¿Cuál es la misión de la iglesia?

¿Cuál es la misión de la iglesia?

Samuel Perez Millos

Entonces los que se habían reunido le preguntaron, diciendo: Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo? Y les dijo: No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Padre puso en su sola potestad; pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra. Y habiendo dicho estas cosas, viéndolo ellos, fue alzado, y le recibió una nube que le ocultó de sus ojos. Y estando ellos con los ojos puestos en el cielo, entre tanto que él se iba, he aquí se pusieron junto a ellos dos varones con vestiduras blancas, los cuales también les dijeron: Varones galileos, ¿por qué estáis mirando al cielo? Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo. Hechos 1: 6-11

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La meta del amor de Cristo

SEPTIEMBRE, 05

La meta del amor de Cristo

Devocional por John Piper

Padre, quiero que los que me has dado, estén también conmigo donde yo estoy, para que vean mi gloria. (Juan 17:24)

Los creyentes en Jesús son hermosos para Dios (¡somos su esposa!), y él nos ama tanto que no permitirá que nuestra hermosura se convierta en nuestro dios.

Dios en verdad hace mucho en nosotros (nos adoptó), pero lo hace de modo que miremos fuera de nosotros mismos y podamos deleitarnos en su grandeza.

Pruébense a ustedes mismos. Si Jesús viniera a pasar el día con ustedes, se sentara junto a ustedes en el sofá y les dijera: «En verdad los amo», ¿en qué se enfocarían por el resto del día que pasarían juntos?

Creo que hay demasiadas canciones y prédicas que nos dan una respuesta errónea. Nos dejan con la impresión de que alcanzaríamos las mayores alturas del gozo meditando con recurrencia en el sentimiento de que somos amados. «¡Él me ama! ¡Él me ama!». En verdad aquello nos llena de gozo; pero no hallamos en eso ni las mayores alturas ni el enfoque correcto.

¿Qué queremos decir con la frase «soy amado»? ¿A qué nos referimos? ¿Qué significa «ser amado»?

Creo que hallaríamos el más grande de los gozos y el que más exalta a Cristo al contemplarlo todo el día y estallar en exclamaciones como «¡Cuán grande eres!, y ¡cuán asombroso!».

  • Él responde hasta la pregunta más difícil: su sabiduría es asombrosa.
  • Él toca a una llaga repugnante y en supuración: su compasión es asombrosa.
  • Él resucita a una mujer muerta en un consultorio médico: su poder es asombroso.
  • Él predice lo que sucederá en las próximas horas: su conocimiento anticipado es asombroso.
  • Él duerme durante un terremoto: su audacia es asombrosa.
  • Él dice «Antes que Abraham fuese, YO SOY»: sus palabras son asombrosas.

Paseamos con él profundamente maravillados de lo que nuestros ojos ven.

¿Acaso no consiste su amor en su deseo de hacer por nosotros todo lo que sea necesario hacer (incluso morir por nosotros) para que podamos maravillarnos en él sin ser incinerados por él? La redención, la propiciación, el perdón, la justificación, la reconciliación —todo eso tenía que suceder—. Todos esos actos constituyen la obra del amor.

Sin embargo, la meta del amor que hace que todas esas obras sean obras de amor es que estemos en él y que quedemos boquiabiertos al ver una gloria tan grande que nos deja atónitos. En esos momentos, nos olvidamos de nosotros mismos y lo vemos y sentimos a él.

Por eso es que ruego a los pastores y maestros: conduzcan a las personas, mediante las obrasdel amor de Cristo, a la meta de su amor. Si la redención y la propiciación y el perdón y la justificación y la reconciliación no nos llevan a deleitarnos en Jesús mismo, no son obras del amor.

Insistan en este punto: es el motivo de la oración de Jesús.


Devocional tomado del articulo“Why Are You Thrilled to Be Loved by Jesus?”

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En qué cimentar nuestra vida

SEPTIEMBRE, 04

En qué cimentar nuestra vida

Devocional por John Piper

El dios de este mundo ha cegado el entendimiento de los incrédulos, para que no vean el resplandor del evangelio de la gloria de Cristo, que es la imagen de Dios. (2 Corintios 4:4)

Probémonos a nosotros mismos. ¿Cómo pensamos? ¿Empezamos por Dios y su ley y sus objetivos? ¿O empezamos por nosotros mismos y nuestros derechos y nuestros deseos?

