38/63 – Tened fe en Dios | Marcos 11:20-26 

Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo

Serie: Marcos

38/63 – Tened fe en Dios | Marcos 11:20-26

Ps. Sugel Michelén

El pastor Michelén ha formado parte del Consejo de Ancianos de Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo en Santo Domingo, República Dominicana, durante más de 30 años.Tiene la responsabilidad de predicar la Palabra regularmente en el día del Señor.Tiene una Maestría en Estudios Teológicos y es autor de varios libros: Historia de las Iglesias Bautistas Reformadas de Colombia, Coautor junto al Pastor Julio Benítez; La Más Extraordinaria Historia Jamás Contada, Palabras al Cansado – Sermones de aliento y consuelo; Hacía una Educación Auténticamente Cristiana, El que Perseverare Hasta el Fin; y publica regularmente artículos en su blog “Todo Pensamiento Cautivo”https://www.todopensamientocautivo.com/

Él es instructor asociado en Universidad Wesleyana en Indiana (IWU), extensión en español; enseña Filosofía en el Colegio Cristiano Logos; y durante 10 años, ha sido profesor regular de la Asociación Internacional de Escuelas Cristianas (ACSI) para América Latina. El pastor Michelén, junto a su esposa Gloria tiene tres hijos y cuatro nietos.

Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo

2/5 – Doctrinas Peligrosas

Alimentemos El Alma

Serie: Un Llamado Al Discernimiento

2/5 – Doctrinas Peligrosas

Justin Peters

Sesión 1

“Los peligros del movimiento Palabra de Fe son tanto reales como penetrantes. El mensaje desde miles de púlpitos es que Dios te quiere feliz, saludable y rico. Pero esto no es cristianismo bíblico, así como Justin Peters demuestra adecuadamente en su excepcional presentación. Con claridad y credibilidad, Peters desenmascara al movimiento Palabra de Fe por lo que realmente es, “una farsa”. Las Iglesias locales se beneficiarán grandemente de su experiencia personal y vasta investigación en este importante tema” John MacArthur, pastor Grace Community Church, Sun Valley, CA, EEUU.

Como evangelista a tiempo completo, Justin Peters (M. Div/B.L.; Th. M., SWBTS) ha sido llamado a predicar la palabra de Dios. Adicionalmente a esta investigación académica, Justin ha asistido a numerosas cruzadas de Palabra de fe y ha atestiguado la explotación de los pobres, enfermos y desesperados. La más grande preocupación, sin embargo, es que el nombre de Dios es blasfemado y Su Evangelio distorcionado en un evangelio diferente.

“Estos son manchas ocultas en vuestros ágapes, cuando banquetean con vosotros sin temor, apacentándose a sí mismos; son nubes sin agua llevadas por los vientos, árboles de otoño sin fruto, dos veces muertos y desarraigados” Judas 1:12

http://www.justinpeters.org

SIETE “ÍDOLOS” QUE USTED DEBE EVITAR EN LA PREDICACIÓN

Alimentemos el Alma

SIETE “ÍDOLOS” QUE USTED DEBE EVITAR EN LA PREDICACIÓN

Alex Montoya

Nuestra predicación no está avivada porque procede de un corazón de piedra. La verdad es que predicamos por razones erróneas. Nuestra meta es muy baja. Si fuéramos francos con nosotros mismos, nos daría vergüenza admitir nuestros verdaderos motivos para predicar, que no es traer bálsamo espiritual a la afligida grey del Señor. No, los motivos por lo general son menos nobles, más carnales, más egoístas y más mercenarios en naturaleza.

Los  “ídolos” comunes de la predicación

> Predicar por salario.

> Predicar para atraer multitudes.

> Predicar para agradar a la audiencia.

> Predicar para promover nuestro conocimiento.

> Predicar para publicar algún libro.

> Predicar para proteger nuestro “reino”.

> Predicar para pasar el tiempo.

Si somos francos, admitiremos que con frecuencia hemos puesto nuestro sacrificio sobre los lugares altos antes mencionados y no sobre el verdadero y sagrado altar de Dios para la predicación. Predicamos por razones erróneas y luego nos preguntamos por qué es que no podemos poner el corazón y el alma en ello. Permítanme elaborar.

1. Predicamos por salario. La predicación es por un llamado y por vocación, pero es mucho más que eso; es un llamado divino. Deberíamos predicar más de lo que esperamos que nos paguen por predicar. La Palabra de Dios nos advierte en contra de predicar por dinero (1 Pedro 5:2; 1 Ti. 6:5–10). Sin embargo, fácilmente podemos llegar a ser “pistoleros a sueldo”, mercenarios en necesidad de sobrevivencia; y así, predicamos para ganar dinero. Un predicador comprado es un predicador que da lástima; sus sermones y su vida dan lástima. Haríamos bien en imitar a Eliseo en su ministerio en vez de tener nuestros ministerios infectados por la lepra de la codicia (2 Reyes 5). Mejor es hacer tiendas para financiar el ministerio que ser un asalariado de las personas en necesidad de un profeta que les traiga comezón de oídos. Pablo pudo ser arrojado y apasionado porque “no codició ni la plata ni el oro ni el vestido de nadie” (Hch. 20:33).

