Valiosos para DIos

Isha – Salmos

DÍA 149 – Salmo 113

Dosis: Redención

Valiosos para DIos

“Él levanta del polvo al pobre y saca del muladar al necesitado; los hace sentarse con príncipes, con los príncipes de su pueblo. A la mujer estéril le da un hogar y le concede la dicha de ser madre.” (Salmo 113:7–9) (NVI)

En México les llaman pepenadores. Trabajan en los basureros buscando cosas reciclables, y suelen encontrar verdaderos tesoros. Unos años atrás leí un reportaje sobre una pareja que se iba todos los días al basurero de la ciudad y recogía cosas útiles. Cuando el reportero visitó su casa, ¡se cayó de espaldas! Vivían en comodidad, con autos de lujo y un refrigerador repleto. ¿Y cómo consiguieron tanto dinero? “La gente no sabe lo que tira”, respondieron.

Un amigo mío trabajaba con drogadictos y alcohólicos. Un día recibió una carta que lo ruborizó: “No pierda el tiempo con esa gente. Deben morir en la silla eléctrica y punto”. ¡Qué bueno que mi amigo no pensaba igual! Ciertamente se necesita un corazón de siervo como el de él, pero él solo está imitando a su Padre Celestial. Porque Dios levanta del polvo al pobre. Va al basurero y encuentra al necesitado.

Dios me sacó a mí también del basurero del pecado. En cierta ocasión leí la siguiente frase: “¿Qué diferencia hay entre una prostituta y tú, mujer?” El autor concluyó: “La ropa que visten”. Todas hemos pecado. La Escritura es tajante al respecto. La mentira nos separa de Dios tanto como el adulterio o el homicidio. Las consecuencias son más graves para aquellos pecados que abusan del cuerpo y que privan a otros de la vida, pero delante de Dios, el pecado nos separa a todos de su santidad.

Pero Jesús vino para darnos buenas noticias. Por su sacrificio y su sangre, hoy podemos entrar a su presencia. Él nos hace sentar al lado de príncipes y de su Hijo, el Príncipe de Paz. No porque seamos mejores, sino porque en Cristo somos valiosas. Pidamos perdón a Dios si hemos pensado que alguna clase de personas son menos valiosas y merecen estar en un basurero. Más bien demos gracias a Dios porque tuvo a bien sacarnos del muladar.

Y finalmente en el versículo leemos algo más: la dicha de la mujer estéril a quien Dios da un hogar. No sé cuál sea tu situación el día de hoy, pero confía en estas palabras. Si hoy vas por la vida sin un hogar, Jesús te ofrece uno. Cristo nos ofrece un lugar de pertenencia, y puede ser nuestro hoy mismo.

Oración: Señor, gracias por rescatarme del polvo de mi pecado. Ayúdame a ver a los demás valiosos para ti. Amén.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 165). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.

 

Un roquero transformado

Lunes 17 Febrero

¿No es mi palabra como fuego, dice el Señor, y como martillo que quebranta la piedra?

Jeremías 23:29

Un roquero transformado

El sonido de botas con tacos de hierro resonaba en las callejuelas de la vieja ciudad. Las chaquetas de cuero negro adornadas con calaveras y huesos cruzados daban miedo. Cuando esos roqueros llegaron a la plaza del mercado, observaron un puesto en el que unos cristianos ofrecían Biblias, libros y tratados evangélicos. Fueron directamente a ese lugar e increparon a los expositores.

Para su gran sorpresa, uno de los creyentes se adelantó, les habló del amor de Dios y les explicó que Jesucristo, el Hijo de Dios, murió en la cruz para salvar a los hombres. Uno de los roqueros, en la última fila, se impresionó por la tranquilidad y firmeza de su interlocutor. Sin dejarse ver, tomó un tratado y lo escondió en su bolsillo.

Mediante su lectura, creyó en Jesucristo, quien lo liberó de sus adicciones, lo salvó de la muerte y lo llevó a conocer la paz con Dios. Con el tiempo ese joven comenzó a presentar el Evangelio y se convirtió en un ardiente predicador.

