Pablo ante Festo

Hechos 25-28

9781586403546

Pablo ante Festo

alimentemos_el_alma25 Festo, entonces, tres días después de haber llegado a la provincia, subió a Jerusalén desde Cesarea. 2 Y los principales sacerdotes y los judíos más influyentes le presentaron acusaciones contra Pablo, e instaban a Festo[a],3 pidiéndole, contra Pablo[b], el favor[c] de que lo hiciera traer a Jerusalén[d](preparando ellos, al mismo tiempo, una emboscada para matarlo en el camino).4 Pero Festo respondió que Pablo estaba bajo custodia en Cesarea, y que en breve él mismo partiría para allá. 5 Por tanto, dijo*, que los más influyentes de vosotros vayan allá[e] conmigo, y si hay algo malo en el hombre, que lo acusen.

Pablo apela al César

6 Después de haberse quedado no más de ocho o diez días entre ellos, descendió a Cesarea, y al día siguiente se sentó en el tribunal y ordenó que trajeran a Pablo.7 Cuando éste llegó, lo rodearon los judíos que habían descendido de Jerusalén, presentando contra él muchas y graves acusaciones que no podían probar,8 mientras Pablo decía en defensa propia: No he cometido ningún delito, ni contra la ley de los judíos, ni contra el templo, ni contra el César. 9 Pero Festo, queriendo hacer un favor a los judíos, respondió a Pablo, y dijo: ¿Estás dispuesto a subir a Jerusalén y a ser juzgado delante de mí por estas acusaciones? 10 Entonces Pablo respondió: Ante el tribunal del César estoy, que es donde debo ser juzgado. Ningún agravio he hecho a los judíos, como también tú muy bien sabes. 11 Si soy, pues, un malhechor y he hecho algo digno de muerte, no rehúso morir; pero si ninguna de esas cosas de que éstos me acusan es verdad, nadie puede entregarme a ellos. Apelo al César. 12 Entonces Festo, habiendo deliberado con el consejo[f], respondió: Al César has apelado, al César irás.

Pablo ante Agripa

13 Pasados varios días, el rey Agripa y Berenice llegaron a Cesarea y fueron a saludar a Festo[g]. 14 Como estuvieron allí muchos días, Festo presentó el caso de Pablo ante el rey, diciendo: Hay un hombre que Félix dejó preso, 15 acerca del cual, estando yo en Jerusalén, los principales sacerdotes y los ancianos de los judíos presentaron acusaciones contra él, pidiendo sentencia condenatoria contra él. 16 Yo les respondí que no es costumbre de los romanos entregar a un hombre sin que antes el acusado confronte a sus acusadores, y tenga la oportunidad de defenderse de los cargos. 17 Así que cuando[h] se reunieron aquí, sin ninguna demora, al día siguiente me senté en el tribunal y ordené traer al hombre. 18 Y levantándose los acusadores, presentaban acusaciones contra él, pero no de la clase de crímenes que yo suponía, 19 sino que simplemente tenían contra él ciertas cuestiones sobre su propia religión[i], y sobre cierto Jesús, ya muerto, de quien Pablo afirmaba que estaba vivo. 20 Pero estando yo perplejo cómo investigar estas cuestiones, le pregunté si estaba dispuesto a ir a Jerusalén y ser juzgado de estas cosas allá. 21 Pero como Pablo apeló que se lo tuviera bajo custodia para que el emperador[j] diera el fallo, ordené que continuase bajo custodia hasta que yo lo enviara al César. 22 Entonces Agripa dijo a Festo: A mí también me gustaría oír al hombre. Mañana —dijo* Festo— lo oirás.

23 Así que al día siguiente, cuando Agripa y Berenice entraron al auditorio en medio de gran pompa, acompañados por[k] los comandantes[l] y los hombres importantes de la ciudad, por orden de Festo, fue traído Pablo. 24 Y Festo dijo*: Rey Agripa y todos los demás[m] aquí presentes con nosotros; aquí veis a este hombre acerca de quien toda la multitud de los judíos, tanto en Jerusalén como aquí, me hizo una petición declarando a gritos que no debe vivir más. 25 Pero yo encontré que no había hecho nada digno de muerte; y como él mismo apeló al emperador[n], he decidido enviarlo. 26 Pero no tengo nada definido sobre él[o] para escribirle a mi señor. Por eso lo he traído ante vosotros, y especialmente ante ti, rey Agripa, para que después de que se le interrogue[p], yo tenga algo que escribir.27 Porque me parece absurdo, al enviar un preso, no informar también de los cargos en su contra.

Defensa de Pablo ante Agripa

26 Y Agripa dijo a Pablo: Se te permite hablar en tu favor. Entonces Pablo, extendiendo la mano, comenzó su defensa:

2 Con respecto a todo aquello de que los judíos me acusan, me considero afortunado, oh rey Agripa, de poder[q] presentar hoy mi defensa delante de ti,3 sobre todo, porque eres experto[r] en todas las costumbres y controversias entre los judíos; por lo cual te ruego que me escuches con paciencia. 4 Pues bien, todos los judíos conocen mi vida[s] desde mi juventud, que desde el principio transcurrió entre los de mi pueblo[t] y en Jerusalén; 5 puesto que ellos han sabido de mí desde hace mucho tiempo, si están dispuestos a testificar, que viví como fariseo, de acuerdo con la secta más estricta de nuestra religión. 6 Y ahora soy sometido a juicio por la esperanza de la promesa hecha por Dios a nuestros padres: 7 que nuestras doce tribus esperan alcanzar al servir fielmente a Dios noche y día. Y por esta esperanza, oh rey, soy acusado por los judíos. 8 ¿Por qué se considera increíble entre vosotros que Dios resucite a los muertos? 9 Yo ciertamente había creído que debía hacer muchos males en contra del nombre de Jesús de Nazaret.10 Y esto es precisamente[u] lo que hice en Jerusalén; no sólo encerré en cárceles a muchos de los santos con la autoridad recibida de los principales sacerdotes, sino que también, cuando eran condenados a muerte, yo daba mi voto contra ellos. 11 Y castigándolos con frecuencia en todas las sinagogas, procuraba obligarlos a blasfemar; y enfurecido en gran manera contra ellos, seguía persiguiéndolos aun hasta en las ciudades extranjeras[v].

Relato de la conversión de Pablo

12 Ocupado en esto[w], cuando iba para Damasco con autoridad y comisión de los principales sacerdotes, 13 al mediodía, oh rey, yendo de camino, vi una luz procedente del cielo más brillante que el sol, que resplandecía en torno mío y de los que viajaban conmigo. 14 Y después de que todos caímos al suelo, oí una voz que me decía en el idioma hebreo[x]: “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Dura cosa te es dar coces contra el aguijón.” 15 Yo entonces dije: “¿Quién eres, Señor?” Y el Señor dijo: “Yo soy Jesús a quien tú persigues. 16 “Pero levántate y ponte en pie; porque te he aparecido con el fin de designarte como ministro y testigo, no sólo de las cosas que[y] has visto, sino también de aquellas en que me apareceré a ti; 17 librándote del pueblo judío y de los gentiles, a los cuales yo te envío, 18 para que abras sus ojos a fin de que se vuelvan de la oscuridad a la luz, y del dominio de Satanás a Dios, para que reciban, por la fe en mí, el perdón de pecados y herencia entre los que han sido santificados.” 19 Por consiguiente, oh rey Agripa, no fui desobediente a la visión celestial, 20 sino que anunciaba, primeramente a los que estaban en Damasco y también en Jerusalén, y después por toda la región de Judea, y aun a los gentiles, que debían arrepentirse y volverse a Dios, haciendo obras dignas de arrepentimiento. 21 Por esta causa, algunos judíos me prendieron en el templo y trataron de matarme. 22 Así que habiendo recibido ayuda de Dios, continúo hasta este día testificando tanto a pequeños como a grandes, no declarando más que lo que los profetas y Moisés dijeron que sucedería: 23 que[z] el Cristo[aa] había de padecer[ab], y que por motivo de su resurrección de entre los muertos, El debía ser el primero en proclamar luz tanto al pueblo judío como a los gentiles.

