El hijo de consolación

23 Marzo 2017

El hijo de consolación
por Charles R. Swindoll

Hechos 9:26-30

Al leer este pasaje podemos preguntarnos: ¿No desaprovechó Dios un gran talento manteniendo en espera a Saulo? De ninguna manera. ¿No había sido Saulo una elección extraña? No, si la intención de Dios era prepararlo para que escribiera la carta a los Romanos. No, si Él quería que hiciera un impacto duradero sobre los cristianos carnales de Corinto. No, si Él deseaba que Saulo fuera el mentor de Timoteo durante toda una vida de estratégico ministerio en Éfeso. Esos proyectos (y docenas de otros) exigían una solidez de carácter forjado a través de las lecciones que le enseñaron a depender, tanto de Dios como de otros.

Aprenda a ser humilde. En vez de apresurarnos por ser el centro de la atención, tenemos que aceptar nuestro rol en las sombras. Lo digo muy en serio. No se engrandezca a sí mismo. No busque estar al frente. No insinúe nada. Deje que sea otro quien lo haga. Mejor aún, deje que Dios lo haga.

Si usted es una persona valiosa, el mundo lo sabrá. Lo descubrirá. . . en el tiempo perfecto de Dios. Si usted es necesario para el plan, Dios le pondrá en el lugar correcto justamente en el momento preciso. El plan de Dios no depende de nosotros; le pertenece a Él, de comienzo a fin. Por tanto, desista. Deje que sea Él quien levante el telón y encienda las luces del escenario. Él echará mano de un Ananías o de un Bernabé, que vendrán adonde está usted, en su punto de mayor debilidad y le levantarán por encima del muro. O Él decidirá que sea usted de esas personas anónimas, poco conocidas, que dejará una huella en alguien más. Su parte, sencillamente, es ser humilde.

Este sería un buen momento para que rechace el ir por la vida tratando de vivir de acuerdo con su propio criterio, pensando que si puede subir un escalón o dos de la escalera, llegará adonde quiere estar. Que tendrá lo que necesita. Que su familia estará (¿cuál es esa palabra que nos gusta usar?)… “cómoda.” ¿Sabe usted qué es lo que su familia necesita, más que dinero extra en el banco, más que una casa impresionante o que un televisor en cada habitación? Necesita que usted tenga una buena relación con el Señor. Eso significa que debe caminar humildemente con Él. Ellos necesitan su toque tierno, reconociendo que Él es el Señor de su hogar; no usted. Para eso se necesita humildad. Hágalo, mi hermano, hágalo.

El plan de Dios no depende de nosotros; le pertenece a Él, de comienzo a fin.—Charles R. Swindoll

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmundohispano.org). Copyright © 2017 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

 

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¿Por qué dormís?

¿Por qué dormís?
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Cuando se levantó de la oración, y vino a sus discípulos, los halló durmiendo a causa de la tristeza; y les dijo: ¿Por qué dormís? Levantaos, y orad para que no entréis en tentación.
Lucas 22:45-46
Algunas preguntas de la Biblia

Jesús acostumbraba retirarse a Getsemaní, un huerto ubicado al este de Jerusalén. Este lugar ha quedado grabado en la memoria de los cristianos: allí Jesús estuvo muy triste, fue traicionado y detenido. Allí, en medio de intensas oraciones, más allá de lo que podemos comprender, Jesús aceptó ir a la cruz y derramar “su vida hasta la muerte” (Isaías 53:12).

Jesús tomó consigo algunos de sus compañeros para que estuviesen con él y orasen. Luego se alejó y, solo con su Dios, oró: “Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya” (Lucas 22:42). Ningún discípulo comprendió la intensidad de ese combate espiritual, sin embargo Jesús les había dicho: “Mi alma está muy triste, hasta la muerte; quedaos aquí, y velad conmigo” (Mateo 26:38).

