Cristianos, ¿cuál es nuestra actitud frente a la prosperidad y a las riquezas? En teoría, sabemos bien que todo lo que el mundo ofrece es efímero e inestable, pero en la práctica, ¿qué sucede? Tal vez los nuevos medios de telecomunicación y los aparatos modernos hayan influenciado nuestras vidas. Nos hemos acostumbrado a la comodidad y al confort, los cuales pueden convertirse en verdaderos obstáculos para nuestra vida espiritual.
El apóstol Pablo escribió: “A los ricos de este siglo manda que no sean altivos, ni pongan la esperanza en las riquezas, las cuales son inciertas, sino en el Dios vivo, que nos da todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos. Que hagan bien, que sean ricos en buenas obras, dadivosos, generosos; atesorando para sí buen fundamento para lo por venir, que echen mano de la vida eterna” (1 Timoteo 6:17-19).
La Biblia nos da ejemplos como el de Moisés: tuvo “por mayores riquezas el vituperio de Cristo que los tesoros de los egipcios”. Por la fe vio “al Invisible” (Hebreos 11:26-27).
Hoy, “las abundantes riquezas de su gracia” nos son presentadas “en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús”, quien vino del cielo para salvarnos (Efesios 2:7). Estas riquezas nos son aseguradas, son un “tesoro en los cielos” que no se agota, “donde ladrón no llega, ni polilla destruye” (Lucas 12:33).
“Buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra. Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios” (Colosenses 3:1-3).
Sábado 10 Septiembre Buscad lo bueno, y no lo malo, para que viváis. Amós 5:14 Jesús… anduvo haciendo bienes. Hechos 10:38 Verdaderos valores Con motivo de una ceremonia de graduación, el alcalde de la ciudad, después de las felicitaciones acostumbradas, invitó a los estudiantes a preguntarse sobre los verdaderos valores, pero no precisó cuáles. Nuestra sociedad ha perdido todas sus referencias, ya no tiene la capacidad de responder sobre dicho tema. Y los mensajes difundidos por los medios de comunicación, ¿presentan verdaderamente valores recomendables? A menudo promueven el espíritu de competencia, la vanidad, la superficialidad, el juicio sobre las apariencias… Ahora bien, “lo que los hombres tienen por sublime, delante de Dios es abominación” (Lucas 16:15).
Entonces, ¿cuáles son los verdaderos valores? ¿Dónde debemos buscarlos? En la Biblia, porque ella es la Palabra de Dios. La enseñanza de Jesucristo en los evangelios nos los muestra: amor, bondad, compasión, humildad… Y toda su vida los ilustra.
¿Es necesario, pues, imitar a Cristo como lo hacía el apóstol Pablo? (1 Corintios 11:1). Sí, pero nadie puede hacerlo sin haber recibido primero la vida nueva, la vida eterna. Jesús dijo: “El que cree en mí, tiene vida eterna” (Juan 6:47).
Si lo hemos aceptado como nuestro Salvador, él nos dará la fuerza moral que necesitamos cada día: pidámosela. También necesitaremos leer la Biblia diariamente, para conocer mejor al Señor Jesús. Entonces podremos ser testigos, no solo de los verdaderos valores, sino sobre todo de Aquel que dio su vida por nosotros, y que nos los mostró a través de su ejemplo.
Viernes 9 Septiembre El Señor, después que les habló, fue recibido arriba en el cielo, y se sentó a la diestra de Dios. Marcos 16:19 Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios. Hebreos 10:12 Él está sentado, ¡qué descanso para nosotros! El evangelio de Marcos presenta a Jesús bajo el carácter de un siervo consagrado a Dios. Y termina mostrándonoslo recibido en el cielo, sentado a la diestra de Dios. Había terminado la obra que Dios le había confiado (Juan 17:4-5). Se sentó, pues, como un siervo que puede descansar porque ha terminado su trabajo. No es una situación provisional, se sentó “para siempre”, es decir, perpetuamente.
Si Dios hizo sentar a Jesús a su diestra, fue porque su sacrificio en la cruz lo satisfizo. Haciéndolo sentar en este lugar de honor, Dios declaró que la obra de la cruz era suficiente, perfecta. Ahora, Dios puede perdonar y salvar a todo aquel que cree en Jesús. El hecho de que Jesús esté sentado tiene un alcance inmenso para el cristiano, constituye el fundamento de su paz. Jesús “es nuestra paz” (Efesios 2:14).
