1/2 – Hermenéutica

Alimentemos El Alma

1/2 – Serie: Hermenéutica

Elvis L. Carballosa

 

Nació el día 6 de noviembre de 1936 en Cuba. Realizó sus estudios teológicos en Estados Unidos: en el Detroit Bible College, y en el Seminario Teológico de Dallas. También ha estudiado en la Universidad Metodista del Sur, y en la Universidad Cristiana de Texas, donde obtuvo el doctorado en Filosofía y Letras con especialidad en Historia.

Después de un ministerio pastoral y cinco años de profesorado universitario en EE.UU, marchó a España, donde fue el fundador y primer director del Instituto Bíblico y Seminario Teológico de España (IBSTE). Durante un tiempo fue rector del Seminario Teológico Centroamericano de Guatemala.

En la actualidad participa en el Instituto Bíblico Evangélico (IBE), promovido por las Asambleas de Hermanos en Vigo (Pontevedra), donde se encuentra como en su propia casa. “Yo soy —dice— de trasfondo gallego. Soy hijo de inmigrantes de ahí. Mi abuelo era militar español que fue enviado a Cuba”. El y su esposa son padres de cuatro hijos.

Acérrimo defensor del dispensacionalismo premilenial en escatología especializado en las 70 semanas de Danirl. Un exégeta popular y minucioso a la vez, con recurso constante a los textos originales y su gramática, a fin de que el estudioso bíblico pueda proseguir su propio y personal estudio inductivo de la Escritura.

45/63 – ¿Falsa Religiosidad o Devoción Verdadera? | Marcos 12:38-44

Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo

Serie: Marcos

45/63 – ¿Falsa Religiosidad o Devoción Verdadera? | Marcos 12:38-44

Ps. Sugel Michelén

El pastor Michelén ha formado parte del Consejo de Ancianos de Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo en Santo Domingo, República Dominicana, durante más de 30 años.Tiene la responsabilidad de predicar la Palabra regularmente en el día del Señor.Tiene una Maestría en Estudios Teológicos y es autor de varios libros: Historia de las Iglesias Bautistas Reformadas de Colombia, Coautor junto al Pastor Julio Benítez; La Más Extraordinaria Historia Jamás Contada, Palabras al Cansado – Sermones de aliento y consuelo; Hacía una Educación Auténticamente Cristiana, El que Perseverare Hasta el Fin; y publica regularmente artículos en su blog “Todo Pensamiento Cautivo”https://www.todopensamientocautivo.com/

Él es instructor asociado en Universidad Wesleyana en Indiana (IWU), extensión en español; enseña Filosofía en el Colegio Cristiano Logos; y durante 10 años, ha sido profesor regular de la Asociación Internacional de Escuelas Cristianas (ACSI) para América Latina. El pastor Michelén, junto a su esposa Gloria tiene tres hijos y cuatro nietos.

Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo

¿Por qué es importante la doctrina del infierno?

Coalición por el Evangelio

¿Por qué es importante la doctrina del infierno?

TIM KELLER

En 2003, un grupo de investigación descubrió que el 64% de los estadounidenses esperan ir al cielo cuando mueran, pero menos del 1% piensa que podrían ir al infierno. No solo hay muchas personas hoy en día que no creen en la enseñanza de la Biblia sobre el castigo eterno. Incluso aquellos que sí creen en él lo encuentran un concepto irreal y remoto. Sin embargo, es una parte muy importante de la fe cristiana por varias razones.

1. El infierno es importante porque Jesús enseñó sobre esto más que todos los demás autores bíblicos juntos.

Jesús habla de “fuego y castigo eternos” como la morada final de los ángeles y seres humanos que han rechazado a Dios (Mt. 25:4146). Él dice que aquellos que se entreguen al pecado estarán en peligro del “fuego del infierno” (Mt. 5:2218:8-9.) La palabra que Jesús usa para “infierno” es Gehenna, un valle en el que se quemaban diariamente pilas de basura, así como los cadáveres de aquellos sin familia que pudiera enterrarlos. En Marcos 9:43, Jesús habla de una persona que va al “infierno [gehenna], donde su gusano no muere y el fuego no se apaga”. Jesús se refiere a los gusanos que viven en los cadáveres en el montón de basura. Cuando toda la carne es consumida, los gusanos mueren. Sin embargo, Jesús está diciendo que la descomposición espiritual del infierno nunca termina, y es por eso que “su gusano no muere”.

En Mateo 10:28, Jesús dice: “No teman a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma; más bien teman a Aquél que puede hacer perecer tanto el alma como el cuerpo en el infierno”. Él está hablando a los discípulos, algunos de los cuales eventualmente serán torturados, cortados por la mitad, desollados, y quemados vivos. Sin embargo, Jesús dice que eso es un picnic comparado con el infierno. Claramente, para Jesús, el infierno era un lugar real, ya que dijo que después del juicio las personas lo experimentarían en sus cuerpos. El infierno es un lugar no solo de sufrimiento físico sino también espiritual.

Si Jesús, el Señor del amor y el autor de la gracia habló sobre el infierno con mayor frecuencia y de una manera más vívida y cruda que nadie, debe ser una verdad crucial.

Jesús describió constantemente al infierno como fuego doloroso y “oscuridad exterior” (Mt. 25:30; cp. Jd. 6,7,13), un lugar de inimaginable y terrible miseria e infelicidad. Si Jesús, el Señor del amor y el autor de la gracia habló sobre el infierno con mayor frecuencia y de una manera más vívida y cruda que nadie, debe ser una verdad crucial. Pero ¿por qué era tan importante para Jesús?

2. El infierno es importante porque muestra cuán infinitamente dependientes somos de Dios para todo.

Prácticamente todos los comentaristas y teólogos creen que las imágenes bíblicas de fuego y oscuridad exterior son metafóricas. (Dado que las almas están ahora en el infierno, sin cuerpos, ¿cómo podría ser un fuego literal y físico?). Incluso Jonathan Edwards señaló que el lenguaje bíblico para el infierno era simbólico, pero, agregó, “cuando se usan metáforas en las Escrituras acerca de cosas espirituales… ellas no llegan a la verdad literal” (tomado de Los tormentos del infierno son excesivamente grandes, en el volumen 14 de la edición de Yale de las obras de Edwards). Decir que la imagen bíblica del infierno de fuego no es del todo literal no es nada cómodo. La realidad será mucho peor que la imagen. ¿Para qué sirven los símbolos de “fuego” y “oscuridad”? Son formas vívidas de describir lo que sucede cuando perdemos la presencia de Dios. La oscuridad se refiere al aislamiento, y el fuego a la desintegración de estar separados de Dios. Lejos del favor y el rostro de Dios, literalmente, horrorosamente y sin cesar, nos separamos.

