Las palabras pequeñas

Tiendo a apresurarme. Incluso cuando me relajo en el sofá para leer un libro, me encuentro pasando apurado las páginas. No es que no disfrute leer, es que parece que siempre tengo prisa por hacer lo que vendrá inmediatamente después de lo que estoy haciendo ahora. Cuando leo, me apresuro para llegar a comer el bocadillo que sigue en mi lista de cosas por hacer. Y cuando empiezo a preparar esa merienda, me apuro para revisar mi correo electrónico. Supongo que esto forma parte de la vida en esta sociedad norteamericana: siempre tenemos prisa por hacer algo, aunque ese algo no sea nada.

Incluso me encuentro apurado cuando leo la Biblia. Me apresuro a leer la Biblia para poder orar. Después de orar, puedo pasar a leer el siguiente libro de mi lista de lectura. El problema es que, cuando me apresuro, me pierdo de cosas. Si leo la Biblia deprisa, siempre acabo pasando por alto algunas palabras importantes. Nunca se me escapan las grandes: puedo detectar una «justificación» o una «imputación» a un kilómetro de distancia. Son las pequeñas las que se me escapan. Los «si» y los «peros» tienden a escaparse de mi atención. Sin embargo, es sorprendente cómo cambia la Biblia cuando me tomo el tiempo de absorber cada una de esas pequeñas palabras. En última instancia, a menudo son más importantes que las grandes palabras que las rodean.

Considera los versículos 31 y 32 de Lucas 22. «Y el Señor dijo: “¡Simón, Simón! En efecto, Satanás ha preguntado por ti, para tamizarte como el trigo. Pero Yo he rogado por ti, para que tu fe no desfallezca; y cuando hayas vuelto a Mí, fortalece a tus hermanos”». Cuando me apresuro, pierdo de vista las pequeñas palabras como «cuando». Esa pequeña palabra en el contexto de este versículo habla de una verdad tan asombrosa. Satanás preguntó si podía tamizar a Simón como el trigo. Aunque no sabemos exactamente lo que eso implica, ciertamente muestra que el diablo iba a lanzar un ataque especialmente cruel contra Simón. Jesús, después de haber orado por Simón, no dijo «si vuelves». Más bien, habló con confianza, diciendo que cuando Pedro perseverara, sería capaz de fortalecer a otros. Cuando miramos este versículo en relación con otros pasajes de la Escritura, podemos ver una afirmación de los principios de la seguridad eterna: que Satanás, aunque puede atacarnos, nunca puede separarnos para siempre del Señor. Si pierdo de vista esa pequeña palabra «cuando», me pierdo una gran verdad.

Otro ejemplo de una pequeña palabra con gran significado está en Efesios 2, que dice que la salvación es por gracia a través de solo la fe en Cristo. «Y a vosotros os dio vida, cuando estabais muertos en delitos y pecados, en los cuales anduvisteis en otro tiempo según la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora obra en los hijos de la desobediencia, entre los cuales también todos nos condujimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne».

«Pero Dios, que es rico en misericordia, por Su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia habéis sido salvados), y juntamente con Él nos resucitó, y nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús, para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de Su gracia en Su bondad para con nosotros en Cristo Jesús. Porque por gracia habéis sido salvados por medio de la fe, y esto no de vosotros mismos; es don de Dios, no de las obras, para que nadie se gloríe. Porque somos hechura Suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviéramos en ellas».

La primera parte de este pasaje trata de la condición humana natural. Los humanos están muertos en delitos y pecados. Andamos según los caminos de Satanás en lugar de los de Dios. Amamos cumplir nuestros propios deseos en vez de los de Dios, y somos hijos de la ira. Pero Dios. Esa pequeña frase. Así éramos… pero Dios. Luego leemos cómo Dios, por Su gran amor, nos dio la vida, salvándonos de nuestra condición natural. Una vez más, todo depende de una pequeña palabra. Esa palabra une todo el argumento, llevándonos de la condenación segura a la salvación segura.

He aprendido que tengo que ir más despacio cuando leo, no sea que siga perdiéndome estas grandes verdades. Cuando voy más despacio, leo con atención y me tomo tiempo para meditar en las palabras de la Escritura, me enriquecen todas y cada una de las palabras que contiene la Biblia. Recuerdo algunas de las primeras cartas de amor que me escribió mi esposa, hace tantos años, y cómo las leía y releía, empapándome de cada palabra y cada frase. Ese es el tipo de devoción que necesito mostrar a la Biblia, leer cada palabra, cada «jota y tilde» para asegurarme de que no pierdo de vista involuntariamente ninguna de las maravillas de Dios.

