Cómo magnificar a Dios

NOVIEMBRE, 27

Cómo magnificar a Dios

Devocional por John Piper

Con cántico alabaré el nombre de Dios, y con acción de gracias le exaltaré. (Salmo 69:30)

Hay dos formas de exaltar algo, o «magnificar» (como dice la versión en inglés [ESV] de este salmo) su tamaño: con un microscopio o con un telescopio. El primero hace que algo pequeño se vea más grande de lo que es. El segundo hace que algo grande se comience a ver tan grande como es en realidad.

Cuando David dice: «con acción de gracias le [magnificaré]», no está queriendo decir que hará que un Dios pequeño se vea más grande de lo que es, sino más bien: «Haré que un Dios grande empiece a verse tan grande como en realidad es».

No fuimos creados para ser como microscopios, sino telescopios. Los cristianos no fuimos llamados a ser vendedores astutos que magnifican su producto fuera de proporción cuando ellos saben que el producto de sus competidores es superior. No hay nada ni nadie que supere a Dios. Por lo tanto, el llamado para aquellos que aman a Dios es a hacer que la grandeza de Dios se comience a ver tan inmensa como en realidad es.

Todo el deber cristiano se puede resumir en sentir, pensar y actuar de modo que Dios se vea tan grandioso como en realidad es; ser para el mundo un telescopio de la inconmensurable riqueza de la gloria de Dios.

Ese es el significado de magnificar a Dios para los cristianos. Pero no podemos magnificar aquello que no hemos visto o que hemos olvidado rápidamente.

Por lo tanto, nuestra primera tarea es ver y recordar la grandeza y la bondad de Dios. Por eso oramos a Dios: «abre los ojos de mi corazón»; y predicamos a nuestras almas: «alma mía… no olvides ninguno de sus beneficios».


Devocional tomado del libro “I Will Magnify God with Thanksgiving!”

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Esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo.

El día del Señor vendrá así como ladrón en la noche… Mas vosotros, hermanos, no estáis en tinieblas, para que aquel día os sorprenda como ladrón… Seamos sobrios, habiéndonos vestido con la coraza de fe y de amor, y con la esperanza de salvación como yelmo. Porque no nos ha puesto Dios para ira, sino para alcanzar salvación por medio de nuestro Señor Jesucristo, quien murió por nosotros para que ya sea que velemos, o que durmamos, vivamos juntamente con él.

1 Tesalonicenses 5:2-10

Esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo.

Filipenses 3:20

Como Salvador o como ladrón

El Señor Jesús volverá pronto. Su regreso, que tendrá lugar en dos etapas distintas, es presentado bajo dos caracteres diferentes: vendrá como el “Salvador” esperado o “como ladrón”.

La venida de un ladrón tiene tres caracteres: es indeseada, inesperada, y empobrece a quien recibe su visita. ¡Qué contraste con la manera en la que el Señor Jesús vendrá por los suyos!

Es deseado: el apóstol Pedro nos dice que, aunque no lo hayamos visto, lo amamos y nos alegramos “con gozo inefable y glorioso” (1 Pedro 1:8). Pablo habla de “los que aman su venida” (2 Timoteo 4:8) y de nuestra “esperanza bienaventurada” (Tito 2:13).

Es esperado: los que tienen fe en su promesa son llamados “los que le esperan” (Hebreos 9:28). A los burlones que les dicen: “¿Dónde está la promesa de su advenimiento?”, les responden con las Santas Escrituras: “El Señor no retarda su promesa” (2 Pedro 3:4, 9).

Enriquecerá a los suyos: Cristo los revestirá con un nuevo cuerpo, semejante al “cuerpo de la gloria suya” (Filipenses 3:21); los hará entrar en posesión de su herencia eterna (Filipenses 3:20-21; Hebreos 9:15).

Job 33 – Colosenses 1:1-14 – Salmo 134 – Proverbios 28:19-20

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Jesús ora por nosotros

NOVIEMBRE, 26

Jesús ora por nosotros

Devocional por John Piper

Por lo cual Él también es poderoso para salvar para siempre a los que por medio de Él se acercan a Dios, puesto que vive perpetuamente para interceder por ellos. (Hebreos 7:25)

Cristo es poderoso para salvar completamente para siempre, ya que vive perpetuamente para interceder por nosotros. En otras palabras, no podría salvarnos para siempre si no continuara intercediendo por nosotros para siempre.

Esto significa que nuestra salvación es tan segura como el sacerdocio de Cristo es indestructible. Por eso es que necesitamos un sacerdote mucho más grande que cualquier humano. La deidad de Cristo es garantía de su indestructible sacerdocio por nosotros.

