El contrato roto

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Renovando tu Mente

El contrato roto

R.C.Sproul

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En nuestra última sesión, vimos la estructura básica de los Pactos, tal como se realizaban en el antiguo cercano oriente y cómo el formato de los Pactos que encontramos en el Antiguo Testamento sigue de cerca la misma estructura literaria que se encontró, por ejemplo, entre los heteos del mundo antiguo. Y luego mencioné en esa ocasión que nosotros celebramos todo tipo de contratos en nuestra sociedad actual, contratos de negocios, contratos de empleo, contratos matrimoniales, etc.

Bueno, ¿qué sucede cuando se viola el contrato? En la cultura estadounidense, lo que pasa en general, cuando se viola un contrato, es que las partes se reúnen y si no encuentran solución, una de las partes iniciará un litigio. Lo que seguirá es una demanda para que un juez imparcial dé su veredicto en cuanto a quién fue el que violó el contrato. Ahora, esta idea de pleitos en los tribunales es algo que también encontramos en el mundo antiguo.

Recuerda que parte del trabajo de Moisés como mediador del antiguo pacto fue el de atender casos en la puerta de la ciudad. Solemos oír de las personas que se reunían a la ‘puerta’, porque ahí a la entrada era como estar en la plaza de armas de la ciudad. Y las personas que tenían agravios entre sí vendrían y las presentarían delante de Moisés y luego ante los jueces de Israel. Ellos presentarían su queja, el juez escucharía el caso en medio del proceso y luego daría un veredicto.

Unos de los casos más famosos, es el caso de las dos mujeres que alegaban ser madre de un niño, y el caso fue presentado al Rey Salomón.¿Recuerdas cómo resolvió Salomón esta disputa? Él dijo algo así: ‘Cortaremos al niño por la mitad y le daremos una mitad a cada madre.’ Y una de las mujeres dijo: ‘está bien’; y la otra dijo: ‘No, no, no, no’, “dad a ésta el niño vivo”.

Y Salomón de inmediato supo que la que no quería que el niño muriera era de seguro la verdadera madre, y por lo tanto le dio la custodia a ella del bebe en disputa. Pero la audiencia de casos como este, en especial cuando se viola contratos, involucraba demandas, litigios y juicios.

Ahora, hemos mencionado que en el pacto que Dios hace con Israel, Dios es el soberano en estos tratados. Ahora, ¿qué sucede cuando la gente, que debía cumplir las estipulaciones del tratado, no cumplía con esas estipulaciones?

Bueno, lo que sucedía era esto: Dios entra en juicio con ellos y Dios, por así decirlo, instituye una demanda contra su propio pueblo. Una vez más, en nuestros tribunales de hoy, tenemos citaciones donde el tribunal solicita la presencia para dar testimonio y tú tienes por un lado la defensa y por otro lado, la fiscalía.

¿Quiénes fueron los fiscales en Israel? Esto es algo que muchos de nosotros no reconocemos con facilidad, pero una gran parte del Antiguo Testamento está dedicada a esta función particular, la función del fiscal, el que acusa, los mensajeros de Dios, quienes hacen la demanda contra el pueblo de Dios, por violar los términos del pacto.

¿Y quiénes fueron estos fiscales? En el Antiguo Testamento se les conocía como profetas. Esto puede sonar nuevo para ti, porque normalmente cuando pensamos en los profetas del Antiguo Testamento, pensamos que su tarea principal era hacer promesas futuras, predicciones de lo que Dios dice que sucedería en el futuro y las bendiciones prometidas del cumplimiento del pacto y cosas así.

A menudo se ha dicho que los profetas no solo predecían, sino que también anunciaban. No solo hablaban del futuro, sino que estaban profundamente preocupados por el pasado y por la forma en que la fe histórica, la religión clásica que Dios había instituido con su pueblo, estaba siendo transformada, pervertida y corrompida. Y Dios llamaría a su pueblo a una prueba solemne por medio de la obra de los profetas. Los profetas fueron reformadores, no fueron revolucionarios.

Y, lo que hicieron en su labor de reformar la iglesia, fue llamar al pueblo de Israel a una fidelidad y obediencia a los términos principales del pacto original. Oyes a Jeremías, por ejemplo, en su famoso discurso en el templo, diciendo: “Templo de Jehová, templo de Jehová, templo de Jehová es este.”

Él dijo algo así: “Tú confías en palabras de mentira, que no aprovechan… Anda ahora a mi lugar en Silo y mira eso porque así se verá Jerusalén”. Silo estaba en ruinas y Jeremías predice que la ciudad, la ciudad santa de Jerusalén, será devastada como un acto de juicio de Dios sobre el pueblo por no cumplir con los términos del pacto. Y muchas de las profecías de los profetas tienen que ver con ese juicio inminente, ese día de tinieblas, el día del Señor.

Originalmente, el pueblo de Israel esperaba el día prometido del Señor porque vieron ese día del Señor como un tiempo de redención. Pero cuando el profeta Amós le habla a su pueblo, dijo que el día del Señor será como un día de oscuridad sin luz.

Dijo que será un tiempo de juicio sobre la nación porque han ignorado los estatutos de Dios y han violado los términos del pacto. Solo para tener una idea de cómo funciona esta misión profética en la historia de la redención, voy a dirigir su atención ahora a un breve pasaje en el libro del profeta Oseas.

Estaremos viendo Oseas 4. El capítulo empieza con estas palabras: “Oíd palabra de Jehová, hijos de Israel”. Ahora, no vayamos tan rápido con esto. A menudo, cuando los profetas estaban a punto de dar un oráculo, una declaración de Dios al pueblo, lo que se hacía primero era una convocatoria de una asamblea solemne, el anuncio de una asamblea solemne, como una reunión del pueblo; el profeta anunciaba o llamaba al pueblo para que venga a escuchar.

Y esto es lo que justo está haciendo Oseas aquí. “Oíd palabra de Jehová, hijos de Israel”. Los está llamando a una asamblea solemne porque hay una audiencia judicial que está por empezar. Es como, “Atención, escuchen”, cuando el secretario da inicio al proceso judicial, aún aquí en Estados Unidos, y anuncia: “El estado de Florida contra Elena Peña, o quien sea el acusado del caso; y así, entonces, la asamblea solemne continúa. Ahora, escucha lo que dice Oseas: “Oíd palabra de Jehová, hijos de Israel, porque Jehová contiende con los moradores de la tierra.”

¿Ves cómo usa lenguaje jurídico? Otras traducciones dicen: “…porque el Señor tiene querella contra los habitantes de la tierra.” Así que, Dios está ahora llamando a la gente, no para una pequeña charla o para confraternizar, los está convocando para esta audiencia debido a una querella. Y la querella es entre Dios y su pueblo; la querella se basa en que Dios, a través de los profetas, está presentando cargos, cargos formales, contra su pueblo del pacto porque han violado los términos del acuerdo. Ahora, ¿cuáles son los cargos que trae Oseas, por ejemplo?

Escucha esto: “porque Jehová contiende con los moradores de la tierra: porque no hay verdad, ni misericordia, ni conocimiento de Dios en la tierra. Estos son los cargos. No es que aquí exista un cargo específico contra la violación de un punto en particular del código de la ley mosaica, sino que ahora es mucho más amplio que eso, mucho más serio.

El profeta viene y Dios ha dicho a través del profeta: ‘estoy mirando a mi pueblo y “no hay verdad, ni misericordia, ni conocimiento de Dios en la tierra.”’ Otras traducciones dicen: “pues no hay fidelidad, ni misericordia ni conocimiento de Dios en la tierra.” De modo que la primera preocupación que los profetas expresan aquí en los cargos que están siendo presentados por Dios, es la corrupción del sistema de justicia de la nación.