En la enseñanza de Jesús, la condena final de la boca de Dios es: “apártense de mí”. Eso es extraordinario: ¡simplemente estar lejos de Dios es lo peor que nos puede pasar! ¿Por qué? Porque originalmente fuimos creados para caminar en la presencia inmediata de Dios (Gn. 2). En cierto sentido, por supuesto, Dios está en todas partes y lo sostiene todo. Solo en Él todos hablamos, nos movemos, y tenemos nuestro ser (Hch. 17:28). En ese sentido, entonces, es imposible apartarse del Señor; incluso el infierno no puede existir a menos que Dios lo sostenga. Pero la Biblia dice que el pecado nos excluye del “rostro” de Dios (Is. 59:2). Toda la vida, gozo, amor, fortaleza, y significado que hemos buscado y anhelado se encuentra en su rostro (Sal. 16:11). Es decir, en su favor, presencia, compañerismo, y placer.

El pecado nos separa de ese aspecto de su poder que nos sostiene y nos sustenta. Para nosotros es como el agua es para un pez que se aleja de ella. Nuestra vida se desvanece lentamente. Eso es lo que nos ha estado pasando a lo largo de la historia. Por eso, para Pablo, el fuego eterno y la destrucción del infierno es ser “excluidos de la presencia del Señor” (2 Ts. 1:9). La separación de Dios y sus bendiciones para siempre es la realidad a la que apuntan todos los símbolos. Por ejemplo, cuando Jesús habla de ser “destruido” en el infierno, la palabra que se usa es apollumi, que no significa ser aniquilado de la existencia sino ser destruido y arruinado para ser inútil para su propósito previsto.

La imagen del gehenna y los gusanos significa descomposición. Una vez que un cuerpo está muerto, pierde su belleza, su fuerza, y su coherencia. Comienza a romperse en sus partes constituyentes, apestar, y desintegrarse. Entonces, ¿qué es un alma humana “destrozada”? No deja de existir, sino que se vuelve completamente incapaz de todas las cosas para las que un alma humana es: razonar, sentir, elegir, y dar o recibir amor o alegría. ¿Por qué? Porque el alma humana fue construida para adorar y disfrutar al verdadero Dios, y toda la vida verdaderamente humana fluye de eso. En este mundo, toda la humanidad, incluso aquellos que se han alejado de Dios, todavía son sustentados por “providencias amables” o “gracia común” (Hch. 14:16-17Sal. 104:10-30Stg. 1:17) manteniéndonos todavía capaces de sabiduría, amor, alegría, y bondad. Pero cuando perdemos del todo la presencia solidaria de Dios, el resultado es el infierno.

3. Es importante porque revela la gravedad y el peligro de vivir la vida para ti mismo.

En Romanos 1-2, Pablo explica que Dios, en su ira contra los que lo rechazan, “los entrega” a las pasiones pecaminosas de sus corazones. Los comentaristas (como Douglas Moo) señalan que esto no puede significar que Dios impulsa a la gente a pecar, ya que en Efesios 4:19 se dice que los pecadores se entregan a sus deseos pecaminosos. Significa que el peor (y más justo) castigo que Dios puede dar a las personas es permitirles el deseo más profundo de sus corazones pecaminosos.

El peor (y más justo) castigo que Dios puede dar a las personas es permitirle el deseo más profundo de sus corazones pecaminosos.

¿Qué es eso? El deseo del corazón humano pecador es la independencia. Queremos elegir y seguir nuestro propio camino (Is. 53: 6). Esto no es un inútil “vagar por el camino”. Como Jeremías lo pone: “Ninguno se arrepiente de su maldad… Cada cual vuelve a su carrera, Como caballo que se lanza en la batalla” (8:6). Queremos alejarnos de Dios pero, como hemos visto, esto es lo más destructivo para nosotros. Caín está advertido de no pecar porque el pecado es esclavitud (Gé. 4:7; Jn. 8:34). Destruye tu capacidad de elegir, amar, y disfrutar. El pecado también te produce ceguera: cuanto más rechazas la verdad acerca de Dios, más incapaz eres de percibir cualquier verdad sobre ti o sobre el mundo (Is. 29: 9-10Ro. 1:21)

¿Qué es el infierno, entonces? Es Dios entregándonos activamente a lo que hemos elegido libremente: seguir nuestro propio camino, ser nuestro propio “amo de nuestro destino, el capitán de nuestra alma”, para alejarnos de Él y su control. Es Dios desterrándonos a regiones a las que hemos tratado desesperadamente de llegar todas nuestras vidas. J. I. Packer escribe: “Las Escrituras ven el infierno como elegido por las personas… aparece como el gesto de Dios de respeto por la elección humana. Todos reciben lo que realmente eligieron, ya sea estar con Dios para siempre, adorándolo, o sin Dios para siempre, adorándose a sí mismos” (Concise Theology, p. 262-263). Si lo que más deseas es adorar a Dios en la belleza de su santidad, entonces eso es lo que obtendrás (Sal. 96:9-13). Si lo que más deseas es ser tu propio amo, entonces la santidad de Dios se convertirá en una agonía, y la presencia de Dios en un terror del que huirás para siempre (Ap. 6:16; cp. Is. 6:1-6).

¿Por qué es tan importante enfatizar esto en nuestra predicación y enseñanza hoy? La idea del infierno es inverosímil para las personas porque consideran injusto que se impongan castigos infinitos por pasos falsos finitos, relativamente pequeños (como no abrazar el cristianismo). Además, casi nadie conoce a nadie (incluidos ellos mismos) que parezca lo suficientemente malo como para merecer el infierno. Pero la enseñanza bíblica sobre el infierno responde a estas dos objeciones. Primero, nos dice que las personas solo obtienen en la otra vida lo que más han deseado, ya sea tener a Dios como Salvador y Amo, o ser sus propios salvadores y amos. En segundo lugar, nos dice que el infierno es una consecuencia natural. Incluso en este mundo está claro que el egocentrismo, en lugar de centrarse en Dios, te hace miserable y ciego. Cuanto más egocéntricas, centradas en sí mismas, autocompasivas, y autojustificadas son las personas, más colapsos ocurren relacionalmente, psicológicamente, e incluso físicamente. También profundizan en la negación sobre el origen de sus problemas.

Por otro lado, un alma que ha decidido centrar su vida en Dios y Su gloria se mueve hacia el aumento de la alegría y la integridad. Podemos ver estas dos trayectorias incluso en esta vida. Pero si, como enseña la Biblia, nuestras almas continuarán para siempre, entonces solo imagine dónde estarán estas dos clases de almas en un billón de años. El infierno es simplemente el camino libremente elegido por uno para siempre. Queríamos alejarnos de Dios, y Dios, en su justicia infinita, nos envía a donde queríamos ir.

