5/5 – Amenazas contra la Familia

Ministerios Alimentemos El Alma

Serie: La Familia

5/5 – Amenazas contra la Familia

César Vidal

César Vidal

Historiador, abogado y autor español, César Vidal es conocido también por su labor como periodista.

Vidal estudió Derecho en la UCM y la Universidad Alfonso X, además de ser doctor en Creencias Religiosas por la UNED y cursó estudios de Teología por la Logos Christian College. Además, habla ocho idiomas.

Vidal ha trabajado para numerosos medios, como la cadena radiofónica COPE en la que presentó La Linterna, o también en EsRadio, donde condujo La noche de César. Escribe para La Razón y ha pasado por las páginas de Muy Interesante o Libertad Digital, además de participar como tertuliano en infinidad de programas y canales de televisión.

En lo literario, Vidal es conocido por su prolífica obra, tanto por sus ensayos sobre la historia de España como por sus novelas históricas, siendo ganador de numerosos premios y galardones, como el Ciudad de Cartagena, el Jaén, el Ciudad de Torreviejao el Alfonso X el Sabio.

https://cesarvidal.com/

“Soy feliz. No necesito a Jesús”

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

“Soy feliz. No necesito a Jesús”

R.C Sproul

Eso es lo que escucho de mucha gente. Me dicen: “Simplemente no siento la necesidad de Cristo”. ¡Como si el cristianismo fuera algo empaquetado y vendido en una tienda comercial! Eso es muchas veces lo que comunicamos, “Aquí hay algo que te va a hacer sentir bien, y todo mundo necesita un poquito de esto en su clóset o refrigerador”, como si fuera una comodidad que va a agregar un poquito de alegría a nuestras vidas.

Si la única razón por la que un ser humano necesita a Jesús es para ser feliz, y la persona ya es feliz sin Jesús, entonces definitivamente no necesita a Jesús.

Sin embargo, el Nuevo Testamento indica que hay otra razón por la que tú o cualquier otra persona necesita a Jesús. Hay un Dios que es completamente santo, completamente justo, y que declara que juzgará el mundo, y hará responsable a cada ser humano por su vida.

Siendo un Dios perfectamente santo y justo, requiere de cada uno de nosotros una vida de perfecta obediencia y perfecta justicia.

Si existe un Dios así, y si has vivido una vida de perfecta justicia y obediencia —en otras palabras, si eres perfecto— entonces definitivamente no necesitas a Jesús. No necesitas un salvador porque los únicos que tienen un problema son las personas que no son justas.

El problema sencillamente es este: si Dios es justo y requiere perfección de mí, y yo no soy perfecto, entonces Él me tratará con justicia, y por lo tanto me espera en el futuro un castigo a manos de un Dios santo.

Si la única manera de escapar el castigo es a través de un salvador, y si quiero escaparme de dicho castigo, entonces necesito un salvador. Algunos dicen que estamos tratando de predicar a Jesús como un boleto que nos saque del infierno, como una manera de escapar el castigo eterno. Esa no es la única razón por la cual recomendaría a Jesús a una persona, pero es una de las razones.

Creo que mucha gente en la cultura de hoy en realidad no cree que Dios los hará responsable por sus vidas; que Dios en realidad no requiere piedad. Cuando creemos eso, no sentimos el peso de la amenaza del juicio. Si no tienes temor de lidiar con el castigo de Dios, entonces puedes vivir tan feliz como quieras. Yo estaría viviendo en terrible terror y temblor al pensar en caer en las manos de un Dios santo.

Publicado originalmente en Ligonier. Traducido por la Coalición por el Evangelio.

R.C. Sproul es el fundador de Ligonier Ministries, el maestro principal de la programación de radio Renewing Your Mind, y el editor general de la Biblia de estudio Reformation

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2/3 – Cuando el matrimonio duele

Aviva Nuestros Corazones

Serie: Qué hacer cuando la vida duele

2/3 – Cuando el matrimonio duele

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/cuando-el-matrimonio-duele/

Carmen Espaillat: Aquí está Nancy Leigh DeMoss.

