Jesús… dijo: A mí me conocéis, y sabéis de dónde soy; y no he venido de mí mismo, pero el que me envió es verdadero, a quien vosotros no conocéis. Pero yo le conozco, porque de él procedo, y él me envió.
Juan 7:28-29
El que me ha visto a mí, ha visto al Padre.
Juan 14:9
Señor, ¡muéstranos al Padre!
¿Quién es Jesús? Nació en Belén de Judea, en el primer siglo de nuestra era. Vivió toda su infancia en Nazaret de Galilea. Ejerció la profesión de carpintero hasta la edad de 30 años. Luego, durante unos tres años, recorrió las provincias de Galilea y Judea anunciando la Buena Nueva del reino de Dios. Juzgado y condenado a muerte, fue crucificado entre dos malhechores. Desde principios de la era cristiana, los historiadores reconocieron estos hechos y los escribieron.
Pero si usted realmente quiere saber quién es Jesús, debe leer los evangelios, los primeros libros del Nuevo Testamento. Estos nos cuentan cómo Jesús llamó a doce hombres para que fuesen sus discípulos, y con ellos recorrió el país llamando a los hombres al arrepentimiento y anunciando el perdón de Dios. Esos discípulos fueron testigos de lo que sucedió durante los tres años de la vida pública de Jesús. También fueron testigos de su muerte, pero lo vieron de nuevo vivo, como Cristo resucitado. Estuvieron allí cuando Jesús fue alzado al cielo.
Así descubrimos que Jesús es mucho más que un profeta que transmitió la Palabra de Dios. Él mismo es esa palabra viva, el Verbo de Dios que revela a Dios como Padre.
Algunas personas piensan que Dios es duro, que quiere castigarnos, hacernos pagar… Jesús destruye nuestras falsas ideas sobre Dios para mostrarnos su amor y su nombre: Dios Salvador. Todos los que creen en Jesús, el Hijo de Dios, pasan a ser hijos de Dios.
Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa.
Hechos 16:31
Yo y mi casa serviremos al Señor.
Josué 24:15
Nuestras familias
Con razón muchas personas se conmueven al ver que la célula familiar se desintegra, pues la familia es la estructura sobre la cual está fundada toda la sociedad.
La Biblia habla mucho de la familia. Nos dice que Dios conoce a cada familia: “… el Padre de nuestro Señor Jesucristo, de quien toma nombre toda familia en los cielos y en la tierra” (Efesios 3:15). La casa del creyente tiene una posición privilegiada, pero también una gran responsabilidad.
–Privilegiada porque el deseo de Dios es salvar la familia del creyente. Es cierto que cada miembro de esta familia tendrá que creer personalmente en Jesucristo para ser salvo, pero el plan de Dios es bendecir tal casa. Noé “preparó el arca en que su casa se salvase” (Hebreos 11:7), de manera que él y los suyos escaparon del diluvio.
–Una gran responsabilidad, porque los padres deben enseñar a sus hijos las preciosas verdades de la fe y ponerlas en práctica ante ellos. ¡Feliz el hogar donde padres e hijos acostumbran reunirse un momento cada día para leer la Biblia, orar y cantar himnos juntos! Los hijos serán criados “en disciplina y amonestación del Señor” (Efesios 6:4).
“Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él” (Proverbios 22:6).
Quizás usted diga que este cuadro idílico no se parece al de su casa… ¿Le gustaría que eso cambiase? ¡Entonces deje a Jesucristo entrar en su hogar y llenarlo con su presencia! Como a Zaqueo, el Señor nos dice: “Hoy es necesario que pose yo en tu casa” (Lucas 19:5).
Samuel Pérez Millos, es pastor en la Iglesia Evangélica Unida de la ciudad de Vigo, España, desde el 26 de septiembre de 1981.
-Cursó los estudios de Licenciatura en Teología, en el Instituto Bíblico Evangélico, graduándose el 10 de junio de 1975.
