Sus tiempos son perfectos

JULIO, 19

Sus tiempos son perfectos

Devocional por John Piper

Por tanto, acerquémonos con confianza al trono de la gracia para que recibamos misericordia, y hallemos gracia para la ayuda oportuna. (Hebreos 4:16)

Todo ministerio es en el futuro: en un momento, en un mes, en un año, o en una década. Tenemos tiempo de sobra para inquietarnos por nuestra ineptitud; pero cuando eso sucede, debemos recurrir a la oración.

La oración es la forma de fe que nos conecta hoy con la gracia que nos hará aptos para llevar a cabo el ministerio de mañana. El momento oportuno lo es todo.

¿Qué pasaría si la gracia llegara muy temprano o muy tarde? La traducción tradicional de Hebreos 4:16 esconde una promesa preciosa relacionada a esa pregunta. Necesitamos una traducción más literal para verla.

La redacción más tradicional dice algo así: «Así? que acerquémonos confiadamente al trono de la gracia para recibir misericordia y hallar la gracia que nos ayude en el momento en que más la necesitemos». El griego original detrás de la frase «gracia que nos ayude en el momento que más la necesitemos», traducido literalmente sería: «gracia para la ayuda oportuna».

El punto es que la oración es la manera de hallar gracia venidera para la ayuda oportuna. Esta gracia siempre llega a tiempo desde el «trono de la gracia». La frase «trono de la gracia» significa que la gracia venidera proviene del Rey del Universo, quien determina los tiempos por su propia autoridad (Hechos 1:8).

Sus tiempos son perfectos, pero raramente coinciden con los nuestros: «Porque mil años ante tus ojos son como el día de ayer que ya pasó » (Salmos 90:4). A nivel mundial, él fija los tiempos para el auge y la caída de las naciones (Hechos 17:26). A nivel personal, Salmos 31:15 dice: «En tu mano están mis años».

Cuando nos preguntamos por el tiempo oportuno de la gracia venidera, debemos pensar en el «trono de la gracia». Nada puede estorbar el plan de Dios de enviarnos gracia en el momento en que es mejor para nosotros. La gracia venidera es siempre oportuna.


Devocional tomado del libro “Future Grace” (Gracia Venidera), página 295

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El poder para profesar a Cristo

JULIO, 17

El poder para profesar a Cristo

Devocional por John Piper

Con gran poder los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús, y abundante gracia había sobre todos ellos. (Hechos 4:33)

Si nuestro ministerio fuera dar testimonio de Cristo mañana en medio de alguna situación desagradable, la clave no sería nuestra genialidad: la clave sería la abundante gracia venidera.

Entre todas las personas, los apóstoles parecían necesitar la mínima ayuda para ofrecer un testimonio convincente del Cristo resucitado. Habían estado con él por tres años. Lo habían visto morir. Lo habían visto vivo. En su arsenal para testificar tenían «muchas pruebas» (Hechos 1:3). Podríamos pensar que, de todas las personas en aquellos primeros días, el ministerio de ellos de dar testimonio se sustentaría a sí mismo por el vigor de las glorias pasadas que aún eran vívidas.

Pero eso no es lo que dice el libro de los Hechos de los Apóstoles. El poder para dar testimonio con fidelidad y eficacia no provino principalmente de los recuerdos de la gracia, o de reservas de conocimiento; provino de nuevas manifestaciones de «abundante gracia». De esta manera fue para los apóstoles, y de esta manera lo será para nosotros en nuestro ministerio como testigos.

Cualesquiera que sean las señales y prodigios que Dios quiera mostrar para ampliar nuestro testimonio de Cristo, vendrán de la misma manera en que vinieron para Esteban. «Y Esteban, lleno de gracia y de poder, hacía grandes prodigios y señales entre el pueblo» (Hechos 6:8).

Hay una extraordinaria gracia venidera y un maravilloso poder con los que podemos contar en momentos de crisis de necesidad específica en nuestro ministerio. Es un acto de poder que se renueva por el cual Dios «[confirma] la palabra de su gracia» (Hechos 14:3; ver también Hebreos 2:4). La gracia del poder testifica de la gracia de la verdad.


