El amor incondicional

El amor incondicional

6/24/2017

 

También Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante. (Efesios 5:2)

La Biblia no se refiere al amor cristiano como una emoción, sino como un acto de abnegación. Una persona que verdaderamente ama a alguien no trata de quitarle nada a esa persona. Es porque el amor cristiano nunca está condicionado a recibir algo; es incondicional.

A menudo el mundo define el amor desde el punto de vista de lo que puede obtener. Pero Dios nos ama aun cuando nunca recibe nada a cambio. Si ese tipo de amor caracterizara el matrimonio, el índice de divorcios no sería lo que es hoy. Si quienes dicen que ya no aman a su cónyuge pudieran comprometerse a amarlo de manera incondicional, pudieran descubrir que pueden recrear ese amor. Nuestro Señor Jesucristo no nos ama por lo que pueda sacar de nosotros; nos ama a pesar de la aflicción que le causamos. Haga del amor incondicional su meta, y sea humilde, obediente y abnegado.

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Sigue lo recto en todos los azares

24 de junio

«Sadrac, Mesac y Abed-nego respondieron […]: Sepas, oh rey, que no serviremos a tus dioses».

Daniel 3:16, 18

El relato del coraje varonil y de la liberación maravillosa de estos tres jóvenes (o, más bien, de estos campeones) es muy apto para producir en la mente de los creyentes la firmeza y estabilidad con que defender la verdad contra la tiranía, aun estando en las mismas garras de la muerte. Ojalá los jóvenes cristianos (especialmente) aprendan del ejemplo de estos muchachos a no sacrificar nunca sus conciencias, tanto en los asuntos de la fe y la religión como en aquellos otros de la probidad en los negocios. Antes que perder la honradez, pierde más bien tus negocios; y, cuando todo se haya perdido, sigue aferrándote a una limpia conciencia como la más preciosa joya que pueda adornar el pecho de un mortal. No te guíes por el fuego de la sagacidad, sino por la estrella polar de la autoridad divina. Sigue lo recto en todos los azares; y cuando no veas ninguna ventaja presente, anda por fe y no por vista. Honra a Dios confiando en él aun cuando ello implique pérdidas a causa de tus principios. ¡Verás como él no queda como deudor tuyo! Observa si, aun en esta vida, no cumple su palabra de que «gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento» (1 Ti. 6:6) y de que a los que buscan primeramente el Reino de Dios y su justicia, todas las cosas que precisen les serán añadidas. Si se diera el caso que, en la providencia de Dios, llegaras a ser un perdedor a causa de tu conciencia, hallarás que, aunque el Señor no te retribuya con la plata de la prosperidad terrena, cumplirá su promesa con el oro del gozo espiritual. Recuerda que la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee. Manifestar un espíritu sencillo, tener un corazón libre de ofensa, contar con el favor y la aprobación de Dios, vale más que todas las riquezas que las minas de Ofir pudieran producir o ganar el comercio de Tiro: «Mejor es la comida de legumbres donde hay amor, que de buey engordado donde hay odio». Una onza de tranquilidad de corazón vale más que una tonelada de oro.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 185). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

Lo secreto le pertenece al Señor

24 JUNIO

Deuteronomio 29 | Salmo 119:49–72 | Isaías 56 | Mateo 4

“Lo secreto le pertenece al Señor nuestro Dios, pero lo revelado nos pertenece a nosotros y a nuestros hijos para siempre, para que obedezcamos todas las palabras de esta ley” (Deuteronomio 29:29). Hay en este texto dos puntos principales que requieren reflexión.

En primer lugar, lo que corresponde a la comunidad del pacto es centrarse en aquello que Dios ha revelado. No se trata sólo de cosas que “pertenecen a nosotros y a nuestros hijos para siempre”, sino de cosas que nos han sido dadas para que “obedezcamos todas las palabras de esta ley”. Esta es la principal razón por la cual este texto se ha ubicado al final de un capítulo largo sobre la renovación a través del pacto. Es verdad que hay muchas cosas ocultas que no podremos saber, pero lo que sí se ha revelado –en este contexto se trata de las condiciones del pacto con Moisés, con las enormes posibilidades que contiene tanto para la bendición como para el juicio– es lo que tiene que ocupar nuestro interés y producir en nosotros una obediencia consecuente.