2. Predicamos para atraer una multitud. El mundo entero está enamorado de las grandes multitudes y estamos en competencia unos con otros para ver quien construye una iglesia más grande. En el camino hacia los “lugares altos” hay muchos predicadores sacrificando la verdad por el placer de atraer una multitud. Bajo el disfraz de la evangelización, de relacionarnos con una nueva generación, y hacer atractiva la verdad, hemos sacrificado la verdad que salva y santifica sobre el altar de los números.

3. Predicamos para complacer a la audiencia. Predicamos para complacer a las personas, no para hacerles bien espiritualmente. Damos sermones llenos de “calmantes religiosos” en lugar de palabras saludables y sanas que beneficien a las personas en el presente y por la eternidad. Tales predicadores tienen temor de expresar las verdades duras y necesarias para no perder su audiencia.

Debemos preguntarnos: “¿Estamos aquí para entretener una multitud o somos llamados para hacer que la gente vuelva a Cristo y a que vivan en santidad?” Se nos ha advertido acerca del carácter de algunos en contra de las sanas doctrinas (2 Ti. 4:3–4). Cristo nos enseñó, por su propio ejemplo, que nunca debemos jugar con la multitud (Jn. 6:64–69). O como Pablo dijo: “Si yo todavía estuviera tratando de agradar a los hombres, no sería siervo de Cristo” (Gá. 1:10). Como ministros de Dios, somos llamados a declarar a la gente lo que necesitan oír, no lo que quieren oír. Deberíamos tener la actitud del pastor que fue reprendido por sus diáconos.

–Pastor, usted está acariciando el gato al revés.

–Bueno, entonces –dijo el pastor–, volteen el gato.

No deberíamos tener temor de acariciar el gato al revés.

4. Predicamos para promover nuestra enseñanza. Algunos de nosotros pensamos que el púlpito es un lugar para dejar admirada a la audiencia con nuestra enseñanza. Creemos que es un triunfo cuando predicamos cosas profundas y que nadie las comprende, y el servicio termina con comentarios como: “Usted fue muy profundo hoy, pastor”. Lo cual pudiera ser muy bueno para nuestros egos intelectuales, pero es muy poco para la necesidad espiritual de nuestra gente. Lo axiomático es la claridad. Debemos ser entendidos o todo está perdido. El gran apóstol Pablo tuvo eso como meta (1 Co. 14:19).

Nuestro Señor fue un predicador de lo simple y tuvo gran efecto sobre las masas. Lucas escribió que “todo el pueblo estaba pendiente de El, escuchándole” (Lc. 19:48). Se dice que Juan Wesley primero predicaba sus sermones a sus sirvientas para asegurarse que aun las más simples le entenderían.

5. Predicamos para publicar un libro. Esto es el reverso de nuestros propósitos al pensar que podemos usar nuestra audiencia como objetivo para este fin. Todos saben que la palabra escrita no es como la palabra hablada. Casi en todos los casos donde un gran predicador ha tenido sus sermones impresos es porque sus sermones le han hecho mucho bien a su gente. Si sus sermones valen la pena predicarse, valdrán la pena imprimirse. Pero manténgase en su prioridad principal: Predique para ayudar a las personas.

6. Predicamos para proteger nuestro “reino”. Como los enemigos del evangelio en los días de los apóstoles, tal vez refrenemos la declaración del consejo de Dios y en lugar de eso poseer el espíritu de Diótrefes (3 Jn. 9–10). El pueblo de Dios no es propiedad de nadie, excepto del Señor. Nuestra meta es presentar a cada uno completo en Cristo (Col. 1:28), no usarlos a nuestro antojo.

7. Predicamos para pasar el tiempo. Algunos hombres se agarran del púlpito como un cobertor de seguridad hasta que encuentren pastos verdes o hasta que lleguen a la edad de jubilarse y cumplir con los requisitos para los beneficios de la jubilación. Podríamos impedir la obra de Dios al ocupar un puesto sin ningún deseo de avanzar la causa de Cristo. Un ministro “que estorba” es solo eso: un estorbo. Todos deberíamos seguir el refrán dado por un director de empresa: “Sé un guía, sé un seguidor, o quítate del camino”.

 

Montoya, Alex

Del libro “Predicando con Pasión” por Alex Montoya

Alex Montoya es el pastor de las First Fundamental Bible Chuch de Montere Park, California.

Además, es profesor asociado de ministerios pastorales de The Master’s Seminaryen Sun Valley, California.

¿Cuán pecaminoso es el hombre?

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

¿Cuán pecaminoso es el hombre?

R.C.Sproul

Imagina un círculo que represente el carácter de la humanidad. Ahora imagina que si alguien peca, un punto —una mancha moral atípica— aparece en el círculo, estropeando el carácter del hombre. Si se producen otros pecados, aparecen más manchas en el círculo. Así, si los pecados continúan multiplicándose, con el tiempo todo el círculo se llenará de puntos y manchas. ¿Pero han llegado a ese punto las cosas? El carácter humano está claramente contaminado por el pecado, pero el debate es sobre el alcance de esa mancha. La Iglesia Católica Romana mantiene la posición de que el carácter del hombre no está completamente contaminado, sino que conserva una pequeña isla de rectitud moral. Sin embargo, los reformadores protestantes del siglo XVI afirmaron que la contaminación del pecado y la corrupción del hombre caído es completa, haciéndonos totalmente corruptos.