Devocional tomado del libro “Future Grace” (Gracia Venidera), página 293

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Energía para los quehaceres de hoy

JULIO, 16

Energía para los quehaceres de hoy

Devocional por John Piper

…Ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor; porque Dios es quien obra en vosotros tanto el querer como el hacer, para su beneplácito. (Filipenses 2:12-13)

Dios es el actor decisivo aquí. Él obra tanto el querer como el hacer para su beneplácito. Pero creer esto no hace que los cristianos sean pasivos, sino que los llena de esperanza y los vuelve vigorosos y valientes.

Cada día hay trabajo que hacer en nuestro ministerio específico. Pablo nos manda trabajar en ello, pero nos dice cómo hacerlo en el poder de la gracia venidera: creer en la promesa de que este día Dios estará obrando en nosotros el querer y el hacer para su beneplácito.

Es Dios mismo, en su gracia llegando a cada momento, quien trae el futuro al presente. Pablo no hace hincapié en la gratitud por la gracia pasada para explicar cómo ha «trabajado mucho más que todos ellos». Es gracia nueva para cada nueva conquista de su labor misionera.

El poder de la gracia venidera es el poder del Cristo vivo —siempre listo para obrar en nosotros en cada momento futuro al que entramos—. Por lo tanto, cuando Pablo describe los efectos de la gracia de Dios en él, dice: «no me atreveré a hablar de nada sino de lo que Cristo ha hecho por medio de mí para la obediencia de los gentiles, en palabra y en obra» (Romanos 15:18).

Entonces, dado que no se atrevía a hablar de nada sino de lo que Cristo había hecho a través de su ministerio, pero aun así hablaba de lo que la gracia había hecho a través de su ministerio (1 Corintios 15:10), esto debe significar que el poder de la gracia es el poder de Cristo.

Por lo tanto, el poder que necesitamos para el ministerio de mañana es la gracia venidera del Cristo omnipotente, quien siempre estará allí para nosotros —listo para obrar el querer y el hacer para su beneplácito—.


Devocional tomado del libro “Future Grace” (Gracia Venidera), página 291-292

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Trabajamos por gracia

JULIO, 15

Trabajamos por gracia

Devocional por John Piper

Pero por la gracia de Dios soy lo que soy, y su gracia para conmigo no resultó vana; antes bien he trabajado mucho más que todos ellos, aunque no yo, sino la gracia de Dios en mí. (1 Corintios 15:10)

Pablo se dio cuenta que la primera parte de este versículo podrí?a malinterpretarse. Por eso continuó diciendo: «aunque no yo, sino la gracia de Dios en mí».

Este pasaje no dice que Pablo obedece a Cristo como agradecimiento por la gracia que recibió en el pasado. Dice que, en todo momento, la gracia venidera de Dios capacitó a Pablo para hacer su trabajo.

¿Realmente dice eso? ¿Acaso no dice simplemente que la gracia de Dios trabajó con Pablo? No, dice más que eso. Tenemos que aceptar lo que las palabras «aunque no yo» significan. Pablo quería exaltar la gracia de Dios que recibía momento tras momento, de tal manera que quedara claro que no era él mismo quien en última instancia realizaba el trabajo.

Aun así, él tiene parte en el trabajo: «he trabajado mucho más que todos ellos». Él trabajó, pero dijo que fue por la gracia de Dios para con él.

Si tenemos en consideración todas las partes del versículo, el resultado final es el siguiente: la gracia es el ejecutor decisivo en la obra de Pablo. Como Pablo también es partícipe de su trabajo, la manera en que la gracia se convierte en el ejecutor decisivo es convirtiéndose en el poder que capacita a Pablo para hacer su trabajo.

Por esto entiendo que, mientras Pablo enfrentaba la carga diaria del ministerio, agachaba la cabeza y confesaba que a menos que le fuera otorgada gracia venidera para el trabajo de ese día, él no sería capaz de realizarlo.

