“Si tú le buscares, lo hallarás. 1 Crónicas 28:9.

18 de Agosto

“Si tú le buscares, lo hallarás. 1 Crónicas 28:9.

a1Necesitamos a nuestro Dios, y Él puede ser encontrado si le buscamos; Él no se ocultará a ninguno de nosotros si buscamos personalmente Su rostro. No es, si lo merecen, o si compran Su favor, sino simplemente si le “buscan”. Quienes ya conocen al Señor deben seguir buscando Su rostro por medio de la oración, del servicio diligente, y de la santa gratitud: a esos Él no rehusará Su favor ni Su comunión. Aquellos que todavía no le han conocido para descanso de sus almas, deben comenzar de inmediato a buscarlo, y no deben cesar de hacerlo hasta que lo encuentren como su Salvador, su Amigo, su Padre, y su Dios.

¡Cuán grande garantía ofrece esta promesa al que le busca! “El que busca, halla.” Tú, sí, tú, si buscas a tu Dios, le encontrarás. Cuando le encuentres, habrás encontrado vida, perdón, santificación, preservación, y gloria. ¿No querrás buscar, y seguir buscando, puesto que no buscarías en vano?

Querido amigo, busca al Señor de inmediato. Este es el lugar, y ahora es el momento. Dobla esa rodilla; sí, inclina esa cerviz todavía más rebelde, y clama a Dios, al Dios vivo. En el nombre de Jesús, busca la purificación y la justificación. No serás rechazado. Aquí tenemos el testimonio de David a su hijo Salomón, y es también el testimonio personal de este escritor al lector. Créelo, y actúa de conformidad, por Cristo nuestro Señor.

 La Chequera del Banco de la Fe. Traducción de Allan Román.

“El que encubre sus pecados no prosperará; mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia.” Proverbios 28:13.

16 de Agosto

“El que encubre sus pecados no prosperará; mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia.” Proverbios 28:13.

a1Aquí está la vía para la obtención de misericordia para un pecador culpable y arrepentido. Debe abandonar el hábito de encubrir el pecado. Esto es intentado por medio de la falsedad, que niega el pecado; por medio de la hipocresía, que lo oculta; por medio de la jactancia, que lo justifica; y por medio de una profesión ruidosa, que procura compensar el pecado.

La responsabilidad del pecador consiste en confesar y abandonar. Las dos cosas han de ir juntas. La confesión ha de ser hecha honestamente al propio Señor; y debe incluir el reconocimiento de la culpa, el sentido de su mal, y su aborrecimiento. No debemos echarle la culpa a los demás, ni culpar a las circunstancias, ni argumentar debilidad natural. Debemos confesarlo todo y confesarnos culpables de la acusación. No puede haber misericordia mientras no se hubiere hecho esto.

Además, hemos de abandonar el mal: habiendo reconocido nuestra falta, hemos de repudiar cualquier intento presente y futuro de persistir en ella. No podemos seguir siendo rebeldes y, sin embargo, morar junto a la Majestad del Rey.

El hábito del pecado ha de ser abandonado, conjuntamente con los lugares, compañeros, ocupaciones y libros que nos pudieran conducir al descarrío. No por la confesión, no por la reforma, sino en conexión con ellas, encontramos el perdón por la fe en la sangre de Jesús.

La Chequera del Banco de la Fe. Traducción de Allan Román   

“El que encubre sus pecados no prosperará; mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia.” Proverbios 28:13.

16 de Agosto

“El que encubre sus pecados no prosperará; mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia.” Proverbios 28:13.

a1Aquí está la vía para la obtención de misericordia para un pecador culpable y arrepentido. Debe abandonar el hábito de encubrir el pecado. Esto es intentado por medio de la falsedad, que niega el pecado; por medio de la hipocresía, que lo oculta; por medio de la jactancia, que lo justifica; y por medio de una profesión ruidosa, que procura compensar el pecado.

La responsabilidad del pecador consiste en confesar y abandonar. Las dos cosas han de ir juntas. La confesión ha de ser hecha honestamente al propio Señor; y debe incluir el reconocimiento de la culpa, el sentido de su mal, y su aborrecimiento. No debemos echarle la culpa a los demás, ni culpar a las circunstancias, ni argumentar debilidad natural. Debemos confesarlo todo y confesarnos culpables de la acusación. No puede haber misericordia mientras no se hubiere hecho esto.

