Enviados a rescatar – 1/2

Aviva Nuestros Corazones

El ministerio de los ángeles en la vida de los creyentes

Enviados a rescatar – 1/2

Nancy Leigh DeMoss

Nancy Leigh DeMoss: Déjenme contarles de una mujer llamada Imelda. Un día, ella hizo una búsqueda en Internet sobre el control de la lengua. Eso la llevó a AvivaNuestrosCorazones.com donde comenzó a devorar los artículos y las transcripciones diarias.

Imelda: Yo estaba buscando mensajes prácticos sobre la lengua. Busqué en Internet y me encontré con la página web de Nancy.

Nancy: Es realmente difícil enviar los recursos a Imelda. Esto es porque ella vive en los Emiratos Árabes Unidos. En caso de que no estés seguro de dónde se encuentra, eso está en el Medio Oriente. Así que Imelda descarga el audio del programa de Aviva Nuestros Corazones cada día y hace copias en CD para las mujeres de su iglesia. Imelda se presentó en una de las conferencias de True Woman en el 2010, haciendo el viaje largo desde el Medio Oriente. Cuando nos reunimos en esa conferencia, me entregó unas fotos de un grupo de mujeres de su iglesia en los Emiratos Árabes Unidos. Ella ha formado un grupo de 60 mujeres, un grupo que ellas han llamado la Hermandad de la Feminidad Verdadera.

Tu donación permite que Aviva Nuestros Corazones esté disponible en Internet en sitios como los Emiratos Árabes Unidos y en gran parte del resto del mundo.

Imelda: Estoy agradecida de que otras estén escuchando, porque quiero que experimenten los cambios que Dios trajo a mí vida a través de los mensajes de Nancy.

Nancy: Eso es solo una pequeña ilustración de la multiplicación que ocurre en todo el mundo cuando las mujeres escuchan Aviva Nuestros Corazones y lo comparten con otras en su esfera de influencia.

Leslie Basham: Al entrar en una tienda de regalos de hoy, uno pensaría que el propósito de los ángeles es la venta de calendarios, placas y baratijas. ¿Cuál es el verdadero propósito de los ángeles? Aquí está Nancy Leigh DeMoss.

Nancy: Los ángeles tienen una función principal, una ocupación, un llamado eterno, que es servir a Dios y hacer Su voluntad.

Leslie: Este es Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Todos sabemos que los ángeles juegan un papel destacado en la historia de la Navidad. Pero, ¿te has percatado de que los ángeles juegan un papel importante en otros relatos bíblicos también?

Nancy va a ayudarte a entender lo que dice la Escritura acerca de estos seres misteriosos en una serie llamada El ministerio de los ángeles en la vida de los creyentes.

Nancy: Cuando miras alrededor hoy, vemos que hay un enorme interés en el tema de los ángeles. Entras en una librería y encuentras libros acerca de los ángeles,  poesía sobre los ángeles o historias de supuestos o reales encuentros con los ángeles.

Tenemos programas de televisión que destacan a los ángeles. Entras en una tienda de regalos y verás imágenes y estatuillas y joyas y tarjetas y  a los ángeles por todas partes.

Creo que sabes que mucho de lo que escuchamos acerca de los ángeles hoy en día simplemente no es verdad. Y ¿cómo sabemos si es verdad o no? Pasamos toda esta información por el filtro de las Escrituras, a través de la red de la Palabra de Dios, y evaluamos la información por lo que leemos en la Palabra de Dios.

Pero el hecho de que la gente esté diciendo hoy un montón de cosas acerca de los ángeles, todas producto de su imaginación, no nos debe llevar a pasar por alto lo que es cierto acerca de los ángeles;  lo que la Escritura nos revela sobre este tema tan importante.

Existen aproximadamente 300 referencias sobre los ángeles en las Escrituras, mucho más, por cierto, que sobre Satanás y los demonios.

Como quizás ya sabes, la palabra ángel significa «mensajero». Los ángeles son mensajeros de Dios. Ellos son seres creados. Es por eso que no deben ser adorados. Solo el Creador ha de ser adorado. Ellos son inmortales. Pero ellos no son eternos, porque tienen un punto de partida. Dios los creó, pero son inmortales. Ellos viven para siempre.

Quizás te preguntes ¿cuántos ángeles hay? No lo sabemos. Pero sí sabemos que hay un gran número de ángeles. Apocalipsis, capítulo 5 habla de miles y miles de ángeles. Puedes hacer la multiplicación y saber que hay un montón de ellos (ver versículo 11). En Hebreos, capítulo 12 se nos dice que hay ángeles innumerables, más de los que podríamos contar (ver versículo 22).

Y como hemos dicho, los ángeles no deben ser adorados. No debemos dirigirnos a ellos en oración. Ellos son siervos de Dios que cuidan de Sus asuntos en el mundo. Los ángeles tienen una función principal, una ocupación, un llamado eterno, y es servir a Dios y hacer Su voluntad.

Me encanta ese pasaje en el Salmo 103, donde se llama a toda la creación a bendecir al Señor, pero al final de ese pasaje, el salmista dice,

“Bendecid al SEÑOR, vosotros sus ángeles, poderosos en fortaleza, que ejecutáis su mandatos obedeciendo la voz de su palabra. Bendecid al SEÑOR, vosotros todos sus ejércitos,  que le servís haciendo su voluntad.” (vv. 20-21).

En ese texto podemos ver que los ángeles son criaturas poderosas. Son poderosos, no tan poderosos como Dios, de ninguna manera, pero sí hacen Su voluntad. Obedecen Su Palabra, y hacen Su voluntad. Ellos son siervos obedientes de Dios, y existen para agradarle a Él.

Ahora, como sabes, la Escritura dice que Dios nos creó para ese mismo fin. Fuimos creados para Su beneplácito. Apocalipsis, capítulo 4, el versículo dice 11 dice que Dios nos ha creado para que le sirvamos, para que le demos placer. Mientras estudiaba este asunto de los ángeles, me preguntaba. ¿Qué tal estoy cumpliendo con mi llamado?

Sabemos que los ángeles hacen lo que fueron creados para hacer. Ellos fueron creados para servir a Dios y para darle placer, y eso es exactamente lo que ellos hacen. Pero la pregunta es: ¿Estoy yo cumpliendo con el propósito para el cual fui creada? ¿Estás cumpliendo tú con el propósito para el cual fuiste creada; el de servir a Dios y agradarle?

Cuando oramos el Padre Nuestro, la oración que el Señor enseñó a sus discípulos a orar decimos: «Hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo.» (Mateo 6:10), en un sentido lo que  realmente estamos orando es poder hacer aquí en la tierra lo que los ángeles hacen en el cielo. ¿Qué hacen los ángeles en el cielo? Ellos adoran a Dios, le bendicen, le sirven, y le obedecen.

Estamos orando: «Señor, ayúdanos a ser tan fieles en el cumplimiento de nuestro llamado aquí en la tierra, como los ángeles lo son en el cielo». Cuando y hacemos esta oración, estamos expresando nuestro deseo, nuestra intención, de obedecer a Dios, de adorarle, como sus santos ángeles en el cielo.

Los ángeles cumplen su función en la creación, su función de servir a Dios y hacer Su voluntad, de tres maneras primordiales.  Al estudiar las Escrituras, la mayor parte de los ángeles caen en una o más de estas categorías.

(1) Ellos cumplen su propósito en la creación a través de la adoración y la alabanza a Dios en el cielo.

¿Recuerdas ese pasaje maravilloso en  Apocalipsis, capítulos 4 y 5 donde se nos permite dar un vistazo al trono en los cielos? (4:8; 5:12-13). Escuchamos  estos a ángeles que están alrededor del trono de Dios —de día y de noche— y claman: «¡Santo, santo, santo, Señor Dios Todopoderoso»! (4:8; 5:12-13).

Adoran a Dios por Su grandeza, por Su poder, Su esplendor, Su majestad, por Su plan de redención. Adoran a Dios en el cielo.