Pablo exhorta a Agripa

24 Mientras Pablo decía esto en su defensa, Festo dijo* a gran voz: ¡Pablo, estás loco! ¡Tu mucho saber[ac] te está haciendo perder la cabeza[ad]! 25 Mas Pablo dijo*: No estoy loco, excelentísimo Festo, sino que hablo palabras de verdad y de cordura. 26 Porque el rey entiende estas cosas, y también le hablo con confianza, porque estoy persuadido de que él no ignora nada de esto; pues esto no se ha hecho en secreto[ae]. 27 Rey Agripa, ¿crees en los profetas? Yo sé que crees. 28 Y Agripa respondió a Pablo: En poco tiempo[af] me persuadirás[ag] a que me haga cristiano. 29 Y Pablo dijo: Quisiera[ah] Dios que, ya fuera en poco tiempo o en mucho[ai], no sólo tú, sino también todos los que hoy me oyen, llegaran a ser tal como yo soy, a excepción de estas cadenas.

30 Entonces el rey, el gobernador, Berenice y los que estaban sentados con ellos se levantaron, 31 y mientras se retiraban, hablaban entre ellos, diciendo: Este hombre no ha hecho* nada que merezca muerte o prisión[aj]. 32 Y Agripa dijo a Festo: Podría ser puesto en libertad este hombre, si no hubiera apelado al César.

Pablo sale para Roma

27 Cuando se decidió que deberíamos embarcarnos para Italia, fueron entregados Pablo y algunos otros presos a un centurión de la compañía[ak]Augusta, llamado Julio. 2 Y embarcándonos en una nave adramitena que estaba para zarpar hacia las regiones de la costa de Asia[al], nos hicimos a la mar acompañados por Aristarco, un macedonio de Tesalónica. 3 Al día siguiente llegamos a Sidón. Julio trató a Pablo con benevolencia, permitiéndole ir a sus amigos y ser atendido por ellos. 4 De allí partimos y navegamos al abrigo de la isla de Chipre, porque los vientos eran contrarios. 5 Y después de navegar atravesando el mar frente a[am] las costas de Cilicia y de Panfilia, llegamos a Mira de Licia. 6 Allí el centurión halló una nave alejandrina que iba[an] para Italia, y nos embarcó en ella. 7 Y después de navegar lentamente por muchos días, y de llegar con dificultad frente a Gnido, pues el viento no nos permitió avanzar más[ao], navegamos al abrigo de Creta, frente a Salmón; 8 y costeándola con dificultad, llegamos a un lugar llamado Buenos Puertos, cerca del cual estaba la ciudad de Lasea.

La tempestad en el mar

9 Cuando ya había pasado mucho tiempo y la navegación se había vuelto peligrosa, pues hasta el Ayuno[ap] había pasado ya, Pablo los amonestaba,10 diciéndoles: Amigos[aq], veo que de seguro este viaje va a ser con perjuicio y graves pérdidas, no sólo del cargamento y de la nave, sino también de nuestras vidas. 11 Pero el centurión se persuadió más por lo dicho por el piloto y el capitán[ar] del barco, que por lo que Pablo decía. 12 Y como el puerto no era adecuado para invernar, la mayoría tomó la decisión de hacerse a la mar desde allí, por si les era posible arribar a Fenice, un puerto de Creta que mira hacia el nordeste y el sudeste[as], y pasar el invierno allí. 13 Cuando comenzó a soplar un moderado[at] viento del sur, creyendo que habían logrado su propósito, levaron anclas y navegaban costeando a Creta. 14 Pero no mucho después, desde tierra[au]comenzó a soplar[av] un viento huracanado que se llama Euroclidón[aw], 15 y siendo azotada[ax] la nave, y no pudiendo hacer frente al viento nos abandonamos a él y nos dejamos llevar a la deriva. 16 Navegando[ay] al abrigo de una pequeña isla llamada Clauda[az], con mucha dificultad pudimos sujetar el esquife. 17 Después que lo alzaron, usaron amarras[ba] para ceñir la nave; y temiendo encallar en los bancos de Sirte, echaron el ancla flotante[bb] y[bc] se abandonaron a la deriva. 18 Al día siguiente, mientras éramos sacudidos furiosamente por la tormenta, comenzaron a arrojar la carga[bd]; 19 y al tercer día, con sus propias manos arrojaron al mar los aparejos de la nave. 20 Como ni el sol ni las estrellas aparecieron por muchos días, y una tempestad no pequeña se abatía sobre nosotros, desde entonces fuimos abandonando toda esperanza de salvarnos.21 Cuando habían pasado muchos días sin comer[be], Pablo se puso en pie en medio de ellos y dijo: Amigos[bf], debierais haberme hecho caso[bg] y no haber zarpado de Creta, evitando[bh] así este perjuicio y pérdida. 22 Pero ahora os exhorto a tener buen ánimo, porque no habrá pérdida de vida entre vosotros, sino sólo del barco. 23 Porque esta noche estuvo en mi presencia un ángel del Dios de quien soy y a quien sirvo, 24 diciendo: “No temas, Pablo; has de comparecer ante el César; y he aquí, Dios te ha concedido todos los que navegan contigo.” 25 Por tanto, tened buen ánimo amigos[bi], porque yo confío en Dios, que acontecerá[bj]exactamente como se me dijo. 26 Pero tenemos que encallar en cierta isla.

27 Y llegada la decimocuarta noche, mientras éramos llevados a la deriva en el mar Adriático, a eso de la medianoche los marineros presentían que se estaban acercando a tierra[bk]. 28 Echaron la sonda y hallaron que había veinte brazas; pasando un poco más adelante volvieron a echar la sonda y hallaron quince brazas de profundidad. 29 Y temiendo que en algún lugar fuéramos a dar contra los escollos[bl], echaron cuatro anclas por la popa y ansiaban que amaneciera[bm].30 Como los marineros trataban de escapar de la nave y habían bajado el esquifeal mar, bajo pretexto de que se proponían echar las anclas desde la proa, 31 Pablo dijo al centurión y a los soldados: Si éstos no permanecen en la nave, vosotros no podréis salvaros. 32 Entonces los soldados cortaron las amarras del esquife y dejaron que se perdiera. 33 Y hasta que estaba a punto de amanecer, Pablo exhortaba a todos a que tomaran alimento, diciendo: Hace ya catorce días[bn] que, velando continuamente, estáis en ayunas, sin tomar ningún alimento. 34 Por eso os aconsejo que toméis alimento, porque esto es necesario para vuestra supervivencia; pues ni un solo cabello de la cabeza de ninguno de vosotros perecerá. 35 Habiendo dicho esto, tomó pan y dio gracias a Dios en presencia de todos; y partiéndolo, comenzó a comer. 36 Entonces todos, teniendo ya buen ánimo, tomaron también alimento. 37 En total éramos en la nave doscientas setenta y seis personas[bo]. 38 Una vez saciados, aligeraron la nave arrojando el trigo al mar. 39 Cuando se hizo de día, no reconocían la tierra, pero podían distinguir una bahía que tenía playa, y decidieron[bp] lanzar la nave hacia ella[bq], si les era posible. 40 Y cortando las anclas, las dejaron[br] en el mar, aflojando al mismo tiempo las amarras de los timones; e izando la vela de proa al viento, se dirigieron hacia la playa. 41 Pero chocando contra un escollo[bs] donde se encuentran dos corrientes[bt], encallaron la nave; la proa se clavó y quedó inmóvil, pero la popa se rompía por la fuerza de las olas. 42 Y el plan de los soldados era matar a los presos, para que ninguno de ellos escapara a nado; 43 pero el centurión, queriendo salvar a Pablo, impidió su propósito, y ordenó que los que pudieran nadar se arrojaran primero por la borda y llegaran a tierra, 44 y que los demás siguieran, algunos en tablones, y otros en diferentes objetos de la nave. Y así sucedió que todos llegaron salvos a tierra.

Pablo en Malta

28 Y una vez que ellos estaban a salvo, nos enteramos de que la isla se llamaba Malta[bu]. 2 Y los habitantes[bv] nos mostraron toda clase de atenciones, porque a causa de la lluvia que caía y del frío, encendieron una hoguera y nos acogieron a todos. 3 Pero cuando Pablo recogió una brazada de leña y la echó al fuego, una víbora salió huyendo del calor y se le prendió en la mano. 4 Y los habitantes[bw], al ver el animal colgando de su mano, decían entre sí: Sin duda que este hombre es un asesino, pues aunque fue salvado del mar, Justicia[bx] no le ha concedido vivir.5 Pablo, sin embargo, sacudiendo la mano, arrojó el animal al fuego y no sufrió ningún daño. 6 Y ellos esperaban que comenzara a hincharse, o que súbitamente cayera muerto. Pero después de esperar por largo rato, y de no observar nada anormal en él, cambiaron de parecer y decían que era un dios.

