2 Crónicas 13 | Apocalipsis 3 | Hageo 1 | Juan 2

12 DICIEMBRE

  

2 Crónicas 13 | Apocalipsis 3 | Hageo 1 | Juan 2

Las siete iglesias de Asia Menor (aproximadamente, una tercera parte de lo que hoy día es Turquía, la parte occidental) son muy diferentes unas de otras (Apocalipsis 2–3). En la mayoría de las ocasiones, reflejan algo de las ciudades en las que están ubicadas, ya sea porque imitan sus defectos o porque soportan su opresión. Dos de las siete iglesias, en Esmirna y Filadelfia, son pequeñas y están subyugadas, y no reciben crítica. Las otras cinco se hallan en varios niveles de peligrosidad.

La iglesia que recibe el menor aliento y la mayor condenación es la de Laodicea (Apocalipsis 3:14–22), una iglesia que refleja demasiado su contexto. Laodicea era un centro bancario. Aquí, viajeros de oriente cambiaban su dinero y así lo hacía Cicerón, el famoso orador romano, cuando viajó fuera de las fronteras del imperio hacia el este. El negocio del dinero trajo prosperidad a esta ciudad. También se la conocía como un centro oftalmológico. Las infecciones de los ojos eran comunes y en Laodicea los médicos habían desarrollado una fórmula que había resultado eficaz para muchos. Las ovejas de esta zona producían una lana negra que era especialmente fuerte, algo así como la tela de “jeans” del mundo antiguo. El único verdadero defecto de la ciudad era su sistema acuífero. La vecina ciudad de Colosas tenía la única fuente de agua dulce en el valle de Lico; por otro lado, en Herápolis, otra ciudad cercana, había aguas termales y por ello se le conocía como un lugar en el que se “realizaban curas”. Las aguas que recibía Laodicea discurrían por kilómetros mediante tubería de piedra y estaban contaminadas. Dejaban unos depósitos gruesos de carbonato en las tuberías y eran conocidas en el mundo antiguo por su sabor asqueroso.

Juan recoge estos elementos. La iglesia se cree rica, pero no se da cuenta de que, espiritualmente, está en bancarrota. Cree que puede “ver” (es decir, que discierne), pero la realidad es que está ciega. Sostiene que está bien vestida, completamente presentable, mientras Dios la percibe como desnuda. Esta iglesia se ha vuelto arrogante y orgullosa de la misma forma que la ciudad era arrogante y orgullosa. El Jesús exaltado exhorta a esta iglesia a “comprar” el “oro” que sólo él puede ofrecer, el ungüento de los ojos que sólo él puede proveer y los vestidos blancos (que indican pureza) que sólo él les puede dar (3:18). Esto dado que, por el estado actual en el que se encuentran, le resultan como el agua de Laodicea: ni fría y refrescante (como el agua de Colosas), ni caliente y medicinal (como la de Híerapolis), sino francamente nauseabunda. No son frescos y útiles, ni son calientes y útiles; son meramente asquerosos y provocan el vómito.

Muchas iglesias occidentales se encuentran en una posición parecida. Escucha la Palabra del Señor: “Yo reprendo y disciplino a todos los que amo. Por lo tanto, sé fervoroso y arrepiéntete. Mira que estoy a la puerta y llamo. Si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré, y cenaré con él, y él conmigo” (3:19–20).

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 346). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Dios es amor (5)

Hemos conocido y creído el amor que Dios tiene para con nosotros. Dios es amor; y el que permanece en amor, permanece en Dios, y Dios en él.

1 Juan 4:16

… conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento.

Efesios 3:19

Dios es amor (5)

¿Quién es Dios? ¡Es una pregunta fundamental, insondable! No podríamos responder por nosotros mismos. Dios se dio a conocer a los primeros hombres como el Dios Todopoderoso, el Altísimo, cercano pero santo, impenetrable para la mente humana. Se reveló a Moisés como Aquel que es desde siempre y para siempre. Se revela en el Nuevo Testamento como el Padre de aquellos que creen en Jesús. Al final del Nuevo Testamento hallamos estas palabras tan grandes y llenas de dulzura: “Dios es amor”.

De un ser humano podemos decir que da o que recibe amor, pero no podemos decir que es amor. Sin embargo Juan nos dice de Dios no solo que ama, sino que es amor.

El amor de Dios no es algo abstracto, es un amor activo, un amor que se entrega. Por medio de Jesús, el Hijo de Dios que se hizo hombre y vino a la tierra para acercarse a nosotros, conocimos el amor de Dios. Jesús “anduvo haciendo bienes” (Hechos 10:38). Luego aceptó morir en una cruz para librarnos de nuestros pecados.