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Tim Challies

Tim Challies es uno de los blogueros cristianos más leídos en los Estados Unidos y cuyo Blog ( challies.com ) ha publicado contenido de sana doctrina por mas de 6000 días consecutivos. Tim es esposo de Aileen, padre de dos niñas adolescentes y un hijo que espera en el cielo. Adora y sirve como pastor en la Iglesia Grace Fellowship en Toronto, Ontario, donde principalmente trabaja con mentoría y discipulado.

Recibió gratuitamente, dé gratuitamente

Sábado 10 Diciembre

Si repartiese todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor, de nada me sirve.

1 Corintios 13:3

(Jesús dijo:) De gracia recibisteis, dad de gracia.

Mateo 10:8

Recibió gratuitamente, dé gratuitamente

A lo largo de sus páginas la Biblia nos exhorta a ser generosos (Deuteronomio 15:7). En el Antiguo Testamento Dios pedía que se le diera el diezmo de lo que se ganaba. “El diezmo de la tierra, así de la simiente de la tierra como del fruto de los árboles, del Señor es” (Levítico 27:30).

En el Nuevo Testamento la invitación es a dar libremente, por amor. “Dios ama al dador alegre” (2 Corintios 9:7). Por supuesto, para dar es necesario haber recibido primero. Solo podemos dar lo que nos pertenece. Si hemos recibido el perdón de Dios, su gozo, su amor, su paz… entonces podemos dar perdón, gozo, amor y paz a quienes nos rodean. Dar es primero compartir estas cosas gratuitamente.

Dar también es estar dispuesto a privarse de cierta comodidad, de ciertas cosas materiales, pero, al mismo tiempo es un medio para conocer mejor a nuestro Dios, quien nos ha dado tanto.

¡Y el hecho de dar es tan liberador! “Todo lo que no sabes dar te domina”, escribió alguien. Dando y dándonos para amar y servir a Dios y a los demás, nuestro corazón se ensancha y apreciamos más los dones de Dios y su gracia. Cuanto más gustemos la gracia de Dios, más daremos. Y cuánto más demos, más creceremos en el conocimiento de su gracia.

“Hay quien todo el día codicia; pero el justo da, y no detiene su mano” (Proverbios 21:26).

“Honra al Señor con tus bienes” (Proverbios 3:9).

Jueces 3 – Apocalipsis 3:7-22 – Salmo 139:19-24 – Proverbios 29:17-18

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¿Qué actitud tomar ante la muerte?

Viernes 9 Diciembre

(Jesús dijo:) He aquí que vivo por los siglos de los siglos, amén. Y tengo las llaves de la muerte y del Hades.

Apocalipsis 1:18

(Jesús dijo al malhechor crucificado con él): De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso.

Lucas 23:43

¿Qué actitud tomar ante la muerte?

Cada ser humano siente en diversos grados cierto temor ante la muerte, realidad solemne e ineludible (Hebreos 9:27). Muchos hablan de ella con ironía, como para atenuar su lado aterrador. Para otros es un tema tabú; les molesta el solo hecho de mencionarla. ¿Qué actitud debe tener el cristiano frente a la muerte?

Igual que los demás, el creyente tampoco conoce el momento en que partirá de esta tierra. Pero, para el más allá, posee una gran certeza dada por la Palabra de Dios: sabe que la muerte está vencida, porque Jesús resucitó. “Él (Cristo) también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo” (Hebreos 2:14). El creyente descansa en esta afirmación divina: “Nuestro Salvador Jesucristo, el cual quitó la muerte y sacó a luz la vida y la inmortalidad por el evangelio” (2 Timoteo 1:10). Mediante su sacrificio, Cristo solucionó definitivamente el problema de la muerte.

Por lo tanto, el cristiano puede considerar su propia muerte sin temor: sabe que estará con su Salvador. El juicio y la condenación que lo esperaban fueron llevados por Cristo (Romanos 8:1). La muerte, lejos de ser un destino aterrador, es el acceso al reposo con su Salvador, a un feliz futuro en la presencia del Dios de amor.

La muerte es la consecuencia del pecado. Reconocer que uno es un pecador que merece la muerte es el paso que conduce a aceptar por la fe la salvación que Jesús ofrece, y cuyo precio él mismo pagó. Es la única condición para conocer ese gozo inestimable.