7 Y cerca de allí había unas tierras que pertenecían al hombre principal de la isla, que se llamaba Publio, el cual nos recibió y nos hospedó con toda amabilidad por tres días. 8 Y sucedió que el padre de Publio yacía en cama, enfermo con fiebre y disentería; y Pablo entró a verlo, y después de orar puso las manos sobre él, y lo sanó. 9 Cuando esto sucedió, los demás habitantes de la isla que tenían enfermedades venían a él y eran curados. 10 También nos honraron con muchas demostraciones de respeto[by], y cuando estábamos para zarpar, nos suplieron[bz]con todo lo necesario[ca].

Continúa el viaje a Roma

11 Después de tres meses, nos hicimos a la vela en una nave alejandrina que había invernado en la isla, y que tenía por insignia a los Hermanos Gemelos[cb].12 Cuando llegamos a Siracusa, nos quedamos allí por tres días. 13 Y zarpando[cc]de allí, seguimos la costa hasta llegar a Regio. Y al día siguiente se levantó un viento del sur, y en dos días llegamos a Puteoli. 14 Allí[cd] encontramos algunoshermanos, que nos invitaron a permanecer con ellos por siete días. Y así llegamos a Roma. 15 Cuando los hermanos tuvieron noticia de nuestra llegada[ce], vinieron desde allá a recibirnos hasta el Foro de Apio[cf] y Las Tres Tabernas[cg]; y cuando Pablo los vio, dio gracias a Dios y cobró ánimo.

Pablo en Roma

16 Cuando entramos en Roma, el centurión entregó los presos al prefecto militar, pero[ch] a Pablo se le permitió vivir aparte, con el soldado que lo custodiaba.

17 Y aconteció que tres días después Pablo convocó a los principales de los judíos, y cuando se reunieron, les dijo: Hermanos[ci], sin haber hecho yo nada contra nuestro pueblo ni contra las tradiciones de nuestros padres[cj], desde Jerusalén fui entregado preso en manos de los romanos, 18 los cuales, cuando me interrogaron, quisieron ponerme en libertad, pues no encontraron causa para condenarme a muerte[ck]. 19 Pero cuando los judíos se opusieron[cl], me vi obligado a apelar al César, pero no porque tuviera acusación alguna contra mi pueblo[cm].20 Por tanto, por esta razón he pedido veros y hablaros[cn], porque por causa de la esperanza de Israel llevo esta cadena. 21 Y ellos le dijeron: Nosotros ni hemos recibido cartas de Judea sobre ti, ni ha venido aquí ninguno de los hermanos que haya informado o hablado algo malo acerca de ti. 22 Pero deseamos oír de ti lo que enseñas[co], porque lo que sabemos de esta secta es que en todas partes se habla contra ella.

Pablo predica en Roma

23 Y habiéndole fijado un día, vinieron en gran número adonde él posaba[cp], y desde la mañana hasta la tarde les explicaba testificando fielmente sobre el reino de Dios, y procurando persuadirlos acerca de Jesús, tanto por la ley de Moisés como por los profetas. 24 Algunos eran persuadidos con lo que se decía, pero otros no creían. 25 Y al no estar de acuerdo entre sí, comenzaron a marcharse después de que Pablo dijo una última palabra: Bien habló el Espíritu Santo a vuestros padres por medio de Isaías el profeta, 26 diciendo:

Ve a este pueblo y di:
“Al oir oireis, y no entendereis;
y viendo vereis, y no percibireis;
27 porque el corazon de este pueblo se ha vuelto insensible[cq],
y con dificultad oyen con sus oidos;
y sus ojos han cerrado;
no sea que vean con los ojos,
y oigan con los oidos,
y entiendan con el corazon,
y se conviertan,
y yo los sane.”

28 Sabed, por tanto, que esta salvación de Dios ha sido enviada a los gentiles. Ellos sí[cr] oirán. 29 [cs]Y cuando hubo dicho esto, los judíos se fueron, teniendo gran discusión entre sí.

30 Y Pablo se quedó por dos años enteros en la[ct] habitación que alquilaba, y recibía a todos los que iban a verlo[cu], 31 predicando el reino de Dios, y enseñando todo lo concerniente al Señor Jesucristo con toda libertad, sin estorbo.

Notas al pie:

  1. Hechos 25:2 Lit., a él
  2. Hechos 25:3 Lit., él
  3. Hechos 25:3 O, una concesión
  4. Hechos 25:3 Lit., enviara por él a Jerusalén
  5. Hechos 25:5 Lit., desciendan
  6. Hechos 25:12 Un cuerpo distinto del que se menciona en Hech. 4:15 y 24:20
  7. Hechos 25:13 Lit., saludando a Festo
  8. Hechos 25:17 O, después de que
  9. Hechos 25:19 O, superstición
  10. Hechos 25:21 Lit., el Augusto (en este caso, Nerón)
  11. Hechos 25:23 Lit., y con
  12. Hechos 25:23 Gr., quiliarcas; i.e., oficiales militares romanos al mando de mil soldados
  13. Hechos 25:24 Lit., varones
  14. Hechos 25:25 Lit., al Augusto (en este caso, Nerón)
  15. Hechos 25:26 Lit., Sobre el cual no tengo nada definido
  16. Hechos 25:26 Lit., se haya hecho el interrogatorio
  17. Hechos 26:2 Lit., de estar para
  18. Hechos 26:3 O, porque eres especialmente experto
  19. Hechos 26:4 O, mi manera de vivir
  20. Hechos 26:4 Lit., nación
  21. Hechos 26:10 Lit., también
  22. Hechos 26:11 O, circunvecinas
  23. Hechos 26:12 Lit., En las cuales cosas
  24. Hechos 26:14 I.e., arameo judaico
  25. Hechos 26:16 Algunos mss. antiguos dicen: que de mí
  26. Hechos 26:23 Lit., si
  27. Hechos 26:23 I.e., el Mesías
  28. Hechos 26:23 Lit., sería sujeto a sufrimiento
  29. Hechos 26:24 Lit., Las muchas letras
  30. Hechos 26:24 Lit., te están volviendo loco
  31. Hechos 26:26 Lit., en un rincón
  32. Hechos 26:28 O, Con un poco
  33. Hechos 26:28 O, procurarás convencerme
  34. Hechos 26:29 Lit., Oraría a
  35. Hechos 26:29 O, con poco o con mucho
  36. Hechos 26:31 Lit., cadenas
  37. Hechos 27:1 O, cohorte; i.e., unidad militar romana compuesta de varias centurias
  38. Hechos 27:2 I.e., la provincia de la costa occidental de Asia Menor
  39. Hechos 27:5 Lit., a lo largo de
  40. Hechos 27:6 Lit., navegaba
  41. Hechos 27:7 I.e., el viento no les permitió entrar al puerto
  42. Hechos 27:9 I.e., el Día de Expiación, a fines de septiembre o principios de octubre
  43. Hechos 27:10 Lit., Hombres
  44. Hechos 27:11 O, dueño
  45. Hechos 27:12 O, posiblemente, el suroeste y el noroeste
  46. Hechos 27:13 Lit., habiendo soplado moderadamente un
  47. Hechos 27:14 Lit., ella
  48. Hechos 27:14 Lit., se lanzó
  49. Hechos 27:14 I.e., un viento del nordeste
  50. Hechos 27:15 Lit., arrebatada
  51. Hechos 27:16 Lit., Corriendo
  52. Hechos 27:16 Algunos mss. antiguos dicen: Cauda
  53. Hechos 27:17 Lit., refuerzos
  54. Hechos 27:17 O, posiblemente, la vela
  55. Hechos 27:17 Lit., así
  56. Hechos 27:18 Lit., hacían la descarga
  57. Hechos 27:21 Lit., Y habiendo una larga abstinencia de alimentos, entonces
  58. Hechos 27:21 Lit., Hombres
  59. Hechos 27:21 Lit., obedecido
  60. Hechos 27:21 Lit., obteniendo
  61. Hechos 27:25 Lit., hombres
  62. Hechos 27:25 Lit., será
  63. Hechos 27:27 Lit., que alguna tierra se acercaba a ellos
  64. Hechos 27:29 O, las rocas
  65. Hechos 27:29 Lit., oraban para que se hiciera de día
  66. Hechos 27:33 Lit., Hoy es el decimocuarto día
  67. Hechos 27:37 Lit., almas
  68. Hechos 27:39 Lit., decidiendo
  69. Hechos 27:39 Algunos mss. antiguos dicen: traer la nave a salvo a la costa
  70. Hechos 27:40 O, dejaban
  71. Hechos 27:41 Lit., lugar
  72. Hechos 27:41 Lit., mares
  73. Hechos 28:1 O, Melita. Algunos mss. también dicen: Melitene
  74. Hechos 28:2 Lit., bárbaros
  75. Hechos 28:4 Lit., bárbaros
  76. Hechos 28:4 I.e., la personificación de la diosa Diké
  77. Hechos 28:10 Lit., muchos honores
  78. Hechos 28:10 O, pusieron a bordo
  79. Hechos 28:10 Lit., las cosas relacionadas con las necesidades
  80. Hechos 28:11 Gr., Dióscuros, esto es, los hijos gemelos de Zeus: Cástor y Pólux
  81. Hechos 28:13 Algunos mss. dicen: costeando
  82. Hechos 28:14 Lit., Donde
  83. Hechos 28:15 Lit., Cuando los hermanos oyeron de nosotros
  84. Hechos 28:15 En latín: Appii Forum, una estación como a 70 km. de Roma
  85. Hechos 28:15 En latín: Tres Tabernae, una estación como a 54 km. de Roma
  86. Hechos 28:16 Los mss. más antiguos no incluyen: el centurión…pero
  87. Hechos 28:17 Lit., Varones hermanos
  88. Hechos 28:17 O, de los antepasados
  89. Hechos 28:18 Lit., de muerte en mí
  90. Hechos 28:19 Lit., hablaron en contra de aquello
  91. Hechos 28:19 Lit., nación
  92. Hechos 28:20 U, os invité a que me vierais y me hablarais
  93. Hechos 28:22 Lit., lo que piensas
  94. Hechos 28:23 Lit., a la posada
  95. Hechos 28:27 Lit., se ha engrosado
  96. Hechos 28:28 Lit., también
  97. Hechos 28:29 Los mss. más antiguos no incluyen este vers.
  98. Hechos 28:30 O, en la propia
  99. Hechos 28:30 Lit., todos los que venían a él
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LA PROTECCIÓN DE LA PAZ

