Depravación total: La voluntad humana

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Depravación total: La voluntad humana

R.C.Sproul

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Cuando llegamos al tema de la doctrina de la depravación total, o la T en TULIP, sin lugar a duda, somos lanzados a la arena del debate sobre el libre albedrío. En realidad, la histórica controversia sobre el grado en que el pecado original nos corrompe realmente se centra en el tema del libre albedrío. No puede haber una conversación de cinco minutos sobre las doctrinas de la gracia o la doctrina de la elección sin que alguien pregunte ¿Qué pasa con el libre albedrío?

Y muy a menudo el debate sobre el libre albedrío se centra en dos marcos distintos. Por un lado, el tema de la libertad humana es el conflicto de la lucha frontal entre la relación de la soberanía de Dios y nuestra responsabilidad y nuestro poder para actuar como criaturas libres.

Pero el otro lugar donde la discusión del libre albedrío queda enmarcada es en el tema de la relación entre la caída, el pecado original y el poder de la libertad humana. Permítanme unos minutos para leer un resumen confesional de esta disputa tal como aparece en la «Confesión de Fe de Westminster», que es la declaración británica de Teología Reformada del siglo XVII en la que leemos lo siguiente: (cita) «El hombre, por su caída en un estado de pecado, caído absolutamente» – eso es totalmente – «ha perdido absolutamente toda capacidad. para querer algún bien espiritual que acompañe la salvación.

Así que, como un hombre natural, siendo enteramente opuesto a ese bien y muerto en pecado, no es capaz por su propia fuerza de convertirse a sí mismo o prepararse por sí mismo para ello».

Ahora lo que está diciendo esta confesión es apuntar al carácter radical de esta doctrina que afirma que la libertad del hombre en un área determinada se ha perdido por completo o totalmente por la caída; por la caída no es que el hombre ha perdido por completo su poder de elegir o de tomar decisiones, pero su poder moral para hacer ciertas cosas se ha perdido por completo.

Y esa cierta cosa que se resalta aquí es que el hombre ha perdido la capacidad de convertirse a sí mismo o de desear por sí mismo algún bien espiritual. Ahora aquí está el punto crucial en el tema de la doctrina de la depravación total. Se traduce en la doctrina de lo que se llama incapacidad moral.

Quiero tomar unos minutos para explicar este concepto. Y de nuevo podemos regresar al punto de vista de Agustín de la corrupción heredada. Pelagio no estuvo de acuerdo con esto y dijo que la caída de Adán afectó solo a Adán, que no hay consecuencias para las generaciones futuras, y la semilla del pecado de Adán es solo por imitación y no a causa de alguna transferencia o transmisión de la condición humana caída. Ahora, después que Pelagio fue condenado por la iglesia, surgió una posición moderada que se llamó semi-pelagianismo, que enseñaba que sí hubo una caída, que el hombre, toda la raza humana, había sido afectada por el pecado de Adán, y que todos nacemos con una naturaleza corrupta. Pero esa naturaleza corrupta deja lo que voy a llamar una especie de isla de justicia por la cual aún queda un vestigio restante de la justicia original que a pesar de que esta persona necesita ayuda de la gracia divina para ser salvo y poder ser hecho santo, pero aún sigue habiendo un poder dentro de la voluntad de la criatura que puede cooperar con la gracia de Dios o rechazar la gracia de Dios.

Así que, en el análisis final, la razón por la cual algunas personas vienen a Cristo y otras no, por la que algunos serán redimidos y otros se perderán, está basada en última instancia, en la decisión humana y en ese poder que permanece en la voluntad después de la caída.

Ahora, Pelagio dijo que una persona puede vivir una vida perfecta sin la gracia. Y dijo que la gracia facilita la redención, pero no es necesaria. Las personas pueden ser perfectas, y de hecho Pelagio argumentó que algunos ya habían alcanzado la perfección sin la ayuda de Dios.

Los semi-pelagianos difieren de Pelagio en este punto diciendo, no, la gracia es absolutamente necesaria. Es una condición previa para que alguien sea redimido. Usted no puede salvarse sin la gracia. Sin embargo, la gracia no está sola. Es la gracia y algo más: la gracia más los esfuerzos de la voluntad humana en la fuerza que permanece intacta después de la caída.

Agustín fue uno de los principales artífices de la idea, que se recuperó en el siglo XVI en la Reforma, en una de los Solas de ese momento, la famosa idea de Sola Gratia, solo por gracia. Agustín decía que la caída es tan profunda y que el poder del pecado es tan fuerte en el corazón humano que solo Dios, por su gracia y solo por su gracia, puede cambiar la disposición del alma humana para llevar a esa persona a la fe.

Así que el tema aquí es si el hombre caído tiene la capacidad intacta, el poder moral intacto para inclinarse a sí mismo o abrazar en su propia fuerza las ofertas de ayuda y asistencia que nos llegan de Dios. ¿O es necesario que Dios haga el trabajo inicial de la recreación en el alma antes que la persona caída tenga el poder moral de decir sí al Evangelio?

Así que de lo que estamos hablando acá, es lo que se llama la iniciativa divina. Agustín diría esto: que antes de que una persona venga a Cristo, Dios obra de manera unilateral, monergísta, independiente, y soberana cambiando el alma del pecador rescatando al pecador de la prisión de la esclavitud moral por la cual, por naturaleza, él está muerto en sus delitos y pecados, y en ese estado de muerte espiritual es moralmente incapaz de levantarse a sí mismo por lo que Dios tiene que venir y respirar nueva vida espiritual y poder en el alma de esa persona, y, usando el lenguaje de Pablo, para sacarlo de un estado de muerte espiritual y producir fe en el corazón de la persona antes que esa persona tenga el poder de venir a Cristo. Ahora bien, esas personas vienen a Cristo, y eligen a Cristo. Vienen voluntariamente y con alegría y todo lo demás, pero no antes o hasta que Dios haga su obra por gracia soberana, en llevar a esa persona de la muerte espiritual a la vida espiritual. A eso llamamos renacer monergista o regeneración monergista, que significa que es obra de Dios únicamente, y nada hay que pueda hacer para ganarlo, para merecerlo, para lograrlo o provocarlo, tengo que dejar este caso, en última instancia, en la gracia de Dios y en la gracia de Dios solamente.