En segundo lugar, tenemos que reconocer con franqueza que hay cosas que no nos han sido reveladas. No comprendemos bien, por ejemplo, la relación entre el tiempo y la eternidad, y tampoco alcanzamos a comprender cómo Dios, quien habita la eternidad, puede darse a conocer en nuestra historia finita de tiempo/espacio. Se nos ha revelado que así lo hace –y tenemos varios términos para describir ciertos elementos de esta revelación (por ejemplo: encarnación)–, pero no sabemos cómo se realiza esto. No comprendemos cómo Dios puede ser al mismo tiempo personal, transcendente y soberano; no comprendemos cómo el único Dios puede ser también una trinidad.

Sin embargo, en ninguno de estos casos supone refugiarse en la ignorancia de una manera sutil e irresponsable, o detrás de lo irracional o misterioso. Cuando admitimos, e incluso insistimos, que hay misterios en torno a estos asuntos, no estamos admitiendo que no tengan sentido o que sean contradictorios en sí mismos. Más bien lo que decimos es que nuestro conocimiento es limitado y reconocemos nuestra ignorancia. Lo que Dios no haya revelado acerca de sí mismo no se puede conocer. “Lo secreto pertenece a Dios”.

De hecho, a causa del contraste que el texto presenta, lo que se da a entender es que sería presuntuoso pretender que podemos saber estas cosas, o incluso pasar demasiado tiempo intentando descubrirlas, pues sería intentar acceder al territorio que sólo pertenece a Dios. Dicho esto, algunas cosas se nos esconden para incitarnos a buscar. En Proverbios 25:2 leemos que corresponde a la gloria de Dios esconder un asunto, y corresponde a la gloria de los reyes sondearlo. Pero no es una regla universal: el primer pecado consistió en intentar alcanzar conocimiento sobre aquello que debía permanecer oculto, a fin de ser “como Dios”. En tales casos, el camino de los sabios es el de la adoración reverente hacia aquél que conoce todas las cosas, junto con un sometimiento obediente a aquello que él, por su gracia, ha escogido revelar.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 175). Barcelona: Publicaciones Andamio.

La vida impía

24 Junio 2017

La vida impía
por Charles R. Swindoll

Salmo 1

Si hay algo que debemos notar en los versículos 4 al 6 del Salmo 1 es el contraste. No pase por alto las diferencias claras con los versículos anteriores. «No sucede así con los impíos, que son como el tamo que arrebata el viento».

El versículo 4 de la Biblia, comienza con una negación enfática. Literalmente dice:

«¡Los impíos no son así!» La oración es un contraste de los tres versículos anteriores que describen al creyente justo y piadoso que:

Es bienaventurado (pero, «¡el impío no es así!»).

Se deleita y medita en la Palabra de Dios (pero, «¡el impío no hace eso!»).

Es como un árbol (pero, «¡el impío no es así!»).

Lleva fruto y es próspero (pero, «¡el impío no es así!»).

En su lugar, el salmista utiliza un término que representa la vida del impío: un tamo.  El tamo es la pelusa que se desprende de los granos durante el proceso de desgranarse. El tamo no tiene ningún uso. A diferencia de un árbol firmemente arraigado y que lleva fruto, el tamo se lo lleva al viento durante el proceso de la cosecha. La palabra hebrea, «llevar» que se utiliza en este versículo significa diseminarse, dividirse, separarse.

Después de comparar las vidas de los «piadosos» y los «impíos», David considera el destino de aquellos que rechazan al Señor:

«Por tanto, no se levantarán los impíos en el juicio ni los pecadores en la congregación de los justos» (v. 5).

Esta locución conjuntiva, «por tanto», une este versículo con el versículo anterior y quiere dar a entender que ya que el impío no tiene ningún valor interno y es inestable, éste no tendrá ninguna defensa durante su juicio.

Cuando el versículo utiliza el término, » levantarse», el significado hebreo da la idea de ponerse de pie. El compositor quiere dar a entender que el impío no puede presentar ninguna defensa ante el juicio de Dios. El versículo termina utilizando una declaración paralela: «ni los pecadores en la congregación de los justos».