Nancy Leigh DeMoss: Toda nuestra cultura está siendo motivada y conducida a no experimentar dolor; a no tener que sufrir, y entonces tomamos todo tipo de medicamentos para quitar, o aminorar, o neutralizar el dolor. Y así muchas mujeres cristianas están viviendo vidas adormecidas tratando de escapar del dolor.

Ahora, no estoy diciendo que sí tienes un dolor de cabeza esté mal tomarte una aspirina. Pero yo creo que lo que necesitamos es una teología que nos lleve más allá de la aspirina que diga, “Puedo tener un dolor de cabeza— físico, emocional, o espiritual y mi vida aun está bien porque Dios continua siendo bueno.

Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss, en la voz de Patricia de Saladín.

En el programa anterior, Nancy inició una serie titulada “Qué hacer cuando la vida duele”. Ella nos comparte desde su corazón, y contesta algunas preguntas de los miembros de nuestra audiencia. Ella continuará hoy enfocándose en 1era de Pedro 3 1-9. Déjame leerlo.

“Asimismo vosotras, mujeres, estad sujetas a vuestros maridos, de modo que si algunos de ellos son desobedientes a la palabra, puedan ser ganados sin palabra alguna por la conducta de sus mujeres al observar vuestra conducta casta y respetuosa. Y que vuestro adorno no sea externo: peinados ostentosos, joyas de oro o vestidos lujosos, sino que sea el yo interno, con el adorno incorruptible de un espíritu tierno y sereno, lo cual es precioso delante de Dios. Porque así también se adornaban en otro tiempo las santas mujeres que esperaban en Dios, estando sujetas a sus maridos.

Así obedeció Sara a Abraham, llamándolo señor, y vosotras habéis llegado a ser hijas de ella, si hacéis el bien y no estáis amedrentadas por ningún temor. Y vosotros, maridos, igualmente, convivid de manera comprensiva con vuestras mujeres, como con un vaso más frágil, puesto que es mujer, dándole honor como a coheredera de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no sean estorbadas.

En conclusión, sed todos de un mismo sentir, compasivos, fraternales, misericordiosos y de espíritu humilde; no devolviendo mal por mal, o insulto por insulto, sino más bien bendiciendo, porque fuisteis llamados con el propósito de heredar bendición.”

El libro de 1era de Pedro trata sobre el sufrimiento. ¿Por qué aborda Pedro el matrimonio dentro de este contexto?

Aquí está Nancy.

Nancy: El matrimonio es una relación que obviamente incluye sufrimiento. Sin importar qué tan bueno sea tu matrimonio, hay asuntos donde tú no vas a ver las cosas de la misma forma que las ve tu pareja. Si tomamos un hombre y una mujer y los juntamos, van a tener diferencias y van a tener retos y oportunidades para sufrir.

Pero en el contexto que tenemos aquí Pedro habla a los creyentes que están sufriendo por su fe. Él dice, “Tú vas a tener sufrimiento. Si vas a vivir una vida de santidad y vas a seguir a Cristo tú vas tener que sufrir en muchas áreas y de diversas formas y en diversas temporadas”. De manera que la meta aquí no es huir del sufrimiento. La meta es encontrar la forma de caminar a través de ese tiempo de una manera piadosa.

Y luego que él nos da este increíble ejemplo de Cristo en el capitulo 2 de 1ra de Pedro, quien sufrió por nosotros sin tomar represalias, sin defenderse Él mismo, sino bendiciendo a aquellos que lo maldijeron, devolviendo bien por mal, sometiéndose al sufrimiento y todo esto porque Él conocía algo…

Él sabía que Dios era quien iba a reivindicar su justicia. Ves, si tu teología es correcta, si tu pensamiento es correcto, entonces te capacitará para vivir correctamente aun en circunstancias dolorosas e imposibles.

Entonces Pedro sigue diciendo “Ahora déjame ser aún más práctico porque de seguro estás ahí sentada pensando, ‘bueno yo no soy Jesús”, pero él dice, “tú eres una esposa”. O, a los esposos: “tú eres un esposo; tú vives en una familia”.

