclico que leemos una y otra y otra vez en el libro de los Jueces. En primer lugar, el pueblo comete apostasía y en su apostasía, la palabra “apostasía” significa que se alejan de su fidelidad a Dios y empiezan a adorar a los dioses de las naciones extranjeras y a entregarse a la idolatría.

Y eso es lo que quiere decir cuando dice: “E Israel hizo lo malo ante los ojos del Señor”. Y lo que sigue a cada recaída, según está registrado en el libro de Jueces, es la justicia retributiva de Dios por medio de la cual viene el derramamiento del juicio y la ira de Dios contra su propio pueblo. Y bajo el peso de la justicia retributiva de Dios, el pueblo es llevado a un estado de arrepentimiento en el que lamentan su situación y esperan su rescate cuando Dios es movido a redimirlos a través de la intervención de los jueces.

Veamos uno de esos ejemplos, lo encontramos en el segundo capítulo del libro de Jueces empezando en el verso 11. ‘Entonces los Israelitas hicieron lo malo ante los ojos del Señor y sirvieron a los Baales; ellos abandonaron al Señor, el Dios de sus padres, que los había sacado de la tierra de Egipto y siguieron a otros dioses de entre los dioses de los pueblos que estaban a su alrededor y se postraron ante ellos y provocaron la ira del Señor’. “Dejaron al Señor y sirvieron a Baal y a Astarot.”

Permítanme una pausa en este punto. Esta es una recapitulación sombría, sombría de la historia de este pueblo. Recuerdas al final del libro de Josué cuando Josué reunió al pueblo para para renovar el pacto y les dijo: “pero yo y mi casa, serviremos al Señor.” Y llamó al pueblo de Israel a renovar su promesa de obediencia al pacto que tenían con Dios. Y el pueblo se comprometió a dos cosas: una positiva y otra negativa.

Prometieron obedecer a Dios (esa es la positiva) y prometieron que no lo abandonarían. Pero no pasó mucho tiempo antes que la nación empezara a olvidar al Señor. Y esto es importante, porque si recuerdas la promesa que Dios hace una y otra vez a los patriarcas, cuando Dios promete su compromiso para con su pueblo, Él dice: ‘Nunca te dejaré y nunca te abandonaré’. Eso inmediatamente nos señala a la cruz donde Cristo grita en la agonía de su pasión: “Dios mío, Dios mío, ¿porqué me has abandonado?”

Y algunos han sentido que esta es la angustia de la pasión de Jesús en la cual se sentía simplemente tan solo, tan desolado, que tenía la sensación de haber sido abandonado. Pero, por supuesto, Dios realmente no lo abandonó. Pero amados, él sí lo abandonó porque ese era el castigo por el pecado: ser abandonado por Dios. Y para que seamos redimidos, debemos ser librados del abandono divino, y para que eso suceda, Cristo tuvo que asumir sobre sí el verdadero abandono. Ahora, finalmente Él no fue abandonado porque Dios lo levantó de los muertos y como dice el libro de Hechos: era imposible que la muerte lo retuviera porque era imposible que el Padre abandonara a su Hijo por mucho tiempo; Pero toda la idea del abandono es un tema muy importante en la Escritura: que la promesa del pacto de Dios para aquellos que están en una relación con él es “Nunca te dejaré y nunca te abandonaré”. Y el libro de Jueces da testimonio de que aunque Dios castiga a su pueblo, está castigando a sus hijos, a quienes ama.

Y aunque se sientan abandonados por un tiempo, Dios no los abandona a ellos. Sin embargo, el registro es que el pueblo sí lo abandonó; esa es la gran diferencia entre el Dios de Israel y el Dios del pacto y su pueblo. Dios no nos abandona, pero estamos inclinados a abandonarlo. Y otra vez, lo que provoca aquí el abandono de Dios en este libro es el gran deseo del pueblo judío de ser como sus vecinos. Dios los había llamado a no conformarse. Dios los había llamado a ser una nación santa. Dios los había llamado a ser santos y a huir de la idolatría, pero eso era impopular en esos días. Y es impopular hoy también.