Jueces 2 – Apocalipsis 2:18-3:6 – Salmo 139:13-18 – Proverbios 29:15-16

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Cartas a las iglesias: Sardis (5)

Jueves 8 Diciembre

(Jesús dijo:) Acuérdate, pues, de lo que has recibido y oído; y guárdalo, y arrepiéntete. Pues si no velas, vendré sobre ti como ladrón, y no sabrás a qué hora vendré sobre ti.

Apocalipsis 3:3

Cartas a las iglesias: Sardis (5)

Leer Apocalipsis 3:1-5

En la antigüedad, Sardis tenía fama de ser invencible. Su ciudadela construida sobre un cimiento rocoso desafiaba todo asalto. Sin embargo, la ciudad fue tomada dos veces, primero por Ciro y luego por Alejandro, y esto por el único punto débil, un sendero escondido en las rocas. Sus habitantes no lo esperaban…

La advertencia del Señor: “Sé vigilante” tenía, pues, un significado muy fuerte para los cristianos de Sardis. Ellos estaban inmersos en un sueño espiritual que parecía la muerte, sin relación verdadera con Dios, incluso si tal vez se creían muy activos. Habían olvidado que el Señor puede venir, para los que no lo esperan, “como ladrón” en la noche.

El mal de Sardis es lo que nos acecha cuando nos contentamos con las formas. Entonces el enemigo sabrá alejar nuestros corazones de Dios y ocupar nuestros espíritus de muchas maneras. Tal vez tengamos una vida cristiana aceptable a los ojos de los demás, pero superficial y sin vínculo vivo con Jesús. ¿Qué dice él a la iglesia en Sardis? “Acuérdate, pues, de lo que has recibido”. Él nos invita a volvernos a la Palabra de Dios, a dejarla penetrar en nuestros corazones, a recordar cuán grande ha sido su bondad, a confesarle cuánto lo hemos deshonrado con nuestro alejamiento de él. No nos engañemos sobre nuestro estado real ante Dios. No contemos con nuestros conocimientos bíblicos, sino solo con Jesús. “Bienaventurados aquellos siervos a los cuales su Señor, cuando venga, halle velando” (Lucas 12:37).

(continúa el próximo jueves)

Jueces 1:22-36 – Apocalipsis 2:1-17 – Salmo 139:7-12 – Proverbios 29:13-14

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¿Ilusiones?

Miércoles 7 Diciembre

Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios.

1 Juan 3:9

Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros.

1 Juan 1:8

¿Ilusiones?

Los dos versículos de hoy parecen opuestos entre sí y pueden confundir a los creyentes. Algunos cristianos, leyendo rápidamente el primero, podrían pensar que ya no pueden pecar. ¿Es posible? En la lengua original, el verbo traducido al español por “practicar” sugiere la idea de un comportamiento regular, de una costumbre. El apóstol quiere decir que una persona que tiene la vida de Dios ha sido liberada de “practicar el pecado”. La “simiente de Dios”, la nueva vida que ha recibido por gracia, está orientada hacia el bien, por lo tanto no peca.

Pero mientras estemos en la tierra, tenemos en nosotros esta fuente de mal llamada “la vieja naturaleza” o “la carne”, que siempre está dispuesta a influenciarnos. Es por eso que tristemente los cristianos pecan. No reconocerlo sería engañarnos a nosotros mismos. Este es el sentido del segundo versículo citado, confirmado por otros, en particular el de Santiago 3:2, V. M: “En muchas cosas todos tropezamos”.

Sin embargo, los creyentes no tienen ninguna excusa para ceder al pecado. En efecto, el Espíritu Santo que habita en ellos tiene un poder suficiente, y siempre está disponible, para preservarlos del mal. El que cultiva una buena relación con Dios es sensible a su santidad, y esto le evita “tropezar” o pecar.

Y si pecamos, ¿qué debemos hacer? El apóstol nos da inmediatamente el remedio: “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 1:9).

Jueces 1:1-21 – Apocalipsis 1 – Salmo 139:1-6 – Proverbios 29:11-12

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Testimonio anónimo de un médico

Martes 6 Diciembre

¿Qué provecho tiene el hombre de todo su trabajo con que se afana debajo del sol?

Eclesiastés 1:3

Haceos bolsas que no se envejezcan, tesoro en los cielos.

Lucas 12:33

Encontré

Testimonio anónimo de un médico

“Generación tras generación, los jóvenes comienzan su actividad llenos de fuerza, de entusiasmo y determinación… luego, unos tras otros, caen en la misma indiferencia y en los mismos defectos de los que los precedieron.