Una persona que nunca ha venido por fe al Señor ni ha confiado en Él para obtener vida eterna y la justificación ante los ojos de Dios, no tiene parte en la asamblea de los creyentes. Una vez más, permítame recordarle otro contraste. En lo que respecta al destino, existe una gran diferencia entre una persona justa y el impío. No obstante, muchos incrédulos viven vidas buenas y saludables, es más, algunos hacen cosas muy especiales. ¿Cómo entonces puede alguien decir que ellos no estarán en la congregación de los justos? El versículo 6 responde la pregunta: «Porque el Señor conoce el camino de los justos, pero el camino de los impíos perecerá».

Es el Señor el que se encarga del juicio. Solo Él conoce el corazón. Solamente Dios y no el hombre. Solo Dios es capaz de ser justo y recto. Pero entonces, ¿no conoce Dios también el camino del impío? ¡Claro que sí! Pero el versículo 6 nos explica por que el impío no podrá levantarse ante el juicio ni tampoco estará en la congregación de los justos. ¿Por qué no? Porque el Señor tiene un interés muy especial en el justo. Porque el Señor está unido al justo por amor. Él no permitirá que el justo y el injusto se mezclen. Ese no es su plan.

El versículo concluye con un recordatorio severo de la forma en que el impío perecerá. Un clímax impresionante en este salmo. Y una vez más otro contraste claro. En lugar de prosperar, el impío perecerá de la misma forma en que aquel edificio de ladrillos de la municipalidad que le mencioné al principio, terminó siendo clausurado.

Afirmando el alma
Dios no demanda la perfección de los creyentes; todos nosotros fallamos de vez en cuando. Afortunadamente, la gracia abunda. Una indicación de que nuestra fe es genuina es nuestro deseo sincero de obedecerle a Él. Si usted no se «deleita» en complacer a Dios mediante la obediencia a su Palabra, quizás es un buen momento para que analice su alma. Hágalo ahora.

Adaptado del libro, Viviendo los Salmos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2013). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmh.org). Copyright
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 Puedo contentarme en todas las cosas

JUNIO, 24

Puedo contentarme en todas las cosas

Devocional por John Piper

Todo lo puedo en Cristo que me fortalece. (Filipenses 4:13)
La provisión diaria de la gracia venidera de Dios hacía que Pablo pudiera estar saciado o hambriento, prosperando o sufriendo, en abundancia o en pobreza.

«Todo lo puedo» realmente significa «todo lo puedo», y no tan solo lo que es fácil. «Todo» significa que en Cristo sé vivir con hambre, en sufrimiento y en necesidad. Así, podemos ver la maravillosa promesa del versículo 19 en su contexto apropiado: «Y mi Dios proveerá a todas vuestras necesidades, conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús».

¿Qué significa «todas vuestras necesidades» en vista de Filipenses 4:19? Significa «todo lo que necesitamos para tener el contentamiento que glorifica a Dios». El amor de Pablo por los filipenses surgía de su contentamiento en Dios, y su contentamiento surgía de su fe en la gracia venidera de la infalible provisión de Dios.

Entonces, es obvio que la codicia es exactamente lo contrario de la fe: es la pérdida del contentamiento en Cristo lo que hace que comencemos a desear otras cosas para satisfacer los anhelos de nuestro corazón. Y no hay duda de que la batalla contra la codicia es una batalla contra la incredulidad y por la fe en la gracia venidera.

Cuando sintamos que la codicia aumenta en lo más mínimo en nuestro corazón, debemos cerrarle el paso y luchar contra ella con todas nuestras fuerzas, haciendo uso de las armas de la fe.

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El código de circulación

sábado 24 junio

Todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios.

Romanos 3:23

Cualquiera que guardare toda la ley, pero ofendiere en un punto, se hace culpable de todos.

Santiago 2:10

Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros.

Efesios 5:2

El código de circulación

Cuando un automovilista sobrepasa el límite de velocidad autorizado, infringe el código de circulación. Quizá solo haya cometido una sola falta; no obstante, infringió el código de circulación. ¡No imaginaríamos a un automovilista, detenido debido a un exceso de velocidad, justificarse diciendo que nunca se ha pasado un semáforo en rojo! ¿Qué conductor podría pretender no haber transgredido nunca el código de circulación?