En esto el cristianismo es único: Dios se reveló a nosotros en Jesús, el Hijo de Dios que se hizo hombre para salvarnos.

“Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos. Ciertamente, apenas morirá alguno por un justo; con todo, pudiera ser que alguno osara morir por el bueno. Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Romanos 5:6-8).

Eclesiastés 12 – Apocalipsis 5 – Salmo 140:6-13 – Proverbios 29:21-22

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LIBERACIÓN DE AFLICCIONES TEMPORALES

LIBERACIÓN DE AFLICCIONES TEMPORALES

12/11/2017

Sé que por vuestra oración y la suministración del Espíritu de Jesucristo, esto resultará en mi liberación. (Filipenses 1:19) 

El versículo de hoy muestra el valor de la plena confianza en Dios. Pablo sabía que su aflicción presente era temporal y que sería librado de ella.

¿Por qué estaba Pablo convencido de su liberación? Su declaración: “Sé que… esto resultará en mi liberación” es una cita de la versión griega de Job 13:16. Job era un hombre justo que sufrió mucho, pero fue librado porque Dios siempre libra a los justos. Job dijo: “Y después de deshecha esta mi piel, en mi carne he de ver a Dios” (Job 19:26). Él sabía que temporal o eternamente Dios lo libraría.

Pablo sabía que podía confiar en que Dios lo librara tal como Dios había librado a Job. Confiaba en que sus circunstancias resultarían en bien, ya fuera librado de la cárcel, justificado en su juicio y librado de la ejecución, o yendo a la gloria como un mártir. Tal vez usted no sufra las mismas pruebas que Pablo, pero cualesquiera que sean sus circunstancias la misma segura confianza está a su alcance.

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Por qué vino Jesús

DICIEMBRE, 11

Por qué vino Jesús

Devocional por John Piper

Así que, por cuanto los hijos participan de carne y sangre, Él igualmente participó también de lo mismo, para anular mediante la muerte el poder de aquel que tenía el poder de la muerte, es decir, el diablo, y librar a los que por el temor a la muerte, estaban sujetos a esclavitud durante toda la vida. (Hebreos 2:14-15)

Hebreos 2:14-15 merece más que dos minutos de atención de un devocional de Adviento. Estos versículos conectan el principio y el final de la vida terrenal de Jesús, y dejan en claro el motivo por el cual él vino al mundo. Es un pasaje muy bueno para explicar a un amigo o familiar no creyente, paso por paso, la perspectiva cristiana respecto a la Navidad, quizás del siguiente modo:

«…por cuanto los hijos participan de carne y sangre…»

El término hijos aparece en el versículo anterior y se refiere a los hijos espirituales de Cristo, el Mesías (ver Isaías 8:18; 53:10). Estos también son los «hijos de Dios». En otras palabras, al enviar a Cristo, Dios tenía en la mira especialmente la salvación de sus «hijos». Es cierto que «de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito [Jesús]». Pero también es cierto que Dios tenía el propósito específico de «reunir en uno a los hijos de Dios que están esparcidos» (Juan 11:52). El designio de Dios era ofrecer a Cristo al mundo, y hacer efectiva la salvación de sus «hijos» (ver 1 Timoteo 4:10). Podemos experimentar la adopción si recibimos a Cristo (Juan 1:12).

«…Él igualmente participó también de lo mismo [carne y sangre]…»

Cristo existía desde antes de la encarnación. Era espíritu. Era el Verbo eterno. Estaba con Dios y era Dios (Juan 1:1; Colosenses 2:9). Pero se hizo carne y sangre, y vistió su deidad de humanidad. Se hizo totalmente humano y siguió siendo totalmente Dios. Este es un gran misterio en muchos sentidos, pero se halla en el centro de nuestra fe y es lo que la Biblia enseña.

«…para… mediante la muerte…»

La razón por la que se hizo hombre era morir. Siendo Dios, no podía morir por los pecadores. Pero podía hacerlo siendo hombre. Su propósito era morir. Por lo tanto, tendría que nacer como humano. Nació para morir. El Viernes Santo el la razón de la Navidad. Es necesario decir esto acerca del significado de la Navidad hoy día.

«…para anular mediante la muerte el poder de aquel que tenía el poder de la muerte, es decir, el diablo…»

Al morir, Cristo despojó al diablo de su poder. ¿Cómo lo hizo? Cubriendo todo nuestro pecado. Esto significa que Satanás no tiene fundamentos legítimos para acusarnos delante de Dios. «¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica» (Romanos 8:33). ¿En qué se basa para justificarnos? En la sangre de Jesús (Romanos 5:9).

