¿Qué nos mueve a ministrar a otros?

JULIO, 13

¿Qué nos mueve a ministrar a otros?

Devocional por John Piper

Porque el que siembra para su propia carne, de la carne segará corrupción, pero el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna. (Gálatas 6:8)

La fe tiene un apetito insaciable por experimentar la gracia de Dios tanto como pueda. Es por eso que la fe nos empuja hacia el río donde la gracia de Dios fluye más libremente, es decir, el río del amor.

¿Qué otra fuerza nos moverá de nuestras salas de contentamiento para cargar sobre nosotros las inconveniencias y los sufrimientos que el amor requiere?

¿Qué nos impulsará…

a saludar a desconocidos cuando nos sintamos tímidos?

a buscar a un enemigo y pedirle la reconciliación cuando nos sentamos indignados?

 a diezmar si jamás lo habíamos intentado?

 a hablarle a nuestros colegas de Cristo?

a invitar a nuestros nuevos vecinos a un estudio bíblico?

 a cruzar culturas con el evangelio?

a crear un nuevo ministerio para los alcohólicos?

 a pasar toda una tarde manejando una camioneta?

 a invertir una mañana orando por renovación?

Ninguno de estos actos costosos del amor ocurre de la nada. Son impulsados por un nuevo apetito: el anhelo de la fe por la experiencia más completa de la gracia de Dios.

La fe ama depender de Dios y verlo obrar milagros en nosotros. Por esto, la fe nos impulsa hacia la corriente donde el poder de la gracia venidera de Dios fluye más libremente: la corriente del amor.

Creo que Pablo se refería a esto cuando dijo que debemos «[sembrar] para el Espíritu» (Gálatas 6:8). Por fe, debemos plantar las semillas de nuestra energía en los surcos donde sabemos que el Espíritu está obrando para producir fruto: los surcos del amor.


Devocional tomado del libro “Future Grace” (Gracia Venidera), páginas 283-284

Todos los derechos reservados ©2017 Soldados de Jesucristo y DesiringGod.org

Serán luego vueltos atrás mis enemigos el día en que yo clamare; esto sé, que Dios está por mí.

13 de julio

«Serán luego vueltos atrás mis enemigos el día en que yo clamare; esto sé, que Dios está por mí».

Salmo 56:9

Es imposible para ninguna lengua humana expresar todo el significado de esta encantadora frase: «Dios está por mí». Dios estaba «por nosotros» antes de que los mundos fuesen; estaba «por nosotros», o no hubiese dado a su bien amado Hijo; estaba «por nosotros» cuando hirió al Unigénito y puso sobre él todo el peso de su ira; estaba «por nosotros» aunque actuó contra él. Dios nos amó cuando en la Caída nos perdimos; nos amó a pesar de todo. Él estaba «por nosotros» cuando nos rebelamos contra él y con soberbia le desafiamos; estaba «por nosotros», pues de lo contrario no nos hubiese llevado a buscar humildemente su rostro. Él ha estado «por nosotros» en muchas luchas: se nos ha llamado a hacer frente a una multitud de peligros y nos hemos visto atacados por tentaciones internas y externas. ¿Cómo hubiéramos podido permanecer ilesos hasta este momento si él no hubiese estado «por nosotros»? Él está «por nosotros» con toda la inmensidad de su ser, con toda la omnipotencia de su amor, con toda la infalibilidad de su sabiduría. Ataviado de todos sus atributos divinos, él está «por nosotros»: eterna e inmutablemente «por nosotros». «Por nosotros» estará cuando el firmamento azul se enrolle como lo hace un gusano que sale de su envoltura; «por nosotros» durante toda la eternidad. Y porque él está «por nosotros», la palabra de oración siempre nos garantizará su ayuda. «Serán luego vueltos atrás mis enemigos en el día que yo clamare». Esta no es una esperanza dudosa, sino una seguridad bien fundamentada: «Esto sé». Yo dirigiré a ti mi oración y aguardaré la respuesta; seguro de que esta vendrá y de que mis enemigos serán derrotados, «porque Dios está por mí». ¡Oh creyente, qué feliz eres teniendo de tu parte al Rey de reyes! ¡Cuán seguro te encuentras con semejante Protector! ¡Qué segura está tu causa defendida por tal Abogado! Si Dios está por ti, ¿quién puede estar contra ti?