Sin embargo vemos este ciclo que se produce cuando el pueblo hacía lo correcto antes sus propios ojos, abandonaron la ley de Dios y comenzaron a imitar las prácticas de sus vecinos paganos; Y ese ciclo no dura simplemente 350 años. Ese es el ciclo que el pueblo de Dios ha vuelto ha vivir una y otra vez a través de la historia de la iglesia. Leemos, entonces, en el versículo 14 que “Se encendió la ira del Señor contra Israel”. Y los entregó en manos de los saqueadores que los despojaron; los vendió en manos de sus enemigos por todas partes, de modo que ya no pudieran enfrentarse a sus enemigos.

Y cada vez que salían, la mano del Señor estaba contra ellos para mal, tal como el Señor había dicho y como el Señor les había jurado a ellos. Y se angustiaron en gran manera. El Dios de Israel es un Dios que promete tanto bendiciones como maldiciones, tanto prosperidad como calamidad. Y los juicios de Dios sobre los rebeldes son calamitosos. Tenemos la tendencia a tener una Biblia expurgada en la vida de la iglesia hoy en día, donde queremos eliminar estas cosas que son un patrón recurrente de las acciones de Dios y que Dios traerá calamidad sobre una nación y sobre un pueblo que lo abandona.

Sin embargo, leemos en el versículo 16: “Entonces el Señor levantó jueces que los libraron de la mano de los que los saqueaban.” Pero no escucharon a sus jueces, sino que se prostituyeron con otros dioses y se inclinaron ante ellos. Se apartaron pronto del camino en que sus padres habían andado en obediencia a los mandamientos del Señor. No hicieron como sus padres. Y cuando el Señor les levantó jueces, el Señor estaba con el juez y los libraba de manos de sus enemigos todos los días del juez; porque el Señor se compadecía por el gemido a causa de los que los oprimían y afligían. Pero este pasaje que acabo de leer se repite tantas veces como el estribillo de una canción en este libro. De nuevo: REcaída, REtribución, aRREpentimiento y REscate.

Ahora, el carácter y el perfil de cada uno de los jueces que se describen aquí en este libro es un estudio fascinante de individuos piadosos, pero en el breve tiempo que nos queda, quiero que presten atención a uno de ellos que creo que es particularmente excepcional y uno de mis favoritos: Gedeón. Nos encontramos con Gedeón en el capítulo seis de Jueces y el sexto capítulo empieza con estas palabras: “Los hijos de Israel hicieron lo malo ante los ojos del Señor, y el Señor los entregó en manos de Madían”.

Luego en el verso once: El ángel del Señor vino a Gedeón, “y el ángel del Señor se le apareció, y le dijo: El Señor está contigo, valiente guerrero”. Imagina eso como un saludo, como el ángel que fue enviado a María posteriormente con este saludo. Aquí el saludo de Gedeón, quien es simplemente un agricultor, no es un soldado y Dios le habla a través de este ángel y le llama valiente guerrero. Lo distingue como un hombre de extraordinaria valentía. Ahora, creo que Gedeón estaba un poco confundido por este saludo.

Sospecho que miró a su alrededor para ver a quién hablaba el ángel, y él respondió: “Ah señor mío, si el Señor está con nosotros, ¿por qué nos ha ocurrido todo esto?” ¿Cuántas veces los cristianos hacen esta pregunta? “¿Y dónde están todas sus maravillas que nuestros padres nos han contado, diciendo: “¿No nos hizo el Señor subir de Egipto? Pero ahora el Señor nos ha abandonado, y nos ha entregado en mano de los madianitas. Y el Señor lo miró, y dijo: Ve con esta fuerza, y libra a Israel de la mano de los madianitas. ¿No te he enviado yo?” Él dijo: “Ah Señor, ¿cómo libraré a Israel? He aquí que mi familia es la más pobre en Manasés” y yo soy el menor de mis hombres.

Y aún así, Dios solo le dijo que fuera en su fuerza y que lo usaría a él y a su valor para librarlos. ¿Cómo lo puedo hacer? Soy el más débil de mi familia. Y es como si Dios estuviera diciendo a Gedeón: ‘¡Precisamente!’ Gedeón está tan aterrado por este encargo que no puede creer que Dios le está hablando a él. Por eso leemos la historia del vellón de lana y la confirmación milagrosa de Dios de su llamado a él.