Luego continúa hablando acerca de las relaciones de trabajo, las relaciones donde incluso hay persecución política o religiosa. Y él dice entonces, “tú tienes circunstancias reales de la vida.” Y la primera con la que empieza es esta del matrimonio en la cual habla primero a las esposas.

Y él dice, “Algunas de ustedes están casadas con hombres que no obedecen la Palabra”. En su época, como en la nuestra, había muchas mujeres que habían llegado a conocer a Cristo, pero sus esposos no habían conocido a Cristo y las estaban ridiculizando por su fe. Estos hombres le estaban haciendo difícil el vivir como cristianas. Bueno, pues Pedro les habla a las mujeres que están viviendo circunstancias como esas.

Ayer, una mujer se acercó a mí y me dijo “Yo quiero bendecir a mi esposo pero él es muy profano. Maldice e insulta. Noventa por ciento de lo que sale de su boca es para criticar; y es horrible. Ha herido a mis hijos, quienes ya son adultos y ahora tratan de sobreponerse a ese dolor y al sufrimiento”.

Pero entonces ¿qué dice Pedro que tenemos que hacer? Sufrir. Bueno, lo que dice es “Sujétate. Sé sumisa. Ve y sométete a la autoridad de Dios. Y el someterte a la autoridad de Dios significa estar bajo la autoridad de tu pareja y hacerlo con un espíritu de humildad y de mansedumbre; con un espíritu quieto y sereno”.

¿Y cómo luce un espíritu manso, tierno y sereno? Es un espíritu que confía en Dios. Confía en que Dios es más grande, en que Dios es poderoso, que Dios es más real y que Dios está en control. El corazón del rey está en las manos de Dios (Pro. 21:1). Tu esposo no es el último rey del universo, aunque él crea que lo es. Y tampoco lo eres tú.

Así que Pedro dice “sujétate al Señor, y entonces, porque tú estás sujeta al Señor podrás sujetarte a tu pareja y podrás hacerlo con un espíritu de mansedumbre; esto es, que no le responderás de forma irrespetuosa; no responderás de la misma manera como él lo hace al tratar con las situaciones.

Pedro continúa hablando a los esposos, pero no nos enfocaremos en eso. Pero sí, también aplica esto a los esposos, quienes tienen que vivir con esposas que son imposibles de entender —y esto aplica como es la realidad de cualquier esposa en un momento determinado. Y él les dice, “Tú como hombre tienes que vivir con tu esposa de una forma comprensiva, aunque ella sea incomprensible. Así es como luce la sumisión en el caso de los hombres.

Después continúa diciendo, “En conclusión, todos ustedes, versículo 8 de 1era Pedro capítulo 3, “sed todos de un mismo sentir, compasivos, fraternales, misericordiosos y de espíritu humilde”.

Ahora, si tan solo pudiéramos tener estas cualidades ¿no terminaría esto con el 90 por ciento de todos los conflictos? Pero se empieza con una actitud de corazón que es diferente de la actitud de la persona que no conoce a Cristo. Solo con el poder del Espíritu Santo puedes tener este tipo de actitud.

Te diré algo —no vaya a ser que vayas a la casa y lo intentes— esto es algo que no puedes hacer por ti misma. No puedes ser compasiva y tener amor y amor fraternal y un corazón tierno y una mente humilde por ti misma. Ahí es donde nosotras debemos clamarle al Señor y decirle, “¡No puedo hacer esto! ¡Te necesito! Sé Tú, Jesús, en mí. Vive tu vida a través de mí. Lléname con tu Espíritu ”.

Eso es lo que realmente significa ser cristiana. Significa Cristo dentro de ti viviendo Su vida a través de ti por el poder del Espíritu Santo y el poder de la gracia de Dios.

Entonces Pedro dice “haz eso”, y luego la expresión de esa actitud de corazón, de ese corazón tierno, y de esa mente humilde… Y, por cierto, la mente humilde significa, de acuerdo con Filipenses capítulo 2, que debes estimar a todos los demás como mejores que tú misma.