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 204). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

La mirada en Dios

13 Julio 2017

La mirada en Dios
por Charles R. Swindoll

Salmo 13

Al leer el Salmo 13  y reflexionar en la sección que describe a David de cara al suelo, abrumado con dolor y desesperanza, puedo ver dos aplicaciones prácticas:

1. David se sentía agotado debido a la duración de la prueba. «Hasta cuándo» aparece cuatro veces en solo dos versículos. No olvidemos que Dios no solo diseña la profundidad de la prueba sino también su duración. El antiguo profeta Habacuc hizo la misma pregunta en el capítulo 1 del libro que lleva su nombre: «¿Hasta cuándo?»

2. En los primeros dos versículos del Salmo 13 David se vuelve contra de todos excepto él mismo. Esto me enseña que cuando trato de enfrentarme a la prueba en la carne, me vuelvo en contra de Dios, mi enemigo o mi circunstancia en vez de preguntarle a Dios que es lo que está tratando de enseñarme en esta situación. Cuantas lecciones maravillosas Dios quisiera enseñarnos si nuestros corazones arrogantes estuvieran dispuestos a derretirse en el horno de la aflicción.

En medio de su angustia y su sufrimiento, David tomó una decisión vital. En vez de continuar en esa espiral de sufrimiento, David cambió su perspectiva. Esto nos lleva a la segunda sección de la canción.

David de rodillas:

¡Mira; respóndeme, oh Señor, Dios mío!
Alumbra mis ojos para que no duerma de muerte.
No sea que mi enemigo diga: “¡Lo vencí!”.
Mis enemigos se alegrarán si yo resbalo (vv. 3-4)

Algo le ocurrió a David entre la segunda y la tercera estrofa de este himno. Quizás analizó sus propias quejas y se dio cuenta de que era simple autocompasión. Yo he hecho eso, ¿y usted? Tal vez hizo una pausa en su composición y volvió a leer lo que había escrito. Y al hacerlo se alarmó al ver la incredulidad que había comenzado a surgir ante sus ojos. En esta sección observamos una marcada diferencia. Ya no está de cara al suelo. Su abatimiento está desapareciendo. Lo encontramos ahora de rodillas, lo encontramos en un lugar de victoria. El misionero martirizado, Jim Elliot, escribió una vez: «Los santos que avanzan de rodillas nunca vuelven atrás».

Observe como los versículos 3 y 4 se conectan con los versículos 1 y 2.  David parece recordar sus quejas y las analiza mientras habla con el Señor acerca de ellas. Hay tres cambios aparentes.

Primero, en lugar de ver al Señor como un Dios que no se preocupa por él (v. 1), David le hace la petición que le «responda» (v. 3). Y observe que él le dice en el versículo 3: «Dios mío». David ya no piensa que existe alguna distancia entre él y Dios. Su perspectiva es diferente ahora.

Segundo, en vez del abatimiento y la angustia que tiene su corazón debido a su propio deseo de resolver las cosas por sí solo (v. 2), David le pide al Señor que le alumbre sus ojos. Una vez más, el hebreo nos da una comprensión más clara. La palabra que se traduce como «alumbrar» en el versículo 3 tiene una raíz causal y literalmente significa: «iluminar». En Números 6: 24-26, leemos el mismo término en aquella bendición que hemos escuchado muchas veces:

El Señor te bendiga y te guarde.
El Señor haga resplandecer su rostro sobre ti,
y tenga de ti misericordia.
El Señor levante hacia ti su rostro,
y ponga en ti paz.
(El énfasis es mío).

