¿Cuál es el objetivo de mi vida? (2)

Bienaventurados los que no vieron, y creyeron (en Jesucristo).

Juan 20:29

Bienaventurado aquel cuya transgresión ha sido perdonada, y cubierto su pecado.

Salmo 32:1

Bienaventurado el hombre que puso en el Señor su confianza.

Salmo 40:4

¿Cuál es el objetivo de mi vida? (2)

Los futbolistas profesionales famosos citados en la hoja de ayer afirmaron que el objetivo principal de su vida no era marcar goles en un campo de fútbol, ni obtener dinero y gloria, sino cultivar una relación con el Dios que cambió sus vidas, y con su Hijo Jesucristo. Fue él quien les dio seguridad para la vida presente y una esperanza para el futuro. Son declaraciones sorprendentes de aquellos a quienes el público llama «dioses del estadio» y que, en principio, tienen todo lo que el mundo puede ofrecer. Creer en Dios y en su Hijo nos comunica la vida misma de Cristo, nos muestra sus promesas y da un nuevo enfoque a nuestra existencia. Esta fe da una respuesta segura a las aspiraciones más secretas, comunes a todos los hombres, y a su necesidad básica. ¿De qué aspiraciones y necesidad se trata?

–El deseo de ser amados tal como somos y no solo por lo que somos capaces de hacer.

–El deseo de tener paz en nuestro interior, una paz duradera que persiste incluso en medio de las dificultades de la vida.

–El deseo de ser perdonados y liberados de la carga de nuestra culpabilidad.

–El deseo de ser cuidados y amados por el Dios todopoderoso, y esto especialmente en los períodos difíciles.

–La necesidad de tener una seguridad para el más allá: nadie puede considerar con serenidad su muerte y su encuentro con Dios sin tener la seguridad de que sus pecados han sido perdonados.

2 Crónicas 8 – 1 Corintios 1 – Salmo 98:4-9 – Proverbios 21:31

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¿Por qué demanda Dios que lo alabemos?

AGOSTO, 22

Complacido en alabar

Devocional por John Piper

Te alaben los pueblos, oh Dios; todos los pueblos te alaben. (Salmos 67:3, 5)

¿Por qué demanda Dios que lo alabemos?

C. S. Lewis dice:

Así como los hombres alaban espontáneamente lo que sea que valoren, también espontáneamente nos instan a unirnos a ellos en la alabanza del objeto de su adoración: “¿No es encantadora? ¿No fue glorioso? ¿No cree que eso fue magnífico?”

Cuando los salmistas nos dicen que alabemos a Dios, lo que están haciendo es lo que todos los hombres hacen cuando hablan de aquello que les interesa. La única dificultad, y más general, que yo tenía respecto de la adoración a Dios dependía de que me negaba de un modo absurdo, en relación al Tesoro supremo, a hacer lo que todos nos deleitamos en hacer, lo que en verdad no podemos evitar hacer, con todas las demás cosas que valoramos.

Creo que nos gozamos al alabar aquello que disfrutamos porque la alabanza no es una mera expresión de ese disfrute, sino que lo completa: es su consumación establecida. No es tan solo con la intención de hacerse cumplidos que los amantes se dicen una y otra vez cuán bellos son; el deleite es incompleto hasta que se expresa.

¡Esa es la solución! Alabamos aquello en lo que nos deleitamos porque nuestro deleite queda incompleto hasta que se ve expresado en la alabanza. Si no se nos permite hablar de aquello que valoramos, celebrar aquello que amamos, y adorar aquello que admiramos, nuestro gozo no puede ser completo.

Por lo tanto, si el amor de Dios hacia nosotros es suficiente para completar nuestro gozo, él no solo debe darse a sí mismo, también debe ganarse la alabanza de nuestros corazones: no porque necesite reforzar alguna debilidad suya o compensar alguna deficiencia, sino porque nos ama y busca la plenitud de nuestro gozo —que solo se encuentra al conocerlo y alabarlo a él, el más magnífico de todos los seres vivientes—.

Si Dios realmente es por nosotros, ¡debe ser por sí mismo! Dios es el único Ser en todo el universo para quien la búsqueda de su propia alabanza es finalmente un acto de amor. Para él, la exaltación de su propio nombre es la mayor de las virtudes. Cuando Dios hace todas las cosas «para la alabanza de su gloria», preserva y ofrece lo único en todo el mundo que puede satisfacer nuestros anhelos.

¡Dios es por nosotros! Y el fundamento de este amor es que Dios ha sido, es y siempre será por sí mismo.


Devocional tomado del libro “Deseando a Dios”, páginas 48-49

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¿Cuál es el objetivo de mi vida? (1)

Dios le dijo: Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma… Así es el que hace para sí tesoro, y no es rico para con Dios.