Cuando miramos hacia la muerte de Cristo, ¿qué sucede? ¿Será que nuestro gozo en realidad proviene de convertir esta asombrosa obra divina en un incentivo para nuestra autoestima? ¿O será que la cruz nos lleva a mirar afuera de uno mismo y nos llena de asombro y reverencia y alabanza, porque en la muerte de Cristo se halla la declaración más clara y profunda de la infinita estima que Dios tiene por su gloria y por su Hijo?

Aquí encontramos un fundamento, importante y objetivo, para asegurar plenamente nuestra esperanza: el perdón de los pecados se basa, en última instancia, no en mi valor o en mi trabajo finito, sino en el valor infinito de la justicia de Dios —en el férreo compromiso de Dios con la preservación y la vindicación de la gloria de su nombre—.

Les ruego de todo corazón que asienten su posición en esta garantía. Basemos nuestra vida en ella. Cimentemos nuestra esperanza en ella. Así seremos libres del vano modo de pensar del mundo, y nunca caeremos.

Cuando la exaltación de Dios de sí mismo en Cristo se vuelve nuestro gozo, esto no puede fallar.


Devocional tomado del articulo“Did Christ Die for Us or for God?”

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El «Yo seré» de Dios

SEPTIEMBRE, 03

El «Yo seré» de Dios

Devocional por John Piper

Sin muros será habitada Jerusalén, a causa de la multitud de hombres y de ganados dentro de ella. Y yo seré para ella —declara el Señor— una muralla de fuego en derredor, y gloria seré en medio de ella. (Zacarías 2:4-5)

Algunas mañanas me despierto sintiéndome frágil, vulnerable. A menudo, esto es un sentimiento vago. No hay amenaza ni debilidad alguna. Solo un sentido indefinido de que algo saldrá mal y de que yo seré responsable por ello.

Suele pasarme luego de recibir muchas críticas, o cuando tengo muchas expectativas con plazos definidos y que parecen demasiado grandes y numerosas.

Cuando miro hacia atrás y traigo a memoria alrededor de cincuenta años de estas mañanas recurrentes, me sorprende ver cómo el Señor Jesús ha guardado mi vida y mi ministerio. La tentación de escapar del estrés nunca ganó, o al menos no hasta ahora. Esto es increíble. Lo alabo por ello.

En lugar de dejar que me hundiera en la parálisis del miedo o que corriera hacia un espejismo de pastos más verdes, él despertó en mí un clamor en pedido de auxilio y luego lo respondió con una promesa concreta.

Permítanme dar un ejemplo reciente. Una mañana me desperté sintiéndome frágil en el sentido emocional. Débil y vulnerable, oré: «Señor, ayúdame. Ni siquiera estoy seguro de cómo orar».

Una hora más tarde estaba leyendo Zacarías, en busca de la ayuda por la que había orado. La ayuda llegó:

Sin muros será habitada Jerusalén, a causa de la multitud de hombres y de ganados dentro de ella. Y yo seré para ella —declara el Señor— una muralla de fuego en derredor, y gloria seré en medio de ella. (Zacarías 2:4-5)

Habrá tanta prosperidad y crecimiento para el pueblo de Dios que Jerusalén no podrá contenerlos dentro de sus muros. La «multitud de hombres y de ganados» será tan numerosa que Jerusalén será como muchos pueblos esparcidos en una tierra sin murallas.

La prosperidad es buena, pero ¿qué hay de la protección?

A esto Dios responde en Zacarías 2:5: «yo seré para ella —declara el Señor— una muralla de fuego en derredor». Sí, así es. Esa es la promesa, el «yo seré» de Dios. Eso es lo que necesito.

Y si eso es cierto para las aldeas vulnerables de Jerusalén, también es cierto para mí como hijo de Dios. Dios será «una muralla de fuego en derredor» mío. Sí, él lo será. Lo ha sido y lo será.

Y se pone aún mejor. Dentro de los límites de esa abrasadora muralla de protección, él dice: «gloria seré en medio de ella». Dios nunca se contenta con darnos la protección de su fuego; él nos dará el deleite de su presencia.