Y así, Gedeón es obediente y reúne un ejército para enfrentarse a los madianitas y tiene 32,000 soldados a su cargo; y Dios se acerca a él y le dice: “Tienes demasiados”. Y él dijo: “Mira quien tiene miedo entre ellos y envíalos a casa.” Y Gedeón dijo: “Cualquier persona que tenga miedo de este conflicto, se puede ir a su casa”. Y 22,000 se fueron a casa. 22,000 abandonaron, pasaron la colina, dejándolo a él con un ejército de 10,000; un núcleo de élite de soldados que se enfrentarán a toda la nación de los madianitas.

Y entonces Gedeón dijo: “Está bien, estoy listo”. Dios mira a su ejército y dijo: “Es demasiado Gedeón, porque si pongo la victoria en tus manos con este tamaño de ejército, vas a pensar que lo hiciste con tu propia fuerza”. Y luego esa historia extraordinaria de cómo Gedeón reduce su ejército a solo 300 hombres y luego con 300 hombres Gedeón logra derrotar a todo el ejército madianita durante la batalla nocturna.

Y esa historia de la redención de Dios ilustra nuevamente el punto que leemos una y otra vez en el Antiguo Testamento: la salvación es del Señor.

R.C. Sproul es el fundador de Ligonier Ministries, el maestro principal de la programación de radio Renewing Your Mind, y el editor general de la Biblia de estudio Reformation

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2/5 – Cómo elegir la calma en medio de la tormenta

Aviva Nuestros Corazones

Serie: Un Corazón de Quietud

2/5 – Cómo elegir la calma en medio de la tormenta

Nancy Leigh DeMoss

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/como-elegir-la-calma-en-medio-de-la-tormenta/

Leslie Basham: Esta es Nancy Leigh DeMoss

Nancy Leigh DeMoss: No está mal preguntar por qué.

Leslie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín. Nancy continúa la serie llamada Un corazón en quietud.

Nancy: Quiero invitarte a que en estos días me acompañes a meditar en el Salmo 131, a internalizarlo, a hacerlo parte de tu manera de pensar, parte de tu respuesta. Son solo tres cortos versículos, pero ¡qué ricos son! Estamos estudiando estos versículos para aprender cómo tener y cómo mantener un corazón en calma.

Permíteme leer el pasaje. Salmo 131 versículo uno dice:

“Jehová, no se ha envanecido mi corazón, ni mis ojos se enaltecieron; [Habíamos dicho que esa es la actitud de humildad, y luego vimos la actitud del corazón de sencillez y simpleza]. Ni anduve en grandezas, ni en cosas demasiado sublimes para mí. En verdad que me he comportado y he acallado mi alma como un niño destetado de su madre; como un niño destetado está mi alma, espera, oh Israel, en Jehová, desde ahora y para siempre.” (RV 1960).

Estamos enfocándonos en la segunda parte del versículo 1, y esta es una frase que se ha convertido en una parte muy importante de mi vida. Es simplemente grandiosa, y vuelvo a ella una y otra vez. Yo no ando en cosas demasiado grandes o demasiado sublimes para mí. Quisiera que nos enfoquemos hoy en una ilustración del Antiguo Testamento, donde alguien aprendió de la manera más dura a no andar en cosas grandes o demasiado altas para él.

Es el personaje del Antiguo Testamento llamado Job. Ya conoces la historia y no tengo que narrarte mucho de lo que le sucedió. Sabes que este es un hombre que soportó enormes sufrimientos, la pérdida de sus posesiones, la pérdida de su familia y de su salud. Y cuando todas esas catástrofes tocaron la vida de Job, su primera respuesta, según leemos en los primeros capítulos del libro que lleva su nombre, fue tener un corazón quieto y un corazón confiado.

Digo, es un ejemplo increíble. Él dijo, “Jehová dio, y Jehová quitó; sea el nombre de Jehová bendito.” Y dice la Escritura que en esos primeros días, Job no pecó con su boca. Él no acusó falsamente a Dios. Él dijo, “¿Aceptaremos el bien de Dios y no aceptaremos el mal? Dios es Dios. Él puede hacer como le plazca” (paráfrasis de Job 1:21-22; 2:10).

Eso es un corazón en quietud. Eso es un corazón confiado. Eso es lo que vemos en Job cuando inició su sufrimiento. Pero el reto a veces no está en la primera oleada de sufrimiento.