El infierno es una prisión en la que las puertas primero las cerramos por dentro y por lo tanto Dios las cierra por fuera.

En la parábola de Lucas 16:19 en adelante, Jesús nos habla de un hombre rico que va al infierno, y que ahora está atormentado y tiene una sed horrible debido al fuego (v. 24). Pero hay información interesante sobre lo que está sucediendo en su alma. Insta a Abraham a enviar un mensajero para ir y advertir sobre la realidad del infierno a sus hermanos que aún viven. Los comentaristas han señalado que esto no es un gesto de compasión, sino más bien un esfuerzo por cambiar la culpa. Está diciendo que no tuvo oportunidad, que no tuvo la información adecuada para evitar el infierno. Ese es claramente su punto, porque Abraham dice con fuerza que las personas en esta vida han sido bien informadas a través de las Escrituras. Es intrigante encontrar exactamente lo que esperaríamos: incluso sabiendo que él está en el infierno y sabiendo que Dios lo envió allí, está profundamente en negación, enojado con Dios, incapaz de admitir que fue una decisión justa, deseando poder ser menos miserable (v. 24) pero de ninguna manera dispuesto a arrepentirse o buscar la presencia de Dios.

Creo que una de las razones por las que la Biblia nos habla sobre el infierno es que puede actuar como “sales aromáticas” sobre el verdadero peligro y la gravedad de los pecados, incluso los menores. Sin embargo, he hallado que solo enfatizar los símbolos del infierno (fuego y oscuridad) en la predicación en lugar de ir a lo que se refieren a los símbolos (la descomposición espiritual y eterna) en realidad impide que las personas modernas encuentren al infierno como un elemento de disuasión. Recuerdo que hace algunos años un hombre me dijo que hablar sobre los fuegos del infierno simplemente no lo asustaba. Le parecía demasiado descabellado, incluso tonto. Así que le leí las líneas de C.S. Lewis:

“El infierno comienza con un humor gruñón, siempre quejándose, siempre culpando a los demás… Pero todavía eres distinto de eso. Incluso puedes criticarlo en ti mismo y desearte poder detenerlo. Pero puede llegar un día en que ya no puedas. Entonces no quedará nada para criticar el estado de ánimo o incluso para disfrutarlo, sino solo el gruñido en sí mismo, que continúa como una máquina. No se trata de que Dios nos envíe al infierno. En cada uno de nosotros hay algo que está creciendo, que será un infierno a menos que sea cortado de raíz”.

Para mi sorpresa, se quedó muy callado y dijo: “Ahora eso me asusta de muerte”. Casi de inmediato comenzó a ver que el infierno era perfectamente justo y correcto, y algo a lo que se daba cuenta de que podría ir si no cambiaba. Si realmente queremos que los escépticos y los no creyentes se asusten adecuadamente con el infierno, no podemos simplemente repetir una y otra vez que “el infierno es un lugar de fuego”. Debemos profundizar en las realidades que representan las imágenes bíblicas. Cuando lo hagamos, encontraremos que incluso las personas seculares pueden verse afectadas.

Salimos corriendo de la presencia de Dios y, por lo tanto, Dios nos entrega activamente a nuestro deseo (Ro. 1:2426). Por lo tanto, el infierno es una prisión en la que las puertas primero las cerramos por dentro y por lo tanto Dios las cierra por fuera (Lc. 16:26). Todo indica que esas puertas continúan permaneciendo por siempre cerradas desde adentro. Aunque cada rodilla y lengua en el infierno sabe que Jesús es el Señor (Fil. 2:10-11), nadie puede buscar o desear ese señorío sin el Espíritu Santo (1 Co. 12:3). Por eso podemos decir que nadie se va al infierno si no elige ir y quedarse allí. ¿Qué podría ser más justo que eso?

4. La doctrina del infierno es importante porque es la única forma de saber cuánto nos amó Jesús y cuánto hizo por nosotros.

En Mateo 10:28, Jesús dice que ninguna destrucción física puede compararse con la destrucción espiritual del infierno, de perder la presencia de Dios. Pero esto es exactamente lo que le sucedió a Jesús en la cruz: fue abandonado por el Padre (Mt. 27:46). En Lucas 16:24, el hombre rico en el infierno tiene una sed desesperada (v. 24) y en la cruz Jesús dijo: “Tengo sed” (Jn. 19:28.) El agua de la vida, la presencia de Dios, fue quitada de Él. El punto es este: A menos que nos enfrentemos a esta doctrina terrible, nunca comenzaremos a comprender las profundidades de lo que Jesús hizo por nosotros en la cruz. Su cuerpo estaba siendo destruido de la peor manera posible, pero eso era una picadura de pulga en comparación con lo que le estaba pasando a su alma. Cuando gritó que su Dios lo había abandonado, Él mismo estaba experimentando el infierno. Pero considera esto: si nuestra deuda por el pecado es tan grande que nunca se paga allí, sino que nuestro infierno se prolonga por la eternidad, entonces, ¿qué podemos concluir del hecho de que Jesús dijo que el pago estaba “consumado” (Jn. 19:30) después de solo tres horas? Aprendemos que lo que sintió en la cruz fue mucho peor y más profundo que todos nuestros merecidos infiernos juntos.

Solo a través de la cruz puede eliminarse nuestra separación de Dios y pasaremos toda la eternidad amando y alabando a Dios por lo que ha hecho.

Y esto tiene sentido emocional cuando consideramos la relación que perdió. Si un conocido leve te denuncia y te rechaza, eso duele. Si un buen amigo hace lo mismo, eso duele mucho peor. Sin embargo, si tu cónyuge te deja diciendo: “No quiero volver a verte nunca más”, eso es mucho más devastador aún. Cuanto más larga, profunda, y más íntima sea la relación, más tortuosa es la separación. Pero la relación del Hijo con el Padre no tenía principio y era infinitamente mayor que la relación humana más íntima y apasionada. Cuando Jesús fue separado de Dios, entró en el pozo más profundo y el horno más poderoso, más allá de toda imaginación. Él experimentó la completa ira del Padre. Y lo hizo voluntariamente, por nosotros.

Muy a menudo me encuentro con personas que dicen: “Tengo una relación personal con un Dios amoroso, y sin embargo, no creo en Jesucristo en absoluto”. ¿Por qué?, pregunto. “Mi Dios es demasiado amoroso para derramar sufrimientos infinitos sobre cualquiera por el pecado”. Pero esto muestra un profundo malentendido tanto de Dios como de la cruz. En la cruz, Dios mismo, encarnado como Jesús, tomó el castigo. Él no lo puso en un tercero, por más que aquella persona quisiera.