Además, hemos de abandonar el mal: habiendo reconocido nuestra falta, hemos de repudiar cualquier intento presente y futuro de persistir en ella. No podemos seguir siendo rebeldes y, sin embargo, morar junto a la Majestad del Rey.

El hábito del pecado ha de ser abandonado, conjuntamente con los lugares, compañeros, ocupaciones y libros que nos pudieran conducir al descarrío. No por la confesión, no por la reforma, sino en conexión con ellas, encontramos el perdón por la fe en la sangre de Jesús.

La Chequera del Banco de la Fe. Traducción de Allan Román

“Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo.” Juan 14:13.

15 de Agosto

“Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo.” Juan 14:13.

a1No todo creyente ha aprendido a orar todavía en el nombre de Cristo. Pedir, no únicamente por medio de Él, sino en Su nombre, como autorizado por Él, es un orden excelso de oración. No nos atreveríamos a pedir algunas cosas en ese bendito nombre, pues sería una vil profanación de Su nombre; pero cuando la petición es tan claramente recta que nos atrevemos a hacerla en el nombre de Jesús, entonces debe ser concedida.
La oración que es para la gloria del Padre por medio del Hijo tendrá mayor seguridad de ser exitosa. Glorifica Su verdad, Su fidelidad, Su poder, Su gracia. La respuesta a la oración, cuando es ofrecida en el nombre de Jesús, revela el amor del Padre por Él, y la honra que ha puesto sobre Él. La gloria de Jesús y la gloria del Padre están tan ligadas, que la gracia que magnifica a la una, magnifica a la otra. El canal se torna famoso por medio de la plenitud de la fuente, y la fuente es honrada por medio del canal por el cual fluye. Si la respuesta a nuestras oraciones deshonrara a nuestro Señor, no oraríamos; pero como en esto, Él es glorificado, oraremos sin cesar en ese amado nombre en el que Dios y Su pueblo tienen una comunión de deleite.

La Chequera del Banco de la Fe. Traducción de Allan Román

Spurgeon, C. H. (2008). La Chequera del Banco de la Fe. Bellingham, WA: Logos Bible Software.

“Y yo afligiré a la descendencia de David a causa de esto, mas no para siempre.” 1 Reyes 11:39.

14 de Agosto

“Y yo afligiré a la descendencia de David a causa de esto, mas no para siempre.” 1 Reyes 11:39.

a1En la familia de la gracia hay disciplina, y esa disciplina es lo suficientemente severa para que pecar sea algo malo y amargo. Salomón, desviado por sus esposas extranjeras, se había erigido otros dioses, y había provocado gravemente al Dios de su padre; por tanto, diez porciones de las doce que constituían su reino le fueron arrancadas, y fueron establecidas como un estado rival. Esta fue una dolorosa aflicción para la casa de David, que sobrevino sobre esa dinastía claramente proveniente de la mano de Dios, como resultado de la conducta impía. El Señor castigará a Sus más amados siervos si se apartan de la plena obediencia a Sus leyes: quizás en este preciso momento tal castigo esté sobre nosotros. Clamemos humildemente: “Oh Señor, hazme entender por qué contiendes conmigo.”
¡Cuán preciosa es esa cláusula salvadora: “mas no para siempre”! El castigo del pecado es eterno, pero la disciplina paternal por el pecado en un hijo de Dios, no es sino por un tiempo. La enfermedad, la pobreza, la depresión de espíritu, pasarán cuando hubieren rendido el pretendido efecto. Recuerden que no estamos bajo la ley sino bajo la gracia. La vara puede hacer que nos dolamos, pero la espada no hará que muramos. Nuestro dolor presente tiene el propósito de conducirnos al arrepentimiento, para que no seamos destruidos con los malvados.

La Chequera del Banco de la Fe. Traducción de Allan Román

Spurgeon, C. H. (2008). La Chequera del Banco de la Fe. Bellingham, WA: Logos Bible Software.

