El centro de atención delante de Dios

7 Julio 2017

El centro de atención delante de Dios
por Charles R. Swindoll

Salmo 8

Nos debe llenar de humildad pensar que el Creador del universo, cuyo poder, conocimiento y bondad no conoce límites, se preocupa por nosotros y nos ama de manera individual y personal. Piense lo difícil que sería tratar de hablar con el director ejecutivo de una gran corporación acerca de los problemas de un producto determinado. O imagínese lo que sería tratar de tener unos momentos a solas con el presidente de los Estados Unidos para hablar acerca de sus preocupaciones sobre la política exterior. Muy poco probable, ¿cierto? Y no es culpa de ellos pero debido a su tiempo limitado y su trabajo, ellos tienen que priorizar su agenda. No vayamos tan lejos, aquellas personas que tienen muchos hijos tienen dificultad para tratar de mantenerse al día con todo lo que les ocurre a sus hijos. Yo tengo diez nietos y tratar de mantenerme al tanto de lo que pasa en sus vidas sería un trabajo de tiempo completo; sería casi imposible para un ser humano. Por eso, el hecho de que el Rey del universo se preocupe por mí es difícil de conceptualizar. No obstante, lo hace. Él se interesa de manera personal por aquellos que confían en Él. Dios le pone aceite al engranaje del afán de sentirse abandonado al recordarnos de su interés individual.

Quizás en este momento usted se sienta solo y abandonado. La soledad es un valle estéril, lleno de aflicción. Pero lea lo siguiente con atención: si el señor Jesucristo es su Salvador personal, usted tiene un compañero y un amigo constante. Él nunca le abandona. Este salmo es una prueba clara de que Él no le pasa por alto y más bien le considera importante. Él no se irrita cuando usted viene a Él con sus necesidades. Él no piensa que sus oraciones o sus peticiones sean interrupciones. Es más, Santiago nos recuerda que Dios da: «con liberalidad y sin reprochar» (Santiago 1: 5). Él nos da toda buena dádiva y don perfecto y en Él «…no hay cambio ni sombra de variación» (Santiago 1:17).

¿Sabe por qué? La respuesta se encuentra en la gracia, ese favor inmerecido. Por lo tanto, en este momento, entréguele ese sentido de insignificancia y desesperación a Él. Dígale que usted está apropiándose de este salmo 8 como una promesa de la gracia personal, del cuidado y del amor que Él le tiene usted.

Recuerde que este salmo fue escrito «Sobre Guitit». David lo compuso quizás como un himno de victoria después de vencer al gigante Goliat. Yo quiero desafiarle a que enfrente a ese gigante llamado sentimiento de abandono y le pida a Dios que le dé la victoria hoy. ¿Quién sabe? Quizás otro Goliat caiga al atardecer.

David concluye su canción con una bendición. Las mismas palabras que utilizó en la doxología:

«Oh Señor, Dios  nuestro, ¡cuán grande es tu nombre en toda la tierra!» (v. 9). ¿Qué le parece si le añadimos nuestra respuesta afirmando la bendición de David? Amén.

Afirmando el alma
Recuerde algunas ocasiones recientes donde el Señor le ha rescatado, le ha ayudado o quizás le ha concedido una petición. Haga una pausa para agradecerle por su cuidado. Dígale lo agradecido que usted se encuentra por ser tan detallista en cada área de su vida. Una vez que lo haya hecho utilice esos recuerdos para curar sus heridas emocionales. Aunque las circunstancias le quieran hacer a un lado, recuerde que usted es el centro de atención de Dios.

Adaptado del libro, Viviendo los Salmos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2013). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmh.org). Copyright

© 2017 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

“Cuando ya no me queda aliento, tú me muestras el camino.”

8 JULIO

Josué 10 | Salmos 142–143 | Jeremías 4 | Mateo 18

El Salmo 142 se debe leer junto con el Salmo 57. Los dos son producto de la experiencia de David mientras estaba en una cueva escondiéndose de Saúl. Pero en varios aspectos, estos salmos son muy distintos el uno del otro. Aunque en ambos casos David se halla bajo mucha presión, en el Salmo 57 parece estar boyante, tal vez valiente, plenamente confiado en el resultado. Sin embargo, aquí, en el Salmo 142 la sensación es sombría, caracterizada por una sensación de estar “muy débil” (142:6), con sólo tres rayos de esperanza. No nos debe parecer extraño que esta crisis haya provocado diversas reacciones emocionales. Tanto las Escrituras como la experiencia nos atestiguan que los peligros extremos y la incertidumbre nos pueden llevar a respuestas conflictivas. No importa qué pensemos acerca de estos asuntos, el Salmo 142 refleja pura desesperación y, por ello, habla elocuentemente a los creyentes cuyas circunstancias les llevan a aguas oscuras igualmente profundas.