El profeta Isaías vio esta misma visión en el cielo en Isaías capítulo 6, cuando se le permitió ver dentro cielo un trono. Allí vio a los serafines, una clase particular de ángeles, cuya ocupación a tiempo completo era adorar y alabar y bendecir al Señor. Ellos sirven a Dios y le agradan por medio de la alabanza y de las bendiciones.

(2) En segundo lugar también encontramos a lo largo de la Escritura, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, que los ángeles están involucrados en ayudar a Dios a ejecutar sus juicios, aquí en la tierra.

Esto ha sido cierto en el pasado y será cierto al final de los tiempos en esta tierra, cuando Dios mande a sus ángeles. Puedes leer sobre esto en el libro de Apocalipsis cuando habla de cómo se llevará a cabo el juicio de Dios. Muchas veces son los ángeles los que vemos ejecutando los juicios de Dios sobre la tierra.

Y luego hay una tercera forma en que los ángeles cumplen su propósito en la creación, y es donde quiero que nos centremos en estas próximas sesiones.

(3) Los ángeles son mensajeros de Dios, enviados por Dios para ministrar a los creyentes aquí en la tierra.

De manera que ellos adoran y alaban a Dios en el cielo. Ellos ejecutan Sus juicios sobre la tierra cuando Él les ordena hacerlo —lo llevan a cabo y lo cumplen. Y luego también Dios envía a sus ángeles a ministrar a los hijos de Dios; a servir a los creyentes aquí en la tierra.

Quiero que veamos varias formas específicas en que los ángeles están involucrados en las vidas de los creyentes. Creo que esto te animará —tal y como me ha animado a mí, al darme cuenta de que estos mensajeros invisibles de Dios participan diaria y activamente en mi vida y en la tuya, si eres una  hija de Dios.

Cuando nos arrepentimos, la Escritura dice que los ángeles se regocijan.

Recuerda el pasaje de Lucas capítulo 15, cuando Jesús estaba contando algunas historias acerca de personas que habían perdido cosas que eran muy importantes para ellos. Luego encontraron lo que se les había perdido, lo que habían buscado con tanta diligencia. Volvieron a su casa y se regocijaron, y llamaron a sus amigos y a sus vecinos para regocijarse con ellos.

Y Jesús dijo en Lucas capítulo 15, versículo 10, » De la misma manera, os digo, hay gozo en la presencia de los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente.»  Cuando un pecador se arrepiente, los ángeles hacen una fiesta. Celebran. Cada vez que un pecador se arrepiente en la tierra, se llenan de emoción porque Dios es exaltado, a Quien ellos adoran y aman, y Su voluntad se está haciendo aquí en la tierra como se hace en el cielo.

Ahora bien, existe un momento de arrepentimiento que tiene lugar en el momento de la conversión, pero también después de la conversión, Dios quiere que continuemos arrepintiéndonos. Ese es el Espíritu Santo dentro de nosotros que nos convence de que hemos pecado contra Dios. Deberíamos tener un estilo de vida de arrepentimiento ante Dios mientras Él va revelando algunos asuntos y necesidades en nuestras vidas. Y cuando nos arrepentimos, creo que cada vez que nos arrepentimos, los ángeles se regocijan.

Al meditar sobre el tema de los ángeles regocijándose cuando nos arrepentimos, me hice la siguiente pregunta: si los ángeles se regocijan cuando nos arrepentimos, ¿será posible que también se contristen cuando nuestros corazones se endurecen y nos negamos a arrepentirnos?

Nosotros sabemos que Dios se lamenta. Sabemos que el Espíritu Santo se contrista. No sé. La Escritura no nos dice si los ángeles se apenan o no, pero al ver cómo aman y adoran al Señor Jesús, me parece que bien podrían estar tristes cuando rechazamos el derecho que Él tiene de gobernar sobre nuestras vidas.

Así que al meditar sobre este asunto de que los ángeles se regocijan cuando los pecadores se arrepienten: ¿Estamos dándoles a los ángeles motivo de celebración, o estamos causándoles dolor debido a la falta de arrepentimiento de nuestros corazones?

Entonces yo también me pregunto: ¿Me emociono tanto como los ángeles cuando veo a los pecadores arrepentidos? ¿Tengo ese tipo de alegría y de celebración en mi corazón cuando veo a los pecadores llegando a conocer a Jesús, viendo a las personas arreglar sus cuentas con Dios? Este es un tema de gran regocijo para ellos, y es una de las formas en las cuales los ángeles están involucrados en nuestras vidas como creyentes.

Hay otra manera en que los ángeles nos ministran a nosotros como creyentes. La Escritura enseña que los ángeles acampan alrededor de nosotros. El Salmo 34 el versículo 7 dice que: «El ángel del SEÑOR acampa alrededor de los que le temen, y los rescata.”  Cuando pienso en la palabra acampar, estoy imaginando una barrera, un cerco de protección.

Posiblemente puedes recordar el pasaje de 2da de Reyes el capítulo 6, cuando en medio de la noche, el rey de Siria envió un ejército con caballos y carros para rodear la ciudad donde vivía el profeta Eliseo. Sus instrucciones fueron capturar a Eliseo y llevarlo de regreso al rey.

Cuando llegó la mañana, el siervo de Eliseo salió y vio a este gran ejército y comprensiblemente, él estaba aterrorizado.» Él le dijo a Eliseo: «¿Qué debemos hacer?»

El profeta le dijo a su siervo: «No tengas miedo. Los que están con nosotros son más que los que están con ellos. «Y oró Eliseo y dijo: Dios, por favor abre los ojos de mi siervo para que vea» (Cf. versículos 15-17).

El siervo no era ciego, Él podía ver, pero solo podía ver con sus ojos naturales. Solo podía ver lo visible, lo físico, la realidad de ese ejército alrededor de ellos.

Lo que Eliseo estaba orando era: «Señor, abre sus ojos espirituales para que pueda tener una visión de lo que ha estado allí todo el tiempo, pero que no podía ver con su vista natural. Permítele ver la realidad invisible que nos rodea.» Cuando el Señor abrió los ojos al siervo, miró y vio que las colinas estaban llenas de caballos y carros de fuego alrededor de Eliseo”.

Ves, el enemigo que había rodeado la ciudad no podía llegar hasta Eliseo. Aunque no parecía haber un obstáculo en su camino, si había un gran obstáculo que les impedía pasar. Eliseo fue rodeado por los ángeles de Dios, que formaron una barrera protectora a su alrededor.

Tenemos la tendencia de mirar la realidad visible que nos rodea, a la gente airada, la gente hostil, la gente con problemas, el vecindario peligroso donde tal vez vivimos, y nos preocupamos por algo que pudiera sucederle a nuestros hijos. A la luz de las realidades visibles es fácil ver que hay gente peligrosa alrededor; hay circunstancias peligrosas. Es fácil sentir miedo y ansiedad y empezamos a preocuparnos e inquietarnos porque tenemos nuestra mirada en las cosas que podemos ver.  En las realidades visibles.

Pero si solo nos detuviéramos para darnos cuenta de cuán cerca están Sus ángeles que nos ministran, y de cómo acampan a nuestro alrededor y en torno a nuestros seres queridos, si son creyentes, entonces nunca daríamos cabida al temor.

Piensa en tus hijos, cuando los lanzas al mundo. No hay manera de que puedas estar con ellos en todas partes. Incluso si estás con ellos en todas partes, no  les puedes proteger de toda la maldad de este mundo.

Pero si tus hijos tienen fe en Cristo, Dios protege a esos niños, enviándoles Sus ángeles para que vengan y acampen alrededor de ellos.

Nunca tendríamos miedo, y enfrentaríamos todas las circunstancias de nuestra vida con paz y con fe, si nos detuviésemos y recordáramos que hay una gran multitud de ángeles invisibles que nos rodean.