-Master en Cristología y Espiritualidad Trinitaria.
-Autor de más de 45 libros de teología, comentarios bíblicos y vida cristiana.
-Actualmente está produciendo el Comentario Exegético al Texto Griego del Nuevo Testamento, obra en veinte volúmenes, (ver apartado Literatura).
-Colaborador en programas de Radio y Televisión, tanto en España como en Hispanoamérica.
-En el Ministerio Exterior es conferenciante en distintos países de Europa, Hispanoamérica, Estados Unidos y Australia.
-Profesor en el Instituto Bíblico “Escrituras” (AA.HH.), profesor en la Escuela Evangélica de Teología (Fieide), profesor en la Facultad Internacional de Teología (IBSTE) de Barcelona.
Yo siempre estuve contigo; me tomaste de la mano derecha. Me has guiado según tu consejo, y después me recibirás en gloria.
Salmo 73:23-24
Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios… Amados, ahora somos hijos de Dios.
1 Juan 3:1-2
De la mano
Desde mi ventana observé a una niña que caminaba por la acera de enfrente. Tenía más o menos dos años. Entonces pensé: esta niña apenas sabe hablar. ¿Conoce su apellido, su dirección, su número de teléfono? ¡No! ¡Apenas sabe su nombre! ¿Sabe a dónde va? Tampoco. ¿Está preocupada? ¡Para nada! Anda con paso firme, pues sabe una cosa: el hombre que camina a su lado es su papá y puede confiar totalmente en él. Su pequeño brazo está levantado, ella toma su mano. ¡Si su padre decidiese dejarla sola en la acera, sería una catástrofe! Pero esta idea ni se le ocurre. La toma con firmeza… Van tomados de la mano, y este contacto silencioso es toda la seguridad de la niña.
Esta relación tan dulce y sencilla entre un padre y su hija está llena de sentido para el cristiano, pues todo cristiano es un hijo de Dios, y Dios es un Padre lleno de ternura.
Un padre espera implícitamente de su hijo una confianza así. Para nuestro Padre celestial, esta confianza tiene un valor inmenso. El cristiano, si fuese abandonado a sí mismo, estaría sin recursos en la vida. Pero, aunque ignora el camino por donde ha de pasar, le basta saber que Dios conoce todo de antemano y que puede dejarse llevar por esta mano divina.
“Yo soy el buen pastor… (El pastor) va delante de ellas; y las ovejas le siguen, porque conocen su voz” (Juan 10:14, 4).
“Así los apacentó conforme a la integridad de su corazón y con la habilidad de sus manos los pastoreó” (Salmo 78:72, V. M.).
Estando al pie de la cruz, vemos manos, pies y costado destilando arroyos de preciosa sangre carmesí. Es preciosa a causa de su eficacia redentora y expiadora. Por ella los pecados del pueblo de Cristo son expiados; los creyentes son redimidos de debajo de la ley, son reconciliados con Dios y son hechos uno con Él. La sangre de Cristo es también preciosa por su poder purificador: «Si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos». Gracias a la sangre de Jesús no queda una sola mancha sobre el creyente, ni arruga ni nada semejante. ¡Oh preciosa sangre que nos haces limpio, quitando las manchas de abundante iniquidad, y permitiéndonos ser aceptos en el amado, no obstante las muchas formas en que nos hemos revelado contra nuestro Dios! La sangre es asimismo preciosa por su poder preservador. Bajo la sangre esparcida, estamos seguros contra el ángel destructor. Recordemos que la razón por la que somos perdonados es porque Dios ve la sangre. Aquí hay consuelo para nosotros cuando el ojo de la fe esté empañado. La sangre de Cristo es preciosa por su influencia santificadora. La misma sangre que justifica al quitar el pecado, después anima a la nueva criatura y la conduce a someter el pecado y a cumplir los mandamientos de Dios. No hay motivo mayor para la santidad que el que viene de las venas de Jesús. Y preciosa, inefablemente preciosa es esta sangre por su subyugante poder. Está escrito: «Ellos vencieron por la sangre del Cordero». ¿Cómo hubieran vencido de otro modo? El que lucha con la preciosa sangre de Jesús lucha con un arma que no puede conocer derrota. ¡La sangre de Jesús! El pecado muere en su presencia, la muerte deja de ser muerte, las puertas del cielo se abren. ¡La sangre de Jesús! Seguiremos adelante conquistando, mientras confiemos en su poder.