El rostro de David había perdido su “brillo”.  Su rostro y especialmente sus ojos se habían opacado. Él ansiaba que el brillo de Dios se reflejara nuevamente en sus ojos, en ese rostro que estaba mirando al suelo.

Una vez más tengo que decir que cuando las pruebas se intentan resolver en la carne, los ojos muestran la desilusión. No es algo que podamos esconder. Todo nuestro rostro se vuelve rígido  e inflexible, perdemos esa «chispa» y esa «luz» que antes surgía de nuestros corazones. Cuando el gozo interno se va, también el brillo de nuestros ojos.

Tercero, David en vez de preocuparse de su enemigo (v.2), le entrega mentalmente su enemigo al Señor y deja que se encargue de los resultados (vv. 3-4).

Este cambio tan notable de David ocurrió cuando decidió entregárselo todo a Dios en oración. Aunque suene como un cliché, nuestra oración ferviente sigue siendo el aceite más efectivo que reduce la fricción del afán diario del abatimiento.

Afirmando el alma
Si usted dejara de pedirle a Dios que cambiara sus circunstancias externas e hiciera más bien una oración rindiéndose a él y pidiéndole que él le cambie, ¿qué cree usted que ocurriría? ¿Qué es lo que lo detiene de orar de esa forma?

Adaptado del libro, Viviendo los Salmos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2013). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmh.org). Copyright
© 2017 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

Dios es fiel a sus promesas

13 JULIO

Josué 18–19 | Salmos 149–150 | Jeremías 9 | Mateo 23

Este (Josué 18–19) es un buen momento para reflexionar sobre los muchos capítulos de Josué que se dedican al reparto de la tierra.

(1) Enfocados en la división de la tierra, estos capítulos se centran implícitamente en la tierra misma. Después de todo, la tierra era un componente irreducible de la promesa a Abraham, del pacto del Sinaí, de la liberación de los israelitas de la esclavitud en Egipto. Ahora se distribuye mediante la supervisión providencial de la “suerte”.

(2) La conclusión inevitable es que Dios es fiel a sus promesas. Tan sólo dos capítulos más adelante se nos revela explícitamente este punto: “Así fue como el Señor les entregó a los israelitas todo el territorio que había prometido darles a sus antepasados; y el pueblo de Israel se estableció allí. El Señor les dio descanso en todo el territorio, cumpliendo así la promesa hecha años atrás a sus antepasados. Ninguno de sus enemigos pudo hacer frente a los israelitas, pues el Señor entregó en sus manos a cada uno de los que se les oponían. Y ni una sola de las buenas promesas del Señor a favor de Israel dejó de cumplirse, sino que cada una se cumplió al pie de la letra.” (Josué 21:43–45).

(3) Estos capítulos también nos explican que la entrada en la Tierra Prometida no procedió de una ola de triunfo constante. Anteriormente, Dios había advertido que no se la entregaría toda de un golpe a los israelitas. Ahora, se nos dice varias veces que una u otra tribu no logró desalojar a ciertos cananeos y que permanecieron allí “hasta hoy”. Por ejemplo, “Los descendientes de Judá no pudieron expulsar de la ciudad de Jerusalén a los jebuseos, así que hasta el día de hoy estos viven allí junto con los descendientes de Judá.” (15:63; cf. Jueces 1:21). De hecho, Jerusalén fue tomada (Jueces 1:8), pero no todos los jebuseos fueron arrojados. Este tipo de detalle nos ayuda a explicar por qué gran parte de la historia de Israel está saturada de la lucha entre la fidelidad y el sincretismo.

(4) Algunos de los elementos en estos capítulos le ponen punto final a ciertos fragmentos anteriores de la narrativa. Por ejemplo, Caleb aparece de nuevo. Él era colega de Josué entre el grupo inicial de los doce espías; ellos dos fueron los únicos que, en Cades Barnea, al acercarse por primera vez a la Tierra Prometida, animaron al pueblo a entrar con valentía y confiar en Dios. En consecuencia, son los únicos de su generación que aún están vivos para ver la Tierra Prometida con sus propios ojos. Y ahora, en Josué 15, Caleb sigue buscando nuevos territorios para conquistar y recibe su herencia. De forma parecida, los capítulos 20 y 21 detallan la designación de ciudades de refugio y los pueblos asignados para los levitas- pasos ordenados por el Código Mosaico.