Después de algunos años de vida he notado que todo lo que constituye nuestra vida en la tierra a menudo no es más que apariencia, ilusorio, pasajero… Cuando era joven imaginaba que el objetivo principal de la vida era alcanzar un buen nivel social; luego vi cómo ciertas personas, después de haber alcanzado su ideal, se sintieron decepcionadas de la vida.

Tras descubrir cuán vanas eran las ofertas de este mundo, algo infinitamente más precioso, algo eterno, se impuso a mis pensamientos. Por la fe en Jesucristo encontré algo muy superior a todo lo que mi corazón podía desear. Lo más importante en el mundo, lo que realmente vale la pena, es conocer a Dios y su amor por medio de Jesucristo su Hijo. Conocer a Jesús el Salvador no es una teoría o una filosofía: es la vida, la vida eterna (Juan 17:3). He experimentado que Cristo es una roca sobre la cual puedo construir mi fe. He descubierto que el Espíritu Santo no es solo una influencia, sino una Persona real, viva, activa. Antes me interesaba en las cosas efímeras, ahora mis afectos profundos están anclados en Aquel que creó todas las cosas y que me ama”.

“No me avergüenzo, porque yo sé a quién he creído, y estoy seguro que es poderoso para guardar mi depósito para aquel día” (2 Timoteo 1:12).

Josué 24 – Santiago 5 – Salmo 138:6-8 – Proverbios 29:9-10

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El hilo de la araña

Lunes 5 Diciembre

Si os sometéis a alguien como esclavos para obedecerle, sois esclavos de aquel a quien obedecéis.

Romanos 6:16

Si el Hijo (de Dios) os libertare, seréis verdaderamente libres.

Juan 8:36

El hilo de la araña

Mi profesión me obligaba a viajar frecuentemente. Estas ausencias no agradaban mucho a mi familia. Un día mi pequeña hija tuvo la idea de atarme, para que no pudiera irme. Tomó una bobina de hilo y empezó a desenrollar el hilo mientras me envolvía con él. Después de algunas vueltas se detuvo triunfante y me dijo: “¡Papá, trata de liberarte!”. Yo hubiera podido romper los pocos hilos con la mayor facilidad, pero no quería estropear el júbilo de la niña. Ella dio vueltas nuevamente a mi alrededor con el hilo en la mano. “¿Puedes escapar?”, me preguntó de nuevo. Fingí intentarlo en vano, lo cual la entusiasmó más. Ella continuó atándome, feliz. Al final quise romper mis ataduras, pero ya era demasiado tarde. Lo que al principio era un juego de niños, se convirtió en algo imposible; el número de hilos que me ataban era demasiado grande: “¡Estás atrapado!”, celebraba la niña mientras aplaudía. De buena o mala gana tuve que llamar a mi esposa para que me liberara.

Esta anécdota me recuerda la estrategia de la araña: para neutralizar a su presa, la envuelve en un hilo muy fino pero resistente y bastante largo. Así, finalmente, la inmoviliza completamente.

El diablo también utiliza esta estrategia: poco a poco lleva su presa a tomar hábitos de los cuales no puede liberarse. Al final, cae en adicciones fatales. Pero nunca es demasiado tarde para clamar a Dios y obtener la liberación. “Invócame en el día de la angustia; te libraré, y tú me honrarás” (Salmo 50:15).

Josué 23 – Santiago 4 – Salmo 138:1-5 – Proverbios 29:7-8

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Vivir la vejez con Dios

Domingo 4 Diciembre

Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud, antes que vengan los días malos, y lleguen los años de los cuales digas: No tengo en ellos contentamiento.

Eclesiastés 12:1

Hasta la vejez yo mismo, y hasta las canas os soportaré yo.

Isaías 46:4

Vivir la vejez con Dios

Muchas personas ancianas tienen la impresión de ser inútiles, cosa que les causa gran sufrimiento: “¡Me gustaría tanto ayudar en algo! ¡Pero ya no soy bueno para nada! Soy una carga para mis hijos. No sé por qué el Señor me deja todavía en la tierra…”, dicen algunos.

La vejez a menudo trae su parte de problemas, sus días malos, de los cuales habla la Biblia… Nuestras actividades se ven restringidas, debemos reconocer nuestros límites, cada vez más estrechos; se pierde la independencia; a menudo, a las dificultades físicas se añade una disminución de las facultades mentales como la memoria o la capacidad de reflexionar.

Un creyente del siglo 4, Agustín, escribió: “Para vivir la vejez con tranquilidad es necesario poseer el gozo que da la fe cristiana”. Muchos cristianos han experimentado esto. Es el resultado de una verdadera relación con Dios, la fuente viva de toda consolación. “Él da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas” (Isaías 40:29). Dirige nuestra mirada al que nos salvó, de manera que “aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día” (2 Corintios 4:16).

