Subversivo para el Salvador

MARZO, 15

Subversivo para el Salvador

Devocional por John Piper

Cuando [Jesús] llegó al otro lado, a la tierra de los gadarenos, le salieron al encuentro dos endemoniados… Y gritaron, diciendo: ¿Qué tenemos que ver contigo, Hijo de Dios? ¿Has venido aquí para atormentarnos antes del tiempo? (Mateo 8:28-29)

Los demonios descubrieron un misterio aquí. Se dieron cuenta de que no tenían ninguna esperanza. Ellos sabían que el Hijo de Dios tendría la victoria, pero hasta entonces no sabían que Cristo vendría antes del tiempo de la victoria final.

Cristo no va a esperar a que la bomba atómica caiga para terminar con la guerra. Él ha empezado a dirigir fuerzas subversivas al territorio de Satanás. Ha entrenado a un «escuadrón» para hacer audaces operaciones de rescate. Cristo ha tramado muchas victorias tácticas antes de la estratégica victoria final.

El resultado de la mentalidad de tiempos de guerra es el siguiente: ya que la ruina de Satanás es segura —y él lo sabe— nosotros siempre podemos hacerle recordar esto cuando nos tiente a seguirlo. Podemos reírnos y decir: «Perdiste la cabeza. ¡¿Quién quiere unirse a las fuerzas de un perdedor?!».

La iglesia es el enemigo liberado del «dios de este mundo». Nosotros somos las guerrillas y los latosos. Somos la insurgencia en el reino rebelde del «príncipe del poder del aire».

No se está a salvo, pero es emocionante. Muchas vidas se pierden. Las fuerzas de Satanás están constantemente vigilando nuestra actividad subversiva. Cristo ha asegurado la resurrección para todos aquellos que peleen hasta la muerte, pero no ha asegurado comodidad, ni la aceptación del mundo, ni prosperidad en territorio enemigo.

Muchos con gusto han dado su vida tras las filas, haciendo mandados para el Comandante. No puedo imaginar una mejor manera de vivir… ¡o de morir!


Devocional tomado del articulo “Before the Time”

Con el puño levantado

Jueves 15 Marzo

Vosotros también, que erais en otro tiempo extraños y enemigos en vuestra mente, haciendo malas obras, (Jesús) ahora os ha reconciliado.

Colosenses 1:21

Con el puño levantado

El emperador Juliano reinó en Roma del año 361 al 363. Fue llamado el Apóstata, porque dejó el cristianismo para volver al paganismo. Renegar de su educación cristiana para volver a la idolatría pagana significaba declarar públicamente la guerra a Dios. Se cuenta que en el año 363, herido de muerte en medio de una guerra, levantó el puño hacia cielo gritando: «¡Venciste, galileo!». Así murió, sublevado contra Jesucristo.

Quizás usted también esté en guerra contra Dios, de forma más o menos abierta: no quiere aceptar el veredicto de su Palabra, la cual declara que todo hombre es pecador. “Como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron” (Romanos 5:12). Usted sigue siendo hostil a Dios, mientras su Hijo Jesucristo vino en persona a la tierra para que se reconcilie con él.

Dios está dispuesto a perdonar la actitud más violenta hacia él. ¡Jesús incluso pidió a su Padre que perdonase a los que lo crucificaron!

Hasta ahora usted está resentido contra Dios, pero si acepta inclinarse ante él, bajar ese «puño de sublevación» y apagar esos sentimientos de rebeldía, entonces esa Persona a quien odia aparecerá ante usted como lo que ella es en realidad: el Dios de paz, quien da una paz total y definitiva a todo el que se acerca a él. Esta paz fue hecha por Jesús crucificado: Dios le infligió el castigo que merecía nuestra rebelión.

No rechace ese plan de reconciliación cuya fuente está en el corazón del Dios que lo ama.