Hay muchos malentendidos sobre lo que los reformadores querían decir con esa afirmación. El término que se utiliza a menudo para la condición humana en la teología reformada clásica es la depravación total. La gente tiene una tendencia a hacer una expresión de dolor cada vez que utilizamos ese término porque hay una confusión muy extendida entre el concepto de depravación total y el concepto de depravación absoluta. Depravación absoluta significaría que el hombre es tan malo –tan corrupto– como podría ser. Yo no creo que haya un ser humano en este mundo que sea absolutamente corrupto, pero eso es solo por la gracia de Dios y por el poder restrictivo de Su gracia común. A pesar de los muchos pecados que hemos cometido individualmente, podríamos haberlo hecho peor. Podríamos haber pecado más a menudo. Podríamos haber cometido pecados más atroces. O podríamos haber cometido un mayor número de pecados. La depravación total, entonces, no significa que los hombres son tan malos como concebiblemente podrían llegar a ser.

Cuando los reformadores protestantes hablaban de la depravación total, querían decir que el pecado—su poder, su influencia, su inclinación—afecta a toda la persona. Nuestros cuerpos están caídos, nuestros corazones están caídos, y nuestras mentes están caídas. No hay parte de nosotros que escape a los estragos de la naturaleza humana pecaminosa. El pecado afecta nuestro comportamiento, nuestros pensamientos, e incluso nuestras conversaciones. La persona en su totalidad está caída. Esa es la verdadera medida de nuestra pecaminosidad cuando se juzga por el estándar y la norma de la perfección y la santidad de Dios.

Este extracto es tomado de «The Truth fo the Cross» (La Verdad de la Cruz) de R.C. Sproul.

R.C. Sproul es el fundador de Ligonier Ministries, el maestro principal de la programación de radio Renewing Your Mind, y el editor general de la Biblia de estudio Reformation

http://www.ligonier.es

5/5 – Más que una lista

Aviva Nuestros Corazones

Serie: La hermosura de un corazón modesto

5/5 – Más que una lista

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/mas-que-una-lista/

Carmen Espaillat: Enseñarles a nuestros niños eficazmente sobre la modestia significa empezar de adentro hacia afuera.  Con nosotras, Nancy Leigh DeMoss, en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy Leigh DeMoss: No empieces con una lista.  Empieza con los principios de la Palabra de Dios.  Enséñales a tus hijos, desde que sean bien pequeñitos, lo que Dios piensa y cuáles son los principios que deben regir nuestras vidas en lo que respecta a la modestia.

Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones, con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Queremos que nuestros hijos reciban instrucción formal en matemáticas, lenguaje e historia.  Tal vez tomen clases formales de piano , ballet o pintura.  Quizás sean miembros de un equipo para aprender fútbol o gimnasia.  Y entonces, ¿quién les está enseñando sobre la modestia?  Con nosotras, Nancy Leigh DeMoss.

Nancy: Uno de los principios más importantes que encontramos repetidamente una y otra vez, particularmente en el Antiguo Testamento, es la importancia de que los padres les enseñen a sus hijos los caminos de Dios.

Amigas, si ustedes no les enseñan a sus hijos a pensar bíblicamente, no esperen que el mundo les enseñará a pensar de la manera correcta.  ¡Qué responsabilidad tan grande tienen como padres, como mamá en este caso, de enseñarles a sus hijos los caminos de Dios!

Esto también es cierto en lo que respecta a la modestia, el enseñarles a sus hijos a tener un corazón que se incline hacia la modestia y entender la importancia y la necesidad de tener modestia y lo que significa ser modestos en cada área de sus vidas, incluyendo cómo se visten.

Hemos estado hablando sobre cómo enseñarles a los hijos en estas áreas, y hemos dicho que es vital que ustedes sean un ejemplo consistente de sus propios estándares de modestia, cómo la viven, y el tipo de entretenimiento que disfrutan y aprueban para sí mismas y para sus hijos.

¿Pero saben algo? No es suficiente solo con ofrecer el ejemplo.  Si ustedes primero no ponen el ejemplo, el siguiente punto no podrán hacerlo de forma efectiva.  Aun dando el buen ejemplo continúan teniendo la responsabilidad de capacitar a sus hijos en lo que está bien y lo en que está mal. Y déjenme decirles que en lo que respecta a la modestia, al igual que en muchas otras áreas de la crianza de los hijos, no empiecen con una lista.

Empieza con los principios de la Palabra de Dios. Enséñales a tus hijos, desde que son bien pequeñitos, lo que Dios piensa y cuáles son los principios que deben regir nuestras vidas en lo que respecta a la modestia, cosas de las cuales hemos hablado en Aviva Nuestros Corazones como:

  • El principio de la propiedad: tu cuerpo no es tuyo; le pertenece a Dios una vez que eres hija de Dios.
  • El principio del Señorío: Jesús es Señor sobre todo.
  • El principio de la ciudadanía: si eres hija de Dios, perteneces a un Reino diferente; no perteneces a este mundo.
  • El principio de la mayordomía: (claro, no puedes usar todas estas palabras con tu hijo de 4 años, pero le estás enseñando estos principios.) Dios te ha confiado algunas cosas, como por ejemplo tu cuerpo.  Él te ha confiado belleza, y eres responsable de usarla en formas que sean agradables al Señor.

