Solo Dios es digno de ser adorado

domingo 18 junio

Juan… mirando a Jesús que andaba por allí, dijo: He aquí el Cordero de Dios.

Juan 1:35-36

A todo lo creado… oí decir: Al que está sentado en el trono, y al Cordero, sea la alabanza, la honra, la gloria y el poder, por los siglos de los siglos.

Apocalipsis 5:13

Solo Dios es digno de ser adorado

Antes de empezar su ministerio, Jesús fue tentado por Satanás. Este lo incitó a que le rindiese homenaje, pero la respuesta del Señor fue categórica: “Escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él solo servirás” (Mateo 4:10).

Cuando el apóstol Juan quiso, en dos ocasiones, postrarse ante el ángel que le hablaba, este se lo impidió: “Mira, no lo hagas; yo soy consiervo tuyo… Adora a Dios” (Apoc. 19:10).

Cuando Pablo y Bernabé sanaron a un hombre enfermo de nacimiento, y la gente quiso honrarlos como si fuesen dioses, ellos se lo prohibieron rotundamente.

Debemos adorar solo a Dios. Aceptar o buscar el homenaje que solo se debe a Dios es puro orgullo, es la “condenación del diablo” (1 Timoteo 3:6).

Cuando Jesús vivió en la tierra, por ser el Hijo de Dios, en varias ocasiones los hombres le rindieron homenaje:

–Un leproso sanado se postró ante él (Lucas 17:16).

–Los discípulos le rindieron homenaje cuando calmó la tempestad (Mateo 14:33).

–Un hombre ciego de nacimiento y sanado por Jesús discernió en él al Hijo de Dios y lo adoró (Juan 9:38).

–Cuando Jesús resucitó y mostró sus heridas a Tomás, este exclamó: “¡Señor mío, y Dios mío!” (Juan 20:28).

Jesús, hombre “humilde de corazón” (Mateo 11:29), al mismo tiempo es Dios, el único digno de recibir el honor y la adoración.

2 Reyes 18 – Efesios 6 – Salmo 72:1-11 – Proverbios 17:17-18

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Nuestro misericordioso Espíritu

Nuestro misericordioso Espíritu

6/17/2017

No contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención. (Efesios 4:30)

El Espíritu Santo se entristece cuando los creyentes no cambian su antigua manera de vivir y adoptan la nueva. Siente dolor cuando los creyentes mienten y ocultan la verdad, cuando se enojan y son implacables, cuando roban y se niegan a compartir, y cuando dicen palabras obscenas y no tienen un espíritu misericordioso.

Cuando usted fue salvo, el Espíritu de Dios puso en usted un sello, que declara que usted es de Dios para siempre. Como Él ha sido tan misericordioso que le dio salvación eterna, lo selló para siempre, y ha guardado su salvación hasta el día de la redención, ¿cómo es posible que lo contriste? Él ha hecho tanto por usted que, como muestra de gratitud, no debe contristarlo.

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El pozo de Beer

17 de junio

«Entonces cantó Israel este cántico: Sube, oh pozo, a él cantad».

Números 21:17

El pozo de Beer, en el desierto, fue famoso por ser el tema de una promesa: «Este es el pozo donde el Señor le dijo a Moisés: «Reúne al pueblo y les daré agua» (Nm. 21:16 LBLA). El pueblo necesitaba agua, y el Dios de la gracia se la prometió. Necesitamos provisiones de gracia celestial y, en el pacto, Dios se ha comprometido a darnos todo aquello que le pedimos. El pozo, en segundo lugar, fue motivo de un cántico. Antes de que el agua brotara, la fe alentadora estimuló a la gente a cantar y, al ver borbotar la cristalina fuente, la música se hizo aún más alegre. De la misma manera, los que creemos en la promesa de Dios, debiéramos regocijarnos ante la perspectiva de que nuestras almas gocen de avivamientos divinos; y, al experimentarlos, nuestro santo gozo se desbordará. ¿Estamos sedientos? No murmuremos, sino cantemos. La sed espiritual resulta difícil de soportar; pero no es necesario que la soportemos, pues la promesa nos señala un pozo. Alentémonos y busquémoslo. Además, el pozo fue el centro de una oración: «¡Sube, oh pozo!». Debemos reclamar aquello que Dios se ha comprometido a darnos, de lo contrario manifestaremos que ni tenemos deseos de ello ni fe alguna. Roguemos esta noche que tanto el pasaje leído como nuestras devociones no sean una formalidad vacía, sino un canal de gracia para nuestras almas. ¡Ojalá el Espíritu Santo actúe en nosotros con todo su poder, llenándonos de toda la plenitud de Dios! Finalmente, el pozo en cuestión fue el objeto de un esfuerzo: «Lo cavaron los príncipes del pueblo […] con sus báculos». El Señor quiere que seamos activos para obtener gracia. Nuestros báculos no son aptos para cavar en la arena, pero debemos usarlos con toda nuestra fuerza: no se debe descuidar la oración; ni han de abandonarse las reuniones; un tampoco hay que menospreciar el bautismo y la Cena del Señor. El Señor nos dará su gracia muy abundantemente, pero no por la vía de la ociosidad. Movámonos, pues, para buscar al Señor, en quien se encuentran todos los frescos manantiales.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 177). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