Éxodo 27 – Hechos 19:23-41 – Salmo 33:10-15 – Proverbios 11:19-20
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El triunfo es seguro

MARZO, 14

El triunfo es seguro

Devocional por John Piper

Por eso te glorificará un pueblo fuerte,
ciudades de crueles naciones te reverenciarán.
 (Isaías 25:3)

Isaías ve venir el día cuando todas las naciones —representativas de todos los grupos de personas— ya no estarán en desacuerdo con Yahweh, el Dios de Israel y su Mesías, de quien sabemos que es Jesús.

Ya no adorarán a Bel, ni a Nabu, ni a Moloch, ni a Alá, ni a Buda, ni a programas sociales utópicos, ni a las posibilidades de crecimiento capitalista, ni a los ancestros, ni a los espíritus animistas. Por el contrario, vendrán en fe al banquete en la montaña de Dios.

Y estará el velo de la aflicción quitado y la muerte será devorada y la culpa del pueblo de Dios será anulada y las lágrimas desaparecerán para siempre.

Ese es el marco para entender la visión del versículo 3: «Por eso te glorificará un pueblo fuerte,
ciudades de crueles naciones te reverenciarán». En otras palabras, Dios es más fuerte que el «pueblo fuerte» y es tan poderoso y misericordioso que al final él hará que ciudades crueles lo reverencien.

Es así que la imagen que Isaías nos da es una en la que todas las naciones se vuelven a Dios en adoración, un gran banquete para todas las gentes, la eliminación de todo sufrimiento y dolor y culpa de las naciones que se han convertido en su pueblo, y la exterminación de la muerte para siempre.

Este triunfo es seguro porque Dios lo está haciendo. Por lo tanto, podemos tener la certeza de que así será.

No hay una sola vida dedicada a la causa de la evangelización del mundo que haya sido en vano. Ninguna oración, ni dólar, ni sermón, ni carta de aliento enviada, ni pequeña luz brillando en lugar oscuro —nada hecho en honor a la causa del advenimiento del reino es en vano—.

El triunfo es seguro.


Devocional tomado del sermón “Cities of Ruthless Nations Will Revere Thee”

El GPS

Tus oídos oirán a tus espaldas palabra que diga: Este es el camino, andad por él.

Isaías 30:21

Te haré entender, y te enseñaré el camino en que debes andar; sobre ti fijaré mis ojos.

Salmo 32:8

El GPS

Gracias a la recepción de señales emitidas por una red de satélites y el desarrollo de la electrónica, existen aparatos que indican con precisión nuestra posición en la tierra. Los GPS ahora se utilizan no solo para la navegación marítima o aérea, sino que también pueden mostrarnos mapas de carreteras y guiarnos a una dirección precisa mediante una voz sintética. Nos costaría comprender que una persona perdida que tiene un GPS no quiera seguir las instrucciones que el aparato le da.

Si comparamos esto con nuestra vida cristiana, todos viajamos hacia la eternidad, y tenemos la posibilidad de dejarnos conducir por un guía digno de confianza: Jesucristo. Él declara: “Yo soy el camino” (Juan 14:6). Su enseñanza es la verdad, nos da la “la luz de la vida” (Juan 8:12). Podemos negarnos a escuchar su voz, pensando que somos capaces de arreglarnos solos; pero entonces no nos extrañemos si nuestro camino nos lleva a un callejón sin salida.

Al contrario, si nos acercamos al Señor Jesús con sinceridad, reconociendo nuestros errores e indecisiones, y quizá nuestra obstinación en querer vivir sin él, nos hará oír su voz y nos enseñará el camino. La Biblia, en particular el Nuevo Testamento, es el «mapa» que indica el buen itinerario. Escuchemos la voz de Jesús y dejémonos guiar por él. Entonces podremos decir llenos de felicidad: “Hazme saber el camino por donde ande, porque a ti he elevado mi alma” (Salmo 143:8).

Éxodo 26 – Hechos 19:1-22 – Salmo 33:1-9 – Proverbios 11:17-18
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Jesús es el Amén de Dios

MARZO, 13

Jesús es el Amén de Dios

Devocional por John Piper

Pues tantas como sean las promesas de Dios, en Él todas son sí; por eso también por medio de Él, Amén, para la gloria de Dios por medio de nosotros. (2 Corintios 1:20)

La oración es el lugar donde repetidamente el pasado y el futuro se conectan en nuestra vida. Menciono esto acá porque Pablo conecta en este versículo la oración con el Sí de Dios de una manera impresionante.