Treinta años más tarde, predicando el Evangelio en su ciudad natal, relató este episodio de su historia. Entre los oyentes notó a un anciano en la primera hilera, quien con el rostro visiblemente emocionado lo escuchaba atentamente. De repente lo reconoció: era el cristiano que en aquella oportunidad le había hablado del amor de Dios.

“Echa tu pan sobre las aguas; porque después de muchos días lo hallarás” (Eclesiastés 11:1).

Éxodo 1 – Hechos 2 – Salmo 23 – Proverbios 10:1-2

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El siervo hebreo (2)

Domingo 16 Febrero

Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella.

Efesios 5:25

El siervo hebreo (2)

Desde hace seis años le sirvo.
He trabajado para mi señor,
Respondiendo cada día a sus deseos;
Siervo comprado, he pagado la deuda:
Por fin puedo irme, la ley así me lo permite.
Pero en esta casa se han tejido lazos
Mucho más fuertes que la esclavitud,
Más poderosos que la ley;
Hay un motivo más grande,
Más bello que me retiene,
Y no me tomaré esta libertad.
Mi señor me ha dado, durante los años de mi servicio,
Una esposa e hijos que amo.
Por él, por ella, por ellos,
Hago este sacrificio:
No quiero abandonar a aquellos
Que Dios me ha confiado.
La marca dolorosa en mi oreja
Permanecerá grabada,
Será como un testimonio de mi entrega;
Mi oreja horadada hablará desde ahora
Del amor por mi señor, mi esposa y mis hijos.
Como ese siervo, Cristo amó a su Dios,
A Su muy amada Iglesia,
A cada uno de sus rescatados,
La huella del suplicio, en su cuerpo glorioso,
Reiterará su amor durante la eternidad.

El temor del Señor

Isha – Salmos

DÍA 148 – Salmo 111 & 112

Dosis: Reverencia

El temor del Señor

“El principio de la sabiduría es el temor del Señor, buen juicio demuestran quienes cumplen sus preceptos…” “Dichoso el que teme al Señor, el que halla gran deleite en sus mandamientos.” (Salmo 111:10, 112:1) (NVI)

Tanto en Proverbios como en Salmos leemos esta declaración: el principio de la sabiduría es el temor del Señor. Así que estamos delante de un principio, una constante que haríamos bien en escuchar. Existe un temor incorrecto, humano, mundano. Es la ansiedad por el futuro y la falta de control. Este miedo debilita, paraliza y mina nuestra fe. Este temor no tiene cabida en el reino de Dios, y no es al que se refieren estos salmos. ¿Entonces cómo debemos temer a Dios? Pensemos en dos aspectos.

Temer el juicio de Dios sobre el pecado porque él es santo es bueno. Este es el tipo de temor que nos llevará a confesar nuestros pecados y dolernos porque le fallamos. Este temor nos guía a vivir como Dios quiere, nos pide que seamos honestas en nuestro diario andar y nos conduce a una conducta recta. Durante la adolescencia, me preguntaba por qué no podía hacer ciertas cosas. Quería probar experiencias y diversiones. Pero la mayoría de las veces me detuve por temor. ¿Temor a qué o a quién? Temor a ofender a mis padres, a mis abuelos, a Dios. No podía concebir que ellos se avergonzaran por mi conducta. Del mismo modo, existe un temor natural que impide que conduzcamos a exceso de velocidad o nos crucemos un alto. Este es el tipo de temor al que nos referimos. Para evitar consecuencias negativas, este temor nos detiene.

El segundo aspecto del temor a Dios es un asombro reverente que nos hace temblar frente a su majestad. Recuerdo cuando en cierta ocasión alguien me dijo que el rector de la universidad quería hablar conmigo. No sentí el primer tipo de temor, pues no había hecho nada malo. Sin embargo, mis piernas temblaban. Es el temor que surge de enfrentarnos con alguien de rango superior. Nuestra fe en Cristo es consistente con este temor reverente que nos hace postrarnos al tratar de entender la profundidad de su amor y todo lo que tuvo que padecer por salvarnos. Como bien dice un antiguo himno: “¿Te imaginas en la cruz a mi Señor? Al recordar la cruz yo tiemblo, tiemblo, tiemblo”. ¡Cómo no vamos a temblar ante un Dios tan grande y verdadero!