Un salmo oracular

17 JUNIO

Deuteronomio 22 | Salmos 110–111 | Isaías 49 | Apocalipsis 19

El capítulo del Antiguo Testamento que más se cita en el Nuevo es el Salmo 110. Es un salmo oracular: es decir, no describe la experiencia del autor sino que pronuncia palabras que el autor había recibido por revelación inmediata y directa – en forma de “oráculo” de Dios mismo. Incluso puede que haya partes del salmo que el mismo salmista no llegase a sondear (de la misma manera que Daniel no sondeaba el significado de todo lo que vio en sus visiones y tuvo que transmitir a una generación venidera [Daniel 12:4, 8–10]).

En el salmo, el Señor, Yahvé, se dirige a alguien a quien David mismo llama “mi Señor”. Este elemento, tanto como cualquier otro, ha convencido a muchos comentaristas, sean judíos o cristianos, que se trata explícitamente de un salmo mesiánico, y que la persona con quien David habla es el mismo anhelado Mesías.

Voy a centrar mis comentarios en el versículo 4: “El Señor ha jurado y no cambiará de parecer: Tú eres sacerdote para siempre, según el orden de Melquisedec.” Dado que Yahvé aquí se dirige al Mesías, ¿qué quieren decir estas palabras? Hay dos cosas que llaman la atención:

En primer lugar, Mequisedec mismo – es la segunda vez que se menciona en toda la Biblia. La primera vez fue en Génesis 14:18–20. Después de la derrota de los reyes, Abraham tiene un encuentro con este extraño rey-sacerdote, y le da una porción del botín. Hay varias cosas que se pueden deducir de este breve encuentro (ver la meditación del 13 de enero), pero luego Melquisedec desaparece del mapa, hasta este salmo, compuesto casi mil años más tarde.

En segundo lugar. Muchas cosas han sucedido en la historia de Israel. El pueblo había sido sometido a una esclavitud feroz, habían sido rescatados en el Éxodo, habían recibido la ley en Sinaí, habían entrado en la Tierra Prometida, y habían vivido el período de los jueces antes de llegar a este trance, a principios de la dinastía Davídica. Por encima de todo, en Sinaí se había prescrito un tabernáculo, con sus ritos asociados, todo lo cual debía ser ministrado por los levitas y por los sumos sacerdotes procedentes de esta tribu. La Ley de Moisés había estipulado de manera inequívoca que únicamente los levitas podían desempeñar estas funciones sacerdotales. Sin embargo, aquí tenemos un oráculo de Dios que insistía que Dios levantaría a otro sacerdote-rey con una descendencia muy diferente. Yahvé extenderá el cetro de este poderoso rey desde Sión: es decir, su poder estará vinculado a Sión, con Jerusalén, y con la dinastía Davídica naciente. Como sacerdote pertenecerá no al orden Levítico sino al de Melquisedec.

No es de extrañar que el autor de la carta a los Hebreos comprende que aquí se anuncia ni más ni menos que la caducidad de la Alianza de Moisés (Hebreos 7:11–12). Nos hacía falta un sacerdocio mejor, y ahora lo tenemos.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 168). Barcelona: Publicaciones Andamio.

La fe implica riesgos

17 Junio 2017

La fe implica riesgos
por Charles R. Swindoll

Génesis 22:9

Algunas personas se cuidan tanto, que no se arriesgan por nada. Todo tiene que estar cuidadosamente regulado y bajo control… su control.  Los límites están definidos, las normas bien detalladas, cada céntimo justificado, nada de sorpresas. Y después de haber gastado tanto tiempo y tantos esfuerzos tratando de vivir sin problemas, terminan su vida sin haber hecho nada de valor duradero. No construyeron nada, no probaron nada nuevo, no invirtieron en nadie.