LA PROTECCIÓN DE LA PAZ

JMA

John MacArthur

11/19/2016

La paz de Dios… guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.  (Filipenses 4:7) 

alimentemos_el_almaEl versículo de hoy se refiere a la paz de Dios que protege nuestro corazón y nuestros pensamientos. “Guardará” es un término militar que significa “seguir observando”. Los creyentes de Filipos vivían en una ciudad fortificada donde estaban los soldados romanos para proteger los intereses del imperio en aquella parte del mundo. De igual manera, la paz de Dios nos protege de la ansiedad, la duda, el temor y la angustia.

El creyente que no vive en la confianza de la soberanía de Dios carecerá de su paz y quedará en el caos de un corazón atribulado. Pero nuestra segura confianza en el Señor nos permitirá darle gracias en medio de las pruebas porque tenemos la paz de Dios que protege nuestro corazón y nuestra mente.

Cuando Pablo se refiere a nuestro corazón y nuestros pensamientos, no hace distinción alguna entre ellos. Es una declaración amplia que describe todo el ser interior de la persona. Gracias a nuestra unión con Cristo, Él protege con su paz todo nuestro ser. Y eso es lo que nos ayuda a ser espiritualmente estables.

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SUPERAR LA ADVERSIDAD

SUPERAR LA ADVERSIDAD

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Pablo Martini
Programa No. 2016-11-19

alimentemos_el_almaEs muy difícil para nosotros imaginarnos la magnitud de la calamidad que visitó a José al ser vendido por sus hermanos. El relato ocupa apenas unos versículos en la Biblia, pero las consecuencias devastadoras de semejante traición quedan escondidas. En realidad, no podía ser de otra forma. En el lapso de unas semanas lo perdió todo. Primero su libertad, al ser echado a un pozo. Luego, su dignidad, cuando fue vendido por unas monedas de plata. Al ser puesto en cadenas, perdió también su futuro y la posibilidad de escoger los caminos por los cuales transitaría. Cuando llegó a Egipto, también perdió la cultura y el idioma de su familia. Comprado por Potifar como esclavo, perdió también la posibilidad de pertenecer a una familia. ¿Quién podría sobreponerse a semejante catástrofe? ¿Cómo no hundirse en el pozo más hondo de amargura y depresión, almacenando en el corazón odio y rencor hacia los hermanos?… En el pasaje de hoy, sin embargo, encontramos a un José próspero. Su prosperidad, lo aclara bien el historiador, fue producto del respaldo, la compañía y la presencia de Jehová en su vida. Dios estaba con él. Sabemos bien que el Señor no bendice a los que albergan en su alma pensamientos de odio, rencor y venganza. (Salmo15.1–3) De manera que resulta claro que José logró sobreponerse a este duro revés que le presentó la vida.
Esta es una de las características que distingue al líder del resto del pueblo. El líder no está libre de dificultades, contratiempos, y dolores; no permite, sin embargo, que estos determinen lo que ocurre en su vida. Como observa Henry Blackaby, el autor de ‘Mi experiencia con Dios’: “Líderes no son aquellas personas que están libres de la adversidad, sino aquellas que logran superar los escollos de la vida.” La historia está repleta de líderes que vivieron durísimas experiencias personales. Lo que distinguió a estos hombres, sin embargo, es que usaron sus experiencias personales de fracaso y angustia para avanzar hacia cosas mayores. Fueron los escalones sobre los cuales construyeron, más adelante, sus más grandes victorias.

PENSAMIENTO DEL DÍA:

Un error es un acontecimiento cuyo pleno beneficio aún no hemos podido cosechar.

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LA PAZ CELESTIAL

LA PAZ CELESTIAL

la-verdad-para-hoy

11/18/2016

La paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento. (Filipenses 4:7)

alimentemos_el_almaEl versículo de hoy promete calma o tranquilidad interior al creyente que ora con una actitud agradecida. Observe que no promete cuál será la respuesta a nuestras oraciones.

Esa paz “sobrepasa todo entendimiento”, lo cual se refiere a su origen divino. Trasciende el intelecto, el análisis y la agudeza de los seres humanos. Ningún consejero humano puede dársela a usted porque es un don de Dios.

El verdadero reto de la vida cristiana no es eliminar toda circunstancia desagradable de su vida, sino confiar en el infinito, santo, soberano y poderoso Dios en medio de toda situación.

Jesús dijo: “Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo” (Jn. 16:33). Así que comience a vivir en el plano sobrenatural, reconozca que vive en un mundo caído, y permita que Dios haga su obra perfecta en usted. Y Dios le dará su paz cuando se entregue confiado en sus manos.

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La causa

18 Noviembre 2016

La causa
por Charles R. Swindoll

Ester 4:12-16

alimentemos_el_almaUna gran respuesta, ¿no? ¿No es una mujer admirable? Tuvo apenas unos momentos para pensar en lo que Mardoqueo le había dicho, un breve tiempo para evaluar su consejo, y eso era todo lo que necesitaba. Se propuso marcar una diferencia, sin importarle las consecuencias personales. “Si perezco, que perezca. Si un guardia hunde su espada en mí cuerpo, moriré haciendo lo correcto.” Ester ha pasado del temor al abandono y la fe; de la duda a la confianza y determinación; y de la preocupación por su propia seguridad a la preocupación por la supervivencia de su pueblo. Ha llegado a su hora de decisión personal, y no fue hallada falta en ella.

¿Recuerda cuando el padre de David le pidió que dejara las ovejas para llevar comida y provisiones a sus hermanos que estaban combatiendo contra los filisteos en el valle de Ela? Cuando David llegó allí, encontró al gigante Goliat yendo de un lado a otro del campo de batalla, burlándose del Dios de Israel y blasfemando contra Él. Cuando David se entera de lo que está sucediendo, dice: “Hagamos algo.” Ante esto su hermano mayor, Eliab, se ríe, y le dice con sarcasmo: “¿Así que tú vas a ser el gran héroe, eh? ¿Y qué será de todas esas ovejitas mientras estás aquí en el campo de batalla con nosotros?”. ¿Recuerda la respuesta del joven David? En nuestras palabras diríamos que le respondió algo así como ¿no hay una causa? (1 Samuel 17:29) y poco después, saca su honda y derriba a Goliat con una piedra lisa.

“¡Por supuesto que hay una causa!”, implica David, si no con palabras, por lo menos con sus acciones. “¿Qué hacen ustedes en sus tiendas, temblándoles las rodillas? ¡Allí afuera hay un gigante que odia la causa del Dios vivo! ¿Qué hacen allí parados? Nuestro Dios peleará por mí. Y si perezco, que perezca.”

Ester pensó de igual manera, se dio cuenta de que afuera había un enemigo, no solo de su pueblo, sino más importante aún, del Dios vivo. Tan pronto como tuvo conciencia de esto, la comodidad del palacio se le volvió molesta.

“Basta ya de la vida fácil”, dijo Ester. “Es hora de que hable claro. Soy judía y creo en el Dios vivo. Estoy lista para enfrentarme sola en defensa de mi pueblo. Y si perezco, que perezca.”

¿Hay en su corazón y su mente “una causa”?

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmundohispano.org). Copyright © 2016 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

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CUIDADO CON SUBESTIMARSE

CUIDADO CON SUBESTIMARSE

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Pablo Martini
Programa No. 2016-11-18

alimentemos_el_almaExisten recuerdos muy profundos que vienen de años, desde la niñez y pueden producir vacío, soledad interior y una sensación de nada. Para rectificar estos sentimientos, algunas personas tratan de vincularse con gente que consideran importante. Otros hacen alarde de su poder económico, o de sus conocimientos, o de las propiedades que adquirieron. Si no estás seguro de lo que quieres, cómo y cuándo lo quieres y seguro también de quién eres, cuánto vales y qué puedes hacer por los demás y por ti mismo, los golpes de la vida pueden hacerte mucho daño. Las personas necesitan entender que son especiales, únicas e importantes, no por lo que hagan o logren en el futuro, sino por lo que Dios dice que son. Cuando estás bien enfocado, eres capaz de disfrutar y aprovechar las oportunidades que te presenta la vida. La manera en que un individuo piensa y habla de sí mismo refleja el concepto que tiene de sí, y afecta sus logros futuros. Debemos mostrarnos tal cual somos. No ser dobles ni mentirosos y enseñar esto a los niños. Decirles que cuando se finge a quien más se afecta es a sí mismo. En otras palabras, decirles que la persona vale por lo que es, que aunque cometa errores, siempre hay oportunidad para enmendarse, que las cosas hay que pensarlas antes de ejecutarlas y sobre todo, valorar esas dos potencias que todos tenemos, que son la inteligencia y la voluntad. Cuando esta inteligencia está basada en el principio de la sabiduría, que es el temor de Jehová, y esa voluntad está rendida a la voluntad superior de Dios, esa persona puede ser capaz de hacer todo lo que se ponga por delante y decir junto con el apóstol Pablo: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.” Todos tenemos la necesidad de ser “reconocidos”. Todos deseamos ser aprobados, amados y hasta admirados por quienes nos rodean. Buscar la aprobación de los demás es riesgoso y fútil, sentirse aprobado por Dios es seguro y eterno. Procura presentarte a Dios aprobado. Lo demás es secundario.

PENSAMIENTO DEL DIA:

Buscar la aprobación de los demás es riesgoso y fútil, sentirse aprobado por Dios es seguro y eterno.

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Reaccione ante los problemas con acción de gracias

Reaccione ante los problemas con acción de gracias

la-verdad-para-hoy

11/17/2016

Sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. (Filipenses 4:6)

alimentemos_el_almaEn vez de orar a Dios con duda o descontento, el creyente ha de acercarse a Dios con un espíritu de acción de gracias. Por eso Dios prometió que nada en nuestra vida será demasiado para que lo soportemos (1 Co. 10:13). Él ha prometido hacer que todo obre para nuestro bien (Ro. 8:28), y «perfeccionarnos, afirmarnos, fortalecernos y establecernos” en medio de nuestro sufrimiento (1 P. 5:10).

 Todas las dificultades están dentro del propósito de Dios, de modo que podemos darle gracias por su poder y sus promesas. Pedro dijo que echemos “toda [nuestra] ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de [no­so­tros]” (1 P. 5:7). Al hacerlo, hemos de ser agra­de­ci­dos por su providencia, su promesa de per­fec­cio­nar­nos, la gloria que Él recibirá del cumplimiento de su voluntad, y por las misericordias pasadas que son la promesa de bendiciones futuras.

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ICEBERG

ICEBERG

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Pablo Martini
Programa No. 2016-11-17

alimentemos_el_alma¡Cuidado con el iceberg! Fue la voz de alerta aquella trágica noche en el Atlántico a bordo del gran Ttitánic. Aquella sería la última noche para el trasatlántico más grande del mundo en su viaje inaugural. Pero era tarde, demasiado tarde. A la vez que el capitán y su timonel hacían esfuerzos sobrehumanos para virar el curso de la nave, por debajo de la superficie, donde nadie lo veía, la base de un iceberg laceraba el lateral derecho de la quilla inundando 5 de las 6 recámaras que hacían flotar la nave. El proceso lento pero certero del hundimiento comenzaba y dos horas más tarde, sólo dos horas aquel Titánic, para muchos invencible, se hundía en las heladas aguas del mar para pasar a ser historia. ¿Una historia de imprudencia, de jactancia, arrogancia o desafío? Un poco de todo. Es sabido que los icebergs, esas pirámides de hielo flotante, forman en su base una cantidad de hielo mucho mayor a la que emerge en la superficie. Lo que tú ves es en realidad sólo el vértice, pero debajo está el 80% del iceberg. Quisieron esquivarlo pero ya era tarde. Iban rápido, es verdad. Llegar más temprano de lo previsto le hubiera concedido más prestigio a la proeza. Igual estuvieron en los titulares aquella mañana, pero no por lo rápido del viaje sino por lo trágico. ¿Sabes? Lo importante no es llegar rápido, sino llegar. En la vida, hay muchos icebergs que pueden causar el mismo daño a la vida, matrimonio o a tu iglesia. Cosas que asoman como un pequeño problema pueden esconder una gran tragedia bajo la superficie y si no la identificas a tiempo, te pueden hundir. 26 años de experiencia a aquel capitán, le hicieron subestimar la situación y pecó por imprudente. Alcanzar la meta máxima en la vida no se logra con experiencia ni velocidad, sino con la guía sabia de Aquel que conoce todas las cosas y te puede llevar a puerto, sano y salvo. Pon en las manos de Dios tu vida y no habrá iceberg capaz de hundirte.

PENSAMIENTO DEL DIA:

Lo importante no es llegar rápido, sino llegar.

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Pablo en Efeso

Hechos 19-21

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Pablo en Efeso

alimentemos_el_alma19 Y aconteció que mientras Apolos estaba en Corinto, Pablo, habiendo recorrido las regiones superiores, llegó a Efeso y encontró a algunos discípulos,2 y les dijo: ¿Recibisteis el Espíritu Santo cuando creísteis? Y ellos le respondieron: No, ni siquiera hemos oído si hay un Espíritu Santo[a]. 3 Entonces él dijo: ¿En qué bautismo, pues, fuisteis bautizados? Ellos contestaron: En el bautismo de Juan. 4 Y Pablo dijo: Juan bautizó con el bautismo de arrepentimiento, diciendo al pueblo que creyeran en aquel que vendría después de él, es decir, en Jesús. 5 Cuando oyeron esto, fueron bautizados en el nombre del Señor Jesús. 6 Y cuando Pablo les impuso las manos, vino sobre ellos el Espíritu Santo, y hablaban en lenguas y profetizaban. 7 Eran en total unos doce hombres.

La iglesia se establece en Efeso

8 Entró Pablo en la sinagoga, y por tres meses continuó hablando denodadamente, discutiendo y persuadiéndoles acerca[b] del reino de Dios. 9 Pero cuando algunos se endurecieron y se volvieron desobedientes hablando mal del Camino ante la multitud, Pablo se apartó de ellos llevándose a los discípulos, y discutía diariamente en la escuela de Tirano. 10 Esto continuó por dos años, de manera que todos los que vivían en Asia[c] oyeron la palabra del Señor, tanto judíos como griegos. 11 Y Dios hacía milagros[d] extraordinarios por mano de Pablo, 12 de tal manera que incluso llevaban pañuelos o delantales de su cuerpo a los enfermos, y las enfermedades los dejaban y los malos espíritus se iban de ellos. 13 Pero también algunos de los judíos, exorcistas ambulantes, trataron de invocar el nombre del Señor Jesús sobre los que tenían espíritus malos, diciendo: Os ordeno por Jesús, a quien Pablo predica. 14 Y siete hijos de un tal Esceva, uno de los principales sacerdotes judíos, eran los que hacían esto. 15 Pero el espíritu malo respondió, y les dijo: A Jesús conozco[e], y sé quién es Pablo, pero vosotros, ¿quiénes sois? 16 Y el hombre en quien estaba el espíritu malo se lanzó sobre ellos, y los[f] dominó y pudo más que ellos, de manera que huyeron de aquella casa desnudos y heridos. 17 Y supieron esto todos los habitantes de Efeso, tanto judíos como griegos; y el temor se apoderó de[g] todos ellos, y el nombre del Señor Jesús era exaltado. 18 También muchos de los que habían creído continuaban viniendo, confesando y declarando las cosas que practicaban[h]. 19 Y muchos de los que practicaban la magia, juntando sus libros, los quemaban a la vista de todos; calcularon su precio y hallaron que llegaba a cincuenta mil piezas de plata[i]. 20 Así crecía poderosamente y prevalecía la palabra del Señor[j].

Los planes de Pablo

21 Pasadas estas cosas, Pablo decidió en el espíritu[k] ir a Jerusalén después de recorrer Macedonia y Acaya, diciendo: Después que haya estado allí, debo visitar[l]también Roma. 22 Y habiendo enviado a Macedonia a dos de sus ayudantes, Timoteo y Erasto, él se quedó en Asia[m] por algún tiempo.

El tumulto de los plateros

23 Por aquel tiempo se produjo un alboroto no pequeño por motivo del Camino.24 Porque cierto platero que se llamaba Demetrio, que labraba templecillos de plata de Diana[n] y producía no pocas ganancias a los artífices, 25 reunió a éstos junto con los obreros de oficios semejantes, y dijo: Compañeros[o], sabéis que nuestra prosperidad depende de[p] este comercio. 26 Y veis y oís que no sólo en Efeso, sino en casi toda Asia, este Pablo ha persuadido a una gran cantidad de gente, y la ha apartado, diciendo que los dioses hechos con las manos no son dioses verdaderos. 27 Y no sólo corremos el peligro de que nuestro oficio caiga en descrédito, sino también de que el templo de la gran diosa Diana[q] se considere sin valor, y que ella, a quien adora toda Asia y el mundo entero[r], sea despojada de su grandeza. 28 Cuando oyeron esto, se llenaron de ira, y gritaban, diciendo: ¡Grande es Diana[s] de los efesios! 29 Y la ciudad se llenó de confusión, y a una se precipitaron en el teatro, arrastrando[t] consigo a Gayo y a Aristarco, los compañeros de viaje de Pablo, que eran de Macedonia. 30 Cuando Pablo quiso ir a la asamblea[u], los discípulos no se lo permitieron. 31 También algunos de los asiarcas[v], que eran amigos de Pablo[w], enviaron a él y repetidamente le rogaron que no se aventurara[x] a presentarse en el teatro. 32 Así que unos gritaban una cosa y otros otra, porque había confusión en la asamblea[y], y la mayoría no sabía por qué razón[z] se habían reunido. 33 Y algunos de la multitud dedujeron que se trataba de Alejandro[aa], puesto que los judíos lo habían empujado hacia adelante. Entonces Alejandro, haciendo señal de silencio con la mano, quería hacer su defensa ante la asamblea[ab]. 34 Mas cuando se dieron cuenta de que era judío, un clamor se levantó de todos ellos, gritando como por dos horas: ¡Grande es Diana[ac] de los efesios! 35 Entonces el secretario[ad], después de calmar a la multitud, dijo*: Ciudadanos[ae] de Efeso, ¿hay acaso algún hombre que no sepa que la ciudad de los efesios es guardiana del templo de la gran Diana[af] y de la imagen que descendió del cielo[ag]? 36 Puesto que estos hechos son innegables, debéis guardar calma y no hacer nada precipitadamente. 37 Porque habéis traído a estos hombres que ni roban templos, ni blasfeman a nuestra[ah] diosa[ai]. 38 Así pues, si Demetrio y los artífices que están con él tienen queja contra alguno, los tribunales están abiertos y los procónsules[aj] dispuestos; presenten sus acusaciones unos contra otros. 39 Pero si demandáis algo más que esto, se decidirá en asamblea[ak] legítima[al]. 40 Porque ciertamente corremos peligro de ser acusados de sedición en relación con lo acontecido hoy, ya que no existe causa justificada para esto, y por ello no podremos explicar este alboroto[am]. 41 Y habiendo dicho esto, despidió la asamblea[an].

Viaje de Pablo por Macedonia y Grecia

20 Después que cesó el alboroto, Pablo mandó llamar a los discípulos, y habiéndolos exhortado, despidiéndose, partió para ir a Macedonia. 2 Y después de recorrer aquellas regiones y de haberlos exhortado mucho, llegó a Grecia.3 Pasó allí tres meses, y habiéndose tramado una conjura en su contra de parte de los judíos cuando estaba por embarcarse para Siria, tomó la decisión de regresar por Macedonia. 4 Y lo acompañaban Sópater de Berea, hijo de Pirro; Aristarco y Segundo de los tesalonicenses; Gayo de Derbe, y Timoteo; Tíquico y Trófimo de Asia[ao]. 5 Pero éstos se habían adelantado y nos esperaban en Troas. 6 Nos embarcamos en Filipos después de los días de los panes sin levadura[ap], y en cinco días llegamos adonde ellos estaban en Troas; y allí nos quedamos siete días.

Despedida de Pablo en Troas

7 Y el primer día de la semana, cuando estábamos reunidos para partir el pan, Pablo les hablaba, pensando partir al día siguiente, y prolongó su discurso[aq]hasta la medianoche. 8 Había muchas lámparas en el aposento alto donde estábamos reunidos; 9 y estaba sentado en la ventana un joven llamado Eutico; y como Pablo continuaba hablando, Eutico fue cayendo en un profundo sueño hasta que, vencido por el sueño, cayó desde el tercer piso y lo levantaron muerto.10 Pero Pablo bajó y se tendió sobre él, y después de abrazarlo, dijo: No os alarméis[ar], porque está vivo[as]. 11 Y volviendo arriba, después de partir el pan y de comer[at], conversó largamente con ellos hasta el amanecer, y entonces se marchó. 12 Y se llevaron vivo al muchacho, y quedaron grandemente[au]consolados.

Viaje de Troas a Mileto

13 Entonces nosotros, adelantándonos a tomar la nave, zarpamos para Asón, con el propósito de recoger allí a Pablo, pues así lo había decidido, deseando ir por tierra[av] hasta Asón. 14 Cuando nos encontró en Asón, lo recibimos a bordo y nos dirigimos a Mitilene. 15 Y zarpando de allí, al día siguiente llegamos frente a Quío; y al otro día atracamos en Samos; habiendo hecho escala en Trogilio[aw], al díasiguiente llegamos a Mileto. 16 Porque Pablo había decidido dejar a un lado a Efeso para no detenerse en Asia[ax], pues se apresuraba para estar, si le era posible, el día de Pentecostés en Jerusalén.