Ves, el enemigo es muy real, pero no puede llegar a nosotros sin pasar por medio de un ejército de ángeles que acampan alrededor de nosotros. La única manera de conseguir pasar por medio de este ejército es si Dios les da permiso. Eso significa que podemos confiar. No tenemos que temer porque los ángeles acampan a nuestro alrededor.

Hay otra manera como los ángeles ministran a los creyentes y está relacionada a lo anterior. Esto es: y esto es que los ángeles nos protegen del mal. En el libro del Génesis, Jacob al final de su vida habla de «el ángel que me ha rescatado de todo mal» (48:16). Él mira hacia atrás a su vida, y él está consciente de que Dios ha enviado a un ángel para librarlo de todo mal.

El Salmo 91 nos habla de estos ángeles que nos protegen. La Escritura dice en ese pasaje: «Pues Él dará órdenes a sus ángeles acerca de ti, para que te guarden en todos tus caminos. En sus manos te llevarán, para que tu pie no tropiece en piedra.» (Versículos 11-12). Ellos nos protegen, nos levantan en momentos de daño o de peligro.

En Isaías en el capítulo 63 nos dice que «en todas sus aflicciones [las aflicciones de los Hijos de Israel], Dios fue afligido» (versículo 9). Dios se preocupaba de ellos.  Sentía su dolor, y ¿qué hizo? Él envió el ángel de Su presencia para salvarlos, para liberarlos, para protegerlos de cualquier mal.

Ahora, permítanme sugerir otra manera en la que los ángeles nos ministran a nosotros. Y de nuevo, algunas de estas actividades están estrechamente relacionadas. Los ángeles son enviados no solo para protegernos del mal, sino también para rescatarnos de situaciones imposibles.

Tenemos una serie de ilustraciones de esto a través de las Escrituras, cuando Dios envió a sus ángeles para rescatar a su pueblo de situaciones imposibles. Dos de estos incidentes tienen lugar en la vida de la iglesia primitiva en el libro de los Hechos.

En Hechos capítulo 5 recordarás que los apóstoles fueron arrestados por la predicación del Evangelio, y fueron arrojados a la cárcel. Esa fue una situación imposible. Estaban atados, fueron encarcelados, no podían salir de esa circunstancia.

La Escritura dice que «durante la noche un ángel del Señor abrió las puertas de la cárcel y los sacó» (versículo 19). ¿Cómo abrió el ángel las puertas? No lo sé. Ellos son servidores poderosos de Dios. No tienen tanto poder como Dios, sino más poder que nosotros sobre las fuerzas naturales.

«Pero un ángel del Señor, durante la noche, abrió las puertas de la cárcel, y sacándolos, dijo: Id, y puestos de pie en el templo, hablad al pueblo todo el mensaje de esta Vida. «(Versículo 20). Dios envió a un ángel para rescatar a sus apóstoles de aquella situación imposible.

Ahora, unos capítulos más adelante llegamos a Hechos, capítulo 12. Una situación similar, pero se nos dan más detalles en relación con este pasaje. El rey Herodes arrestó al apóstol Pedro, y lo puso en la cárcel. La noche antes de su juicio. . .  Ahora piensa en el tiempo preciso en el que Dios intervino, lo sabio que es Dios en conocer cuándo exactamente debe enviar a Sus ángeles.

La Escritura habla de la noche antes de su juicio: «… Pedro estaba durmiendo entre dos soldados, sujeto con dos cadenas; y unos guardias delante de la puerta custodiaban la cárcel». (v. 6) No había ninguna manera —aparte de una intervención divina—  en que Pedro pudiera salir de esa situación.

Entonces dice la Escritura en Hechos, capítulo 12, «Y  he aquí, se le apareció un ángel del Señor, y una luz brilló en la celda; y el ángel tocó a Pedro en el costado, y lo despertó diciendo: Levántate pronto. Y las cadenas cayeron de sus manos.  Y el ángel le dijo: Vístete y ponte las sandalias. Y así lo hizo. Y le dijo* el ángel: Envuélvete en tu manto y sígueme». (vv. 7-8).

El pasaje continúa diciendo que Pedro no tenía idea de lo que realmente estaba sucediendo. Ya te podrás imaginar —quizás un poco aturdido por haberse despertado de su sueño en ese momento. Pensó que estaba viendo una visión. La Escritura dice que «Cuando habían pasado la primera y la segunda guardia, llegaron a la puerta de hierro que conduce a la ciudad, la cual se les abrió por sí sola; y salieron y siguieron por una calle, y enseguida el ángel se apartó de él».(Versículo 10).

Entonces la Escritura dice, “Cuando Pedro volvió en sí, dijo: Ahora sé en verdad que el Señor ha enviado a su ángel, y me ha rescatado de la mano de Herodes y de todo lo que esperaba el pueblo de los judíos.» (Versículo 11). Pedro reconoció que esto era obra de Dios y que un ángel había sido el instrumento de Dios para llevar a cabo el rescate.

Ahora bien, déjenme decir esto: Los ángeles no siempre rescatan a los hijos de Dios. No nos rescatan de todo problema o de toda situación difícil. Recuerda que, ellos son siervos de Dios, y solo pueden hacer lo que Dios les manda a hacer. No pueden salir corriendo por su cuenta y hacer su propia voluntad. Existen para hacer la voluntad de Dios.

Pienso, por ejemplo, en ese oscuro momento en la cruz cuando el Hijo de Dios estaba muriendo por los pecados del mundo. Solo puedo imaginar, aunque no se nos dice en la Escritura, que los ángeles anhelaban venir a rescatar a Jesús de la cruz, pero Dios les prohibió intervenir. No era el momento de Dios. No era el tiempo de Dios.

Sí, Jesús pudo haber sido rescatado. Pero si Él se hubiese rescatado a sí mismo, o si los ángeles lo hubiesen rescatado antes de tiempo, nunca podríamos haber sido rescatadas de nuestros pecados. Así que Dios permitió que Su Hijo pasara a través de todo ese proceso en la cruz, sin permitir que los ángeles intervinieran.

No mucho tiempo después de esto los primeros cristianos comenzaron a experimentar persecución por predicar el Evangelio. Creo que durante todo ese tiempo los ángeles estaban observando, con deseos de correr a rescatarlos, como un ejército de liberación.

En ocasiones Dios sí los envió a intervenir, para detener las bocas de los leones, para rescatar a sus siervos de algunas de esas situaciones imposibles. Pero en otras ocasiones, por razones que solo Dios conoce, no se les permitió hacerlo. Ellos no tienen la libertad de liberar a quien ellos quieran; solo pueden rescatar cuando Dios les ordena hacerlo.

Entonces te preguntas: «¿Enviará Dios un ángel para rescatarme en medio de mi situación imposible?» Tal vez sí, tal vez no. Sabes, es el misterio de Dios. Tenemos que aprender a estar contentas con este misterio y decir: «Señor, si quieres en este momento sacarme de esta situación, yo sé que puedes, y yo sé que lo harás. Y podrás utilizar los ángeles como Tus instrumentos para ayudar con la liberación. Pero si no lo haces, entonces yo sé que tienes propósitos que son mayores que mi comodidad y mi liberación inmediatas. »

¿Puedes confiar en la decisión que Dios tomará? Di: «Señor, lo dejo en Tus manos.» Y cuando venga el rescate, recuerda mirar hacia arriba y darle gracias a Dios y saber que Él bien pudo haber enviado un ángel, para llevar a cabo ese rescate.

Leslie: El propósito de los ángeles no es inspirar las decoraciones de Navidad. Los ángeles podrían estar protegiéndonos en el día de Navidad de forma que ni siquiera conocemos. Si te perdiste algo del programa de hoy, puedes escucharlo visitando AvivaNuestrosCorazones.com

¿Quién te anima cuando estás deprimida? Es probable que tengas amigas o compañeras de trabajo que te animen de vez en cuando. ¿Sabes que los ángeles nos animan también?  Aprende lo que dice la Biblia acerca de esto, en nuestro próximo programa. Regresa, por favor, regresa con nosotros.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Voz adicional: Imelda, en la voz de Daiana Martínez.