Por lo tanto, no deberíamos hablar de nuestra salvación en los términos estáticos en que solemos hacerlo, como si dependiera de una decisión que una vez tomé y una obra que Cristo una vez llevó a cabo al morir y resucitar, y eso fuese todo. La salvación no se trata únicamente de eso.

Hoy mismo estoy siendo salvo por la eterna intercesión de Jesús en el cielo. Jesús está orando por nosotros y en eso consiste nuestra salvación.

Somos salvos para siempre por las eternas intercesiones de Jesús (Romanos 8:34) y porque Cristo aboga en nuestra defensa (1 Juan 2:1) en el cielo como nuestro sumo sacerdote. Él ora por nosotros, y sus oraciones hallan respuesta porque son perfectas y están basadas en su perfecto sacrificio.


Devocional tomado del sermón “Jesús: de Melquizedec a Salvador Eterno”

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Creer antes de que sea demasiado tarde

domingo 26 noviembre

Está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio.

Hebreos 9:27

He puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas.

Deuteronomio 30:19

Creer antes de que sea demasiado tarde

Hace algunos años, en una ciudad de Guinea Ecuatorial fue publicada una ley que ordenaba que todos los edificios ubicados a lo largo de las calles principales fuesen construidos en cemento y que tuviesen al menos dos pisos. Los propietarios de las casas que no cumplían la norma fueron advertidos y sus viviendas fueron marcadas con una gran X roja. Algunos arreglaron un poco su casa y plantaron flores al frente, otros no hicieron nada… Pensaban que la demolición nunca llegaría.

Pero un día, sin preaviso, bajo la orden del gobierno, una excavadora llegó para demoler las casas que estaban marcadas con la X, incluso aquellas que habían sido mejoradas o adornadas con flores.

Hagamos un paralelismo con lo que la Biblia dice de los hombres: “Todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” (Romanos 3:23). La condenación está decretada sobre cada una de las personas que no están en regla con Dios. Muchos piensan que pueden mejorar su vida siendo amables, yendo a la iglesia, haciendo oraciones y buenas obras. Otros desatienden la advertencia, o no creen que la sentencia pueda ser ejecutada. Después de todo, ¿quién querría condenar a gente buena?

Sin embargo Dios tiene ciertas exigencias. Como todos pecamos, todos deberíamos estar lejos de él eternamente. Pero Dios envió a su Hijo Jesucristo para que llevase el castigo por nuestros pecados y diese una vida nueva a aquellos que creen en él. ¡Junto a él usted puede reconstruir su vida, aún hoy!

Job 32 – Hebreos 13 – Salmo 133 – Proverbios 28:17-18

Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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Dar gloria dando gracias

NOVIEMBRE, 25

Dar gloria dando gracias

Devocional por John Piper

Porque todo esto es por amor a vosotros, para que la gracia que se está extendiendo por medio de muchos, haga que las acciones de gracias abunden para la gloria de Dios. (2 Corintios 4:15)

La gratitud es el gozo en Dios por su gracia; pero por su misma naturaleza, la gratitud glorifica al dador. Reconoce la propia necesidad y la caridad del dador.

Del mismo modo en que me humillo a mí mismo y exalto a la mesera de un restaurante al decirle «gracias», me humillo a mí mismo y exalto a Dios cuando siento gratitud hacia él. La diferencia, por supuesto, está en que, en verdad, estoy infinitamente en deuda con Dios por su gracia, y todo lo que él hace por mí es gratuito e inmerecido.

Sin embargo, el punto es que la gratitud glorifica al dador. Glorifica a Dios. Esa es la meta de Pablo en todas sus labores: lo hace todo por el bien de la iglesia, claro está; pero, más allá de eso y por sobre todo, lo hace para la gloria de Dios.

Algo que es maravilloso en el evangelio es que la reacción que se requiere de nosotros para la gloria de Dios es la misma reacción que sentirnos más natural y gozosa, es decir, la gratitud por la gracia. La gloria de Dios y nuestro gozo no compiten entre sí.

Una vida que da gloria a Dios por su gracia y una vida profundamente llena de gozo son siempre la misma vida. Lo que las hace una es la gratitud.


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Devocional tomado del libro “Grace, Gratitude, and the Glory of God”

 

¿Es usted el propietario?

Regocijaos de que vuestros nombres están escritos en los cielos.

Lucas 10:20

¿Es usted el propietario?