El padre de un amigo falleció repentinamente la semana pasada, y le pregunté, ¿Cómo estaba su madre? Él dijo, “Bueno, ahora mismo está muy bien. Porque está acompañada. Con ella está la familia y los amigos. Es una crisis. Es una emergencia. La adrenalina está alta. Ella está bien.

La prueba realmente es ¿cómo te sientes a lo largo del camino?

¿Cómo te sientes cuando el sufrimiento no cesa?

¿Cómo te sientes cuando tu cónyugue no regresa?

¿Cómo te sientes cuando se trata de un dolor crónico, o de un sufrimiento crónico, o de problemas crónicos?

Bueno, mientras Job se adentra en el sufrimiento y este continúa, él comienza a tratar de entender los propósitos de Dios para su sufrimiento y para su dolor. Mientras conversa con sus supuestos amigos, éstos comienzan despertar pensamientos ansiosos dentro de Job, y él termina muy agitado.

Job comienza con un corazón quieto, pero entonces comienza a cuestionar a Dios, a sus amigos, a sí mismo, y a cualquiera que le escuchara, todas esas preguntas que inundaban su mente. Todo se resume en la pregunta por qué. ¿Por qué a mí? ¿Por qué ahora? ¿Por qué esto? Lo que ocurre mientras continúa el libro es que Job comienza a tratar de entender cosas que son inimaginables. Y como no puede entender, en vez de contentarse con el misterio…

Pero ahora, siendo justos, ten en mente que él es un hombre que se encuentra en una gran miseria. Pero en lugar de abandonar sus preguntas y sus respuestas a Dios, él comienza a luchar con Dios. Él comienza a lanzarle a Dios sus preguntas una tras otra.

Lo frustrante de todo es que Dios no le responde. Así que él continúa haciendo preguntas. Esta situación se mantiene durante la mayor parte de los primeros treinta y tantos capítulos del libro. Finalmente llegamos al capítulo 38, a partir del versículo 1 , donde finalmente Dios le contesta a Job.

Entonces respondió Jehová a Job desde un torbellino, y dijo: ¿Quién es ése que oscurece el consejo con palabras sin sabiduría? Ahora ciñe como varón tus lomos; Yo te preguntaré, y tú me contestarás. (RV 1960).

Así que Dios responde a las preguntas de Job diciéndole, “Job, yo tengo mis propias preguntas. Ahora dime si conoces las respuestas.”

Comenzando desde el capítulo 38 en adelante, Dios le da a Job un examen exhaustivo. ¡Pero uno bien difícil! Allí hay 55 preguntas, y es una detrás de la otra. El otro día mientras las leía, me imaginaba esas máquinas de lanzar pelotas en la caja de bateo, donde las pelotas no paran de salir —a no sé cuántas millas por hora— ¡y vienen bien rápido! Es como que un niño pequeño esté recibiendo estas bolas a 80 millas por hora. Él no va a poder batear ninguna. Es simplemente imposible.

Las preguntas seguían llegando. Dios continuaba lanzándole a Job pregunta tras pregunta. “Job, ¿Dónde estabas tú cuando yo ponía los planetas en órbita? ¿Dónde estabas tú cuando yo plantaba los fundamentos de los océanos y de la tierra? Job, ¿Dónde estabas tú cuando yo encendí la luz? Job, ¿dónde estabas cuando todo era oscuridad?

Él comienza a hacer todas estas preguntas acerca de la naturaleza, acerca del mundo físico y sobre las cosas que vemos cada día y damos por sentado. “Job, ¿puedes explicar la lluvia? ¿Puedes explicar el granizo? ¿Puedes explicar cómo funciona el sol? ¿Puedes explicar el eclipse que sucedió anoche? Job, respóndeme a Mí esas preguntas.”

Y Job está sin palabras. Bueno, luego de las primeras 40 preguntas,  llegamos a Job capítulo 40 el versículo 1, “Además respondió Jehová a Job, y dijo: ¿Es sabiduría contender con el Omnipotente? El que disputa con Dios, responda a esto.” Es como si Job estuviera tratando de encontrar aliento. Comenzando con el versículo 3 del capítulo 40,

Job le responde al Señor, “He aquí que soy vil; ¿qué te responderé? Mi mano pongo sobre mi boca. Una vez hablé, mas no responderé; aun dos veces, mas no volveré a hablar.”