Gregarios de Lujo, Marcos Vidal, Pescador ℗ 2001 Nuva Music.

Tenemos algunos artículos en Español disponibles en esta página de www.AvivaNuestrosCorazones.com. Usted puede imprimirlos y usarlos. Visite este enlace para que vea los temas disponibles: PDF Downloads.

Derechos Reservados. Aviva Nuestros Corazones. Escrito por Nancy Leigh DeMoss. Usado con permiso. www.AvivaNuestrosCorazones.com.

El corazón, lo que ocupa el primer lugar en sus afectos 

Mujer Para la Gloria de Dios

El corazón, lo que ocupa el primer lugar en sus afectos

02/08/2014

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Dios Humilla a los Soberbios – 4/7

Iglesia Evangélica de la Gracia

El Evangelio según Daniel

Dios Humilla a los Soberbios – 4/7

David Barceló

 

David Barceló

David es licenciado en Psicología y graduado de los seminarios Westminster en California (MA) y Westminster en Filadelfia (DMin). Es miembro de la NANC y graduado en Consejería Bíblica por IBCD. David ha estado sirviendo en la Iglesia Evangélica de la Gracia, desde sus inicios en mayo de 2005, siendo ordenado al ministerio pastoral en la IEG en junio de 2008.

Cuando nos alejamos de Dios – 2/2

Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo

Cuando nos alejamos de Dios – 2/2

Ps. Marcos Peña

 

Marcos Peña fue llamado a salvación en algún momento de su adolescencia pues su madre lo expuso desde pequeño a la Palabra de Dios. Siendo un adolescente le predicó el evangelio a otros jóvenes que posteriormente fundaron Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo en 1978. Desde los inicios de nuestra Iglesia fue uno de sus jóvenes líderes, pasando algunos años de estudios teológicos formales entre el 1979 y 1980 en el Instituto Bíblico Quisqueyano. Fue elegido como diácono en febrero de 1987 y en abril del 2001 comenzó a formar parte del cuerpo de pastores de IBSJ. Ha dado clases del Antiguo Testamento en el Instituto Bíblico Logos.

Actualmente es responsable del grupo de jóvenes, imparte clases de Escuela Dominical y predica. El pastor Marcos Peña está casado con Carmen Julia Linares y es padre de tres hijas: Ika Marcel, Jennifer y Susan.

http://www.ibsj.org

El Consolador

El Púlpito de la Capilla New Park Street

El Consolador

Un sermón predicado la noche del Domingo 21 de Enero de 1855

por El Rev. Charles Haddon Spurgeon

En la Capilla New Park Street, Southwark, Londres.

 

«Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho.» Juan 14: 26

El buen anciano Simeón llamó a Jesús ‘la consolación de Israel’ y en verdad lo fue. Antes de Su aparición real, Su nombre era el ‘Lucero de la Mañana’ que ilumina la oscuridad y profetiza la llegada del alba. A Él miraban con la misma esperanza que alienta al centinela nocturno, cuando desde la almena del castillo divisa la más hermosa de las estrellas y la aclama como pregonera de la mañana.

Cuando estaba en la tierra, fue la consolación de quienes gozaron del privilegio de ser Sus compañeros. Podemos imaginar cuán prestamente acudían a Cristo los discípulos para comentarle sus aflicciones, y cuán dulcemente les hablaba y disipaba sus temores con aquella inigualable entonación de Su voz. Como hijos, ellos le consideraban como un Padre; a Él presentaban toda carencia, todo gemido, toda angustia y toda agonía, y Él, cual sabio médico, tenía un bálsamo para cada herida; Él había confeccionado un cordial para cada una de sus penas; y dispensaba prontamente un potente remedio para mitigar toda la fiebre de sus tribulaciones.

¡Oh, debe haber sido muy dulce vivir con Cristo! En verdad las aflicciones entonces no eran sino gozos enmascarados, porque proporcionaban la oportunidad de acudir a Jesús para alcanzar su alivio. ¡Oh, que hubiéramos podido posar nuestras cabezas sobre el pecho de Jesús, y que nuestro nacimiento hubiera sido en aquella feliz época que nos habría permitido escuchar Su amable voz, y contemplar Su tierna mirada, cuando decía: «Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados»!

Pero ahora se acercaba la hora de su muerte. Grandes profecías iban a ver su cumplimiento, y grandes propósitos iban a ser cumplidos, y por ello, Jesús debía partir. Era menester que sufriera, para que se convirtiera en la propiciación por nuestros pecados. Era menester que dormitara durante un tiempo en el polvo, para que pudiera perfumar la cámara del sepulcro a fin de que:

«Ya no fuera más un osario que cerque
Las reliquias de la perdida inocencia.»

Era menester que tuviera una resurrección, para que nosotros, que un día seremos los muertos en Cristo, resucitemos primero, y nos plantemos sobre la tierra en cuerpos gloriosos. Y era menester que ascendiera a lo alto para llevar cautiva la cautividad, para encadenar a los demonios del infierno, para atarlos a las ruedas Su carruaje y arrastrarlos cuesta arriba a la colina del alto cielo, para hacerles vivir una segunda derrota que será infligida por Su diestra cuando los arroje desde los pináculos del cielo hasta las más hondas profundidades de abajo. «Os conviene que yo me vaya», -dijo Jesús- «porque si no me fuese, el Consolador no vendría a vosotros.»

Jesús debe partir. Lloren ustedes que son Sus discípulos. Jesús ha de irse. Lamenten ustedes, pobres criaturas, que han de quedarse sin un Consolador. Pero escuchen cuán tiernamente habla Jesús: «No os dejaré huérfanos.» «Yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre.» Él no dejaría solas en el desierto a esas pobres ovejas escasas; Él no desampararía a Sus hijos dejándolos huérfanos. No obstante que tenía una poderosa misión que en verdad le ocupaba alma y vida; no obstante que tenía tanto que llevar a cabo, que habríamos podido pensar que incluso Su gigantesco intelecto estaría sobrecargado; no obstante que tenía tanto que sufrir, que podríamos suponer que Su alma entera estaba concentrada en el pensamiento de los sufrimientos que tenía que soportar, sin embargo, no fue así; antes de irse proporcionó reconfortantes palabras de consuelo; como el buen samaritano, derramó aceite y vino; y vemos qué es lo que prometió: «Les enviaré otro Consolador; uno que será justo lo que Yo he sido, e incluso será algo más: les consolará en sus angustias, disipará sus dudas, les reconfortará en sus aflicciones, y estará como mi vicario en la tierra, para hacer lo que Yo habría hecho, de haberme quedado con ustedes.»

Antes de que predique acerca del Espíritu Santo como el Consolador, debo hacer una o dos observaciones acerca de las diferentes traducciones de la palabra «Consolador». La traducción de la Biblia de Reims, que ustedes saben que fue adoptada por los católicos romanos, ha optado por dejar esa palabra en el idioma original, y la ofrece como «Paráclito«. «Mas el Paráclito, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho». Esta es la palabra griega original, que significa otras cosas además de «Consolador». Algunas veces quiere decir monitor o instructor: «Les enviaré otro monitor, otro maestro». Frecuentemente significa: «Abogado»; pero el significado más común de la palabra es el que tenemos aquí: «Les enviaré otro Consolador«. Sin embargo, no podemos pasar por alto esas otras dos interpretaciones, sin decir algo sobre ellas.