Y enseñar las implicaciones de la modestia en todas las áreas que hemos venido hablando en diferentes momentos de esta serie.

Deuteronomio capítulo 6 dice que Dios nos ha dado mandamientos y reglas.  Moisés se las enseñó al pueblo de Israel, y le dijo: “Deben obedecer estas leyes.  Y al hacerlo, deben asegurarse de que lo están haciendo como resultado de un corazón que ama a Dios”.

“Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu fuerza” (v. 5) para que tu obediencia no sea rígida y legalista, sino que tu obediencia fluya de un corazón que ama a Dios.

Y luego les dice: “Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y diligentemente las enseñarás a tus hijos” (vv. 6-7).

Ahora bien, no está diciendo que te sientes durante una hora al día y digas: “Vamos a enseñarte a ser modesta,” o “voy a enseñarte a obedecer los principios de la Palabra de Dios”.

Hay momentos, momentos formales y estructurados, en que debes sentarte y enseñarles a tus hijos los caminos de Dios; pero se enseña más en el transcurso de la vida diaria, usando momentos y oportunidades apropiados para instruir en los caminos de Dios —cuando piensas que tus hijos no están prestando atención— que lo que se enseña en los momentos formales y estructurados.

Por eso es que Deuteronomio capítulo 6 sigue diciendo: “Y hablarás de ellas cuando te sientes en tu casa y cuando andes por el camino, cuando te acuestes y cuando te levantes” (v. 7). Todo el día, todos los días, comunica a tus hijos los caminos de Dios de manera natural.

Doy gracias al Señor porque mis padres lo hicieron.  Pienso en mi papá, quien en el día a día hablaba sobre los caminos de Dios.  No recuerdo que fueran sermones ni cátedras, porque era algo que entretejía con nuestras vidas diarias.

El texto dice:

“Y las atarás como una señal a tu mano, y serán por insignias entre tus ojos. Y las escribirás en los postes de tu casa y en tus puertas” (vv. 8-9).

Pídele al Señor que te dé, como madre, maneras creativas de enseñarles a tus hijos, desde que sean bien pequeñitos, lo que significa ser modestos o modestas, porque es importante y porque es una forma bendecida de vivir.

La semana pasada estaba interactuando con mi amiga Holly Elliff, quien tiene hijos de diferentes edades, y le pedí que compartiera algunas ideas que pudiera tener como madre acerca de este tema de enseñarles a los hijos lo que significa ser modestos.

Le pedí que compartiera hoy con nosotras algunas de esas ideas que ella me envió por correo electrónico, porque pensé que sería más útil que ustedes oyeran lo que ella tiene que decir sobre la importancia de la forma en que les enseñamos estas cosas a los niños. ¿Holly?

Holly Elliff: Pienso, como decía Nancy hace un minuto, que esto se da “en el transcurso de lo cotidiano.” y creo que probablemente una de las cosas más importantes que he aprendido es que si espero a que llegue un momento en que piense que mis hijos están listos para escuchar lo que tengo que decir, puede que ese no llegue nunca.

Así que en el transcurso de lo cotidiano, ya sea en el carro, en el supermercado, durante la enseñanza en casa o de camino a recoger a alguien. . . Cuando llegan esos momentos, cuando tenemos una oportunidad de enseñar la verdad, entonces debemos aprovecharlos.

El otro día, mientras íbamos en el carro, vimos una valla publicitaria interesante y empezamos a hablar sobre ella.  En la cultura hebrea, uno de los principales métodos de enseñanza no era decirle a alguien cuál era la verdad, sino hacerle preguntas para que pudiera descubrir la verdad por sí mismo.

No sé si les pasa a ustedes, pero si aprendo algo por mí misma, si voy a la Palabra de Dios y lo estudio por mí misma, entonces me apropio un poquito de eso, y es de mucho más valor para mí porque puedo entonces enseñarlo con más facilidad a otra persona.

Así que les hago preguntas a mis hijos sobre cosas  que nos encontramos y hago que las razonen, y luego les doy algunas referencias en las Escrituras donde pudiera hablarse sobre el tema, y solo les digo: “¿Qué piensan que significa este versículo? ¿Piensan que tiene alguna relación con eso? ¿Ven alguna conexión entre lo que Dios dijo aquí y lo que estamos hablando?” y hago que me digan lo que están pensando, lo que están viendo o lo que están escuchando.

Y mientras lo haces, entonces lo que sucede es que empiezas un patrón en tus hijos de ser como los cristianos de Berea, de convertirse en estudiosos de la Palabra.

Puede que no sepan dónde está el versículo; puede que no sepan lo que Dios dice, pero si empiezan a cuestionar, “¿Qué dice Dios aquí?” entonces el patrón se quedará con ellos el resto de sus vidas, aun cuando hayan crecido y se hayan casado y yo ya no esté ahí para decirles cuál es la verdad. Si se convierten en estudiosos de la Palabra, siempre tendrán un recurso para encontrar la verdad.