Se cuenta que Voltaire, el célebre filósofo antirreligioso, quiso divertir a los invitados durante un banquete, exclamando: «¡Vendo mi lugar en el paraíso por una moneda!».

Después de un largo silencio, alguien se levantó y dijo: «Señor, toda persona que quiere vender algo primero tiene que probar que efectivamente es el propietario de ello. Si me muestra el título de propiedad que confirma que usted tiene un lugar en el paraíso, lo compraré por el dinero que pida». Voltaire, cuya inteligencia normalmente tenía respuesta para todo, se quedó en silencio.

Esta broma provocadora muestra que su autor estaba preocupado por lo que hay más allá de la muerte, y que no tenía ninguna seguridad con respecto al asunto.

Por el contrario, el que cree que Dios nos habla por medio de la Biblia, sabe en qué apoyarse. No puede poner en duda las palabras de Jesús. Sabe que hay un lugar preparado para él en el cielo. Antes de morir, Jesús dijo a sus discípulos: “En la casa de mi Padre muchas moradas hay… voy, pues, a preparar lugar para vosotros” (Juan 14:2). ¡Y pagó el precio por ello! El apóstol Pedro recuerda que fuimos “rescatados… con la sangre preciosa de Cristo” (1 Pedro 1:18-19).

Al evocar su muerte, el apóstol Pablo expresa el deseo de dejar la vida terrenal y de “estar con Cristo, lo cual es muchísimo mejor” (Filipenses 1:23). Para el creyente, la seguridad de ocupar un día el lugar que le está preparado en el cielo es de un valor inestimable. Esta misma esperanza es ofrecida a usted una vez más de forma gratuita. ¡También puede ser suya!

Job 31 – Hebreos 12:12-29 – Salmo 132:13-18 – Proverbios 28:15-16

Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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Sujetos a esperanza

NOVIEMBRE, 24

Sujetos a esperanza

Devocional por John Piper

Por lo cual Dios, deseando mostrar más plenamente a los herederos de la promesa la inmutabilidad de su propósito, interpuso un juramento, a fin de que por dos cosas inmutables, en las cuales es imposible que Dios mienta, los que hemos buscado refugio seamos grandemente animados para asirnos de la esperanza puesta delante de nosotros.(Hebreos 6:17-18)

¿Por qué el escritor de Hebreos nos anima a asirnos de nuestra esperanza? Si aferrarnos a ella es algo que la sangre de Jesús obtuvo y aseguró irrevocablemente, ¿por qué Dios nos llama a asirnos de la esperanza?

La respuesta es:

• Cristo, al morir, no pagó por la libertad de no tener que asirnos, sino por el poder que nos permite hacerlo.

• Cristo no pagó para anular nuestra voluntad, como si no tuviéramos que sujetarnos a ninguna esperanza, sino para fortalecer nuestra voluntad porque queremos asirnos.

• Cristo no pagó para cancelar el mandamiento de asirnos, sino para que se cumpla el asirnos.

• Cristo no pagó para terminar con las exhortaciones, sino por la victoria de las exhortaciones.

Cristo murió para que podamos hacer precisamente lo que Pablo hizo en Filipenses 3:12: «Sigo adelante, a fin de poder alcanzar aquello para lo cual también fui alcanzado por Cristo Jesús». Esto no es tontería, es el evangelio diciéndole al pecador que haga lo que solo Cristo puede posibilitarle: que tenga esperanza en Dios.

Por eso, los exhorto de todo corazón: busquen alcanzar aquello por lo cual fueron alcanzados por Cristo, y aférrense a ello con todas sus fuerzas.


Devocional tomado del sermón “Esperanza anclada en el cielo”

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Dios hace bien todas las cosas

viernes 24 noviembre

En gran manera se maravillaban, diciendo: bien lo ha hecho todo; hace a los sordos oír, y a los mudos hablar.

Marcos 7:37

Dios hace bien todas las cosas

Al este del lago de Genesaret, en la región de Decápolis, el Señor Jesús había sanado a varias personas, entre ellas a un sordomudo. Era el tema de conversación de los habitantes de aquella región. Es interesante constatar que no mencionaron únicamente la curación de los sordos, de los mudos y de otros enfermos (Mateo 15:31), sino que recapitularon el conjunto y dijeron: “bien lo ha hecho todo”.

¡Todo! De forma más general, hoy podemos aplicar este testimonio a la salvación ofrecida a todos, resultado de la obra de Cristo en la cruz. Nosotros también podemos decir: “Bien lo ha hecho todo”.