“Y antes que clamen, responderé yo; mientras aún hablan, yo habré oído.” Isaías 65:24.

13 de Agosto

“Y antes que clamen, responderé yo; mientras aún hablan, yo habré oído.” Isaías 65:24.

a1¡Qué obra tan veloz! El Señor nos oye antes de que llamemos; y con frecuencia responde con la misma prontitud. Previendo nuestras necesidades, y nuestras oraciones, arregla la providencia de tal manera que antes de que surja realmente la necesidad, Él la satisface, y antes de que la tribulación asedie, Él nos arma contra ella. Esta es la prontitud de la omnisciencia, y a menudo la hemos visto ejercitada. Antes de que soñáramos con la aflicción que venía, ya había llegado la poderosa consolación que había de sustentarnos a lo largo de ella. ¡Contamos con un Dios que responde las oraciones!

La segunda cláusula nos sugiere el teléfono. Aunque Dios esté en el cielo y nosotros en la tierra, Él hace que nuestra palabra, al igual que Su propia palabra, viaje muy velozmente. Cuando oramos correctamente, hablamos al oído de Dios. Nuestro agraciado Mediador presenta nuestras peticiones de inmediato, y el grandioso Padre las oye y les sonríe. ¡Qué grandioso es orar! ¿Quién no se entregaría de lleno a la oración, sabiendo que el Rey de reyes le oye? Hoy voy a orar con fe, no solamente creyendo que seré oído, sino que soy oído; no solamente sabiendo que Él me responderá, sino que ya tengo la respuesta. ¡Santo Espíritu, ayúdame en esto!

La Chequera del Banco de la Fe. Traducción de Allan Román

“Tú eres mi lámpara, oh Jehová; mi Dios alumbrará mis tinieblas.” 2 Samuel 22:29

12 de Agosto

“Tú eres mi lámpara, oh Jehová; mi Dios alumbrará mis tinieblas.” 2 Samuel 22:29

a1¿Estoy en la luz? Entonces Tú, oh Señor, eres mi lámpara. Si te alejaras, mi gozo partiría; pero en tanto que estés conmigo, puedo prescindir de las antorchas del tiempo y de las lámparas del consuelo creado. ¡Qué luz derrama sobre todas las cosas la presencia de Dios! Nos enteramos de u aro que podía ser visto desde una distancia de veinte millas, pero nuestro Jehová no sólo es un Dios que tenemos a la mano, sino que es visto desde lejos, incluso en el país del enemigo. Oh, Señor, cuando Tu amor llena mi corazón, soy tan feliz como un ángel. Tú eres todo mi deseo.

¿Estoy en tinieblas? Entonces Tú, oh Señor, alumbrarás mis tinieblas. Muy pronto las cosas cambiarán. Los asuntos podrían tornarse más y más funestos, y las nubes podrían ir acumulándose; pero si se pusiera tan oscuro que no pudiera ver ni mi propia mano, todavía veré la mano del Señor. Cuando no pueda encontrar una luz dentro de mí, ni entre mis amigos, ni en el mundo entero, el Señor, que dijo: “Sea la luz”, y fue la luz, puede decir lo mismo de nuevo. Por Su palabra mis tinieblas serán alumbradas. No moriré, sino viviré. El día está naciendo. Este precioso texto brilla como la estrella matutina. Batiré mis manos de gozo antes de que pasen muchas horas.

La Chequera del Banco de la Fe. Traducción de Allan Román

“Jehová empobrece, y él enriquece; abate y enaltece.” 1 Samuel 2:7

10 de Agosto

“Jehová empobrece, y él enriquece; abate y enaltece.” 1 Samuel 2:7

a1Todos mis cambios provienen de Aquel que nunca cambia. Si me hubiese vuelto rico, debí haber visto Su mano en ello, y debí haberlo alabado; he de ver igualmente Su mano si empobrezco, y he de alabarle de todo corazón. Cuando bajamos en el mundo, es por el Señor, y por ello debemos tomarlo pacientemente: cuando subimos en el mundo, es por el Señor, y hemos de aceptarlo agradecidamente. En cualquier caso, el Señor lo ha hecho, y está muy bien.