Nuestra vida está en las manos del Dios Creador y Salvador, el único que tiene el poder y la sabiduría para dejarnos en la tierra o llevarnos con él, ¡cualquiera que sea nuestra edad! Si él desea conservarnos aún con vida, nos asegura su fidelidad: “Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad” (2 Corintios 12:9).

Josué 22:21-34 – Santiago 3 – Salmo 137 – Proverbios 29:5-6

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La naturaleza aborrece el vacío

Sábado 3 Diciembre

(Dios dijo:) Me dejaron a mí, fuente de agua viva, y cavaron para sí cisternas, cisternas rotas que no retienen agua.

Jeremías 2:13

La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros.

Colosenses 3:16

La naturaleza aborrece el vacío

Esta frase ha atravesado los siglos sin perder su valor. Es atribuida al filósofo griego Aristóteles, e ilustra una ley de la naturaleza, que todo el espacio tiene que estar lleno de algo. El mismo principio se aplica a nuestra vida espiritual.

En Mateo 12:43-45 Jesús habla de una casa que había sido ocupada por un demonio, pero luego este se fue. Barrida y adornada, la casa no permaneció vacía mucho tiempo: demonios más malos que el primero entraron allí.

Cristianos, esta imagen nos muestra que si nuestro corazón no está ocupado del bien, de las cosas del Señor, estará ocupado de otras cosas. Las futilidades que el mundo ofrece, sus goces pasajeros, o peor, todas las impurezas que se propagan a plena luz del día llenarán nuestro corazón.

Si queremos ser preservados del mal y de la corrupción generalizada, debemos pensar en Cristo, en las “cosas de arriba” (Colosenses 3:2), en todo lo que es verdadero, todo lo honesto, justo, puro, amable (Filipenses 4:8). El apóstol Pablo oraba para que Cristo habitara por la fe en el corazón de los creyentes, para que estos fueran “arraigados y cimentados en amor”, y “llenos de toda la plenitud de Dios” (Efesios 3:1719). Su corazón estaba lleno de esto porque él había sido “asido por Cristo” (Filipenses 3:12).

Demos más lugar en nuestra vida al Señor Jesús, quien dijo: “El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él” (Juan 14:23).

Josué 22:1-20 – Santiago 2 – Salmo 136:23-26 – Proverbios 29:3-4

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Cartas a las iglesias: Tiatira (4)

Jueves 1 Diciembre

(Jesús dijo:) Os daré a cada uno según vuestras obras. Pero a vosotros y a los demás que están en Tiatira, a cuantos no tienen esa doctrina, y no han conocido lo que ellos llaman las profundidades de Satanás, yo os digo: No os impondré otra carga; pero lo que tenéis, retenedlo hasta que yo venga.

Apocalipsis 2:23-25

Cartas a las iglesias: Tiatira (4)

Leer Apocalipsis 2:18-29

Tiatira era una pequeña ciudad famosa por sus tintorerías (el color púrpura en particular) y sus empresas artesanales, sus fiestas, sus sacrificios a los dioses y sus orgías. En esta carta a Tiatira, la más larga de las siete, se habla de una mujer llamada Jezabel. Este nombre nos traslada a un periodo sombrío del Antiguo Testamento: Jezabel, esposa del rey Acab, había introducido en Israel la adoración a los falsos dioses fenicios, Baal y Astarté. De manera similar, en Tiatira, el mundo idólatra y corrompido había entrado en la iglesia y pretendía hablar de parte de Dios.

En la iglesia de Pérgamo algunas personas trataban de desviar a los fieles mediante su enseñanza. Aquí, en Tiatira, una parte de la iglesia había sido seducida y formaba adeptos. De ahí que el apóstol habla de “los demás que están en Tiatira”, que no tienen esta doctrina.

El cristianismo de hoy está fuertemente influenciado por la evolución rápida de un mundo sin Cristo. No nos desanimemos y continuemos trabajando para Dios; examinemos si la enseñanza impartida entre los cristianos que conocemos halla su fuerza en Jesucristo y se basa en su Palabra.

En Tiatira Jesús se presenta como el Hijo de Dios. No es un maestro entre otros. Él nos invita a rechazar todo lo que no es conforme a la Palabra de Dios, y a tener firme lo que hemos recibido de él, hasta que él venga.

(continuará el próximo jueves)

Josué 20 – Colosenses 4 – Salmo 136:1-9 – Proverbios 28:27-28

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