Ahora uno de los textos bíblicos importantes que habla de esto se encuentra en el Evangelio de Juan en el que Jesús hace una asombrosa declaración. Él dice en el versículo 63: «El Espíritu es el que da la vida; la carne nada aprovecha; las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida. Pero hay algunos de vosotros que no creen. Porque Jesús sabía desde el principio quiénes eran los que no creían, y quién le había de entregar.

Y dijo: Por eso os he dicho que ninguno puede venir a mí, si no le fuere. Dado por el Padre». Ahora recordamos la conversación anterior de Jesús con Nicodemo, el que vino de noche, Jesús habló de la necesidad que tiene una persona de nacer de nuevo antes que pudiera siquiera ver el reino de Dios, sin mencionar el entrar en el reino de Dios.

Y en esa discusión con Nicodemo, Jesús le dijo: «Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es». Y así como Jesús hace este fuerte contraste entre la carne y el espíritu, así mismo el apóstol Pablo hace lo mismo cuando habla de la metáfora de la batalla que se lleva a cabo entre la carne y el Espíritu en la persona que ha sido convertida.

Incluso cuando uno ha nacido del Espíritu, la carne no está completamente aniquilada, y esta lucha está en curso. Pero hasta que el Espíritu Santo cambie tu vida, todo lo que eres es carne. Esto es lo que Jesús le dice a Nicodemo. En el nacimiento natural, en el estado natural, uno nace en el estado «sarx», el concepto bíblico de la carne, en esta condición caída, donde los deseos de tu corazón solo son malos continuamente y de los cuales el apóstol dice que uno camina según la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, y que estamos muertos en nuestro pecado. Esa es la condición de la carne.

Ahora aquí en Juan 6 Jesús dice: «La carne aprovecha» ¿para qué? «para nada». En su discusión con Erasmo de Rotterdam, Lutero, quizás en su obra más famosa, la «Esclavitud de la Voluntad,» elaboró su exposición de este texto bíblico y se mantuvo opuesto a Erasmo por hacer que la carne hiciera algo en el proceso de salvación, no solo eso es importante, sino que es fundamental, y no solo se beneficia de algo, sino que se beneficia de todo, ya que si en el análisis final nos basamos en este poder moral innato dentro de nosotros que no es tocado o encarcelado por la caída, y que el poder de la carne aquí es inclinarnos al bien espiritual, y uno ejerce la inclinación adecuada lo que nos daría la vida eterna. Y Lutero nunca se cansó de discutir con Erasmo diciendo que nada no es un poco de algo.

Y dijo que Jesús fue serio cuando dijo: «La carne para nada, nada, aprovecha». Luego él va a hacer esta declaración: «Ninguno puede venir a mí si no le fuere dado del Padre». Ahora, este texto es muy importante, ya que inicia con la declaración, «Ninguno», y si ustedes son estudiantes de la gramática de la lógica reconocerán esa declaración o ese concepto, «ninguno», es lo que se llama una proposición negativa universal.

Describe algo negativo de todo lo que se conoce como «hombre». Ahora me gustaría decir que esto se utiliza de una forma específica de género y sólo se refiere a la incapacidad moral inherente a los varones.

Desafortunadamente, el uso aquí en el griego (ja) es la abreviatura para humanidad. Lo que Jesús está diciendo es que ningún ser humano, Él está diciendo algo acerca de todo el mundo, algo negativo sobre todo el mundo. Ahora la próxima palabra es crucial. «Ninguno puede”. No ninguno debiera. Sabemos la diferencia entre. puede y debiera, hemos hablado de eso muchas veces. Recuerdo que cuando estaba en el colegio, le pregunté a la profesora: ¿Puedo ir afilar mi lápiz? Y ella dijo: Yo estoy segura de que puede, pero usted quiere decir si debes ir a afilar el lápiz.

Y descubrí lo que esa maestra quería decir. De hecho, ella tenía ubicuidad. Y todo el mundo que he conocido ha tenido el mismo tipo de maestro en algún (ja) momento de sus vidas. ¿No es así? Ese maestro que dice estoy seguro usted puede; la pregunta es ¿debe? No estamos hablando aquí de permiso, pero la palabra «puede» describe capacidad o poder, ¡potestad!

Y lo que Jesús está diciendo aquí es que ningún ser humano tiene el poder o la capacidad de hacer algo. Ahora, estas son palabras fuertes viniendo de los labios de nuestro Señor. No se trata de Agustín o Calvino o Lutero. Este es el mismo Cristo que dice algo acerca de la capacidad del hombre. Y Él dice que ninguno es capaz; ninguno tiene el poder para ¿Hacer qué? Para venir a mí.

Así que hay una falta de capacidad inherente de algún tipo en los seres humanos para venir a Jesús de algún modo. Ahora, obviamente, cuando Él dice ven a mí, no está hablando espacial o geográficamente. Obviamente ninguno de nosotros tiene la capacidad de ir a Él en su presencia terrenal en Palestina, porque Él ya no está allí, y Él no estaba diciendo que ningún hombre podía venir y averiguar dónde Él vivía. El «venir a Mí» es la forma en la que Él llama a la gente a que se acerquen en fe para su salvación. No creo que hay algún erudito bíblico que ponga en duda que eso es lo que Jesús está diciendo aquí con respecto a venir a Él. Nadie puede venir a Él a menos que – a menos que. Ahora «a menos que» indica una condición necesaria a cumplirse antes que una consecuencia deseada pueda ocurrir. Así que «a menos que» apunta a un sine-qua-non, algo absolutamente esencial que tiene que ocurrir antes que una persona puede venir a Jesús.

¿Y qué es esto? Ahora aquí Él simplemente dice: «Ninguno puede venir a mí, si no le fuere dado por el Padre». Más atrás, en el texto dice Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trae, o lo atrae, aunque la palabra que se usa allí es la palabra que la mayoría de los diccionarios traducen como la palabra obligar, no es simplemente un incentivo externo como tratar de atraer a la gente a ir a Él.

La idea aquí es que Dios. Que Dios tiene que hacer algo en este punto. Dios tiene que habilitar a la persona para venir Esa es la clave: que nosotros, de acuerdo a la doctrina de la depravación total hemos perdido nuestra capacidad humana natural para venir a Jesús.

