Aconsejando efectivamente a las ovejas | Luis Méndez

Aconsejar es el proceso por el cual buscamos la ayuda y dirección de Dios en una circunstancia particular. Más específicamente, la consejería bíblica provee esa ayuda primordialmente mediante el uso y aplicación de las Escrituras. Todo creyente es parte de un proceso de discipulado donde experimenta crecimiento en santificación progresiva. Pero la consejería es un proceso enfocado para tratar una necesidad particular. Algunos lo llaman un proceso de discipulado intensivo.

La fuente y el agente de la consejería
En Romanos 15, Pablo explica dos elementos clave del proceso de consejería. En el verso 4 el apóstol describe el primer elemento del proceso: la fuente. Él dice: “Porque las cosas que se escribieron antes, para nuestra enseñanza se escribieron, a fin de que, por la paciencia y la consolación de las Escrituras, tengamos esperanza” (Ro. 15:4). En otras palabras, el proceso de llevar esperanza a un alma necesitada dependerá esencialmente de ministrar las Escrituras. Esa es la fuente por la cual Dios da gozo, consuelo, fortaleza, y guía. ¡Esa distinción es importante! Aunque, como seres humanos, nuestras palabras pueden mostrar afecto y atención, la realidad es que el alma solamente podrá ser sanada y fortalecida si es expuesta a la Palabra de Dios. En adición a la fuente, Pablo también describe el segundo gran elemento del proceso: el agente de la consejería, que es el Espíritu Santo. En el verso 13 el apóstol declara: “Y el Dios de esperanza os llene de todo gozo y paz en el creer, para que abundéis en esperanza por el poder del Espíritu Santo” (Ro. 15:13). En otras palabras, el proceso de llevar esperanza a un alma necesitada dependerá de la intervención particular del poder del Espíritu Santo. Ese es el agente por el cual Dios aplica la Palabra al corazón. Entonces ahí está la combinación. Por un lado tenemos la Palabra inspirada y por el otro tenemos al Espíritu Santo. A manera de resumen, la consejería bíblica es:

El proceso por el cual un creyente (consejero) toma la Palabra de Dios,
la enseña de manera sistemática a otra persona en necesidad (el aconsejado),
y mediante oración se encomiendan a la obra del Espíritu Santo para encontrar la ayuda necesaria.
¡Hablamos, entonces, de teología aplicada! Dicho lo anterior, es obvio que el proceso de consejería bíblica comienza en Dios y termina en Dios. Nosotros somos instrumentos en las manos de un Dios redentor. ¡El que sana es el Señor! Nuestra labor es acercar a los necesitados a Jesús para que Él pueda sanarles Necesitamos humildad y fe para confiar en el poder de Dios, y necesitamos gracia para amar las almas necesitadas.

El proceso comienza en Dios y termina en Dios. Nosotros somos instrumentos en las manos de un Dios redentor. ¡Quien sana es Dios!

Siendo efectivos al aconsejar
A continuación veremos algunos consejos prácticos que nos ayudarán a realizar la consejería bíblica de una manera más efectiva y ordenada. 1. Comienza contigo mismo. Necesitamos ser gente que practica la piedad (1 Ti. 4:8). Si queremos ser usados por Dios, debemos cultivar el gozo de su presencia. Tenemos un llamado que demanda una vida de santidad. Debemos ser gente sensible a la voz del Espíritu para apartarnos del pecado y llenarnos de la Palabra para cultivar fe en sus promesas. Necesitamos la gracia de Dios que nos mantenga cerca de Él. No me refiero a ser completamente perfectos, sino a vivir buscando tener una limpia conciencia delante de Dios y de los hombres (1 Pe. 3:21). Esa santa dependencia en Dios nos hará hombres más sensibles a la hora de recibir sabiduría de Dios, para luego transferirla a otros. 2. Encuentra ayuda en la oración. Esto incluye un tiempo de oración individual y junto con el aconsejado. La oración nos hace conscientes de nuestra necesidad, y al mismo tiempo nos hace conscientes del poder de Dios. Es un simple reconocimiento de nuestra absoluta dependencia de Él. Muchas de las dificultades que enfrentamos en este mundo son parte de la lucha espiritual, y la oración es una de las armaduras que Dios ha provisto para combatir adecuadamente. Cuando el apóstol Pablo quiso ilustrar la necesidad de ser protegidos por el poder de Dios en medio de nuestras luchas, lo expresó así: “Con toda oración y súplica orad en todo tiempo en el Espíritu, y así, velad con toda perseverancia y súplica por todos los santos” (Ef. 6:19).