Ahora aquí estamos hablando en el ámbito de lo imposible. Sé que es así, pero estamos hablando de algo sobrenatural, aquello que es posible sólo cuando estas llena del Espíritu.

Entonces dice él, “Una vez que tienes esta mente humilde y este corazón tierno y un amor fraternal y compasión, entonces te interesará más el bienestar de los demás que tu propia persona,” y él pasa a decir, “¿Cómo se vive esto?”

Bueno, el versículo 9, de 1era de Pedro 3 dice, “No devolviendo mal por mal, o insulto por insulto, sino más bien” [¿qué palabra usa aquí?.. bendecir, elogiar, hablar bien de alguien] “Sino más bien bendiciendo”. Ahora ¿De quién está hablando Pedro aquí?” ¿A quién estás bendiciendo? Estás bendiciendo a la persona que te está haciendo daño. Estás bendiciendo a la persona que te maldijo.

Él le dice a la mujer que tiene un marido injurioso, que la insulta, que la destroza, que maldice su fe, que es sencillamente un malvado… Él le dice a esta mujer “Bendice a tu marido, no lo maldigas. No le pagues de la misma forma”.

Ahora, hay muchas más cosas de las que podríamos hablar aquí. Déjenme hacer una pequeña aclaración, donde hay transgresión de la ley, donde existe comportamiento que puede dañarte físicamente… Este no es el único pasaje que aplica en esta situación. Hay otros pasajes que son tan buenos como este de primera de Pedro y que hablan acerca del papel que juega la iglesia. Es mejor que te asegures de estar en una iglesia y bajo su protección, bajo la protección espiritual de líderes piadosos y espirituales en tu iglesia. Porque hay otras ocasiones donde tendrás que acudir a la ley y a las autoridades civiles.

Las Escrituras no te dicen que le permitas a tu esposo romperte todos los huesos y que sólo te quedes ahí y lo bendigas. En adición a esto, Dios hace otras provisiones no sólo para tu bien sino también para el bien de él. De manera que hay otros pasajes que tienen aplicación aquí, pero no puedes pasar por alto este que estamos viendo.

Y por otra parte, déjame decirte que al pasar de los años he hablado con cientos de mujeres. En la gran mayoría de los casos las dificultades que vemos no llegan a estos extremos. Estamos refiriéndonos aquí a situaciones donde el esposo es simplemente un gruñón, una persona difícil para convivir. Y algunos de esos tipos de abusos y de heridas emocionales pueden ser aún más difíciles de asimilar — de acuerdo a lo que me han dicho algunas mujeres— más aun que el abuso físico.

Dios nos está diciendo que cuando seamos maldecidas nos aseguremos de no maldecir de vuelta, y nos anima a pedirle la gracia para hacer lo que dice Pedro —bendecir. Escucha el final de ese versículo 9: “Porque fuisteis llamados con el propósito de heredar bendición”.

Cosechas lo que siembras. Siembra bendiciones en las vidas de los miembros de tu familia y de tus amigos, y vas a cosechar bendiciones. Siembra maldiciones y cosecharás maldiciones.

“Así que mientras siembras bendiciones en tu familia”, Pedro dice, “vas a cumplir tu llamamiento. Dios quiere bendecirte”. Y Él lo hará, Él puede; y tú te colocarás en una posición en la que puedes ser bendecida por Dios si regresas bendiciones a esos que te maltratan y maldicen en tu contra.

Carmen: Esta es Nancy Leigh DeMoss en la serie titulada “Qué hacer cuando la vida duele”.

Nancy nos ha llevado a través de 1era de Pedro 3. Vamos a retomarlo de nuevo desde los versículos 8 al 10:

“En conclusión, sed todos de un mismo sentir, compasivos, fraternales, misericordiosos y de espíritu humilde; no devolviendo mal por mal, o insulto por insulto, sino más bien bendiciendo, porque fuisteis llamados con el propósito de heredar bendición. Pues EL QUE QUIERE AMAR LA VIDA Y VER DIAS BUENOS, REFRENE SU LENGUA DEL MAL Y SUS LABIOS NO HABLEN ENGAÑO.”