Todavía hacemos elecciones, pero tomamos nuestras decisiones según nuestros deseos. Esa es la esencia de la libertad: el poder elegir según nuestros propios deseos o inclinación, pero es un arma de doble filo. No solo somos libres en el sentido de elegir de acuerdo a nuestros deseos, sino que no podemos no ser libres en ese punto. No solo podemos elegir lo que queremos, sino que la única clase de elección que es una elección real es la elección que se hace según lo que uno desea.

Y así, todos aún somos personas libres en el sentido de que podemos hacer lo que queramos, pero esa no es la libertad real a la que el Nuevo Testamento se refiere. No trata el problema de la servidumbre moral. Ni lo que el pecado original enseña en la doctrina de incapacidad moral bajo el tema de la depravación total. Esto significa que somos esclavos de nuestros propios deseos, y por naturaleza no tenemos deseo por Cristo o por las cosas de Dios.

Así que libremente lo rechazamos en la medida en que elegimos lo que queremos, y lo que no queremos es a Él; a menos que Dios cambie el deseo del corazón. Ven, por eso es que no se llama incapacidad natural. Se llama incapacidad moral. No tenemos el poder o la capacidad de amar el bien. Para que eso suceda, tenemos que ser transformados.

Dios tiene que intervenir, y en Su gracia Él nos tiene que rescatar de la muerte espiritual y, la otra metáfora, de la esclavitud espiritual. Él nos tiene que dar el don de la fe mediante la creación de una resurrección espiritual en el corazón y en el alma. Y ese es el primer punto del acróstico de la depravación total. Se refiere al grado de corrupción que es tan grave que no hay una isla libre de la esclavitud de la corrupción, ubicada en las profundidades del alma humana. Pero hasta que nazcamos del Espíritu somos carne, y la única manera de que podemos llegar a la fe es si Dios, en su gracia y solo en su gracia, nos libra. haciendo que nazcamos por segunda vez por el poder creador del Espíritu Santo.

R.C. Sproul es el fundador de Ligonier Ministries, el maestro principal de la programación de radio Renewing Your Mind, y el editor general de la Biblia de estudio Reformation

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2/7 – Disciplina y Amor en la Iglesia

Iglesia Biblica del Señor jesucristo

2/7 – Disciplina y Amor en la Iglesia

Serie: La Iglesia, el cuerpo de Cristo

Ps. Sugel Michelén

El pastor Michelén ha formado parte del Consejo de Ancianos de Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo en Santo Domingo, República Dominicana, durante más de 30 años.Tiene la responsabilidad de predicar la Palabra regularmente en el día del Señor.Tiene una Maestría en Estudios Teológicos y es autor de varios libros: Historia de las Iglesias Bautistas Reformadas de Colombia, Coautor junto al Pastor Julio Benítez; La Más Extraordinaria Historia Jamás Contada, Palabras al Cansado – Sermones de aliento y consuelo; Hacía una Educación Auténticamente Cristiana, El que Perseverare Hasta el Fin; y publica regularmente artículos en su blog “Todo Pensamiento Cautivo”https://www.todopensamientocautivo.com/

Él es instructor asociado en Universidad Wesleyana en Indiana (IWU), extensión en español; enseña Filosofía en el Colegio Cristiano  Logos; y durante 10 años, ha sido profesor regular de la Asociación Internacional de Escuelas Cristianas (ACSI)  para América Latina.

El pastor Michelén, junto a su esposa Gloria tiene tres hijos y cuatro nietos.

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1/5 – No existe ningún otro camino al cielo

El Amor que Vale

Serie: Acero espiritual para edificar a los creyentes

1/5 – No existe ningún otro camino al cielo

Adrian Rogers

 

El Dr. Adrián Rogers es un predicador, evangelista y maestro de Biblia. Presenta las Buenas Nuevas de Jesucristo con firme convicción a través de su ministerio de radio y televisión, EL AMOR QUE VALE.

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Depravación total: El pecado original

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Depravación total: El pecado original

R.C.Sproul

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A medida que continuamos con nuestro estudio de las ideas centrales que conforman lo que llamamos Teología Reformada, pienso en un evento que tuvo lugar en la historia un par de años antes de que los peregrinos desembarcaran en las costas de Nueva Inglaterra en el Mayflower, una polémica que se extendió por toda Europa y luego en todo el mundo, que tuvo sus raíces en los Países Bajos.

Empezó en una facultad holandesa de teología comprometida con la Teología Calvinista, cuando algunos de los profesores comenzaron a tener dudas acerca de temas relacionados a la doctrina de la elección y la predestinación y cosas así.

Esta controversia teológica estalló, y a medida que se extendía por todo el país molestaba a la iglesia y molestaba a los teólogos de ese tiempo hasta que por fin se convocó un sínodo. Los asuntos fueron clarificados, y algunos fueron rechazados por sus puntos de vista, entre los cuales estaba uno llamado Arminio.

Pero el grupo que lideró este movimiento contra la Teología Ortodoxa Reformada fue llamado los Remostrantes. Se les llamó Remonstrantes porque estaban en desacuerdo o estaban protestando contra ciertas doctrinas dentro de su propia herencia teológica.

Y fueron, básicamente, cinco doctrinas las que formaron el núcleo de la controversia, y lo que ocurrió como resultado de este debate fue que estos cinco temas teológicos centrales llegaron a ser conocidos en las generaciones posteriores como los famosos «Cinco Puntos del Calvinismo.»

Y hoy se conocen a través del muy popular acróstico en inglés TULIP, T-U-L-I-P, lo cual es una forma inteligente de resumir los cinco artículos que estaban en disputa. Y mencioné ese evento histórico por esta razón: Como hemos dicho desde el principio, sería un grave error entender la esencia de la teología reformada simplemente a la luz de estas cinco doctrinas, porque la Fe reformada implica muchos, muchos, muchos otros elementos de la confesión teológica y eclesiástica.

Pero estos son los cinco puntos controversiales de la Teología Reformada y son estos los que se consideran popularmente como distintivos de esta confesión en particular. Así que vamos a tomar un tiempo para explicar los cinco puntos del calvinismo, a través de las iniciales de este acróstico.