Muchas de las dificultades que enfrentamos en este mundo son parte de la lucha espiritual, y la oración es una de las armaduras que Dios ha provisto para combatir adecuadamente.

  1. La preparación es clave. Si la consejería se realiza de manera formal como parte del ministerio de la iglesia, será muy útil tener formularios de información que puedan ayudar a entender con antelación la necesidad del aconsejado. Esto ayudará también a disponer de recursos de lectura que puedan ser asignados esta persona. Si la consejería se realiza de manera informal, será recomendable disponer de un lugar apropiado que permita la suficiente privacidad. La idea es que dejemos en claro que se le ha dado la debida importancia a la necesidad del aconsejado, independiente del lugar donde la consejería suceda. 4. Concéntrate en entender el problema. Aprender a hacer buenas preguntas es una parte crucial del proceso de la consejería. Debemos entender la historia del aconsejado y procesarla juntos. Usualmente las preguntas que requieran una explicación extensa son las mejores. Por ejemplo: ¿Qué pasó? ¿Cuándo pasó? ¿Cómo pasó? ¿Por qué hiciste lo que hiciste? ¿Por qué piensas así? Más que ser muy técnicos, debemos orar por un deseo de conocer y ayudar al aconsejado. Aquí se demuestra nuestro sincero interés hacia él. Debemos escuchar y leer el lenguaje no verbal, los gestos y reacciones, pues esto nos ayudará grandemente a discernir la realidad del problema. Entender la problemática nos tomará tiempo, y muy probablemente serán necesarias varias sesiones de trabajo. Para resolver un problema debemos asegurarnos de entenderlo apropiadamente, de lo contrario corremos el riesgo de convertirnos en necios. Proverbios 18:13 advierte claramente: “El que responde antes de escuchar, cosecha necedad y vergüenza”. 5. Escudriña la Palabra. Aunque la consejería no debe ser mecánica, ayuda mucho estudiar previamente algunos pasajes específicos, sobre todo para la primera sesión, ya que en esta el aconsejado usualmente viene más desanimado y necesitado. Este material se convierte en una especie de devocional para llevar las almas necesitadas a Dios. Al fin de cuentas, lo que sana es la Palabra. Así que independientemente de cómo progrese la conversación con el aconsejado, siempre debe haber un momento para ministrar la Palabra. Este es el momento más importante. Es una contradicción cuando se habla de consejería bíblica y no hay espacio para ministrar la Palabra. ¡Tiene que haber un momento cuando callemos y demos paso a que Dios hable! Como consejeros debemos aplicarnos de manera intencional para conocer nuestra Biblia lo mejor que podamos. Ella es la principal herramienta y arma ofensiva que tenemos (Ef. 6:17), por lo que debemos ser gente que conoce, estudia, entiende, y aplica la Palabra (Jn. 5:39; 10:17, 2 Ti. 3:16).

Debemos aplicarnos de manera intencional para conocer nuestra Biblia lo mejor que podamos. Ella es la principal herramienta y arma ofensiva que tenemos, por lo que debemos ser gente que conoce, estudia, entiende, y aplica la Palabra.

  1. Provee esperanza. Al final del día, en medio de una dificultad, lo que nos sostendrá es el ver a Dios. Un escenario, sin importar la condición, no estará completo si no somos capaces de ver a Dios en él. La consejería tiene como propósito principal llevarnos a Dios, sea para confiarle nuestros momentos de aflicción o para temerle en momentos de desobediencia.

La consejería tiene como propósito principal llevarnos a Dios, sea para confiarle nuestros momentos de aflicción o para temerle en momentos de desobediencia.

Dios es nuestra porción, y nuestra alma no será sanada hasta que seamos acercados a Él. En los casos de aflicción, el consuelo no vendrá cuando se resuelva el problema, sino cuando seamos capaces de ver a Dios en medio del problema. En Lamentaciones 3 encontramos esa preciosa transición del desconsuelo a una esperanza viva. Luego de narrar uno de los cuadros más desconsoladores en la Biblia, encontramos esta declaración:

“Esto traigo a mi corazón, por esto tengo esperanza: Que las misericordias del Señor jamás terminan, pues nunca fallan sus bondades; son nuevas cada mañana; ¡grande es tu fidelidad! El Señor es mi porción —dice mi alma— por eso en El espero. Bueno es el Señor para los que en El esperan, para el alma que le busca. Bueno es esperar en silencio la salvación del Señor”, Lamentaciones 3:21-26.
En medio de nuestras angustias necesitamos acercarnos a Dios para alcanzar esa esperanza que da fuerza para seguir esperando en Él. 7. Dale seguimiento al aconsejado. Nuestro enfoque al aconsejar no son los efectos, sino las causas. Muy pocas veces un problema requerirá de una sola sesión. Debemos aprender a elaborar una agenda de trabajo de acuerdo a los problemas identificados. Las dificultades que confrontamos en la vida están intrínsecamente relacionadas con nuestro corazón. Lo que vemos usualmente son los efectos, pero la causa siempre es más profunda y está ligada a lo que amamos en el corazón. Nuestro Señor Jesucristo lo ilustró de esta manera:

“Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios, los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, la lascivia, la envidia, la maledicencia, la soberbia, la insensatez. Todas estas maldades de dentro salen, y contaminan al hombre”, Mateo 7:21-23.
Nuestro enfoque al aconsejar no son los efectos, sino las causas.

  1. Asigna tareas. Una manera de llegar a la causa del problema es asignando tareas. Además de que esto ahorrar un tiempo significativo en la sesión, las tareas proveen un mecanismo extraordinario para que el aconsejado pueda profundizar en las verdades consideradas, y al mismo tiempo facilitan un mecanismo de seguimiento durante el proceso. Las asignaciones deben ser lo más específicas posible. Por ejemplo:

Escribe 20 cosas que aprendiste del devocional que hicimos hoy.
Dame 15 sugerencias prácticas de cómo piensas mostrar tu amor a tu cónyuge esta semana.
Lee un pasaje asignado tres veces durante la semana y trae diez observaciones sobre eso.
Para una pareja con problemas en la relación, quizá pueda ser útil guardar un diario que registre sus conflictos durante la semana, que incluya:

Cuándo sucedió el problema.
Qué pasó exactamente.
Dónde paso.
Cómo lo resolvieron.
Etc.

  1. Algunas precauciones necesarias. Siempre es necesario cultivar algunas medidas de precaución. Una de ellas llene que ver con la consejería a una persona del sexo opuesto. En el caso de un pastor, lo ideal sería que equipemos a nuestras hermanas más maduras en la fe para ejercer este rol. Cuando sea inevitable aconsejar una mujer, lo más sabio es incluir a tu esposa o alguna otra hermana de madurez espiritual, para evitar cualquier conexión emocional incorrecta. Por otro lado, recordemos que nuestro rol es llevar al aconsejado a Cristo. Él es el Gran Pastor. Debemos de tener cuidado de no cultivar en nuestros aconsejados un sentido de codependencia que haga difícil su crecimiento natural con Cristo. Nuestro principal rol es ayudarles a crecer, no establecer un control desmedido sobre ellos. Aunque el ámbito de la consejería bíblica demanda cada vez mayor entrenamiento y preparación, debemos entender que aconsejar es un deber que todo verdadero creyente debe ser capaz de ejercer. Todo discípulo de Cristo debe ser un discipulador, porque tiene la Palabra inspirada y también al Espíritu. En ese sentido, los líderes de las iglesias debemos de ser más intencionales, no solo en prepararnos mejor, sino también en equipar a otros en nuestras iglesias para que puedan cumplir la obra del ministerio (Ef. 4:12). Que el Dios de toda gracia nos conceda ser una generación donde, como parte del crecimiento natural que experimentamos como creyentes, su Palabra sea aplicada, su cruz exaltada, y su nombre glorificado.


Luis Méndez es pastor, sirve como consejero pastoral desde hace más de una década. Fue el director Pastoral del Ministerio Hispano de la iglesia Bethlehem, en Minnesota (Estados Unidos), hasta entrar al cuerpo pastoral de la Iglesia Bautista Internacional en Santo Domingo, República Dominicana. Puedes encontrarlo en Twitter: @luisdvilma.

No puedo continuar así

Lunes 3 Abril

Sabemos que el Hijo de Dios ha venido, y nos ha dado entendimiento para conocer al que es verdadero; y estamos en el verdadero, en su Hijo Jesucristo. Este es el verdadero Dios, y la vida eterna.

1 Juan 5:20

Si el Hijo (de Dios) os libertare, seréis verdaderamente libres.

Juan 8:36

No puedo continuar así

Jason, un niño maltratado por su padrastro, se refugió en el rugby para escapar de su difícil vida. A los 17 años huyó de su casa y cayó en la terrible espiral del alcoholismo. Él confesó:

–Estaba buscando algo. Buscaba la felicidad en el dinero, en los bienes materiales, el alcohol, las relaciones… ¡Pero nada de esto podía llenar el vacío que había en mí! La bebida se convirtió en un refugio, y cuantos más problemas tenía, más bebía…

Un día conoció a Inga, un jugador de rugby extranjero. Este le habló del gozo que había encontrado al conocer a Jesús, y le dijo que orar a Dios podría ayudarle.