Lucas 12:20-21

(Jesucristo dijo:) Haceos… tesoro en los cielos que no se agote.

Lucas 12:33

¿Cuál es el objetivo de mi vida? (1)

Cada cuatro años el mundial de fútbol enardece el mundo deportivo. Se estima que mil millones de personas a nivel mundial participaron, en 2014, en este evento ultra mediatizado. ¡Cuántos niños sueñan con un futuro tan glorioso como el de sus ídolos del fútbol! Celebridad, riqueza y honores están asegurados a los jugadores de los equipos vencedores.

Sin embargo, marcar goles no es lo más importante en la vida de algunos de ellos. El dinero y la gloria no consiguieron colmar sus aspiraciones más profundas:

–Wynton Rufer, neozelandés, «el jugador oceánico del siglo», dijo: «Durante un tiempo este deporte fue literalmente mi religión, y Pelé fue mi dios, pero luego la Biblia pasó a ser mi guía. Me abrió la puerta del cielo y me dio acceso al amor incondicional de Dios».

–Nicola Legrottaglie, italiano, defensa en la Juventus, afirmó: «En enero de 2006 encontré a una persona que transformó totalmente mi vida: Jesucristo. Desde entonces dirijo mi vida según las directrices de la Biblia, la Palabra de Dios. Por fin comprendí que es vital mantener una relación personal con Jesús».

–Cacau, alemán de origen brasileño, dijo: «¿De qué sirve marcar un gol ante 70.000 espectadores, si no tienes la vida eterna?».

–Zé Roberto, brasileño, club de Hamburgo, dijo: «Mi decisión de confiar mi vida a Jesús llegó a ser más importante que mi pasión por el fútbol. Saber que soy amado por Dios me da la fuerza para enfrentarme a todas las situaciones».

(mañana continuará)

2 Crónicas 7 – Lucas 24:36-53 – Salmo 98:1-3 – Proverbios 21:29-30

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La felicidad inconmovible de Dios

AGOSTO, 21

La felicidad inconmovible de Dios

Devocional por John Piper

Estas cosas os he hablado, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea perfecto. (Juan 15:11)

Dios es absolutamente soberano:

Nuestro Dios está en los cielos; Él hace lo que le place (Salmos 115:3).

Esto quiere decir que Dios no está frustrado. Se regocija en todas sus obras cuando las contempla como colores del magnífico mosaico de la historia de la redención. Su felicidad es inconmovible.

Lo que lo hace feliz es el deleite que tiene en sí mismo. Antes de la creación, Dios se regocijaba en la imagen de su gloria reflejada en la persona de su Hijo. Luego, el gozo de Dios «se hizo público» en las obras de la creación y de la redención.

Estas obras llenan de gozo el corazón de Dios porque son un reflejo de su gloria. Todo lo que él hace tiene el fin de preservar y manifestar su gloria, porque es en ello que su alma se regocija.

Todas las obras de Dios culminan en la alabanza de su pueblo redimido. El clímax de su felicidad es el deleite en los ecos de su excelencia producidos por la alabanza de los santos. Esta alabanza es la consumación de nuestro propio gozo en Dios.

Por consiguiente, la búsqueda de Dios de nuestra alabanza y nuestra búsqueda del gozo en Él son la misma búsqueda. ¡Este es el maravilloso evangelio!


Devocional tomado del libro “Deseando a Dios”, página 53

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Jesús es la persona que buscan

AGOSTO, 20

Jesús es la persona que buscan

Devocional por John Piper

Toda autoridad me ha sido dada en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado; y he aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. (Mateo 28:18-20)

El último capítulo de Mateo es una ventana que se abre ante el glorioso amanecer del Cristo resucitado. A través de ella, se pueden divisar al menos tres cimas imponentes en la cordillera del carácter de Cristo: la cima de su poder, la cima de su bondad y la cima de su resolución.

Todos sabemos en nuestro corazón que si el Cristo resucitado ha de satisfacer nuestro deseo de admirar la grandeza, Él debe ser grandioso.

La gente que es demasiado débil para llevar a cabo sus planes no puede satisfacer nuestro deseo de admirar la grandeza. Admiramos aún menos a las personas que no tienen metas en la vida. Y todavía menos a aquellos cuyos planes son meramente egoístas y crueles.

Anhelamos ver y conocer a una Persona cuyo poder es ilimitado, cuyo corazón es sensible y bondadoso, y cuyo propósito es único y firme.

Los novelistas y los poetas y los guionistas de películas y de programas de televisión, de vez en cuando, crean una sombra de esta Persona. Pero no pueden satisfacer nuestra sed de admirar más que lo que la revista National Geographic de este mes puede satisfacer mi deseo de ver el Gran Cañón.