Dios había llamado a su pueblo a ser un pueblo que promovía, exhibía y mantenía la justicia. Recordamos a Miqueas, cuando le preguntaron, cuando Miqueas dijo: “¿y qué pide Jehová de ti?” Y él contestó—redujo todos los requisitos de la ley a tres declaraciones: “solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios.” Esas son las tres responsabilidades principales del pueblo de Dios: la promoción de la justicia, de la misericordia –en un momento hablaré de eso—y caminar humildemente con Dios.

Ahora, lo que Oseas hace aquí es decir que el pueblo de Israel ha fallado en los tres cargos. Cargo número uno: No hay justicia en la tierra. Si lees el libro del profeta Amós, por ejemplo, verás que Amós es quien dice: “Pero corra el juicio como las aguas, y la justicia como impetuoso arroyo.”

La queja es contra la explotación de la gente, de que los ricos y poderosos, y particularmente los gobernantes del gobierno han oprimido a su propia gente. Los pobres se venden por un par de zapatos en el mercado; y gran parte de la profecía de Amós va contra los problemas de justicia en la nación. Pero, ¿qué de “no hay piedad”?

La razón por la cual hay diferentes interpretaciones o traducciones de este texto es porque la palabra que se traduce por misericordia es la palabra “hesed”, la cual es una de las palabras más importantes en todo el vocabulario del Antiguo Testamento; Y puede traducirse a veces por “misericordia” o por “fidelidad”.

Lo que ‘hesed’ es, es la palabra que usan los judíos para expresar cómo Dios se relaciona con su pueblo, que Dios es leal a su pueblo. Contiene la idea de un patrón de lealtad firme. Dios siempre es leal a su pueblo y a su pacto, y demuestra su lealtad a ellos a través de su afable y tierna misericordia que derrama sobre ellos. Pero cuando Dios es afable, tierno y misericordioso y leal a su pueblo, espera que la gente lo refleje y proyecte en términos de sus propias relaciones interpersonales.

Ahora Dios viene, y Él mira a la nación, y Él dice: ‘No solo no hay justicia aquí, sino que no encuentro lealtad. No encuentro misericordia personal ni compromiso entre el pueblo de Dios. Pero luego, el tercer juicio es este: “No hay conocimiento de Dios en la tierra.”

Me voy a dar una pequeña licencia aquí, a algunos no les va a gustar lo que voy a decir, pero, en este punto, Dios está acusando a su pueblo, llevando a juicio a esas personas que se supone que son parte de su comunidad del pacto, debido a su pésima teología, porque ¿qué es el conocimiento de Dios sino la teología? ¿Qué es teología sino un estudio de las cosas de Dios?

Y lo que sucedió en Israel, esta nación elegida que gozó de abundante revelación especial de Dios, a quienes Dios reveló su carácter, su identidad, su naturaleza, la verdad sobre quién es él, y sin embargo con toda esta revelación especial que se le dio a Israel, la ignorancia teológica empezó a ser común. Las personas se confundieron en religiones falsas y en puntos de vista que eran completamente inconsistentes con la verdad de Dios.

De Nuevo, si miras cuidadosamente las escrituras y las enseñanzas de los profetas del antiguo Testamento, verás que una de sus preocupaciones centrales es la verdad, tal como lo era para Jesús en el Nuevo Testamento, cuando frente a Pilatos, éste le dice: ‘¿quién eres tú? ¿Eres un rey? ¿Qué has hecho?’

Y Jesús dijo: “Yo para esto he nacido, y para esto he venido al mundo, para dar testimonio a la verdad. Todo aquel que es de la verdad, oye mi voz.” En la enseñanza de Jesús, la verdad es primordial. En el Antiguo Testamento, la verdad es primordial. En nuestra cultura, la verdad es asesinada en las calles. La gente quiere unidad, quiere relaciones, quiere compañerismo, sin importar lo que sea o no verdad.

La mayor amenaza para Israel en su historia, de nuevo si lees con atención los escritos de los profetas, no fue la amenaza militar de las naciones vecinas como los filisteos y los asirios, etc; La mayor amenaza para Israel fue el falso profeta en medio de ellos. Porque lo que el falso profeta hace es distorsionar la verdad de Dios y alejar a las personas de la vida piadosa, alejándolas del fundamento mismo de la vida piadosa, es decir, un conocimiento apropiado de Dios mismo.
Y ahora, esta acusación del profeta Oseas es severa. Dios le dice a su pueblo: ‘He mirado a largo de toda la tierra y no hay conocimiento de Dios en ella’. Me pregunto ¿cuál sería su juicio sobre Estados Unidos? Luego continua y dice: “Perjurar, mentir, matar, hurtar y adulterar prevalecen, y homicidio tras homicidio se suceden. Por lo cual se enlutará la tierra, y se extenuará todo morador de ella, con las bestias del campo y las aves del cielo; y aun los peces del mar morirán. Y luego continúa: “Ciertamente hombre no contienda ni reprenda a hombre, porque tu pueblo es como los que resisten al sacerdote. Caerás por tanto en el día, y caerá también contigo el profeta de noche; y a tu madre destruiré.”

Y ahora escucha la acusación realmente demoledora y devastadora que viene: “Mi pueblo fue destruido, porque le faltó conocimiento. Por cuanto desechaste el conocimiento, yo te echaré del sacerdocio; y porque olvidaste la ley de tu Dios, también yo me olvidaré de tus hijos.” ¡Qué anuncio! ¿Puedes imaginarte a Dios saliendo en televisión nacional en los Estados Unidos o entrando al edificio de la Corte Suprema y diciendo: ‘Ahora me hago cargo’ y dice: ‘El pueblo estadounidense está pereciendo. Están siendo destruidos por falta de conocimiento.

No saben quién soy. Son ignorantes de mi ley y debido a todo eso, toda la tierra llorará. Y porque has rechazado el conocimiento de mí, yo te rechazaré. Rechazaré a tus sacerdotes, rechazare a tus madres, rechazaré toda la tierra.’ Qué tan extraño es eso para nuestro pensamiento hoy en día, cuando lo último que alguien quiere ejercitar es la precisión y solidez teológicas.

Pero miren, para Israel y para los profetas, la teología no fue un ejercicio abstracto: cuando la comprensión de una nación de Dios se desintegra, la gente es destruida. La gente muere y lo que inunda la cultura, en lugar de una cultura comprometida con la devoción a Dios y la obediencia a su ley –ahora, lo que viene en gran medida es mentiras, robo, violencia, adulterio; y por lo tanto, toda la nación languidece.

Debería haber una lección en alguna parte para nuestra propia nación, porque nuestra nación está languideciendo a causa de la violencia, a causa de la inmoralidad, porque la nación no tiene conciencia de la ley de Dios. Nos hemos resistido y hemos rechazado la ley de Dios, y Dios simplemente dice: ‘Cuando rechaces mi ley, cuando rechaces mi verdad, yo te rechazaré’.

Esa es una gran carga devastadora que se impondrá a cualquier nación. Y así el resto de este capítulo habla de los planes de Dios para castigar a su pueblo. Él los envía al exilio. Les quita el templo y, en una palabra, los entrega a su propio pecado y a su propia corrupción al caer el martillo de su juicio sobre ellos. Y entonces tenemos que entender que, en el drama de la redención, en el corazón de ese drama se encuentra el pacto, las promesas que Dios hace y esas promesas incluyen tanto las bendiciones y los beneficios como las maldiciones por desobedecer los términos de esa ley.