17 Y desde Mileto mandó mensaje a Efeso y llamó a los ancianos de la iglesia.

Despedida en Mileto

18 Cuando vinieron a él, les dijo:

Vosotros bien sabéis cómo he sido con vosotros todo el tiempo, desde el primer día que estuve[ay] en Asia[az], 19 sirviendo al Señor con toda humildad, y con lágrimas y con pruebas que vinieron sobre mí por causa de las intrigas de los judíos; 20 cómo no rehuí declarar a vosotros nada que fuera útil, y de enseñaros públicamente y de casa en casa[ba], 21 testificando solemnemente, tanto a judíos como a griegos, del arrepentimiento para con Dios y de la fe en nuestro Señor Jesucristo. 22 Y ahora, he aquí que yo, atado en espíritu[bb], voy a Jerusalén sin saber lo que allá me sucederá, 23 salvo que el Espíritu Santo solemnemente me da testimonio en cada ciudad, diciendo que me esperan cadenas y aflicciones.24 Pero en ninguna manera estimo mi vida como valiosa para mí mismo, a fin de poder terminar mi carrera[bc] y el ministerio que recibí del Señor Jesús, para dar testimonio solemnemente del evangelio de la gracia de Dios. 25 Y ahora, he aquí, yo sé que ninguno de vosotros, entre quienes anduve predicando el reino, volverá a ver mi rostro. 26 Por tanto, os doy testimonio[bd] en este día de que soy inocente[be] de la sangre de todos, 27 pues no rehuí declarar a vosotros todo el propósito[bf] de Dios. 28 Tened cuidado de vosotros y de toda la grey, en medio de la cual el Espíritu Santo os ha hecho obispos[bg] para pastorear la iglesia de Dios[bh], la cual El compró[bi] con su propia sangre. 29 Sé que después de mi partida, vendrán lobos feroces entre vosotros que no perdonarán el rebaño, 30 y que de entre vosotros mismos se levantarán algunos[bj] hablando cosas perversas para arrastrar a los discípulos tras ellos. 31 Por tanto, estad alerta, recordando que por tres años, de noche y de día, no cesé de amonestar a cada uno con lágrimas.32 Ahora os encomiendo a Dios[bk] y a la palabra de su gracia, que es poderosa para edificaros y daros la herencia entre todos los santificados. 33 Ni la plata, ni el oro, ni la ropa de nadie he codiciado. 34 Vosotros sabéis que estas manos me sirvieron para mis propias necesidades y las de los que estaban conmigo. 35 En todo os mostré que así, trabajando, debéis ayudar a los débiles, y recordar las palabras del Señor Jesús, que dijo: “Más bienaventurado es dar que recibir.”

36 Cuando terminó de hablar[bl], se arrodilló y oró con todos ellos. 37 Y comenzaron a llorar desconsoladamente[bm], y abrazando a[bn] Pablo, lo besaban, 38 afligidos[bo]especialmente por la palabra que había dicho de que ya no volverían a ver su rostro. Y lo acompañaron hasta el barco.

Despedida en Tiro

21 Después de separarnos de ellos, zarpamos y fuimos con rumbo directo a Cos, al día siguiente a Rodas, y de allí a Pátara; 2 y encontrando un barco que partía para Fenicia, subimos a bordo y nos hicimos a la vela. 3 Cuando avistamos Chipre, dejándola a la izquierda, navegamos hacia Siria, y desembarcamos en Tiroporque la nave debía dejar su cargamento allí. 4 Después de hallar a los discípulos, nos quedamos allí siete días, y ellos le decían a Pablo, por el Espíritu[bp], que no fuera a Jerusalén[bq]. 5 Y pasados aquellos días[br] partimos y emprendimos nuestro viaje mientras que todos ellos, con sus mujeres e hijos, nos acompañaron hasta las afueras de la ciudad. Después de arrodillarnos y orar en la playa, nos despedimos unos de otros. 6 Entonces subimos al barco y ellos regresaron a sus hogares.

Pablo en Cesarea

7 Terminado el viaje desde Tiro, llegamos a Tolemaida, y después de saludar a los hermanos, nos quedamos con ellos un día. 8 Al día siguiente partimos y llegamos a Cesarea, y entrando en la casa de Felipe, el evangelista, que era uno de los siete, nos quedamos con él. 9 Este tenía cuatro hijas doncellas que profetizaban.10 Y deteniéndonos allí varios días, descendió de Judea cierto profeta llamado Agabo, 11 quien vino[bs] a vernos, y tomando el cinto de Pablo, se ató las manos y los pies, y dijo: Así dice el Espíritu Santo: “Así atarán los judíos en Jerusalén al dueño de este cinto, y lo entregarán en manos de los gentiles.” 12 Al escuchar esto, tanto nosotros como los que vivían allí le rogábamos que no subiera a Jerusalén. 13 Entonces Pablo respondió: ¿Qué hacéis, llorando y quebrantándome el corazón? Porque listo estoy no sólo a ser atado, sino también a morir en Jerusalén por el nombre del Señor Jesús. 14 Como no se dejaba persuadir, nos callamos, diciéndonos: Que se haga la voluntad del Señor.

15 Después de estos días nos preparamos y comenzamos a subir hacia Jerusalén.16 Y nos acompañaron también algunos de los discípulos de Cesarea, quienes nos condujeron a Mnasón, de Chipre, un antiguo discípulo con quien deberíamos hospedarnos.

Pablo en Jerusalén

17 Cuando llegamos a Jerusalén, los hermanos nos recibieron con regocijo. 18 Y al día siguiente Pablo fue[bt] con nosotros a ver a Jacobo[bu], y todos los ancianosestaban presentes. 19 Y después de saludarlos, comenzó a referirles una por una las cosas que Dios había hecho entre los gentiles mediante su ministerio. 20 Y ellos, cuando lo oyeron, glorificaban a Dios y le dijeron: Hermano, ya ves cuántos miles[bv] hay entre los judíos que han creído, y todos son celosos de la ley; 21 y se les ha contado acerca de ti, que enseñas a todos los judíos entre los gentiles que se aparten de Moisés, diciéndoles que no circunciden a sus hijos ni observen[bw]las tradiciones. 22 Entonces, ¿qué es lo que se debe hacer? Porque sin duda la multitud se reunirá[bx] pues oirán que has venido. 23 Por tanto, haz esto que te decimos: Tenemos cuatro hombres que han hecho un voto[by]; 24 tómalos y purifícate junto con ellos, y paga sus gastos[bz] para que se rasuren la cabeza; y todos sabrán que no hay nada cierto en lo que se les ha dicho acerca de ti, sino que tú también vives[ca] ordenadamente, acatando la ley. 25 Pero en cuanto a los gentiles que han creído, nosotros les hemos escrito, habiendo decidido que deben abstenerse de lo sacrificado a los ídolos, de sangre, de lo estrangulado y de fornicación. 26 Entonces Pablo tomó consigo a los hombres, y al día siguiente, purificándose[cb] junto con ellos, fue al templo, notificando de la terminación de los días de purificación, hasta que el sacrificio se ofreciera por cada uno de ellos.

El tumulto en el templo

27 Cuando estaban para cumplirse los siete días, los judíos de Asia[cc], al verlo en el templo, comenzaron a incitar a todo el pueblo, y le echaron mano, 28 gritando: ¡Israelitas[cd], ayudadnos! Este es el hombre que enseña[ce] a todos, por todas partes, contra nuestro pueblo, la ley y este lugar; además, incluso ha traído griegos al templo, y ha profanado este lugar santo. 29 Pues anteriormente habían visto a Trófimo el efesio con él en la ciudad, y pensaban que Pablo lo había traído al templo. 30 Se alborotó toda la ciudad, y llegó el pueblo corriendo de todas partes[cf]; apoderándose de Pablo lo arrastraron fuera del templo, y al instante cerraron las puertas. 31 Mientras procuraban matarlo, llegó aviso al comandante[cg]de la compañía[ch] romana que toda Jerusalén estaba en confusión.32 Inmediatamente tomó consigo algunos soldados y centuriones, y corrió hacia ellos; cuando vieron al comandante y a los soldados, dejaron de golpear a Pablo.33 Entonces el comandante llegó y lo prendió, y ordenó que lo ataran con dos cadenas; y preguntaba quién era y qué había hecho. 34 Pero entre la muchedumbre unos gritaban una cosa y otros otra, y como él no pudo averiguar con certeza los hechos, debido al tumulto, ordenó que lo llevaran al cuartel.35 Cuando llegó a las gradas, sucedió que los soldados tuvieron que cargarlo por causa de la violencia de la turba[ci]; 36 porque la multitud del pueblo lo seguía, gritando: ¡Muera!