En 2 Corintios 1:20, él dice (con un griego entrecortado que se refleja en una traducción en lenguaje entrecortado): «por eso también por medio de Él, Amén, para la gloria de Dios por medio de nosotros». Tratemos de explicar esto.

Está queriendo decir lo siguiente: «Por lo tanto, por causa de Cristo, decimos Amén a Dios en nuestras oraciones para mostrar que Dios obtiene la gloria por la gracia venidera en la que confiamos».

Si alguna vez nos preguntamos por qué los cristianos decimos Amén al final de las oraciones y de dónde viene esta costumbre, aquí está la respuesta. Amén es una palabra transferida directamente del hebreo al griego sin haber sido traducida, así como también llegó sin ninguna traducción al español y a la mayoría de los otros idiomas.

En hebreo era una afirmación muy fuerte (ver Números 5:22; Nehemías 5:13; 8:6). Es un «estoy de acuerdo» muy formal, solemne y serio, o un «afirmo lo que acaba de decir», o «esto es verdad». De la manera más simple, Amén significa un Sí muy serio en el contexto de dirigirnos a Dios.

Ahora notemos la conexión entre las dos mitades del versículo 20. La primera mitad dice: «pues tantas como sean las promesas de Dios, en Él todas son Sí». La segunda mitad dice: «por eso también por medio de Él, Amén, para la gloria de Dios por medio de nosotros».

Cuando nos damos cuenta de que ese Amén y el Sí significan lo mismo, entendemos lo que dice el versículo: en Cristo Jesús, Dios nos da su Sí a través de sus promesas; y en Cristo nosotros decimos Sí a Dios a través de la oración.


Devocional tomado del libro “Gracia Venidera”, página 104

¡Sí, Dios responde!

Martes 13 Marzo

Yo (Jesús) os digo: Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis… Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla… ¿Qué padre de vosotros, si su hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿O si pescado, en lugar de pescado, le dará una serpiente?

Lucas 11:9-11

¡Sí, Dios responde!

Erino Dapozzo, evangelista italiano, se encontró un día con una niña que estaba en una gran dificultad: «Perdí mi monedero y somos muy pobres. Mi padre me pegó y he vuelto para buscar otra vez…». «¿Has pedido a Dios que te ayude?», le preguntó él. «Claro que sí, pero no me sirvió de nada, afirmó ella mientras seguía buscando. Dios no me ha escuchado…».

Siguieron hablando… la niña repetía que su oración había sido inútil. ¡Dapozzo afirmaba lo contrario!

«¡Ya ve usted que no encuentro mi monedero!», concluyó diciendo la pequeña.

Entonces Dapozzo sacó unas monedas de su bolsillo y se las dio diciendo: «Crees que Dios no te ha respondido porque no encuentras tu monedero, pero te responde mucho mejor de lo que crees al enviarme a tu encuentro».

Al igual que esta niña, a menudo tenemos una idea sobre la manera como Dios debe respondernos; y cuando la respuesta no tiene la forma que esperábamos, concluimos que Dios no respondió. Esta niña esperaba que Dios la ayudase a encontrar su monedero. Pero la respuesta de Dios fue mucho más lejos: le permitió encontrarse con alguien que conocía al Dios de amor.

Sucesos de nuestra vida cotidiana como una llamada telefónica, un encuentro, pueden ser su respuesta a nuestra oración. Cuando oremos, pidamos a Dios que nos abra los ojos para distinguir y aceptar su respuesta, independientemente de la forma que tenga.