Y cuando esas leyes se quebrantan y se viola el tratado, Dios unge a los profetas, quienes son enviados como sus fiscales para llamar a la gente a una reforma, para devolverles los términos originales de su acuerdo con Dios. ¿Y cómo reacciona la gente ante los profetas? Los rechazan, los excluyen y finalmente los matan hasta que llega el último profeta que traerá crisis a la tierra con su aparición, con la aparición de Cristo. Me pregunto cómo te sentirías si fueras a tu buzón de correo y descubrieras que acabas de recibir una citación para presentarte y testificar en un juicio; o incluso peor, si acabas de ser convocado para comparecer como acusado en un caso en el que alguien ha presentado cargos formales contra ti.

Esto no es algo muy grato de contemplar. Ahora bien, una cosa sería que el estado de Florida, o cualquier ciudad donde vivas, presente cargos contra ti, pero ¿cómo te sentirías si recibieras una citación de parte de Dios, si te citan ante Su tribunal y te llaman para comparecer ante Él?

¿Qué harías? ¿Cómo responderías? La única respuesta que tenemos como cristianos es consultar con nuestro abogado defensor, Jesús, y rogar para que él defienda nuestro caso ante el tribunal de Dios. Pero ciertamente, estaríamos temblando si supiéramos que Dios nos acusó y dijo: ‘RC Sproul, miro tu vida. No veo ninguna preocupación por la justicia. No veo lealtad o misericordia, y no posees verdad porque has rechazado el conocimiento de mí. Por razones políticas, por conveniencia, le has dado la espalda a mi verdad.’ ¡Qué terrible acusación sería para mí, para ti o para cualquiera!

R.C. Sproul es el fundador de Ligonier Ministries, el maestro principal de la programación de radio Renewing Your Mind, y el editor general de la Biblia de estudio Reformation

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¿Transparencia o luz?

Viernes 18 Octubre

Le dijeron: ¿Tú quién eres? Entonces Jesús les dijo: Lo que desde el principio os he dicho.

Juan 8:25

Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida.

Juan 8:12

Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino.

Salmo 119:105

¿Transparencia o luz?

http://labuenasemilla.net/20191018

Con motivo del «festival de la palabra» organizado en una comuna francesa, una de las dos palabras escogidas como palabra del año 2013 fue «transparencia». Comentando esta elección, el presidente del jurado dijo: «La transparencia exige la visibilidad de lo que se sospecha escondido. Un material perfectamente transparente como el vidrio no permite ver en la noche. Así, exigir la transparencia no tiene ningún sentido si se descuida llevar la luz».

Cuando Jesús vino al mundo, trajo la luz, esta luz espiritual que alumbra nuestras motivaciones interiores. Él era “la luz del mundo”. Pero esto molestó tanto a los hombres, que prefirieron permanecer en las tinieblas. “La luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas” (Juan 3:19). ¿A quién le gustaría que todos sus pensamientos de la semana pasada fueran registrados en un DVD y proyectados en público, o incluso solo delante de sus allegados?

¿Deseamos ser transparentes a la luz de Dios, dejarla sondear nuestro corazón y nuestra alma en lo más profundo? No temamos hacerlo, porque esta luz nos conducirá a confesar nuestras faltas y a obtener el perdón de Dios. Y como cristianos, andemos “como hijos de luz” (Efesios 5:8-9), manifestando, a través de nuestras palabras y conducta, la bondad, la justicia y la verdad divinas (Efesios 5:8-9).

Nehemías 4 – Juan 7:32-53 – Salmo 118:15-20 – Proverbios 25:18-19

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)

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11/13 – Los Talentos

Iglesia Evangélica de la Gracia

Serie: Parábolas del Reino

11/13 – Los Talentos

David Barceló

David Barceló

David es licenciado en Psicología y graduado de los seminarios Westminster en California (MA) y Westminster en Filadelfia (DMin). Es miembro de la NANC y graduado en Consejería Bíblica por IBCD. David ha estado sirviendo en la Iglesia Evangélica de la Gracia, desde sus inicios en mayo de 2005, siendo ordenado al ministerio pastoral en la IEG en junio de 2008.

9/9 – El problema con las autoridades indignas

El Amor que Vale

Serie: El increíble poder de la autoridad de Dios

9/9 – El problema con las autoridades indignas

Adrian Rogers

 

El Dr. Adrián Rogers es un predicador, evangelista y maestro de Biblia. Presenta las Buenas Nuevas de Jesucristo con firme convicción a través de su ministerio de radio y televisión, EL AMOR QUE VALE.

Más acerca del Dr. Adrián Rogers:

http://www.lwf.org/eaqv

El contrato ancestral

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Renovando tu Mente

El contrato ancestral

R.C.Sproul

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Continuando con nuestro estudio acerca del drama de la redención, quiero recordarles que ya hemos visto varios de los distintos Pactos que Dios estableció con Su pueblo, y mencioné al inicio que, la estructura misma del pacto es ese vínculo que une el Antiguo y el Nuevo Testamento. De hecho, cuando los llamamos el Antiguo y el Nuevo Testamento, lo que estamos diciendo es el antiguo y nuevo pacto. También mencioné que tomaría un tiempo para explicar el formato literario y las estructuras del pacto.A mediados del siglo XX, un profesor de la Universidad de Michigan llamado Mendenhall escribió una monografía muy breve que apareció en el periódico casi como un ensayo titulado simplemente: “La ley y el pacto en el antiguo cercano oriente”.

Ahora, lo que el profesor Mendenhall hizo en ese trabajo fue resumir algunos descubrimientos extremadamente importantes del siglo XX, particularmente en este caso ya que se relacionaban con el antiguo pueblo heteo. Mendenhall notó que en los documentos –algunos documentos que se habían descubierto, que habían sobrevivido desde la antigüedad–notó que había una cierta estructura en los tratados que se hicieron en el mundo antiguo entre lo que se llamó el rey soberano y sus reyes vasallos.

Es decir, tienes un gran rey y él hace alianzas o un pacto con reyes menores, y en este arreglo o en este tratado soberano, como se le denomina, ciertas facetas aparecen regularmente en estos tratados. Voy a enumerar los elementos que encontramos en estos tratados antiguos. El primero es que estos tratados siempre contenían un preámbulo, tal como lo tiene la Constitución de Estados Unidos, y luego lo que siguió después del preámbulo fue lo que llamamos el prólogo histórico, y luego el prólogo histórico es seguido por las estipulaciones –o los términos del acuerdo—y luego esas estipulaciones son seguidas por sanciones y juramentos.

También tenemos ceremonias de ratificación y disposiciones para la renovación. Ahora bien, lo que este hombre notó en este análisis fue que este mismo formato se encuentra con frecuencia en las escrituras del Antiguo Testamento. Meredith Kline, profesora de Antiguo Testamento, ha escrito al menos dos libros que amplían este análisis de la estructura de los convenios que encontramos en la Biblia.

Esos dos libros se titulan en primer lugar, Tratado del Gran Rey y el segundo se llama Por juramento consignado, donde la Dra. Kline se explaya sobre el trabajo de Mendenhall para mostrar cómo se puede encontrar esta estructura de tratados en los documentos del Antiguo Testamento. Permítanme comenzar entonces con una breve introducción al capítulo veinte del libro de Éxodo. Creo que todos sabemos que Éxodo 20, uno de los capítulos más famosos del Antiguo Testamento, es muy conocido porque es en ese capítulo que encontramos el Decálogo, o los Diez Mandamientos, que forman la base fundamental o la base legal para la formación de la nación que Dios instituyó con su pueblo Israel. Y empieza así: “Y habló Dios todas estas palabras, diciendo: Yo soy Jehová tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre. No tendrás dioses ajenos delante de mí.”