Entonces la pregunta es: ¿cuánto le costó a tu clase de dios amarnos y abrazarnos? ¿Qué soportó él para recibirnos? ¿Dónde agonizaba, gritaba este dios, y dónde estaban sus uñas y sus espinas? La única respuesta es: “No creo que fuera necesario”. Pero entonces, irónicamente, en nuestro esfuerzo por hacer que Dios sea más amoroso, lo hemos hecho menos amoroso. Su amor, al final, no necesitaba actuar. Era sentimentalismo, no amor en absoluto. La adoración de un dios como este será, a lo sumo, impersonal, cognitiva, y ética. No habrá un abandono alegre, ni una audacia humilde, ni una constante sensación de asombro. No podríamos cantarle: “¡Amor tan asombroso, tan divino, exige mi alma, mi vida, mi todo!”. Solo a través de la cruz puede eliminarse nuestra separación de Dios y pasaremos toda la eternidad amando y alabando a Dios por lo que ha hecho (Ap. 5: 9-14).

El Salvador presentado en el evangelio se adentró en el infierno en lugar de perdernos, y ningún otro salvador retratado jamás nos ha amado a tal costo.

Y si Jesús no experimentó el infierno por nosotros, entonces nosotros mismos somos devaluados. En Isaías se nos dice: “Debido a la angustia de Su alma, El lo verá y quedará satisfecho” (Is. 53:11). Este es un pensamiento estupendo. Jesús sufrió infinitamente más que cualquier alma humana en el infierno eterno. Sin embargo, nos mira y dice: “Valió la pena”. ¿Qué podría hacernos sentir más amados y valorados que eso? El Salvador presentado en el evangelio se adentró en el infierno en lugar de perdernos, y ningún otro salvador retratado jamás nos ha amado a tal costo.

Conclusión

La doctrina del infierno es crucial: sin ella no podemos entender nuestra completa dependencia de Dios, el carácter y el peligro de los pecados más pequeños, y el verdadero alcance del costoso amor de Jesús. Sin embargo, es posible enfatizar la doctrina del infierno de maneras imprudentes. Muchos, por temor a un compromiso doctrinal, quieren poner todo el énfasis en el juicio activo de Dios, y ninguno en el carácter autoelegido del infierno. Irónicamente, como hemos visto, este desequilibrio no bíblico a menudo lo hace menos disuasivo para los no creyentes. Y algunos pueden predicar el infierno de tal manera que las personas reformen sus vidas solo por un temor egoísta de evitar las consecuencias, no por amor y lealtad a la Persona que abrazó y experimentó el infierno en nuestro lugar. La distinción entre esos dos motivos es de suma importancia. El primero crea un moralista, el segundo un creyente nacido de nuevo.

Debemos aceptar el hecho de que Jesús dijo más sobre el infierno que Daniel, Isaías, Pablo, Juan, y Pedro juntos. Antes de descartar esto, debemos darnos cuenta de que le estaríamos diciendo a Jesús, el maestro preeminente del amor y la gracia en la historia: “Soy menos bárbaro que tú, Jesús; soy más compasivo y más sabio que tú”. ¡Seguramente eso debería darnos una pausa! De hecho, al reflexionar, vemos que es debido a la doctrina del juicio y al infierno que las proclamaciones de gracia y amor de Jesús son tan asombrosas.


Publicado primero en Redeemer Churches and Ministries. Traducido por Josué Barrios.

Tim Keller es un autor, teólogo y apologista. Fue el pastor fundador de Redeemer Presbyterian Church (PCA) en Manhattan, Nueva York, y es cofundador y vice presidente de The Gospel Coalition.

Temblando ante la santidad de Dios

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Temblando ante la santidad de Dios

R.C Sproul

En este breve video de su serie de enseñanza La Santidad de Dios, R.C. Sproul explica cómo cada ser humano que está expuesto a la santidad de Dios tiembla ante Su presencia.

Transcripción

En los primeros capítulos de la Institución de la Religión Cristiana, escrita por Juan Calvino, él hace una declaración parecida a esto: «Allí está el temor y temblor con que los santos de la antigüedad temblaron delante de Dios, como toda la Biblia lo relata». Lo que Calvino decía es esta: que en la Escritura existe un patrón en las respuestas humanas a la presencia de Dios, y pareciera que mientras más justa es descrita la persona, más temblará cuando entra en la inmediata presencia de Dios.

No hay nada despreocupado ni casual en la respuesta de Habacuc cuando encuentra al Dios santo. ¿Recuerdas la queja de Habacuc, donde vio toda la degradación y las injusticias que se estaban extendiendo a lo largo y ancho de toda su patria. Él estaba tan ofendido por esas cosas que subió a su puesto de guardia, y se quejó contra Dios, diciéndole: «Muy limpios son tus ojos para mirar el mal ni … ver el agravio”. ¿Por qué ves a los menospreciadores, y callas…?». Y Dijo: «… velaré para ver lo que se me dirá, y que ha de responder… tocante a mi queja». ¿Puedes recordar lo que pasó? Que cuando Dios se le apareció a Habacuc, él dijo: «… temblaron mis labios; pudrición entró en mis huesos, y dentro de mí me estremecí».

¿Qué pasó con Job cuando esperaba la voz de Dios? Y cuando Dios se mostró a sí mismo a Job, él dijo: «… me aborrezco, y me arrepiento en polvo y ceniza… Una vez hablé, más no responderé… Mi mano pongo sobre mi boca». Como dijo Calvino, «el reporte uniforme de la Sagrada Escritura afirma que todo ser humano que ha sido expuesto a la santidad de Dios, tiembla en Su presencia».

Ministerios Ligonier

Somos la confraternidad de enseñanza del Dr. R.C. Sproul. Existimos para proclamar, enseñar y defender la santidad de Dios en toda su plenitud a tantas personas como sea posible. Nuestra misión, pasión y propósito: ayudar a las personas a crecer en su conocimiento de Dios y Su santidad.

R.C. Sproul es el fundador de Ligonier Ministries, el maestro principal de la programación de radio Renewing Your Mind, y el editor general de la Biblia de estudio Reformation

http://www.ligonier.es

3/3 – Los ojos del Señor

Aviva Nuestros Corazones

Serie: Qué hacer cuando la vida duele

3/3 – Los ojos del Señor

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/los-ojos-del-senor/

Carmen Espaillat: Aquí está Nancy Leigh DeMoss para comentarnos sobre la forma como oramos en ocasiones cuando nos encontramos en medio de un conflicto.

Nancy Leigh DeMoss: “Señor, por favor cambia esta persona, por favor arregla a esta persona, por favor cambia esta situación, por favor obra en este asunto”. Pero si te quedas de rodillas suficiente tiempo y permaneces en la presencia de Dios el tiempo necesario, te darás cuenta que tu oración —tarde o temprano— se convertirá en, “Señor, cámbiame a mí”.