El arma más efectiva de Satanás contra nosotros es nuestro propio pecado. Si la muerte de Jesús quita el pecado, también arrebata el arma más poderosa de la mano de Satanás. El diablo no puede pedir que se nos aplique la pena de muerte, ¡porque el Juez nos absolvió por medio de la muerte de su Hijo!

«…y librar a los que por el temor a la muerte, estaban sujetos a esclavitud durante toda la vida»

Por lo tanto, somos libres del temor de la muerte. Dios nos justificó. Satanás no puede revocar ese decreto. Y Dios quiere que nuestra seguridad eterna tenga un efecto inmediato en nuestra vida. Quiere que el final feliz nos libre de la esclavitud y el temor del presente.

Si no tenemos razones para temer a nuestro último enemigo y el peor de todos, la muerte, entonces no necesitamos temer a nada. Podemos ser libres. Libres para regocijarnos. Libres para bendecir a los demás.

¡Qué gran regalo de Navidad departe de Dios para nosotros! ¡Y de nuestra parte para el mundo!


Devocional tomado del articulo “Born to Die for Freedom”

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A Cristo el Señor servís

11 de diciembre

«A Cristo el Señor servís».

Colosenses 3:24

¿Aqué selecta clase de funcionarios se dijeron estas palabras? ¿A los reyes que pomposamente hacen alarde de un derecho divino? ¡Ah no, pues ellos a menudo se sirven a sí mismos o a Satanás, y olvidan al Dios cuya tolerancia les permite ostentar su imitativa majestad por pocas horas! ¿Habla, entonces, el Apóstol a los así llamados «muy reverendos padres en Dios», los obispos, o a «los venerables archidiáconos?». Tampoco: en realidad, Pablo no sabía nada de estas invenciones de los hombres. Estas palabras no se dirigieron siquiera a los pastores y maestros, ni a los ricos y estimados entre los creyentes, sino a los siervos: sí, y a los esclavos. Entre la multitud trabajadora: los jornaleros, los peones, los sirvientes, los cocineros, encontró el Apóstol (como nosotros los encontramos aún ahora) algunos de los elegidos del Señor, a quienes les dice: «Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor, y no para los hombres; sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la herencia; porque a Cristo el Señor servís» (Col. 3:23, 24). Esto ennoblece la fastidiosa rutina de las ocupaciones terrenales y pone una aureola alrededor de los trabajos más humildes. El lavar los pies quizá sea servil, pero el lavar los pies de Jesús es un trabajo regio. Desatar la correa del calzado es una ocupación humilde, pero desatar el calzado del gran Maestro es un privilegio de príncipe. La tienda, la granja, el fregadero y la fragua se convierten en templos cuando los hombres y las mujeres hacen todo para la gloria de Dios. Entonces, el «culto divino» no es una cosa de unas pocas horas o limitado a ciertos lugares; al contrario, pues la vida entera llega a ser santidad al Señor, y toda cosa y el lugar que sea se hacen tan consagrados como el Tabernáculo y su candelero de oro.

Anhelo ser obrero de valor,

confiando en el poder del Salvador.

Y el que quiera trabajar,

hallará también lugar

en la viña del Señor.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 356). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

2 Crónicas 11–12 | Apocalipsis 2 | Sofonías 3 | Juan 1

11 DICIEMBRE

2 Crónicas 11–12 | Apocalipsis 2 | Sofonías 3 | Juan 1

El cronista presenta algunas percepciones fascinantes que nos ayudan a comprender el reinado de Roboam, el primer rey de Judá tras el fin de la monarquía unida (2 Crónicas 11–12). Veremos dos de ellos.

(1) Como era de esperar, muchos de los levitas que vivían en el norte se trasladaron al sur (11:11–17). Toda su vida estaba centrada en el templo, y esta era la conexión que quería romper Jeroboam, el rey de las diez tribus del norte. Por lo tanto, no sólo estableció sus propios ídolos, sino que despidió a todos los levitas. El efecto, al menos en un principio, fue fortalecer el poder de Roboam (11:17). A veces, Dios, en su providencia, usa el principio de las “consecuencias no planificadas” para convertir en bendiciones lo que inicialmente parece ser un desastre absoluto. El ejemplo más grandioso de esto es, por supuesto, la cruz.