¡Pero Abraham no fue así! Su fe había madurado al punto de que su absoluta confianza en el carácter de Dios le había dado la libertad de echar la precaución por la borda, y arriesgarlo todo para obedecer. ¡Qué lección de teología tan perfecta para su hijo!

Ahora bien, el hijo que crió Abraham no era ningún tonto. Isaac sabía lo que podía pasar, y eso es lo que sucede después, a medida que avanza la historia. Leemos que llegaron al lugar que Dios le había dicho a Abraham, y levantó allí el altar, arregló la leña, y luego se puso a buscar a su hijo, que había huido para esconderse de su padre. ¡No! Isaac no hizo esto.

He escuchado incontables veces predicar sobre este pasaje, pero nunca he oído que alguien hable de la fe de este excelente joven. Vino a sacrificar ¡pero se dejó atar y colocar sobre el altar! Es obvio que este joven había aprendido bien su teología de su padre; un padre que renunció a su hijo porque tenía plena fe en su Dios. A propósito, Isaac no aprendió esa fe mientras subía la montaña esa mañana. La había estado cultivando por años, gracias al ejemplo permanente de su padre.

Es posible que algunos de ustedes, que son padres, se encuentren en una situación parecida mientras leen estas páginas. Puede ser que su relación con su hijo haya llegado a un punto en el que la única alternativa que le queda es encomendarlo totalmente al cuidado de Dios. A usted le gustaría ocuparse de los detalles, pero ya no puede hacer nada. Sabe que el Señor es bueno, y ha orado por una solución, pero nada ha cambiado. Sólo Dios puede intervenir, y porque eso es verdad, puede aprender algunas cosas de Abraham.

Ponga hoy en el altar esa relación con su hijo o hija. Entréguelos al Señor como una ofrenda. Tome el riesgo. Mentalmente, coloque a su muchacho o muchacha encima de la madera, y retírese del altar. Tenga fe en Dios y en su tiempo, y Él proveerá.

Tenga fe en Dios y en su tiempo, y Él proveerá.—Charles R. Swindoll

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 El tipo de oración que le agrada a Dios

JUNIO, 17
 El tipo de oración que le agrada a Dios

Devocional por John Piper

Pero a éste miraré: al que es humilde y contrito de espíritu, y que tiembla ante mi palabra. (Isaías 66:2)
La primera marca de un corazón recto es que tiembla ante la Palabra del Señor.

Isaías 66 lidia con el problema de que algunas personas adoran a Dios de una manera que a él le agrada y que otras lo adoran de una manera que no le agrada. El versículo siguiente describe al malo que le presenta sacrificios: «El que mata un buey es como el que mata a un hombre, el que sacrifica un cordero como el que desnuca un perro». Sus sacrificios son abominación a Dios: van a la par con un asesinato. ¿Por qué?

En el versículo 4 Dios explica: «Porque llamé, mas nadie respondió, hablé, mas no escucharon». Sus sacrificios eran abominación a Dios porque el pueblo no prestaba oídos a su voz. Pero ¿qué hay de aquellos cuyas oraciones Dios escuchaba? Dios dice en el versículo 2: «Pero a éste miraré: al que es humilde y contrito de espíritu, y que tiembla ante mi palabra».

Por consiguiente, concluyo que la primera marca de los justos, cuyas oraciones son una delicia para Dios, es que tiemblan ante la Palabra de Dios. Esas son las personas a quienes el Señor mirará.

Por lo tanto, la oración del recto que agrada a Dios viene de un corazón que en un principio se siente frágil en la presencia de Dios. Tiembla al oír la Palabra de Dios, porque se siente tan lejos del ideal de Dios, tan vulnerable a su juicio, tan indefenso y arrepentido por sus fallas.

Eso es justamente lo que dijo David en Salmos 51:17: «Los sacrificios de Dios son el espíritu contrito;
al corazón contrito y humillado, oh Dios, no despreciarás». Lo primero en la oración aceptable delante de Dios es el quebranto y la humillación de la persona que ora.

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Lo que nos frena

sábado 17 junio

Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud.