Carmen Espaillat: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladin. Hemos estado transitando por la serie titulada Qué hacer cuando la vida duele. Nancy ha estado enseñando de 1ra de Pedro 3, acerca de cómo podemos responder al sufrimiento y a la crítica de una forma que le de gloria a Dios.

Nancy continuará hoy, y aquí está ella leyendo 1era de Pedro 3:12

Nancy: “Porque los ojos del Señor están sobre los justos, Y sus oídos atentos a sus oraciones”. ¿Qué te dice este texto con relación a ese matrimonio difícil en el que estás o esa situación imposible en el trabajo con tu jefe quien es un ogro? Dios te está diciendo, “Busca la paz, persevera, haz el bien, devuelve bien por mal, bendice no maldigas…” Tengo todas estas instrucciones, “Ten un corazón humilde, un espíritu tierno, amor fraternal, compasión, pero, ¿no te sientes realmente sola a veces? (Ver vv. 8-11).

Pienso en una de las mujeres con las que he hablado recientemente, ella es la única creyente dentro de su familia, y su familia se encuentra perdida, sin Cristo, desprovista de piedad. Ellos acaban de pasar por una crisis, la muerte de un familiar, y mi amiga ha tenido que dar testimonio de su fe como cristiana en un ambiente desprovisto de gracia y piedad. Ha habido ocasiones en las que ella se ha sentido muy sola. Para esto es el Cuerpo de Cristo; para Dios nos dio el uno al otro.

Pero, habrá tiempos en tu vida, en tu matrimonio, en tu lugar de trabajo, en tu ambiente, cuando nadie te comprende o cuando nadie puede entender por lo que estás pasando. Ahí es donde necesitas recordar que si eres hija de Dios, y si tienes el Espíritu Santo morando dentro de ti, tú nunca, nunca, nunca estás sola.

“Los ojos del Señor están sobre los justos”. Yo creo que la palabra “justo” tiene dos significados, y creo que ambos aplican aquí. Uno es que tú has sido hecha posicionalmente justa, que de hecho eres hija de Dios, que eres cristiana, que tú has sido justificada a través de la fe en Cristo Jesús y solamente por Cristo.

Pero yo creo que tenemos otro aspecto de esta palabra justa, y es que vives justamente, que estás viviendo una vida piadosa, que estás obedeciendo lo que las Escrituras dicen aquí, que estás dejando a Jesús “ser Jesús” en ti.

Se trata de vivir las Escrituras, de ir adelante en fe, y hacer lo que tienes que hacer aun cuando tus sentimientos no estén allí. Y mientras obedeces a Dios, entonces podrás saber que los ojos de Dios están sobre ti, que Él está mirando. “Los ojos del Señor,” Proverbios dice que, “están en todo lugar, observando a los malos y a los buenos”. (15:3)

De cierta forma, aunque de forma diferente, los ojos del Señor, están sobre tu pareja, o sobre ese niño, o sobre esa persona que está haciendo maldad. Los ojos del Señor también están tomando nota de ello. Pero Dios también está observando tu respuesta. Él no solamente observa la forma en que las personas de tu iglesia creen que tú respondes.

Pero Dios conoce la verdad de cómo eres realmente cuando nadie más te está mirando, cuando nadie más se está enterando.

Él no solo conoce tu comportamiento externo. El no solo conoce las palabras que salen de tu boca, sino que Él conoce la motivación de tu corazón que está detrás de todo. “Los ojos del Señor están sobre los justos”.Esto es lo que significa vivir en el temor del Señor. Significa vivir en el constante y consciente conocimiento de que Dios está aquí; que Él está mirando, que Él sabe lo que estoy pensando, Él sabe cómo estoy reaccionando.

Dios lo sabe, y vivir en el temor del Señor es hablarle a esa persona como si Jesús estuviese parado ahí. Los ojos del Señor están en ese lugar. Los ojos del Señor están sobre los justos, y continúa diciendo el versículo 12 de 1era de Pedro el capítulo 3, “y Sus oídos atentos a sus oraciones”. Ora. Clama al Señor.

Ahora, tú me dices, “Bien, dime algo que sea práctico. Mejor dime qué debo hacer”. Esto es lo que debes hacer. Orar. “Pero es que eso es muy espiritual.” No, eso es real. Lo que está escrito en este Libro es verdad. Es práctico. Es real. Pero lo que queremos muchas veces es una píldora o una prescripción o una solución o una forma de escapar o alguien que lo arregle, o alguien que lo cambie. Y Dios nos está diciendo, “Has lo que te digo —ora. Mírame a Mí”.

Es verdad que muchas de nosotras terminamos orando, pero terminamos orando después de haber hecho un montón de cosas, después de haber hablado con una multitud de personas, hemos hablado con tres de nuestras amigas y les hemos expuesto lo que hay en nuestro corazón. Hemos estado hablando mal de la persona que nos lastimó y queremos asegurarnos que las demás personas sepan lo que nos han hecho a nosotras. O vamos a seis consejeros, o vamos y derramamos nuestro corazón delante del pastor.

Quizás no haya nada malo en ello, dependiendo de cómo lo hagas, el involucrar a otra persona o discretamente compartir la situación con la meta de que esa persona te señale las Escrituras y te ayude a ver cómo debes responder. Pero antes de hacer cualquiera de estas cosas, ¿por qué no le preguntas al Señor?

“Señor, estoy en esta situación. No siento que pueda soportar mucho más en este lugar. Estoy siendo maldecida, estoy siendo ridiculizada, estoy siendo mal entendida, estoy siendo falsamente acusada Señor y esto es muy difícil”. Dile al Señor, sé honesta con Él. Confiésale a Él cómo te estás sintiendo, lo que estás pensando y cómo estás respondiendo.

“Señor, si me dejas a mi sola en esta situación no voy a poder manejarlo correctamente. No puedo hacer esto sin Ti, Señor, Te confieso que he estado enojada, he sido una mujer mal geniosa, he sido peleona, he sido una esposa quejumbrosa”. Y, amigas, esto me recuerda que escucho tantas mujeres compartir sus problemas de cómo sus esposos y otras personas en sus vidas les están haciendo sus vidas miserables.

Pero sin embargo puedo contar con los dedos de mi mano el número de veces que he escuchado a una mujer decirme, “Sabes, realmente soy una mujer peleona, contenciosa. Soy una persona con quien resulta difícil convivir”. He escuchado mujeres más de lo que puedo contar decirme, “Yo no puedo vivir con mi esposo”, o variaciones de ese mismo tema. No estoy poniendo en duda que esos esposos sean difíciles de soportar. Pero mientras clamas al Señor y le pides que maneje esa situación en la que te encuentras, debes asegurarte de que estás siendo honesta y humilde acerca de ti misma y de tus asuntos, que le estás dando la oportunidad al Señor y le estás pidiendo, “Señor, permite que Tu luz brille en mi vida. Muéstrame”.