La curiosidad de Jason se despertó. Luego, al ver el interés con que Inga leía la Biblia, Jason quiso saber más y se preguntaba cómo este hombre podía ser tan feliz. Sus conversaciones se fueron profundizando. Jason sintió que debía tomar una decisión en su vida:

–No puedo continuar así. No quiero vivir más de esta manera; necesito ayuda.

Una conversación decisiva con su amigo terminó con esta pregunta:

–¿Quieres invitar a Jesús a tu corazón? Jason aceptó.

–Aquella mañana pedí a Jesús que entrara en mi vida. Sus palabras eran realmente para mí: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar” (Mateo 11:28). En ese momento, cuando entregué mi vida al Señor Jesús, sentí que se me quitaba un gran peso.

“Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros” (Santiago 4:8).

Ezequiel 27 – Gálatas 4 – Salmo 38:15-22 – Proverbios 12:25-26

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

No puedo continuar así

Lunes 3 Abril

Sabemos que el Hijo de Dios ha venido, y nos ha dado entendimiento para conocer al que es verdadero; y estamos en el verdadero, en su Hijo Jesucristo. Este es el verdadero Dios, y la vida eterna.

1 Juan 5:20

Si el Hijo (de Dios) os libertare, seréis verdaderamente libres.

Juan 8:36

No puedo continuar así

Jason, un niño maltratado por su padrastro, se refugió en el rugby para escapar de su difícil vida. A los 17 años huyó de su casa y cayó en la terrible espiral del alcoholismo. Él confesó:

–Estaba buscando algo. Buscaba la felicidad en el dinero, en los bienes materiales, el alcohol, las relaciones… ¡Pero nada de esto podía llenar el vacío que había en mí! La bebida se convirtió en un refugio, y cuantos más problemas tenía, más bebía…

Un día conoció a Inga, un jugador de rugby extranjero. Este le habló del gozo que había encontrado al conocer a Jesús, y le dijo que orar a Dios podría ayudarle.

La curiosidad de Jason se despertó. Luego, al ver el interés con que Inga leía la Biblia, Jason quiso saber más y se preguntaba cómo este hombre podía ser tan feliz. Sus conversaciones se fueron profundizando. Jason sintió que debía tomar una decisión en su vida:

–No puedo continuar así. No quiero vivir más de esta manera; necesito ayuda.

Una conversación decisiva con su amigo terminó con esta pregunta:

–¿Quieres invitar a Jesús a tu corazón? Jason aceptó.

–Aquella mañana pedí a Jesús que entrara en mi vida. Sus palabras eran realmente para mí: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar” (Mateo 11:28). En ese momento, cuando entregué mi vida al Señor Jesús, sentí que se me quitaba un gran peso.

“Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros” (Santiago 4:8).

Ezequiel 27 – Gálatas 4 – Salmo 38:15-22 – Proverbios 12:25-26

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Un amor duradero

Domingo 2 Abril

Que (las ancianas) enseñen a las mujeres jóvenes a amar a sus maridos y a sus hijos, a ser prudentes, castas, cuidadosas de su casa, buenas, sujetas a sus maridos.

Tito 2:4-5

El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo… todo lo espera.

1 Corintios 13:4-7

Un amor duradero

Bernardo y Sonia estaban casados desde hacía diez años y tenían cuatro hijos. Al principio estaban muy enamorados, pero con el paso del tiempo, poco a poco, se fueron alejando uno del otro. Bernardo pasaba más tiempo frente al ordenador que con su familia… y la responsabilidad del hogar pesaba cada vez más sobre Sonia.

Un día ella contó su situación a una amiga cristiana de más edad, y terminó diciendo con amargura:

–De todos modos ya no lo amo…

Llena de simpatía, su amiga la escuchó y le respondió:

–¿Crees que amar al marido consiste solo en tener por él los mismos sentimientos del principio? Si así fuera, ¿por qué Dios manda a las mujeres mayores que enseñen a las más jóvenes a amar a sus maridos? ¡Amar a nuestro marido es algo que se aprende! No es una actitud pasiva, sino una decisión personal y voluntaria, una búsqueda concreta, práctica y cotidiana. El apóstol Pablo dice que el verdadero amor “no busca lo suyo”. En vez de pensar en lo que te frustra, pide cada día a tu Señor la fuerza para aplicar este simple principio, y que te libere del egoísmo que te hace infeliz. Ora por tu marido; pide a Dios que te ayude a hacerlo feliz; así lo verás de una forma diferente, y tú misma serás más feliz. Dios mismo se encargará de obrar en él para que una feliz relación se restablezca entre ustedes, para el gozo de su hogar y para la gloria de Dios.