Defensa de Pablo en Jerusalén

37 Cuando estaban para meter a Pablo en el cuartel, dijo al comandante: ¿Puedo decirte algo? Y él dijo*: ¿Sabes griego? 38 ¿Entonces tú no eres el egipcio que hace tiempo[cj] levantó una revuelta, y sacó los cuatro mil hombres de los asesinos[ck] al desierto? 39 Pablo respondió: Yo soy judío de Tarso de Cilicia, ciudadano de una ciudad no sin importancia; te suplico que me permitas hablar al pueblo. 40 Cuando el comandante le concedió el permiso, Pablo, de pie sobre las gradas, hizo señal al pueblo con su mano, y cuando hubo[cl] gran silencio, les habló en el idioma hebreo[cm], diciendo:

Notas al pie:

  1. Hechos 19:2 O, que el Espíritu Santo ha sido dado
  2. Hechos 19:8 Algunos mss. antiguos dicen: las cosas acerca
  3. Hechos 19:10 I.e., la provincia de la costa occidental de Asia Menor
  4. Hechos 19:11 U, obras de poder
  5. Hechos 19:15 O, reconozco
  6. Hechos 19:16 Posiblemente, a dos de ellos
  7. Hechos 19:17 Lit., cayó sobre
  8. Hechos 19:18 Lit., sus prácticas; i.e., prácticas mágicas
  9. Hechos 19:19 Probablemente dracmas griegas. Una dracma equivalía al salario de un día.
  10. Hechos 19:20 O, conforme al poder del Señor la palabra crecía
  11. Hechos 19:21 O, Espíritu
  12. Hechos 19:21 Lit., ver
  13. Hechos 19:22 I.e., la provincia romana de la costa occidental de Asia Menor, y así en el resto del cap.
  14. Hechos 19:24 Gr., Artemisa
  15. Hechos 19:25 Lit., Hombres
  16. Hechos 19:25 Lit., es de
  17. Hechos 19:27 Gr., Artemisa
  18. Hechos 19:27 Lit., la tierra habitada
  19. Hechos 19:28 Gr., Artemisa
  20. Hechos 19:29 Lit., habiendo arrastrado
  21. Hechos 19:30 Lit., al pueblo
  22. Hechos 19:31 I.e., líderes religiosos o políticos de la provincia romana de Asia
  23. Hechos 19:31 Lit., él
  24. Hechos 19:31 Lit., se entregara
  25. Hechos 19:32 Gr., iglesia
  26. Hechos 19:32 O, por causa de quien
  27. Hechos 19:33 O, instruyeron a Alejandro
  28. Hechos 19:33 Lit., el pueblo
  29. Hechos 19:34 Gr., Artemisa
  30. Hechos 19:35 I.e., secretario municipal que presidía las asambleas populares
  31. Hechos 19:35 Lit., Hombres
  32. Hechos 19:35 Gr., Artemisa
  33. Hechos 19:35 I.e., Zeus, o, Júpiter
  34. Hechos 19:37 Algunos mss. posteriores dicen: vuestra
  35. Hechos 19:37 O, ni son ladrones de templos, ni blasfemadores de nuestra diosa
  36. Hechos 19:38 O, gobernantes provinciales
  37. Hechos 19:39 Gr., iglesia
  38. Hechos 19:39 U, ordinaria
  39. Hechos 19:40 O, esta turba
  40. Hechos 19:41 Gr., iglesia
  41. Hechos 20:4 I.e., la provincia de la costa occidental de Asia Menor
  42. Hechos 20:6 O, de los Azimos
  43. Hechos 20:7 Lit., la palabra
  44. Hechos 20:10 O, Dejad de estar atribulados
  45. Hechos 20:10 Lit., su vida está en él
  46. Hechos 20:11 Lit., probar
  47. Hechos 20:12 Lit., no poco
  48. Hechos 20:13 Lit., a pie
  49. Hechos 20:15 Los mss. más antiguos no incluyen: habiendo hecho…Trogilio
  50. Hechos 20:16 I.e., la provincia de la costa occidental de Asia Menor
  51. Hechos 20:18 Lit., puse el pie
  52. Hechos 20:18 I.e., la provincia de la costa occidental de Asia Menor
  53. Hechos 20:20 O, en los varios hogares privados
  54. Hechos 20:22 O, en el Espíritu
  55. Hechos 20:24 Algunos mss. agregan: con gozo
  56. Hechos 20:26 U, os llamo como testigos
  57. Hechos 20:26 Lit., limpio
  58. Hechos 20:27 O, consejo, o, designio
  59. Hechos 20:28 O, supervisores
  60. Hechos 20:28 Algunos mss. antiguos dicen: del Señor
  61. Hechos 20:28 Lit., adquirió
  62. Hechos 20:30 Lit., hombres
  63. Hechos 20:32 Un ms. antiguo dice: al Señor
  64. Hechos 20:36 Lit., Y diciendo esto
  65. Hechos 20:37 Lit., hubo un considerable llanto de todos
  66. Hechos 20:37 Lit., y echándose al cuello de
  67. Hechos 20:38 Lit., sufriendo dolor
  68. Hechos 21:4 I.e., por causa de impresiones dadas por el Espíritu
  69. Hechos 21:4 Lit., que no pusiera el pie en Jerusalén
  70. Hechos 21:5 Lit., cuando habíamos completado los días
  71. Hechos 21:11 Lit., y viniendo
  72. Hechos 21:18 Lit., entró
  73. Hechos 21:18 O, Santiago
  74. Hechos 21:20 Lit., diez miles
  75. Hechos 21:21 Lit., ni anden conforme a
  76. Hechos 21:22 Algunos mss. antiguos no incluyen: la multitud se reunirá
  77. Hechos 21:23 Lit., tienen un voto sobre sí
  78. Hechos 21:24 Lit., gasta en ellos
  79. Hechos 21:24 Lit., andas
  80. Hechos 21:26 O, tomó a los hombres el día siguiente y purificándose
  81. Hechos 21:27 I.e., la provincia de la costa occidental de Asia Menor
  82. Hechos 21:28 Lit., Hombres de Israel
  83. Hechos 21:28 O, predica
  84. Hechos 21:30 Lit., ocurrió un correr junto de todo el pueblo
  85. Hechos 21:31 Gr., quiliarca; i.e., oficial militar romano al mando de mil soldados, y así en el resto del cap.
  86. Hechos 21:31 O, cohorte; i.e., unidad militar romana compuesta de varias centurias
  87. Hechos 21:35 O, multitud
  88. Hechos 21:38 Lit., días
  89. Hechos 21:38 O, sicarios
  90. Hechos 21:40 Lit., ocurrió
  91. Hechos 21:40 I.e., arameo judaico
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EL CONTROL SOBERANO

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la-verdad-para-hoy

11/16/2016

Elegidos según la presciencia de Dios. (1 Pedro 1:2)

alimentemos_el_almaA través de los años, las teologías arminianas y calvinistas han estado en polos opuestos. La teología reformada tradicional, que llamamos calvinismo, subraya la soberanía de Dios, pero la teología arminiana en realidad subraya la soberanía del hombre. Enseña que Dios es útil al dar ayuda espiritual, pero que uno tiene que encontrarla en sí mismo para ir a Cristo, perseverar en la fe, alcanzar metas espirituales y obtener victorias espirituales.

¿Qué resulta de esa clase de teología? Una persona puede decir que confía en Cristo, pero en realidad confía en sí misma. Eso muestra la creencia de que el poder para escoger la salvación, o perderla por el fracaso espiritual, pertenece a la persona. Suponga que usted creyera que tenía esa clase de poder. ¿Puede imaginarse lo que sería enfrentarse a la muerte y preguntarse si no pudiera entrar en el cielo porque había cometido muchísimos pecados? Esa incertidumbre causará ansiedad, no seguridad.

Confiar plenamente en Dios requiere co­no­ci­mien­to de su gracia soberana: Que una persona es escogida, redimida, mantenida y glorificada por Dios, que es el iniciador.

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