Spurgeon, C. H. (2011-06-01). Lecturas matutinas: 365 lecturas diarias (Spanish Edition) (pp. 109-110). Editorial CLIE. Kindle Edition.
Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos. Ciertamente, apenas morirá alguno por un justo… Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros… Fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo.
Romanos 5:6-10
La crucifixión de Jesucristo (2)
Los hombres tienen una gran responsabilidad en la muerte de Jesucristo. Pero, ¿se puede reducir esta muerte a una decisión jurídica injusta?
Los evangelios nos revelan otro aspecto: Jesús sabía por adelantado lo que le esperaba. Lo había dicho varias veces a sus discípulos: “El Hijo del Hombre será entregado en manos de hombres, y le matarán” (Mateo 17:22-23). Jesús, pues, sabía esto, sin embargo había decidido ofrecerse voluntariamente a Dios y dar su vida para salvar a la humanidad.
Dios es santo, absolutamente separado del mal, y el pecado (la desobediencia a Dios) es totalmente incompatible con su santidad. Pero Dios también es amor y se compadece de nosotros los pecadores. ¿Cómo pudo conciliar su santidad y su amor? La cruz de Jesucristo es la respuesta divina a esta pregunta. Jesús aceptó morir en una cruz por obediencia a Dios, quien lo había enviado, y por amor al pecador. Él, que no tenía pecado, tomó los nuestros sobre sí y sufrió el castigo. Jesús tomó el lugar de los culpables. El precio fue pagado y la justicia de Dios fue satisfecha. Dios es justo al perdonar totalmente a todos los que reconocen que Jesús murió para expiar sus pecados.
Cristo murió un viernes por la noche y fue puesto en la tumba, ¡pero la muerte no pudo retener al Hijo de Dios!
Gracias por su consulta amable oyente. Para incluir el contexto de este pasaje bíblico, permítame leer Génesis 4:1-8. La Biblia dice: Conoció Adán a su mujer Eva, la cual concibió y dio a luz a Caín, y dijo: Por voluntad de Jehová he adquirido varón.
Gen 4:2 Después dio a luz a su hermano Abel. Y Abel fue pastor de ovejas, y Caín fue labrador de la tierra.
Gen 4:3 Y aconteció andando el tiempo, que Caín trajo del fruto de la tierra una ofrenda a Jehová.
Gen 4:4 Y Abel trajo también de los primogénitos de sus ovejas, de lo más gordo de ellas. Y miró Jehová con agrado a Abel y a su ofrenda;
Gen 4:5 pero no miró con agrado a Caín y a la ofrenda suya. Y se ensañó Caín en gran manera, y decayó su semblante.
Gen 4:6 Entonces Jehová dijo a Caín: ¿Por qué te has ensañado, y por qué ha decaído tu semblante?
Gen 4:7 Si bien hicieres, ¿no serás enaltecido? y si no hicieres bien, el pecado está a la puerta; con todo esto, a ti será su deseo, y tú te enseñorearás de él.
Gen 4:8 Y dijo Caín a su hermano Abel: Salgamos al campo. Y aconteció que estando ellos en el campo, Caín se levantó contra su hermano Abel, y lo mató.