Él recordaba las palabras de Jesús: «separados de mí nada podéis hacer» (Juan 15:5). Por eso oraba pidiendo gracia venidera para cada día y confiaba en la promesa de que esa gracia vendría con poder. «Y mi Dios proveerá a todas vuestras necesidades, conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús» (Filipenses 4:19).

Luego él trabajaba con todas sus fuerzas.


Devocional tomado del libro “Future Grace” (Gracia Venidera), página 291

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El ministerio: más importante que la vida

JULIO, 14

El ministerio: más importante que la vida

Devocional por John Piper

Pero en ninguna manera estimo mi vida como valiosa para mí mismo, a fin de poder terminar mi carrera y el ministerio que recibí del Señor Jesús…? (Hechos 20:24)

De acuerdo con el Nuevo Testamento, «ministerio» es lo que todos los cristianos hacen. Los pastores tienen la responsabilidad de capacitar a los santos para el trabajo del ministerio (Efesios 4:12), pero los cristianos comunes y corrientes son los que llevan a cabo el ministerio.

La manera en que el ministerio funcione es tan variada como lo son los cristianos. No es un oficio como el de anciano o diácono; es un estilo de vida dedicado a engrandecer a Cristo.

Significa que «hagamos bien a todos… y especialmente a los de la familia de la fe» (Gálatas 6:10). Ya sea que seamos banqueros o albañiles, significa que apuntamos a promover la fe y santidad de otras personas.

Cumplir nuestro ministerio es más importante que permanecer vivos. Esta convicción es la que hace que seamos inspirados al observar la vida de personas cuya entrega es radical. La mayoría de ellos habla del ministerio como lo hizo Pablo? en Hechos 20. Llevar adelante el ministerio que Dios nos da es más importante que la vida.

Pensarán que necesitan resguardar su vida para llevar adelante su ministerio. Al contrario, la manera en que perdemos la vida puede ser el punto culminante de nuestro ministerio. Ciertamente lo fue para Jesús, a partir de los treinta años.

No debemos preocuparnos por mantenernos vivos para completar nuestro ministerio. Solo Dios conoce el momento designado para nuestro servicio.

Henry Martyn estaba en lo cierto cuando dijo: «Si [Dios] tiene trabajo para mí, no puedo morir». En otras palabras, soy inmortal hasta que mi trabajo esté terminado. Por lo tanto, el ministerio es más importante que la vida.


Devocional tomado del libro “Future Grace” (Gracia Venidera), página 287

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¿Qué nos mueve a ministrar a otros?

JULIO, 13

¿Qué nos mueve a ministrar a otros?

Devocional por John Piper

Porque el que siembra para su propia carne, de la carne segará corrupción, pero el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna. (Gálatas 6:8)

La fe tiene un apetito insaciable por experimentar la gracia de Dios tanto como pueda. Es por eso que la fe nos empuja hacia el río donde la gracia de Dios fluye más libremente, es decir, el río del amor.

¿Qué otra fuerza nos moverá de nuestras salas de contentamiento para cargar sobre nosotros las inconveniencias y los sufrimientos que el amor requiere?

¿Qué nos impulsará…

  • · a saludar a desconocidos cuando nos sintamos tímidos?
  • · a buscar a un enemigo y pedirle la reconciliación cuando nos sentamos indignados?
  • · a diezmar si jamás lo habíamos intentado?
  • · a hablarle a nuestros colegas de Cristo?
  • · a invitar a nuestros nuevos vecinos a un estudio bíblico?
  • · a cruzar culturas con el evangelio?
  • · a crear un nuevo ministerio para los alcohólicos?
  • · a pasar toda una tarde manejando una camioneta?
  • · a invertir una mañana orando por renovación?

Ninguno de estos actos costosos del amor ocurre de la nada. Son impulsados por un nuevo apetito: el anhelo de la fe por la experiencia más completa de la gracia de Dios.

La fe ama depender de Dios y verlo obrar milagros en nosotros. Por esto, la fe nos impulsa hacia la corriente donde el poder de la gracia venidera de Dios fluye más libremente: la corriente del amor.