El otro día estábamos viendo televisión.  Mis hijos tenían la televisión encendida.  Yo estaba en la cocina, y escuché algo en la televisión que no me sonaba familiar, así que entré al salón, miré algunos minutos, y luego les pregunté, “¿Qué están mirando?”

Y ellos me dijeron: “Es un programa nuevo”.

Pregunté: “¿Es bueno?”

Dijeron: “Bueno, sí, pensamos que está bien.”

Dije: “Bueno, no sé nada de este programa; voy a sentarme aquí con ustedes un minuto.”

Mi primera reacción fue decir inmediatamente: “No, no vamos a ver esto.  Vamos a apagarlo.”  Pero dije, “Bien, vamos a darle diez minutos.”

Así que me senté con ellos en el salón, y vimos juntos el programa durante unos diez minutos.  Y pude darme cuenta, durante esos diez minutos, de que se estaban poniendo nerviosos porque cada cierto tiempo, cuando sucedía algo en el programa, se volteaban y me miraban.  Y volvía y sucedía algo más, y se miraban entre sí, y luego me miraban a mí de nuevo.

Y cuando se cumplieron los diez minutos, bajamos el volumen de la televisión y dije, “Bien, ¿qué piensan de este programa? ¿Le vieron algún problema?”

Y empezaron a decir: “Bueno, sí, no son muy amables unos con otros en la forma que se hablan, y como que son irrespetuosos”. Y empezaron a decir uno por uno los problemas que tenía el programa.

Ahora, lo que sucedió fue que ellos empezaron a hacer esas preguntas.  Yo no tuve que sentarme y decirles: “No vamos a ver esta película porque yo lo digo”.

Hay veces en que digo: “No, porque yo lo digo,” y quiero que obedezcan.  Por ejemplo si están a punto de tocar una olla caliente, quiero que se detengan cuando yo lo diga.  Pero para mí es igual de importante que aprendan a ser hombres y mujeres que harán preguntas de Dios, que irán a Su Palabra y encontrarán respuestas.

Así que mientras transcurre el día a día, debemos ser intencionales sobre entrenarlos a pensar bíblicamente.

Nancy: Holly, una de las cosas que noté de lo que dices en este correo es que no solo quieres enseñarles a tus hijos a obedecer ciegamente – aunque no es del todo malo aprender a obedecer a Dios y a nuestras autoridades solo porque debemos obedecer.

Pero Holly tú dices que buscas algo en tus hijos que va más allá de eso.  Tú quieres entrenar sus corazones, pastorear sus corazones, y enfocarte más en sus corazones que en su comportamiento.

De modo que yo les diría a ustedes, en esta área de la modestia, asegúrate de no permitir que la ropa de tus hijos sea más importante que sus corazones.  Eso es lo que buscas, porque puedes hacer que se pongan cierta ropa, pero la preocupación es cuando ellos salgan de tu casa… Y puede que ni siquiera sea cuando ellos crezcan; puede ser cuando lleguen a la escuela y se quiten lo que hiciste que se pusieran.  Cuando no puedas verlos, ¿qué le van a dictar sus corazones?

Si su corazón busca agradar al Señor, y si su corazón busca tomar decisiones que están basadas en la Palabra de Dios, entonces habrás entrenado de verdad a tus hijos no solo a vivir por tu lista de reglas mientras estén al alcance de tu vista, sino a  realmente haber cultivado un corazón para Dios.

Y, en ese sentido, estás capacitando a tus hijos que no sólo se conformen a una lista que tú has redactado, sino que realmente harán la diferencia en su cultura y en su generación.  No será tu fe.  No será tu religión.  No serán tus normas; sino que serán sus normas, su fe y su corazón el agradar al Señor.

Holly: Nancy me gustaría agregar algo con relación a la vestimenta, y es lo siguiente, si yo puedo lograr que mis hijas se paren frente al espejo y eventualmente se hagan  las mismas preguntas que yo les haría, entonces se habrán apropiado de esa norma para sí mismas, lo cual es muy valioso.

Nancy: Y quisiera agregar que es tan importante que empieces cuando son niños.  No empieces a enseñarles estos principios a tus hijos cuando tengan 15 años y de repente tengas un problema con la forma en que se están vistiendo.  Eso de seguro causará toda una escena en tu casa, quizás hasta una explosión.

Pon el fundamento a tiempo. Es sorprendente, cuando a los niños se les enseña lo que es debido lo que es correcto, cuando a las niñas se les enseña, repito, no de forma despótica, sino de manera simple, de manera pura, a no levantarse el vestido cuando son pequeñas, por ejemplo, estas son cosas que se quedarán con ellas para siempre.  Son principios y fundamentos que habrás puesto desde su niñez.

Ahora me gustaría atar a esto el principio de involucrar a tu esposo y padre de tus hijos siempre que sea posible.  Sé que hay algunas de ustedes que están criando a sus hijos como madres solteras, y Dios les dará la gracia de poder entrenar a sus hijos de esa manera, siempre que sea necesario.

Pero si hay un papá en la casa… Y esperamos que haya un papá que esté involucrado; y aun si no lo hubiera, puede haber otros hombres a quienes puedas involucrar de formas apropiadas en las vidas de tus hijas.