“¡Dios, ya puedes parar la máquina de lanzar pelotas!” Pero Dios no ha terminado. Aún tiene unas cuantas preguntas más. Él quiere asegurarse de que Job conoce quién es Dios y quién no; así que vuelve a lanzar las pelotas hacia Job. “Cíñete ahora como varón tus lomos; Yo te preguntaré, y tú me responderás. ¿Invalidarás tú también mi juicio? ¿Me condenarás a mí, para justificarte tú?” (Job 40: 7-8)

Y ahora vienen 15 preguntas más, una tras otra, cada una más difícil que la anterior sobre el mundo creado, sobre toda clase de animales de los cuales nosotras no hemos oído ni sabemos cómo son. Dios lo que quiere es que Job vea que hay muchas cosas que no podemos comenzar a entender. No trates de pensar que puedes entender la razón de este sufrimiento.

Entonces llegamos a esa gran declaración de confesión y arrepentimiento en Job capítulo 42, comenzando desde el versículo uno.

Entonces Job le respondió al Señor y le dijo, “Yo conozco que todo lo puedes, y que no hay pensamiento que se esconda de ti. [Tú lo dijiste, oh Dios] ¿Quién es el que oscurece el consejo sin entendimiento? Por tanto, yo hablaba lo que no entendía; cosas demasiado maravillosas para mí, que yo no comprendía. [Me dijiste] Oye, te ruego, y hablaré; te preguntaré, y tú me enseñarás.» (Versículos 1-4).

[Entonces Job le dice a Dios], “De oídas te había oído; mas ahora mis ojos te ven. Por tanto me aborrezco, y me arrepiento en polvo y ceniza.” (Versículos 5-6)

No está mal preguntar por qué, pero ¿estás tú preguntando con esa agitación y ese impulso que dice, “Dios, si no me explicas esto no te amaré, no confiaré en ti, no te obedeceré?” O estás haciendo la pregunta con ese corazón que busca diciendo, “Dios, quiero conocer más de ti. Quiero conocer más de Tus caminos, quiero entender lo que Tú quieres mostrarme a través de esto. Pero si tengo que vivir con el misterio y con las interrogantes, por el resto de mi vida, aun así voy a confiar en Ti, voy a obedecerte, voy a amarte.”

¿Acaso necesitas arrepentirte, como lo hizo Job, de andar tras grandezas y tras cosas demasiado sublimes para ti? Romanos capítulo 11 los versículos 33-36 lo dice de esta manera:

“¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos! Porque ¿quién entendió la mente del Señor? ¿O quién fue su consejero? ¿O quién le dio a él primero, para que le fuese recompensado? Y la conclusión es la doxología: Porque de él, y por él, y para él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén.” (RV 1960).

¿Entonces, qué haces con tus dudas? ¿Qué haces con aquello que ignoras? Luchas y te afanas, o dices, “Señor, Tú eres Dios; yo no. Las riquezas de tu conocimiento y Tu sabiduría son demasiado grandes para mí. Son insondables e inescrutables. Yo no puedo conocer Tu mente. Yo no puedo aconsejarte. Tú no me debes explicaciones.

“Así que Señor, descanso en el misterio. Estoy contenta con el misterio, y sé que lo que sea que estés haciendo en mi vida con esta situación, viene de Ti; y por Ti y para Ti son todas las cosas. Lo que realmente me importa es saber que la gloria será tuya y confío en que así lo harás.”

Leslie: Nancy Leigh DeMoss nos ha invitado a ver la historia de Job. Su fidelidad te dará perspectiva en cualquier situación que estés atravesando. Este mensaje es parte de la serie llamada, Un corazón en quietud. Puedes escuchar la serie completa o leer la transcripción visitando www.AvivaNuestrosCorazones.com. Ahora Nancy regresa con la segunda parte del programa de hoy.

Nancy: No hace mucho que recibí un correo electrónico de una oyente que decía, “Mi vida es un desastre: mi relación con Dios, con mi esposo, en mi hogar, en el trabajo, en todo. No sé por dónde empezar. Estoy tan ansiosa que no puedo pensar claramente. ¿Podrías ayudarme?