«Les enviaré otro maestro«. Jesucristo fue el maestro oficial de Sus santos mientras estuvo en la tierra. A nadie llamaron Rabí excepto a Cristo. No se sentaron a los pies de ningún hombre para aprender sus doctrinas, sino que las recibieron directas de labios de Aquel de quien se dijo: «¡Jamás hombre alguno ha hablado como este hombre!» «Y ahora», -dice Él- «cuando me vaya, ¿dónde podrán encontrar al gran maestro infalible? ¿Les habré de constituir a un Papa en Roma, a quien acudirán, y quien será su oráculo infalible? ¿Les daré los concilios de la iglesia que tendrán por fin decidir todos los puntos intrincados?» Cristo no dijo tal cosa. «Yo soy el Paráclito o el Maestro infalible, y cuando me vaya, les enviaré otro maestro y Él será la persona que ha de explicarles la Escritura; Él será el oráculo de Dios con autoridad que pondrá en claro todas las cosas oscuras, develará los misterios, desenredará todos los nudos de la Revelación y les hará entender aquello no podrían descubrir, a no ser por Su influencia.»

Y, amados, nadie aprende rectamente algo, si no es enseñado por el Espíritu. Podrían aprender la elección, y podrían conocerla de tal manera que fueran condenados por ello, si no fueran enseñados por el Espíritu Santo, pues he conocido a algunas personas que han aprendido la lección de la elección para destrucción de sus almas; la aprendieron al punto que dijeron que eran de los elegidos, siendo así que no poseían señales, ni evidencias y ni obra alguna del Espíritu Santo en sus almas. Hay una forma de aprender la verdad en la universidad de Satanás, y de sostenerla en el libertinaje; pero si es así, será a sus almas como veneno a sus venas, y demostrará ser su ruina sempiterna.

Nadie puede conocer a Jesucristo a menos que sea enseñado por Dios. No hay doctrina de la Biblia que pueda ser aprendida de manera segura, plena y verdadera, excepto por la agencia del único maestro que posee la autoridad. ¡Ah!, no me hablen de los sistemas ni de los esquemas de la teología; no me hablen de comentaristas infalibles, o de doctores sumamente instruidos y sumamente arrogantes; sino háblenme del Grandioso Maestro que nos ha de instruir a nosotros, los hijos de Dios, y nos hará sabios para entender todas las cosas. Él es el Maestro; no importa lo que este o ese hombre digan; no me apoyo en la jactanciosa autoridad de nadie, ni ustedes lo hacen tampoco. Ustedes no se dejan llevar por la astucia de los hombres, ni por el ardid de las palabras; este es el oráculo que cuenta con la autoridad: el Espíritu Santo, que descansa en los corazones de Sus hijos.

La otra traducción es abogado. ¿Han pensado alguna vez cómo puede decirse que el Espíritu Santo sea un abogado? Ustedes saben cómo Jesucristo es llamado Admirable, Consejero, Dios fuerte; pero ¿por qué puede decirse que el Espíritu Santo es un abogado? Yo supongo que es por esto: Él es un abogado en la tierra para argumentar en contra de los enemigos de la cruz. ¿Por qué Pablo pudo argumentar con tanta eficacia ante Félix y Agripa? ¿Por qué los apóstoles permanecieron impertérritos delante de los magistrados, y pudieron confesar a su Señor? ¿Por qué ha sucedido que, en todos los tiempos, los ministros de Dios se volvieran intrépidos como leones, y sus frentes fueran más firmes que el bronce, sus corazones más rígidos que el acero, y sus palabras como el lenguaje de Dios?

Vamos, es simplemente por esta razón: no era el hombre quien argumentaba, sino Dios el Espíritu Santo era quien argumentaba por su medio. ¿No han visto alguna ocasión a un ministro denodado, con manos alzadas y ojos llenos de lágrimas, argumentando con los hijos de los hombres? ¿Nunca han admirado ese cuadro proveniente de la mano del viejo John Bunyan? Una persona circunspecta con los ojos alzados al cielo, el mejor de los libros en su mano, la ley de la verdad escrita sobre sus labios, el mundo a su espalda, estando en posición de argumentar con los hombres, y con una corona de oro colocada sobre su cabeza.

¿Quién le dio a ese ministro un comportamiento tan bendito y un asunto tan excelente? ¿De dónde provino su destreza? ¿Acaso la obtuvo en la universidad? ¿Acaso la aprendió en el seminario? ¡Ah, no!; la aprendió del Dios de Jacob; la aprendió del Espíritu Santo, pues el Espíritu Santo es el grandioso consejero que nos enseña cómo abogar su causa rectamente.

Pero, además de esto, el Espíritu Santo es el abogado en los corazones de los hombres. ¡Ah!, he conocido hombres que rechazan una doctrina hasta que el Espíritu Santo comienza a iluminarlos. Nosotros, que somos los abogados de la verdad, somos frecuentemente unos muy pobres argumentadores; estropeamos nuestra causa por culpa de las palabras que usamos; pero es una misericordia que el alegato esté en la mano de un argumentador especial, que abogará exitosamente y vencerá la oposición del pecador. ¿Acaso se enteraron jamás que alguna vez fallara?

Hermanos, me dirijo a sus almas: ¿no les convenció Dios de pecado en tiempos pasados? ¿No vino el Espíritu Santo y les demostró que ustedes eran culpables, aunque ningún ministro hubiere podido sacarlos jamás de su justicia propia? ¿No abogó la justicia de Cristo? ¿No llegó para decirles que sus obras eran como trapo de inmundicia? Y cuando ya casi habían decidido no escuchar Su voz, ¿no trajo consigo el tambor del infierno haciéndolo sonar junto a sus oídos, y pidiéndoles que miraran a través de la perspectiva de años futuros para ver el trono establecido, y los libros abiertos, y la espada blandida, y el infierno ardiendo, y los diablos aullando, y los condenados chillando por siempre? ¿Y no los convenció de esa manera del juicio venidero? Él es un poderoso abogado cuando argumenta en el alma acerca de pecado, de justicia y del juicio venidero.

¡Bendito abogado, argumenta en mi corazón, argumenta con mi conciencia! Cuando peque, infunde valor a mi conciencia para que me lo diga; cuando yerre, haz hablar a la conciencia de inmediato; y cuando me aparte y me vaya por caminos torcidos, entonces aboga la causa de la justicia, y ordéname que me quede en confusión, conociendo mi culpabilidad a los ojos de Dios.

Pero hay todavía otro sentido en el que el Espíritu Santo intercede, y es que aboga nuestra causa con Jesucristo, con gemidos indecibles. ¡Oh alma mía, tú estás a punto de estallar dentro de mí! Oh corazón mío, tú estás henchido de dolor; la marea ardiente de mi emoción está muy cerca de desbordar los canales de mis venas. Anhelo hablar, pero el propio deseo encadena mi lengua. Deseo orar, pero el fervor de mi sentimiento reprime mi lenguaje. Hay un gemido interior que no puede ser expresado. ¿Saben quién puede expresar ese gemido, quién puede entenderlo, y quién puede ponerlo en un lenguaje celestial y enunciarlo en la lengua del cielo, para que Cristo lo oiga? ¡Oh, sí!, es Dios el Espíritu Santo; él aboga nuestra causa con Cristo, y luego Cristo la aboga con Su Padre. Él es el abogado que intercede por nosotros con gemidos indecibles.

Habiendo explicado así el oficio del Espíritu como maestro y como abogado, llegamos ahora a la traducción de nuestra versión: el Consolador; y aquí tendré tres divisiones. En primer lugar, el consolador; en segundo lugar, el consuelo; y en tercer lugar, el consolado.

I. Primero, entonces, tenemos al CONSOLADOR. Permítanme repasar brevemente en mi mente y también en la suya, las características de este glorioso Consolador. Permítanme decirles algunos de los atributos de Su consuelo, para que entiendan cuán convenientemente adaptado es para el caso suyo.