Cultivemos este temor espiritual pues como dice el salmo, seremos dichosas si lo hacemos. Habrá bendición en nuestros hogares, nuestros corazones estarán firmes y nuestro carácter será purificado, pero sobre todo, hallaremos la sabiduría. ¡Cuánto hace falta la sabiduría en estos días! ¿Cómo empezar a conseguirla? Temiendo al Señor. Y como dice el salmista hallaremos deleite en cumplir sus mandamientos.

Oración: Señor, quiero ser sabia. Enséñame a temerte y a obedecerte con reverencia y gozo. Amén.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 164). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.

 

El siervo hebreo (1)

Sábado 15 Febrero

Comenzando desde Moisés, y siguiendo por todos los profetas, les declaraba en todas las Escrituras lo que de él decían.

Lucas 24:27

Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí (Jesucristo).

Juan 5:39

El siervo hebreo (1)

El Antiguo Testamento aclara el Nuevo

La ley dada a Moisés para el pueblo de Israel incluía mandamientos relacionados con la vida social y familiar. He aquí, entre otros, lo que Dios le ordenaba a un amo con respecto a su siervo:

“Estas son las leyes que les propondrás. Si comprares siervo hebreo, seis años servirá; mas al séptimo saldrá libre, de balde. Si entró solo, solo saldrá; si tenía mujer, saldrá él y su mujer con él. Si su amo le hubiere dado mujer, y ella le diere hijos o hijas, la mujer y sus hijos serán de su amo, y él saldrá solo. Y si el siervo dijere: Yo amo a mi señor, a mi mujer y a mis hijos, no saldré libre; entonces su amo lo llevará ante los jueces, y le hará estar junto a la puerta o al poste; y su amo le horadará la oreja con lesna, y será su siervo para siempre” (Éxodo 21:1-6).

Detrás de la imagen del siervo hebreo reconocemos al Señor Jesús. Fue el único Hombre obediente que cumplió perfectamente la ley: amaba a su Dios. Como Siervo perfecto, hubiese podido salir libre, es decir, subir al cielo sin pasar por la muerte, pero entonces estaría solo. No habría tenido la compañía de una esposa, la Iglesia, conjunto de todos los verdaderos creyentes. Por lo tanto se dejó clavar en la cruz por amor: él pagó el precio. Dios cargó sobre él los pecados de todos los que creen.

1500 años antes de la venida de Jesús a la tierra, ese texto de Éxodo 21 nos remite a lo que Cristo hizo por la Iglesia.

Génesis 49 – Mateo 28 – Salmo 22:22-24 – Proverbios 9:10-12

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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El Mesías

Isha – Salmos

DÍA 147 – Salmo 110

Dosis: Fe y Amor

El Mesías

“El Señor ha jurado y no cambiará de parecer: «Tú eres sacerdote para siempre, según el orden de Melquisedec.»” (Salmo 110:4) (NVI)

Este es el salmo más citado en el Nuevo Testamento. San Agustín dijo que es breve por su número de palabras pero grande por el peso de sus sentencias. Ciertamente en primer lugar este salmo se refería a un rey de carne y hueso, pero bajo la inspiración del Espíritu Santo, este salmo significa mucho más porque vemos aquí al Mesías victorioso, a nuestro Señor Jesucristo.

La primera parte habla del Mesías Rey. “Así dijo el Señor a mi Señor: «Siéntate a mi derecha hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies.»” En esta metáfora, Dios le dice a su Hijo que ha vencido. Se presenta como un rey triunfador que ha doblegado a sus enemigos, y por lo tanto, los jóvenes, el ejército mismo se ofrece voluntariamente a servirle. Tenemos un Dios que no nos obliga a alabarle ni a reverenciarlo, sino todo lo contrario. Él espera que de manera espontánea nos entreguemos a él. ¿Y cómo no hacerlo cuando le vemos dominar? Que el día de hoy hagamos cosas voluntarias que agraden al Mesías que reina en toda la tierra.