Devocional tomado del articulo“Qué Hacer si Te Sientes Frágil al Despertarte”

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Él hace todo lo que le place

SEPTIEMBRE, 01

Él hace todo lo que le place

Devocional por John Piper

Nuestro Dios está en los cielos; Él hace lo que le place. (Salmos 115:3)

Este versículo nos enseña que cada vez que Dios actúa, lo hace de modo que a él le agrade.

Dios nunca se ve obligado a hacer algo que desprecia. Nunca está entre la espada y la pared, donde la única alternativa es hacer algo que aborrece.

Él hace todo lo que quiere. Por lo tanto, en cierto modo, se complace en todas sus obras.

Esto debería llevarnos a ponernos de rodillas delante de Dios y a alabar su libertad soberana, que en un sentido muestra que él siempre actúa con libertad, de acuerdo a su «buen agrado», según dicta su propio deleite.

Dios nunca es víctima de las circunstancias. Nunca se ve forzado a actuar frente a alguna situación de modo que tenga que hacer algo en lo que no se regocija. No puede ser burlado. Nadie puede dejarlo acorralado o atrapado, ni forzarlo a nada.

Aún en el momento de la historia cuando llevó a cabo lo que, en cierto modo, le costó más que ninguna otra cosa, «no [eximir] a su propio Hijo» (Romanos 8:32), Dios fue libre e hizo lo que le agradó hacer. Pablo dice que el sacrificio que Jesús hizo al morir fue «ofrenda y sacrificio a Dios, como fragante aroma» (Efesios 5:2). El más grande de los pecados y la más atroz de las muertes y el acto más difícil de Dios, todos fueron agradables al Padre.

En el camino al Calvario, Jesús tenía legiones a su disposición. Él dijo: «Yo doy mi vida para tomarla de nuevo. Nadie me la quita, sino que yo la doy de mi propia voluntad». Es decir, se complació en entregarla, por el gozo que fue puesto delante de él. En el único punto de la historia del universo cuando Jesús parecía estar atrapado, estaba totalmente en control de la situación, haciendo exactamente lo que quería hacer —morir para justificar a impíos como ustedes y yo—.

Por lo tanto, contemplemos asombrados y maravillados. Debemos estremecernos también, porque no solo nuestra alabanza de la soberanía de Dios, sino también nuestra salvación mediante la muerte de Cristo por nosotros, dependen de esta verdad: «Nuestro Dios está en los cielos; Él hace lo que le place».


Devocional tomado del libro “El Salmo 135 y el Placer de Dios en Todo lo que Hace”

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El Cordero y el León

AGOSTO, 31

El Cordero y el León

Devocional por John Piper

Mirad, mi Siervo, a quien he escogido; mi amado en quien se agrada mi alma; sobre Él pondré mi Espíritu, y a las naciones proclamará justicia. No contenderá, ni gritará, ni habrá quien en las calles oiga su voz. No quebrará la caña cascada, ni apagará la mecha que humea, hasta que lleve a la victoria la justicia. Y en su nombre pondrán las naciones su esperanza. (Mateo 12:18 – 21, citando Isaías 42)

El alma del Padre se regocija profundamente ante la mansedumbre servil y la compasión de su Hijo.

Cuando una caña se dobla y está a punto de quebrarse, el Siervo la mantiene derecha con ternura hasta que sana. Cuando una mecha empieza a humear y apenas guarda algo de calor, el Siervo no la apaga, sino que ahueca la mano y la sopla despacio hasta que vuelva a encenderse.

Por eso es que el Padre exclama: «Mirad a mi Siervo, en quien se complace mi alma». El valor y la belleza del Hijo provienen no solo de su majestad ni solo de su mansedumbre, sino del modo en que ambas cualidades se combinan en proporciones perfectas.

Cuando el ángel clamó en Apocalipsis 5:2: «¿Quién es digno de abrir el libro y de desatar sus sellos?», la respuesta fue: «No llores; mira, el León de la tribu de Judá, la Raíz de David, ha vencido para abrir el libro y sus siete sellos» (Apocalipsis 5:5).

Dios ama el vigor del León de Judá. Esa es la razón por la que él es digno, a los ojos de Dios, de abrir los rollos de la historia y de revelar lo que sucederá en los últimos días.