Aquí está Nancy.

Nancy Leigh DeMoss : Me imagino a Pedro aquí hablándole a una mujer cristiana (tal vez una joven creyente) que se acerca a él para decirle lo que muchas veces me cuentan algunas mujeres: “Mi esposo hace esto y esto, o mis padres hacen esto y aquello. Son muy crueles. Son muy duros. Son muy injustos. Son muy pecadores. ¿Qué puedo hacer al respecto?”

A menudo lo que estas mujeres realmente están diciendo es “¿Qué puedo hacer para arreglar o cambiar a la otra persona?” Y algunas veces pienso que quisieran que yo lo arregle o lo cambie y tal vez Pedro estaba pensando lo mismo. Y le dice a esta mujer (o pudiese haber sido un hombre, si la situación fuese al revés) él le diría algo como, “Tú no puedes hacer nada acerca de la otra persona. Tú no eres responsable por la otra persona”. Ahora bien, nuestro comportamiento y nuestras decisiones tendrán un impacto en la otra persona, pero en última instancia esa no es nuestra responsabilidad. Él nos dice, “Tú eres responsable de ti misma”.

Entonces él no dice nada acerca de la lengua o los labios del agresor o de la persona que ha estado maldiciendo. Pero él si dice “Guarda tu lengua de maldad, guarda tus labios de hablar engaño. Guarda tu corazón, guarda tu lengua, guarda tus palabras, guarda tu espíritu, guarda tu actitud.” De estas cosas es de lo que Dios te hace responsable. Ahora, mantén en mente el contexto. Él está hablando a alguien que está siendo víctima de la maldad y de la agresión. Él les dice, “Apártate del mal, y haz el bien”.

Y luego, me encanta este versículo que Pedro cita. De hecho todo este pasaje que él cita corresponde al Antiguo Testamento. (Que por cierto es otro recordatorio de cuán importante es tener la Palabra de Dios grabada en nuestro sistema para que cuando la necesites puedas hacer uso de ella, ya sea para tu necesidad o para la necesidad de alguien más).

Pedro aquí está citando, tal y como lo hacen los autores del Nuevo Testamento, él está citando el Antiguo Testamento. Ellos ni siquiera tenían copias de la Biblia, pero podían citar de forma literal pasajes completos del Antiguo Testamento. Si quieres saber cómo puedes prepararte para manejar las emergencias de la vida y las circunstancias extremas, parte de la clave (y volvemos a repetir lo mismo) es asegurarte de que conoces la Palabra de Dios.

¿Podrías recitar el Salmo 34 en tu situación o en la situación de tu amiga, de tu vecino o para alguien que está atravesando por un matrimonio difícil y está pidiendo ayuda? ¿Podrías ir a la Palabra de Dios?

Esto podría ocurrir en tu lugar de trabajo, podría suceder en la iglesia, o podría pasar en el ministerio, lo creas o no. Yo he estado en el ministerio durante toda mi vida adulta y esto pasa en nuestros grupos de líderes, pasa en el ministerio para mujeres en tu iglesia o entre los líderes de tu estudio bíblico, se darán esas situaciones. Anoche estaba hablando con alguien de una situación de la cual estoy enterada dentro de nuestro ministerio ahora mismo, en la cual hay dos personas del liderazgo que están viendo las cosas de manera diferente, y se han herido mutuamente. Esto ha causado que algunas cosas se hayan dicho que probablemente no debieron haberse dicho.

Cada una de las partes debe darse cuenta de esto, “Yo no soy responsable por el otro, solo soy responsable por mi misma”. ¿Entonces qué debo de hacer?

Hay un mal que se está haciendo. Pero debo alejarme de la maldad y hacer el bien. Eso es ser proactivo. No significa que debo correr a esconderme para escapar de la situación —aunque esa sería nuestra inclinación natural. Queremos salirnos de la situación.