Y primero, señalaremos que Dios, el Espíritu Santo, es un Consolador muy amoroso. Me encuentro turbado y necesito consolación. Algún transeúnte se entera de mi aflicción, y entra, se sienta y trata de animarme; me dice palabras reconfortantes; pero él no me ama, es un extraño que no me conoce del todo, y sólo ha entrado para probar su habilidad; ¿y cuál es el resultado? Sus palabras se resbalan sobre mí como el aceite en una losa de mármol; son como la lluvia que golpetea sobre la roca; no interrumpen mi dolor, que permanece inconmovible como el diamante, ya que él no siente amor por mí. Pero si alguien que me amara encarecidamente como a su propia vida viniera y argumentara conmigo, entonces sus palabras se convierten en música en verdad; saben a miel; él conoce la contraseña que abre las puertas de mi corazón, y mi oído está atento a cada palabra; capto la entonación de cada sílaba al sonar, pues es como la armonía de las arpas del cielo.

¡Oh!, hay una voz enamorada que habla un lenguaje que le es propio, un idioma y un acento que nadie podría imitar; la sabiduría no podría imitarlo; la oratoria no podría alcanzarlo. El amor es el único que puede alcanzar al corazón doliente; el amor es el único pañuelo que puede enjugar las lágrimas del hombre doliente. ¿Y no es el Espíritu Santo un amoroso Consolador? ¿Sabes, oh santo, cuánto te ama el Espíritu Santo? ¿Puedes medir el amor del Espíritu? ¿Conoces cuán grande es el afecto de Su alma por ti? Anda, mide al cielo con tu palmo; anda, pesa los montes con balanza; anda, toma el agua del océano, y cuenta cada gota; anda, cuenta la arena sobre la vasta playa del mar; y cuando hubieres cumplido esto, podrías decir cuánto te ama. Él te ha amado por largo tiempo; te ha amado considerablemente, te amó siempre; y todavía te amará. En verdad, Él es la persona que ha de consolarte, porque te ama. Entonces, dale entrada a tu corazón, oh cristiano, para que te consuele en tu calamidad.

Pero, además, Él es un Consolador fiel. El amor algunas veces resulta ser infiel. «¡Oh, más dañino que el colmillo de una serpiente» es un amigo infiel! ¡Oh, mucho más amargo que la hiel de la amargura es tener un amigo que me dé la espalda en mi zozobra! ¡Oh, ay de ayes es experimentar que uno que me ama en mi prosperidad me abandone en el tenebroso día de mi tribulación! Es triste verdaderamente: pero el Espíritu de Dios no es así. Él ama sempiternamente, y ama hasta el fin: Él es un Consolador fiel.

Hijo de Dios: tú tienes problemas. Hace muy poco descubriste que Él era un Consolador dulce y amoroso; te proporcionó alivio cuando otros no fueron sino cisternas rotas; Él te albergó en Su seno, y te llevó en Sus brazos. Oh, ¿por qué motivo desconfías de Él ahora? ¡Desecha tus temores, pues Él es un Consolador fiel!

«¡Ah!, pero», -dices tú- «temo que enfermaré y me veré privado de Sus ordenanzas». Sin embargo, Él te visitará en tu lecho de enfermo, y se sentará junto a ti para proporcionarte la consolación.

«¡Ah!, pero yo tengo angustias mayores de las que puedas concebir; muchas ondas y olas pasan sobre mí; un abismo llama a otro a la voz de las cascadas del Eterno.» Sin embargo, Él será fiel a Su promesa.

«¡Ah!, pero yo he pecado». Eso has hecho, pero el pecado no puede apartarte de Su amor; Él aún te ama.

No pienses, oh pobre hijo abatido de Dios, que debido a que las cicatrices de tus viejos pecados han desfigurado tu belleza, te ama menos por causa de esa imperfección. ¡Oh, no! Él te amó aun cuando tuvo un conocimiento anticipado de tu pecado; Él te amó sabiendo cuál sería el agregado de tu maldad; y no te ama menos ahora. Acércate a Él con todo el valor de la fe; dile que le has contristado, y Él olvidará tu descarrío y te recibirá de nuevo; los besos de Su amor serán dispensados sobre ti, y te tomará en los brazos de Su gracia. Él es fiel: confía en Él; Él no te engañará nunca; confía en Él: nunca te abandonará.

Además, Él es un Consolador infatigable. Algunas veces yo he tratado de consolar a ciertas personas que son probadas. Tú te enfrentas ocasionalmente con el caso de una persona nerviosa. Le preguntas: «¿qué te aqueja?»; esa persona te responde, y tú procuras quitar el problema, si fuera posible, pero mientras estás preparando tu artillería para demoler el problema, descubres que ha cambiado su morada y está ocupando una posición muy diferente. Tú cambias tu argumento y comienzas de nuevo; pero he aquí, se ha movido otra vez, y tú estás azorado. Te sientes como Hércules cuando cortaba las cabezas de la Hidra, que siempre volvían a crecer, y renuncias a tu tarea con desesperación. Te encuentras con personas a quienes es imposible consolar, que más bien le recuerdan a uno al hombre que se encadenó a sí mismo con grilletes y se deshizo de la llave de tal forma que nadie podía liberarlo.

Yo me he encontrado con personas aprisionadas con los grilletes de la desesperación. «Oh, yo soy el hombre», -dicen- «que ha visto a la aflicción; compadézcanme, compadézcanme, oh amigos míos»; y entre más tratas de consolar a gente así, peor se ponen; y por eso, descorazonados, les dejamos vagar por las tumbas de sus gozos anteriores.

Pero el Espíritu Santo nunca se descorazona con quienes desea consolar. Él intenta consolarnos y nosotros eludimos el dulce cordial; Él nos da un dulce brebaje para curarnos, y nosotros no queremos tomarlo; Él nos da una portentosa poción para alejar todos nuestros problemas, y nosotros la hacemos a un lado. Aun así, Él nos persigue; y aunque nosotros decimos que no queremos ser consolados, Él afirma que lo seremos, y cuando dice algo, lo cumple. Él no se desalentará por todos nuestros pecados, ni por todas nuestras murmuraciones.

Y oh, cuán sabio Consolador es el Espíritu Santo. Job tenía consoladores, y pienso que dijo la verdad cuando afirmó: «Consoladores molestos sois todos vosotros». Pero me atrevo a decir que ellos se consideraban sabios; y cuando el joven Eliú se levantó para hablar, ellos pensaron que rebosaba todo un mundo de impudencia. ¿Acaso no eran ellos «Venerables, dignos y muy poderosos señores»? (1) ¿Acaso no comprendían su dolor y su aflicción? Si ellos no podían consolarle, ¿quién podría hacerlo? Pero ellos no descubrieron la causa. Ellos pensaron que no era realmente un hijo de Dios, y que más bien creía tener justicia propia, y por ello le dieron el medicamento equivocado. Es una situación terrible cuando el doctor diagnostica equivocadamente la enfermedad y da una prescripción errónea, y así, tal vez, mata al paciente.

Algunas veces, cuando vamos y visitamos a la gente, confundimos su enfermedad: queremos aliviarlos sobre este punto, cuando no requieren ese tipo de alivio en absoluto, y sería mucho mejor que se les dejase solos, que arruinados por causa de tales consoladores molestos como somos nosotros.

Pero, ¡oh, cuán sabio es el Espíritu Santo! Él toma al alma, la pone sobre la mesa, y ejecuta la disección en un instante; encuentra la raíz del asunto, revisa dónde está el mal, y luego aplica el bisturí donde haya algo que deba ser extraído, o pone un emplasto donde esté la llaga; y nunca se equivoca. ¡Oh, cuán sabio es el bendito Espíritu Santo! Me aparto de todo consolador me aparto y renuncio a todos ellos, pues Tú eres el único que proporciona la más sabia consolación.