Lo que vemos aquí en esta breve introducción en el primer versículo de Éxodo 20 es un preámbulo y un prólogo histórico. El preámbulo es la situación en la cual el miembro soberano de este tratado, porque los tratados soberanos no eran pactos o convenios entre iguales. El soberano era el gran rey, como mencioné, y los otros reyes que se aliaron con él eran reyes menores, y entonces la soberanía descansaba en el soberano.

Y eso es lo que encontramos aquí en el Antiguo Testamento, que el socio soberano de este pacto es Dios; y Dios, en el preámbulo, se identifica a sí mismo. Él se presenta a sí mismo por su nombre, al igual que en el mundo heteo, el nombre del gran rey se declara primero. “Yo soy Yajabibi, rey de todos los heteos” y así por el estilo. Aquí notamos que en Éxodo 20, comienza con esta declaración: “Yo soy Yahweh, tu Dios”,

De tal manera que Dios se identifica por su nombre como el soberano en el tratado, y luego sigue el prólogo histórico. Una de las cosas fascinantes en el Antiguo Testamento es que encontramos estos prólogos históricos frecuentemente, en especial cuando hay ceremonias de renovación del pacto. Entonces el prólogo histórico actualizará la historia de la relación entre Dios y su pueblo.

De nuevo, es importante que comprendamos que el Dios al que servimos es un Dios personal. Él tiene un nombre y hay una historia de la relación entre Dios y su pueblo. Inicialmente, Dios se identifica aquí como el Señor del pueblo –Yahweh, su Señor—el que ha hecho…¿qué? “Yo soy Jehová tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto”.

Anteriormente, cuando Dios le hablaba a José, por ejemplo, decía: “Yo soy el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob.” Al decir eso, él se estaba identificando a sí mismo con la historia pasada de su relación con su pueblo. Ahora se está expandiendo. No solo es el Dios de Abraham, Isaac y Jacob, sino que ahora se lo conoce como el Dios que ha actuado en la historia para provocar el Éxodo. “Yo soy Jehová tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto”. Ahora, todo esto, todo este preámbulo y prólogo, antes de llegar a los términos del pacto.

Ahora, lo que Mendenhall llamó las estipulaciones, se refiere a esos artículos, ese contenido del tratado por el cual se hacen ciertas promesas o acuerdos. Esos son los términos del acuerdo. Así como cuando tenemos un contrato laboral hoy en día –si tú tienes un contrato donde trabajas, puedes estar bajo contrato con un empleador y tener una descripción de funciones. Y la descripción de funciones, especifica o establece las estipulaciones y los términos de tu empleo; eso incluye tanto tus responsabilidades como tus beneficios.

Por ejemplo, en el mundo heteo, el rey decía: “Yo soy Yajabibi, rey de todos los heteos y ahora prometo que protegeré tus tierras de reyes extranjeros. Mis ejércitos se mantendrán a tu disposición y actuarán cada vez que te sientas amenazado, y al mismo tiempo, es tu responsabilidad entregar a mis almacenes tantos costales de grano por año y tanto dinero de impuesto por año.” Esos son los términos del acuerdo.

En el contrato nupcial que tenemos hoy, tenemos ciertas promesas que se hacen, en la que nos comprometeos mutuamente, y decimos que prometemos amarnos y ser fieles y todas esas cosas que prometemos, en cualquier circunstancia, sea que estemos en enfermedad o en salud, en abundancia o en escasez, ya saben, hasta que la muerte nos separe.

Esas partes de la ceremonia nupcial incluyen las estipulaciones del acuerdo o del pacto. Ahora, la razón por la que menciono estas estipulaciones es porque tenemos que entender que el Decálogo, los diez mandamientos, implicó un resumen de las estipulaciones básicas del pacto con el que Dios hizo con y a través de Moisés.

Moisés es llamado el mediador del antiguo pacto. Es a través de Moisés que la ley ahora se le da a la nación, la ley que se expande mucho más allá de las obligaciones que Dios le impuso con anterioridad a Abraham, Isaac, Jacob y demás. Ahora tenemos esta codificación formal de todas las estipulaciones para que Israel sea una nación, para ser el pueblo de Dios en esta situación histórica redentora.

Y no solo tienes los diez mandamientos, o el decálogo, sino que lo que sigue a los diez mandamientos se llama el código de santidad, que se expande con mucho más detalle sobre las obligaciones que se establecen en los diez mandamientos. Este es otro aspecto que espero que encuentres interesante: que hay dos tipos distintos de leyes que son parte de este pacto que Dios establece con Moisés en el monte Sinaí.

A veces se conoce como el pacto Sinaítico porque fue dado a través de Moisés en el monte Sinaí. Y los dos tipos distintos de leyes que encontramos aquí en el libro de Éxodo y en todo el Pentateuco son lo que se llama ley casuística y el segundo se llama ley casuística. Ahora bien, estos términos pueden no ser familiares para todos, en especial el primero, apodíctico.

Ahora, ese es un término que casi nunca escuchamos, pero lo que se entiende por ley apodíctica son las leyes que se otorgan como universales, como principios universalmente vinculados que forman la base misma de todo el código legal de la nación.
En nuestra situación actual, podríamos ver un paralelo entre los diez mandamientos y su función en Israel y la declaración de derechos de nuestra Constitución estadounidense, porque todas las otras leyes de la tierra, de las cuales existen miles de leyes en las legislaciones, todas ellas siempre se juzgan de conformidad con, o en relación con, las leyes presentes en la Declaración de derechos en la Constitución.

Ahora, la razón por la que se llaman apodícticos es por la forma en que son dados y que son referidos. Siguen una fórmula determinada y esa fórmula aquí es: “Tú harás…” o “No lo harás…” Esa es la fórmula que no es una situación hipotética condicional, sino que es lo que hoy llamaríamos leyes absolutas. Quiero decir, esto es totalmente extraño para una cultura como la nuestra, donde hay personas que abrazan el relativismo y dicen que no hay nada absoluto excepto el absoluto de que no hay nada absolutamente nada absoluto.

Así que la ley apodíctica son los principios universales que definen todas las otras leyes específicas que vienen después. Ahora, la ley casuística, a diferencia de la ley apodíctica es la que comúnmente llamamos “jurisprudencia”. Jurisprudencia: ley que surge de situaciones de vida específicas y casos específicos.

Sabemos que cuando los abogados presentan casos en el tribunal de nuestro país, siempre están preocupados por encontrar precedentes para situaciones similares e intentar alentar al tribunal a aplicar una decisión previa a una situación que tal vez ahora es un poco diferente pero que, sin embargo, tiene suficientes similitudes con los hechos anteriores que fueron resueltos por el tribunal, que examinamos todo el cuerpo de la jurisprudencia para dar pautas a futuras decisiones.

Ahora bien, la fórmula de la jurisprudencia en el Antiguo Testamento es la siguiente: generalmente sigue este tipo de formato literario: si tal o cual, tal y tal cosa sucede, entonces tal o tal cosa y tal y tal debería ser la respuesta de la corte. Y estas leyes son ejemplares. Es decir, sería algo como esto. La jurisprudencia diría: si su buey aplasta el campo de otra persona, entonces se aplicarán ciertas penalidades o sanciones en ese caso. ¿Vieron? Hay un caso.

Ahora, si la Biblia cubriera todos los casos imaginables de jurisprudencia, entonces la Biblia sería un libro tan grande que se necesitaría una grúa para levantarla. Por eso existe la jurisprudencia como modelo o ejemplo de cómo debe administrarse la justicia. Supongan que ahora mi problema no es que mi buen haya pisoteado tu jardín de rosas, sino que mi cabra ha devorado tus gladiolos.