La segunda parte habla del Mesías Sacerdote, el versículo que tenemos hoy para meditar. No hay nada más fuerte que un juramento divino. Aquí comprendemos que no se refiere a David, sino a nuestro Señor. El sacerdocio de nuestro Señor no depende de un linaje, sino de la gracia y la voluntad del Padre. Melquisedec es un personaje del que no sabemos mucho, por lo que se muestra como un misterio de eternidad. Por eso, nuestro Señor es de este orden: eterno y perfecto. Como sacerdote, el Señor Jesús intercede por nosotras. Está en la misma presencia del Señor rogando por sus hijas. Lo maravilloso de este salmo es que podemos comprender que Jesús no solo fue el sacerdote sino también el sacrificio. ¡Qué profundidad!

Los misterios de la fe son profundos. Nos tomará toda la vida y toda la eternidad poder conocer a fondo al Mesías, el Enviado, el Ungido por quien hoy tenemos vida eterna. ¡Qué gran oportunidad tenemos de hacerlo voluntariamente! Imagina tener un esposo que fuera un robot. Ciertamente te diría todos los días: “luces hermosa”, “te amo”, “exquisita comida”, pero no valdrían mucho sus comentarios pues no nacerían de un corazón sincero sino de algo programado. Del mismo modo, Dios nos creó con libre albedrío, la capacidad de decidir y actuar. Así como vale oro que tu esposo de la nada te diga: “te amo”, ¿cuánto no alegrará a nuestro Dios que le alabemos de forma espontánea simplemente porque lo amamos? ¡Hagámoslo hoy!

Oración: Señor Jesús, eres el Mesías victorioso y el Sacerdote que yo necesitaba. ¡Te amo! Amén.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 163). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.

 

 

El puente sobre el río Tay

Viernes 14 Febrero

Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.

Juan 14:6

El puente sobre el río Tay

En la región de Dundee, sobre la costa escocesa, se desataba una tormenta. La marea era alta y las olas chocaban violentamente contra las columnas de hierro que sostenían el puente del ferrocarril por encima de la desembocadura del río Tay. De repente se oyó el sonido del expreso que venía de Londres. El tren frenó lentamente y se detuvo justo delante del puente. El conductor dudó, esperando que este fuera lo suficientemente sólido para resistir el doble esfuerzo del mar en furia y el peso del tren. Pero los pasajeros tenían prisa por llegar. El mecánico encendió el vapor, el tren se puso en marcha… ¡y ocurrió la catástrofe! En pocos segundos no había ni tren ni puente.

Este accidente se produjo hace mucho tiempo, la noche del 28 de diciembre de 1879. Los pasajeros esperaban que el puente fuera suficientemente sólido. Pero se equivocaron y todos murieron, incluso el conductor, en quien habían puesto su confianza.

En el viaje de la vida, muchas personas desean llegar al cielo, pero depositan su confianza en un maquinista que los llevará a un puente mucho más precario que el del río Tay. Y dicen: «He leído en tal o cual libro, o he escuchado a tal o cual orador afirmar que podemos confiar en el «buen Dios». Él me recibirá de todos modos; fui bautizado y siempre puse lo mejor de mí. Eso espero…».

No se conforme con una vaga esperanza, es demasiado peligroso. Ponga su confianza en Jesucristo. “En ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos” (Hechos 4:12).