Después de las funestas consecuencias de haber desobedecido a Dios, Adán y Eva fueron expulsados del huerto de Edén. Dice el texto que en estas condiciones, conoció Adán a su mujer Eva, la cual concibió y dio a luz a Caín. Cuando el texto dice que conoció Adán a su mujer, significa que Adán tuvo relaciones sexuales con su mujer Eva. Consecuencia de esto, Eva concibió. A su tiempo, Eva dio a luz un hijo varón, y le puso por nombre Caín, diciendo: Por la voluntad de Jehová he adquirido varón. El nombre Caín está relacionado con la idea de “he adquirido” tal vez en alusión a la esperanza que Adán y Eva tenían en cuanto a que Dios les enviaría un redentor quien sería simiente de la mujer. Claro que esta promesa no se cumplió con Caín sino con el Señor Jesucristo, miles de años más tarde. Después de un tiempo, no se sabe cuánto, Eva concibió nuevamente y dio a luz a otro hijo varón. El nombre que se le dio fue Abel, nombre que significa soplo o vanidad. La corta vida de Abel hizo realidad el significado de su nombre. El texto indica que Abel fue pastor de ovejas y Caín fue labrador de la tierra. No hay ningún problema con las ocupaciones que estos dos hermanos escogieron para afrontar las necesidades de la vida. Luego el texto dice: Y aconteció andando el tiempo. Esto implica que tanto Caín como Abel sabían, de alguna manera que la Biblia no revela, que Dios había ordenado que en cierto tiempo era necesario hacer ofrendas a Dios y que esas ofrendas consistían en el derramamiento de sangre de un animal, como víctima inocente quien muere en lugar del pecador culpable. Cuando llegó el tiempo de hacer las ofrendas, el texto dice que Caín trajo del fruto de la tierra, una ofrenda a Jehová. Por su lado Abel trajo también su ofrenda, la cual consistía en lo primogénito de las sus ovejas, esto significa la mejor oveja, de lo más gordo de ellas. De alguna manera que tampoco la Biblia revela, Dios dio su veredicto sobre estas dos ofrendas. Dice el texto que miró Jehová con agrado a Abel y a su ofrenda, pero no miró con agrado a Caín y a la ofrenda suya. La pregunta sería: ¿Por qué Dios miró con agrado a Abel y su ofrenda y no miró con agrado a Caín y a la ofrenda suya? Muchas razones se han sugerido, pero la más convincente es porque Abel se sujetó a lo que Dios había ordenado mientras que Caín hizo lo que a él le pareció lo mejor. En el fondo es cuestión de creer a Dios o no creer a Dios. Abel creyó a Dios y en consecuencia hizo lo que Dios pidió. Caín no creyó a Dios y en consecuencia no hizo lo que Dios pidió. La acción de Abel es figura de la salvación por gracia por medio de la fe. Somos salvos cuando recibimos por la fe en Cristo quien derramó su sangre en lugar de nosotros. La acción de Caín es figura de la salvación por medio de las obras. Todos los que piensan que pueden ser salvos por medio de sus buenas obras, cometen el mismo error de Caín y esto no agrada a Dios. El texto prosigue diciendo que en lugar de reconocer su pecado, Caín se ensañó en gran manera y decayó su semblante. Esto significa que lejos de arrepentirse de su pecado, Caín se llenó de rebeldía y odio contra Dios. A pesar de esto, Dios quería dar una oportunidad a Caín para que se arrepienta y con amor le dijo: ¿Por qué te has ensañado, y por qué ha decaído tu semblante? Si bien hicieres, ¿No serás enaltecido? En otras palabras: Caín, reconoce tu error y haz lo que es correcto y tu ofrenda será aceptada. Dios le dijo además: Y si no hicieres bien, el pecado está a la puerta; con todo esto, a ti será su deseo, y tú te enseñorearás de él. Esto significa que si Caín persiste en desobedecer a Dios, el pecado aprovechará de esta rebeldía y lo atrapará para hacer con él lo que quiera. Caín estaba ante la disyuntiva. Reconocer su error y enmendarlo o persistir en su error y llegar a ser un esclavo de su propio pecado. Lamentablemente Caín escogió lo segundo. Por eso el texto prosigue diciendo que Caín engañó a su hermano Abel haciéndole una invitación a salir al campo. Mientras estaban en el campo, Caín se levantó contra su hermano Abel, y lo mató. Note la manera como Caín quedó a merced de su pecado. Se enojó contra Dios. Se enojó contra su hermano quien no tenía nada que ver en el pecado que él cometió. Tuvo envidia de su hermano. Engañó a su hermano y terminó matando a su propio hermano cometiendo el primer asesinato en la historia de la humanidad. Así es el pecado. Cuando le abrimos la puerta aun cuando sea sólo un poquito, corremos el riesgo de hacer cosas peores, nos volvemos esclavos del pecado. El resto del pasaje bíblico muestra las consecuencias del grave pecado de Caín. Todo pecado tiene sus consecuencias.