Es posible que la Biblia no hable específicamente acerca de las cabras comiendo gladiolos, pero vemos si hay un caso, una instancia, un ejemplo de algo similar en la Biblia de donde podemos sacar conclusiones. Y así es como funciona la jurisprudencia. Entonces, tienes tanto la ley apodíctica como la ley casuística, todas incluidas en este concepto que llamamos estipulaciones. Y así las estipulaciones del pacto que Dios hace con Moisés comienzan con declaraciones tales como: “No tendrás dioses ajenos delante de mí. No te harás imagen, ni ninguna semejanza”… y así sucesivamente a través de los diez mandamientos.

Ahora, luego de que se dan las estipulaciones, y tenemos que recordar, de paso, que la ley en el Antiguo Testamento no es algo abstracto que desciende del cielo aislado de cualquier contexto real. El contexto de esta ley es un pacto, y sigue siendo parte del pacto de gracia.

Entonces, no podemos decir que las leyes de Dios son contrarias a su gracia, pero sí, que vienen a nosotros como parte de la expresión de su bondad y misericordia, que Él incluso haría un trato con nosotros, que incluso Él sería nuestro Señor del pacto.

Es un acto completamente amable de parte de Dios. Y también tenemos que entender que las leyes de Dios, nuevamente, no son principios abstractos, sino que son las leyes de nuestro Dios personal. Obedecemos la ley no solo porque sean leyes, sino porque son leyes de Dios y queremos ser obedientes a Él, y queremos agradarle.

Y Él expresa su placer al darnos estas leyes para decirnos cómo vivir. Ahora, estas estipulaciones son seguidas por juramentos y sanciones, se toma juramento y en el caso que ya hemos visto, el caso de Abraham, Dios hizo un pacto con él y juró por Sí mismo.

Hizo un juramento, y ese juramento es una promesa solemne en donde promete cumplir los términos del pacto. Dios hizo ciertas promesas a Adán, hizo promesas a Noé, hizo promesas a Abraham, y ahora hace estas promesas al pueblo de Israel. Y la promesa que se genera en el antiguo pacto es la promesa de bendición.

Leemos, por ejemplo, en el capítulo 28 de Deuteronomio, y dice: “Acontecerá que si oyeres atentamente la voz de Jehová tu Dios, para guardar y poner por obra todos sus mandamientos que yo te prescribo hoy, también Jehová tu Dios te exaltará sobre todas las naciones de la tierra. Y vendrán sobre ti todas estas bendiciones, y te alcanzarán, si oyeres la voz de Jehová tu Dios”. Y luego obtenemos esta larga lista de bendiciones prometidas.

“Bendito serás tú en la ciudad, y bendito tú en el campo. Bendito el fruto de tu vientre, el fruto de tu tierra, el fruto de tus bestias, la cría de tus vacas y los rebaños de tus ovejas. Benditas serán tu canasta y tu artesa de amasar. Bendito serás en tu entrar, y bendito en tu salir.” ¿Oyes lo que está diciendo? Él dice: “Si obedeces la ley de Dios, la bendición te acompañará en todas tus empresas. Serás bendecido en la cocina, serás bendecido en el dormitorio. Serás bendecido en tu morada; serán bendecido en la sala.

Serás bendecido en el país; serás bendecido en la ciudad. Cuando te levantes, cuando te acuestes, a donde sea que vayas, todo lo que hagas, recibirás la bendición que viene de Dios por cumplir las estipulaciones del pacto. Por otro lado, si no mantienes la bendición, o si no cumples con las estipulaciones del pacto, entonces habrá sanciones contra ti, y esas penas se expresan en el Antiguo Testamento en términos de maldiciones,

Leemos en el capítulo 27 de Deuteronomio estas declaraciones: “Maldito el que deshonrare a su padre o a su madre. Maldito el que redujere el límite de su prójimo. Maldito el que hiciere errar al ciego en el camino”. Y la idea general aquí es que si rompes la ley de Dios, entonces la maldición te seguirá a todos lados.

“Maldito serás tú en la ciudad, y maldito en el campo. Maldita tu canasta, y tu artesa de amasar. Maldito el fruto de tu vientre, el fruto de tu tierra, la cría de tus vacas, y los rebaños de tus ovejas”. Maldiciones por doquier. Esa es la pena o las sanciones, sanciones negativas, por no cumplir con las estipulaciones. Y luego, como ya hemos visto en el caso de Abraham, estos pactos son ratificados generalmente por algún tipo de ceremonia de corte, como la circuncisión, indicada entre los judíos.

Y, por último, había una disposición en estos antiguos pactos para tenerlos actualizados y lo vemos con frecuencia en el Antiguo Testamento, donde al final de la vida de Moisés, él reúne a todas las personas y realizan una renovación del pacto donde Moisés pasa la posta de su liderazgo a Josué.

Y luego en la vida de Josué, él realiza una ceremonia de renovación del pacto: “escogeos hoy a quién sirváis… pero yo y mi casa serviremos a Jehová.” Estas declaraciones son parte de toda esta amplia estructura de pacto, que veremos más en nuestra próxima sesión. La mayoría de nosotros somos muy cuidadosos con el entendimiento de los términos de los contratos que hacemos.

Recuerdo que el año pasado la asociación de acreditación de seminarios hizo su revisión de nuestro seminario en Orlando y todos los profesores fueron entrevistados por los funcionarios. En ese momento, yo era el decano de la institución; y me llamaron para una entrevista y estaban muy preocupados porque la facultad de nuestro seminario solo tiene contratos de un año. No tenemos tenencia en nuestra institución académica, y esta asociación de acreditación tuvo una mala impresión de eso.

Entonces me preguntaron de inmediato: “R.C., ¿cómo te sientes respecto a los términos de tu contrato? Y comencé a reír. Y dijeron: “Por qué te ríes?” Y dije: “Porque no tengo un contrato.” Dijeron: “Qué quieres decir con que no tienes un contrato?” Dije: “Bueno, no tengo un contrato escrito”. Le dije: “Salgo a cenar una vez al año con el presidente del seminario y nos sentamos y él me dice lo que quiere que se haga el próximo año y cuál será la compensación, y disfrutamos la comida, nos damos la mano al despedirnos y ambos olvidamos lo que acabamos de decir.”

Dije: “Tenemos una relación muy amistosa e informal. No me molesta en absoluto. Me alegra hacerlo”. Ellos pensaban que estaba siendo explotado y era terrible, por lo que dije: “No”. Les dije: “Estoy muy contento con esto porque entendemos cuáles son mis obligaciones y cuáles son los términos de nuestra relación”.

Entiendo la importancia de tener las cosas detalladas en los contratos y todos nosotros debemos ser cuidadosos y diligentes, en especial si tenemos un rol de superintendentes en un contrato industrial o algo por el estilo, que seamos diligentes en mantener los términos y las obligaciones de cualquier acuerdo que hayamos celebrado porque esto tiene su base en la misma relación que Dios tiene con su pueblo.

R.C. Sproul es el fundador de Ligonier Ministries, el maestro principal de la programación de radio Renewing Your Mind, y el editor general de la Biblia de estudio Reformation

http://www.ligonier.es

Cambiar de amo

Jueves 17 Octubre

En aquel tiempo estabais sin Cristo… sin esperanza y sin Dios en el mundo.

Efesios 2:12

(Dios) librará al menesteroso que clamare, y al afligido que no tuviere quien le socorra. Tendrá misericordia del pobre y del menesteroso.

Salmo 72:12-13

Cambiar de amo

http://labuenasemilla.net/20191017

La Biblia nos presenta la historia de un joven que se encontraba en una situación desesperada en tiempos del rey David (1 Samuel 30:11-20). Era esclavo y había sido cruelmente abandonado en el camino por su amo, porque estaba enfermo. Sin alimento, sin agua y sin fuerzas, no tenía ninguna esperanza. Sus pensamientos se nublaban. Se estaba muriendo.

