La luz reveladora

10 Abril 2017

La luz reveladora
por Charles R. Swindoll

Jeremías 7:11-12
Marcos 11:17-18
Lucas 19:47
Juan 1:5
Juan 2:14-16
Juan 3:19-21
Juan 8:12

De muchas maneras, la Jerusalén a la cual Jesús entró el día lunes, era muy diferente a la ciudad que conocemos en la actualidad. Sin embargo en algunos aspectos no fue así.

De ninguna otra manera podemos entender esto mejor que mediante el choque entre la fe y el comercio en el templo. Los cambistas abusaban de los peregrinos que venían al templo a adorar; los mercaderes vendían animales que ensuciaban el templo profanando el lugar de adoración de Dios.

Jesús demostró Su autoridad como Mesías al expulsarlos del templo, tal como lo había hecho tres años antes. Expulsó a aquellos que utilizaban la adoración como una oportunidad de ganancia financiera, un engaño que el Señor todavía aborrece.

«Está escrito», les recordaba Jesús, «mi casa será llamada casa de oración en todas las naciones, pero ustedes la han hecho una cueva de ladrones». La frase, «cueva de ladrones», viene de la reprimenda que Jeremías le dio a aquellos que abusaron del primer templo de Dios durante la época del profeta. Jeremías se había quedado en el templo y les dijo a los líderes que fueran a Silo para que vieran lo que quedaba del tabernáculo. Esas ruinas presagiaban la destrucción del primer templo. Y Jesús, citando a Jeremías, predijo el mismo resultado para el segundo templo.

Las palabras y las acciones de Jesús en ese lunes causaron molestia entre los líderes judíos. Comenzaron a buscar formas para matarlo. Diariamente Jesús enseñaba en el templo, y la ira que los líderes sentían se iba incrementando. ¿Por qué? Porque la luz revela lo que ocurre en la oscuridad. Con la luz brillante de la verdad, Jesús exponía la hipocresía de esos líderes.1

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmundohispano.org). Copyright © 2016 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

1. Adaptado de Wayne Stiles, Walking in the Footsteps of Jesus: A Journey through the Lands and Lessons of Christ (Ventura, Calif.: Regal, 2008), 123.

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«Mía es la venganza; yo pagaré»

10 ABRIL

«Mía es la venganza; yo pagaré»

Levítico 14 | Salmo 17 | Proverbios 28 | 2 Tesalonicenses 2

El Salmo 17 es una petición de vindicación. Es evidente que David sabe que no siempre actúa justamente (¡Ver Salmo 51!). Pero, en determinadas circunstancias, el creyente puede saber con certeza que ha actuado con integridad y con una rectitud transparente. Es el caso de David en este salmo. Si, en circunstancias de esta clase, unos adversarios han difundido mentiras, o han conspirado contra ti, si, como león al acecho de su presa, están resueltos a hacerte caer (17:10–12), ¿qué debe hacer el justo?

La primera respuesta debe ser una humilde búsqueda de la presencia del Dios que vindica. David espera no sólo una vindicación última, sino también algo mucho más inmediato: “¡Vamos, Señor, enfréntate a ellos! ¡Derrótalos! ¡Con tu espada rescátame de los malvados!” (17:13). No obstante, es consciente de que, al reclamar una vindicación así, Dios lo alinea con los que no sólo pertenecen a este mundo: “¡Con tu mano, Señor, sálvame de estos mortales que no tienen más herencia que esta vida!” (17:14).

Puesto que Dios permanece soberano, la vindicación sólo puede venir de Dios: “Sé tú mi defensor, pues tus ojos ven lo que es justo” (17:2). De hecho, David invoca el amor fiel de Dios hacia los suyos: “Tú, que salvas con tu diestra a los que buscan escapar de sus adversarios, dame una muestra de tu gran amor” (17:7).

Todas estas son lecciones muy importantes que hallan eco, sea en su totalidad o bien en parte, en muchos pasajes de la Biblia. De modo que Pablo dice a los creyentes en Roma, “No paguéis a nadie mal por mal. Procurad hacer lo bueno delante de todos. Si es posible, y en cuanto dependa de vosotros, vivid en paz con todos. No os venguéis, hermanos míos, sino dejad el castigo en las manos de Dios, porque está escrito: «Mía es la venganza; yo pagaré», [Deuteronomio 32:35] dice el Señor” (Romanos 12:17–19).