(5) Se avecinan problemas. Las ambigüedades de la situación y la memoria de las últimas advertencias de Moisés le señalan al lector que estas victorias parciales, siendo buenas, no pueden ser la provisión final o máxima de Dios.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 194). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Obedecer primero a Dios

jueves 13 julio

Estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre… ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros… Mejor es que padezcáis haciendo el bien, si la voluntad de Dios así lo quiere, que haciendo el mal.

1 Pedro 3:15-17

Obedecer primero a Dios

En 1940, Aristides de Sousa Mendes fue cónsul de Portugal en Burdeos (Francia). Tenía 55 años y era padre de numerosos hijos. Ante la afluencia de refugiados que huían del avance enemigo, este hombre se encontró ante una decisión difícil, pues las autoridades de su país le ordenaron no expedir visas a los extranjeros, sobre todo a los judíos. Después de varias noches de oración, en la mañana del 17 de junio de 1940, Aristides tomó su decisión: expediría visas sin distinción de raza o de religión. Se cuenta que Aristides dijo en aquel entonces: «Si tengo que desobedecer, prefiero que sea a una orden de los hombres y no a una orden de Dios». Gracias a su valentía se salvaron más de 30.000 personas. Este hombre terminó sus días en la pobreza, y solo después de su muerte, su país le dio un reconocimiento.

Normalmente el cristiano no tiene que enfrentarse a un dilema tan grande, sin embargo, incluso en las situaciones más simples, el principio es el mismo: “Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres” (Hechos 5:29). El cristiano debe permanecer sumiso a las autoridades, al gobierno de su país y a sus jefes, pero esta sumisión termina cuando esas autoridades se oponen a la enseñanza de la Biblia. Un creyente al que se le pide, por ejemplo, mentir al teléfono o justificar una falsa factura, se halla ante una decisión difícil, porque a su alrededor estas prácticas son «normales». Pero, si es fiel, tal vez el primer resultado sea dar testimonio de su fe en un lugar donde no hubiese podido hablar en otras circunstancias.

Miqueas 1-2 – Lucas 4:1-15 – Salmo 83:1-8 – Proverbios 19:11-12

Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

Honrarse los unos a los otros

Honrarse los unos a los otros

7/12/2017

En cuanto a honra, prefiriéndoos los unos a los otros. (Romanos 12:10)

Si usted está consagrado al amor fraternal, es obvio que usted les dará preferencia a los demás creyentes. Eso quiere decir que usted tendrá una genuina humildad y no tendrá “más alto concepto de sí que el que debe tener” (Ro. 12:3; vea también Fil. 2:3). También significa que usted dará honra a sus hermanos en Cristo y tomará la iniciativa de ponerlos en primer lugar.

No halagará a otro creyente simplemente con la esperanza de que lo halague a usted también o para congraciarse con él. Más bien le expresará sincero aprecio, respeto y amor como un hermano en la fe y miembro de la familia de Dios.

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La fe quita la culpa, la codicia y el temor

JULIO, 12

La fe quita la culpa, la codicia y el temor

Devocional por John Piper

Pero el propósito de nuestra instrucción es el amor nacido de un corazón puro, de una buena conciencia y de una fe sincera. (1 Timoteo 1:5)

La fe en la gracia de Dios expulsa de nuestro corazón el poder del pecado que detiene el amor.

Cuando nos sentimos culpables, tendemos a revolcarnos en una depresión egocéntrica y a sentir lástima por nosotros mismos. Nos volvemos incapaces de ver y mucho menos aún de preocuparnos por las necesidades de los demás. O jugamos al hipócrita para cubrir nuestra culpa, y así ?destruimos toda la sinceridad en nuestras relaciones; o hablamos acerca de las faltas de otros para minimizar nuestra propia culpa.