Situación dramática y dolorosa de los que a veces dejan escapar esta expresión: ¡me abandonaron!

Pero el relato continúa y nos muestra que, sin proponérselo, David y su tropa hallaron a este joven. David se detuvo, se ocupó del enfermo, le dio comida y bebida. Recuperado y agradecido, el joven siguió a David: cambió de amo.

Como David, Jesucristo quiere responder hoy a nuestras necesidades, incluso si nuestra situación es desesperada. Podemos haber sido abandonados por todos, rechazados por nuestra familia, despedidos por nuestro patrono. David, sin haberlo planeado, se encontró en el camino con este joven, pero Jesús sí sabe exactamente dónde y cómo estamos. “El Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido” (Lucas 19:10). Él quiere que cambiemos de amo, que abandonemos nuestra vida pasada y la esclavitud de Satanás, para seguirle a él, el Salvador que nos ama.

A quien lo recibe, le da la vida eterna; y enseguida satisface sus necesidades básicas, de corazón y de espíritu, se ocupa de él y lo toma a su servicio para la gloria de Dios.

Nehemías 3 – Juan 7:1-31 – Salmo 118:10-14 – Proverbios 25:16-17

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)

ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

5/7 – El cuerpo de Cristo en la Tierra

Iglesia Biblica del Señor jesucristo

5/7 – El cuerpo de Cristo en la Tierra

Serie: La Iglesia, el cuerpo de Cristo

Ps. Sugel Michelén

 

El pastor Michelén ha formado parte del Consejo de Ancianos de Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo en Santo Domingo, República Dominicana, durante más de 30 años.Tiene la responsabilidad de predicar la Palabra regularmente en el día del Señor.Tiene una Maestría en Estudios Teológicos y es autor de varios libros: Historia de las Iglesias Bautistas Reformadas de Colombia, Coautor junto al Pastor Julio Benítez; La Más Extraordinaria Historia Jamás Contada, Palabras al Cansado – Sermones de aliento y consuelo; Hacía una Educación Auténticamente Cristiana, El que Perseverare Hasta el Fin; y publica regularmente artículos en su blog “Todo Pensamiento Cautivo”https://www.todopensamientocautivo.com/

Él es instructor asociado en Universidad Wesleyana en Indiana (IWU), extensión en español; enseña Filosofía en el Colegio Cristiano  Logos; y durante 10 años, ha sido profesor regular de la Asociación Internacional de Escuelas Cristianas (ACSI)  para América Latina.

El pastor Michelén, junto a su esposa Gloria tiene tres hijos y cuatro nietos.

Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo

http://www.ibsj.org

El Maná y El Agua

Coalición por el Evangelio

Conferencia Muestra a Cristo

El Maná y El Agua

José Mercado

José Mercado (Joselo) es miembro del concilio de Coalición por el Evangelio. Oriundo de Puerto Rico, renuncia a su carrera de consultoría en el año 2006 para ingresar al colegio de pastores de Sovereign Grace Ministries.

Es el pastor principal de la Iglesia Gracia Soberana en Gaithersburg, Maryland.

José completó su Maestría en Artes en estudios teológicos en SBTS, y está casado con Kathy Mercado y es padre de Joey y Janelle.

 

La redención prometida a Abraham

Ministerios Ligonier

Renovando tu Mente

La redención prometida a Abraham

R.C.Sproul

https://www.ivoox.com/29665325

A veces, en las conferencias y reuniones cristianas donde me toca hablar, la gente se me acerca con un pedido muy inusual, y la primera vez que esto sucedió, me quedé anonadado; Pero ahora veo que es una costumbre popular y por eso ya no me choca tanto. Ellos traen sus biblias y me piden un autógrafo, y yo pienso: “Una cosa es que firme un libro que escribí yo mismo, pero amigos, yo no escribí la Biblia.” Simplemente me resulta extraño que la gente me pida esto.

Pero hay otra parte en esta tradición o costumbre. Me piden que escriba junto a mi nombre, el versículo de mi vida, y de nuevo, la primera vez que alguien me pidió eso, estaba un poco desconcertado. Dije: “Qué quieres decir con el versículo de mi vida?” “Bueno, tú sabes, el versículo que define tu vida”.

Y dije: “Bueno, nunca he pensado en eso, tomando un versículo de las Escrituras. Se supone que debemos tratar de vivir de acuerdo con cada palabra que aparece en las Escrituras, no solo con una de ellas”. Pero lo que realmente estaban preguntando era: “¿Cuál es tu versículo favorito en la Biblia, y escríbelo allí, y quiero leerlo por mí mismo y ver por qué lo has escogido?”.

Me imagino que no hay nada de malo en eso. Así que nos divertimos un poco haciéndolo. A menudo he dicho que si me metieran en la cárcel en confinamiento solitario y solo pudiera tener un libro para leer mientras estoy encarcelado, el libro que quisiera, obviamente, sería la Biblia porque nunca me cansaré de ella.

Nunca tendría suficiente tiempo en la cárcel para agotar las riquezas que se encuentran en el texto bíblico. Pero dicen: “Esperen un momento. La Biblia es una colección de libros. Es como obtener una biblioteca completa: tiene 66 libros. Si solo pudiera tener un libro de la Biblia en su celda, ¿qué libro le gustaría tener?

Por lo general no dudo al respecto y digo: “Me gustaría tener el libro de Hebreos”, y eso a menudo sorprende a la gente. Y dicen: “Pensábamos que usted, R.C. era un teólogo y que seleccionaría Romanos. Y yo digo: “Bueno, no. He visto tanto con Romanos, que si estuviera en la cárcel de seguro podría recordar casi todo sin necesidad de tener el libro frente a mí. Pero Hebreos da tal vasto resumen de toda la historia redentora en términos de sus múltiples alusiones al Antiguo Testamento y la manera en que el Antiguo Testamento se cumple en la persona y obra de Cristo en el Nuevo Testamento. Creo que ese es el único libro de la Biblia que elegiría si tuviera solo una opción.” Bueno la gente fue más específica aún. “¿Qué capítulo te gustaría tener? ¿El capítulo 14 de Juan o el 13 de 1 de Corintios? ¿Cuál es tu favorito? Y así…

Finalmente llegan al versículo de la vida. Ellos dicen: “¿Cuál es tu versículo favorito?” Si solo pudieras tener un solo verso para leer una y otra vez en la cárcel, ¿qué versículo elegirías?

Bueno, para mí esa elección es fácil. El versículo que elegiría es Génesis 15 verso 17, y quiero leer este versículo hoy, porque cuando escuches este versículo, quedarás impresionado. Vas a tener escalofríos de arriba abajo en la columna vertebral. Esto va a ser tan emocionante, tan alucinante, que no querrás esperar hasta poder salir e ir volando a subrayarlo en tu propia Biblia. Génesis 15:17 – escucha lo que dice este verso: “Y sucedió que puesto el sol, y ya oscurecido, se veía un horno humeando, y una antorcha de fuego que pasaba por entre los animales divididos.”

¿No es increíble? Ahora, aquellos de ustedes que están escuchando, tienen que entender que hay personas frente a mí que me están mirando como si hubiera perdido mi muy querida razón. Sus ojos revelan una sensación de perplejidad e incertidumbre y dicen: “¿Qué clase de locura es esta que llamas a eso tú versículo favorito de todas las Escrituras?