Si queda en mí la mínima duda concerniente a mi salvación, al hecho de ser liberado de toda condenación, esa duda desaparece cuando por la fe veo a Jesús sentado a la diestra de Dios. El problema de mis pecados está solucionado. Jesús los llevó sobre sí mismo cuando murió en la cruz. Si no los hubiera expiado completamente delante de Dios, mi Salvador no estuviera sentado. Pero, porque él está sentado, yo puedo estar en paz. Si Dios se declara satisfecho, yo puedo estar perfectamente tranquilo.
Señor, te vemos allá arriba en la luz
A la diestra de Dios. Tu glorioso reposo es la perfecta paz de tus amadas ovejas.
Jueves 8 Septiembre (Jesús dijo:) Arrepentíos, y creed en el evangelio. Marcos 1:15 Palabras del evangelio: Creed en el evangelio (2) Al comienzo de su servicio público Jesús invitó a sus oyentes (y a nosotros también) a arrepentirse y a creer en el evangelio. El arrepentimiento, ese cambio interior, está íntimamente unido a la fe en el evangelio.
¿Qué significa creer “en el evangelio”? Simplemente aceptar la buena noticia que Jesús nos trajo. Tener fe en esta buena nueva manifiesta la confianza en él, igual que, cuando aceptamos la propuesta de una persona, expresamos la confianza que depositamos en ella.
En este camino de la fe hay obstáculos. Pueden ser exteriores, como el atractivo de las riquezas, la búsqueda del poder, o la persecución, en algunas regiones del mundo. También pueden ser interiores, como el miedo al rechazo, las dudas. Todos esos obstáculos requieren que “nos soltemos”, que nos abandonemos a Dios para avanzar. La fe confía totalmente en Dios, el único que puede salvarnos del miedo, del pecado y de la muerte.
Creer en el evangelio es también vivirlo, vivir las palabras de Jesús, porque en la vida cotidiana la confianza en Dios se concreta y descubrimos cuán verdaderas y poderosas son las palabras de Jesús para darnos la esperanza, el gozo y la fuerza en la prueba. En fin, vivir el evangelio nos lleva a crecer: amar como Dios, servir humildemente gozando la presencia de Cristo, vivir este compromiso en la paz de su gracia y la fuerza de su luz.
“No me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree… Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá” (Romanos 1:16-17).
Miércoles 7 Septiembre De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Juan 3:16 Si los continentes fueran papel Visitando un pequeño pueblo de Holanda, en la orilla del mar, un cristiano había hablado ampliamente del amor de Dios a un auditorio conformado por personas con poca educación formal. Su lenguaje era un poco complicado, y el público tenía gran dificultad para entender. Cuando él terminó de hablar, un cristiano de edad avanzada, antiguo pescador, tomó la palabra. A menudo este hombre hablaba del amor de Dios a quienes lo rodeaban. Lo llamaban “Juan el muy amado”, aludiendo al apóstol Juan, quien solía llamarse “el discípulo a quien amaba Jesús” (Juan 21:20).
El viejo pescador simplemente dijo: “Si todos los mares del mundo fueran tinta, si el conjunto de los continentes fuera papel para escribir, y si cada ramita fuera una portapluma, todo esto no sería suficiente para describir el amor de Dios”.
Estas pocas palabras impactaron profundamente a un joven oyente, quien llegó a ser un evangelista. Decenas de años más tarde, en el curso de una reunión, retomó las palabras de Juan el muy amado, para explicar el versículo de Juan 3:16. Por medio de este mensaje un cantante de ópera se convirtió al Señor. Luego, impresionado por el amor de Dios, compuso un himno en el cual también retomó la corta predicación del viejo pescador…
La Biblia nos revela cosas maravillosas y profundas. Pero lo hace en un lenguaje sencillo y comprensible. Dios quiere que su amor sea proclamado a todos, sin distinción. “Dios es amor” (1 Juan 4:8, 16). Esta es una frase muy sencilla, al alcance de la comprensión de todos.
Martes 6 Septiembre Olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús. Filipenses 3:13-14 Buscar la excelencia Los atletas jamaiquinos Usain Bolt y Yohan Blake ganaron varias medallas olímpicas en las carreras de 100, 200, 4×100 metros… A pesar de su rivalidad en la pista, Bolt rindió este homenaje a Blake: “A lo largo de los años, Yohan hizo de mí un mejor atleta. Verdaderamente me empujó y me mantuvo alerta”. Estos dos atletas se animaron mutuamente a buscar la excelencia sobre la pista.