Este es un principio que los creyentes deben constantemente volver a aprender y aplicar a sí mismos. Es fácil asimilarlo cuando las cosas van viento en popa. Sin embargo, cuando los miembros de una congregación comienzan a atacar tu ministerio injustamente, cuando surgen chismosos que van minando tu posición en la empresa a fin de lograr alguna ventaja a expensas tuyas, cuando tus compañeros de facultad achacan a todo lo que hagas o digas las motivaciones más viles, es entonces cuando se pone a prueba la actitud que deja todo en manos del Dios, cuyo cuidado hacia los suyos y cuya pasión para la justicia garantizan la vindicación última.

Esta es la fe que trae alivio a nuestro estrés: “Pero yo en justicia contemplaré tu rostro; me bastará con verte cuando despierte” (17:15).

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 100). Barcelona: Publicaciones Andamio.

¿Qué significa una vergüenza adecuada?

ABRIL, 10

¿Qué significa una vergüenza adecuada?

Devocional por John Piper

Porque cuando erais esclavos del pecado, erais libres en cuanto a la justicia. ¿Qué fruto teníais entonces en aquellas cosas de las cuales ahora os avergonzáis? Porque el fin de esas cosas es muerte.(Romanos 6:20-21)

Cuando los ojos de un cristiano son abiertos y puede ver cómo su comportamiento anterior no honraba a Dios, naturalmente se siente avergonzado. Pablo le dice a la iglesia de Roma: «Porque cuando erais esclavos del pecado, erais libres en cuanto a la justicia. ¿Qué fruto teníais entonces en aquellas cosas de las cuales ahora os avergonzáis? Porque el fin de esas cosas es muerte» (Romanos 6:20-21).

Existe un momento oportuno para mirar hacia atrás y sentir una punzada de dolor por haber vivido alguna vez de una manera que fuera tan ofensiva hacia Dios. Veremos en un momento que no tenemos que paralizarnos meditando en esto. Sin embargo, el corazón cristiano sensible no puede pensar en las necedades de cuando era joven y no sentir el eco de la vergüenza, aun después de haber arreglado cuentas con el Señor.

Una vergüenza adecuada puede ser muy sana y redentora. Pablo dijo a los Tesalonicenses: «Y si alguno no obedece nuestra enseñanza en esta carta, señalad al tal y no os asociéis con él, para que se avergüence» (2 Tesalonicenses 3:14). Esto significa que la vergüenza es un paso apropiado, que redime al creyente en la conversión y en el arrepentimiento por una temporada de indiferencia espiritual y pecado. La vergüenza no es algo que se deba evitar a toda costa. Existe un lugar para ella en la relación de Dios con su pueblo.

Podemos concluir que el criterio bíblico para la vergüenza inapropiada y para la vergüenza apropiada está radicalmente centrado en Dios.

El criterio bíblico para vergüenza inapropiada dice: No se sientan avergonzados por algo que honra a Dios, sin importar cuán débiles o tontos o equivocados los haga parecer ante los ojos de otras personas. Tampoco asuman la vergüenza de algo que es verdaderamente vergonzoso, a no ser que en realidad estén de alguna manera involucrados en esa maldad.

El criterio bíblico para vergüenza apropiada dice: Siéntanse avergonzados de tomar parte en algo que deshonra a Dios, sin importar cuán fuertes o sabios o justos los haga parecer ante los ojos de otros.

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Los siete milagros de Jesús (3)

lunes 10 abril

Hizo además Jesús muchas otras señales en presencia de sus discípulos, las cuales no están escritas en este libro. Pero estas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis vida en su nombre.

Juan 20:30-31

Los siete milagros de Jesús (3)

–Sexto milagro (Juan 9:1-12): Jesús dio la vista a un hombre que había nacido ciego. Era un cumplimiento de la profecía: “Te pondré por… luz de las naciones, para que abras los ojos de los ciegos” (Isaías 42:6-7). El ciego que ahora veía sabía que Jesús era el Hijo de Dios, pues él mismo se lo había dicho. Él creyó y adoró (Juan 9:38). Jesús nos hace ver espiritualmente, es la fe. Por el contrario, los fariseos que pretendían “ver”, espiritualmente quedaron cegados, es decir, fueron incapaces de discernir quién era Jesús. No es nuestro conocimiento religioso lo que hará que veamos las realidades del Evangelio, sino la fe en Cristo.