¿Alguna de ustedes escribió ese correo? El pasaje que estamos estudiando en esta serie, solo un corto salmo, el Salmo 131, contiene una ayuda inmensa para personas como la mujer que escribió este correo, y para gente como tú y como yo.

Permíteme leer el salmo nuevamente, y luego volveremos a donde lo dejamos la última vez. El salmista dice, “Jehová, no se ha envanecido mi corazón, ni mis ojos se enaltecieron.” Habíamos hablado de la actitud de humildad. “Ni anduve en grandezas, ni en cosas demasiado sublimes para mí.” Esta es una actitud de sencillez y simpleza.  Él continúa diciendo en el versículo 2, “En verdad que me he comportado y he acallado mi alma como un niño destetado de su madre, mi alma está como un niño destetado” Y luego el tercer versículo dice: “Espera, oh Israel, en Jehová, desde ahora y para siempre.” (RV 1960).

Hoy, y en la próxima sesión, queremos enfocarnos en el versículo 2. “En verdad que me he comportado y he acallado mi alma como un niño destetado de su madre”. ¿Un corazón en quietud? El salmista dice, “He calmado y acallado mi alma.” Y muy frecuentemente eso es lo que necesitamos en este mundo tan ocupado, frenético y agitado en que vivimos. ¿Cómo puedes tener un corazón en quietud?

En este versículo yo veo que tener un corazón tranquilo requiere de una elección consciente. No es algo casual. Él dice, “En verdad que me he comportado y he acallado mi alma”. Tomé una decisión. Fui proactivo en cuanto a esto. Le hablé a mi corazón. Es ahí donde necesitamos aprender a aconsejar a nuestros corazones para decirles, “Corazón, quédate tranquilo”. Es una elección consciente. Él dice, “En verdad,” como si hiciera un voto. Un escritor dijo sobre este salmo, “Él está obligado y decidido a luchar contra su alma rebelde”. Y me gusta eso, porque a veces mi alma se pone realmente rebelde.

Ahora, yo estoy aprendiendo algo y lo estoy viendo en este salmo, y es que tú tienes que aquietar tu propia alma. Nadie puede hacerlo por ti. Tenemos la tendencia a querer que venga alguien y lo arregle, o que nos ayude a mejorar. Y la gente nos puede animar; ellos pueden guiarnos hacia el Señor, pero al final de cuentas somos nosotras que tenemos que decirle a nuestras propias almas, “Alma, quédate callada. Tranquilízate. Espera en el Señor”.

Sabes,esta quietud tiene que suceder dentro de nosotras, a menudo tendemos a pensar, “Si las cosas externas a mí, las circunstancias externas en mi vida cambiaran —si solo mi esposo esto o aquello, o si tuviera un esposo, o si solo mis hijos tal cosa, o si nuestra casa estuviera en otro lugar, o si fuera de otro tamaño, o si mi trabajo fuera este, o si mi jefe fuera así, o si solo sucediera tal cosa —entonces no sentiría tanta confusión dentro de mí.” Pero, ¿sabes qué? La tormenta realmente se encuentra dentro de nuestros corazones. “En verdad que me he comportado y he acallado mi alma”.

Ese es un cambio que tiene que ocurrir adentro, porque yo he aprendido que tú puedes cambiar todo tipo de circunstancias en la vida y, aún así, tu alma continuar en agitación. Y por el otro lado tú puedes tener toda clase de tormentas alrededor de ti, y aún así tener un corazón tranquilo, porque la paz depende de lo que pasa dentro del corazón.

Así que me estoy dando cuenta de que lo que tengo que hacer con mi propio corazón es decirle, ¡“Cállate”!¡Aquiétate! ¡Cálmate! ¡“Shhh”! Ahora, a veces nosotras tenemos la tendencia a pensar que no tenemos ningún control sobre nuestros corazones y que no podemos hacer nada respecto a cómo nos sentimos. Que no podemos hacer nada sobre lo que sentimos o pensamos.

Hay un libro que me ha sido de gran bendición durante años, y lo he leído en diferentes estaciones de mi peregrinar espiritual. Lo estoy leyendo ahora mismo nuevamente porque lo necesito otra vez. Su autor es un antiguo místico cristiano llamado Francois Fenelon. El libro se llama “The Seeking Heart”  (El corazón que busca—está disponible en inglés). Es uno de mis devocionales favoritos, y sus escritos solo abarcan una, dos, o tres páginas, y lo puedes leer en pequeñas dosis.