¿Acaso hay formas en las que estoy hiriendo el espíritu de mi pareja? ¿O de mi hijo adolescente, o de mi hijo adulto, o de mi suegra? ¿Acaso hay veces en las que he estado —quizás no intencionalmente Señor— viviendo o respondiendo de una forma que esté causando que ellos reaccionen como lo hacen? Señor, purifícame. Manda un avivamiento a nuestro hogar, pero empieza por mí.

Proverbios nos habla una y otra vez acerca del tipo de mujer con la que los hombres no quieren vivir. Ahora, no estoy diciendo que los hombres no pueden ser contenciosos, pero Proverbios no habla de hombres contenciosos habla de mujeres contenciosas. Yo creo que muchas, muchas mujeres son peleonas, contenciosas y constantemente están molestando y llevando a sus esposos a la desesperación casi a la locura.

Y Proverbios dice sobre este hombre, que lo que quiere hacer es irse a vivir a un rincón del techo, o irse a vivir a un desierto (Pr. 21:9). Él prefiere ser un ermitaño. Y algunos esposos se convierten en ermitaños aunque continúen viviendo en el mismo hogar. Simplemente se alejan. En algunos casos es porque —al menos en parte— la esposa no buscó la paz. Ella no era apacible, simplemente reaccionaba.

Tienes dos personas reaccionando debido al dolor, viendo las cosas desde su propio punto de vista. Y Proverbios nos dice que, “Todo camino del hombre es recto ante sus ojos” (21:2). Y ¿No es esto verdad? Habla con cualquier pareja en conflicto, o cualquiera de los dos grupos en algún conflicto en la iglesia, o de un conflicto en el trabajo, o en medio de algún conflicto entre dos miembros de la familia.

Cada quien cree estar bien ante sus propios ojos. Estaba en el teléfono la semana pasada tratando con un conflicto familiar. Escuché los dos lados de la historia y, ¿creerías si te digo que parecía que estaban hablando de dos historias diferentes? Porque todo camino del hombre es correcto ante sus propios ojos.

Bueno, pero volvamos de regreso a Pedro. Pedro dice que los oídos del Señor “están atentos a tus oraciones” (v.12). Y ahora vamos al Salmos 66 nos dice, “si observo iniquidad en mi corazón, el Señor no me escuchará”. Si te aferras a tu propio pecado, no esperes que el Señor responda a tus oraciones si tú no estás dispuesta a ser honesta y a quebrantarte delante del Señor.

Cuando vayas a orar sobre estas situaciones, tu primer pensamiento será, “Señor, por favor cambia a esa persona, por favor arregla esta persona, por favor cambia esta situación, por favor trata con este asunto”. Pero si te quedas de rodillas el tiempo suficiente y permaneces en la presencia de Dios el tiempo necesario, te darás cuenta que tu oración —tarde o temprano— se convertirá en, “Señor, cámbiame a mí. Señor, usa esta situación en mi vida”, como siempre Él hará si tan solo lo dejas a Él obrar. “Señor hazme más como Jesús. ¿Cómo, puedes ser Tu glorificado en mi vida en medio de esta situación?”

Probablemente te darás cuenta de que te terminarás arrepintiendo. Ahora, eso no significa que debes cargar con los pecados de otros. Conozco algunas mujeres que han caído en esa trampa. “Es mi culpa que mi esposo sea un hombre iracundo.” Toma la responsabilidad por lo que Dios te está señalando que es tu responsabilidad, y luego deja que Dios se encargue de tu esposo.

Tu disposición para hacer esto es realmente la evidencia de cuán grande piensas que Dios es. Si vas a tomar las cosas en tus propias manos y si dices, “Tengo que arreglar esto, o tengo que salir de aquí, o tengo que manejar esto”, lo que realmente estás diciendo y haciendo es “Yo puedo manejar esto mejor que Dios”.

Pedro nos lleva de regreso a Dios, quien es soberano, quien está sobre todo, quien todo lo ve, quien escucha nuestro clamor. “Los ojos del Señor están sobre los justos, y sus oídos atentos a sus oraciones”. (1 Pedro 3:12) Hay una última frase en este versículo “Pero el rostro del Señor está contra los que hacen el mal”.

Ahora, puedes leer esto de dos formas, y supongo que las dos son correctas. Puedes decir, ¡Sí! El rostro del Señor, el juicio de Dios, está sobre mi esposo, sobre ese jefe, sobre ese diácono de la iglesia, o sobre quien sea que está haciendo maldad. Ciertamente, esa persona tendrá que enfrentar al Señor y tendrá que darle cuentas. Pero en el contexto aquí donde Pedro está hablando a los creyentes, a aquellos que quieren vivir correctamente y que también están sufriendo, él simplemente les dice, “No hagas maldad, sino que en lugar de ello haz el bien” (3:11).

Y al menos en parte, creo que lo que él dice es, “Si tú no obedeces esto, si escoges responder al mal haciendo el mal, cuenta con que el mismo Dios estará en tu contra”. Ahora, déjame preguntarte, en tu matrimonio, ¿quieres que Dios trabaje en contra tuya? En tu lugar de trabajo ¿quieres que Dios te trate con mano dura? ¿Quieres que Dios mismo se coloque en tu contra?

Pedro continúa diciendo en el capítulo 5 en el versículo 5 que Dios se opone al orgulloso. “Dios se coloca en tu contra” , dice una paráfrasis, “y se prepara para la batalla contra el orgulloso, contra aquellos que hacen maldad”. Y yo no sé tú, pero yo no quiero a Dios en mi contra. Yo quiero el rostro de Dios resplandeciendo sobre mí y bendiciéndome; quiero tener Su favor y obtener de Su luz para caminar; para que me muestre el camino. Yo quiero hablar y vivir con Él cara a cara como una persona habla con su amigo. Yo anhelo su amistad. Necesito su amistad en estas circunstancias desesperantes.

No necesito que Él voltee su cara en mi contra. Pero cuando yo misma me pongo en contra de Dios, entonces yo, en un sentido, lo estoy forzando a Él a mantenerse a distancia. ¿Por qué me odia? NO, porque me ama, porque Dios intenta purificar mi vida y la tuya. Su intención es hacernos como Jesús.

Dios sabe que si estoy devolviendo mal en respuesta a la maldad que me han hecho entonces necesito la presión. Necesito sentir que estoy yendo en contra de la barrera de la disciplina y el castigo que Dios me pone. En la economía de Dios, cuando respondemos como Dios manda, a Su manera, generalmente Dios cambia la situación y producirá una transformación en la vida de la otra persona.