–Séptimo milagro (Juan 11:17-44): Jesús resucitó a Lázaro, muerto desde hacía cuatro días. Así Jesús mostró que él es la resurrección y la vida. La vida de los vivos y la resurrección de los muertos, “para que no confiásemos en nosotros mismos, sino en Dios que resucita a los muertos” (2 Corintios 1:9). Quizás usted o uno de sus seres queridos está en una situación difícil. ¡Mire a Aquel que resucita a los muertos! De una vida estropeada, el Señor puede hacer relucir una vida nueva para su gloria.

Estos siete milagros que Juan recopila en su evangelio traducen en acción las glorias de Jesús: Él inaugura un nuevo orden, comunica la vida, ejerce el juicio y controla las fuerzas de la naturaleza. Es el pan de vida, la luz del mundo. Es la resurrección y la vida. Podemos y debemos creer en él.

Ezequiel 33:21-34:10 – 1 Tesalonicenses 5 – Salmo 41:7-13 – Proverbios 13:9-10

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Vencedores en el sufrimiento

4/9/2017

Vencedores en el sufrimiento

Ellos [han vencido a Satanás] por medio de la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio de ellos, y menospreciaron sus vidas hasta la muerte. (Apocalipsis 12:11)

Los cristianos somos extranjeros y peregrinos en el mundo, librando la guerra contra los deseos de la carne y siendo calumniados y perseguidos. Como resultado, debemos esperar que suframos en el nombre del que padeció toda clase de sufrimientos por nosotros (1 P. 2:11-25). El propósito principal del mensaje de Pedro es recordarnos la necesidad del sufrimiento. Cuando en medio del sufrimiento pecamos en pensamiento, palabra u obra al vengarnos, perdemos nuestra victoria y dañamos nuestro testimonio.

Según el versículo de hoy, se vencen los insultos, las persecuciones y las acusaciones de Satanás con la sangre del Cordero, nuestro Salvador. Ese es el poder de Dios. Usted es vencedor cuando no pierde su testimonio al vengarse en tiempos de persecución, y cuando usted no transige, aun a riesgo de morir. ¿Está dispuesto a mantenerse firme en el sufrimiento?

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«Tu benignidad me ha engrandecido»

9 de abril

«Tu benignidad me ha engrandecido»

Salmo 18:35

Estas palabras pueden traducirse: «Tu bondad me ha engrandecido». David, agradecido, atribuye toda su grandeza, no a su propia bondad, sino a la bondad de Dios. «Tu providencia» es otra interpretación, y la providencia no es otra cosa que la bondad en acción. La bondad es el pimpollo del cual la providencia es la flor; o, también, la bondad es la semilla de la que se cosecha la providencia. Algunos leen «Tu ayuda», que es solo otra palabra para providencia. La providencia es la firme aliada de los santos, la cual los ayuda en el servicio de su Señor. O, también: «Tu humildad me ha engrandecido». «Tu condescendencia» puede servir, quizá, como una amplia interpretación que combina las ideas mencionadas e incluye la de humildad. La condescendencia de Dios es la causa de nuestro engrandecimiento. Nosotros somos tan insignificantes que, si Dios mostrara su grandeza sin condescendencia, seríamos hollados bajo sus pies. No obstante, Dios, que se inclina para contemplar los cielos y ver lo que hacen los ángeles, dirige sus ojos aún más abajo y ve al humilde y contrito y lo engrandece. Hay aún otra traducción, como, por ejemplo, la de la Septuaginta, que dice: «Tu disciplina [tu paternal corrección] me ha engrandecido»; mientras que la paráfrasis caldea expresa: «Tu palabra me ha engrandecido». Sin embargo, la idea es la misma. David atribuye toda su grandeza a la condescendiente bondad de su Padre celestial. Que este sentimiento halle eco en nuestros corazones esta noche, mientras ponemos a los pies de Jesús nuestras coronas y clamamos: «Tu benignidad me ha engrandecido». ¡Cuán maravillosa ha sido nuestra experiencia de la benignidad de Dios! ¡Cuán suaves han sido sus correcciones! ¡Cuán benigna su clemencia! ¡Cuán agradables sus enseñanzas! ¡Cuán cariñosa su atracción! ¡Oh creyente, medita en este asunto! Que la gratitud se despierte; que la humildad se profundice; que el amor se avive en ti antes de que caigas dormido esta noche.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 108). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

«Mi Señor eres tú. Fuera de ti, no poseo bien alguno»”

9 ABRIL

«Mi Señor eres tú. Fuera de ti, no poseo bien alguno»”

Levítico 13 | Salmos 15–16 | Proverbios 27 | 2 Tesalonicenses 1

Véanse las letras mayúsculas: “Yo le he dicho al SEÑOR: «Mi Señor eres tú. Fuera de ti, no poseo bien alguno»”. (Salmo 16:2). En otras palabras, cuando David se dirige a Yahvé “SEÑOR”, su Maestro, luego añade “Fuera de ti, no poseo bien alguno”.

(1) Según cómo se miren, estas palabras parecen delimitar el bien, y así llegan incluso a definirlo. No existe el último bien si está abstraído y separado del concepto de Dios. Puede que sea “bien” en un sentido relativo, por supuesto. El Señor hizo el sol y lo pronunció “bueno”, y de hecho, es bueno: es la fuente de toda la energía de este mundo. No obstante, una vez abstraído del conocimiento de Dios, se convirtió en objeto de culto entre muchos pueblos antiguos (se llamaba Ra en Egipto – y la misma comunidad del pacto podía verse arrastrada en un culto sincretista al sol, Ezequiel 8:16) y atrae hoy día a otra clase de adoradores del sol. Puede ser que disfrutemos una buena salud y esto, evidentemente, es bueno. Pero supongamos que usamos esta energía para hacer lo que es egoísta o malvado, o desplegamos las bendiciones que Dios nos encomienda simplemente para ordenar nuestras vidas lo más autónomamente posible. Aparte del Señor, “no poseo bien alguno”.

(2) Y vistas desde otra perspectiva, estas palabras son literalmente verdaderas. Puesto que Dios es el Creador de todo, no puede haber ningún bien que disfrutamos que no nos haya venido de él. “Toda buena dádiva y todo don perfecto descienden de lo alto”, escribe Santiago (1:17). Pablo pregunta, “¿Qué tienes que no hayas recibido?” (1 Corintios 4:7). Por lo tanto, nuestra prioridad en el uso de estas cosas debe ser la gratitud. Aparte del Señor, “no poseemos ningún bien”.

(3) Pero el texto es más visceral que esto. Su tono está más cerca de las palabras de Asaf: “¿A quién tengo en el cielo sino a ti? Si estoy contigo, ya nada quiero en la tierra. Podrán desfallecer mi cuerpo y mi espíritu, pero Dios fortalece mi corazón; él es mi herencia eterna” (Salmo 73:25–26). En comparación con el conocimiento personal de nuestro Hacedor y nuestro Redentor, no hay nada que tenga mucho valor, sea en esta vida o en la venidera. Aparte del Señor, “no poseemos ningún bien”.

(4) El texto nos hará pensar también en otros pasajes que contienen las palabras “aparte de”. Tal vez el más conocido sea Juan 15:5, donde Jesús dice: “Yo soy la vid y vosotros las ramas. El que permanece en mí, como yo en él, dará mucho fruto; separados de mí no podéis hacer nada”. Aparte de la vid, nosotros las ramas no llevamos ningún fruto; y aparte de él “no poseemos ningún bien”.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 99). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Hablar con Dios, no solo hablar acerca de Él

ABRIL, 09

Hablar con Dios, no solo hablar acerca de Él

Devocional por John Piper

Aunque pase por el valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estás conmigo. (Salmos 23:4)

La forma de este salmo es instructiva.

En los primeros tres versículos David se refiere a Dios como «él».

El Señor es mi pastor…

[él] me hace descansar…

[él] me conduce…

Él restaura mi alma.

Después, en los versículos 4 y 5, David se refiere a Dios como «tú»:

No temeré mal alguno porque tú estás conmigo;

tu vara y tu cayado me infunden aliento;

tú preparas mesa delante de mí;

[tú] has ungido mi cabeza con aceite.

Luego, en el versículo 6, regresa a la tercera persona:

En la casa del Señor moraré…

La lección que he aprendido de este formato es que es bueno no hablar por mucho tiempo acerca de Dios sin hablarle a Dios.

Cada cristiano es por lo menos un teólogo amateur, es decir, una persona que trata de entender el carácter y los caminos de Dios y luego lo expresa en palabras. Si no somos pequeños teólogos, entonces no nos hablaremos unos a otros acerca de Dios y nos ayudaremos muy poco en nuestra fe.

Pero lo que he aprendido de David en el Salmo 23 y en otros salmos es que debería entrelazar mi teología con mis oraciones. Debería interrumpir frecuentemente mis conversaciones acerca de Dios con palabras dirigidas a Dios.

No mucho después de la frase teológica que dice «Dios es generoso», debería venir la frase en oración «Gracias, Señor».