Ezequiel 26 – Gálatas 3 – Salmo 38:9-14 – Proverbios 12:23-24

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¡Fuera, pájaros de maligno vuelo! | Charles Spurgeon

31 de marzo
«Entonces Rispa hija de Aja tomó una tela de cilicio, y la tendió para sí sobre el peñasco, desde el principio de la siega hasta que llovió sobre ellos agua del cielo; y no dejó que ninguna ave del cielo se posase sobre ellos de día, ni fieras del campo de noche».
2 Samuel 21:10

Si el amor de una mujer hacia sus hijos muertos pudo hacer que ella prolongase su triste vigilia por tan largo tiempo, ¿nos cansaremos nosotros de considerar los sufrimientos de nuestro bendito Señor? Ella ahuyentó las aves de rapiña. ¿No disiparemos nosotros de nuestras meditaciones los pensamientos mundanos y pecaminosos que manchan nuestras mentes y los sagrados temas en los cuales estamos ocupados? ¡Fuera, pájaros de maligno vuelo! ¡Dejad el sacrificio! Rispa soportó sola y sin refugio los calores del verano, el rocío de la noche y las lluvias. El sueño había huido de sus humedecidos ojos; su corazón estaba demasiado lleno como para dormitar. ¡Ved cómo amaba a sus hijos! ¡Así resistió Rispa! ¿Y nos retiraremos nosotros ante el primer inconveniente o la primera prueba? ¿Somos tan cobardes que no podemos resignarnos a sufrir con nuestro Señor? Rispa ahuyentó aun a las fieras con un coraje nada común para su sexo. ¿Y no estaremos nosotros prontos a hacer frente a cualquier enemigo por amor de Jesús? A estos hijos de Rispa los mataron manos extrañas, sin embargo ella lloró y veló. ¿Qué deberíamos entonces hacer nosotros, ya que por causa de nuestros pecados se crucificó a nuestro Señor? Nuestras obligaciones son ilimitadas: nuestro amor debiera ser ferviente y nuestro arrepentimiento completo. Velar con Jesús tendría que ser nuestra ocupación; permanecer cerca de la cruz, nuestro solaz.

Aquellos horribles cadáveres bien podían espantar a Rispa, especialmente por la noche; pero en nuestro Señor, al pie de cuya cruz estamos sentados, no hay nada repugnante, sino que todo es atractivo. Nunca hubo una belleza viviente tan encantadora como la del Salvador agonizante. Jesús, nosotros velaremos contigo aún un poco más, y tú revélate benignamente a nosotros: entonces sobre nuestras cabezas no habrá tela de cilicio, sino que estaremos sentados en un pabellón real.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar (S. D. Daglio, Trad.; 4a edición, p. 99). Editorial Peregrino.

La Cena del Señor

Viernes 31 Marzo
(Jesús) habiendo dado gracias, lo partió, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo que por vosotros es partido; haced esto en memoria de mí. Asimismo tomó también la copa, después de haber cenado, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre; haced esto todas las veces que la bebiereis, en memoria de mí.
1 Corintios 11:24-25

La Cena del Señor
Durante el culto, nos conmovimos de forma especial cuando la Cena se distribuye entre nosotros. En el momento de tomar el pan, nuestros corazones rebosan de agradecimiento por el amor de Jesús, quien dio su vida por nosotros.

El apóstol Pablo, después de revelar el significado de la cena conmemorativa a la iglesia de Corinto, pronunció palabras poderosas: “Todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga” (1 Corintios 11:26). La Cena del Señor no es un rito, sino una respuesta del corazón de los creyentes al deseo del Señor Jesús. Pone a Cristo en el centro, nos habla de su amor, de su sacrificio, de su cruz. Anuncia a quienes nos ven que Jesús murió por nosotros y por ellos. Tomar el pan y beber la copa son gestos sin palabras, ¡pero muy elocuentes!

Jesús nos pidió que celebrásemos la Cena para que no nos olvidemos de sus sufrimientos, de su muerte y de su sangre derramada, para que su sacrificio siempre esté presente en los pensamientos y en los afectos de los cristianos. Estos gestos manifiestan el amor que Cristo nos mostró al morir en la cruz. ¡Cuán agradecidos podemos estar!

“Si decimos que tenemos comunión con él, y andamos en tinieblas, mentimos, y no practicamos la verdad; pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado” (1 Juan 1:6-7).