Aquí nos encontramos con estas siglas que usa la primera letra de cinco doctrinas diferentes. La primera es depravación total, en inglés es Total Depravity, de ahí la T, la segunda es Elección incondicional, en inglés Unconditional Election. De ahí la U. La L por Limited Atonement, Expiación Limitada, la I por Irresistible Grace; Gracia Irresistible. P por Perseverance of the Saints; Perseverancia de los Santos.

Y cuando he dado charlas sobre estas doctrinas en el pasado, yo he mencionado una o más objeciones a estos subtítulos como la definición de las doctrinas, porque muchos de ellos, si no todos, eran de alguna manera confusos, pero encajan tan bien en este acróstico que la gente insiste en el uso de estas abreviaturas para definir los cinco puntos.

Y así, lo que vamos a hacer hoy es empezar con una breve reseña de la T de TULIP, que se refiere a la depravación total. Recuerdo que hace muchos, muchos años estaba enseñando un curso de teología en una universidad, y los alumnos que se inscribieron en ese entonces, de ninguna manera venían de un trasfondo reformado nosotros estábamos viendo diversas doctrinas y llegué a la doctrina de la depravación total.

Les dí una exposición que tomó más de una semana de clases, y al final de ese tiempo les pregunté a los alumnos si ellos estaban persuadidos de que efectivamente esta era la visión bíblica de la pecaminosidad humana. Y todo el mundo en la clase levantó la mano y dijo que sí, que estaban convencidos de que era la visión bíblica correcta.

Y pregunté: ¿están seguros? Y dijeron que sí estaban completamente seguros. Así que fui a la pizarra y en la parte superior izquierda de la pizarra escribí un número ahí, el número de estudiantes ahí, había como 28 alumnos, hice un recuadro al número y escribí, «Por favor no borrar.»

Y lo hice por una razón: que todos quedasen comprometidos. Luego, a la siguiente semana empezamos con la U de
elección incondicional y entonces hubo gritos de protesta de los alumnos quienes se rebelaron contra esa doctrina, no les gustó en absoluto.

Y cuando empecé a presionarlos sobre la doctrina pregunté, ¿aún siguen persuadidos de la depravación total como lo hicieron la semana pasada?

Y uno a uno tuve que ir disminuyendo los números en esa esquina de la pizarra. Y digo esto por esta razón: que hay un sentido en el que, si una persona realmente abraza lo que se llama la doctrina de la depravación total, los otros cuatro puntos, en este sistema de cinco puntos, se alinean más o menos, vienen a ser como una cadena de consecuencias y resultados del primer punto. Tomemos un tiempo para ver eso.

La situación histórica en que, por primera vez, esta doctrina se convirtió en algo importante y de gran controversia

fue en los inicios de la historia de la iglesia durante el ministerio de enseñanza de San Agustín, y estoy seguro de que han oído hablar un poco acerca de la llamada controversia pelagiana de la última parte del Siglo IV y en el quinto siglo, que comenzó cuando este monje británico, cuyo nombre era Pelagio, protestó contra una declaración que estaba en una de las oraciones escritas de Agustín, en cuya oración, Agustín hizo este comentario ante Dios, y dijo: «Oh, Dios, ordena lo que quieras, y concédenos hacer lo que ordenas».

Déjame decirlo de nuevo. «Ordena lo que quieras y concédenos hacer lo que ordenas».

Y, por supuesto, A Pelagio le dio un infarto por esta oración. Ahora el motivo, de su disgusto no fue la primera parte de la oración en la que Agustín dijo: «Oh Dios, Ordena lo que quieras ordenar». Pelagio, siendo un monje, sin duda estuvo de acuerdo con Agustín de que Dios tenía todo el derecho a ejercer su autoridad sobre las criaturas y ordenar lo que considerara agradable a Él.

Pero lo que alteró a Pelagio fue la segunda parte de la oración en la que Agustín pidió a Dios que concediera hacer lo que Él demandaba, porque Pelagio dijo que eso hacía suponer que la criatura de alguna manera no es moralmente capaz de hacer la voluntad de Dios. Así que creó una larga controversia, controversia que francamente continúa hasta este día. Y seguimos teniendo discusiones sobre Pelagianismo o semi-pelagianismo, Agustinismo, y así sucesivamente.

De hecho, he llegado a escribir de escribir un libro acerca de todo el desarrollo histórico de esa controversia, desde Pelagio hasta la semana pasada. Por eso, más adelante, trataremos eso con mucho más detalle. Me gustaría tener una clase aparte solo para esa. materia.

Pero a modo de introducción y de vista panorámica, este tema tiene que ver con la pregunta del pecado original. Y la doctrina de la depravación total refleja el punto de vista Reformado del pecado original. Ahora ese término – pecado original- es a menudo malentendido en sectores populares. Algunos simplemente asumen que el término pecado original debe referirse al primer pecado – el original, el que todos hemos copiado en mil maneras distintas en nuestras propias vidas que es el primer pecado de Adán y Eva.

Pero eso no es lo que se conoce históricamente en la iglesia por doctrina del pecado original. Más bien, la doctrina del pecado original define las consecuencias para la raza humana de aquel primer pecado. Y casi todas las iglesias que históricamente han tenido un credo o una confesión han acordado que algo muy grave le pasó a la raza humana como consecuencia del primer pecado, que el primer pecado produjo pecado original.

Es decir, como resultado del pecado de Adán y Eva toda la raza humana cayó, y por eso nuestra naturaleza como seres humanos desde la caída es una naturaleza que ha sido influenciada por el poder del mal. Como David declaró en el Antiguo Testamento: «Oh Dios, he aquí en maldad he sido formado, y en pecado me concibió mi madre».

Él no estaba diciendo que era pecaminoso que su madre y su padre tuvieran hijos, ni estaba diciendo que había hecho algo malo por haber nacido, sino que estaba reconociendo la condición caída del ser humano. Esa condición caída, que fue parte de la experiencia de sus padres, esa condición caída que trajo él mismo a este mundo. Así que, el pecado original tiene que ver con la naturaleza caída de la humanidad. La idea es que no somos pecadores porque pecamos, sino que pecamos porque somos pecadores.

Somos por naturaleza pecadores. Todos hemos escuchado el axioma «no hay nadie perfecto». Podríamos mejorar un poco eso al decir, no solo, que nadie es perfecto, sino que nadie está siquiera cerca (jaja) de la perfección.