Gálatas 5:1

Sois estrechos en vuestro propio corazón… ensanchaos también vosotros.

2 Corintios 6:12-13

Lo que nos frena

Un mensaje para los jóvenes cristianos

Quizá tenga la impresión de que lo que le frena en su vida cristiana son las condiciones de vida, las obligaciones sociales y profesionales, o incluso sus limitaciones físicas, su salud, sus capacidades. Esto puede ser cierto en algunos puntos, y si puede remediarlo, al menos en parte, vale la pena hacerlo. El apóstol Pablo escribió a los cristianos esclavos de Corinto: “Si puedes hacerte libre, procúralo más” (1?Corintios 7:21).

Pero en cuanto a esto, también hay una gran parte de ilusión, de la cual debemos ser conscientes, de otra manera nunca disfrutaremos de una verdadera libertad. ¿Qué piensa de ello? Si toda obligación exterior desapareciera, ¿sería suficiente para que usted encontrase la plena libertad a la que aspira?

En este ámbito, como en muchos otros, nuestras dificultades tienen su origen no fuera de nosotros, sino en nosotros. El problema está en nuestro propio corazón; ahí está el origen de nuestra falta de libertad. Nuestro corazón es prisionero de su egoísmo, de sus miedos y pasiones. Es él el que debe cambiar, dejándose educar por Jesucristo. Pidámosle a Dios, quien ha hecho de nosotros sus hijos, que abra nuestros corazones para que tomen consciencia de su amor y de su gracia. Entonces nuestra mente será liberada de todo lo que nos carga y nos frena. Tendremos una visión más abierta, más justa y más benevolente de los demás, y quizá también más justa de nosotros mismos.

2 Reyes 17:24-41 – Efesios 5 – Salmo 71:19-24 – Proverbios 17:15-16

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Palabras de edificación

Palabras de edificación

6/16/2017

La que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes.

(Efesios 4:29)

Si permite que Cristo guarde sus labios, todo lo que diga ha de beneficiar a otras personas. Usted debe estimular y fortalecer espiritualmente a las demás personas. ¿Es eso lo que ocurre cuando habla con ellas? ¿Se van edificadas en Jesucristo? Madres, cuando están con sus hijos durante todo el día, ¿los edifican las palabras de usted? Padres, cuando saca a pasear a sus hijos, ¿sus conversaciones con ellos son edificantes y estimulantes?

El versículo de hoy también indica que debemos dar a los demás la “necesaria” edificación, lo que significa que nuestras palabras satisfagan la necesidad. Cuando yo era niño, cada vez que le decía a mi mamá “¿Sabes lo que hizo fulano?”, ella me respondía: “¿Es necesario saberlo?” A menudo lo que yo quería decir era interesante, pero sin duda no era necesario.

Por último, nuestras palabras deben “dar gracia a los oyentes”. ¿Bendicen sus palabras a quienes las oyen? ¿Hay gracia en lo que usted dice? Puede estar seguro de que, si permite que el Señor ponga guarda a su boca y deja que su Palabra more en usted, entonces sus palabras serán las palabras de gracia de Dios.

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¡El SEÑOR es mi luz!

16 de junio

«El SEÑOR es mi luz y mi salvación; ¿a quién temeré? El SEÑOR es la fortaleza de mi vida, ¿de quién tendré temor?».

Salmo 27:1 (LBLA)

¡El Señor es mi luz y mi salvación! He aquí un interés personal: «mi luz», «mi salvación». El alma se siente segura de ello y, por consiguiente, lo proclama resueltamente. Cuando nacemos de nuevo se derrama sobre el alma la luz divina precursora de la salvación. Donde no hay suficiente luz que revele nuestras tinieblas y nos haga ansiar al Señor Jesús, no hay prueba de salvación. Después de la conversión, nuestro Dios es nuestro gozo, consuelo, guía, maestro y, en todo sentido, nuestra luz. Él es luz dentro y alrededor de nosotros; luz reflejada por nosotros y luz que tiene que ser revelada a nosotros. Observa que no se dice meramente que Dios proporcione luz, sino que Dios es luz; ni que él dé salvación, sino que él es salvación. El que por fe se aferra a Dios tiene en su poder todas las bendiciones del pacto. Una vez sentado esto, el argumento que se desprende está expresado en forma de pregunta: «¿A quién temeré?». Una pregunta que tiene en sí misma su respuesta. No hay que temer a los poderes de las tinieblas, pues el Señor, nuestra luz, los destruye; no debemos temer a la condenación del Infierno, porque el Señor es nuestra salvación. Es este un desafío diferente del que hizo el jactancioso Goliat, pues no descansa sobre el arrogante vigor de un brazo de carne, sino en el poder real del omnipotente «YO SOY». «El Señor es la fortaleza de mi vida»: he aquí un tercer término brillante para indicar que la esperanza del autor estaba asegurada con un triple cordón que no podía romperse. Bien podemos acumular palabras de alabanza allí donde el Señor prodiga hechos de gracia. Nuestra vida deriva todo su poder de Dios; y si él se propone hacernos fuertes, todas las maquinaciones del adversario no podrán debilitarnos. «¿De quién tendré temor?». La clara pregunta mira tanto al futuro como al presente: «Si Dios es por nosotros», ¿quién puede estar contra nosotros tanto ahora como en lo porvenir?