Una de las cosas que Fenelon dice en su libro, refiriéndose al no poder controlar nuestros pensamientos es:

“Ruega a Dios por calma y reposo interior. Yo sé lo que estás pensando —que controlar tu imaginación no depende de ti. Discúlpame por favor, ¡pero depende muchísimo de ti! Cuando cortas todos los pensamientos inquietos e improductivos que sí puedes controlar, vas a reducir enormemente aquellos que son involuntarios. Dios guardará tu imaginación si tú haces tu parte en no alentar tus pensamientos caprichosos.”

Tenemos que refrenar nuestras almas y bajo el control del Espíritu‍ Santo tomar las riendas y decir, “Alma, cálmate. Mente, cálmate.” No permitas que tu alma vaya allá. “No me voy a ejercitar en cosas demasiado grandes o demasiado sublimes para mí.”  Él dice, “En verdad que me he comportado y he acallado mi alma como un niño destetado de su madre. Como un niño destetado está mi alma”.

Piensa en un niño que depende de la leche de su madre, del pecho de su madre. Llega un punto, cuando el niño crece y madura, y entonces necesita ser destetado. Pero como sabrás si lo has hecho, el destete es un proceso. No es algo que sucede de la noche a la mañana. No siempre es fácil,  a veces implica una lucha.

El infante piensa. “¡No puedo vivir sin esto! ¡Necesito la leche de mi madre; necesito el pecho de mi madre!” así que en el proceso del destete, el niño podría quejarse y llorar; porque se le está quitando algo sin lo cual él cree que no puede vivir. El niño que no ha sido destetado, o aquel que está en el proceso del destete, puede ser muy demandante. Tiene que ser a su manera. Sabes que es inherente en los niños—y en los adultos que piensan como niños—el pensar naturalmente, “Lo quiero, y lo quiero ahora”, y no estar satisfechos hasta que se les de exactamente lo que quieren.

Pero una vez que el niño ha sido destetado, se le puede ver contento. El niño está contento con cualquier cosa que la madre le provea. El niño está tranquilo. Porque él confía en que la madre le dará lo que él necesita. Ahora, no solo los niños necesitan ser destetados. Nosotros también necesitamos serlo— adultas, hijas de Dios, creyentes. Mientras crecemos espiritualmente, Dios comienza a través de un proceso a quitarnos cosas sin las que creemos que no podríamos vivir: objetos, comodidad, el deseo de que la vida funcione como yo entiendo. Ese instinto infantil que dice, “La vida tiene que funcionar a mi manera, y tiene que ser ahora.”

Dios tiene que destetarnos y llevarnos al lugar donde podemos vivir sin esas cosas de las que dependíamos como niños espirituales. Si nuestra alma es como la de un niño lactante, nuestra alma será demandante, impaciente; estará ansiosa y estresada. Nuestro interior se inquieta, y nuestras mentes se vuelven ruidosas, perturbadas. ¿Sabes lo que es tener un espíritu tumultuoso y sentirse inclinada a llevar un estilo de vida obsesivo?

Algunas de nosotras somos perfeccionistas: primogénitas, perfeccionistas, con esas tendencias obsesivas. Esas son tendencias de un niño lactante. “El mundo tiene que funcionar a mi manera”. Pero si tu alma es como un niño destetado, tu corazón estará calmado; estará tranquilo. La imagen ilustra el descanso que viene después de la batalla. Primero el conflicto, la batalla y luego “ahh” el descanso. Estoy contenta. Ya no estoy ansiosa.

Un escritor dijo, “Tú solías ser ruidoso, inquieto y demandante. Ahora te sientas tranquilo”. Esa es la figura de un niño destetado. Es simple, él no tiene que resolverlo todo. Ahora él confía.

Hace poco yo estuve conversando con una madre que sentía que tenía el peso del mundo sobre sus hombros, y ella estaba muy emotiva, compartiéndome algunas cosas de su vida y desahogándose conmigo. Mientras estábamos hablando, su hija de cuatro años se le acercó, inconsciente de lo que estaba sucediendo en ese mundo adulto. Ella simplemente se colocó debajo del brazo de su madre, y se anidó a su lado. Era un cuadro muy bello de confianza, descanso y contentamiento.