Los primeros versículos nos muestran al salmista suplicando ayuda, con urgencia y franqueza: “A gritos”; “expongo mis quejas”; “expreso mis angustias” – estas son las palabras de un hombre atemorizado y desesperado. El término que se traduce como “mis quejas” suena menos malhumorado y quejoso que en español: quizás sería mejor decir “lo que anda mal” o “mis pensamientos atormentados”.

El primer rayo de esperanza llega en el versículo 3a: “Cuando ya no me queda aliento, tú me muestras el camino.” Habiendo caído tan bajo que está a punto de rendirse, el salmista encuentra reafirmación en el hecho de que a Dios nada le toma por sorpresa: “tú conociste mi camino.”

Las peores heridas, desde luego, son las traiciones personales. Al no tener a nadie alrededor en quien pueda confiar; cuando cada experiencia le demuestra que esta conclusión es razonable (aunque patética) y no un mero síntoma de la paranoia; cuando la mera soledad de la lucha le añade una capa pesada de depresión (“No tengo dónde refugiarme; por mí nadie se preocupa”, 142:4), ¿a dónde acude el salmista? Aquí está el segundo rayo de luz: “A ti, Señor, te pido ayuda: a ti te digo: ‘Tú eres mi refugio, mi porción en la tierra de los vivientes’ ” (142:5). La transición de “mi refugio” a “mi porción” demuestra que David no está pensando en Dios meramente como la solución a un problema. Hay una progresión del temor a la gratitud.

Nada de esto suaviza la cruda realidad de lo “muy afligido” que está David (142:6). Esta aflicción no es meramente emocional: su crisis emocional está fundamentada en la realidad de estar perseguido por soldados y por su amargado rey. El rayo final de la esperanza sirve como contraste: la bondad y fidelidad de Dios aseguran que David será rescatado. David se atreve a visualizar el día en el que los justos de la tierra no sólo le rodearán, sino que celebrarán su reino.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 189). Barcelona: Publicaciones Andamio.

¿Es posible tener la certeza de que nuestros pecados son completamente perdonados?

Porque tu dicho me ha vivificado. Vivifícame… conforme a tu palabra.

Salmo 119:50, 107

Respuestas bíblicas (2)

¿Es posible tener la certeza de que nuestros pecados son completamente perdonados?

“Venid luego, dice el Señor, y estemos a cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana” (Isaías 1:18).

“Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 1:9).

“Cuanto está lejos el oriente del occidente, hizo (Dios) alejar de nosotros nuestras rebeliones” (Salmo 103:12).

¿Qué sucede con los que aceptan a Jesucristo en su vida?

“Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios” (Juan 1:12).

“De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (2 Corintios 5:17).

“Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase al Señor, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar” (Isaías 55:7).

¿Cómo saber que Dios nos escucha?

“Porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo” (Romanos 10:13).

“Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces” (Jeremías 33:3).

“He aquí no se ha acortado la mano del Señor para salvar, ni se ha agravado su oído para oír” (Isaías 59:1).

Daniel 9:20-27 – Lucas 1:26-56 – Salmo 80:1-7 – Proverbios 19:1-2

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El don más importante

El don más importante

7/7/2017

 Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor. (1 Corintios 13:13)

Si usted es cristiano, el amor es más importante que cualquier don espiritual que tenga. Por lo tanto, no es nada sorprendente que la Biblia diga que el primer “fruto del Espíritu es amor” (Gá. 5:22). Y tiene sentido que por nuestro amor a los demás cristianos “conocerán todos que sois mis discípulos” (Jn. 13:35).

El amor genuino es tan importante para la vida cristiana que, si usted dice que sigue a Jesucristo, debe mostrar tal amor para que sea válida su profesión de fe (1 Jn. 3:14).

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Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino.

viernes 7 julio

Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino.

Salmo 119:105

Respuestas bíblicas (1)

¿Cómo saber más sobre la vida eterna?

“Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí” (Juan 5:39).

¿Qué dice la Biblia acerca del más allá?

“Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio” (Hebreos 9:27).

¿Qué se debe hacer para escapar del juicio?

“Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo” (Hechos 16:31).

¿Bastan las buenas obras para obtener la vida eterna?

“Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe” (Efesios 2:8-9).

“Nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia…” (Tito 3:5).

¿Se puede estar seguro de tener la vida eterna?

“Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna” (1 Juan 5:13).

¿Acepta Dios a cualquiera, sin tener en cuenta su pasado?

“Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Romanos 5:8).

“Al que a mí viene, no le hecho fuera” (Juan 6:37).

Daniel 9:1-19 – Lucas 1:1-25 – Salmo 79:8-13 – Proverbios 18:23-24

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La mayor virtud

La mayor virtud

7/6/2017

El que permanece en amor, permanece en Dios, y Dios en él. (1 Juan 4:16)

La mayor virtud de la vida cristiana es el amor. El Nuevo Testamento proclama el amor ágape como la virtud suprema bajo la cual deben alinearse las demás virtudes. Se concentra en las necesidades y el bienestar de los seres amados y paga el precio necesario para satisfacer esas necesidades y fomentar ese bienestar.

Jesús dijo con toda claridad que los dos más grandes mandamientos de la Biblia son: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Mt. 22:37-39).

¿Es esa la mayor de todas las virtudes bíblicas en su vida?

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Mi encuentro con Dios

(Jesús dijo:) Al que a mí viene, no le echo fuera… Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.

Juan 6:37-40

Mi encuentro con Dios

Testimonio

«Nací en Anatolia (Turquía), cerca de las nevadas cumbres del monte Ararat. Mis padres eran muy pobres y soñaban con convertirme en un «hodja», es decir, alguien que enseña el islam. Fui, pues, a diferentes escuelas, y a los veinte años regresé a mi pueblo convertido en un hodja. Pero tenía dudas, y para no ser hipócrita, preferí abandonar mi función y huir a la ciudad. De allí emigré a Alemania, donde pude ganarme la vida y ayudar a mis padres.

Al cabo de ocho años encontré a un cristiano que me dio un Nuevo Testamento. Al leerlo comprendí lo que Dios esperaba de mí: que me volviese a él y dejase mi vida de pecado. Pero en mí había una voz que me decía: ¡No necesitas convertirte, no eres un pecador! Sin embargo mi inquietud iba haciéndose cada vez mayor. ¿Qué sucedería si ese mismo día tuviese que comparecer ante Dios?

Durante seis meses di vueltas y vueltas en mi cabeza a este asunto. Una noche el silencio reinaba a mi alrededor, pero dentro de mí había una batalla. Desesperado, y con ideas suicidas, me dije: ¡Es ahora o nunca! Abrí el Nuevo Testamento y leí estas palabras de Jesús: “Nadie viene al Padre, sino por mí” (Juan 14:6). En mi angustia clamé en voz alta: Jesús, deseo ir a ti; tú viniste a esta tierra a morir también por mí. ¡Por favor, perdona mis pecados!

Cuando me levanté era un hombre nuevo. Un profundo gozo reemplazó mi desesperación».

Daniel 8 – 3 Juan – Salmo 79:1-7 – Proverbios 18:22

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Una vida sobrenatural

Una vida sobrenatural

7/5/2017 

Porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad. (Filipenses 2:13)

La vida cristiana obediente y productiva está dirigida y facultada por el Espíritu Santo. Por lo tanto, es una vida sobrenatural. Es algo ajeno al pensamiento del inconverso, y no puede alcanzar semejante vida.

El vivir de modo sobrenatural es conformar la vida externa a la vida interior, y vivir conforme a la nueva naturaleza que se tiene en Jesucristo. Pero no es una vida mística e indefinida basada en conceptos filosóficos abstractos. Es una vida práctica derivada de obediencia consciente a los mandamientos de Dios. Es pensar, hablar y actuar cada día en conformidad con su Palabra y su voluntad.

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Confiad en el SEÑOR para siempre, porque en DIOS el SEÑOR tenemos una Roca eterna

5 de julio

«Confiad en el SEÑOR para siempre, porque en DIOS el SEÑOR tenemos una Roca eterna».

Isaías 26:4 (LBLA)