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 176). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

¡Exaltado seas, oh Dios!

16 JUNIO

Deuteronomio 21 | Salmos 108–109 | Isaías 48 | Apocalipsis 18

El Salmo 108 se distingue algo de los otros salmos. Aparte de algunos cambios menores, está compuesto de partes de otros dos salmos. El salmo 108:1–5 sigue el salmo 57:7–11; salmo 108:6–13 sigue salmo 60:5–12. No obstante, el sentimiento que despierta el conjunto es asombrosamente diferente.

Tanto en los Salmos 57 como en el 60 encontramos a David bajo una presión enorme. En el caso de aquel primero, el subtítulo que introduce el salmo sitúa a David en plena huida de Saúl, y refugiándose en una cueva; en este segundo, David y sus tropas han sufrido una derrota. En ambos casos sin embargo, el salmo acaba en canto de alabanza y confianza – y estos cantos de alabanza respectivos se encuentran para constituir el salmo 108. Aunque dicho salmo, alude a una situación angustiosa que incluye cierta experiencia de castigo infligido por Dios (108:11), el tono del salmo en su conjunto se aleja de los tintes sombríos de las primeras partes de los dos otros salmos y acaba rebosando de adoración y confianza.

Este hecho sencillo nos obliga a reconocer algo muy importante. Los dos salmos anteriores, el 57 y el 60, nos resultarán sin duda particularmente apropiados cuando nos enfrentamos a algún peligro – sea individual o colectivo – o cuando hayamos sufrido alguna derrota humillante. El presente salmo, en cambio, resonará en nuestros oídos cuando en el momento de hacer alguna pausa para recordar las múltiples bendiciones de Dios, y para traer otra vez a la mente la grandeza de su soberanía y el hecho de que es absolutamente digno de recibir nuestra adoración. Puede que sea especialmente provechoso para cuando estemos a punto de emprender una nueva iniciativa para la cual nuestra fe deba anclarse de nuevo. Esta perspectiva de una aplicación nueva y diferente ocurre porque las mismas palabras se encuentran en dos contextos diferentes. Y de esto se trata, justamente.

Aunque todas las Escrituras sean verdaderas y de crucial importancia, mereciendo el estudio, la reflexión y el pensamiento aplicado con rigor, el Señor nuestro Dios, en su sabiduría, no nos ha dado una Biblia compuesta de principios abstractos, sino un tejido de textos muy diversos, cada uno de ellos fruto de vivencias muy diferentes. Pese a la diversidad, por supuesto, sigue habiendo un hilo conductor que lo engloba todo, y una única Mente detrás de ella. El rico entramado de experiencias humanas variadas que se refleja en los diferentes libros, y pasajes, de la Biblia – particularmente en los salmos – permite que la Biblia nos hable con una fuerza y poder singulares allí donde el encaje entre la experiencia del autor humano y la nuestra sea especialmente íntimo.

Gracias a esta asombrosa riqueza, Dios merece que lo adoremos con reverencia. ¿Qué otra mente que no sea la suya, qué amplitud de comprensión, qué benevolente soberanía en la composición de los escritos, podría dar lugar a una obra tan unificada y al mismo tiempo tan profundamente diversa? Aquí también hay razones para añadir nuestro “amén” a las palabras del 108:5: “Exaltado seas, oh Dios, por encima de los cielos más altos. Que tu gloria brille sobre toda la tierra”.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 167). Barcelona: Publicaciones Andamio.