Creo que Pablo se refería a esto cuando dijo que debemos «[sembrar] para el Espíritu» (Gálatas 6:8). Por fe, debemos plantar las semillas de nuestra energía en los surcos donde sabemos que el Espíritu está obrando para producir fruto: los surcos del amor.


Devocional tomado del libro “Future Grace” (Gracia Venidera), páginas 283-284

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¿Cuándo seremos satisfechos?

JULIO, 04

¿Cuándo seremos satisfechos?

Devocional por John Piper

Yo les he dado a conocer tu nombre, y lo daré a conocer, para que el amor con que me amaste esté en ellos y yo en ellos. (Juan 17:26)

Imaginemos que podemos disfrutar lo que es más placentero con energía y pasión ilimitadas para siempre.

Esta no es nuestra experiencia actual. Hay tres cosas se interponen entre nosotros y nuestra total satisfacción en este mundo:

1. Nada tiene un valor personal tan alto que pueda satisfacer los deseos más profundos de nuestro corazón.

2. Carecemos de las fuerzas para gozar al máximo de los mejores tesoros.

3. Nuestras alegrías aquí? tienen un final. Nada dura para siempre.

Pero si el objetivo de Jesús en Juan 17:26 se vuelve realidad, todo esto cambiará.

Si el deleite de Dios en el Hijo se vuelve nuestro placer, entonces el objeto de nuestro placer, Jesús, será inagotable en valor personal. Él nunca se tornará aburrido, ni decepcionante, ni frustrante. No hay tesoro concebible que sea más grande que el Hijo de Dios.

Más aún, nuestra incapacidad para gustar de este tesoro inagotable no será limitada por la debilidad humana. Disfrutaremos del Hijo de Dios con el mismo placer de su Padre.

El deleite de Dios en su Hijo estará en nosotros y será nuestro. Y nunca acabará, porque el Padre y el Hijo nunca dejarán de ser. El amor del uno por el otro será nuestro amor por ellos y, por lo tanto, nuestro amor por ellos nunca terminará.

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Buenas noticias: Dios es feliz

JULIO, 03

Buenas noticias: Dios es feliz

Devocional por John Piper

El glorioso evangelio del Dios bendito... ?(1 Timoteo 1:11)

Esta es una hermosa frase de 1 Timoteo que está enterrada bajo la superficie de las palabras de la Biblia con las que estamos familiarizados. Pero cuando la desenterramos, suena más bien así: «las buenas nuevas de la gloria del Dios feliz».

Una gran parte de la gloria de Dios es su felicidad.

Para el apóstol Pablo, era inconcebible que a Dios se le negara el gozo infinito y que aun así fuera totalmente glorioso. Ser infinitamente glorioso significaba ser infinitamente feliz. Él uso la frase «la gloria del Dios feliz» porque es algo glorioso que Dios sea tan feliz como él es.

La gloria de Dios consiste en gran manera en el hecho de que él es más feliz de lo que podamos imaginar jamás. Como dijo el gran predicador del siglo XVIII, Jonathan Edwards: «Parte de la plenitud que Dios comunica es su felicidad. Esta felicidad consiste en disfrutar y regocijarse en sí mismo; en esto también consiste la felicidad de la criatura».

Y ese es el evangelio: «el evangelio de la gloria del Dios feliz». Que Dios sea gloriosamente feliz es una buena noticia. Nadie querría pasar la eternidad con un Dios infeliz.

Si Dios no fuera feliz, la meta del evangelio no sería un objetivo feliz, y esto significa que, al fin y al cabo, no sería evangelio. Pero Jesús nos invita a pasar la eternidad con un Dios feliz cuando nos dice: «entra en el gozo de tu señor» (Mateo 25:23).

Jesús vivió y murió para que su gozo —el gozo de Dios— esté en nosotros y nuestro gozo sea completo (Juan 15:11; 17:13). Por lo tanto, el evangelio es «el evangelio de la gloria del Dios feliz».