Le pedí sus opiniones sobre el tema a un papá que conozco, y él dijo lo siguiente:

Siempre reto a los hombres a que ellos tienen el deber de aprobar o desaprobar la ropa que visten las mujeres de su casa.

Y a propósito, sé que tenemos algunos papás que escuchan a Aviva Nuestros Corazones.  Me gustaría apelar a ustedes, hombres, como mujer, y decirles que: “Nosotras los necesitamos.  Como mujeres, los necesitamos.  Necesitamos que asuman su función, que tomen su lugar.”  Y a ustedes mujeres, permítanme decirles: “Permitan que el papá, permitan que el esposo, ejerza la función apropiada en esta área.”

Este papá continuó diciendo:

La razón por la cual es un deber del hombre es porque un hombre sabe lo que atraerá la atención de otro hombre.  Tanto como una madre quiera ayudar a su hija a vestirse modestamente, ella simplemente no ve de la forma que un hombre ve.

Estamos configuradas diferente.  Las mamás deben enviar a sus hijas a sus padres para que éstos les den su aprobación final.  Amigas, acudan ustedes también a sus esposos para sus opiniones y para su aprobación de la ropa que tienen puesta.

Y luego este papá dijo algo que considero que es muy sabio.  El continuó diciendo:

Instituí lo siguiente en mi casa ahora que mis hijas tienen dos y seis años.  Cada vez que tienen una ropa nueva, hacemos un pequeño desfile de modas para papá.

Él continuó diciendo,

 Sé que es muy poco lo que una niña de dos o seis años pudiera ponerse que se pudiera considerar inmodesto. Pero en realidad lo que me preocupa no es lo que visten ahora, sino que me di cuenta de que si quería instituir esto cuando ellas tuvieran doce o dieciséis años, se iban a reír en mi cara.  Empezando ahora, mi esperanza es que cuando tengan esa edad, sigan acudiendo a mí ya que ha sido un patrón normal en nuestra casa.

Algunas de ustedes tienen niñas pequeñas.  Y pensé que estas son  palabras tan sabias.  Así que incentiven a sus esposos dejenle saber que desean y necesitan que se involucren en el proceso de entrenar a sus hijas.

Y esto es cierto tanto para las madres como para los padres, y es de especial importancia, pienso, que los padres se den cuenta de esto, que deben afirmar a sus hijas en lo que respecta a la verdadera belleza espiritual y un carácter piadoso, y no enfatizar desmedidamente la belleza física.

Papás, significa tanto para una hija tener un papá que la afirme en lo que es la modestia, porque ella puede ir a la escuela o al mundo y no encontrar a nadie más que la afirme por ser modesta.  Pero si ella sabe que su papá la afirma por eso y su mamá también, entonces no se verá tan propensa a buscar la aprobación de hombres que valoran la inmodestia.

Y a ustedes mamás, y papás también, créanlo o no, vayan de compras con sus hijas.  No las manden sólo con sus compañeras a tomar todas sus decisiones de compras.

Obviamente, estamos hablando de diferentes edades y fases, y vas a querer entrenar a tus hijas de tal forma que para la fecha que tengan cierta edad  —y no les voy a decir qué edad porque no sé cuál es en su casa— pero debe llegar un punto en que ellas puedan ser enviadas a ir de compras a hacerlo, y lo harán sabiamente, tomarán decisiones sabias.

Pero desde temprano, haz que sea una costumbre ir de compras con tus hijas.  Compra en oración, y eso tendrás que hacer si quieres encontrar cosas que realmente se ajusten a las normas bíblicas de la modestia, y date cuenta de que va a tomar más tiempo y quizás más dinero vestir a tus hijas modestamente que si compras ropas de moda o inmodestas.  Porque así es como es.

Tengo una amiga llamada Devi Titus quien es una mujer piadosa.  Es una mujer virtuosa.  De hecho, ella fundó hace años la revista llamada, “Virtud” o  Virtue en inglés.   Puede que algunas de ustedes la recuerden.

Esta mujer tiene un verdadero corazón para la modestia y para la piedad, y le pedí que compartiera algunas ideas que pudieran ser útiles para las madres en lo que respecta a entrenar a sus hijas. Permítanme leerles algunas de las cosas que ella escribió.

Fija límites de lo que se permite y de lo que no se permite, y deja que tus hijas escojan dentro de esos límites.  Dale opciones de expresión en cosas que no involucren asuntos morales o espirituales.  Está bien que tengan sus propios gustos.

Si escogen algo que es inapropiado o que está fuera del límite, pregúntales (por ejemplo, con relación a un escote): “¿Piensas que esto es muy revelador?”

Si te dicen que “no” y tú piensas que “sí”, recuerda, es por eso que tú eres su madre.  Aún necesitan que las ayudes a regir sus corazones hasta que sus virtudes internas se hayan formado.  Toma tú la decisión por ellas.

Incentiva y apoya a tus hijas, y permanece dispuesta a continuar buscando hasta encontrar la ropa adecuada.