En la Biblia, la ley de Dios dada a Moisés era perfecta, y los israelitas tenían que respetarla punto por punto. La experiencia mostró que ese pueblo no obedeció esa ley. ¡Nadie hubiese podido hacerlo! Por supuesto, la gran mayoría de nosotros no ha transgredido el mandamiento que dice: “No matarás”. Pero, ¿quién no ha desobedecido el que dice: “No codiciarás”? (Éxodo 20:13, 17).

Todos hemos desobedecido a Dios. Todos, menos uno, Aquel que vino al mundo hace 2.000 años, Jesucristo, el hombre perfecto, quien cumplió toda la ley de Dios (Mateo 5:17). Pero hizo mucho más que cumplir la ley: aceptó morir crucificado, por amor a nosotros, para que Dios perdonase todos nuestros pecados.

No es, pues, tratando de obedecer una ley cómo seremos hechos justos ante Dios, porque siempre fallaremos en un punto u otro. Pero el Evangelio nos trae una buena noticia: Dios nos declara justos si creemos en el sacrificio de Jesucristo, quien se entregó a sí mismo por nosotros.

2 Reyes 23:21-37 – 1 Timoteo 6 – Salmo 74:12-23 – Proverbios 18:1

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La profundidad del amor

La profundidad del amor

6/23/2017

Ante todo, tened entre vosotros ferviente amor; porque el amor cubrirá multitud de pecados. (1 Pedro 4:8)

Los cristianos debemos amar hasta más no poder, que incluye el cubrir “multitud de pecados”. Se debe afrontar el pecado pero también se debe perdonar. Eso es lo que implica “cubrir”. Debemos poner una frazada sobre el pecado pasado ya resuelto.

Examínese. ¿Le guarda rencor a alguien en su casa? Si lo hace, recuerde que Jesucristo ya pagó el castigo de cualquier cosa que esa persona hiciera. Su incapacidad para perdonar contradice su amor. Y si la falta de perdón es característica de su vida, tal vez usted no sea cristiano.

Inevitablemente, los que tienen un gran sentido del perdón están dispuestos a perdonar a los demás. Las personas que saben que se les ha perdonado mucho pueden perdonar mucho. Espero que eso le suceda a usted.

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Esperando la adopción

23 de junio

«Esperando la adopción».

Romanos 8:23

Aun en este mundo los santos son hijos de Dios; pero los hombres no pueden comprobarlo si no es por ciertas características morales. La adopción no se ha manifestado aún: aún no se ha declarado abiertamente quiénes son los hijos. Entre los romanos, alguien podía ser hijo adoptivo y el hecho mantenerse en secreto durante mucho tiempo; no obstante, había una segunda adopción en público, cuando se llevaba al niño ante las autoridades constituidas, se le quitaban sus vestidos anteriores y el padre que lo recibía le daba una ropa apropiada a su nueva condición: «Amados, ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser». Aún no estamos vestidos con la ropa apropiada para la familia real en el Cielo. Llevamos puesto (en esta carne y sangre) precisamente aquello que visten los hijos de Adán; pero sabemos que «cuando él [quien es ‘el primogénito entre muchos hermanos’] se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es». ¿No puedes imaginarte a un niño, tomado de la clase más baja de la sociedad romana y adoptado por un senador, diciendo: «Ansío el día cuando seré adoptado públicamente; entonces dejaré estos vestidos plebeyos y se me vestirá como conviene a mi rango senatorial»? Se siente feliz con lo que ha recibido; por eso gime por alcanzar la plenitud de aquello que se le ha prometido. Así ocurre con nosotros actualmente: estamos esperando ser ataviados con nuestros propios vestidos y hasta manifestados como hijos de Dios. Somos jóvenes nobles y aún no nos hemos ceñido nuestras coronas. Somos jóvenes novias y aún no ha llegado el día de nuestro casamiento: el amor que nuestro Esposo nos profesa nos lleva a ansiar y anhelar la mañana de nuestra boda. Nuestra felicidad misma nos hace gemir por una felicidad mayor. Nuestro gozo, como un manantial que se desborda, ansía brotar como un géiser de Islandia, que salta hasta el cielo. Ese gozo suspira y gime dentro de nuestro espíritu por falta de espacio y lugar para manifestarse a los hombres.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 184). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

¡Maldiciones!