Cristianos, nos quedamos pensativos y admirados ante tal tristeza y tales sufrimientos… El combate del Señor nos hace sentir el horror que Dios tiene al pecado, y la grandeza de su amor.

Según las profecías, el Salvador fue dejado solo, no tuvo ningún consolador (Salmo 69:20). Los discípulos se durmieron de tristeza. Jesús no les hizo ningún reproche, solo les dijo: “¿Por qué dormís?”. Luego los animó, como lo hace con nosotros: “Levantaos, y orad para que no entréis en tentación” (Lucas 22:46). El sueño espiritual equivale a los momentos, a los días que el cristiano pasa lejos de Cristo. Son ocasiones propicias para que la tentación nazca en nuestro corazón.

 

Ezequiel 18 – Hechos 24 – Salmo 35:22-28 – Proverbios 12:3-4

La tienda de golosinas de Satanás

MARZO, 22

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La tienda de golosinas de Satanás

Devocional por John Piper

 

Puesto que Cristo ha padecido por nosotros en la carne, vosotros también armaos del mismo pensamiento; pues quien ha padecido en la carne, terminó con el pecado. (1 Pedro 4:1)

Al principio, esto confunde. ¿Acaso Cristo tuvo que dejar de pecar? ¡No! «El cual no cometió pecado» (1 Pedro 2:22).

Luego hace clic. Cuando nos armarnos del pensamiento de que Cristo sufrió por nosotros, nos damos cuenta de que nosotros morimos con él. «Él mismo llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre la cruz, a fin de que muramos al pecado y vivamos a la justicia» (1 Pedro 2:24). Cuando morimos con él, dejamos de pecar.

Es precisamente lo que dice Romanos 6: «…sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado con Él, para que nuestro cuerpo de pecado fuera destruido, a fin de que ya no seamos esclavos del pecado; porque el que ha muerto, ha sido libertado del pecado… Así también vosotros, consideraos muertos para el pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús» (Romanos 6:6-7, 11).

Pedro dice: «vosotros también armaos del mismo pensamiento».

Pablo dice: «consideraos muertos».

El arma para nuestras vacaciones es un pensamiento, una consideración.

Cuando la tentación de Satanás venga —tentación de lujuriar, robar, mentir, codiciar, envidiar, tomar represalias, apocar, temer— armémonos de este pensamiento: Cuando mi Señor sufrió y murió para liberarme del pecado, ¡morí al pecado!

Cuando Satanás nos diga, ¿Por qué te niegas el placer de la lujuria? ¿Por qué lidiar con embrollos cuando lo puedes evitar mintiendo? ¿Por qué no seguir adelante con el lujo inofensivo que tanto codicias? ¿Por qué no buscar justicia devolviendo el mismo mal que recibiste?

Respondámosle: El Hijo de Dios sufrió (¡verdaderamente sufrió!) para liberarme del pecado. No puedo creer que él haya sufrido para hacerme miserable. Por lo tanto, lo que compró al morir debe ser mucho mejor que los placeres del pecado. Como yo confío en él, mi susceptibilidad a tus seducciones se ha marchitado y muerto.

¡Atrás, Satanás! Mi boca ya no babea cuando paso por tu tienda de golosinas.

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Uno no tan conocido

22 Marzo 2017

Uno no tan conocido
por Charles R. Swindoll

Hechos 9:26-30

El segundo acto del drama comienza con: “Cuando fue a Jerusalén… “ (v. 26). ¡Jerusalén! Saulo pertenecía a Jerusalén. En esa gran ciudad hizo sus estudios superiores. El hombre conocía la ciudad como la palma de su mano, cada callejuela, cada estrecho corredor; cada ruta de escape. Conocía prácticamente todo lo que tuviera alguna importancia. ¡Qué lugar para volver a iniciar su ministerio público! “Traigan los micrófonos. Prendan todas las luces. Fariseo convertido en evangelista se presentará en el Auditorio del centro de Jerusalén. ¡Vengan a oírlo! ¡Vengan a escuchar la predicación de este hombre!” ¡Qué! No hubo nada de eso.