Ahora, madres, permítanme decirles a modo de precaución, algunas de ustedes tienen hijas adolescentes, si no han estado cultivando una relación con sus hijas, si no tienen su corazón y si no les han enseñado los principios de la modestia desde que eran niñas, no empiecen de golpe diciendo: “Hoy vamos a aprender sobre la modestia y a practicar la modestia”.

Y algo que también es muy importante: Enfócate en el panorama general, y recuerda que esto es un reto a largo plazo. Mantener este enfoque es mucho más importante que un argumento específico sobre esa pieza particular de ropa.  Recuerda que estás discipulando a tus hijas para ser mujeres de Dios.

Y eso es difícil.  Es difícil para ti y es difícil para ellas.  Es un reto, y habrá ocasiones en que ellas se sentirán tan sobrecogidas por el deseo de ser aceptadas, el deseo de encajar, y no es que eso esté del todo mal.  Pero hay líneas que tú debes sabes que ellas no podrán cruzar, y eso significa que en ocasiones tendrás que soportar malas caras o la ira de tus hijos.

Ahora, no lo provoques por tu espíritu.  No los provoques innecesariamente.  Pero, si se enojan porque no están de acuerdo contigo. . .Bueno.

Puedo recordar en mi adolescencia algunos desacuerdos que tuve con mi mamá y con mi papá en áreas específicas.  Me alegro tanto de que mis padres estuvieron dispuestos a enfrentar el reto, y estuvieron dispuestos, cuando fuera necesario, a permanecer firmes y en otras ocasiones a ceder, a darse cuenta de que esto no era un asunto de quien tuviera la razón. Algunas veces era cuestión de preferencia, y ellos me lo dicen ahora, o mi mamá me lo dice ahora, que había momentos en que ellos solo decían: “Esta no es una batalla que pensamos que tenemos que pelear ahora con nuestros hijos”.

Dios te dará la sabiduría de cuál es cuál.  Pero recuerda que estás haciendo algo, cuando permaneces firme, cuando mantienes la línea, estás haciendo algo por un bien mayor, y eso es el corazón, la vida, el futuro de tu hija o de tu hijo.

Deuteronomio capítulo 6 dice que obedezcas estas leyes para “que te vaya bien” (v. 3). No pelees la batalla para ganar el argumento. Porque si eres una persona con un espíritu propenso a las discusiones, estás pecando, estás equivocada.  No esperes que tu hijo o tu hija quieran obedecer a Dios si de la forma que estás tratando con la situación estás violando los mismos principios de la Palabra de Dios.

Tito capítulo 2 dice, “Enseña a las jóvenes,” entrena a tus hijas, “A ser prudentes, puras… Para que la Palabra de Dios no sea blasfemada… Para que adornen la doctrina de Dios nuestro Salvador” (vv. 3-5, 10).

Eso es lo que buscas.  ¡No te des por vencida! Recuerda el producto final, y camina hacia allá. Confía en que Dios obrará en el corazón de tus hijas e en el corazón de tus hijos mientras les enseñas lo que es correcto, lo que es apropiado, y lo que adorna el Evangelio de Cristo.

Carmen: Estamos escuchando a Nancy Leigh DeMoss motivando a las madres a invertir la verdad bíblica de manera efectiva en los corazones de sus hijos.  También escuchamos a Holly Elliff.

Ese mensaje es parte de una serie llamada La hermosura de un corazón modesto. Hoy es el último programa de esta serie. Si faltaste a cualquiera de las sesiones, puedes escucharlas visitando AvivaNuestrosCorazones.com.

Estas enseñanzas prácticas son posibles gracias a radioescuchas como tú, que aportan sus ofrendas.  Aquí tenemos a Nancy para hablarte sobre la gran diferencia que hará tu aporte.

Nancy: Hace ya más de un año que Dios abrió puertas sorprendentes para empezar a difundir Aviva Nuestros Corazones en español.  Gracias al Señor esta iniciativa ya se está llevando a cabo, pero nuestro anhelo  es que se expanda para poder ministrar a cientos de miles de mujeres cuya lengua primaria es el español, ya sea en este país o en diferentes países de América Latina.

Mientras oramos y evaluamos esta oportunidad, le pedimos al Señor que confirme su dirección a través de la provisión de fondos.  Tu asistencia tendrá un gran efecto sobre nuestra habilidad para movernos hacia adelante con el ministerio en español, al igual que otras oportunidades de expandir el alcance de este programa.

Apelamos a nuestras hermanas hispanas de los EEUU quienes tienen familiares en América Latina y que quisieran que fueran expuestos a estas enseñanzas específicamente diseñadas para la mujer. De modo que, sea que hayas ofrendado anteriormente o no para este ministerio, espero que consideres, en oración, el ayudarnos a cumplir esta meta.

Carmen: Por favor, llámanos al 1-800-569-5959 desde EEUU o Canadá si te ves movida por  Dios a ayudar en esta iniciativa. Si nos llamas para dar tu ofrenda, asegúrate de pedir que se aplique al ministerio hispano.

¡Gracias por acompañarnos hoy en Aviva Nuestros Corazones!

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio alcance de Life Action Ministries… ¡Y quiero ser  una mujer verdadera!