Éxodo 25 – Hechos 18 – Salmo 32:8-11 – Proverbios 11:15-16
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Cuando el alfarero está a nuestro favor

MARZO, 12

Cuando el alfarero está a nuestro favor

Devocional por John Piper

¡Ay del que contiende con su Hacedor,
el tiesto entre los tiestos de tierra!
¿Dirá el barro al alfarero: “Qué haces”?
¿O tu obra dirá: “Él no tiene manos”?
 (Isaías 45:9)

La majestad de Dios se magnifica cuando lo vemos a él a través del lente de la creación ex nihilo (de la nada). Él ordena a la nada, y esta le obedece y se convierte en algo.

De la nada hace el barro, y del barro nos hace a nosotros —la cerámica del Señor (Isaías 45:9)—, su posesión, destinados para su gloria, en total dependencia en él.

«Sabed que Él, el Señor, es Dios; Él nos hizo, y no nosotros a nosotros mismos;
pueblo suyo somos y ovejas de su prado» (Salmos 100:3). Es humillante ser una oveja y una vasija que pertenece a alguien más.

Esta mañana estaba leyendo Isaías y encontré otra declaración acerca de la majestad de Dios. Cuando la pongo junto al poder absoluto de Dios y sus derechos como Creador, se crea una combustión que explota en mi corazón. ¡Bum!

Isaías 33:21 dice: «Porque allí, el Majestuoso, el Señor, será para nosotros…».

¡Para nosotros! ¡Para nosotros! El Creador es por nosotros y no contra nosotros. Teniendo todo el poder del universo y el derecho absoluto a hacer lo que le place con lo que ha creado, ¡él es por nosotros!

«…Ni el ojo había visto a un Dios fuera de ti que obrara a favor del que esperaba en Él» (Isaías 64:4). «Si Dios es por nosotros, ¿quiéncontra nosotros?» (Romanos 8:31).

¿Se les ocurre alguna cosa (quiero decir, cualquier cosa) que sea más reconfortante y que nos dé mayor seguridad y gozo que el hecho de que el Señor en su majestad esté a nuestro favor?


Devocional tomado del articulo “When the Potter Is for Us: Boom!”

Venid y ved

Aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros… lleno de gracia y de verdad… Porque de su plenitud tomamos todos, y gracia sobre gracia. Pues la ley por medio de Moisés fue dada, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo.

Juan 1:14, 16-17

Venid y ved

Lea Juan 4:5-30

Una mujer de Samaria fue a sacar agua al pozo de la ciudad; allí encontró a Jesús sentado y cansado. Esta mujer no era feliz, su corazón estaba sediento, lleno de preguntas. Huía de sus semejantes, porque llevaba una vida moralmente desordenada. Con pocas palabras, Jesús ganó su confianza y le reveló que conocía todo su pasado.

Entonces la mujer dejó su cántaro y se fue. ¿Intentaba huir de la luz que Jesús proyectaba en su vida? No, corrió a la ciudad para llamar a aquellos de quienes huía, para que ellos también viniesen: “Venid, ved a un hombre que me ha dicho todo cuanto he hecho”.

Jesús había alcanzado su conciencia, pero también había ganado su corazón. No le dijo: “Estate en tu lugar, no te acerques a mí, porque soy más santo que tú” (Isaías 65:5). Sin embargo, ¿quién era santo como Jesús? Jesús decía fielmente la verdad, pero traía la gracia que permitía soportar esta verdad. En vez de hacer que la samaritana huyese de él, la gracia de Jesús la atraía con poder. En vez de escapar, esta mujer fue a llamar a sus conciudadanos y los invitó a ir a Jesús.

Jesús conoce a cada uno de nosotros, como conocía a esta mujer. Respondamos también a esta invitación: “Venid, ved”. Y, al igual que la gente de esa ciudad, diremos: “Ya no creemos solamente por tu dicho, porque nosotros mismos hemos oído, y sabemos que verdaderamente este es el Salvador del mundo” (Juan 4:42).