Génesis 48 – Mateo 27:32-66 – Salmo 22:16-21 – Proverbios 9:7-9

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Heridas en la batalla de la vida

Isha – Salmos

DÍA 146 – Salmo 109

Dosis: Perdón

Heridas en la batalla de la vida

“¿Qué importa que ellos me maldigan? ¡Bendíceme tú! Pueden atacarme, pero quedarán avergonzados; en cambio, este siervo tuyo se alegrará.” (Salmo 109:28) (NVI)

David estaba herido, muy herido. En este salmo David está tan dolido que pide que sus enemigos pierdan su trabajo y sus bienes. Sin embargo, a pesar de su dolor, David se abstuvo de vengarse a sí mismo y entregó su causa a Dios. Quizá nos sorprenden este tipo de salmos donde pareciera que se busca venganza, pero si recordamos que los salmos son diarios espirituales, lugares donde se exhiben todos los sentimientos humanos, podemos comprender que son momentos de desahogo en que David solo elevaba su voz con queja. ¿Lo has hecho tú también? En ocasiones vertimos en oración todo lo que está dentro, pero es mejor hacerlo con Dios que ante otros oídos.
Sabemos de primera mano que David, cuando tuvo oportunidad de vengarse, no lo hizo. Cuando tuvo a Saúl cerca, no lo mató. Por lo tanto, podemos aprender que a Dios no le toma desprevenido ningún arranque humano de ira, de duelo o de tristeza. Más bien, está al tanto, esperando que vayamos a él con nuestras cargas. A final de cuentas, aunque David se siente insultado, necesitado y acusado, pide amor en vez de odio, bendición en vez de maldición y alegría en vez de oprobio.
Todas somos heridas en la batalla de la vida. Quizá algún día nos toque otorgar un perdón que va en contra de toda lógica humana. Recuerdo a un misionero que vino a mi país para servir. En cierta ocasión su hija atravesaba la calle cuando un conductor ebrio la atropelló. La niña murió enseguida. Unos meses después, condenaron a la cárcel al asesino, y el misionero supo que debía hacer lo que Dios le pedía. Así que acudió a prisión y habló con aquel hombre. Le otorgó el perdón. Tanto impacto tuvo esto sobre el condenado, que quiso oír más de Jesús y le entregó su vida.
Si has sido insultada, acusada injustamente o difamada por otros, lleva ante Dios tus quejas y desahógate con él. Pero no busques la venganza, ni quieras tomar la justicia en tus propias manos. En la película “La Lista de Schindler”, el encargado del campo de concentración compara su poder con el de los Emperadores Romanos, quienes con una señal de su mano daban vida o muerte a los que luchaban en la arena. Pero entonces Schindler le dice que cualquiera podría dar la vida a un inocente, pero el verdadero poder era ofrecer vida, cuando se sabía que aquel hombre era culpable. No hay batalla más difícil de luchar que la que se lleva a cabo en nuestros corazones cuando sabemos que debemos perdonar pero nuestra voluntad se niega. Sin embargo, nadie puede luchar contra el poder del perdón. Recuerda que tú misma has sido perdonada. No importa cuán ilógico parezca, si tú obedeces a Dios, él te bendecirá. Y como dice el salmo, ¡qué importa que otros nos maldigan! Si tenemos la bendición de Dios, lo tenemos todo.

Oración: Señor, gracias porque puedo abrir delante de ti mi corazón. Enséñame a perdonar. Amén.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 162). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.

La llave de la puerta de entrada

Jueves 13 Febrero

Volved a aquel contra quien se rebelaron profundamente los hijos de Israel.

Isaías 31:6

Porque nunca decayeron sus misericordias. Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad.

Lamentaciones 3:22-23

La llave de la puerta de entrada

Era más de medianoche. Sin hacer ruido, Raymond sacó una llave de su bolsillo, abrió la puerta y entró a la casa. Todo estaba en silencio. Subió la escalera y entró a su antigua habitación: nada había cambiado desde que se había ido cinco años atrás.

Después de la muerte de su madre, no había tenido en cuenta ninguna de las promesas que le había hecho. Se fue a vivir «la vida». Su padre había intentado comunicarse con él muchas veces, pero en vano. Las cartas le eran devueltas con la mención: Desconocido en esta dirección. Por último, su padre descubrió dónde vivía, y un día Raymond recibió un pequeño paquete, el cual contenía… la llave de la casa, la cual acababa de usar.