(2) Roboam demostró ser un rey mediocre cuyo efecto general fue malo. Ciertos elementos iniciales del reinado de Roboam fueron buenos. Eligió al hijo correcto, Abías, para ser “jefe y príncipe” (11:22), preparándolo así para el trono. Aprendiendo de la estupidez de la decisión que le había costado el reino unido (10:8; cf. 1 Reyes 12:8), Roboam se esforzó por mantener el contacto con el pueblo, dispersando a sus muchos hijos por los distritos y ciudades fortificadas de Judá. Tristemente, una vez se encontró cómodo, cuando su reino estaba más o menos seguro, se alejó de la ley del Señor y su pueblo también lo hizo (12:1). Dios respondió desatando a Sisac, rey de Egipto, contra esta pequeña nación. El profeta Semaías afirmó con autoridad: “Así dice el Señor: “Como vosotros me abandonasteis, ahora yo también os abandono, para que caigáis en manos de Sisac” (12:5).

El rey Roboam y los líderes de Israel se humillaron (12:6, 12). El resultado fue que Dios no permitió que los egipcios destruyeran a Judá. No obstante, Dios dijo que su pueblo “serán sus siervos [de Sisac], para que sepan lo que es servirme a mí, y qué es servir a los reinos de las naciones” (12:8). Este desarrollo nos recuerda la reacción de Dios cuando el pueblo de Israel entró a la tierra prometida y rápidamente abandonó su fidelidad. El resultado fue que, en vez de la victoria rápida que pudieron haber obtenido, se vieron enredados en miserables refriegas durante generaciones.

Hay una especie de maldad que no es ni muy mala ni muy buena; no es terriblemente rebelde, pero tampoco tiene sed de justicia. Es una postura que se inclina a la idolatría y apresuradamente se retira ante la amenaza de juicio. Lo que le falta es el corazón de David, ese corazón de un hombre que, a pesar de los fracasos, se decidió a buscar a Dios con pasión y deleite. El veredicto final sobre el reino de Roboam nos explica el problema: “actuó mal, porque no tuvo el firme propósito de buscar al Señor” (12:14).

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 345). Barcelona: Publicaciones Andamio.

La Biblia echada por la ventana

Como desciende de los cielos la lluvia y la nieve, y no vuelve allá, sino que riega la tierra, y la hace germinar y producir… así será mi palabra… no volverá a mí vacía, sino que… será prosperada en aquello para que la envié.

Isaías 55:10-11

La Biblia echada por la ventana

Dos viajeros entablaron una conversación amena en un tren que los conducía por Georgia. Luego, de repente, uno de ellos descubrió que su interlocutor era cristiano. La conversación cambió de tono. Él sacó su Biblia y leyó algunos pasajes. ¡Pero todo fue inútil! Cada uno se mantuvo en su posición, y un silencio glaciar se instaló en el compartimento.

Un momento después el viajero fue al baño, y al regresar vio a su compañero que estaba cerrando la ventana. ¡La Biblia había desaparecido! Los dos hombres se miraron sin decir palabra.

Meses más tarde el evangelista recibió la visita de un desconocido.

–Me gustaría ser bautizado, dijo.

–¿Cómo llegó a conocer al Salvador?

–Leí la Biblia, y ella me mostró que era un pecador. Conocí al Dios Salvador.

Desconfiado, porque en aquel tiempo estaba prohibido distribuir Biblias y anunciar el Evangelio, le preguntó:

–¿Cómo obtuvo una Biblia?

–Debido a mi trabajo, tuve que inspeccionar un edificio cerca de la vía férrea. Pasó un tren, y un objeto cayó a mis pies. Era una Biblia.

–¿Trajo esa Biblia?

–Claro que sí; aquí está.

El cristiano tomó el libro y vio que era su Biblia.

Años después hubo libertad de culto en ese país, y una asamblea de cristianos se formó en el pueblo del recién convertido.

Eclesiastés 10-11 – Apocalipsis 4 – Salmo 140:1-5 – Proverbios 29:19-20

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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La Biblia echada por la ventana

Como desciende de los cielos la lluvia y la nieve, y no vuelve allá, sino que riega la tierra, y la hace germinar y producir… así será mi palabra… no volverá a mí vacía, sino que… será prosperada en aquello para que la envié.

Isaías 55:10-11

La Biblia echada por la ventana

Dos viajeros entablaron una conversación amena en un tren que los conducía por Georgia. Luego, de repente, uno de ellos descubrió que su interlocutor era cristiano. La conversación cambió de tono. Él sacó su Biblia y leyó algunos pasajes. ¡Pero todo fue inútil! Cada uno se mantuvo en su posición, y un silencio glaciar se instaló en el compartimento.