En vez de eso, lo que leemos es: “Intentaba juntarse con los discípulos; y todos le tenían miedo, porque no creían que fuera discípulo” (v. 26). Fue rechazado de nuevo, sólo que esta vez lo hicieron aquellos que él más quería alcanzar. El temor se interponía entre ellos y el apasionado y talentoso predicador.

Era comprensible. ¿Cómo no tenerle miedo? Él había matado a varios hermanos cristianos, algunos de los cuales pudieron haber sido sus parientes. Pensaban que Saulo era un espía, parte de un bien pensado engaño para atraparlos y llevarlos a juicio. “¿Saulo? Ni pensarlo. A ése no lo queremos entre nosotros.

¿Ha sentido usted alguna vez el dolor de esa clase de rechazo? ¿Ha tenido usted alguna vez la experiencia de que debido a haber tenido un historial tan malo lagente no quiera tener contacto con usted ni aceptarlo en su comunidad? (¿Ni recibirlo de nuevo?). Eso sucede todo el tiempo. Las personas son rechazadas por su pasado. La carga que arrastran cuando entran a la vida cristiana les impide disfrutar de lo que debería ser una aceptación instantánea. El rechazo es a veces insoportable. Usted dirá: “Sí, yo sé lo que es eso, y estoy tratando de dejar atrás esos recuerdos, muchísimas gracias.” No, no olvide esos tiempos. Esos dolorosos recuerdos son parte del misericordioso plan de Dios para liquidar su tenaz espíritu de independencia. Ellos han llegado a ser parte fundamental de su historia, de su testimonio en cuanto a la gracia de Dios.

Por fortuna, en medio de esos tiempos, Dios nos da fielmente personas no tan conocidas que se acercan a nosotros para decirnos: “Yo estoy contigo. Permíteme que te ayude en esto que estás viviendo.” Eso fue exactamente lo que le sucedió a Pablo en Jerusalén. Alguien vino en su ayuda, voluntariamente. No tenía que hacerlo, pero quiso hacerlo. Su nombre… Bernabé, el consolador.

 

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmundohispano.org). Copyright © 2017 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

“La Tienda de reunión”

22 MARZO

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Éxodo 33 | Juan 12 | Proverbios 9 | Efesios 2

Es imposible comprender Éxodo 33 si no tenemos en cuenta dos circunstancias: (1) El tabernáculo aún no se había construido. “La Tienda de reunión” que se montaba fuera del campamento (33:7) debía ser, por tanto, un arreglo provisional. (2) El tema del juicio que brota del desgraciado episodio del becerro de oro sigue vivo. Dios dice que no será él quien acompañe a su pueblo, sino que enviará a un ángel que les ayude (33:1–3).
Por tanto, Moisés sigue intercediendo (32:12–13). Insistiendo en el hecho de que la nación pertenece a Dios, Moisés quiere saber ahora quién irá con él. (Aarón ha quedado tremendamente comprometido.) Moisés, por su parte, quiere conocer y seguir en los caminos de Dios. Dios contesta: “Yo mismo iré contigo y te daré descanso” (33:14). Pero ¿cómo encaja esto con la amenaza de parte de Dios de no hacer más que enviar a su ángel, y de mantenerse lejos del pueblo para no destruirlo por completo? Por lo que Moisés sigue: “O vas con todos nosotros —replicó Moisés—, o mejor no nos hagas salir de aquí” (33:15). ¿Finalmente qué es lo que más distingue a esta nación naciente de todas las demás, sino la presencia del Dios viviente? (33:16).
Y el Señor le promete, “Está bien, haré lo que me pides —le dijo el SEÑOR a Moisés—, pues cuentas con mi favor y te considero mi amigo” (33:17).
Aunque Moisés continúa orando en los mismos términos en el capítulo siguiente (34:9), lo glorioso aquí es que Dios ya no habla de abandonar a su pueblo. Tras su construcción, el tabernáculo estaría situado en medio de las doce tribus.
Tres breves reflexiones: (1) Estos capítulos ejemplifican la verdad de que Dios es un Dios celoso (Éx 20:5; 34:1–4). Que un ser humano sea celoso de otro ser humano es pecado; somos finitos, y somos llamados a ser administradores de lo que hemos recibido, no celosos por lo que los demás tengan o sean. Pero que Dios no fuese celoso de su propia gloria soberana sería un fallo muy importante: sería dejar de reivindicar su significado único como Dios, implícitamente asintiendo que las criaturas creadas a su imagen tienen derecho a la independencia. (2) Se dice unas cuarenta veces en el Antiguo Testamento que “Dios se arrepintió” de algo, o que cambia de opinión. Tales pasajes reflejan su interacción con otras personas. Cuando los cuarenta se leen juntos, aparecen ciertos patrones – incluida una integración de este “cambio de opinión” con su voluntad soberana. (3) Maravillosamente, cuando Moisés suplica ver la gloria de Dios, Dios promete manifestar su bondad (33:18–19). No es ningún accidente que la manifestación por excelencia de la gloria de Dios en el evangelio de Juan sea la cruz.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 81). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Las riquezas