Ezequiel 24 – Gálatas 1 – Salmo 37:35-40 – Proverbios 12:19-20

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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No dejes que tu mente se pierda | PorJohn Piper

La marihuana es usualmente usada como una droga que altera el humor y la mente, cuyo propósito es crear un tipo de euforia. Los efectos varían ampliamente de persona a persona. Lo único que debes hacer es buscar en Internet: “¿Cómo se siente la marihuana?”. Las personas no la fuman para ponerse tristes. Produce un estado temporal que se siente mejor que la vida real. Es por eso que se llama “estimulante” y no depresora.

La primera comparación que uno se inclinaría a hacer es con la cafeína. La mayoría de las personas toman café porque la cafeína tiene un efecto placentero. Sin embargo, hay una diferencia. La marihuana altera temporalmente el procesamiento confiable de la realidad que nos rodea. La cafeína generalmente agudiza ese procesamiento.

La mayoría de los bebedores de cafeína esperan mantenerse despiertos, hacer su trabajo de forma más confiable y conducir con mayor seguridad. Seguramente, es posible abusar de la cafeína, pero, como un estimulante natural, se utiliza más comúnmente en un esfuerzo para interactuar responsablemente con la realidad, y no como un escape de la misma.

Aún aquellos que abogan por la legalización de la marihuana aceptan los descubrimientos de las investigaciones sobre las alteraciones en el funcionamiento que provoca. Un sitio como estos, reconoce:

“Los efectos a corto plazo de la marihuana incluyen cambios inmediatos y temporales en los pensamientos, percepciones y procesamiento de información. El proceso cognitivo que se ve claramente afectado por la marihuana es la memoria a corto plazo. En estudios de laboratorio, los sujetos bajo la influencia de la marihuana no tienen problemas en recordar cosas que aprendieron previamente. Sin embargo, muestran capacidad reducida para aprender y traer a memoria nueva información. Esta reducción solo se extiende durante la intoxicación. No hay evidencia verídica de que el uso a largo plazo de la marihuana altere la memoria u otras funciones cognitivas”.

Otros estudios sugieren que el efecto en la función disminuída del cerebro dura más, especialmente en los adolescentes.

En consecuencia, a diferencia de la cafeína, la marihuana no es considerada como una droga que te permite ser un padre más alerta, o una madre más consciente, o un empleado más competente. En su lugar, para la mayoría de los usuarios, es un escape recreacional que produce reducción en la precisión de observación, memoria y razonamiento. Y, puede tener efectos negativos duraderos en la habilidad de la mente para cumplir el propósito para lo que Dios la creó.

Tu cuerpo no es tuyo

En vista de esto, hay al menos dos verdades bíblicas que nos guiarían lejos del uso recreacional de la marihuana. La primera es que, para el cristiano, el cuerpo es templo del Espíritu Santo. Esa simple enseñanza, en contexto, debería tener un efecto enorme.

¿O no sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, que está en vosotros, el que tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios. (1Co 6:19-20)

Cuando mi madre me dijo que no fumara, por ejemplo, o que no tuviera sexo antes del matrimonio porque mi cuerpo era templo del Espíritu Santo, entendi. Eso tenía sentido. Era una barrera inamovible entre la autodestrucción y yo. Mi cuerpo le pertenecía a Dios. No era para mi uso recreacional en cualquier forma que se me ocurriera. Era para Su gloria.

Si yo estuviera criando niños nuevamente hoy en día, diría: “Tu cuerpo es el templo del Espíritu Santo. No eres dueño de tí mismo. Fuiste salvado por la sangre de Jesús. Pregúntate, ¿hace esto que Jesús se vea como el tesoro que es?”. Yo me preguntaría eso acerca de fumar, alcoholizarse, utilizar la marihuana de forma recreacional, ser sedentariamente perezoso, ser comilón, mirar la televisión de forma banal, y muchas otras cosas.

Y agregaría: “El cuerpo no es para la fornicación, sino para el Señor, y el Señor para el cuerpo” (1Co 6:13). Mantenlo limpio y listo para su uso. No inutilices las capacidades de ver claramente, de observar con precisión, de pensar correctamente, y de pensar útilmente que el Señor te ha dado. Yo me preguntaría: “¿Puedes encomendar a Cristo verdaderamente a tus amigos durante un momento de estimulación de marihuana?”.

Tu mente es invaluable

La segunda verdad bíblica que nos alejaría del uso recreacional de la marihuana es que Dios nos dió mentes y corazones para conocerlo, amarlo y discernir Su voluntad. “Sed niños en la malicia, pero en la manera de pensar sed maduros” (1Co 14:20). No te transformes en un pecador experimentado en aprender los disparates del pecado. Ten el deseo de ser un bebé inexperimentado cuando se trate de compartir drogas inhibidoras de la mente. Ten la mente clara sin importar nada más. Deja que la manada se vaya en estampida por el acantilado sin tí en ella. Usa tu mente para advertirles, no para unirteles.