Todas las Escrituras han sido tomadas de la Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Tomado de: Aviva Nuestros Corazones

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

Heridas en la batalla de la vida

Isha – Salmos

DÍA 146 – Salmo 109

Dosis: Perdón

Heridas en la batalla de la vida

“¿Qué importa que ellos me maldigan? ¡Bendíceme tú! Pueden atacarme, pero quedarán avergonzados; en cambio, este siervo tuyo se alegrará.” (Salmo 109:28) (NVI)

David estaba herido, muy herido. En este salmo David está tan dolido que pide que sus enemigos pierdan su trabajo y sus bienes. Sin embargo, a pesar de su dolor, David se abstuvo de vengarse a sí mismo y entregó su causa a Dios. Quizá nos sorprenden este tipo de salmos donde pareciera que se busca venganza, pero si recordamos que los salmos son diarios espirituales, lugares donde se exhiben todos los sentimientos humanos, podemos comprender que son momentos de desahogo en que David solo elevaba su voz con queja. ¿Lo has hecho tú también? En ocasiones vertimos en oración todo lo que está dentro, pero es mejor hacerlo con Dios que ante otros oídos.
Sabemos de primera mano que David, cuando tuvo oportunidad de vengarse, no lo hizo. Cuando tuvo a Saúl cerca, no lo mató. Por lo tanto, podemos aprender que a Dios no le toma desprevenido ningún arranque humano de ira, de duelo o de tristeza. Más bien, está al tanto, esperando que vayamos a él con nuestras cargas. A final de cuentas, aunque David se siente insultado, necesitado y acusado, pide amor en vez de odio, bendición en vez de maldición y alegría en vez de oprobio.
Todas somos heridas en la batalla de la vida. Quizá algún día nos toque otorgar un perdón que va en contra de toda lógica humana. Recuerdo a un misionero que vino a mi país para servir. En cierta ocasión su hija atravesaba la calle cuando un conductor ebrio la atropelló. La niña murió enseguida. Unos meses después, condenaron a la cárcel al asesino, y el misionero supo que debía hacer lo que Dios le pedía. Así que acudió a prisión y habló con aquel hombre. Le otorgó el perdón. Tanto impacto tuvo esto sobre el condenado, que quiso oír más de Jesús y le entregó su vida.
Si has sido insultada, acusada injustamente o difamada por otros, lleva ante Dios tus quejas y desahógate con él. Pero no busques la venganza, ni quieras tomar la justicia en tus propias manos. En la película “La Lista de Schindler”, el encargado del campo de concentración compara su poder con el de los Emperadores Romanos, quienes con una señal de su mano daban vida o muerte a los que luchaban en la arena. Pero entonces Schindler le dice que cualquiera podría dar la vida a un inocente, pero el verdadero poder era ofrecer vida, cuando se sabía que aquel hombre era culpable. No hay batalla más difícil de luchar que la que se lleva a cabo en nuestros corazones cuando sabemos que debemos perdonar pero nuestra voluntad se niega. Sin embargo, nadie puede luchar contra el poder del perdón. Recuerda que tú misma has sido perdonada. No importa cuán ilógico parezca, si tú obedeces a Dios, él te bendecirá. Y como dice el salmo, ¡qué importa que otros nos maldigan! Si tenemos la bendición de Dios, lo tenemos todo.

Oración: Señor, gracias porque puedo abrir delante de ti mi corazón. Enséñame a perdonar. Amén.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 162). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.

La llave de la puerta de entrada

Jueves 13 Febrero

Volved a aquel contra quien se rebelaron profundamente los hijos de Israel.

Isaías 31:6

Porque nunca decayeron sus misericordias. Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad.

Lamentaciones 3:22-23

La llave de la puerta de entrada

Era más de medianoche. Sin hacer ruido, Raymond sacó una llave de su bolsillo, abrió la puerta y entró a la casa. Todo estaba en silencio. Subió la escalera y entró a su antigua habitación: nada había cambiado desde que se había ido cinco años atrás.

Después de la muerte de su madre, no había tenido en cuenta ninguna de las promesas que le había hecho. Se fue a vivir «la vida». Su padre había intentado comunicarse con él muchas veces, pero en vano. Las cartas le eran devueltas con la mención: Desconocido en esta dirección. Por último, su padre descubrió dónde vivía, y un día Raymond recibió un pequeño paquete, el cual contenía… la llave de la casa, la cual acababa de usar.

Su padre no oyó nada. En la mañana, como lo hacía desde que había enviado la llave a su hijo, abrió la puerta de la habitación de su hijo y oyó: –¡Papá, he obrado tan mal! ¿Me puedes perdonar?

–Sí, Raymond. Pero, ¿le has pedido a Dios que te perdone?

–Sí, papá. Y Dios me perdonó.

La Biblia nos habla de otro hogar, “la casa del Padre”, la morada de Dios. Él es quien tiene la llave. Dios es justo y santo, no puede recibir a ningún pecador. Sin embargo, él ofrece la llave a cada uno: esta llave es el arrepentimiento y la fe en el valor del sacrificio de Jesús en la cruz, castigado en nuestro lugar. Utilice esta llave y conocerá a Dios como un Padre lleno de amor.

Génesis 47 – Mateo 27:1-31 – Salmo 22:12-15 – Proverbios 9:1-6

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch