Juzgando Correctamente

Clasificación «A» 

Juzgando Correctamente

La enseñanza de Jesús sobre cómo juzgar y corregir a un hermano que está en error (Mateo 7:1-6).

Nathan Díaz

Estudió producción de radio y teología en Moody Bible Institute de Chicago.   Fué director de programación de la estación WMCR en Chicago y después de WBLR en Georgia antes de regresar a México para comenzar Fish Studios.

Actualmente sirve como pastor y maestro en la Iglesia Evangélica Cuajimalpa (www.iglesiacuajimalpa.org).  Él y su esposa Cristin tienen tres hijos, Ian, Cael y Evan. 

«El que además está a la diestra de Dios».

21 de abril

«El que además está a la diestra de Dios».

Romanos 8:34

El que una vez fue despreciado y desechado entre los hombres, ahora ocupa la honrosa posición de un amado y venerado Hijo. La diestra de Dios es el lugar de majestad y favor. Nuestro Señor Jesús es el representante de su pueblo. Cuando él murió por los suyos, ellos tuvieron reposo; cuando resucitó, obtuvieron libertad; cuando se sentó a la diestra de su Padre, recibieron favor, honor y dignidad. La resurrección y ascensión de Cristo es la elevación, la aceptación y la glorificación de todo su pueblo, pues él es su cabeza y su representante. El sentarse a la diestra de Dios debe considerarse, pues, como la aceptación de la persona del Fiador, la recepción del Representante y, en consecuencia, la aceptación de nuestras almas. ¡Oh tú santo, ve en esto tu liberación segura de la condenación. «¿Quién condenará?». ¿Quién condenará a los que están en Jesús a la diestra de Dios?

La diestra de Dios es el lugar del poder: Cristo, a la diestra de Dios, tiene todo poder en el Cielo y en la tierra. ¿Quién se atreverá a luchar contra un pueblo que cuenta con un Capitán investido de tal poder? ¡Oh alma mía, qué te puede destruir si el Omnipotente es tu Auxiliador! Si el escudo del Todopoderoso te cubre, ¿qué espada te podrá herir? Descansa segura. Si Jesús es tu Rey triunfante, el cual ha hollado a tus enemigos debajo de tus pies; si él ha vencido al pecado, la muerte y el Infierno y tú estás representado en él, no hay posibilidad de que seas aniquilado.

Ved al Cristo, Rey de gloria,

es del mundo el vencedor.

De la guerra vuelve invicto,

todos démosle loor.

Escuchad las alabanzas

que se elevan hacia él;

victorioso reina el Cristo:

Adorad a Emanuel.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 120). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

Un falso profeta

21 Abril 2017

Un falso profeta
por Charles R. Swindoll

Hechos 13:6-12

Este no era el momento para que Pablo fuera tolerante o pasivo. Vivimos en una cultura que casi ha endiosado la tolerancia. Una mujer me dijo hace poco, con una gran sonrisa: “Yo amo a todo el mundo, incluso al diablo”. Eso es lo que yo llamo “tolerancia decadente”. No se equivoque: No podemos amar al diablo; no podemos amar lo que todo el mundo hace. Cristo nos manda a amar a las personas, incluso a nuestros enemigos, pero esto no significa evitar sacar la cara por la verdad.

Pablo no retrocedió ni un centímetro. Podemos ver cómo se le eriza el pelo del cuello cuando muestra sus dientes espirituales y gruñe diciendo:

¡Oh lleno de todo engaño y de toda malicia, hijo del diablo, enemigo de toda justicia! ¿No cesarás de pervertir los caminos rectos del Señor? Y ahora, ¡he aquí la mano del Señor está contra ti! Quedarás ciego por un tiempo sin ver el sol. De repente cayeron sobre él niebla y tinieblas, y andando a tientas, buscaba quien le condujese de la mano (Hechos 13:10, 11).

Cuando tuvo que ser firme, dio un paso al frente. El resultado fue magnífico. Asombrado por la evidente demostración del poder de Dios y la valiente reacción de Pablo, el funcionario pagano creyó, y casi podemos ver cómo se abre más la puerta a los gentiles.

Usted tendrá oportunidades semejantes de confrontar a los enemigos de la verdad. Estos se presentarán de diversas maneras, y algunos serán más astutos que otros. Mi consejo es, basado en el ejemplo de Pablo, que los confronte cuando la oposición a la verdad sea así de seria, y que deje los resultados a Dios. Dé un paso al frente y hable claro en el nombre del Señor. Tenga la seguridad de su protección. No se precipite. Pídale a Dios las palabras adecuadas antes de decir algo, y luego dígalas con toda valentía. Tal vez los resultados no serán tan dramáticos como lo que sucedió en Chipre, pero el Señor honrará su fe. Las pocas veces que he tenido que enfrentarme firmemente al mal, el Señor me hadado una sensación de valor casi invencible.

Cuando usted da la cara por el Señor usted está con el Señor. Él guardará sus espaldas. Por tanto, usted podrá estar confiado.

Cuando usted da la cara por el Señor usted está con el Señor. —Charles R. Swindoll

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmh.org). Copyright © 2017 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

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Dichoso aquel a quien se le perdonan sus transgresiones, a quien se le borran sus pecados

21 ABRIL

Dichoso aquel a quien se le perdonan sus transgresiones, a quien se le borran sus pecados

Levítico 25 | Salmo 32 | Eclesiastés 8 | 2 Timoteo 4

“Dichoso aquel a quien se le perdonan sus transgresiones, a quien se le borran sus pecados. Dichoso aquel a quien el Señor no toma en cuenta su maldad y en cuyo espíritu no hay engaño” (Salmo 32:1–2). En un universo regido por Dios, donde es Dios quien se ocupa de las cuentas, es difícil imaginarse mayor bendición que esta.

Lo trágico es que cuando mucha gente reflexiona sobre esta cruda realidad –que es Dios quien nos pedirá cuentas, y que no habrá escapatoria de su justicia – casi instintivamente se equivocan de camino. Deciden seguir el camino de la automejora, pasan hoja, ocultan e incluso niegan los pecados de una juventud frívola. Así que añaden a su culpa acumulada el pecado del engaño.

No nos atrevemos a pedir justicia – seríamos aplastados. Pero ¿cómo escondernos del Dios que todo lo ve? Sería engañarnos a nosotros mismos. Sólo hay un camino que no conduzca a la destrucción: debemos ser perdonados: “Dichoso aquel a quien se le perdonan sus transgresiones”. Y ¿qué es lo que entraña un perdón así? Para comenzar, quien pida perdón no debe pretender que no hay nada que perdonar: “en cuyo espíritu no hay engaño”.

Es por esto por lo que los siguientes versículos hablan con tanta candidez acerca de la confesión (32:3–5). Mientras guardaba silencio (acerca de sus pecados), sus “huesos se fueron consumiendo”; era tan abrumadora su angustia que le traía un terrible dolor físico. David se retorcía bajo la sensación de que Dios mismo se había vuelto en contra suya: “Mi fuerza se fue debilitando como al calor del verano, porque día y noche tu mano pesaba sobre mí” (32:4).

¿Cuál fue la gloriosa solución? “Pero te confesé mi pecado, y no te oculté mi maldad. Me dije: «Voy a confesar mis transgresiones al Señor», y tú perdonaste mi maldad y mi pecado” (32:5).

El escritor del Nuevo Testamento que más se acerca a esta manera de expresarse es el apóstol Juan en su primera carta (1 Juan 1:8–9). Escribiendo a creyentes, Juan dice: “Si afirmamos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos y no tenemos la verdad”. La misma idea otra vez: el autoengaño que hay detrás de la negación de nuestra culpa. “Si confesamos nuestros pecados, Dios, que es fiel y justo, nos los perdonará y nos limpiará de toda maldad.” Otra vez la misma idea: el único remedio de la culpa humana. Este Dios nos perdona, no porque sea demasiado indulgente o demasiado descuidado para prestar atención, sino porque hemos confesado nuestro pecado y, ante todo, porque él es “fiel y justo”: “fiel” al pacto que ha establecido, “justo” para no condenar, habiendo sido Jesús la propiciación de nuestros pecados (2:2).

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 111). Barcelona: Publicaciones Andamio.

La clave del amor radical

ABRIL, 21

La clave del amor radical

Devocional por John Piper

Bienaventurados seréis cuando os insulten y persigan, y digan todo género de mal contra vosotros falsamente, por causa de mí. Regocijaos y alegraos, porque vuestra recompensa en los cielos es grande, porque así persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros. (Mateo 5:11-12)

Una de las preguntas que formulé hace poco, cuando predicaba acerca de amar a nuestros enemigos basado en Mateo 5:44, fue la siguiente: ¿Cómo hace uno para amar a quien lo secuestra y asesina?

¿Cómo se logra esto? ¿De dónde viene el poder para amar de esa forma? Solo pensemos en lo asombroso que resulta ver algo así en la vida real. ¿Hay algo que pueda mostrar el poder, la verdad y la realidad de Cristo mejor que esto?

Jesús presenta en el mismo capítulo la clave de este amor radical y de entrega personal.

En Mateo 5:11-12, Jesús vuelve a hablar de la persecución. Lo notable de este pasaje es que Jesús dice que no solo somos capaces de soportar el maltrato de nuestros enemigos, sino que también podemos regocijarnos en estas circunstancias. Esto parece estar fuera de nuestro alcance. Si pudiéramos hacerlo—si pudiéramos regocijarnos en la persecución— entonces sería posible amar a nuestros enemigos. Si el milagro de gozarnos en medio del horror de la injusticia, del dolor y de las pérdidas sucediera, entonces también podría ocurrir el milagro de amar a quienes nos causan el sufrimiento.

Jesús da la clave para el gozo en estos versículos: «Regocijaos y alegraos, porque vuestra recompensa en los cielos es grande». La clave para el gozo es la fe en la gracia venidera de Dios: «vuestra recompensa en los cielos es grande». Creo que este gozo es el poder que nos hace libres para amar a nuestros enemigos cuando nos persiguen. Si eso es cierto, entonces el mandamiento de amar equivale a poner nuestra mente en las cosas de arriba y no en las de la tierra (Colosenses 3:2).

El mandamiento de amar a nuestros enemigos se traduce en hallar nuestra esperanza y satisfacción en Dios y en su gran galardón: su gracia venidera. La clave del amor radical es la fe en la gracia por venir. En medio de la agonía debemos persuadirnos de que el amor de Dios es «mejor que la vida» (Salmos 63:3). El amor hacia los enemigos no nos da la recompensa del cielo. Atesorar la recompensa del cielo es lo que nos da poder para amar a nuestros enemigos.

http://solidjoys.sdejesucristo.org/

Contradicciones

viernes 21 abril

E indiscutiblemente, grande es el misterio de la piedad: Dios fue manifestado en carne, justificado en el Espíritu, visto de los ángeles, predicado a los gentiles, creído en el mundo, recibido arriba en gloria.

1 Timoteo 3:16

Que vuestra fe no esté fundada en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios.

1 Corintios 2:5

Contradicciones

La luz blanca que nos deslumbra sobre la inmaculada nieve está compuesta, no obstante, por diferentes colores. Diversos fenómenos físicos, por ejemplo el arco iris o un prisma de vidrio, nos permiten distinguirlos.

Esto nos ayuda a comprender por qué el Espíritu de Dios, para presentarnos la persona del Hijo de Dios, inspiró cuatro evangelistas diferentes. Cada uno de ellos presenta la vida de Jesús bajo un enfoque particular, y todos los detalles que leemos están en armonía con el objetivo que persiguen.

Si comparamos los evangelios, encontraremos diferencias. Pensemos en el arco iris que tiene todos los colores reunidos. La persona del Hijo de Dios es insondable, y los evangelios se complementan maravillosamente para presentárnosla. Cada enfoque es como uno de los rayos del sol que nos revela uno u otro esplendor particular de la vida de Jesús.

En vez de confrontar los diferentes pasajes para tratar de hallar contradicciones, pidámosle a Dios que ilumine nuestra inteligencia mediante su Espíritu para que distingamos los distintos rasgos del Señor Jesús. Dejémonos enseñar como si fuésemos niños.

“Nadie conoce al Hijo, sino el Padre” (Mateo 11:27). Solo Dios, mediante su Espíritu, pudo comunicarnos una revelación completa del Señor y suficiente para la fe.

Ezequiel 43 – 2 Pedro 1 – Salmo 46:4-7 – Proverbios 14:5-6

Ezequiel 42 – 1 Pedro 5 – Salmo 46:1-3 – Proverbios 14:3-4

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

El triunfo de Cristo

El triunfo de Cristo

4/20/2017

También Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios. (1 Pedro 3:18)

Es increíble pensar que alguien que era perfectamente justo muriera por los injustos. Pilato tenía razón cuando dijo de Jesús: “Ningún delito hallo en este hombre” (Lc. 23:4). Las acusaciones presentadas contra nuestro Señor fueron inventadas. Los testigos fueron sobornados, y el fallo condenatorio era ilícito.

Pero Cristo triunfó en medio de ese injusto sufrimiento al llevarnos a Dios. Y aunque los creyentes nunca sufrirán como sustitutos ni redentores, Dios puede usar nuestra reacción cristiana ante el sufrimiento injusto para atraer a otros a Él.

Así que, cuando el Señor nos pida que suframos por su causa, debemos comprender que solo se nos pide que soportemos lo que Él mismo soportó de manera que podamos llevar a otros a Él.

Disponible en Internet en: http://www.gracia.org
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«Que pelees las batallas del SEÑOR»

20 de abril

«Que pelees las batallas del SEÑOR».

1 Samuel 18:17 (LBLA)

El ejército de los elegidos de Dios está guerreando aún sobre la tierra, con Jesucristo como Capitán de su salvación. Él ha dicho: «He aquí, yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo». ¡Oíd los gritos de guerra! Que el pueblo de Dios esté firme en sus filas y que a nadie le falte coraje. Es verdad que en nuestro país, justamente ahora, la batalla se ha tornado contra nosotros y, a no ser que el Señor levante su espada, no sabemos lo que puede llegar a ser de la Iglesia de Dios. No obstante, tengamos coraje y seamos valientes. Nunca hubo una ocasión en que el protestantismo pareciera temblar más en la balanza que ahora, cuando se está haciendo un esfuerzo feroz por restaurar al papismo anticristiano a su antigua posición. Necesitamos sobremanera una voz valiente y una mano enérgica para predicar y propagar el antiguo evangelio por el cual los mártires derramaron su sangre. El Salvador, con su Espíritu, se halla aún sobre la tierra; regocijémonos por esto. Él está siempre en medio de la batalla y, por tanto, el resultado del combate no es dudoso. Y mientras arrecia la lucha, ¡qué grata satisfacción nos produce el saber que el Señor Jesús, en su función de Intercesor, está abogando con éxito por su pueblo! ¡Oh angustiado espectador, no te fijes demasiado en la batalla de aquí abajo, porque te verás envuelto en humo y sorprendido con los vestidos bañados en sangre! Fija, más bien, tu mirada allá donde el Salvador vive y aboga por nosotros; porque mientras él interceda, la causa de Dios estará segura. Luchemos como si todo dependiese de nosotros, pero miremos arriba y reconozcamos que todo depende de él.

Por los lirios de la pureza cristiana y por las rosas de la expiación del Salvador; por los corzos y por las ciervas del campo, te exhortamos a ti, que amas a Jesús, a que contiendas valientemente en la Guerra Santa por la verdad y la justicia, por el Reino y por las gemas de la corona de tu Maestro. ¡Adelante!, «porque la batalla no es vuestra, sino de Dios».

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 119). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

Como arcilla

20 Abril 2017

Como arcilla
por Charles R. Swindoll

Hechos 12:25; 13:3

Mantener flexible y manejable la arcilla de la voluntad exige la atención constante. Después de que usted se endurece y se vuelve quebradizo a la dirección de Dios, es menos utilizable por Él. Quiero tomar las verdades con las que hemos estado luchando hasta aquí, y convertirlas en un bálsamo suavizante que usted podría emplear regularmente cuando vea un cambio en el horizonte. Entre los ingredientes del bálsamo que usted necesita utilizar hay un poquito de lo negativo y un poco de lo positivo.

Primer ingrediente negativo: No se cierre a ninguna posibilidad. Manténgase abierto a todo lo que el Señor pueda tener para usted, quitando todas las limitaciones. Dígale al Señor que está dispuesto a cooperar. Pero no olvide que usted puede ser el siguiente Bernabé o Saulo que el Señor quiera poner en otro lugar. Recuerde que estamos hablando de cambios, a los que hay que obedecer

Segundo ingrediente negativo: No permita que las muchas actividades emboten su sensibilidad. Recuerde que Dios habló mientras ellos estaban ministrando. Usted puede estar tan ocupado en las actividades de la iglesia, que no es capaz de entender lo que el Señor le está diciendo.

Primer ingrediente positivo: Deje a Dios ser Dios. Él es selectivo cuando escoge a las personas. Escogió dos y dejó tres, esa era su prerrogativa. Pudo haber escogido a todos los cinco o solamente a uno. El llamado es suyo. Nuestro soberano Señor hace como a Él le parece, y cuando el asunto está claro, nuestra respuesta es obedecer.

Segundo ingrediente positivo: Esté listo paro decir sí. No espere a tener todos los detalles antes de acceder y obedecer. Sin duda, habrá dificultades y tramos penosos en el camino. ¿Y qué? Esté listo para decir que sí, y confiar en que el Señor se encargará del resto.

Solamente usted y el Señor conocen la condición de su corazón. ¿Es arcilla suave y maleable, lista para ser moldeada por el Gran Escultor? ¿O se ha endurecido y convertido en arcilla frágil y quebradiza por los años de vida de infidelidad? Usted sabe exactamente lo que Dios le está pidiendo que haga. Puede ser algo más allá de los límites de la lógica, y mucho más allá de su cómoda rutina. Es posible, incluso, que tenga algunos amigos que le estén diciendo que lo que usted cree que Dios le está pidiendo que haga es negativo, totalmente negativo. Sin embargo, su dirección es clara. Solo se necesita una cosa: que usted diga sí, Señor; sí.

Solamente usted y el Señor conocen la condición de su corazón.—Charles R. Swindoll

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmh.org). Copyright © 2017 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

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«¡He sido arrojado de tu presencia!»

20 ABRIL

«¡He sido arrojado de tu presencia!»

Levítico 24 | Salmo 31 | Eclesiastés 7 | 2 Timoteo 3

David estaba hundido en unos problemas muy profundos. De qué trataban exactamente no nos queda claro, por mucho que intentemos indagar en ello 3.000 años más tarde. Pero lo que sí podemos saber es que David estaba encerrado en una ciudad fortificada (Salmo 31:21), y se sentía atrapado. Había tantas amenazas alrededor suyo que estaba muy cerca del desespero. En ese momento llegó a sentirse abandonado por Dios mismo: “En mi confusión llegué a decir: «¡He sido arrojado de tu presencia!»” (31:22).

No hay mayor desespero que este – sentirse abandonado por Dios. Formaba parte del tormento de Job. Job sabía que podía construir una defensa justa a su favor, si pudiese lograr que Dios viniese a su encuentro y le escuchase, pero los cielos permanecieron callados y el terrible silencio del cielo multiplicó su desesperación.

Ya hemos reflexionado sobre el hecho de que fue el miedo a ser abandonado por Dios lo que empujó a Jacob a seguir luchando con el desconocido en la oscuridad de la noche (Génesis 22:22–23), y lo que movió a Moisés a implorar a Dios que abandonase su intención de permanecer fuera del campamento de los israelitas rebeldes (Éxodo 32–34). En un universo regido por Dios, no puede haber nada más duro que la experiencia de ser, de verdad, abandonado por Dios. El peor de los tormentos del infierno será que los hombres y las mujeres serán total y absolutamente abandonados por Dios. “Abandone toda esperanza quien entre por aquí”.

No obstante, la triste realidad es que los que llevamos la imagen de Dios oscilamos entre el miedo a que Dios nos abandone y el deseo de huir de su presencia. Este mismo David que escribió este salmo no sentía la misma necesidad de deleitarse en la presencia de Dios cuando codiciaba a Betsabé y buscaba la manera de deshacerse de su marido. Con demasiada frecuencia, quisiéramos que Dios mirase a otro lado cuando queremos desobedecerle y seguir nuestro propio camino y, en cambio, cuando pasamos estrecheces, quisiéramos que Dios intervenga, demostrando su poder y su gloria, y sacándonos de nuestros problemas.

¡Qué bendición tan incalculable es que Dios sea mucho mejor que nuestros temores! No nos debe ni auxilio, ni alivio, ni salvación. Aun nuestros gritos: “¡Estoy arrojado de tu presencia!” pueden tener más que ver con nuestra incredulidad que con la expresión de una necesidad sincera de socorro. Pero tal vez la experiencia de David nos sirva de aliento, pues después escribe estas dos líneas más “Pero tú oíste mi voz suplicante cuando te pedí que me ayudaras” (31:22).

Amad al SEÑOR, todos sus fieles;

él protege a los dignos de confianza,

pero a los orgullosos les da su merecido.

Cobrad ánimo y armaos de valor,

todos los que en el SEÑOR esperáis.

(Salmo 31:23–24)

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 110). Barcelona: Publicaciones Andamio.