En la Biblia, el apóstol Pablo utiliza la imagen de la carrera para hablar de la vida cristiana. Invita a todos los cristianos a correr de manera que obtengan el premio. Esta carrera necesita preparación, disciplina, entrenamiento, perseverancia… y no perder de vista la meta, que es Jesucristo.
En nuestra vida cristiana podemos, como los dos atletas jamaiquinos, animarnos el uno al otro a buscar la excelencia. Esto no significa tratar de ser el primero, el más admirado, sino el servidor de todos, como lo hizo Cristo, en amor y santidad. ¡No nos contentemos con tener un nivel promedio!
Amigos cristianos, tenemos el privilegio y la responsabilidad de animarnos mutuamente en nuestra fe. Es uno de los objetivos de la vida colectiva en la Iglesia: ayudarnos unos a otros a avanzar hacia Jesús y con él. Dios también nos ayuda a crecer por medio de los otros, si aprendemos a escuchar y a ver a Jesús en nuestro hermano o hermana. Pablo escribió a los creyentes de Filipos: “Hermanos, sed imitadores de mí, y mirad a los que así se conducen según el ejemplo que tenéis en nosotros” (Filipenses 3:17).
La palabra “Biblia” proviene de las palabras griega y latina que significan “libro”, un nombre muy apropiado, puesto que la Biblia es el libro para toda la gente de todos los tiempos. Es un libro como no hay otro, único en su clase.
Sesenta y seis diferentes libros forman la Biblia. Éstos incluyen libros sobre la ley, tales como Levítico y Deuteronomio; libros históricos, tales como Esdras y Hechos; libros de poesía, tales como Salmos y Eclesiastés; libros de profecía, como Isaías y Apocalipsis; biografías, como Mateo y Juan; y epístolas (cartas formales) como Tito y Hebreos.
Los Autores
Cerca de 40 diferentes autores humanos contribuyeron para su formación, escrita dentro de un período aproximado de 1,500 años. Los autores fueron reyes, pescadores, sacerdotes, oficiales gubernamentales, granjeros, pastores y doctores. Toda esta diversidad converge en una increíble unidad, con temas comunes entrelazados a través de toda ella.
La unidad de la Biblia se debe al hecho de que, finalmente, tiene un Autor: Dios Mismo. La Biblia es “Inspirada por Dios” (2 Timoteo 3:16). Los autores humanos escribieron exactamente lo que Dios quiso que escribieran, y el resultado fue la perfecta y santa Palabra de Dios (Salmo 12:6; 2 Pedro 1:21).
Las Divisiones
La Biblia está dividida en dos partes principales: El Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento. En resumen, el Antiguo Testamento es la historia de una Nación, y el Nuevo Testamento es la historia de un Hombre. La Nación fue la manera en que Dios trajo al Hombre al mundo.
El Antiguo Testamento describe la fundación y preservación de la nación de Israel. Dios prometió utilizar a Israel para bendecir al mundo entero (Génesis 12:2-3). Una vez que Israel fue establecida como una nación, Dios levantó a una familia de entre esa nación a través de la cual vendrían las bendiciones: la familia de David (Salmos 89:3-4). Entonces, de la familia de David fue prometido un Hombre quien traería la bendición prometida (Isaías 11:1-10).
El Nuevo Testamento detalla la venida del Hombre prometido. Su nombre fue Jesús, y Él cumplió las profecías del Antiguo Testamento, porque vivió una vida perfecta, murió para convertirse en el Salvador, y resucitó de entre los muertos.
El Carácter Central
Jesús es el carácter central en la Biblia – en realidad todo el libro es acerca de Él. El Antiguo Testamento predijo Su venida y preparó el escenario para Su entrada al mundo. El Nuevo Testamento describe Su venida y Su obra para traer salvación a nuestro mundo pecador.
Jesús es más que una figura histórica; de hecho, Él es más que un hombre. Él es Dios hecho carne, y Su venida fue el evento más importante en la historia del mundo. Dios Mismo se hizo hombre para darnos una clara y entendible imagen de lo que Él es. ¿Cómo es Dios? Dios es como Jesús; Jesús es Dios en forma humana (Juan 1:14; 14:9).