Ya que contamos con un Dios así en quien confiar, descansemos en él de forma absoluta. Eliminemos resueltamente toda nuestra incredulidad y esforcémonos por librarnos de dudas y temores, que tanto perjudican nuestro bienestar, ya que si Dios es la base de nuestra confianza no tenemos excusa alguna para temer. Un padre amoroso se sentiría muy afligido si su hijo no confiara en él. ¡Que poco generosa, que poco amable es nuestra conducta cuando ponemos tan escasa confianza en nuestro Padre celestial, quien nunca nos ha fallado y nunca nos fallará! Si la desconfianza fuese desterrada de la familia de Dios, sería un gran bien; pero debe temerse esa incredulidad que es tan ágil en nuestros días como lo fue cuando el Salmista preguntaba: «¿Ha cesado para siempre su misericordia? […] ¿Ha olvidado Dios tener misericordia?» (Sal. 77:8, 9). David no había probado durante mucho tiempo la poderosa espada del gigante Goliat; pero, sin embargo, dijo: «Ninguna como ella». La había probado una sola vez en la hora de su victoria juvenil, y ella había demostrado ser de buen metal; por eso después la elogió siempre. De la misma forma debiéramos nosotros hablar bien de nuestro Dios, pues no hay ninguno como él ni en el Cielo ni en la tierra. «¿A qué, pues, me haréis semejante o me compararéis?, dice el Santo» (Is. 40:25). No hay otra roca como la roca de Jacob. Nuestros propios enemigos testifican de ello. Nunca permitiremos que las dudas aniden en nuestros corazones; antes, prenderemos a esa detestable banda —como hizo Elías con los profetas de Baal— y la degollaremos en el arroyo. Para matarla, elegiremos el torrente que brota del costado herido de nuestro Salvador. Hemos pasado por muchas pruebas pero, no obstante, nunca fuimos echados en un lugar donde no pudiésemos hallar en nuestro Salvador todo lo que necesitábamos. Tomemos aliento para confiar en el Señor siempre, seguros de que su eterna fortaleza será, como ya lo ha sido, nuestro socorro y nuestro apoyo.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 196). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

Una canción de alabanza

5 Julio 2017

Una canción de alabanza
por Charles R. Swindoll

Salmo 8

Después de adorar a Dios con una corta doxología, David reflexiona en la grandeza de su Dios y al hacerlo, le alaba. Observe como el rey David toma su lugar ante una congregación de creyentes y los dirige en adoración.

Has puesto tu gloria sobre los cielos.
De la boca de los pequeños
y de los que todavía maman
has establecido la alabanza
frente a tus adversarios
para hacer callar al enemigo y al vengativo. (Salmo 8:1-2)

La diferencia entre la alabanza y la petición es la ausencia del ego. David quiere que el enfoque sea solamente en Dios y lo hace por medio de esta expresión de alabanza. Él declara que la majestad y la gloria de Dios se muestra en los cielos. El Señor le ha otorgado al universo físico un reflejo del asombroso esplendor de su majestad. El salmo 19:1 verifica este hecho: «Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos».

También lo leemos en Romanos 1: 20:

Porque lo invisible de él —su eterno poder y deidad— se deja ver desde la creación del mundo, siendo entendido en las cosas creadas de modo que no tienen excusa.

David continúa ilustrando su concepto de la gloria de Dios mencionando otro extremo; él considera la dependencia de los bebés y como Dios puede utilizar aun a los pequeños infantes para callar a aquellos que se oponen a Dios. Dios se muestra asimismo majestuoso y glorioso en su amor por el débil.

Un amigo mío que es obstetra me dice que aun antes de ser cristiano, él no podía ignorar el poder de Dios cuando sostenía en sus manos a cada bebé que él ayudaba a dar a luz. Él me dice que fue esto lo que le llevó a buscar respuestas en la Biblia y finalmente encontrar la salvación a través de la fe en Jesucristo. Es por ello que: «De la boca de los pequeños y de los que todavía maman» se declara el poder y la majestad de Dios. Podemos afirmar la prueba viviente del poderío creativo de Dios al ver su amor por los débiles. Cuando analizamos las características pequeñas y delicadas de un bebé, nos asombramos de ver el cuidado y la atención de Dios en su creación. El versículo 2 concluye con un recordatorio de que hasta los enemigos de Dios tienen que guardar silencio al analizar el universo o al considerar a los bebés.

Los infantes pueden ser pequeños y las galaxias pueden ser gigantescas pero ambos conllevan un profundo significado para aquél que les observa. Ese mismo significado debe mantenernos enfocados cuando cavilamos pensando que ya no somos valiosos o necesarios. Aunque Dios nos honra permitiendo que su obra se realice por medio de nosotros, esa no es la base de nuestro valor. En otras palabras, nosotros no somos valiosos ante Dios por nuestra utilidad. Él nos valora seamos productivos o no.

Este mensaje debería consolarnos. Dios no nos da su amor en base a nuestro poder o a nuestra capacidad. Él nos ama de cualquier manera. Somos especiales para Él sin importar lo que ocurra, aun cuando seamos tan débiles como un recién nacido.

Afirmando el alma
Si Dios le ama y le valora sin importar cuáles son sus atributos personales: fortaleza, riqueza, talento, apariencia, inteligencia o moralidad, ¿de qué forma esto cambia su sentido de autoestima? ¿De qué manera afecta sus decisiones diarias?

Adaptado del libro, Viviendo los Salmos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2013). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmh.org). Copyright
© 2017 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.