Éxodo 24 – Hechos 17:16-34 – Salmo 32:5-7 – Proverbios 11:13-14
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Dos verdades infinitamente fuertes y tiernas

MARZO, 11

Dos verdades infinitamente fuertes y tiernas

Devocional por John Piper

Declaro el fin desde el principio y desde la antigüedad lo que no ha sido hecho. Yo digo: “Mi propósito será establecido, y todo lo que quiero realizaré.” (Isaías 46:10)

La palabra soberanía (como la palabra trinidad) no aparece en la Biblia. La usamos para referirnos a la siguiente verdad: Dios está en total control del mundo, desde la más grande intriga internacional, hasta la caída del pajarillo más pequeño en el bosque.

La Biblia lo explica de la siguiente manera: «Yo soy Dios, y no hay ninguno como yo… Mi propósito será establecido, y todo lo que quiero realizaré» (Isaías 46:10). «El actúa conforme a su voluntad en el ejército del cielo y entre los habitantes de la tierra; nadie puede detener su mano, ni decirle: “¿Qué has hecho?”» (Daniel 4:35). «Pero Él es único, ¿y quién le hará cambiar? Lo que desea su alma, eso hace. Porque Él hace lo que está determinado para m텻 (Job 23:13-14). «Nuestro Dios está en los cielos; Él hace lo que le place» (Salmos 115:3).

Una razón por la que esta doctrina es tan preciosa para los creyentes es que sabemos que el gran deseo de Dios es mostrar misericordia y bondad a aquellos que en él confían (Efesios 2:7; Salmos 37:3-7; Proverbios 29:25). La soberanía de Dios significa que sus designios para nosotros no pueden ser frustrados.

Nada, absolutamente nada, le ocurre a aquellos que «aman a Dios y que son llamados conforme a su propósito» sino solo lo que es para nuestro más profundo bien (Salmos 84:11).

Por lo tanto, la misericordia y la soberanía de Dios son los dos pilares mellizos de mi vida. Son la esperanza de mi futuro, la energía de mi servicio, el centro de mi teología, el vínculo en mi matrimonio, la mejor medicina para toda enfermedad, el remedio para todo desaliento.

Y cuando llegue el día de mi muerte (ya sea tarde o temprano), estas dos verdades estarán paradas al lado de mi cama con manos infinitamente fuertes y tiernas levantándome hacia Dios.

Todos los derechos reservados ©2017 Soldados de Jesucristo y DesiringGod.org

Devocional tomado del articulo “Una doctrina muy preciosa y práctica”


Salvo por gracia

Domingo 11 Marzo

Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe.

Efesios 2:8-9

Concluimos, pues, que el hombre es justificado por fe sin las obras de la ley.

Romanos 3:28

Salvo por gracia

«Mis padres y mis abuelos eran mormones y me educaron para ser un buen mormón, responsable y leal. Me enseñaron que en esta vida todo se compra, todo se merece, todo se gana, todo exige un esfuerzo… y que sucedía lo mismo con la vida del más allá. Había que ganar un lugar al lado de Dios, merecer la vida eterna practicando buenas obras bien precisas. Pero no conocía a Dios y no tenía ninguna seguridad con respecto a mi futuro eterno.

Un día mi abuela escuchó en la radio un programa que explicaba detalladamente el Evangelio. Entonces se dio cuenta de que, aunque fuese religiosa, no podía borrar ni uno de sus pecados ante Dios. Solo el sacrificio de Jesús, quien murió en la cruz por amor a los pecadores, podía salvarla. Mi abuela recibió la paz interior, la seguridad de tener un total perdón y la vida eterna; aceptó la gracia perfecta de Dios. Pero su testimonio no convenció a nadie.

Cuando cumplí doce años mis padres me permitieron, por sugerencia de mi abuela, ir a un campamento organizado por cristianos. Mi corazón se abrió cuando un responsable me mostró un versículo de la Biblia: “La paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro” (Romanos 6:23). Comprendí que mis buenas obras, mis esfuerzos, no podían pagar el precio por mis pecados, y que Jesús había muerto por mí. Creí en él y recibí el perdón y la vida eterna. Desde hace más de cuarenta años sé que soy salvo por la gracia de Dios».

M. F.
Éxodo 23 – Hechos 17:1-15 – Salmo 32:1-4 – Proverbios 11:11-12
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