Toda nuestra cultura está siendo motivada y conducida a no experimentar el dolor; no quiere tener que sufrir, y entonces tomamos todo tipo de medicamentos concebibles para quitar, o aminorar, o neutralizar el dolor. Y así muchas mujeres cristianas están viviendo vidas adormecidas, muy medicadas, tratando de escapar del dolor.

Ahora, no estoy diciendo aquí que si tienes un dolor de cabeza esté mal tomar una aspirina. Pero yo creo que lo que necesitamos es una teología que nos lleve más allá de la aspirina que diga, “Puedo tener un dolor de cabeza físico, emocional, o espiritual — y aun así mi vida esta bien porque Dios continúa siendo bueno, porque no todos los dolores de cabeza son curables”.

Dios te va a permitir caminar a través de circunstancias diversas. En algunos casos Dios va a crear circunstancias en tu vida que creerás que son un gran dolor de cabeza. Y no se van a ir, tal vez no se te quitará pronto; tal vez nunca se vaya por el resto de tu vida.

Dios te está diciendo, “No corras, no corras de la cruz”. La cruz es la razón de todo. Ese es el quid del asunto; regresar a la cruz. Es la disposición de sufrir justamente por causa de aquellos que son injustos para que Dios sea glorificado y para que ellos puedan se sanados. Es Dios que dice, “Busca hacer el bien de forma proactiva. No huyas”.

Ahora, yo no estoy diciendo, “Lánzate frente a un tren en movimiento; o ponte en el camino del peligro. Lo que estoy diciendo es “pídele a Dios que te muestre cómo —en medio de ese matrimonio, con ese hijo, con ese padre, en esa situación en tu iglesia— pídele cómo puedes hacer el bien.

La tentación será devolver mal cuando se te ha hecho daño. Esa maldad quizás no implique tomar un hierro y lanzárselo a alguien. Porque no es algo tan obvio. Pero hacemos mal con nuestro espíritu, con nuestros ojos, con nuestro lenguaje corporal, evadiendo a las personas. Hacemos maldad con la forma en que hablamos de la persona con otros.

Y Pedro nos está diciendo: “No hagas maldad, no peques al responder al pecado de los demás. En lugar de ello, haz el bien. De nuevo, déjame decirte esto de nuevo. Es Cristo haciendo el bien en ti, y a través de ti. Él es quien nos da la gracia, y el deseo y el poder para hacerlo”.

Después Pedro dice: “Busca la paz y síguela”. Wao, activamente ve tras la reconciliación. Sigue la paz. Esto es muy difícil de hacer. Aquí es donde la cosa se pone dura y se pone a prueba tu Cristianismo.

El que piense que el Cristianismo es sinónimo de debilidad no sabe de lo que se trata el Cristianismo. Necesitas de todo el poder de Dios en ti para hacer esto. Esposas, esto significa que si sus esposos deciden permanecer con ustedes, conforme a lo que dice 1era a los Corintios capítulo 7, no abandonen su matrimonio.

Ahora, sé que desde que digo esto algunas personas van a mandarme correos electrónicos y cartas contándome sobre sus matrimonios. Sí quiero escuchar acerca de sus situaciones, y me interesa, y queremos ayudarlas, y nuestro equipo quiere sostenerlas en oración.

Pero te diré algo: tenemos que volver de regreso a lo que dice la Palabra de Dios. Y esto es lo que dice, que si tu esposo (aun si no es creyente) está dispuesto a quedarse en el matrimonio, entonces Dios te dice: “No dejes tu matrimonio busca la paz y síguela”.

Ahora, Pablo dice en Romanos capítulo 12 versículo 18 que “Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres”. Esto sugiere que hay algunas situaciones donde no es posible porque la otra persona no está dispuesta a ser parte del proceso de paz.

Pero nos está diciendo: Si ese matrimonio se va a romper , asegúrate que no sea porque tú no buscaste la paz. Asegúrate que no sea porque tú incitaste los conflictos o porque tú fuiste la que buscaste el rompimiento de tu matrimonio.