Necesitamos lo verdadero. Debemos ver el Original de todo poder y bondad y propósito. Debemos ver y adorar al Cristo resucitado.


Devocional tomado del sermón“Worship the Risen Christ”

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¿Qué puedo hacer por ti?

Yo (Jesús) os digo: Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá.

Lucas 11:9

¿Qué puedo hacer por ti?

–“¿Qué te haré yo?”, preguntó el profeta Eliseo a una viuda (2 Reyes 4:2). Esta mujer tenía deudas y no poseía ningún recurso. Eliseo añadió: “Declárame qué tienes en casa”. La respuesta fue elocuente: “Tu sierva ninguna cosa tiene en casa, sino una vasija de aceite”. Él respondió satisfaciendo las necesidades de aquel hogar mediante una abundancia de aceite. Las deudas fueron pagadas y la familia alimentada.

–“¿Qué, pues, haremos por ella?” (2 Reyes 4:14), preguntó más tarde Eliseo a su siervo con respecto a otra mujer, pero esta vez era una mujer rica. La respuesta fue precisa: “He aquí que ella no tiene hijo”. El profeta llamó a la mujer y le hizo esta promesa: “Abrazarás un hijo” (2 Reyes 4:16). Y la promesa se cumplió.

–“¿Qué quieres que te haga?”, preguntó Jesús al ciego Bartimeo. La respuesta fue inmediata: “Maestro, que recobre la vista” (Marcos 10:51). Fue precisamente su ceguera lo que hizo que Bartimeo fuese a Jesús. Mediante una palabra Jesús le abrió los ojos, respondiendo a su fe de una manera extraordinaria.

Estos ejemplos nos animan a dirigirnos sencillamente a Dios, sin hacer discursos inútiles. No pensemos que es necesario emplear fórmulas consagradas para exponer a Dios nuestra situación o la de los demás. Tengamos la sencillez de decirle: «Este es el caso, necesitamos tu ayuda». Su respuesta siempre estará adaptada a nuestras necesidades.

Hoy Dios pregunta a cada uno de nosotros: ¿Qué puedo hacer por ti? La respuesta es un asunto personal entre él y nosotros.

2 Crónicas 6:1-21 – Lucas 23:26-56 – Salmo 97:1-7 – Proverbios 21:25-26

Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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El significado de la resurrección

AGOSTO, 19

El significado de la resurrección

Devocional por John Piper

Si confiesas con tu boca a Jesús por Señor, y crees en tu corazón que Dios le resucitó de entre los muertos, serás salvo. (Romanos 10:9)

El significado de la resurrección es que Dios está a nuestro favor. Su objetivo es afianzar una relación estrecha con nosotros, y vencer nuestro sentido de abandono y distanciamiento.

La resurrección de Jesús es la declaración de Dios a Israel y al mundo de que nosotros no podemos abrirnos camino hacia la gloria, pero que su intención es hacer lo imposible para que lleguemos allí.

La resurrección es la promesa de Dios de que todos los que confíen en Jesús serán beneficiarios del poder de Dios que nos conduce por el camino de justicia y a través del valle de sombra de muerte.

Por lo tanto, creer de corazón que Dios levantó a Jesús de entre los muertos implica mucho más que la aceptación de un acontecimiento: implica la confianza en que Dios esta a nuestro favor, en que él ha afianzado una relación estrecha con nosotros, en que él está transformando nuestra vida y en que él nos salvará para su gozo eterno.

Creer en la resurrección implica creer en todas las promesas de vida y de esperanza y de justicia por las que la resurrección tuvo lugar.

Significa estar tan confiados en el poder y amor de Dios que ningún temor a perder bienes mundanos ni la codicia por las ganancias de este mundo podrán tentarnos a desobedecer a su voluntad.

Esa es la diferencia entre Satanás y los santos. Oh, Dios quiera circuncidar nuestros corazones para que lo amemos y hallemos descanso en la resurrección de su Hijo.


Devocional tomado del libro “Crea en su corazón que Dios levantó a Jesús de los muertos” 

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Una vieja profecía

Escudriñad las Escrituras… ellas son las que dan testimonio de mí.

Juan 5:39

El Señor Dios dijo a la serpiente:… esta (la descendencia de la mujer) te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar.

Génesis 3:14-15

Una vieja profecía

El segundo versículo del encabezamiento es una de las más antiguas profecías bíblicas.

Dios la pronunció cuando Satanás, bajo la forma de una serpiente, acababa de seducir al hombre y a la mujer para incitarlos a desobedecer. A partir de ese momento, el mal marcó toda la humanidad. Pero mediante esta profecía, Dios dejó entrever un destello de esperanza. Con mucha antelación anunció, cuando entró el pecado en el mundo, el remedio que él mismo iba a dar a esta trágica situación.