¿A qué se refiere Judas 11 cuando habla del “camino de Caín”?
Gracias una vez más por su consulta. Permítame leer Judas 8-11. La Biblia dice: No obstante, de la misma manera también estos soñadores mancillan la carne, rechazan la autoridad y blasfeman de las potestades superiores.
Jud 1:9 Pero cuando el arcángel Miguel contendía con el diablo, disputando con él por el cuerpo de Moisés, no se atrevió a proferir juicio de maldición contra él, sino que dijo: El Señor te reprenda.
Jud 1:10 Pero éstos blasfeman de cuantas cosas no conocen; y en las que por naturaleza conocen, se corrompen como animales irracionales.
Jud 1:11 ¡Ay de ellos! porque han seguido el camino de Caín, y se lanzaron por lucro en el error de Balaam, y perecieron en la contradicción de Coré.
Judas está hablando de los apóstatas. Un apóstata es un incrédulo quien por un tiempo aparenta ser creyente, pero en algún momento se manifiesta lo que es, y se vuelve en contra de todo lo que antes parecía apoyar. Judas nos presenta algunas características de estos apóstatas. Son soñadores. Afirman que Dios les habla por medio de sueños. Mancillan la carne, esto significa que no tienen ningún freno para satisfacer sus bajas pasiones. Rechazan la autoridad. Se revelan contra todo aquel que intente ejercer algún control sobre ellos. Blasfeman de las potestades superiores. No tienen reparo alguno para ofender a los ángeles, no importa si son buenos o malos. Judas cita el caso del arcángel Miguel, quien siendo un ángel de orden superior, sin embargo, cuando contendía con el ángel caído, llamado Satanás o diablo, disputando con él por el cuerpo de Moisés, no se atrevió a proferir juicio de maldición contra él, sino que le dijo: El Señor te reprenda. Algo que deberían tomar muy en cuenta los que hoy en día hacen lo mismo con Satanás o sus demonios. John MacArthur aconseja que los creyentes no deben dirigir la palabra a Satanás y sus demonios, sino sólo buscar al Señor y encomendarse a Él para que intervenga con su poder infinito en contra de ellos. Los apóstatas se jactan de blasfemar de cuantas cosas no conocen, y en las que por naturaleza conocen, se corrompen como animales irracionales. Por su carácter y por sus acciones, Judas prosigue mencionando lo que espera a los apóstatas. ¡Ay de ellos! Dice. Una expresión para decir: ¡Pobres de ellos! La razón es porque han seguido el camino de Caín. El camino de Caín significa seguir el ejemplo de Caín. ¿Qué es lo que hizo Caín? Pues en Génesis 4: 1-12 vemos que Caín rechazó abiertamente la voluntad de Dios de ofrecer una víctima inocente para que derrame su sangre en lugar del pecador. Los apóstatas también rechazan la voluntad de Dios de confiar en la obra del Señor Jesucristo, quien derramó su sangre en la cruz del Calvario en lugar del pecador. Los apóstatas como Caín confían en sus buenas obras para ser aceptados por Dios. Además los apóstatas se lanzaron por lucro en el error de Balaam. El error de Balaam fue poner a disposición del mejor postor su oficio como profeta para obtener ganancias deshonestas. También los apóstatas perecieron en la contradicción de Coré. Esto es que terminan como los hijos de Coré quienes perecieron por sublevarse contra la autoridad.