Déjame asegurarte, que no te estoy tomando el pelo. Estoy hablando en serio. Este sería el verso que quisiera oír y leer todos los días si es que fuera a prisión. Permíteme leerlo otra vez. “Y sucedió que puesto el sol, y ya oscurecido, se veía un horno humeando, y una antorcha de fuego que pasaba por entre los animales divididos.” Ahora, creo que la razón por la que tengo tantas miradas extrañas cuando digo esto es porque no estamos familiarizados con algunas de las costumbres y prácticas que se realizaban en el Antiguo Testamento, y no entendemos el significado, el simbolismo, de lo que se está comunicando en Génesis 15:17;

Y para entender esto, tenemos que retroceder un poco hasta el comienzo del capítulo y ver el contexto, el contexto histórico, en el que aparece este verso. Hagamos esto. Veamos el capítulo 15 de Génesis, empezando en el verso 1. Leemos: “Después de estas cosas vino la palabra de Jehová a Abram en visión, diciendo: No temas, Abram; yo soy tu escudo, y tu galardón será sobremanera grande.” Ahora, escuchen, si estoy nuevamente en mi celda, qué feliz y aliviado me sentiría si Dios se me apareciera en medio de mi celda, y Dios me mirase y dijera: “R.C., no tengas miedo porque Yo soy tu escudo, y yo soy tu gran recompensa”.

¿Cómo te sentirías si estuvieras solo y perdido como José, encerrado en la prisión, y estuvieses solo en prisión, sin nadie que te visite ni que te preste atención, y de repente Dios apareciera en medio y te dijera: “No tengas miedo”? Bueno, una de las peores maldiciones de la vida humana es el miedo, pero si Dios viene y dice: “No tengas miedo”, el miedo desaparece.

Si Dios dice: “Yo soy tu escudo”, ¿qué hace un escudo? ¿Por qué tenemos miedo? Tenemos miedo al daño. Tenemos miedo de una tragedia o catástrofe que sobrevenga –sean lesiones personales o a algún ser querido, o la pérdida de propiedades, de un trabajo, o lo que sea.

Tenemos estos miedos porque no estamos completamente seguros como seres humanos frágiles y finitos. Pero, ¿y si entendiéramos que Dios es nuestro escudo? ¿Quién podría penetrar ese escudo? ¿Qué cosa sería capaz de penetrar ese escudo? Y Dios le dice esto directamente a Abraham. Abraham tiene una visión, y Dios dice: “Abraham, no temas, yo soy tu escudo y yo soy tu gran recompensa”. Ahora, Abraham quedó desconcertado por esto, y dijo: “Señor Jehová, ¿qué me darás, siendo así que ando sin hijo, y el mayordomo de mi casa es ese damasceno Eliezer?

Dijo también Abram: Mira que no me has dado prole, y he aquí que será mi heredero un esclavo nacido en mi casa.” El que habla aquí es un judío del mundo antiguo o al menos un semita, y está diciendo algo así: “Señor, si soy el hombre más rico del mundo en este momento” –porque Abraham era una de las personas más ricas de todo el mundo antiguo—“¿y estás hablando de una recompensa? ¿Qué le das a una persona que tiene todo?”

Y ahora Dios viene, y Abraham siente que Dios se burla de él. Él estaba diciendo algo como esto: “Oye, Dios, gracias por todos los beneficios que me has dado, pero lo que quería más que cualquier otra cosa que nunca he tenido. No tengo un hijo. Mi esposa es estéril.

No tenemos hijos, y uno nacido en mi casa, Eliezer de Damasco, mi siervo, él recibirá mi herencia. Todas estas cosas que me has dado, no tengo a nadie a quien darla, excepto a un extranjero. ¿De qué es esta recompensa que hablas? “Luego vino a él palabra de Jehová, diciendo: No te heredará éste, sino un hijo tuyo será el que te heredará. Y lo llevó fuera, y le dijo: Mira ahora los cielos, y cuenta las estrellas, si las puedes contar. Y le dijo: Así será tu descendencia.”

Entonces Abraham sale y mira hacia el cielo en el antiguo medio oriente donde la atmósfera es menos densa de lo que es aquí, donde las estrellas son tan brillantes, tan puntillosas en detalles, en términos de lo que se puede ver a simple vista en una noche estrellada en el medio oriente.

Y mira hacia arriba y la Vía Láctea se ve como una nube, densa con estrellas. Y Dios le dice a Abraham: «Cuenta las estrellas”. Estoy seguro de que Abraham entendió que Dios le estaba dando una tarea imposible. Estaba recibiendo un mensaje aquí, pero no creo que Abraham saliera y mirara las estrellas… ‘uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve…’

Todavía estaría contando. Porque si puedes contar las estrellas del cielo, “si las puedes contar… así será tu descendencia”. Una promesa fue hecha. Un pacto está naciendo aquí, donde Dios promete a Abraham, que no tiene hijos, descendientes que serán más innumerables que las estrellas del cielo.

Y leemos el verso 6: “Y creyó a Jehová, y le fue contado por justicia.” Cuando hablamos de cómo somos redimidos en el plan de redención, la doctrina de la justificación por fe, que Pablo elabora tan magistralmente en Romanos – allí Pablo hace referencia a este pasaje cuando articula la doctrina de nuestra redención, donde somos redimidos no por las obras de la ley, sino por la fe en las promesas de Dios y por la fe en Cristo.

Pablo plantea la pregunta: “No fue Abraham justificado antes de hacer alguna de las obras de la ley? ¿No dice la Escritura: “y Abraham creyó a Jehová, y le fue contado por justicia?” Ahora analizaremos eso con más detalles más adelante cuando tengamos una serie acerca de la doctrina de la justificación, pero por ahora solo quiero que lo vean al paso, que aquí está la justificación de Abraham.

Dios le da una promesa y Abraham cree en Dios. No es que Abraham simplemente cree en Dios; Él le cree a Dios. Esa es la diferencia entre la conciencia teológica y la fe verdadera. No es suficiente creer que Dios es, la fe verdadera es creerle a Dios, confiar en Dios, vivir tu vida “coram deo” –delante de Su rostro, ante Su presencia—confiando en Él como tu redentor. Pero Abraham ahora es considerado justo por Dios debido a su expresión de fe, y ¿qué ocurre? Inmediatamente le asaltan las dudas.

Versículo 7: “Y le dijo: Yo soy Jehová, que te saqué de Ur de los caldeos, para darte a heredar esta tierra.” Le ha prometido tierra, y le ha prometido descendencia. Ahora, ¿qué dice Abraham? –el mismo Abraham que hace un momento creyó a Dios y por lo cual fue considerado justo.

Y Abraham dijo: “Señor Jehová, ¿en qué conoceré que la he de heredar?” Lo creo, estoy confiando, pero en este momento Dios, mi fe….—y me estás pidiendo que crea algo grande aquí: mi esposa es estéril y no puede tener hijos.

Soy un hombre viejo. Sí, ¿cómo vamos a tener una descendencia que sea más grande que el cielo, que las estrellas en el cielo? Creo en ti Dios, ayuda mi incredulidad. Me aferro con las uñas. –y casi me acerco a la pizarra y paso las uñas por el tablero, pero te ahorraré eso. Pero ¿sabes lo que es aferrarse a la fe con uñas y todo? Eso es lo que Abraham está haciendo aquí mismo.

Pero ¿ves lo que le está pidiendo a Dios? Él está diciendo: Dios, ¿cómo puedo estar seguro? ¿cómo puedo tener esta fe tan débil y tan frágil? ¿Cómo puedo estar seguro de que vas a hacer lo que prometiste hacer? ¿Te das cuenta de cómo cambiaría tu vida hoy, inmediata y dramáticamente, si realmente crees en la palabra de Dios?