Y así, la doctrina de la depravación total describe y define un punto particular del pecado original que tiene sus raíces en las enseñanzas de San Agustín. Y recuerden que Agustín fue el santo patrono del monasterio donde Martín Lutero fue formado en la fe y dónde enseñó en Wittenberg. Él fue un monje agustino, y Agustín también fue el mentor más venerado de Juan Calvino, de modo que el pensamiento de Agustín tuvo una enorme influencia en la formación de la doctrina de la Reforma Protestante.

Ahora lo que la depravación total no significa en la tradición reformada es lo que llamamos depravación absoluta. Depravación absoluta. A menudo usamos el término total como sinónimo de absoluto o de completo. Y así, la noción de la depravación total evoca la idea de que cada ser humano es tan malo como esa persona podría ser. Y uno pudiera pensar en algún personaje malévolo de la historia, como Adolfo Hitler y decir que, sin duda, no había ni una virtud redimible en ese hombre.

Pero sospecho que tenía algún afecto por su madre, y aún tan malvado como Adolfo Hitler fue, todavía se puede concebir un ser aún más perverso de lo que en realidad era. Y así, la idea de la depravación total no quiere decir que cada ser humano es tan malvado como le sea posible, sino más bien significa que la caída es tan grave que afecta en su totalidad a la persona.

Nuestra naturaleza caída que captura y oprime nuestra naturaleza humana afecta a nuestro cuerpo, por eso nos enfermamos y morimos. Afecta a nuestra mente y nuestro pensamiento. Todavía tenemos la capacidad de pensar, pero la Biblia habla acerca de la forma en que la mente se ha oscurecido y debilitado. La voluntad del hombre ya no está en su estado original del poder moral La voluntad, según el Nuevo Testamento, está ahora en esclavitud.

Estamos esclavizados a los malos impulsos y deseos de nuestros corazones. Y así, la mente, la voluntad, el espíritu, la persona completa ha sido infectada por el poder del pecado. Una vez más, si eso es lo más lejos que llegamos con la definición de depravación total, la mayoría de las comuniones cristianas dirían sí y amén a esto. Es decir, la mayoría estaría de acuerdo en que estamos caídos, y que la caída es una cosa seria, y que la naturaleza humana que traemos a este mundo ha sido tan influenciada por el pecado que toca cada parte de nuestra naturaleza. De nuevo, la mayoría de los credos católicos o universales de la cristiandad afirmarían todo eso.

Entonces el debate se torna en un asunto de grado. ¿Hasta dónde hemos caído? ¿Cuál es el grado de esta corrupción humana? Me gusta sustituir el término depravación total con mi designación favorita, que es la corrupción radical.

Es un concepto que mis amigos encuentran muy fácil de recordar, como su acróstico personal. Corrupción Radical son mis iniciales al revés, pero en español, CR jaja

Ellos se complacen por la facilidad con que esto ayuda su memoria, ya que tienen un modelo vivo delante de ellos de la corrupción radical. Recuerdo a un profesor de gimnasia que yo tenía en séptimo grado cuando pasó lista el primer día y me llamó por mi nombre, RC, como me llamaban en la escuela primaria, y dijo oh, Rudo Cabezón.

Así que en ese instante tuve un nuevo apodo que probablemente no debería haber mencionado, ya que lo podría escuchar de nuevo en estos días. Pero la razón por la que usamos este término a pesar de que no encaja con nuestra palabra TULIP, sino que sería RULIP, y nadie va a recordar eso. Pero la razón por la que prefiero esto es. por el término radical.

De nuevo, hay otra de esas palabras que solemos utilizar de varias maneras en nuestra cultura, en particular en el ámbito político en el que le decimos a alguien que está en la izquierda radical o en la derecha radical o así sucesivamente, pero la palabra radical, irónicamente, tiene sus raíces en la palabra latina para raíz, que es la palabra Rodex, y se puede traducir raíz o núcleo.

Y la idea del término radical es algo que impregna la esencia de una cosa. No es algo que es tangencial o superficial, es decir, que yace en la superficie, sino que penetra en el núcleo del objeto. En una encuesta reciente realizada a evangélicos practicantes, la abrumadora mayoría de personas que respondieron a preguntas particulares en esta encuesta indicaron que estaban de acuerdo con la afirmación de que el hombre es básicamente bueno.

Ahora por lo general esa frase básicamente buena significa que la base o la esencia de la humanidad o el núcleo de una persona es bueno. Y aunque reconocemos que uno no es perfecto, que todos somos pecadores, y que todos estamos dañados y manchados por diversas imperfecciones, el problema con el pecado en la idea de que el ser humano es básicamente bueno es que el pecado, entonces, es visto como accidental o periférico a la naturaleza humana.

Y esto, por supuesto, era parte de la visión optimista de la humanidad, que es esencial al humanismo histórico. El humanista reconoce que hay problemas, pero en el fondo lo que necesitamos es más educación, más ayuda del gobierno, y así vamos a estar mejor y mejor y vamos a borrar esas manchas en la superficie que producen la delincuencia y otras formas de maldad.

Y me pareció que cuando me enteré de esa encuesta que tal vez lo que está pasando es que esos que están profesando ser evangélicos están tomando ejemplo de la naturaleza básica de la humanidad caída, más de la cultura que del punto de vista bíblico.

La enseñanza Reformada dice que la caída se extiende, penetra a la médula. La palabra que se utiliza para el núcleo realmente es una traducción de la palabra latina core, ¿Qué significa qué? Corazón. Esa es la idea, que nuestro pecado es algo que viene de nuestros corazones. Y en términos bíblicos, eso significa desde el núcleo o centro de nuestra existencia.

Así es que lo que se requiere para que seamos hechos conformes a la imagen de Cristo no es simplemente algunos pequeños ajustes o cambios de comportamiento, sino nada menos que la renovación desde el interior, nada menos que la regeneración, ser hechos de nuevo, siendo vivificados por el poder del Espíritu.

Y así vemos que la única manera en que una persona puede escapar a esta situación radical es cuando el Espíritu Santo cambia el núcleo, cambia el corazón. Y aun ese cambio no vence al instante el pecado. La completa eliminación del pecado aguarda nuestra glorificación en el cielo.