Luego, observen cuán seguro Consolador es el Espíritu Santo. Fíjense en esto: no todo consuelo es seguro. Hay un joven por allá que está muy melancólico. Ustedes saben por qué se puso así. Entró a la casa de Dios y escuchó a un poderoso predicador, y la palabra fue bendecida y lo convenció de pecado. Cuando regresó al hogar, su padre y el resto de la familia descubrieron que había algo diferente en él. «Oh», -dijeron- «Juan está demente, está loco». ¿Y qué dijo su madre? «Que vaya a la campiña por una semana; que asista al baile o al teatro». ¡Juan!, ¿encontraste algún consuelo allí? «Ah, no; me puse peor, pues mientras estaba allí, pensaba que el infierno podría abrirse y tragarme.» ¿Encontraste algún alivio en las alegrías del mundo? «No,» -respondes- «pienso que fue una inútil pérdida de tiempo.» ¡Ay!, ese es un miserable consuelo, pero es el consuelo del mundano; y cuando un cristiano entra en angustia, cuántos le recomendarán este remedio o aquel otro. «Anda y escucha predicar al señor Tal y Tal; invita a unos cuantos amigos a tu casa; lee tal y tal volumen reconfortante»; y muy probablemente ese sea el consejo más inseguro del mundo.

El diablo vendrá a veces a las almas de los hombres como un falso consolador, y le dirá al alma: «¿qué necesidad hay de hacer todo este ruido acerca del arrepentimiento? Tú no eres peor que otras personas», e intentará hacer creer al alma que lo que no es sino una presunción, es la seguridad real del Espíritu Santo; así engaña a muchos mediante un falso consuelo.

Ah, ha habido muchos, como infantes, que han sido destruidos por los elíxires suministrados para inducirles al sueño; muchos han sido arruinados por el grito de «paz, paz», cuando no hay paz, oyendo cosas benignas cuando deberían ser sacudidos en lo más vivo. El áspid de Cleopatra fue transportado en una canasta de flores; y la ruina de los hombres acecha con frecuencia en palabras dulces y hermosas. Mas el consuelo del Espíritu Santo es seguro, y pueden confiar en él. Si Él dice la palabra, contiene una realidad; si Él ofrece la copa de la consolación, puedes tomarla hasta el fondo, pues no hay sedimentos en sus profundidades, ni nada que intoxique o arruine, y todo es seguro.

Además, el Espíritu Santo es Consolador activo: Él no consuela con palabras, sino con hechos. Algunos consuelan diciendo: «Id en paz, calentaos y saciaos.» Pero el Espíritu Santo da, Él intercede con Jesús. Él nos da promesas, nos da gracia y así nos consuela. Observen además que Él es siempre un Consolador exitoso; no intenta aquello que no pueda cumplir.

Entonces, para concluir, Él es un Consolador siempre presente, de tal manera que no tienes que enviar por Él. Tu Dios está siempre cerca de ti, y cuando necesitas consuelo en tu angustia, he aquí, cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón; Él es una ayuda siempre presente en el tiempo de la aflicción. Desearía tener el tiempo para expandir estos pensamientos, pero no puedo hacerlo.

II. El segundo punto es el CONSUELO. Ahora hay algunas personas que comenten un grave error acerca de la influencia del Espíritu Santo. Un hombre insensato que tenía la fantasía de predicar en un cierto púlpito, -aunque en verdad era sumamente incapaz de ese deber- visitó al ministro, y le aseguró solemnemente que el Espíritu Santo le había sido revelado que había de predicar en su púlpito.

«Muy bien», -dijo el ministro- «supongo que no debo dudar de tu aseveración, pero como no me ha sido revelado que debo dejarte predicar, has de proseguir tu camino hasta que me sea revelado.»

He oído decir a muchas personas fanáticas que el Espíritu Santo les reveló estas cosas y aquellas cosas. Ahora, eso es en sentido general, un disparate revelado. El Espíritu Santo no revela nada nuevo ahora. Él nos recuerda las cosas antiguas. «Él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho». El canon de la revelación está cerrado; no hay nada más que deba agregarse. Dios no da una revelación fresca, sino que remacha la antigua. Cuando ha sido olvidada, y puesta en la polvorienta cámara de nuestra memoria, Él saca y limpia el cuadro, mas no pinta uno nuevo. No hay nuevas doctrinas, sino que las antiguas son frecuentemente revividas. Afirmo que no es por medio de una nueva revelación que el Espíritu consuela. Él lo hace diciéndonos repetidamente las cosas antiguas; Él trae una lámpara nueva para revelar los tesoros escondidos en la Escritura; abre los recios baúles en los que había permanecido por largo tiempo la verdad, y apunta hacia cámaras secretas llenas de riquezas indecibles; pero no acuña cosas nuevas pues nos basta con lo que hay.

¡Creyente!, hay para ti lo suficiente en la Biblia para que vivas de ello para siempre. Aunque tú rebasaras los años de Matusalén, no habría necesidad de una fresca revelación; si llegaras a vivir hasta que Cristo venga a la tierra, no habría necesidad de añadir una sola palabra; si tuvieras que descender tan profundo como Jonás, o incluso descender como David comentó que lo hizo, hasta el seno del Seol, aun así habría lo suficiente en la Biblia para consolarte sin necesidad de una frase suplementaria. Mas Cristo dice: «Tomará de lo mío, y os lo hará saber». Ahora, permítanme decirles brevemente qué es lo que el Espíritu nos dice.

¡Ah!, Él susurra al corazón: «Santo, ten ánimo; hay Uno que murió por ti; mira al Calvario; contempla Sus heridas; advierte el torrente que brota de Su costado; allí está tu comprador, y tú estás seguro. Él te ama con un amor eterno, y esta disciplina es ejercida para tu bien; cada golpe está obrando tu curación; por el moretón de la herida, tu alma es mejorada. «Porque el Señor al que ama, disciplina, y azota a todo el que recibe por hijo.» No dudes de Su gracia por causa de tu tribulación, sino que has de creer que Él te ama tanto en las estaciones de tribulación como en los tiempos de felicidad.

Y luego, además, dice: «¿Qué es todo tu sufrimiento comparado con el sufrimiento de tu Señor? ¿O cuál es toda tu turbación cuando es pesada en la balanza de las agonías de Jesús?» ¡Y especialmente en algunas ocasiones el Espíritu Santo quita el velo del cielo, y permite que el alma contemple la gloria del mundo superior! Entonces es cuando el santo puede decir: «¡Oh, Tú eres un Consolador para mí!»

«No importa que lluevan ansiedades como fiero diluvio,
Y que caigan tormentas de aflicción;
Que tan sólo llegue a salvo al hogar,
Mi Dios, mi cielo, mi todo».

Algunos de ustedes podrían seguirme si fuera a contar acerca de las manifestaciones del cielo. Ustedes también han dejado sol, luna y estrellas a sus pies, cuando en su vuelo, aventajando al relámpago rezagado, parecían entrar por las puertas de perla, y pisar las calles de oro, llevados a lo alto sobre las alas del Espíritu. Pero en este punto no debemos confiar en nosotros, para evitar que, perdidos en los ensueños, nos olvidemos de nuestro tema.

III. Y ahora, en tercer lugar, ¡quiénes son las personas CONSOLADAS! Me gusta, y ustedes lo saben, clamar al final de mi sermón: «¡Divídanse, divídanse!» Hay dos grupos aquí: algunos que son los consolados, y otros, que son los desconsolados, algunos que han recibido la consolación del Espíritu Santo, y algunos que no la han recibido. Ahora hemos de tratar de zarandearlos para ver quiénes son el tamo y quiénes son el trigo; y que Dios nos conceda que algunos que conforman el tamo sean transformados esta noche en Su trigo.

Ustedes podrían preguntarse: «¿cómo podría saber si soy un receptor del consuelo del Espíritu Santo?» Pueden saberlo mediante una regla. Si han recibido una bendición de Dios, recibirán también todas las otras bendiciones. Permítanme que me explique. Si yo pudiera venir aquí como un subastador, y vendiera el evangelio en lotes, lo vendería todo. Si yo pudiera decir: aquí está la justificación a través de la sangre de Cristo, libre, regalada, de gratis, muchos dirían: «yo quiero tener la justificación: dámela; deseo ser justificado, deseo ser perdonado». Supongan que yo tomara la santificación, la renuncia a todo pecado, un cambio integral de corazón, abandonar la borrachera y el perjurio, entonces muchos dirían: «yo no quiero eso; a mí me gustaría ir al cielo, pero no quiero esa santidad; me gustaría ser salvo al final, pero todavía me gustaría gozar de las copas; me gustaría entrar a la gloria, pero entonces, he de proferir uno o dos juramentos en el camino.»