Al decir esto sé que estoy hablándoles a algunas mujeres que, si obedecen las Escrituras y buscan y siguen la paz en su matrimonio, eso podría implicar el pasar el resto de sus vidas, aquí en la tierra, en un matrimonio difícil donde nunca podrán experimentar el tipo de amor y la relación y la intimidad que Dios quiso para el matrimonio.

Tal vez para algunas de ustedes esto suena como una sentencia de muerte. En un sentido tal vez si lo sea, porque todo lo que tiene vida, viene a través de la muerte. Si deseas tener la vida de Cristo viviendo plenamente dentro de ti, entonces tienes que estar dispuesta a ir a la cruz con Él. No hay atajos para la vida abundante sin ir a través de la cruz.

Pero déjame recordarte que más allá de la cruz hay una resurrección. Si tan solo pudiéramos echar un vistazo de la eternidad que hay mas allá de esta vida, entonces, una vida entera de ser mal entendida, o de ser ridiculizada, o de ser rechazada, solo sería un punto en el radar o en la pantalla… Cuando lo vemos todo dentro de la perspectiva de Dios.

Pablo dice que se trata de una “ligera aflicción momentánea” (2 Cor 4).Y tú dirás, “Esto no parece ser muy momentáneo,” ¿cuarenta años es momentáneo? Bueno depende de tu perspectiva. Estamos tan arraigadas aquí en la tierra que parecería durar para siempre, pero cuarenta años no es para siempre.

Y Pablo te dice, “Tienes que ponerlo en contexto, esa aflicción está obrando en ti y está produciendo en ti un eterno peso de gloria. Y en un momento —tan solo será un momento a la luz de la eternidad— cuando tú y yo nos paremos delante del Señor con todo el tiempo detrás y la eternidad por delante, diremos que todo valió la pena; que valió la pena hacer las cosas a la manera de Dios y obedecerle”.

Entonces Pedro dice, volvemos a 1era de Pedro capítulo 3 versículo 11 “Busca la paz y síguela”.

Carmen Espaillat: Nancy Leigh DeMoss ha estado enseñándote algo importante. Puedes responder con amabilidad, incluso cuando alguien te está tratando mal. Hacerlo no es fácil, pero puedes mostrar amabilidad con el poder de Dios.

Este programa es parte de la serie Qué hacer cuando la vida duele.

Aquí está Nancy para decirte acercas de una forma en la que te puedes preparar para los dolores de la vida y para crecer durante ellos.

Las mujeres que han asistido a las conferencias de Mujer Verdadera en los EE UU testifican de cuan maravilloso fue sentirse parte de un ejército de mujeres que comparten sus luchas y su caminar con el Señor. ¿Alguna vez has asistido a una de estas conferencias? Habrá una oportunidad muy pronto cerca de ti, en Santo Domingo, República Dominicana. Se trata de Mujer Verdadera 2015, la primera conferencia dirigida a América Latina.

Visita AvivaNuestrosCorazones.com para que obtengas más información acerca de cómo puedes participar de este evento histórico.

Cuando le estás pidiendo al Señor que cambie a alguna otra Él podría responder cambiándote a ti. Aprende por qué en el próximo programa de Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un Ministerio de alcance de Life Action Ministries. Y mi mamá es una Mujer Verdadera.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Tomado de: Aviva Nuestros Corazones

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

Negociando con la Vida

Isha – Salmos

DÍA 155 – Salmo 119

Dosis: Rectitud

Negociando con la Vida

“No negocian con el mal y andan sólo en los caminos del Señor.” (Salmo 119:3) (NVI)

Desde el libro de Génesis podemos notar la disposición natural que hay en la mujer para negociar, adquiriendo e intercambiando cosas a lo largo de su vida. Observamos en la Biblia mujeres como Ruth, Débora, Esther, la mujer en el pozo de Jacob, y aquella que derramó el frasco de perfume sobre los pies del Maestro. Aún Rahab la ramera, sin considerar su pasado como impedimento para tratar con el Dios de la vida, se atrevió a negociar con Él para estar a salvo, ella y su familia.