Creo que es ahí donde debemos comenzar, ejercitando nuestra fe y creyendo que Dios puede de hecho cambiar el corazón de la otra persona. Y no asumas que porque su corazón no ha cambiado —aun en años— que Dios aun no puede obrar. Dios puede hacerlo rápidamente. Quizás lo haga, quizás no. Pero Él es capaz.

Creo que necesitamos animarnos unas a otras y continuar esperando en Dios y creer que Dios realmente puede cambiar la situación. Ese esposo, o el hijo adulto que nos insulta, que blasfema, que maldice, no está fuera del alcance de la gracia de Dios. Mientras tengamos aliento tenemos esperanza.

Ahora, no puedes basar tu felicidad y bienestar en la esperanza de que esa persona pueda cambiar algún día, porque quizás nunca suceda. Pero a la misma vez no te des por vencida al pedirle al Señor creyendo que Él realmente es capaz de hacerlo.

Porque si tratas a tu pareja como si él nunca fuera a cambiar tal vez estés aumentando las posibilidades de que no lo haga. Pero si vives con la fe de que Dios realmente puede redimir y santificar y cambiar el corazón de esa persona, vas a tratarla diferente.

Creo que le das más espacio a Dios para moverse. Lo que quiero decir es que a veces Dios realmente usa tu obediencia para cambiar la situación. ¿No es esa la razón por la que podemos estar aquí sentadas hoy, porque Cristo sufrió, y porque el justo pagó por el injusto para así traernos a Dios?

Eso es lo que Pedro nos dice en 1 era de Pedro capítulo 3,

Vosotras mujeres, estad sujetas a vuestros maridos, de modo que si algunos de ellos son desobedientes a la palabra, puedan ser ganados sin palabra alguna por la conducta de sus mujeres; al observar vuestra conducta casta y respetuosa .(vv. 1-2)

Pedro está diciendo que a veces ellos serán ganados para Cristo, no te des por vencida de creer que Dios es capaz de hacer esto, y de que Dios desea usarte como un instrumento de santificación y de bendición en el corazón de los miembros de tu familia.

Pero creo que hay veces —por razones que solo Dios conoce y que tenemos que dejar a Dios— donde quizás Él no cambie el corazón del individuo. Le permite a esta persona continuar con un corazón endurecido y continuar insultándonos y maldiciéndonos. Pero la pregunta entonces es ¿perseverarás tú? Y lo único que puedo decirte es lo que la Palabra de Dios dice “continua bendiciendo, no lo insultes”.

Ahora, tal vez necesitas tomar dos o tres mujeres piadosas y maduras alrededor tuyo que puedan apoyarte en esta situación; que puedan ayudarte para que perseveres en el largo trecho, en términos de tu fortaleza espiritual y de tu perseverancia.

Pero escucha lo que Pedro dice en 1era de Pedro capítulo 3. De nuevo, hablando particularmente a las mujeres pero también a los hombres que están viviendo situaciones en las que están siendo ridiculizados y maldecidos. Versículo 13,

¿Y quién os podrá hacer daño si demostráis tener celo por lo bueno? Pero si aún sufrís por causa de la justicia, dichosos sois.

Esto quiere decir que tú no estás sufriendo porque tú lo provocaste, tú no estás sufriendo por ser una mujer contenciosa con quien es imposible convivir. Estás sufriendo por hacer el bien, y si aún debieras pasar por esto, él dice que serás bendecida por ello. (vv. 13-14)

Pero quizás tú me dirás: “Es que no me siento muy bendecida”. Bueno, necesitamos definir la palabra bendición. La bendición del Señor es la que nos enriquece y la bendición del Señor es duradera. Es una bendición eterna. Hay bendiciones que Dios tiene reservadas para ti. Es como los padres cuando guardan los regalos de navidad para sus hijos

No puedes tenerlo ahora, no puedes verlos ahora, pero están ahí. Están envueltos. Están debajo del árbol o en algún armario en el cual te has metido a escondidas para verlos. No puedes abrirlos ahora. No sabes qué hay dentro. No puedes usarlos ahora. No puedes jugar con ellos ahora. Pero están allí. Han sido comprados y están bajo el árbol, están en ese closet.

Anticípalo. Hay bendiciones. Ya sea que las experimentes ahora en alguna medida o que tengas que esperar hasta después para experimentarlas en toda su plenitud, la Palabra de Dios dice que, “Serás bendecida”.

Esta es una ilustración de una situación donde tendremos que decirnos la una a la otra, mientras lidiamos con las dificultades de la vida, “¿Qué dice la Palabra de Dios?” Aconseja tu corazón de acuerdo a la Palabra de Dios y serás bendecida.

Luego Pedro continúa diciendo “No os amedrentéis por temor a ellos, ni os turbéis”. ¿Quiénes son ellos? Son las personas que están maldiciendo que están insultándote, “no tengas temor de ellos y no te preocupes”. Y yo solo estoy leyendo lo que dice.

Si yo fuese una consejera o terapeuta y tú vinieras y me pidieras consejo y yo sólo te dijera eso, sin la autoridad que viene de la Palabra de Dios, tal vez sientas que estoy siendo poco compasiva o que no muestro interés o quizás que soy una necia.

Pero el caso que Dios es quien lo está diciendo. Es la verdad, es verdad. Él dice, “No tengas temor de ellos, no seas controlada por sus explosiones emocionales. No reacciones en pánico o en miedo. Los ojos del Señor están sobre ti, y sus oídos están atentos a tu clamor”. Dios es soberano, Él está en Su trono y todavía está en control. Cuando sabes que Él lo está, no tienes que tener miedo. Entonces déjalo a Él ser Dios, y tú no te preocupes.

¡No camines por ahí cabizbaja, como una mujer acongojada y deprimida, desanimada, o descorazonada! No te preocupes. Otra vez, déjame decirte, “Eso es más fácil decirlo que hacerlo”. Pero es lo que la Palabra de Dios nos dice y entonces tú tienes que decirle a tu corazón: “corazón no te preocupes”. No es que las circunstancias no sean serias, pero Dios nos está diciendo ¡”No te abrumes por algo que parece ser sobrecogedor, porque Yo soy más grande aún! ¡Es Dios quien tiene el mundo en sus manos!”