Sin embargo, la escena está incompleta. ¿Qué hizo el León para concretar su conquista? El versículo siguiente describe su apariencia: «Miré, y vi entre el trono (con los cuatro seres vivientes) y los ancianos, a un Cordero, de pie, como inmolado». Jesús es digno de que el Padre se deleite en él, no solo porque es el León de Judá, sino también porque es el Cordero inmolado.


Devocional tomado del libro “Los Deleites de Dios”, páginas 29-30

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Sí a todas las promesas de Dios y aún más

AGOSTO, 30

Sí a todas las promesas de Dios y aún más

Devocional por John Piper

Todas las promesas que ha hecho Dios son «sí» en Cristo. Así que por medio de Cristo respondemos «amén» para la gloria de Dios. (2 Corintios 1:20)

Estar «en Cristo Jesús» es una realidad extraordinaria. El significado de estar en Cristo nos deja sin aliento. Unidos a Cristo. Atados a Cristo.

Si estamos «en Cristo», veamos lo que esto significa para nosotros:

  1. En Cristo Jesús hemos sido sentados en los lugares celestiales, inclusive mientras él vivió en la tierra. Eso es lo que muestra Efesios 2:6: «Y con Él nos resucitó, y con Él nos sentó en los lugares celestiales en Cristo Jesús».
  2. En Cristo Jesús todas las promesas de Dios son «sí» para nosotros, según lo expresa 2 Corintios 1:20: «Todas las promesas que ha hecho Dios son “sí” en Cristo».
  3. En Cristo Jesús estamos siendo santificados y hechos santos: «A la iglesia de Dios que está en Corinto, a los que han sido santificados en Cristo Jesús» (1 Corintios 1:2).
  4. En Cristo Jesús todo lo que realmente necesitemos nos será provisto, tal como dice Filipenses 4:19: «Mi Dios proveerá a todas vuestras necesidades, conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús».
  5. En Cristo Jesús la paz de Dios guardará nuestro corazón y nuestra mente: «Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestras mentes en Cristo Jesús» (Filipenses 4:7).
  6. En Cristo Jesús tenemos vida eterna. Romanos 6:23 dice: «Porque la paga del pecado es muerte, pero la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro».
  7. Por último, en Cristo Jesús Dios nos resucitará de entre los muertos en la venida del Señor: «Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados» (1 Corintios 15:22). Todos los que están unidos a Adán en la primera humanidad mueren. ¡Todos los que están unidos a Cristo en la nueva humanidad resucitan a una vida nueva!

Devocional tomado del libro “The Stupendous Reality of Being “in Christ Jesus””

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Todos nuestros enemigos bajo de los pies de Jesús

AGOSTO, 27

Todos nuestros enemigos bajo de los pies de Jesús

Devocional por John Piper

Entonces vendrá el fin, cuando [Cristo] entregue el reino al Dios y Padre, después que haya abolido todo dominio y toda autoridad y poder. (1 Corintios 15:24)

¿Cuán lejos se extenderá el reinado de Cristo?

El versículo 25 dice: «Pues Él debe reinar hasta que haya puesto a todos sus enemigos debajo de sus pies». La palabra todos nos muestra la extensión.

Lo mismo hace la palabra todo en el versículo 24: «Entonces vendrá el fin, cuando [Cristo] entregue el reino al Dios y Padre, después que haya abolido todo dominio y toda autoridad y poder».

No hay enfermedad, ni adicción, ni demonio, ni mal hábito, ni falta, ni vicio, ni debilidad, ni temperamento, ni mal humor, ni orgullo, ni conmiseración por uno mismo, ni conflicto, ni envidia, ni perversión, ni codicia, ni pereza, que Cristo no haya planeado vencer por ser enemigos de su honor.

Esta promesa nos llena de aliento porque, cuando nos preparamos para pelear contra los enemigos de nuestra fe y nuestra santidad, sabemos que no peleamos solos.

Jesucristo está ahora, en esta era, poniendo a todos sus enemigos debajo de sus pies. Todo gobierno, toda autoridad y todo poder serán conquistados.

Por eso, recordemos que la extensión del reinado de Cristo tiene alcance sobre todos los enemigos de su gloria: desde el más pequeño hasta el más grande, todos serán derrotados.