Así mismo, nosotras hoy por hoy estamos llamadas a negociar en rectitud. No importa cuál haya sido nuestro pasado, si hoy el Señor nos ha dado la maravillosa oportunidad de conocerle y vivir en su palabra, negociemos entonces con Él y apropiémonos del futuro y de la esperanza que nos ofrece.

¿Con quién estamos negociando actualmente, de qué manera lo estamos haciendo? No negociemos con el pecado por más atractivo que parezca. Cuando estamos frente a una tentación, dice la Biblia que Dios nos da la salida para escapar de ella. No entremos en conversaciones con aquel que se alegraría mucho de vernos derrotadas. No cedamos a sus propuestas, por más inofensivas o productivas que estas parezcan. El enemigo de nuestras almas, siempre será sagaz a la hora de plantear sus ofrecimientos, pero si lo ponemos al descubierto y sacamos sus propuestas a la luz de la palabra del Señor, sabremos con seguridad cuál será la mejor decisión. Recordemos cómo respondió Jesús a cada una de las tentaciones que el diablo le ofreció en el desierto, diciendo: “Escrito está”, aferrándose en fe y obediencia a la palabra de Dios.

En Génesis capítulo 3 leemos como Eva incurrió en el peor de los negocios, no sólo por haber accedido a desobedecer, sino por haberse sentado a negociar con el enemigo. No consideremos lo malo como probablemente bueno. El atractivo de lo malo nunca será aceptable si a la luz de la palabra de Dios encontramos detalles que muestren las grietas de esa propuesta. Si estamos llamadas a vivir para Dios, entonces tengámoslo presente a la hora de asumir cualquier acuerdo, al momento de cerrar cualquier negocio.

Jesús dijo: “En los negocios de mi Padre me conviene estar.” Si a Jesús, siendo el hijo de Dios, el Salvador del mundo le convenía estar en los negocios de su Padre, ¡cuánto más nos convendrá a nosotras ocuparnos en los negocios de nuestro amante Padre Celestial!

Aferrémonos a Su Palabra. Caminemos por la senda que nos ha señalado, un día a la vez, cada vez, todo el tiempo. Y busquemos al Señor ante cualquier propuesta, manteniéndonos en sus negocios para siempre.

Oración: Señor ayúdame a negociar sólo contigo, quiero que seas mi socio y mi amigo. Amén.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 172). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.

Historia de una Biblia

Martes 25 Febrero

(Jesús dijo:) El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.

Lucas 21:33

Historia de una Biblia

Un médico me contó: «Mi madre oraba mucho por mí. Nunca perdió la esperanza de que algún día me volviera a Dios. Pero desde mi primer año de estudios, me alejé rápidamente de lo que ella me había enseñado. Mi forma de vivir me hizo vender cosas que no necesitaba, entre otras la Biblia que mi madre me había dado cuando me fui de la casa.

Más tarde ejercí la medicina en un hospital y me enfrentaba a toda clase de sufrimientos y miseria. A veces me encontraba con verdaderos creyentes, y no podía evitar pensar en mi madre y en mi pasado.

Cierta vez llegó al hospital un paciente afectado por una grave enfermedad. Él estaba desahuciado, y lo sabía. Pero me llamó poderosamente la atención la expresión feliz de su rostro, aun cuando yo sabía que sufría dolores terribles.

Este hombre no tenía parientes; después de su deceso, se hizo el inventario de sus bienes en mi presencia. La enfermera me mostró una Biblia. ¡Qué sorpresa para mí cuando reconocí la Biblia que mi madre me había regalado! Mi nombre todavía figuraba allí, al igual que un versículo escrito con su propia mano.

Su último propietario había leído mucho esa Biblia, numerosos pasajes estaban subrayados. Este descubrimiento me dejó una profunda impresión. De repente vi mi vida de pecado desfilar ante mí. No tuve reposo hasta que acepté a Jesucristo como mi Salvador y mi Señor».

“La palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón” (Hebreos 4:12).

Éxodo 9 – Hechos 8:1-25 – Salmo 26:8-12 – Proverbios 10:17-18

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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