Luego que la niña se retiró, le dije a la madre, “Así es que Dios quiere que estés, tal como tu niña está contigo, anidada, confiada, descansada, descomplicada —con la fe simple de un niño”. Pero eso es muy diferente de como nosotros solemos manejar las situaciones, ¿no es así? Nosotros queremos el control; queremos resolverlo todo, manipularlo todo, y pelear.

Mi nueva palabra es “hiperventilar”. Así es como me encuentro frecuentemente. El caos en mi mente comienza a salir, y yo comienzo a hablar más rápido y a decir más; mi tono se eleva y el volumen también. Es así como se manifiesta mi estrés cuando me siento responsable de todo. Ese no es un corazón en quietud. Eso no es un niño destetado.

Un niño destetado significa aquietar mi corazón, estando tranquila en la presencia de mi Padre, confiando en Su sabiduría y amor. No es el tipo de confianza que imagina que los problemas no existen, sino la confianza en que nuestro Padre entiende lo que nosotras no entendemos; que Él puede ver lo que nosotras no vemos, y que Él puede manejar lo que nosotras no podemos. Es confíar en que Él tiene completo control de la situación.

Leslie: Nancy nos ha ayudado a ver cómo tener un corazón en quietud a pesar de las circunstancias. Si este mensaje o el mensaje general de Aviva Nuestros Corazones ha sido de ayuda y aliento para ti y quisieras colaborar con nosotros ayudándonos a continuar invirtiendo en la vida de las mujeres a través de estos programas, visítanos en www.AvivaNuestrosCorazones.com, o llámanos al 1-800-569-5959. De nuevo, gracias por tus oraciones, tus palabras de aliento, y tu cooperación económica, mientras llamamos a las mujeres a experimentar libertad, plenitud, y abundancia en Cristo.

¿Alguna vez te has preocupado por el futuro? Mañana, Nancy nos muestra cómo tener un corazón tranquilo, aun cuando no sabemos lo que está por delante. Por favor, regresa a Aviva Nuestros Corazones.

 

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Usado con permiso del Ministerio Aviva Nuestros Corazones 

Tomado de: Aviva Nuestros Corazones

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

Él te guardará de todo mal

Martes 19 Noviembre

Qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero… sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien.

Romanos 8:26, 28

Él te guardará de todo mal

http://labuenasemilla.net/20191119

Esta mañana, como de costumbre, le pedí a Dios que me guardara de todo mal en el curso del día. Y salí confiado. En el trayecto resbalé y me fracturé una pierna. Entonces me llevaron al servicio de urgencias del hospital, donde pasé largas horas. La fractura era grave, era necesario operar… Mientras esperaba tuve todo el tiempo para reflexionar. Una voz interior me susurraba: «Pediste a Dios que te guardara, y te rompiste la pierna. Sin embargo, está escrito: “Él te guardará de todo mal”. ¿Ese versículo no es válido hoy para ti? ¿Tal vez no oraste con suficiente fe esta mañana?»…

Mi habitación en el hospital era tranquila, pero dentro de mí había una gran agitación. Por último, el versículo 28 de Romanos 8 se impuso a mi espíritu y me tranquilizó. La promesa es formal: ¡todas las cosas (todas, incluso una pierna rota) trabajan para el bien de los que aman a Dios!

Cristianos, fácilmente consideramos un acontecimiento desagradable como un “mal”. Pero si Dios nos permite una contrariedad, o incluso un accidente, no nos dejemos turbar. El Salmo 121:7 afirma: “El Señor te guardará de todo mal”, pero la continuación es primordial: “Él guardará tu alma”. Según su fiel promesa, Dios nos guarda de todo lo que sería un mal para nuestra alma. Lo hará de tal manera que lo que equivocadamente consideramos como “un mal”, finalmente contribuye al bien de nuestra alma.

La historia de Job es un ejemplo conmovedor de ello: Dios permitió que pasara por terribles pruebas, con miras a hacerle un bien inmenso. Y Job no fue perdedor (leer Job 42).

Job 22-23 – Hebreos 9:15-28 – Salmo 128 – Proverbios 28:3-4

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