En cuanto al embriagamiento (porque una estimulación de marihuana es una forma de embriagamiento), la Biblia dice que “al final como serpiente muerde, y como víbora pica. Tus ojos verán cosas extrañas, y tu corazón proferirá perversidades” (Pro 23:32-33). En otras palabras, aleja de la sobriedad mental y autocontrol esenciales al usar la mente para la gloria de Dios.

¿Qué hay del uso medicinal?

Pero habiendo dicho eso, dudo que debamos oponernos al uso médico regulado de la marihuana, controlado por la revisión y prescripción apropiada de un médico. Muchas drogas se venden por prescripción porque, si fueran abusadas, serían mucho más destructivas que la marihuana. Tengo un amigo que compartió conmigo muy sobriamente que su hijo tenía una lesión de por vida, y que el único alivio que podía tener era de una pequeña dosis de marihuana.

Pero el punto aquí es principalmente decir que aquellos que viven para Cristo querrán alejarse de la marihuana y otras drogas destructivas que alteran el humor, y vivir en torno a la vista y pensamiento claros para la gloria de Dios.

Este artículo se publicó originalmente en Desiring God.

John Piper
http://desiringgod.org
John Piper es fundador y maestro de desiringGod.org y ministro del Colegio y Seminario Belén. Durante 33 años, trabajó como pastor de la Iglesia Bautista Belén en Minneapolis, Minnesota. Es autor de más de 50 libros.

Examinemos nuestros caminos | Charles Spurgeon

30 de marzo
«Examinemos nuestros caminos y escudriñémoslos, y volvamos al SEÑOR».
Lamentaciones 3:40 (LBLA)

La esposa que tiernamente ama a su esposo ausente ansía su regreso; una prolongada separación de su señor es para su espíritu como media muerte. Así acontece con las almas que aman mucho al Salvador: tienen que ver su faz; no pueden soportar que él esté en los montes de Beter y las deje privadas de su comunión. Una mirada de reproche, un dedo levantado, será penoso para los hijos amantes que temen ofender a su tierno padre y que solo son felices con su sonrisa. Querido amigo, así sucedió una vez contigo. Un texto de las Escrituras, una amenaza, un toque de la vara de la aflicción y, enseguida, fuiste a los pies de tu Padre clamando: «Muéstrame por qué pleiteas conmigo». ¿Pasa lo mismo ahora o estás contento con seguir a Jesús de lejos? ¿Puedes contemplar sin alarmarte que se ha interrumpido tu comunión con Cristo? ¿Eres capaz de tolerar que tu Amado ande en dirección contraria a la tuya, porque tú caminas en dirección opuesta a la de él? ¿Han hecho tus pecados separación entre ti y tu Dios y tu corazón está tranquilo? ¡Oh, permíteme exhortarte cariñosamente!, porque es penoso que podamos vivir en paz sin el presente disfrute del rostro del Salvador. Esforcémonos por sentir lo malas que son estas cosas: el poco amor a nuestro agonizante Salvador, el poco gozo en nuestro precioso Jesús, el poco compañerismo con el Amado… Celebra una verdadera Cuaresma en tu alma mientras te lamentas por la dureza de tu corazón. ¡No detengas el lamento! Recuerda dónde recibiste la salvación. Ve enseguida a la cruz: allí, y solo allí, puedes lograr que tu espíritu se aliente. No importa cuán duros, cuán insensibles, cuán muertos hayamos llegado a estar. Vayamos otra vez con todos los andrajos, la pobreza y la contaminación de nuestra condición natural. Abracemos aquella cruz; fijémonos en aquellos lánguidos ojos; bañémonos en aquella fuente llena de sangre: esto nos hará volver al primer amor; esto restaurará la sencillez de nuestra fe y el afecto de nuestro corazón.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar (S. D. Daglio, Trad.; 4a edición, p. 98). Editorial Peregrino.

Compartir una comida

Jueves 30 Marzo
(Jesús dijo:) He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo.
Apocalipsis 3:20
La comunión (5)
Compartir una comida

Compartir una comida con una persona a menudo tiene un valor simbólico, pues la comida es un momento privilegiado para intercambiar opiniones.

Así, en varios pasajes de la Biblia, las comidas ofrecen la oportunidad para hablar, pero también para reconciliarse y hacer alianzas (Génesis 18:8; 31:54; 2 Samuel 9:13).