Un Breve Resumen
Dios creó al hombre y lo puso en un ambiente perfecto; sin embargo, el hombre se rebeló contra Dios y falló en llegar a ser lo que Dios quería que fuera. Dios puso al mundo bajo una maldición a causa del pecado, pero inmediatamente puso en acción un plan para restaurar al hombre y a toda la creación a su gloria original.
Como parte de Su plan de redención, Dios llamó a Abraham desde Babilonia a Canaán (aproximadamente en el año 2000 a.C.). Dios prometió a Abraham, su hijo Isaac, y su nieto Jacob (también llamado Israel), que Él bendeciría al mundo a través de sus descendientes. La familia de Israel emigró de Canaán a Egipto, donde se multiplicaron hasta hacerse una nación.
Aproximadamente en el año 1400 a. C., Dios guió a los descendientes de Israel fuera de Egipto bajo la dirección de Moisés y les dio la Tierra Prometida, Canaán, para que la poseyeran. A través de Moisés, Dios le dio la Ley al pueblo de Israel e hizo un pacto (convenio) con ellos: si ellos permanecían fieles a Dios y no seguían la idolatría de las naciones que les rodeaban, entonces ellos prosperarían. Si ellos dejaban a Dios y seguían a los ídolos, entonces Dios destruiría su nación.
Aproximadamente 400 años después, durante el reinado de David y su hijo Salomón, Israel fue consolidado como un reino grande y poderoso. Dios prometió a David y Salomón que un descendiente de ellos gobernaría como un Rey eterno.
Después del reinado de Salomón, la nación de Israel se dividió. Las diez tribus del norte fueron llamadas “Israel,” y pasaron cerca de 200 años antes que Dios las juzgara por su idolatría. Asiria llevó cautivo a Israel en el año 721 a.C. Las dos tribus en el sur fueron llamadas “Judá,” y ellas tardaron un poco más, pero eventualmente ellas también, se olvidaron de Dios. Babilonia los llevó cautivos en el año 600 a.C.
Cerca de 70 años después, Dios bondadosamente trajo el remanente de los cautivos de regreso a su propia tierra. Jerusalén, la capital, fue reconstruida aproximadamente en el año 444 a.C., e Israel estableció una vez más su identidad nacional. Hasta aquí termina el Antiguo Testamento.
El Nuevo Testamento inicia 400 años más tarde con el nacimiento de Jesucristo en Judea. Jesús fue el descendiente prometido a Abraham y David, Aquel que llevaría a cabo el plan de Dios para la redención de la raza humana y restauración de la creación. Jesús completó fielmente Su obra: Él murió por el pecado y resucitó de los muertos. La muerte de Cristo es la base para un nuevo pacto (convenio) con el mundo: todo el que tenga fe en Jesús será salvo del pecado y vivirá eternamente.
Después de Su resurrección, Jesús envió a Sus discípulos a proclamar las buenas nuevas por todas partes, sobre Su vida y Su poder para salvar. Los discípulos de Jesús salieron en todas las direcciones proclamando las buenas nuevas de Jesús y la salvación. Ellos viajaron a través de Asia Menor, Grecia y todo el Imperio Romano. El Nuevo Testamento cierra con una predicción del retorno de Jesús para juzgar al mundo incrédulo y liberar a la creación de la maldición.
Lunes 5 Septiembre Buscad al Señor y su poder; buscad su rostro continuamente. Haced memoria de las maravillas que ha hecho, de sus prodigios, y de los juicios de su boca… Él es nuestro Dios. 1 Crónicas 16:11-12, 14 Déjeme contarle Testimonio “Leyendo la Biblia aprendí a conocer a Dios. Supe lo que él hizo y lo que dijo a los hombres. Por medio de la Biblia comprendí que Dios vive eternamente, que él no cambia, que conoce todo, sabe todo, ve todo, registra todo. Él es fiel a sus promesas, es justo, santo, poderoso, sabio; es bueno y paciente para con los hombres.
Pero también descubrí algo que me aterrorizó: que yo había desobedecido a Dios, y era su enemigo sin ni siquiera haberme dado cuenta. Quería vivir mi vida a mi manera, sin pedir la opinión de mi Creador. Yo era un gran culpable delante de él, condenado a la muerte eterna.