Las riquezas
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A los ricos de este siglo manda que no sean altivos, ni pongan la esperanza en las riquezas, las cuales son inciertas, sino en el Dios vivo, que nos da todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos.
1 Timoteo 6:17

La crisis económica y financiera que empezó en 2008 reveló la arriesgada gestión de las obligaciones estatales y de los préstamos bancarios. ¡Se perdieron enormes cantidades de dinero! Programas demasiado ambiciosos y el afán de ganar dinero fácil hicieron que mucha gente especulara imprudentemente y perdiera todo.

La Biblia nos advierte que las riquezas materiales no son fiables y que pueden desaparecer rápidamente. “Vuestro oro y plata están enmohecidos” (Santiago 5:3). El cristiano es exhortado a no aferrarse a ellas. “No te afanes por hacerte rico; sé prudente, y desiste. ¿Has de poner tus ojos en las riquezas, siendo ningunas? Porque se harán alas como alas de águila, y volarán al cielo” (Proverbios 23:4-5).

Los bienes materiales nos son prestados por Dios para nuestra vida en el mundo, y los abandonaremos cuando dejemos esta tierra. Nuestra responsabilidad es administrarlos correctamente, no solo para nuestras necesidades personales, sino para el bien de todos, permaneciendo fieles a nuestro Maestro celestial, es decir, demostrando sabiduría, bondad, justicia…

No olvidemos que tendremos que rendir cuentas de nuestra administración, como el mayordomo de Lucas 16:1-2. Esforcémonos para ser de aquellos a quienes Dios podrá decir: “Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor” (Mateo 25:21).

Ezequiel 17 – Hechos 23:12-35 – Salmo 35:15-21 – Proverbios 12:1-2
© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

La mejor promesa de Dios

Marzo, 21

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La mejor promesa de Dios

Devocional por John Piper

El que no eximió ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos concederá también con Él todas las cosas? (Romanos 8:32)

La promesa de mayor alcance sobre la gracia venidera se encuentra en Romanos 8:32. Para mí, este es el versículo más precioso de la Biblia. Parte de la razón es que la promesa es tan vasta, que está presente para ayudarme en prácticamente cada paso de mi vida y ministerio. Nunca ha habido, ni habrá, una circunstancia en mi vida donde esta promesa sea irrelevante.