No, pecador, si recibes una bendición, las recibirás todas. Dios no dividirá nunca el Evangelio. No dará justificación a ese hombre, y santificación a aquel otro; perdón a uno y santidad al otro. No, todo va junto. A quienes llama, justifica; a quienes justifica, a esos santifica; a quienes santifica, a esos también glorifica. Oh, si yo no predicara nada salvo los consuelos del Evangelio, ustedes volarían hacia ellos como las moscas vuelan a la miel. Cuando se enferman, mandan a llamar al clérigo. ¡Ah!, todos ustedes quieren que su ministro llegue entonces y les dé palabras consoladoras. Pero si fuera un hombre honesto, no les daría a ciertos de ustedes ni una partícula de consolación. No comenzaría derramando aceite cuando el bisturí podría cumplir una mejor función. Yo quiero que un hombre sienta sus pecados antes de que me atreva a decirle algo acerca de Cristo. Quiero sondear su alma y hacerle sentir que está perdido antes de decirle algo acerca de la bendición comprada. Para muchos es la ruina que se les diga: «Ahora basta que creas en Cristo, y eso es todo lo que tienes que hacer». Si, en lugar de morir, se recuperaran, se levantarían como hipócritas encalados, eso es todo.

He oído acerca de un misionero citadino que guardaba un registro de dos mil personas de quienes se supuso que se encontraban en sus lechos de muerte, pero se recuperaron, y a quienes habría registrado como personas convertidas si hubiesen muerto, y ¿cuántos, de ese total de dos mil, creen ustedes que vivieron una vida cristiana posteriormente? ¡Ni siquiera dos! Positivamente sólo pudo encontrar a uno del que se comprobó después que vivía en el temor de Dios.

¿No es horrible que cuando los hombres y las mujeres están a punto de morir, clamen: «Consuelo, consuelo», y que de esto concluyan sus amigos que son hijos de Dios, mientras que, después de todo, no tienen derecho a consuelo, sino que son intrusos en los terrenos cercados del bendito Dios?

¡Oh Dios, que a estas personas les sea impedido obtener el consuelo cuando no tengan derecho a él! ¿Han recibido ustedes otras bendiciones? ¿Han tenido convicción de pecado? ¿Han sentido alguna vez su culpa delante de Dios? ¿Han sido humilladas sus almas a los pies de Jesús? Y, ¿han sido conducidos a mirar únicamente al Calvario en busca de refugio? Si no fuera así, no tienen derecho a la consolación. No tomen un solo átomo de ella. El Espíritu es un Convencedor antes de ser un Consolador; y ustedes deben tener las otras operaciones del Espíritu Santo antes de que puedan derivar algo de esto.

Y ahora llegamos a una conclusión. Ustedes han oído lo que este hablador ha dicho una vez más. ¿Qué ha sido? Algo acerca del Consolador. Pero déjenme preguntarles, antes de que se vayan: ¿qué saben acerca del Consolador? Cada uno de ustedes, antes de bajar las gradas de esta capilla, deje que esta solemne pregunta estremezca por entero a sus almas: ¿qué saben acerca del Consolador? ¡Oh, pobres almas, si no conocen al Consolador, les diré a quien conocerán: conocerán al Juez! Si no conocen al Consolador en la tierra, conocerán al Condenador en el mundo venidero, que clamará: «Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno.» Bien puede Whitfield exclamar: «¡oh tierra, tierra, tierra, oye la Palabra del Señor!»

Si fuéramos a vivir aquí para siempre, podrían desestimar el Evangelio; si tuvieran una escritura de arrendamiento sobre sus vidas, podrían despreciar al Consolador. Pero señores, ustedes van a morir. Desde la última vez que nos reunimos, probablemente algunos se han marchado a su hogar permanente; y antes de que nos reunamos otra vez en este santuario, algunos aquí presentes estarán entre los glorificados de arriba, o entre los condenados de abajo. ¿Cuál de los dos caminos será? Dejen que su alma responda. Si esta noche cayeran muertos en sus bancas, o allí donde están de pie en el balcón, ¿adónde irían? ¿Al cielo o al infierno? ¡Ah, no se engañen a ustedes mismos; dejen que la conciencia haga su trabajo perfecto; y si a los ojos de Dios, se ven obligados a decir: «tiemblo y tengo miedo de que mi porción caiga con los incrédulos», escuchen un momento, y entonces habré terminado con ustedes! «El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.»

Fatigado pecador, diabólico pecador, tú que eres el desecho del diablo, réprobo, libertino, ramera, ladrón, ratero, adúltero, fornicario, beodo, perjuro, quebrantador del día de reposo: ¡escucha! Te hablo a ti al igual que a todos los demás. No exento a nadie. Dios ha dicho que no hay exenciones en esto. «Todo aquel que crea en el nombre de Jesucristo será salvo.» El pecado no es una barrera: tu culpa no es obstáculo. Todo aquel -aunque fuera tan negro como Satanás, aunque fuera tan inmundo como un diablo- todo aquel que crea esta noche, recibirá el perdón de todo pecado, todos sus crímenes serán borrados, y toda su iniquidad será eliminada; será salvo en el Señor Jesucristo, y estará en el cielo a salvo y seguro. Ese es el Evangelio glorioso. ¡Que Dios lo aplique a sus corazones y les dé fe en Jesús!

«Hemos escuchado al predicador,
La verdad por su medio nos fue mostrada ahora;
Pero necesitamos UN MEJOR MAESTRO,
Procedente del trono eterno:
LA APLICACIÓN
Es únicamente la obra de Dios.»

La observación y comprensión Bíblica – 2/8

Ministerios Integridad & Sabiduría

Mujeres Firmes en la Palabra

La observación y comprensión Bíblica – 2/8

 

Segunda sesión del curso «Mujeres firmes en la Palabra», impartido por Jeanine Martínez.

​Catherine Scheraldi de Núñez es la esposa del pastor Miguel Núñez, y es doctora en medicina, con especialidad en endocrinología. Está encargada del ministerio de mujeres Ezer de la Iglesia Bautista Internacional. Conduce el programa Mujer para la gloria de Dios, en Radio Eternidad. Puedes seguirla en Twitter.

Pescadores de Hombres – 2/7

Iglesia Ozama

Pescadores de Hombres – 2/7

Pastor Otto Sánchez

 

Rolando Otoniel (Otto) Sánchez Pérez, nació el 24 de febrero del año 1966 en la ciudad de Santo Domingo.

Viene de un hogar cristiano y conoció la gracia de Jesucristo en su adolescencia.

Es pastor de la Iglesia Bautista Ozama desde el año 1992. Sus primeros estudios universitarios fueron en el área de Publicidad. Realizó estudios ministeriales en el Seminario Teológico Bautista Dominicano.

Tiene una Maestría en Teología del Southern Baptist School for Theological Studies y candidato al Phd, por la misma casa académica.

El pastor Otto está dirigiendo el STBD (Seminario Teológico Bautista Dominicano) desde enero del 2008. Está casado con Susana Almanzar y tienen dos niñas, Elizabeth Marie y Alicia.

http://www.ibozama.org

 

Te sirves a ti mismo o sirves a su causa

Ministerios Integridad & Sabiduría

Te sirves a ti mismo o sirves a su causa

Miguel Nuñez

 

Miguel Núñez

​Miguel Núñez es miembro del concilio de Coalición por el Evangelio. Es el pastor de predicación y visión de la Iglesia Bautista Internacional, y presidente de Ministerios Integridad y Sabiduría. El Dr. Núñez y su ministerio es responsable de las conferencias Por Su Causa, que procuran atraer a los latinoamericanos a las verdades del cristianismo histórico. Puede encontrarlo en Twitter.