Veremos algunos aspectos más de esta doctrina en nuestra próxima sesión.

R.C. Sproul es el fundador de Ligonier Ministries, el maestro principal de la programación de radio Renewing Your Mind, y el editor general de la Biblia de estudio Reformation

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Carta a Sardis

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Carta a Sardis

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Samuel Pérez Millos

 Casado con Noemí Susana Colacilli, misionera durante 24 años en Palabra de Vida.

Samuel es responsable del área de formación bíblica en la Iglesia Unida de Vigo.

 Licenciado y Master en Teología (TH. M) por el Instituto Bíblico Evangélico.

Pastor de la Primera Iglesia Evangélica de Vigo, hoy Iglesia Evangélica Unida, desde el 26 de septiembre de 1981.

Profesor de Biblia y Teología en la Facultad Evangélica de España y del Departamento de Teología Sistemática de la escuela Escrituras.

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Cómo ganar la guerra contra la preocupación

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Cómo ganar la guerra contra la preocupación

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El Dr. Adrián Rogers es un predicador, evangelista y maestro de Biblia. Presenta las Buenas Nuevas de Jesucristo con firme convicción a través de su ministerio de radio y televisión, EL AMOR QUE VALE.

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Nueva Era 3/3 – Susurro de Demonios

Sabiduría para el Corazón

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Dioses de la Nueva Era

Nueva Era 3/3 – Susurro de Demonios

Aunque el «boom» de los canalizadores de «guías espirituales» ha decaído, su influencia ha dejado un profundo legado en nuestra sociedad. En este programa estudiamos lo que la Biblia dice acerca estas practicas y los peligros de involucrarse con el tipo incorrecto de espiritualidad.

Sabiduría para el Corazón es el ministerio internacional de enseñanza bíblica del Pastor Stephen Davey, traducido y adaptado al español por Daniel Kukin.

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Las maldiciones del pacto

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Las maldiciones del pacto

R.C.Sproul

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Continuamos con nuestro estudio del corazón de la Teología Reformada. Hoy quiero que prestemos atención al concepto de pacto. Uno de los nombres más frecuentes que oímos para definir a la Teología Reformada es el término «Teología del Pacto». Para ser sincero con ustedes, yo casi nunca uso ese término, no es que me oponga a él por alguna razón en particular, es solo que creo que puede ser un poco confuso, porque creo que todos los cristianos reconocen que el concepto de pacto es obviamente frontal y central en ambos Testamentos. De hecho, cuando hablamos del Antiguo Testamento y del Nuevo Testamento, nos referimos al Antiguo Pacto y el Nuevo Pacto, y todos estamos conscientes de la realidad del lenguaje del pacto que aparece disperso a lo largo de las Escrituras. Oímos hablar de un muchos de pactos en el Antiguo Testamento: el pacto que Dios hace con Noé, con la señal del arcoíris en el cielo; el pacto con Abraham, con la señal de la circuncisión; y el pacto en el Sinaí con Moisés. Y hemos oído de Jeremías hablando acerca de un nuevo pacto; y sabemos que, en el Aposento Alto, cuando nuestro Señor celebra la Pascua con sus discípulos la noche antes de Su ejecución, él instituye el Nuevo Pacto, y habla del Nuevo Pacto que es por su sangre, y así sucesivamente.

Y así tenemos este tema repetido sobre pactos en la Escritura. Y la razón por la que a menudo la Teología Reformada es llamada Teología de Pactos es porque esta ve la estructura o el formato del pacto en la Biblia como un elemento crucial en el que todo el plan de redención funciona, y se convierte en una especie de clave para comprender e interpretar el resto de las Escrituras.

Y debido a esto es que la Teología Reformada destaca este motivo central del pacto como el marco en el que se lleva a cabo la redención. Y de nuevo en las categorías teológicas y en términos de las confesiones históricas las iglesias reformadas tienen una tendencia a distinguir entre los tres pactos principales.

Es una designación general, pero quiero tomarme un tiempo para tratar estos temas. El primero se conoce como el pacto de redención, el segundo se conoce como el pacto de obras y el tercero se conoce como el pacto de gracia.

Y lo que quiero hacer hoy es dar una breve explicación de las características distintivas de estos tres pactos. Normalmente pensamos en un pacto como en un acuerdo entre dos o más partes. Tenemos pactos en nuestra propia cultura. De hecho, la forma de gobierno estadounidense se llama, históricamente, un contrato social o un pacto social que implica el consentimiento de los gobernados, que existe un acuerdo entre el gobierno y el pueblo, y que hay ciertas estipulaciones que definen esa relación que buscamos en la Constitución y la Declaración de Derechos.

Nosotros institucionalizamos y consagramos matrimonios sobre la base de pactos. Se hacen promesas y se acuerdan términos, y así sucesivamente. Del mismo modo está la realidad del pacto empresarial o de los contratos industriales, que se ven en las noticias todo el tiempo. Cuando la mano de obra y la gestión están elaborando un nuevo contrato, lo que están haciendo es un pacto, un acuerdo que impone obligaciones a ambas partes, y así sucesivamente.

Bueno, cuando nos fijamos en los pactos bíblicos, el primer pacto que delineamos no es un pacto que, directa e inmediatamente, involucra gente. El pacto de la redención es un concepto teológico que se refiere a la armonía y la unidad de propósito que ha estado en existencia toda la eternidad en términos de la relación mutua y el acuerdo de las tres Personas de la Trinidad.

En esto es que Dios el Padre, Dios el Hijo, y Dios el Espíritu Santo están todos de acuerdo desde toda la eternidad, en el hecho de llevar adelante la obra de la redención. Distinguimos entre las personas de la Divinidad en cuanto a las tareas específicas que son realizadas por ellos en la obra de redención.

Leemos en Juan 3:16 que «de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, más tenga vida eterna». Ahora, el idioma de ese texto de Juan 3:16 es importante. Nosotros no decimos, ni el Nuevo Testamento dice, que Cristo amó tanto al mundo, que convenció al Padre para que perdone sus pecados. Es decir, el Padre envía a su Hijo a este mundo. El hijo no envía al Padre a este mundo.