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El placer de Dios en hacernos bien

JULIO, 01

El placer de Dios en hacernos bien

Devocional por John Piper

No temáis, manada pequeña, porque a vuestro Padre le ha placido daros el reino. (Lucas 12:32)

Jesús no se quedará de brazos cruzados, dejándonos en la incredulidad, sin antes dar batalla. Él toma el arma de la Palabra y la pronuncia con poder para todos aquellos que luchan por creer.

Su fin es derrotar al temor de que Dios no es el tipo de Dios que realmente quiere ser bueno con nosotros, o en otras palabras, que Él no es verdaderamente generoso y ayudador y amable y tierno, sino que básicamente está irritado con nosotros —enojado y con mala predisposición—.

En ocasiones, aunque creamos en nuestra mente que Dios es bueno con nosotros, es probable que sintamos que su bondad es de alguna manera forzada u obligada. Quizá como si fuera un juez acorralado por algún abogado astuto debido a un tecnicismo de procedencia jurídica, de modo que el juez tuviera que retirar los cargos contra el prisionero, a quien realmente preferiría enviar a la cárcel.

Pero Jesús se esfuerza para que no nos sintamos de esa manera hacia Dios. En este versículo, él está tratando por todos los medios de describirnos el indescriptible valor y la excelencia del alma de Dios al enseñarnos el placer ilimitado que le da el entregarnos el reino.

«No temáis, manada pequeña, porque a vuestro Padre le ha placido daros el reino». Cada palabra de esta maravillosa oración es intencionada y busca quitar el temor con el que Jesús sabe que luchamos: que Dios nos da con resentimiento sus beneficios; que él se siente forzado y obligado cuando hace cosas buenas por nosotros; que en el fondo está enojado y ama ventilar su enojo.

Esta una oración acerca de la naturaleza de Dios. Acerca del tipo de corazón que Dios tiene. Es un versículo acerca de lo que hace feliz a Dios —no meramente acerca de lo que Dios hará o tiene que hacer, sino más bien de lo que él disfruta hacer, lo que ama hacer y lo que le da placer hacer—. Cada palabra cuenta.

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Un amor auténtico

Martes 1 Mayo

http://labuenasemilla.net/20180501

Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás.

Juan 6:35

Si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.

2 Corintios 5:17

Un amor auténtico

Denise tuvo una vida muy difícil; incluso trató de poner fin a su existencia. Cierto día fue invitada a escuchar una lectura bíblica. La Palabra tocó su corazón y Denise aceptó a Jesucristo como su Salvador. Maravillada al descubrir lo que Dios dice en la Biblia, se aferró a cada versículo que habla del amor de Dios y de su total perdón. Comprendió que era hija de Dios y que tenía una nueva identidad en Cristo.

Este es su testimonio: «Fui infeliz durante mucho tiempo, pero ahora he descubierto cuánto me ama Dios, y todos los días lo voy descubriendo un poco más. La antigua Denise murió, ya no existe. Murió en la cruz con Jesús, pero la nueva Denise está viva y es perfectamente amada por Jesús.

Toda mi vida estuve buscando a alguien que me amase y me aceptase tal como soy. Traté de ser aceptada por mi familia; traté de ganar a mi marido; traté de ganar el amor de mis hijos y el cariño de mis amigos. Siempre he tratado de ganar el amor y la aceptación de Dios. Pero es terriblemente difícil pensar en ser amado sabiendo que uno mismo no es bueno. ¡Sin embargo Jesús me amó tal como era! En él hallé el amor y la aceptación para siempre. Ahora que conozco a Jesucristo, los demás cristianos son mis hermanos y hermanas. De ellos recibo más amor de lo que hubiese podido imaginar».

“Nosotros hemos conocido y creído el amor que Dios tiene para con nosotros. Dios es amor; y el que permanece en amor, permanece en Dios, y Dios en él” (1 Juan 4:16).

Isaías 44 – Marcos 5:21-43 – Salmo 50:16-23 – Proverbios 14:25-26

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