Por sí sola, esta promesa tan extensa probablemente no haría que este versículo fuera tan valioso. Hay otras promesas de gran amplitud, como Salmos 84:11: «nada bueno niega [Dios] a los que andan en integridad»; y 1 Corintios 3:21-23: «…todo es vuestro: ya sea Pablo, o Apolos, o Cefas, o el mundo, o la vida, o la muerte, o lo presente, o lo por venir, todo es vuestro, y vosotros de Cristo, y Cristo de Dios». Es difícil exagerar la espectacular extensión y alcance de estas promesas.

Pero lo que sitúa a Romanos 8:32 en una categoría única es la lógica que eleva la promesa y hace que sea tan sólida e inamovible como lo es el amor de Dios por su Hijo infinitamente admirable.

Romanos 8:32 contiene un fundamento y una garantía tan fuertes, tan sólidos y tan seguros, que no existe en lo absoluto la posibilidad de que la promesa pudiera ser quebrantada alguna vez. Esto es lo que hace que sea una fortaleza siempre presente en momentos de gran confusión. Sin importar qué ocurra, qué nos decepcione, o qué falle, esta promesa tan extensa de gracia para el futuro nunca puede fallar.

«El que no eximió ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros…». Si esto es verdad, dice la lógica del cielo, ¡entonces Dios ciertamente dará todas las cosas a aquellos por quienes él dio a su Hijo!

 

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Por qué los hombres no lideran

20 Marzo 2017

Por qué los hombres no lideran
por Charles R. Swindoll

Muchas iglesias y hogares cristianos tienen hombres pasivos pero pocas veces hablamos de ello de manera directa. ¿Por qué algunos hombres, en vez de dirigir, se han alejado y enmudecido frente a sus esposas, sus familias y sus iglesias?

Las siguientes son algunas de las posibilidades:

Falta de confianza en sí mismos. Algunos hombres nunca han tenido una buena autoestima. Fueron criados por padres que no los afirmaron o les amaron incondicionalmente. En otras palabras, nada de lo que hacían era suficiente.

Mientras que algunos hombres tratan de compensar esto y se convierten en personas agresivas, otros simplemente caen en la pasividad. Tienen miedo de tomar malas decisiones y por lo tanto prefieren evitarlas. Otros hombres, que tal vez antes fueron líderes con buena autoestima, experimentaron algo durante su matrimonio, su iglesia o su vocación que les afectó internamente. Ahora constantemente les cuesta tomar decisiones; se sienten desubicados e inseguros.

Sueños rotos. Siempre llega un momento en la vida de los hombres cuando al considerar diferentes aspectos de sus vidas piensan que la vida ha sido excelente y que nada podría superar ese momento en sus vidas. Quizás se encuentran en el escalón más alto de su trabajo y sus opciones para ascender son limitadas. Para otros, el sueño del éxito nunca se materializó. De hecho, sufrieron un gran fracaso, fueron despedidos o cayeron en bancarrota. Su salud, que antes era excepcionalmente buena, ahora está por debajo del promedio. La vida que soñaron se ha convertido en una existencia monótona.

Abrumados. Parte del liderazgo es la capacidad para tomar decisiones. Un hombre puede sentirse muy abrumado por el número de demandas diarias y decisiones que le acosan. En esos casos, la parálisis de la pasividad toma prioridad ya que parece ser mejor que no hacer nada. Utilizan la táctica de la evasión y piensan que con ello la situación va a cambiar sin que sea necesario tomar una decisión o esperan que alguien más la tome por ellos.

La oposición. Algunos hombres cuando intentan liderar sus hogares encuentran oposición por parte de sus esposas. Cuando tratan de iniciar algo, sus esposas se sienten obligadas a hacer un comentario, controlar, criticar o hacer una comparación. Desde la perspectiva de esa mujer, ella está intentando ayudar. Desde la perspectiva de ese hombre es más fácil seguirle la corriente, al menos exteriormente. Para ellos es preferible tener una paz relativa en el hogar y ser acusado de ser un mal líder que tener un conflicto constante con ella cada vez que él intenta liderar. Simplemente, no vale la pena. De manera irónica, si en respuesta a la oposición que recibe por parte de su esposa él comienza a tomar el control y actuar como el líder de la familia, siente que es él quien sigue el liderazgo de ella. Y si por el contrario él se niega a liderar, será visto como un hombre pasivo y obstinado.

Una palabra a los esposos

La Escritura le habla a los esposos y a las esposas sobre el liderazgo del hombre.

Efesios 5:23 dice: «Porque el esposo es cabeza de la mujer así como Cristo es cabeza de la iglesia…» Ser cabeza significa tener un liderazgo amoroso. Este es un mandamiento para todos los esposos, incluyendo los pasivos. Pero sólo puede lograrse por medio del poder del Espíritu Santo (5:18). Solamente por medio del Espíritu se puede reconocer y vencer ese comportamiento pasivo. Es al confesar esa pasividad y dársela al Espíritu Santo que recibiremos la habilidad para liderar.

  • Reciba el ánimo que necesita para tener confianza en sí mismo y para dar el primer paso.
  • Reconozca el propósito del Espíritu en su vida para que pueda tener nuevos sueños para Él.
  • Experimente una paz mental de tal forma que no le abrumen las complejidades de la vida.
  • Responda a su esposa de una manera sabia mientras busca mostrar ese liderazgo amoroso que usted y Dios desean. Deje de reaccionar ante ella y responsabilícese por ser el líder que ella necesita.

Una palabra para las esposas

Efesios 5:33 dice: «La esposa debe respetar su marido». Los siguientes consejos pueden ayudarle a mostrar ese respeto.

  • Ore por él. Alguien dijo sabiamente: «Cambie las cosas que usted puede cambiar y ore acerca de las cosas que no puede cambiar». Las personas son una de esas cosas que usted no puede cambiar. Sólo Dios puede cambiar las personas, incluyendo su esposo.
  • Elógielo. El hombre necesita sentirse apreciado. En vez de pensar que las cosas que él hace son su obligación, exprésele su gratitud. Quizás la reacción de su marido sea muy simple pero él necesita sentirse apreciado y con el tiempo aprenderá a aceptar sus elogios.
  • Escúchelo. Muchas esposas necesitan escuchar más y hablar menos. Eso significa poner atención para comprender lo que dice y lo que no dice. Ya que su esposo no está acostumbrado hacerlo, tendrá que esperar a que él hable primero. No lo presione. Cuando él sepa que usted está dispuesta a escucharle de verdad y no va a discutir o presionarle, él se abrirá a usted.

En resumen: sea una persona compasiva, amorosa, humilde y solidaria. Eso es para ambos, sin excepción. No busque la venganza ni el sarcasmo. Al contrario, bendiga a su cónyuge. Su trabajo es bendecirle (1 Pedro 3:8-9).

 

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¡Israel!

¡Israel!