Es el Padre que diseña el plan de redención y que inicia la obra de redención mediante el envío de su Hijo unigénito al mundo para llevar a cabo su obra redentora como nuestro Salvador y como nuestro Mediador. Y en el Credo de Nicea, en el Siglo IV, se confiesa que después que Cristo lleva a cabo su obra redentora, y Él asciende al cielo, entonces juntos el Padre y el Hijo envían al Espíritu Santo a el mundo para aplicar la obra de Cristo al pueblo de Dios. Así que el Padre envía primero al Hijo y el Padre y el Hijo, juntos, envían al Espíritu Santo.

Ahora bien, esto puede malinterpretarse, ya que sabemos que la expiación, por ejemplo, se atribuye al Hijo, no al Padre o al Espíritu Santo. Y sabemos que el proceso de la santificación es asignado a la obra del Espíritu Santo, no al Padre o al Hijo.

Sin embargo, no es como si el Padre y el Hijo no estuvieran completamente involucrados en nuestra santificación. Toda la creación es una obra Trinitaria. Y el conjunto de la redención es una obra Trinitaria. Toda la dimensión personal de la Deidad está involucrada en todo esto.

Pero el punto para explicar el pacto, el pacto de redención es evitar el error que ha ocurrido más de una vez en la historia de la iglesia de pensar que el Padre y el Hijo están en conflicto entre sí y que el Hijo tiene que persuadir a este Padre enojado para que aparte su enojo del Hijo como si fuera la graciosa idea de Dios, la idea de Dios el Padre en primer lugar, o la idea de que Cristo realiza su obra a regañadientes.

Él viene a Getsemaní y ora al Padre: «pasa de mí esta copa». Entonces ¿que continúa diciendo? «Pero no se haga mi voluntad, sino la tuya.” Y no es como si el Hijo dijera «bien, si tengo que hacerlo lo haré», sino, lo que está diciendo es que, si se trata de agradar al Padre, entonces es mi comida y bebida hacer la voluntad del Padre.

El punto con el tema del pacto de la redención es mostrar la completa unidad y el acuerdo que hay en la Deidad desde toda la eternidad en lo que respecta al plan de salvación. Ahora, cuando nos adentramos en la distinción entre el pacto de obras y el pacto de gracia esto genera un poco más de controversia. Pero lo que está a la vista aquí, es esto: el pacto de obras en la teología reformada se refiere al pacto inicial que Dios hace con el hombre, con Adán y Eva en el Paraíso donde Adán representa no solo a él y su esposa, sino su descendencia, toda la gente. Él es Adán, representa la humanidad.

Y Dios creó a Adán y Eva y los pone en una situación de prueba. Él hace promesas de bendición para ellos en caso de que sean obedientes y promesas de juicio sobre ellos en caso de que sean desobedientes, y Él los pone a prueba por así decirlo, diciendo, que si comen del árbol del conocimiento del bien y del mal ciertamente morirán. Y el día que comas de él, ciertamente morirás.

Es decir, se anuncian castigos a las criaturas en el caso de que transgredan el mandamiento de su Creador. Ahora, eso significa que el destino de Adán y Eva y su linaje se determina por su respuesta a la ley de Dios, por su comportamiento, por su obrar. Y por eso se llama el pacto de obras. Dios dice que, si haces buenas obras, vivirás, si haces malas obras morirás. Así de simple.

Ahora a algunas personas no les gusta la distinción entre el pacto de obras y el pacto de gracia porque dicen «bueno ya sabes, Dios ni siquiera tenía que hacer un pacto en absoluto con Adán y Eva. El mismo hecho de que Él se inclinara a tener una relación personal con ellos y les diera la oportunidad de la vida eterna de bienaventuranza en Su reino, era en sí gracia. Y no creo que haya realmente disputa alguna acerca de eso.

Es decir, es obvio que Dios no estaba obligado moralmente a dar un camino de salvación a Sus criaturas. Y aceptamos que el pacto de obras está arraigado y fundado en el carácter eterno de la gracia de Dios. Pero lo que esto significa por distinción es que inicialmente los términos de la relación de Dios se establecen con respecto a la obediencia o desobediencia a Su ley.

Y lo qué pasó fue que Adán y Eva desobedecieron. Ellos violaron el pacto de obras trayendo sobre sí mismos, y sobre todos los que ellos representaban, el juicio de Dios, porque el pacto de la creación había sido violado. Ahora permítanme un segundo para hacer un pequeño paréntesis aquí.

Entendemos que vivimos en una cultura en la que hay diferentes tipos de religiones compitiendo y personas que son seculares y que no tienen tiempo para la religión en absoluto. Y no podrían estar menos interesados en toda esa idea de pacto. Y la gente me pregunta ¿están estas personas en el pacto de Dios?

Y yo les contesto así: primero la pregunta es ¿esta gente es gente? Y si respondemos sí, por supuesto, estas personas son personas, y luego la siguiente pregunta es ¿cuándo Dios hizo su pacto con la creación, lo hizo con todos en el mundo o solo con dos individuos aislados que vivían en un bonito jardín en el Edén?

Ahora, la idea bíblica es que el pacto que Dios hizo con Adán y Eva fue un pacto con toda la raza humana. Bueno, la gente puede negar ese pacto, la gente puede repudiar ese pacto, la gente puede despreciar ese pacto, pero lo que no pueden hacer es deshacerse de él. No pueden anularlo. Y una de las razones del porqué las Escrituras nos lleva a todos a comparecer ante el tribunal de Dios y declararnos culpables ante Dios, es que todos hemos quebrantado su ley.

Todos hemos hecho malas obras. Todos hemos fallado en mantener el pacto original de la creación. Todos hemos dejado de cumplir la obligación que toda criatura debe cumplir: glorificar a Dios, honrarlo como Dios, ser agradecidos con Dios, y obedecer Su ley. Así que la conclusión es que el mundo entero está poblado por quebrantadores del pacto.

Cristo fue enviado a un mundo que ya era culpable ante el Padre por romper la ley del Padre, por violar los términos mismos de la existencia humana, la base misma de la vida humana, según fuimos creados ante Dios. Y eso es lo que se quiere decir cuando hablamos del pacto de obras.