Devocional tomado del sermón“He must reign”

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Sombras y arroyos

AGOSTO, 26

Sombras y arroyos

Devocional por John Piper

¡Sea para siempre la gloria del Señor! ¡Alégrese el Señor en sus obras! Él mira a la tierra, y ella tiembla; toca los montes, y humean. Al Señor cantaré mientras yo viva; cantaré alabanzas a mi Dios mientras yo exista. Séale agradable mi meditación; yo me alegraré en el Señor. (Salmos 104:31-34)

Dios se regocija en la obra de la creación porque ella nos señala, más allá de sí misma, a Dios mismo.

Dios quiere que nos maravillemos y nos asombremos por su obra de la creación, pero no por la creación en sí. Él quiere que miremos su creación y digamos: «Si la mera obra de sus dedos (¡solo de sus dedos!, como lo expresa Salmos 8:3) está tan llena de sabiduría y poder y grandeza y majestad y belleza, ¡cuánto más maravilloso ha de ser Dios mismo!».

Estas cosas no son mas que la parte posterior de su gloria, por así decirlo, vista oscuramente a través de un vidrio. ¡Cuán increíble ha de ser contemplar al Creador mismo! ¡No sus obras! Mil millones de galaxias no pueden satisfacer el alma humana. Dios y solamente Dios es lo que satisface el alma.

Jonathan Edwards lo expresó de la siguiente manera:

El deleite en Dios es la única forma de felicidad que realmente puede satisfacer el alma. Ir al cielo, disfrutar a Dios plenamente, es infinitamente mejor que las más placenteras comodidades en este mundo… [Estas] no son sino sombras; Dios es la sustancia. Estas no son sino débiles rayos de luz, mas Dios es el sol. No son más que arroyos; Dios es el océano.

Es por eso que Salmos 104:31-34 concluye de ese modo, con un énfasis en Dios mismo. Al final, no serán ni los mares, ni las montañas, ni los cañones, ni las arañas de agua, ni las nubes, ni las grandes galaxias lo que inundará de asombro nuestro corazón y lo que llenará nuestra boca de alabanza eterna. Será Dios mismo.


Devocional tomado del libro “Los Deleites de Dios”, páginas 94-95

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Lo más dulce del amor de Dios

AGOSTO, 25

Lo más dulce del amor de Dios

Devocional por John Piper

Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia y se dio a sí mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado por el lavamiento del agua con la palabra.(Efesios 5:25-26)

Si lo único que esperamos es recibir el amor incondicional de Dios, nuestra esperanza es fabulosa, pero muy pequeña.

El amor incondicional de Dios no es la experiencia más dulce de su amor. La experiencia más dulce es cuando su amor nos dice: «Te he hecho tan parecido a mi Hijo que me deleito en verte y estar contigo. Eres un placer para mí, por lo mucho que irradias mi gloria».

Esta última experiencia depende de que seamos transformados en la clase de persona cuyas emociones, elecciones y acciones agradan a Dios.

El amor incondicional de Dios es la fuente y el fundamento de la transformación humana que hace posible la dulzula del amor condicional. Si Dios no nos amara de un modo incondicional, él no penetraría nuestra vida poco atractiva para darnos fe, unirnos a Cristo, darnos su Espíritu y hacernos gradualmente cada vez más parecidos a Cristo.

Pero cuando nos elige incondicionalmente y envía a Cristo a morir por nosotros y nos regenera, él pone en marcha un imparable proceso de transformación que nos convierte en seres gloriosos. Nos confiere un esplendor que coincide con lo que más le agrada a él.

Eso es lo que vemos en Efesios 5:25-26: «Cristo amó a la iglesia y se dio a sí mismo por ella [el amor incondicional], para santificarla… a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia en toda su gloria [esplendor]» —la condición en la que él se deleita—.

Es increíblemente maravilloso que Dios nos dé su favor de manera incondicional cuando todavía somos incrédulos pecadores. La razón principal de que esto sea maravilloso es que tal amor incondicional nos conduce al disfrute eterno de su gloriosa presencia.

Sin embargo, el punto culminante de ese disfrute es que no solo vemos su gloria, sino que también la reflejamos: «que el nombre de nuestro Señor Jesús sea glorificado en vosotros, y vosotros en Él» (2 Tesalonicenses 1:12).


Devocional tomado del articulo“Hope for More Than Unconditional Love”

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