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21 MARZO

Éxodo 32 | Juan 11 | Proverbios 8 | Efesios 1

Éxodo 32 narra al mismo tiempo uno de los momentos más bajos y uno de los más altos de la historia de Israel.
Sólo unos meses después de la esclavitud en Egipto, la fe los israelitas demuestra ser tan floja, que la tardanza de Moisés en bajar de la montaña les ofrece la excusa perfecta para iniciar una nueva ronda de quejas. Su retraso no les incita a orar, sino que despierta en ellos la ingratitud insensible y el sincretismo sin norte. Incluso, el tono de sus quejas es despectivo: “porque a ese Moisés que nos sacó de Egipto, ¡no sabemos qué pudo haberle pasado!” (32:1).
Aarón se revela como un pusilánime blandengue, incapaz de imponer disciplina alguna, o bien no dispuesto a hacerlo. Carece absolutamente de firmeza teológica – no tiene ni siquiera las agallas de ser un pagano consecuente, puesto que sigue invocando el nombre del Señor mientras él mismo se dedica a fabricar el becerro de oro (32:4–5). Sigue siendo pusilánime cuando, desafiado por su hermano, insiste y responde de forma ridícula: “Ellos me dieron el oro, yo lo eché al fuego, ¡y lo que salió fue este becerro!” (32:24). A pesar de las promesas del pacto que habían hecho, muchos en la nación querían todas las bendiciones que pudiesen obtener de Yahvé, pero daban muy poca importancia a la naturaleza de sus propias obligaciones hacia su Creador y Redentor. Era un momento bajo de vergüenza nacional – pero no sería el último en su experiencia, ni en la historia de la Iglesia confesante.
¿Cuál era el momento álgido entonces? Cuando Dios amenaza con liquidar a toda la nación, Moisés intercede por ellos. En ningún momento sugiere Moisés que el pueblo no merezca ser liquidado, ni que no sean tan malos como algunos pudiesen pensar. Más bien, invoca la gloria de Dios. ¿Por qué actuaría Dios de tal manera que los egipcios pudiesen mofarse, diciendo que Dios no era lo suficientemente poderoso como para lograr el rescate (32:12)? Además, ¿no está obligado Dios a guardar sus promesas a los patriarcas, Abraham, Isaac y Jacob (32:19)? ¿Cómo puede Dios renunciar a estas solemnes promesas? En último lugar, suplica el perdón de Dios (32:30–32), y si Dios no extiende su misericordia, Moisés no quiere fundar ningún otro pueblo (aunque él también está consumido por la ira, 32:19). Prefiere ser destruido junto con el resto del pueblo.
Aquí tenemos a un mediador extraordinario, un hombre cuyo corazón está centrado totalmente en Dios y su gracia salvífica y su revelación de sí mismo; un hombre que no presenta excusas por el comportamiento del pueblo, pero que, no obstante, se identifica tan plenamente con el mismo, que en caso de que el juicio cayese sobre ellos, suplica recibir también el castigo. He aquí un hombre que “se coloca en la brecha” (ver Ezequiel 13:3–5; 22:29–30).

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 80). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Id y vedlo

Id y vedlo
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(El Señor) me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo.
2 Corintios 12:9
(Jesús dijo:) Separados de mí nada podéis hacer.
Juan 15:5
Lea Marcos 6:34-44

“¿Cuántos panes tenéis? Id y vedlo”, dijo Jesús a sus discípulos. Estaban ante una multitud de cinco mil hombres, y Jesús les había ordenado que los alimentasen. Los discípulos hicieron cuentas y respondieron: “Cinco, y dos peces” (v. 38). ¿Qué hacer?

Entonces Jesús les pidió que le trajesen los panes y los peces, y que hicieran sentar a la gente. ¡Por su poder, cinco mil hombres fueron saciados, y quedaron abundantes restos!

¿Por qué Jesús insistió en que sus discípulos contasen los panes? ¿Pensaba que tenían suficiente para alimentar a cinco mil hombres? ¡Seguro que no! Él conocía la respuesta. Y si hubiesen tenido la mitad o diez veces más, para él hubiese sido lo mismo. Podía alimentar a esa multitud a partir de nada, pero mediante esta pregunta quería que los discípulos se diesen cuenta de que sin él no podían hacer lo que les pedía.

Esta escena está llena de enseñanza para los creyentes. Incluso si no nos necesita, Jesús quiere que participemos en su trabajo. Si le llevamos lo poco que tenemos, puede sacar de eso una abundante bendición para los demás. ¡Incluso “sobró”, es decir, no saldremos perdiendo! No seamos, pues, presuntuosos ni perezosos. Presuntuosos, pensando que podemos hacer mucho por nosotros mismos. Y perezosos, estimando que no vale la pena poner lo “poco” que tenemos al servicio del Maestro.

Ezequiel 16:35-63 – Hechos 22:22-23:11 – Salmo 35:9-14 – Proverbios 11:31
© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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