Cada vez que tengo miedo, y mi miedo siempre llega a mi estómago. Sé cuándo tengo ansiedad porque la siento físicamente y detesto eso porque digo: Cada vez que tengo esos dolores y punzadas cuando el temor asalta mi alma, sé que esto pone en evidencia la debilidad de mi fe. Entonces, todos, como cristianos, tenemos esas debilidades y todos anhelamos una mayor seguridad porque si realmente creyéramos a Dios, no tendríamos miedo de nada y estaríamos haciendo su obra día y noche ¿cierto? Pero de todos modos, él es el padre de los fieles, pero también es el padre de los dudosos porque él dice: “Dios, ¿cómo puedo saberlo con certeza?”

Y escucha cómo Dios le responde. Dios le dijo: “Tráeme una becerra de tres años, y una cabra de tres años, y un carnero de tres años, una tórtola también, y un palomino”. ¿Es esto extraño o no? Es decir, Dios dice: ¿quieres estar seguro? Bueno, entonces anda y consígueme una novilla, pero asegúrate que tenga tres años – trae su certificado de nacimiento—y consigue el carnero y la tórtola de tres años, y todos estos animales, le dice.

Y entonces él trajo todo esto y lo partió por la mitad, y colocó cada pieza opuesta a la otra. Ahora, fíjate que estos animales son traídos y Abraham los corta por la mitad, pero no los corta a la mitad por la cintura. Él corta estos cuerpos por el centro mismo, de pies a cabeza, y luego coloca estas piezas separadas unas de otras, pero de punta a punta.

Trajo todo esto, lo cortó en dos, por el medio, colocó cada pieza opuesta a la otra, pero no cortó las aves en dos. Y cuando los buitres bajaron sobre los cadáveres, Abraham los separó. ¿No es esto significativo? Dios le dice que pase por este ritual tan elaborado, esta extraña ceremonia de cortar estos animales por la mitad y luego tumbarlos uno frente al otro en el suelo.

Ahora, ¿qué va a pasar? Tan pronto como esto se haga, ¿quién viene? Los buitres. Pero lo que estamos viendo aquí, lo que estamos leyendo aquí es una ceremonia de alianza donde Dios responderá la pregunta de Abraham: “¿Cómo puedo estar seguro? Dios ahora está dramatizando con una señal externa y sella la garantía de Su promesa a Su siervo.

Y tan pronto como comienza la ceremonia, los buitres están en camino. ¿No es ese el caso siempre? Cada vez que Dios hace una promesa, incluso antes de que tengamos esa promesa en nuestra alma, los buitres están allí para arrebatarla, para comerla, destruirla, devorarla. Pero Abraham se los llevó.

Ahora, el versículo 12 dice: “Mas a la caída del sol sobrecogió el sueño a Abram, y he aquí que el temor de una grande oscuridad cayó sobre él. Y en medio de esta horrible oscuridad, Dios habla de nuevo y le dice a Abraham: Sé con certeza que tus descendientes serán extranjeros en una tierra que no es suya, les servirán, los afligirán 400 años, y también a la nación a quien ellos sirven, Yo juzgaré. Esto es sobre la esclavitud en Egipto, Esto es acerca de una futura profecía del Éxodo.

Y después saldrán con grandes posesiones. Y en cuanto a ti, irás a tus padres en paz. Serás sepultado en una buena vejez. Pero en la cuarta generación, ellos regresarán aquí, por la iniquidad de los amorreos aún no está completa. Ahora, aquí viene. Escucha. “Y sucedió que puesto el sol, y ya oscurecido, se veía un horno humeando, y una antorcha de fuego que pasaba por entre los animales divididos.” ¿Qué significa esto? Lee el siguiente verso. “En aquel día hizo Jehová un pacto con Abram,” Esta es una ceremonia de pacto.

El concepto de pacto en el Antiguo Oriente era que un pacto no estaba escrito, sino que estaba cortado. Los convenios fueron ratificados por algún tipo de rito de corte. La circuncisión era una señal, un ritual de corte. Bueno, en este caso lo que se está cortando son los animales, y cuando se ponen uno frente al otro, separados, Abraham está en este profundo sueño; Y he aquí en su visión nocturna, ve esta olla humeante y esta antorcha encendida moviéndose entre las piezas. Lo que tenemos aquí es una teofanía.

Una teofanía es una manifestación externa y visible del Dios invisible –ese mismo Dios que se manifiesta en la teofanía de la zarza ardiente, que arde pero que no se consume cuando aparece frente a Moisés. Es el Dios que manifiesta su presencia en la columna de humo y en la columna de nube. Es el mismo Dios que la Biblia dice que es fuego consumidor.

Esta era la manera normal de Dios de revelar su presencia de una manera en que los seres humanos podían contemplarlo. Lo que Abraham está viendo aquí, amados, es Dios moviéndose entre los pedazos de estos animales muertos. Pero ¿por qué lo está haciendo? Él no está acá realizando un ritual de tortura corporal para probar su masculinidad, sino que, lo que Dios le está diciendo a Abraham es esto:

Abraham, te prometí algo. Me creíste, pero no estabas seguro. Querías saberlo con certeza, y dijiste, ¿cómo puedo estar seguro? Y te dije que cortaras estos animales, y ahora me he movido entre los pedazos porque lo que te estoy diciendo Abraham, es que, si esta promesa no se hace realidad, si mi palabra no se cumple, lo que le has hecho a estos animales aquí en el suelo me suceda a mí. Que yo sea cortado. Que el Dios inmutable sufra una mutación. Que el Dios que existe por sí mismo deje de existir.

Es por eso que el autor de Hebreos, más tarde cuando cuenta este incidente en la vida de Abraham, dijo: “Como Dios no podía jurar por nada mayor, juró por sí mismo.” Dios no dice: “Mira Abraham, para estar seguros que mi palabra se cumplirá, que me caiga un rayo y me parta en dos esto no es cierto” o “juro por el templo en Jerusalén” o “juro por el cielo” o “juro por la tumba de mi madre.” No, no.

Dios hace un juramento aquí y dice: Juro por mi deidad. Pongo en peligro mi ser y si no cumplo esta promesa a Abraham, puedo dejar de ser Dios. No hay nada más elevado a lo que Dios pueda apelar como un voto, como un juramento a la verdad, que su propio ser. Eso es lo que comunica este verso, que cuando Dios hace el pacto y la promesa de la redención de las personas y de la tierra a Abraham, Él lo confirma con un juramento. Él jura por sí mismo. Él pone su propia deidad en riesgo a fin de dar certeza a su promesa.

Es por eso que cuando estoy en mi punto más bajo de mi vida y mi fe tambalea, quiero leer este texto una y otra vez. Ya he mencionado la observación de que seguramente nuestras vidas diferirían mucho de cómo son ahora si nuestra fe en Dios fuera perfecta.

La duda desgarra nuestras almas y cualquier fe que tengamos es una fe vacilante. Es una fe que se puede aumentar. Es una fe que puede ser disminuida, y anhelamos más seguridad. Anhelamos una mayor certeza de la que ahora disfrutamos y poseemos. Hice la declaración de que nuestras vidas serían diferentes, si es que realmente creyéramos perfectamente en las promesas de Dios.

Hoy quiero pedirte prácticamente que pienses sobre esto, específicamente con esto en mente. ¿Cómo sería tu vida diferente si estuvieras absolutamente seguro de cada una de las promesas de Dios que Él te da en las páginas de las Escrituras? ¿Cómo cambiarías tu vida? ¿Qué diferencia, específicamente, haría en tu vida?

Quiero que pienses en esto y que reflexiones al respecto. Es algo muy importante en lo cual pensar porque es casi como tomar nuestra temperatura espiritual y también nos inclinará y nos llevará a leer más profundamente sobre estas promesas de Dios para que podamos tener nuestras almas fortalecidas.

R.C. Sproul es el fundador de Ligonier Ministries, el maestro principal de la programación de radio Renewing Your Mind, y el editor general de la Biblia de estudio Reformation

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