Es igual con el temor. Cuando nos sentimos atemorizados, tendemos a no acercarnos al desconocido en la iglesia que quizá esté necesitando unas palabras de bienvenida y de aliento. Podemos rechazar la oportunidad involucrarnos en misiones en lugares donde las personas aún no fueron evangelizadas porque suena muy peligroso; o podemos gastar demasiado dinero adquiriendo seguros en exceso, o sumirnos en toda clase de fobias minúsculas que nos hacen preocuparnos por nosotros y nos ciegan a las necesidades de los demás.

Si somos codiciosos, quizás gastemos dinero en lujos —dinero que más bien deberíamos invertir en la expansión del evangelio—. No emprendemos nada riesgoso, no sea que nuestras preciadas posesiones y futuro financiero se vean amenazados. Nos enfocamos en cosas en lugar de personas, o vemos a las personas como recursos para obtener ganancias materiales.

La fe en la gracia venidera produce en nosotros amor al echar fuera de nuestro corazón la culpa y el temor y la codicia.

Echa fuera la culpa porque se sostiene firmemente de la esperanza de que la muerte de Cristo es suficiente para asegurar justicia y absolución ahora y por siempre (Hebreos 10:14).

Echa fuera el temor porque descansa en la promesa: «No temas, porque yo estoy contigo… Te fortaleceré, ciertamente te ayudaré, sí, te sostendré con la diestra de mi justicia» (Isaías 41:10).

Y echa fuera la codicia porque confía en que Cristo es más valioso que todo lo que el mundo entero pueda ofrecernos (Mateo 13:44).

En cada caso, la gloria de Cristo se magnifica cuando estamos más satisfechos con su gracia venidera que con las promesas del pecado.


Devocional tomado del libro “Future Grace” (Gracia Venidera), páginas 282-283

Todos los derechos reservados ©2017 Soldados de Jesucristo y DesiringGod.org

«Su reino celestial»

12 de julio

«Su reino celestial»

2 Timoteo 4:18

La ciudad del gran Rey en el Más Allá es un lugar de servicio activo. Los espíritus redimidos le sirven de día y de noche en su templo. Nunca cesan de cumplir la buena voluntad de su Rey. Siempre «descansan» en lo que a tranquilidad y ausencia de ansiedad se refiere; y jamás «descansan» en lo que tiene que ver con la indolencia y la inactividad. La Jerusalén de oro es el lugar de comunión con todo el pueblo de Dios. Nos sentaremos con Abraham, Isaac y Jacob en permanente compañerismo. Sostendremos elevadas conversaciones con la noble hueste de los elegidos, todos los cuales reinan con Aquel que, por su amor y su brazo poderoso, los llevó con seguridad al hogar. No cantaremos «solos», sino que alabaremos a nuestro Rey en coros. El Cielo es un lugar de victoria consumada. Cristiano, cada vez que consigas alguna victoria sobre tus concupiscencias, siempre que tras un duro batallar dejes sin vida a tus pies a alguna tentación, obtendrás un disfrute anticipado de aquel gozo que te aguarda cuando el Señor aplaste en breve a Satanás debajo de tus pies, y serás más que vencedor por medio de Aquel que te amó. El Paraíso es un lugar de seguridad. Cuando gozas de la plena certidumbre de fe, posees una prenda de aquella gloriosa seguridad que tendrás cuando seas un perfecto ciudadano de la Jerusalén celestial. ¡Oh Jerusalén, mi dulce hogar, feliz puerto de mi alma! ¡Gracias, aun ahora, a Aquel cuyo amor me ha enseñado a suspirar por ti; pero más efusivas gracias aún daré en la eternidad cuando te posea!

¡Oh célica Jerusalén!

¡Oh!, ¿cuándo te veré?

Tu gloria, que los tuyos ven,

¡oh!, ¿cuándo gozaré?