Inmediatamente después de «Dios es glorioso», debería seguir «Adoro tu gloria».

Lo que he llegado a ver es que esta es la manera en que debe ser, si es que sentimos la realidad de Dios en nuestro corazón y también la describimos con nuestra mente.

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Los siete milagros de Jesús (2)

domingo 9 abril

Se levantaba el mar con un gran viento que soplaba. Cuando habían remado como veinticinco o treinta estadios, vieron a Jesús que andaba sobre el mar y se acercaba a la barca; y tuvieron miedo. Mas él les dijo: Yo soy; no temáis.

Juan 6:18-20

Los siete milagros de Jesús (2)

–El tercer milagro que Jesús hizo fue sanar a un hombre enfermo desde hacía treinta y ocho años, quien reconocía su total incapacidad para salir de su situación por sí mismo (Juan 5:1-9). Esta historia nos muestra que Dios puede liberarnos, independientemente de nuestra edad o situación: basta reconocer nuestra propia incapacidad.

–Cuarto milagro (Juan 6:1-15): Jesús alimentó de forma milagrosa a 5.000 personas con cinco panes y dos peces, señal de que Jesús es el pan de vida, como lo declaró después, añadiendo: “El que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás” (Juan 6:35). En el corazón humano hay necesidades semejantes al hambre y la sed, las cuales solo Jesús puede apaciguar.

–Quinto milagro (Juan 6:16-27): Jesús caminó sobre las aguas, señal de que las fuerzas de la naturaleza están sujetas a su autoridad. Este milagro manifiesta su divinidad (Salmo 77:15-20; Job 9:8). Por ello los discípulos tuvieron miedo cuando vieron a Jesús, pero al escuchar su voz, se tranquilizaron; y en el momento en que le recibieron, su barca llegó a tierra al lugar a donde querían ir. Al reconocer a Jesús, al escuchar su voz, pasaron de la agitación, de la turbación (figurado por el mar), a la paz, la serenidad.

Este pasaje muestra el verdadero carácter de la fe. La fe cristiana confía en Jesús, quien nos acerca a Dios y hace que esté a nuestro lado.

(mañana continuará)

Ezequiel 33:1-20 – 1 Tesalonicenses 4 – Salmo 41:1-6 – Proverbios 13:7-8

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«No temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo»

8 de abril

«No temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo»

Salmo 23:4

¡ Mirad cuán independiente de las circunstancias externas hace al cristiano el Espíritu Santo! ¡Qué luz tan brillante resplandece dentro de nosotros cuando fuera no hay más que tinieblas! ¡Cuán firmes, felices, tranquilos y llenos de paz podemos estar aunque el mundo nos sacuda de acá para allá y se conmuevan los pilares de la tierra! Aun la muerte misma, con todo su influjo, no tiene poder para interrumpir la música del corazón cristiano; antes, al contrario, ella hace que esa música sea más dulce, más clara, más celestial. Finalmente, el último acto bondadoso que la muerte podrá efectuar será dejar que la melodía terrenal se funda con el coro celeste, y el gozo terrenal, con la felicidad eterna. Tengamos confianza, pues, en el poder del Espíritu bendito para confortarnos. Querido lector, ¿estás presintiendo la pobreza? No temas; el divino Espíritu es capaz de darte en tu necesidad una abundancia mayor que la del rico. Tú no sabes qué goces pueden estar guardados para ti en la choza en torno de la cual la gracia plantará rosas de alegría. ¿Te estás dando cuenta de que tus fuerzas físicas disminuyen? ¿Esperas sufrir largas noches de tristeza y días de dolor? ¡Oh, no estés melancólico! Esa cama puede llegar a ser un trono para ti. Tú conoces poco tocante a cómo todo dolor que atraviesa tu cuerpo puede ser un fuego purificador que consuma tus escorias, un destello de gloria que ilumine las partes secretas de tu alma. ¿Se están oscureciendo tus ojos? Jesús será tu luz. ¿Te están fallando los oídos? El nombre de Jesús será la mejor música para tu alma, y su persona, tu placer predilecto. Sócrates solía decir: «Los filósofos pueden ser felices sin la música». Y los cristianos pueden ser más felices que los filósofos cuando se ven privados de todas las causas externas de regocijo. En ti, Dios mío, mi corazón vencerá, venga lo que venga de los males exteriores. ¡Oh bendito Espíritu, por tu poder mi corazón estará muy gozoso aunque todas las cosas de aquí abajo me fallen!

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 107). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.