La descendencia de la mujer se refiere a Jesucristo hecho hombre al nacer de una mujer, María. La cruz en la que aceptó morir interrumpió su vida en la tierra; esto es lo que sugiere el hecho de tener el calcañar herido: es como si su trayectoria aquí en la tierra fuese detenida. En apariencia, la muerte de Jesús era la victoria de Satanás, pero en realidad marcó su destrucción. Mediante su muerte, Cristo pudo destruir “al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo” (Hebreos 2:14). ¡Qué victoria! Aplastó la cabeza de la serpiente, es decir, la venció totalmente. Jesús murió, pero resucitó. Es el primer hombre resucitado en el cielo. Él es el camino para salvar de la muerte a todos los que creen en él.

Esta profecía, que ya tiene varios milenios, se cumplió hace más de 2.000 años. Satanás todavía sigue reinando en el mundo y esclaviza a los hombres. Pero llegará el día en que será echado al infierno, debido a la victoria que Cristo obtuvo sobre él en la cruz (Apocalipsis 20:10).

2 Crónicas 5 – Lucas 23:1-25 – Salmo 96:7-13 – Proverbios 21:23-24

Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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Esperanza para obedecer mandamientos difíciles

AGOSTO, 18

Esperanza para obedecer mandamientos difíciles

Devocional por John Piper

El que quiere amar la vida y ver días buenos… apártese del mal y haga el bien. (1 Pedro 3:10-11)

Hay solo una razón básica por la cual desobedecemos los mandamientos de Jesús: porque no confiamos en que la obediencia nos traerá más bendición que la desobediencia. No confiamos plenamente en lo que Dios prometió.

¿Qué prometió Dios? Pedro lo enseña de este modo:

No [devolváis] el mal por mal, o insulto por insulto, sino más bien [bendecid], porque fuisteis llamados con el propósito de heredar bendición. El que quiere amar la vida y ver días buenos… apártese del mal y haga el bien (1 Pedro 3:9-11).

Siempre estaremos mejor en obediencia que en desobediencia, incluso si obedecer nos costara la vida:

En verdad os digo: No hay nadie que haya dejado casa, o hermanos, o hermanas, o madre, o padre, o hijos o tierras por causa de mí y por causa del evangelio, que no reciba cien veces más ahora en este tiempo… junto con persecuciones; y en el siglo venidero, la vida eterna (Marcos 10:29-30).

La única forma de obtener el poder necesario para seguir a Cristo en el costoso camino del amor es estar llenos de esperanza, y con la plena confianza de que si perdemos nuestra vida haciendo su voluntad, la volveremos a encontrar y seremos recompensados abundantemente.


Devocional tomado del sermón“The Power of Hope”

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El que camina en su rectitud teme al Señor.

Todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta.

Hebreos 4:13

Hablad verdad.

Efesios 4:25

El que camina en su rectitud teme al Señor.

Proverbios 14:2

Ser verdadero

El Señor Jesús, quien sabe hablar con dulzura y ternura, a veces empleó palabras que nos parecen duras. Incluso trató de hipócritas a ciertos hombres religiosos. Su meta era descubrir el estado moral de ellos para que tomaran conciencia de su propia maldad.

La palabra “hipócrita” utilizada por el Señor es originaria del lenguaje teatral antiguo. Significaba “actor” y describía, por extensión, una persona que al representar un papel, mostraba un rostro que no era el suyo. La hipocresía es, pues, una mentira que puede manifestarse tanto en el comportamiento como en las palabras.

Amigos cristianos, se puede ser hipócrita sin darse cuenta de ello. Por debilidad o cobardía se corre el riesgo de mentirse a sí mismo tanto como a los demás. Jesús, quien es “la verdad” (Juan 14:6), mostró mucha energía para denunciar la hipocresía.

Evitemos pronunciar frases estereotipadas que no correspondan a nuestra convicción o a nuestro pensamiento. Seamos rectos, reconozcamos nuestros temores, dudas y debilidades. Mostrémonos tales como somos, frente al Señor y ante nuestros semejantes, sin ambigüedad ni rodeos.

Jesús, hombre perfecto a quien se le preguntaba: “¿Tú quién eres?”, pudo responder: “Lo que desde el principio os he dicho” (Juan 8:25). Verdaderamente su pensamiento no iba más allá de su palabra (Salmo 17:3).

Pidámosle la fuerza moral para poner en práctica lo que sabemos que es verdad.

2 Crónicas 3-4 – Lucas 22:47-71 – Salmo 96:1-6 – Proverbios 21:21-22

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