23 JUNIO

Deuteronomio 28:20–68 | Salmos 119:25–48 | Isaías 55 | Mateo 3

Puede que no haya ningún pasaje en la Biblia más perturbador que Deuteronomio 28:20–68. El escenario que el texto describe es el de los juicios que caerían sobre el pueblo de Dios si desobedecían los términos del pacto y se rebelaban contra Dios, “Si no te empeñas en practicar todas las palabras de esta ley, que están escritas en este libro, ni temes al Señor tu Dios, ¡nombre glorioso e imponente!” (28:58)

Hay muchos elementos en estas maldiciones que nos llaman la atención. Me quiero centrar en dos de ellos.

En primer lugar, los juicios detallados aquí se podrían interpretar desde un punto de vista secular como accidentes de unas circunstancias políticas y sociales cambiantes, o dentro de una cosmovisión pagana como el fatal destino desencadenado por unos dioses malévolos. A primera vista, todos los juicios se desarrollan dentro del mundo natural: la enfermedad, la sequía, la hambruna, la derrota militar, los forúnculos, la pobreza, el sometimiento a un poder superior, las plagas de langostas, las desavenencias económicas, el cautiverio, la esclavitud, los estragos terribles de los sitios interminables, el declive demográfico, la diáspora entre las naciones. En otras palabras, no hay ningún juicio que parezca ser una clara intervención desde los cielos. Por lo tanto, los que han dejado de escuchar las palabras de Dios se encuentran en la horrible situación de sufrir castigos que no creen proceder de él. Y esto forma parte justamente del castigo: se enfrentan a castigos, pero en su incredulidad están tan endurecidos que ni siquiera son capaces de ver tal castigo como lo que es. Las bendiciones que habían gozado por la benévola misericordia, no habían sabido recibirlas como dones de Dios; las maldiciones que ahora sufrían se infligen desde el placer de Dios (28:63), y siguen incapaces de reconocerlos como dádivas a Dios. La ceguera se enquista, se vuelve sistémica, persistente, humanamente incurable.

En segundo lugar, los juicios de Dios se extienden más allá de las tragedias infligidas desde el exterior hasta mentes que están totalmente descolocadas –en parte por la magnitud de la pérdida, pero también por Dios mismo–. El Señor dará a estas personas “…ni paz ni descanso. El Señor mantendrá angustiado tu corazón; tus ojos se cansarán de anhelar, y tu corazón perderá toda esperanza. Noche y día vivirás en constante zozobra, lleno de terror y nunca seguro de tu vida” (28:65–66). Este Dios no sólo controla los sucesos materiales de la historia, sino también las mentes y los sentimientos de los que caen bajo sus juicios.

Ante un Dios así, es indeciblemente necio intentar escondernos o engañarle. Lo que debemos hacer es arrepentirnos y arrojarnos a sus pies pidiendo misericordia, pidiéndole la gracia necesaria para seguirle en un espíritu de obediencia honesta, conscientes de lo terrible que es la rebeldía, con los ojos abiertos para percibir y recibir tanto su bondad providencial como sus juicios providenciales. Debemos ver la mano de Dios en todo; debemos juzgarlo todo, resueltos a centrarnos inamoviblemente en él en nuestra manera de interpretar nuestras realidades.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 174). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Un caminar intransigente

23 Junio 2017

Un caminar intransigente
por Charles R. Swindoll

Salmo 1

Mientras leo el Salmo 1, tres ilustraciones de la Biblia llegan a mi mente. Dos hombres coquetearon con la maldad y luego cayeron; pero hubo otro que rehusó «caminar en el consejo de los impíos».

Las dos primeras ilustraciones tienen que ver con Lot y Sansón; la tercera tiene que ver con José.  La gente alrededor del mundo sabe de Sansón, cuya vida se describe claramente en Proverbios 5:20 -23:

¿Por qué, hijo mío, andarás apasionado por una mujer ajena
y abrazarás el seno de una extraña?
Los caminos del hombre están ante los ojos del SEÑOR,
y él considera todas sus sendas.
Sus propias maldades apresarán al impío
y será atrapado en las cuerdas de su propio pecado.
Él morirá por falta de disciplina,
y a causa de su gran insensatez se echará a perder.

Muchas personas no saben quien es Lot, el sobrino de Abraham. Teniendo en mente Salmo 1:1, lea lo que dice el Génesis 13:

Lot eligió para sí toda la llanura del Jordán, y partió Lot hacia el oriente. Así se separaron el uno del otro. (v. 11)

Lot «camino en el sendero del impío».