Parecería que la manera de operar del Señor es de abatir a aquellos que tiene la intención de enaltecer, y de desnudar a los que tiene la intención de vestir. Si es Su manera de hacerlo, entonces es la manera más sabia y la mejor. Si estoy experimentando ahora el abatimiento, haría bien en regocijarme, pues veo en ello el prefacio del enaltecimiento. Entre más seamos humillados por la gracia, más seremos exaltados en gloria. Ese empobrecimiento que será tornado para nuestro enriquecimiento, ha de ser bienvenido.

Oh Señor, últimamente Tú me has abatido, y me has hecho sentir mi insignificancia y mi pecado. No es una experiencia agradable, pero te suplico que la conviertas en algo benéfico. ¡Oh, que de esta manera me habilites para soportar un mayor peso de deleite y de utilidad; y cuando esté listo para ello, entonces concédemelo, por Cristo nuestro Señor! Amén.

La Chequera del Banco de la Fe. Traducción de Allan Román

“Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto.” Juan 15:2.

9 de Agosto

“Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto.” Juan 15:2.

a1Esta es una preciosa promesa para alguien que vive para la fecundidad. Al principio, parece mostrar un aspecto severo. ¿Tiene que ser podada la rama fructífera? ¿Es preciso que el cuchillo corte a los mejores y a los más útiles? Sin duda así es, pues gran parte de la obra de purificación de nuestro Señor es llevada a cabo por medio de aflicciones de un tipo o de otro. No son los malvados sino los buenos los que reciben la promesa de tribulación en esta vida. Pero, entonces, el fin compensa con creces la dolorosa naturaleza de los medios. Si podemos producir más fruto para nuestro Señor, no nos importará la poda ni la pérdida de follaje.

Aun así, la limpieza es obrada algunas veces por la Palabra aparte de la tribulación, y esto elimina cualquier cosa que pudiera parecer dura en el sabor de la promesa. Por la Palabra seremos hechos más agraciados y más útiles. El Señor, que nos ha hecho fructíferos, en una medida, operará en nosotros hasta que alcancemos un grado más alto de fecundidad. ¿Acaso no este un grande gozo? En verdad hay más consuelo en una promesa de fecundidad que si se nos hubiesen garantizado riquezas, o salud u honor.

¡Señor Jesús, apresúrate a cumplir en mí Tu palabra de gracia, y hazme abundar en fruto para tu alabanza!

La Chequera del Banco de la Fe. Traducción de Allan Román

“Jehová el Señor me ayudará.” Isaías 50:7.

8 de Agosto

“Jehová el Señor me ayudará.” Isaías 50:7.

a1Estas son, en profecía, las palabras del Mesías en el día de Su obediencia hasta la muerte, cuando dio Su cuerpo a los heridores, y Sus mejillas a los que le mesaban la barba. Él confiaba en el sustento divino, y esperaba en Jehová.

¡Oh alma mía, tus aflicciones son como el polvito de la balanza, comparadas con las aflicciones de tu Señor! ¿Acaso no puedes creer que el Señor Dios te ayudará? Tu Señor estaba en una posición peculiar; pues como el representante de los hombres pecadores—su sustituto y su sacrificio—era necesario que el Padre lo dejara, y lo condujera a experimentar la deserción del alma. Una tal necesidad no es impuesta sobre ti: tú no estás obligado a clamar: “¿Por qué me has desamparado?” El Salvador aun en esa condición confió en Dios, y ¿no podrías hacerlo tú? Él murió por ti, y de esta manera hizo imposible que seas dejado solo; por tanto, ten buen ánimo.

En los trabajos y en las pruebas de este día, digan: “Jehová el Señor me ayudará.” Salgan valerosamente. Pongan su rostro como un pedernal, y tomen la determinación de que ningún desmayo ni timidez se apoderarán de ustedes. Si Dios ayuda, ¿quién puede impedirlo? Si están seguros de la omnipotente ayuda, ¿qué podría ser demasiado pesado para ustedes? Comiencen el día con gozo, y no permitan que ninguna sombra de duda se interponga entre ustedes y el eterno brillo del sol.

La Chequera del Banco de la Fe. Traducción de Allan Román