Un momento después el viajero fue al baño, y al regresar vio a su compañero que estaba cerrando la ventana. ¡La Biblia había desaparecido! Los dos hombres se miraron sin decir palabra.

Meses más tarde el evangelista recibió la visita de un desconocido.

–Me gustaría ser bautizado, dijo.

–¿Cómo llegó a conocer al Salvador?

–Leí la Biblia, y ella me mostró que era un pecador. Conocí al Dios Salvador.

Desconfiado, porque en aquel tiempo estaba prohibido distribuir Biblias y anunciar el Evangelio, le preguntó:

–¿Cómo obtuvo una Biblia?

–Debido a mi trabajo, tuve que inspeccionar un edificio cerca de la vía férrea. Pasó un tren, y un objeto cayó a mis pies. Era una Biblia.

–¿Trajo esa Biblia?

–Claro que sí; aquí está.

El cristiano tomó el libro y vio que era su Biblia.

Años después hubo libertad de culto en ese país, y una asamblea de cristianos se formó en el pueblo del recién convertido.

Eclesiastés 10-11 – Apocalipsis 4 – Salmo 140:1-5 – Proverbios 29:19-20

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LA ACTITUD DE UN SIERVO

LA ACTITUD DE UN SIERVO

12/10/2017

Cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee,
no puede ser mi discípulo. (Lucas 14:33)
 

Pocos en la iglesia actual están consagrados a Jesucristo como lo estuvo el apóstol Pablo. Pablo ejemplifica de lo que hablaba Cristo cuando dijo: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame” (Lc. 9:23). Pablo vivía tan entregado a nuestro Señor que no le importaba si vivía o moría. Esa es una actitud de la que prácticamente no se oye en nuestra época materialista y ególatra. La mayoría de las personas hoy viven para todo menos para lo que Pablo vivía.

Pablo seguía sintiendo gozo siempre que su Señor fuera glorificado, aun cuando fuera él mismo amenazado de muerte. Lo único que le importaba era que se siguiera difundiendo el evangelio, que se predicara a Cristo y que se exaltara al Señor. La fuente de su gozo estaba totalmente relacionada con el reino de Dios.

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Oro, incienso y mirra

DICIEMBRE, 10

Oro, incienso y mirra

Devocional por John Piper

Cuando vieron la estrella, se regocijaron sobremanera con gran alegría. Y entrando en la casa, vieron al Niño con su madre María, y postrándose le adoraron; y abriendo sus tesoros le presentaron obsequios de oro, incienso y mirra. (Mateo 2:10-11)

Dios no es servido por manos humanas, como si necesitara algo (Hechos 17:25). Los regalos de los magos no fueron una forma de ayuda ni de tratar de suplir sus necesidades. Sería deshonroso para un monarca que vinieran visitantes extranjeros con provisiones de la realeza.

Tampoco fueron a modo de soborno. Deuteronomio 10:17 dice que Dios no toma cohecho. Entonces, ¿cuál fue la intención? ¿Cómo se supone que estos regalos fueran una forma de adoración?

Los regalos son intensificadores de deseo por la misma persona de Cristo, al igual que el ayuno. Cuando le ofrecemos a Cristo esa clase de regalo, lo que queremos decir es esto: «El gozo que busco (como en Mateo 2:10) no se basa en la esperanza de hacerme rico con las cosas que puedas darme. No vengo a ti en busca de regalos, sino en busca de ti mismo. Y ahora intensifico y demuestro este deseo entregándote cosas, con la esperanza de regocijarme más en ti y no en estas cosas. Al darte algo que no necesitas, y que quizás yo podría disfrutar, lo que intento decir de todo corazón y de un modo genuino es que mi tesoro eres tú, y no lo que te ofrezco».

Creo que ese es el significado de la adoración a Dios por medio de los obsequios de oro, incienso y mirra.

Que Dios nos revele la verdad de este pasaje y despierte en nosotros un deseo por Cristo mismo. Que podamos decir de corazón: «Señor Jesús, tú eres el Mesías, el Rey de Israel. Todas las naciones vendrán y doblarán sus rodillas delante de ti. Dios dirige el mundo para que vean que eres adorado. Por lo tanto, cualquiera sea la oposición con la que me enfrente, gozoso atribuyo la autoridad y la dignidad a ti, y traigo mis regalos para decir que solo tú puedes satisfacer los deseos de mi corazón, y no estos obsequios».


Devocional tomado del sermón “Hemos venido a adorarlo”

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