Abram habitó en la tierra de Canaán, y Lot habitó en las ciudades de la llanura y fue instalando sus tiendas hasta Sodoma.  Los hombres de Sodoma eran malos y muy pecadores contra el Señor. (vv. 12-13)

Él «se detuvo en el lugar de los pecadores».

Y en Génesis 19:

Los dos ángeles llegaron a Sodoma al anochecer. Lot estaba sentado junto a la puerta de Sodoma. (v. 1)

Lot ahora vivía en medio de ellos y su morada se encontraba en la «silla de los burladores».

En el caso de José, el asunto era totalmente diferente. José rehusó permitir que el trajín diario de la transigencia le afectara aún cuando la esposa de Potifar continuara seduciéndole. Haga una pausa y lea Génesis 39: 1-12.

José, literalmente, huyó de ella y de sus seducciones. Me parece muy significativo que cada vez que el Nuevo Testamento habla sobre los pecados sexuales, se nos dice que debemos «huir». El Salmo 1:1 nos asegura que seremos sumamente felices si nos alejamos de las primeras señales de transigencia con la maldad. La felicidad ocurre cuando hay mancha en nuestra pureza moral.

La canción antigua continúa diciendo: «Más bien, en la ley del Señor está su delicia, y en ella medita de día y de noche». (v. 2)

Este versículo comienza con la frase, «más bien» que implica un contraste. El primer versículo explica una situación negativa, mientras que este versículo explica una situación positiva. En contraste a la transigencia y a la erosión, el creyente piadoso se ocupa en la Palabra de Dios.

¿Por qué David menciona la ley aquí? Porque si deseamos cambiar nuestro estilo de vida, necesitamos un parámetro absoluto, una dirección clara. La Palabra de Dios nos da esa dirección. La palabra, «ley» se refiere a la palabra escrita de Dios, la Biblia (Salmo 119: 9). El salmista afirma que una persona justa se «deleita» en la Palabra de Dios. Ella no mira la Escritura como si fuese una carga o una interrupción en su día. Más bien, de día y de noche medita en ella.

El versículo 1 del Salmo 1 nos promete la felicidad; el versículo 2 nos provee los medios para alcanzarla. Ahora el versículo 3 nos muestra el resultado final:

Será como un árbol
plantado junto a corrientes de aguas
que da su fruto a su tiempo
y su hoja no cae.
Todo lo que hace prosperará.

Es interesante ver que el verbo que se utiliza en este pasaje con la persona justa tiene que ver con «ser» en lugar de «hacer».

Me impresiona saber que seremos algo en vez de hacer algo como resultado de deleitarnos y meditar en la Palabra de Dios. El versículo nos dice, si ninguna pompa pero con seguridad, que  seremos como un árbol en cuatro formas específicas. Seremos:

1. Plantados: fuertes, estables, arraigados, sólidos y firmes.
2. Fructíferos: la producción es algo que ocurre naturalmente después de ser plantados y de crecer.
3. Vivos: aun en medio de días difíciles, el alma no se marchita.
4. Prósperos: cumple los objetivos que Dios ha diseñado para su vida.

Jeremías dice lo mismo: «Será como un árbol plantado junto a las aguas y que extiende sus raíces a la corriente» (Jeremías 17:5- 8). Permítame animarle a que camine de manera pura e intransigente; que se deleite en la Palabra de Dios y que llegue a ser un «árbol espiritual» estable y confiable.

No existe ningún atajo para la madurez espiritual. Al igual que la madurez física, el desarrollo ocurre diariamente y necesita buena alimentación y un ambiente adecuado. Si usted sigue una buena dieta espiritual y un ambiente adecuado, usted puede experimentar «abundancia de felicidad» y lo mejor de todo es que el afán diario de la transigencia y sus efectos dañinos no le afectarán.

Afirmando el alma
Considere sus propias circunstancias y pregúntese a sí mismo, en términos prácticos, ¿qué significa caminar en el consejo de los impíos? ¿Cuales decisiones se toman allí? Por otro lado, ¿cómo puede usted cultivar ese «deleite» en la Palabra de Dios? Haga una lista de los pasos a seguir y establezca objetivos específicos para ponerlos en práctica.

Adaptado del libro, Viviendo los Salmos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2013). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmh.org). Copyright
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