Su padre no oyó nada. En la mañana, como lo hacía desde que había enviado la llave a su hijo, abrió la puerta de la habitación de su hijo y oyó: –¡Papá, he obrado tan mal! ¿Me puedes perdonar?

–Sí, Raymond. Pero, ¿le has pedido a Dios que te perdone?

–Sí, papá. Y Dios me perdonó.

La Biblia nos habla de otro hogar, “la casa del Padre”, la morada de Dios. Él es quien tiene la llave. Dios es justo y santo, no puede recibir a ningún pecador. Sin embargo, él ofrece la llave a cada uno: esta llave es el arrepentimiento y la fe en el valor del sacrificio de Jesús en la cruz, castigado en nuestro lugar. Utilice esta llave y conocerá a Dios como un Padre lleno de amor.

Génesis 47 – Mateo 27:1-31 – Salmo 22:12-15 – Proverbios 9:1-6

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¿Murió Dios en la cruz?

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

¿Murió Dios en la cruz?

R.C.Sproul

El famoso himno de la iglesia, “Maravilloso es el gran amor”, contiene una línea que hace una afirmación estremecedora: “Oh maravilla de su amor, por mí murió el Salvador*”. ¿Es correcto decir que Dios murió en la cruz?

Este tipo de expresión es popular en la himnografía y en algunas conversaciones. Así que aunque tengo escrúpulos sobre el himno, y me molesta la expresión, creo que la entiendo, y existe una manera de darle indulgencia.

Creemos que Jesucristo fue Dios encarnado. También creemos que Jesucristo murió en la cruz. Si decimos que Dios murió en la cruz, y si por eso queremos decir que la naturaleza divina pereció, nos hemos pasado de la línea hacia una seria herejía. De hecho, dos herejías relacionadas con este problema surgieron en los primeros siglos de la iglesia: teopasianismo y patripasianismo. La primera de ellas, el teopasianismo, enseña que Dios mismo sufrió la muerte en la cruz. El patripasianismo indica que el Padre sufrió vicariamente por medio del sufrimiento de su Hijo. Ambas herejías fueron rotundamente rechazadas por la Iglesia, por la razón de que categóricamente niegan el mismo carácter y naturaleza de Dios, incluyendo su inmutabilidad. No hay ningún cambio en la naturaleza sustantiva o el carácter de Dios en ningún momento.

Dios no solo creó el universo, sino que lo sostiene mediante el mismo poder de su ser. Como Pablo dijo: “Porque en Él vivimos, nos movemos y existimos” (Hch. 17:28). Si el ser de Dios cesara por un segundo, el universo desaparecería y dejaría de existir, porque nada puede existir aparte del poder sustentador de Dios. Si Dios muere, todo muere con Él. Obviamente, entonces, Dios no pudo haber perecido en la cruz.

Algunos dicen: “Fue la segunda persona de la Trinidad quien murió”. Eso sería una mutación dentro del mismo ser de Dios, porque cuando miramos a la Trinidad, decimos que los tres son uno en esencia, y que aunque hay distinciones personales entre las personas de la Divinidad, tales distinciones no son esenciales en el sentido de que son diferencias en ser. La muerte es algo que implicaría un cambio en el ser.

Deberíamos encogernos en horror ante la idea de que Dios realmente murió en la cruz. La expiación fue hecha por la naturaleza humana de Cristo. De alguna forma la gente tiende a pensar que esto disminuye la dignidad o el valor del acto sustitutivo, como si de alguna manera estuviéramos negando implícitamente la deidad de Cristo. Dios no lo quiera. Es el Dios-Hombre que muere, pero la muerte es algo que solo es experimentada por la naturaleza humana, porque la naturaleza divina no es capaz de experimentar la muerte.

*En ingles: “Que tú, Dios mío, hayas muerto por mí”.

Este extracto es tomado de The Truth of the Cross, de R.C. Sproul.

Publicado originalmente en Ligonier. Traducido por la Coalición por el Evangelio.

R.C. Sproul es el fundador de Ligonier Ministries, el maestro principal de la programación de radio Renewing Your Mind, y el editor general de la Biblia de estudio Reformation

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