Y a través de todo el libro de 1ra de Pedro… Por cierto, te reto a hacer un estudio de esta carta, memorizándotela. Es algo que yo he hecho cantidad de veces a través de los años. Medita en este libro. Te reto a que hagas esto con 1ra de Pedro, y verás cuando llegues al capítulo 4, al versículo 12 que dice, “Amados, no os sorprendáis del fuego de la prueba que en medio de vosotros ha venido para probaros, como si alguna cosa extraña os estuviera aconteciendo…”

Que no te tome por sorpresa. No digas “¿Por qué yo? ¿Porqué me está ocurriendo esto a mi?” Pedro dice que te va a ocurrir.. No te sorprendas si te ocurre. En lugar de ello, mira lo que dice el versículo 13 —y si él no tuviera la autoridad de la Palabra diríamos que está loco— pero él nos dice: “Regocíjate.”

Él no solo está diciendo, “Sujétate hasta con las uñas, pon una sonrisa en tu rostro cuando vayas a la iglesia, se fuerte, sopórtalo, sobrevive…” Él está diciendo haz más que eso. Alégrate, “Regocijaos, para que también en la revelación de su gloria os regocijéis con gran alegría”.

Cuando sufres al vivir con esa persona que es crónicamente mala, estás compartiendo el sufrimiento de Cristo en medio de esa situación, y en un sentido puedes decir “¡Qué honor! ¡Qué honor!”

Carmen: Nancy Leigh DeMoss ha estado ofreciendo esperanza para las familias en sufrimiento. Este mensaje es parte de la serie titulada, “Que Hacer cuando la Vida Duele”. Para muchas oyentes, esta serie ha sido un punto de cambio en sus vidas. Muchas de las mujeres han decidido entregarle a Dios su dolor y caminar en abundancia.

Gracias por acompañarnos durante esta serie. Mañana Nancy inicia una serie titulada “Un camino para nuestro Dios”, la cual nos recordará acerca del consuelo que Dios le ofrece a Sus hijos. No dejes de escuchar nuestro siguiente programa en Aviva Nuestros Corazones.

Y antes de concluir el programa de hoy, quiero recordarte visitar AvivaNuestrosCorazones.com para que te informes acerca de todos los detalles de nuestra próxima conferencia de Mujer Verdadera 2015 dirigida a América Latina. ¡No querrás dejar de ser parte de esto!

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Toda Escritura es tomada de la Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Tomado de: Aviva Nuestros Corazones

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

Portadoras de su presencia

Isha – Salmos

DÍA 156 – Salmo 119

Dosis: Comunión

Portadoras de su presencia

“Nos has ordenado que cumplamos cuidadosamente tus mandamientos.” (Salmo 119:4) (NTV)

Este verso, como quizás muchos otros del pasaje, pareciera totalmente impositivo. La frase: “Nos has ordenado” nos hace entender que a lo que sigue estamos obligadas. Y como por naturaleza las obligaciones son sinónimo de pesadumbre, este verso es un tanto duro para digerirlo. Sin embargo, pensando en el porqué de la orden, encuentro el amor y el anhelo de Dios por nosotras.

El apóstol Juan en unas de sus cartas afirma: “Los que obedecen los mandamientos de Dios permanecen en comunión con Él, y Él permanece en comunión con ellos. Y sabemos que Él vive en nosotros, porque el Espíritu que nos dio vive en nosotros.” Por lo cual entiendo que la única manera de estar en comunión con el Santo Espíritu de Dios es a través de su Palabra, por lo que nos ordena que la cumplamos, viviendo en ella, para que entonces Él viva en nosotras.

He escuchado a muchas mujeres hablar de sus vacíos, y otras tantas, sin poder hablar siquiera, se han acostumbrado a vivir con ellos. Pero pienso, si el Espíritu de Dios vive en nosotras, ¿podríamos vivir vacías? ¿Acaso podríamos ser víctimas del vacío y la desolación, teniendo como huésped vitalicio en nuestra vida a Aquél que lo llena todo sólo con su majestuosa presencia? He aquí la razón de la orden: El Señor nos ha ordenado seguirle para llenarnos de Él por completo.

La gran mayoría asume que para alcanzar una verdadera comunión con el Espíritu de Dios basta con escuchar su Palabra, y quizás de vez en cuando tomar notas. Pero estoy segura que eso no es suficiente. Recuerdo la promesa del Señor a través del profeta Jeremías: “He aquí que vienen días en que escribiré mi Ley en su mente y corazón, ustedes me serán por pueblo, y yo les seré por Dios.”

Es necesario que para estar llenas de Él seamos su pueblo, y que su Palabra permanezca en nuestra mente y corazón. Precisamos entonces, apropiarnos de sus mandamientos, y que de manera consciente nos dediquemos esforzadamente a vivir en ellos. Muchos esperan la clave para lograr la plenitud del Espíritu Santo de Dios en ellos. No hay duda, sólo si cumplimos sus mandamientos, llegaremos a ser portadoras de su presencia.

Oración: Señor escribe en mi mente y en mi corazón tu Palabra, y lléname de ti por completo. Amén.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 173). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.

Reconocerse perdido

Miércoles 26 Febrero

Yo apacentaré mis ovejas… Yo buscaré la perdida, y haré volver al redil la descarriada.

Ezequiel 34:15-16

¿Qué hombre de vosotros, teniendo cien ovejas, si pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto, y va tras la que se perdió, hasta encontrarla?

Lucas 15:4

Reconocerse perdido

Esa tarde el gran salón donde se predicaba el Evangelio estaba lleno. Una niña se alejó de su madre, sin que nadie lo notara. Cuando la madre se dio cuenta, desesperada empezó a buscar a la pequeña, preguntando a la gente, pero sin éxito. Finalmente comunicó su angustia al predicador, quien por el micrófono anunció: «Una mamá perdió a su pequeña María. ¡Que la niña venga aquí enseguida!».

No hubo ninguna señal, nadie respondió. Al final encontraron a la niña sentada tranquilamente en un banco. Su mamá le preguntó: –¿Por qué no contestaste cuando te llamaba? –Creí que estaban buscando a otra María. Yo no estaba perdida.

¡Hay muchas personas que se parecen a la pequeña María! Dios las busca, pero piensan que el llamado no es para ellas. Leen en el evangelio que el Señor “Jesús vino a buscar y a salvar lo que se había perdido” (Lucas 19:10), pero no responden porque no aceptan el hecho de que están perdidas. El apóstol Pablo declara que Cristo murió por los impíos, por los pecadores, enemigos de Dios, mientras ellos exclaman: no somos de ellos. Sin embargo están perdidos si creen que pueden presentarse delante de Dios sin haber sido purificados de sus pecados por la sangre de Cristo.

Pero con el que se reconoce perdido, el Señor Jesús actúa como el pastor de la parábola de Lucas 15 con su oveja perdida: “Cuando la encuentra, la pone sobre sus hombros gozoso” (v. 5).

Éxodo 10 – Hechos 8:26-40 – Salmo 27:1-4 – Proverbios 10:19

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