Ahora bien, esto se debe a que el primer Adán falló en el pacto de obras, y Dios hubiera tenido todo el derecho moral, en ese momento, de hacer exactamente lo que los términos del pacto establecían. Él pudo haberlos destruido a ellos y a toda la raza y eso habría sido todo. Pero en cambio condescendió para cubrir su desnudez y prometerles redención a través de Aquel que actuaría como su Salvador. De tal manera que Dios, en ese momento, instituye el pacto de gracia, el cual fue dado a Abraham, el cual fue dado a Moisés, que fue dado en todo el Antiguo Testamento: la promesa de que Dios redimiría a su pueblo, el cual era culpable de acuerdo al pacto de obras, de que Él salvaría a su pueblo a través de otro camino. Esto sí es algo fundamental, porque hay cristianos confesos hoy, que creen, que hay una diferencia fundamental entre cómo Dios salvó a la gente en el Antiguo Testamento, y cómo son salvas las personas ahora o después del Nuevo Testamento.

A pesar de que Pablo trata este punto en el tercer, cuarto, y quinto capítulo de Romanos, usando a Abraham como su ilustración de que la salvación se logra en el Antiguo Testamento por gracia, tal como es en el Nuevo Testamento, y que Abraham no fue justificado por las obras de la ley, sino por la fe en el Mesías prometido. La diferencia está en la diferencia entre promesa y cumplimiento. La gente en el Antiguo Testamento miraba hacia el futuro Redentor prometido, ponían su confianza en Él, y eran justificados por fe en Él. Miramos hacia atrás, hacia la obra que ha sido realizada por el Salvador. Ponemos nuestra confianza en Él.

Y la salvación es, básicamente, la misma ahora que como lo fue entonces. Lo distinto es que tenemos una comprensión más profunda de los puntos y los detalles de la misma, y lo que hace una mayor diferencia es que es un hecho consumado, que la obra de Cristo ya fue realizada en el plano de la historia.

Pero una vez que una persona rompe un pacto de obras, la única forma en que se hace posible restaurar la comunión con Dios es por la misericordia de Dios, no por su justicia. Por su gracia, no por nuestras obras. Y esto es crucial, ya que

vivimos en el tiempo en que la gente todavía anda pensando que pueden ser salvos delante de Dios por sus propias obras, que todavía pueden merecer su camino hacia el reino. No creemos en realidad que seamos deudores que no pueden pagar su deuda.

Olvidamos que los términos del pacto de obras eran bastante rígidos. Ellos exigían la perfección. Y si uno peca una vez, no hay nada que se pueda hacer para compensar eso, porque una vez que la mancha cae en tu nombre, ¿qué puedes hacer para llegar a ser perfecto otra vez? No puedes ser perfecto otra vez, porque la perfección no permitía la más mínima imperfección, pero, por supuesto, cuando nos presentamos ante Dios, venimos con más que una leve mancha.

Venimos con un tipo radical de contaminación delante de Él. Así que esta distinción entre el pacto de obras y el pacto de gracia ha sido realmente diseñada para arrojar luz sobre la naturaleza del evangelio. Ahora voy a decir algo que probablemente va a confundir a todo el mundo. Hemos hablado acerca de la doctrina de la justificación solo por fe, y es sólo por gracia que somos salvos.

Ahora voy a decir algo que a lo mejor les va a dar un infarto. En última instancia, la única forma en que alguien es justificado delante de Dios es por obras. Somos salvos por obras. Y somos salvos solo por obras.

No corten el video. Déjenme explicar esto, por favor. Cuando digo que la única forma en que somos salvos es por obras es: Porqué el pacto de gracia debe distinguirse del pacto de obras, pero nunca estar separado de este. El pacto de gracia es el pacto que Dios instituye para asegurar que el pacto original sea finalmente cumplido. Y cuando digo que estamos justificados por obras y por obras solamente, ¿qué quiero decir? Quiero decir que las bases de mi justificación y las bases de tu justificación son las obras perfectas de Jesucristo. Somos salvos por obras, pero no son las nuestras. Por eso decimos que somos salvos por fe, salvos por gracia, porque las obras que nos salvan no son las nuestras, sino que son obras de otra persona, que se sometió en todos los puntos del pacto de obras. El Nuevo Testamento describe a Jesús como el nuevo Adán.

Él es la nueva humanidad que logra aquello que no pudo lograr Adam. Por la desobediencia de un solo hombre, el mundo se hundió en la ruina, y por la obediencia de otro hombre a la ley de Dios, en todas sus demandas y en perfecta conformidad, Cristo redime a su pueblo, al ganar las bendiciones ofrecidas que Dios había prometido originalmente a Sus criaturas en su nombre. Ahora soy salvo por gracia en la medida en que la obra que me salva no es la mía.

Soy salvo por obras en el sentido de que la base de mi salvación está en las obras del Redentor perfecto, Aquel que desde toda la eternidad estaba dispuesto a asumir la carga de las criaturas de Dios y estaba dispuesto a venir a este mundo a someterse a los términos del pacto original por obras y para cumplirlo por su perfecta obediencia y para que Dios diera a su pueblo todos los beneficios de ese pacto, de tal manera que Él nos da todo lo que Cristo ha ganado, todo lo que Él es, es nuestro cuando confiamos en Él.

Eso es lo que queremos decir con el pacto de gracia. No es que el pacto por obras sea del Antiguo Testamento y el pacto por la gracia sea del Nuevo Testamento. No, el pacto de la gracia está en vigencia desde el tercer capítulo de Génesis, y está en todo el Antiguo y en el Nuevo Testamento, porque está basado sobre la libre gracia de Dios para con los pecadores necesitados.

R.C. Sproul es el fundador de Ligonier Ministries, el maestro principal de la programación de radio Renewing Your Mind, y el editor general de la Biblia de estudio Reformation

http://www.ligonier.es

4/13 – Parábola del Grano de mostaza

Iglesia Evangélica de la Gracia

Serie: Parábolas del Reino

4/13 – Parábola del Grano de mostaza

David Barceló

David Barceló

David es licenciado en Psicología y graduado de los seminarios Westminster en California (MA) y Westminster en Filadelfia (DMin). Es miembro de la NANC y graduado en Consejería Bíblica por IBCD. David ha estado sirviendo en la Iglesia Evangélica de la Gracia, desde sus inicios en mayo de 2005, siendo ordenado al ministerio pastoral en la IEG en junio de 2008.