Entonces aprendí que Dios me ofrecía su perdón, su paz. Yo no tenía que hacer nada, no tenía que pagar nada. Dios se encargó absolutamente de todo. Pagó el más alto precio dando a su Hijo Jesucristo. Jesús vino a la tierra para hablarnos del Dios de amor. Luego dio su vida en la cruz, para que todo aquel que en él cree no perezca, sino que tenga la vida eterna.
Viendo que mi vida era un fracaso delante de Dios, reconocí ante él mi mal proceder, dicho de otra manera, mi vida de pecado. Entonces le pedí que me perdonara por medio de Jesucristo, quien murió por mí. Como él nunca rechaza al que se arrepiente de todo corazón, me perdonó todo.
Hoy sé que soy un hijo de Dios. Es increíble, ¡pero cierto! ¡Mi vida es una nueva vida en el gozo del Señor! Y si la muerte me toca, entraré el mismo día en el paraíso, en la presencia de Dios. ¿No quiere usted tener las mismas certezas?”.
Domingo 4 Septiembre El amor nacido de corazón limpio, y de buena conciencia, y de fe no fingida… Manteniendo la fe y buena conciencia, desechando la cual naufragaron en cuanto a la fe algunos. 1 Timoteo 1:5, 19 Por esto procuro tener siempre una conciencia sin ofensa ante Dios y ante los hombres. Hechos 24:16 La conciencia, señal de advertencia “Ciencia sin conciencia no es más que ruina del alma”. Esta frase de Rabelais (escritor francés, 1494-1553) da una justa importancia a la conciencia, facultad que Dios dio al hombre cuando este desobedeció a su Creador en el huerto de Edén (Génesis 3:7-8). La conciencia es el conocimiento intuitivo del bien y del mal, que todos los hombres poseen. Así todos sentimos más o menos vergüenza cuando hacemos algo que sabemos que está mal. Y también nos sentimos satisfechos cuando hacemos el bien. Pero la conciencia no es totalmente fiable, ella puede ser más o menos sensible. Por eso algunos piensan que el bien y mal son nociones relativas. Pero veamos lo que Dios nos enseña sobre este tema del bien y del mal.
La Biblia, su Palabra, es la verdadera referencia para conocer la verdad; ella nos muestra el camino del bien en medio del mal que nos rodea. El bien es lo que está de acuerdo con el pensamiento de Dios; todo lo opuesto a Dios y a las verdades de su Palabra es malo.
La Biblia presenta a un Dios santo y justo que es luz (1 Juan 1:5), pero que también es amor (1 Juan 4:16). Él nos envió a su Hijo Jesucristo, “el camino, y la verdad, y la vida” (Juan 14:6). Creyendo en él y en su obra en la cruz recibimos una naturaleza nueva, divina, que capacita al creyente para dejar que la Palabra de Dios obre en su conciencia para juzgar lo que en él no es conforme a la justicia y a la santidad divinas.
Sábado 3 Septiembre Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida. Proverbios 4:23 Huid de la fornicación. Cualquier otro pecado que el hombre cometa, está fuera del cuerpo; mas el que fornica, contra su propio cuerpo peca. 1 Corintios 6:18 Jóvenes cristianos en peligro Nuestro mundo es un océano de tentaciones y de corrupción sexual. La sociedad se burla de los tabúes y prohibiciones del pasado, pero sobre todo ignora voluntariamente las advertencias de la Palabra de Dios.
El cristiano desea permanecer puro hasta el matrimonio. ¿Y cómo permanecer puro en un mundo inmoral, cómo agradar a nuestro Señor en medio de tantas tentaciones? La Palabra de Dios nos exhorta a:
– Mantener puros nuestros pensamientos, porque ellos son la fuente de todos los actos. Sabiendo que del interior, de nuestros corazones, “salen los malos pensamientos… las fornicaciones…” (Marcos 7:21); pensar en “todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro” (Filipenses 4:8).
– Poner la confianza en Dios y no en sí mismo, recordando que en nosotros mismos no tenemos ninguna fuerza. “Fíate del Señor de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia” (Proverbios 3:5).
– Orar. “Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil” (Marcos 14:38).
– Tener cuidado con los lugares y las personas que frecuentamos. “No erréis; las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres” (1 Corintios 15:33). El apóstol Pablo dijo: “El mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo” (1 Tesalonicenses 5:23).