Al rey de gloria, mi Jesús,

allí veré reinar;

mi alma llenará de luz

en la Sion sin par.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 203). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

 

Soledad plena

12 Julio 2017

Soledad plena
por Charles R. Swindoll

Salmo 13

El Salmo 13 comienza en ese lugar donde la persona abatida se encuentra: de cara al suelo, aplastada bajo el peso del sufrimiento. En la primera sección de la canción leemos:

¿Hasta cuándo, oh Señor?
¿Me olvidarás para siempre?
¿Hasta cuándo esconderás tu rostro de mí?
2 ¿Hasta cuándo tendré conflicto en mi alma
y todo el día angustia en mi corazón?
¿Hasta cuándo será enaltecido mi enemigo sobre mí? (vv. 1-2)

David, hundido por las pruebas abrumadoras de la vida, decide enfrentar el abatimiento utilizando cuatro formas humanas y comunes. En estos dos versículos, podemos reflejarnos y ver esas cuatro rutas de escape mentales que con frecuencia utilizamos cuando estamos bajo presión.

1. Dios me ha olvidado para siempre. ¿Recuerda usted la última vez que se sintió abandonado? «¿Hasta cuándo, oh Señor?¿Me olvidarás para siempre?» Cuando una prueba ha continuado por tanto tiempo y parece no haber ninguna esperanza de alivio, David finalmente cae aplastado emocionalmente. Se pregunta si Dios le ha abandonado.

2. Dios no se preocupa por mí. Esto no es nada más que simple autocompasión. «¿Hasta cuándo esconderás tu rostro de mí?» Esta es una expresión que inevitablemente acompaña esos sentimientos de abandono y que susurra la mentira: «Dios sencillamente ha perdido interés en mí. Él dijo que me iba a cuidar e iba a llevar mis cargas, pero eso no está sucediendo». ¿Le parece familiar? La Palabra de Dios es muy honesta. Con qué frecuencia nos reflejamos en las páginas de la Biblia.

3. Voy a tener que resolver la situación por mí mismo. Aquí David está dudando de las promesas de Dios y sugiriendo que Dios no es confiable. «¿Hasta cuándo tendré conflicto en mi alma?» Ese término hebreo se traduce más bien como, «planear algo». David había comenzado a planear la forma de salir de esa situación, de resolverlo por sí mismo. Seguramente él pensó: «Después de todo, Dios me dio la mente para pensar y espera que la utilice».  El típico concepto de: «Ayúdate que yo te ayudaré»

Un momento. ¿Es eso cierto? Tal vez le sorprenda saber que esa frase no aparece en ningún lugar de la Escritura. Hagamos una pausa y recordemos algunos de los dichos de Salomón:

Confía en el Señor con todo tu corazón
y no te apoyes en tu propia inteligencia.
Reconócelo en todos tus caminos
y él enderezará tus sendas. (Proverbios 3: 5-6)

Encomienda al Señor tus obras
y tus pensamientos serán afirmados (Proverbios 16: 3)
Cuando los caminos del hombre le agradan al Señor,
aun a sus enemigos reconciliará con él.  (Proverbios 16: 7)

Las suertes se echan en el regazo,
pero al Señor pertenece toda su decisión. (Proverbios 16: 33)

¿Qué es lo que sucede cuando intentamos resolver las cosas por nosotros mismos? Exactamente lo que le ocurrió a David. ¿Y qué fue lo que le sucedió? Mire la última parte del Salmo 13: 2: «… y todo el día angustia en mi corazón».

Angustia, frustración y preocupación se vuelven los compañeros constantes de una persona abatida. Ese es el derivado de una actividad egocéntrica. ¿Cuándo aprenderemos a darle nuestras cargas al Señor y dejarle que el resuelva la situación?

4. ¡Esta prueba me enoja! Es humillante cuando nos pasan por encima. Sentimos que nos han herido el orgullo y por lo tanto pedimos venganza: «¿Hasta cuándo será enaltecido mi enemigo sobre mí?»