El Señor quiere hablar con nosotros, llama a nuestra puerta, se acerca a cada uno de nosotros para decirnos: ¡Ábreme la puerta de tu corazón! Entonces, simbólicamente, el Señor Jesús puede comer con nosotros. Y su presencia hace arder nuestros corazones con un gozo indecible.

¡Así se expresa nuestra comunión con él! Pero no fuerza al que no desea su presencia. El día de su resurrección caminó con dos discípulos, y esperó que lo invitasen para quedarse con ellos. Entonces, en el momento de la comida, sus ojos se abrieron y lo reconocieron como el Señor resucitado (Lucas 24:13-33).

Esta comunión se vive, sobre todo, cuando se celebra la Cena durante el culto (1 Corintios 10:16). Existe la comunión «horizontal», que une a los que participan: disfrutan de los mismos privilegios con respecto al Señor y están unidos entre ellos. También existe, y ante todo, la comunión «vertical», que une a cada uno con el Señor, y que une el conjunto (imagen de la Iglesia) a Cristo (el Esposo).

La Cena del Señor es el recuerdo de Aquel que dio su vida por nosotros. ¡Qué gozo poder participar en ella!

(fin. Primera parte el 2 de marzo)
Ezequiel 23:28-49 – Hechos 28:17-31 – Salmo 37:30-34 – Proverbios 12:17-18

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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Los hechos del Espíritu y de los apóstoles | Por Burk Parsons 

Nota del editor:Este es el primer capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: Hechos de los Apóstoles

Tal vez te sorprenda escuchar que Saint Andrew’s, la iglesia en la que el Dr. Sproul y yo servimos como pastores, tiene muchos miembros que han salido de iglesias pentecostales y carismáticas. Cuando se unen a nuestra congregación, los insto a no dejar atrás al Espíritu Santo. Pareciera que los creyentes de algunas iglesias presbiterianas y reformadas tienden a olvidarse de la persona y el poder del Espíritu Santo. Aunque no ha sido así a lo largo de la historia ni debería serlo desde el punto de vista doctrinal, tristemente a menudo parece que es así.

A veces, cuando algunos cristianos abrazan la doctrina de la soberanía de Dios y el modo pactual en que el Señor opera en la historia de la redención, pierden de vista la hermosa doctrina bíblica de la persona y la obra del Espíritu en y por medio de Su pueblo. Así, su teología, evangelismo, oraciones y adoración terminan sufriendo. Aunque conocen y pueden defender correctamente la doctrina de la causalidad primaria (Dios es la causa primaria de todo lo que acontece), parecen olvidar la doctrina de la causalidad secundaria (Dios ordena providencialmente que todo acontezca según la naturaleza de las causas secundarias en y por medio de Su creación y Sus criaturas). Sabemos que Dios es soberano sobre todo y que ha ordenado los fines, pero a menudo olvidamos que también ha ordenado los medios para alcanzar esos fines (Hch 2:23). Si bien es cierto que Dios conoce el fin desde el principio, también orquesta todo de forma sabia y providencial desde el principio hasta el final, tanto en la iglesia como en el mundo, tanto en el plano natural como en el plano sobrenatural. El Espíritu Santo inculca poder, equipa e infunde valentía en las personas en las que mora para que oren, prediquen, evangelicen, discipulen e incluso mueran.

Cuando abordamos la gran historia de la iglesia en el libro de los Hechos, suele surgir esta pregunta: ¿debemos llamar a este libro Hechos de los apóstoles o Hechos del Espíritu Santo? Bien podríamos darle ambos nombres. El relato de Lucas, al igual que todas las narraciones históricas que se han escrito (explícita o implícitamente), nos muestra la majestad soberana de la actividad redentora y misionera que nuestro Dios triuno lleva a cabo en el mundo en y por medio de vasos débiles y rotos como nosotros, quienes, por Su gracia, no podemos ni queremos dejar atrás al Espíritu Santo, que va delante de nosotros y mora en nosotros.

Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Burk Parsons
El Dr. Burk Parsons es pastor principal de Saint Andrew’s Chapel en Sanford, Florida, director de publicaciones de Ministerios Ligonier, editor de Tabletalk magazine, y maestro de la Confraternidad de Enseñanza de Ligonier. Él es un ministro ordenado en la Iglesia Presbiteriana en América y director de Church Planting Fellowship. Es autor de Why Do We Have Creeds?, editor de Assured by God y John Calvin: A Heart for Devotion, Doctrine, and Doxology, y co-traductor y co-editor de ¿Cómo debe vivir el cristiano? de Juan Calvino. Encuéntralo en Twitter @BurkParsons.