El Mesías

Isha – Salmos

DÍA 147 – Salmo 110

Dosis: Fe y Amor

El Mesías

“El Señor ha jurado y no cambiará de parecer: «Tú eres sacerdote para siempre, según el orden de Melquisedec.»” (Salmo 110:4) (NVI)

Este es el salmo más citado en el Nuevo Testamento. San Agustín dijo que es breve por su número de palabras pero grande por el peso de sus sentencias. Ciertamente en primer lugar este salmo se refería a un rey de carne y hueso, pero bajo la inspiración del Espíritu Santo, este salmo significa mucho más porque vemos aquí al Mesías victorioso, a nuestro Señor Jesucristo.

La primera parte habla del Mesías Rey. “Así dijo el Señor a mi Señor: «Siéntate a mi derecha hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies.»” En esta metáfora, Dios le dice a su Hijo que ha vencido. Se presenta como un rey triunfador que ha doblegado a sus enemigos, y por lo tanto, los jóvenes, el ejército mismo se ofrece voluntariamente a servirle. Tenemos un Dios que no nos obliga a alabarle ni a reverenciarlo, sino todo lo contrario. Él espera que de manera espontánea nos entreguemos a él. ¿Y cómo no hacerlo cuando le vemos dominar? Que el día de hoy hagamos cosas voluntarias que agraden al Mesías que reina en toda la tierra.

La segunda parte habla del Mesías Sacerdote, el versículo que tenemos hoy para meditar. No hay nada más fuerte que un juramento divino. Aquí comprendemos que no se refiere a David, sino a nuestro Señor. El sacerdocio de nuestro Señor no depende de un linaje, sino de la gracia y la voluntad del Padre. Melquisedec es un personaje del que no sabemos mucho, por lo que se muestra como un misterio de eternidad. Por eso, nuestro Señor es de este orden: eterno y perfecto. Como sacerdote, el Señor Jesús intercede por nosotras. Está en la misma presencia del Señor rogando por sus hijas. Lo maravilloso de este salmo es que podemos comprender que Jesús no solo fue el sacerdote sino también el sacrificio. ¡Qué profundidad!

Los misterios de la fe son profundos. Nos tomará toda la vida y toda la eternidad poder conocer a fondo al Mesías, el Enviado, el Ungido por quien hoy tenemos vida eterna. ¡Qué gran oportunidad tenemos de hacerlo voluntariamente! Imagina tener un esposo que fuera un robot. Ciertamente te diría todos los días: “luces hermosa”, “te amo”, “exquisita comida”, pero no valdrían mucho sus comentarios pues no nacerían de un corazón sincero sino de algo programado. Del mismo modo, Dios nos creó con libre albedrío, la capacidad de decidir y actuar. Así como vale oro que tu esposo de la nada te diga: “te amo”, ¿cuánto no alegrará a nuestro Dios que le alabemos de forma espontánea simplemente porque lo amamos? ¡Hagámoslo hoy!

Oración: Señor Jesús, eres el Mesías victorioso y el Sacerdote que yo necesitaba. ¡Te amo! Amén.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 163). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.

 

 

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