No es esa una queja común? No obstante, tengo que recordarle una vez más que ello proviene de la arrogancia. Ella nos hace pensar que tenemos el derecho de defender la verdad, especialmente cuando algún enemigo está aprovechándose de nosotros. Peleamos armados hasta los dientes con tal de mantener nuestra arrogancia. Queremos que la gente nos aprecie y piensen bien de nosotros. Pero David, al igual que usted y yo tenemos que aprender que la verdad se defiende por sí misma. La verdad emergerá victoriosa en el propio tiempo de Dios.

Afirmando el alma
¿Cuáles de las reacciones de David resuenan más en usted en este momento?
1. Dios me ha olvidado para siempre.
2. Dios no se preocupa por mí.
3. Tendré que resolver la situación por mí mismo.
4. Esta prueba me enoja.
¿Cuál ha sido su reacción? ¿Le ha funcionado?

Adaptado del libro, Viviendo los Salmos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2013). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmh.org). Copyright
© 2017 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

“Alabad al Señor.”

12 JULIO

Josué 16–17 | Salmo 148 | Jeremías 8 | Mateo 22

Los cinco salmos de cierre empiezan con una misma palabra en Hebreo: “Aleluya”, la cual significa “Alabad al Señor.” Este salmo (Salmo 148) se destaca por la cantidad y la diversidad de seres y cosas en el universo que unen a la creación entera en alabanza. Los primeros seis versículos empiezan con ángeles y van mencionando a una serie de participantes sin conciencia que están en los cielos; los próximos seis versículos—reflejos de los primeros seis—comienzan con los participantes sin consciencia que están en la tierra y va ascendiendo hasta llegar a los seres humanos (148:7–12). Los últimos dos versículos (148:13–14) retratan al pueblo que tiene pacto con él. Algunas notas:

(1) Siempre ha habido gente que dirige su afecto y adoración a los ángeles (Colosenses 2:18, por ejemplo), a pesar de que los ángeles son siervos juntamente con nosotros (Apocalipsis 22:8–9). Otros piensan tontamente que su destino está controlado por los astros, a pesar de que estos no son otra cosa que creación de Dios. Tanto los ángeles como las estrellas—unos con consciencia y los otros sin ella—dan testimonio de la grandeza de Dios; en ese sentido, se unen a nosotros en adoración (148:2–3).

(2) La frase “altísimos cielos” literalmente significa “cielos de los cielos”, una manera de expresar el superlativo. La expresión “las aguas que estáis sobre los cielos” es una manera poética en hebreo de referirse a la lluvia (148:4). Ya sea que uno piense en “los cielos” como la esfera en la cual se condensa la lluvia de la atmósfera, o como la morada del Dios Todopoderoso, no hay nada que no haya sido creado: “porque él dio una orden y todo fue creado” (148:5). De manera que no hay nada que no testifique acerca del Dios Creador.

(3) Los moradores de los océanos, la precipitación variada que riega la tierra, la furia de las tormentas desencadenadas, la majestad y belleza de las montañas y colinas, la espectacular diversidad y color y belleza de la flora y la fauna, el casi inimaginable despliegue de las aves; todos ellos dan testimonio, de manera silenciosa pero poderosa, de la bondad y grandeza de Dios. Como parte de esa creación, los seres humanos, en toda la diversidad de sus clasificaciones y etapas de vida, se unen a este coro universal de alabanza (148:11–12), no meramente porque él es más grande que nosotros, sino porque, no importa cuán enaltecido nos imaginemos que es su glorioso esplendor, es más exaltado aún, más alto que todos y todo lo creado (148:13).

(4) Este Dios tan inimaginablemente grande no sólo ha llamado a su propio pueblo, sino que ha levantado para ellos un “cuerno” (símbolo de rey), la alabanza de todos sus fieles (148:14). Puesto que vivimos a este lado de la encarnación, muerte y resurrección de Jesús, sabemos quién es realmente el máximo Rey del linaje Davídico. Así, nuestra alabanza se une a la del resto del universo con intensidad especial y gratitud.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 193). Barcelona: Publicaciones Andamio.