(Pilato) les dijo por tercera vez: ¿Pues qué mal ha hecho este? Ningún delito digno de muerte he hallado en él… Mas ellos instaban a grandes voces, pidiendo que fuese crucificado… Entonces Pilato sentenció que se hiciese lo que ellos pedían.
Lucas 23:22-24
La crucifixión de Jesucristo (1)
La crucifixión, «ese castigo de los más crueles y viles», según las palabras de Cicerón (autor latino del 1er siglo), era infligido por los romanos a los esclavos fugitivos y a los extranjeros criminales y rebeldes. Miles de condenados lo sufrieron, hasta que el emperador Constantino lo prohibió en el año 320.
Los evangelios relatan que Jesucristo fue condenado a esta muerte horrible. Pero, ¿qué crimen había cometido? Había manifestado compasión por los pobres, los abandonados, había alimentado a las multitudes, sanado a los enfermos, resucitado a muertos… Las multitudes se daban prisa para escuchar sus palabras de sabiduría y gracia. Pero Jesús también desenmascaraba las hipocresías y denunciaba el mal. Entonces, ¿por qué fue condenado? Las autoridades religiosas, celosas de su influencia, lo detuvieron y, después de un simulacro de juicio, lo acusaron de blasfemia porque había declarado que era el Hijo de Dios. Lo entregaron a la autoridad romana para que lo matasen. Pilato, aunque en tres ocasiones reconoció la inocencia de Jesús, cedió a su presión y lo condenó al suplicio de la cruz.
Pero, ¿fue esta la única razón de la muerte del Cristo? ¿Podemos considerarla solo como el resultado de un proceso inicuo, de un error jurídico voluntario? La Biblia nos señala otro aspecto sorprendente: “¿No era necesario que el Cristo padeciera estas cosas?” (Lucas 24:26).
(Jesús dijo:) ¿Cómo podéis vosotros creer, pues recibís gloria los unos de los otros, y no buscáis la gloria que viene del Dios único?
Juan 5:44
Yo, la luz, he venido al mundo, para que todo aquel que cree en mí no permanezca en tinieblas.
Juan 12:46
¿Cómo podemos creer?
Algunas preguntas de la Biblia
Jesús da este consejo: leer atentamente las Escrituras (la Biblia), pues “ellas son las que dan testimonio de mí” (Juan 5:39).
Y añade: “No queréis venir a mí para que tengáis vida” (v. 40). Es a él a quien debemos ir. Pero nuestra propia voluntad puede ser el primer obstáculo que nos impide aceptar su oferta. Ir a Jesús para tener la vida es aceptar un verdadero acercamiento, sin sombras, porque Jesús es la verdad. ¿Esto va a orientar nuestra decisión? Sea como sea, la invitación del Salvador es generosa, liberal, gratuita: “Venid a mí todos los que estáis trabajados…” (Mateo 11:28). Pero Dios no fuerza a nadie, pues respeta al hombre. Cada uno está invitado a responder: «¡Sí, voy!».
Otro obstáculo puede presentarse a la fe: el hecho de buscar la gloria que viene del hombre. Esto consiste en decir: «¿Qué van a pensar si acepto el Evangelio? ¿Podré conservar mis amigos, mi reputación, la consideración de los demás?».
¡Sin embargo, la verdad es mucho más valiosa que la reputación! Jesús nos enseña que debemos buscar “la gloria que viene del Dios único”, es decir, buscar su aprobación, tratar de agradarle humildemente y cueste lo que cueste. Así experimentaremos la verdadera libertad y una profunda paz. Jesús también dijo: “Todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla” (Mateo 7:8). El Señor va al encuentro de todo el que lo busca.