Que cada uno examine su caso personal: éramos pecadores, estábamos “sin esperanza y sin Dios en el mundo” (Efesios 2:12), pero Cristo se ocupó de nosotros. Hizo lo que nosotros éramos incapaces de hacer: a nosotros que éramos esclavos, culpables, él nos redimió por su sangre y nos condujo a Dios. Pronto nos llevará a la casa del Padre. ¡Sí, “bien lo ha hecho todo”!

Israel rechazó a su Mesías cuando vino a la tierra. No obstante llegará un día cuando Dios dirá de su pueblo: “Todos ellos serán justos… obra de mis manos, para glorificarme” (Isaías 60:21). Cristo, su Mesías, también puso el fundamento de esto en la cruz: “Bien lo ha hecho todo”.

“Gracias a Dios, que aunque erais esclavos del pecado, habéis obedecido de corazón a aquella forma de doctrina a la cual fuisteis entregados; y libertados del pecado, vinisteis a ser siervos de la justicia” (Romanos 6:17-18).

Job 30 – Hebreos 12:1-11 – Salmo 132:8-12 – Proverbios 28:13-14

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Cuando Dios jura por Dios

NOVIEMBRE, 23

Cuando Dios jura por Dios

Devocional por John Piper

No pudiendo jurar por uno mayor, juró por sí mismo, diciendo: Ciertamente te bendeciré y ciertamente te multiplicaré. (Hebreos 6:13-14)

Hay solo una Persona cuyo valor, honor, dignidad, majestad, grandeza, belleza y buen nombre es mayor que todos los demás valores combinados, diez mil veces mayor: Dios mismo. Es por eso que Dios jura por sí mismo.

Si él pudiera haber ido más alto, lo habría hecho para darle un incentivo más grande a nuestra esperanza. Al jurar por sí mismo, Dios intenta mostrarnos que es tan improbable que él rompa su promesa de bendecirnos como lo es que él se desprecie a sí mismo.

Dios es lo más valioso que hay en el universo. No hay nada más precioso ni maravilloso que Dios. Por lo tanto, Dios jura por Dios. Al hacerlo nos dice: «Mi intención es que puedan tener tanta confianza en mí como les sea posible». Ya que si hubiera más, el versículo 13 nos dice que él nos lo hubiera dado.

Ahora, éste es nuestro Dios. El Dios que hace todo lo posible para inspirar en nosotros una esperanza inconmovible. Corramos a Dios para hallar refugio. Apartémonos de todas las ilusiones superficiales y contraproducentes que el mundo nos ofrece y pongamos nuestra esperanza en Dios. No hay nada ni nadie como Dios, Refugio y Roca fuerte de nuestra esperanza.


Devocional tomado del sermón “¿Cuándo jura Dios?”

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¿De dónde viene nuestro valor?

No temas… yo te redimí; te puse nombre, mío eres tú… a mis ojos fuiste de gran estima… y yo te amé.

Isaías 43:1, 4

¿De dónde viene nuestro valor?

El director de una clínica psiquiátrica, en Alemania, denuncia unas treinta ideas falsas que creemos ser ciertas y que, en cierta medida, condicionan nuestras decisiones. Una de ellas concierne a nuestra capacidad y al éxito. «Mucha gente, escribe, cree que su valor depende de sus capacidades en uno u otro ámbito. Cuando tienen que enfrentarse al fracaso, pueden llegar hasta el suicidio».

Desde el punto de vista económico, decir que el valor de una persona depende únicamente de sus capacidades en el trabajo puede parecer pertinente. Pero es dejar de lado otras cualidades como la sinceridad, el dominio propio, la honestidad, la humildad, etc. ¡Todos estos aspectos también participan en el éxito tanto individual como colectivo!

Sea como fuere, el mensaje de la Biblia es completamente diferente. Nos dice que nuestro valor no proviene de lo que hacemos, sino que nos es dado por Dios. Somos valiosos ante sus ojos porque él nos ama. Nos ama tanto que dio a su Hijo unigénito para salvarnos. Y si aceptamos ese don de Dios, si creemos en el Señor Jesús, somos adoptados por Dios. Nuestro valor no viene de nuestras capacidades, de nuestras cualidades naturales, sino del hecho de ser hijos e hijas del Dios de amor. Nuestra dignidad no está basada en la mirada del prójimo, sino en el hecho misterioso y extraordinario de haber sido amados, creados y redimidos por Dios.

“Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo… en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo” (Efesios 1:3, 5).

Job 29 – Hebreos 11:23-40 – Salmo 132:1-7 – Proverbios 28:11-12

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