¿Qué es una mujer? | Catherine Sheraldi

¿Qué es una mujer?
CATHERINE SCHERALDI

Una de las grandes ironías de nuestra época es que mientras el mundo celebra hoy el Día de la Mujer, por lo general no pueden explicar exactamente y de manera razonable qué se debería celebrar hoy. Hay confusión sobre qué es una mujer y qué la hace única, en especial debido a que el feminismo ha distorsionado el verdadero rol de la mujer y sus características, y también por el auge de la ideología de género. ¿Qué es una mujer? En este escrito, quiero invitarte a reflexionar en cómo la Biblia y la ciencia nos ayudan a responder esta pregunta.

En el jardín del Edén, Dios creó una pareja binaria que consistía solo en un hombre y una mujer. Era una pareja con una naturaleza santa, que caminaba en relación íntima con su Creador como portadora de Su imagen. Dada la grandeza y sabiduría de Dios, Él creó dos géneros con grandes similitudes y diferencias para que, al vivir en armonía, lo pudieran reflejar ante el mundo de una manera mejor que si solo hubiera un género. Ambos, el hombre y la mujer, serían capaces de mostrar la sabiduría y grandeza de Dios.

Al ver a la pareja en el jardín notamos que eran iguales en dignidad, aunque tenían roles diferentes que cada uno aceptó (Gn 1:27-28; 2:15-18; 3:2-3). No obstante, a pesar de sus diferencias, cada uno valoraba al otro y juntos tenían una meta en común por la que trabajaban en equipo (2:23-23; 1:28). Como al comienzo no conocían el pecado, había una inocencia en sus formas de pensar y actuar, y cada uno confiaba en el otro (2:25; 3:2-3).

Es lamentable, pero en la actualidad tenemos una confusión respecto al género, porque la cosmovisión en auge en nuestra cultura está a años luz de la realidad diseñada por Dios. Hoy se afirma que el género no es binario y que es posible ser de un género y estar «atrapado» en el cuerpo del sexo opuesto, lo cual requiere nuestra «emancipación de dicha tiranía», como algunos han sugerido. Sin embargo, solo una generación individualista puede concluir que la esencia de una persona puede ser definida con base en los sentimientos, incluso si estos sentimientos son contrarios a la genética, embriología, endocrinología, neurobiología y neurofisiología.

Aunque la diferencia genética entre el hombre y la mujer es de solo un 1 %, las implicaciones de este porcentaje son inmensas en manos de un Dios sabio e infinito

La ciencia pone al descubierto el diseño radicalmente distinto del hombre y de la mujer. Por ejemplo, aunque parecen iguales en el aspecto anatómico, la función fisiológica es distinta en cada género. Aunque la diferencia genética entre el hombre y la mujer es de solo un 1 %, las implicaciones de este porcentaje son inmensas en manos de un Dios sabio e infinito. Con el descubrimiento de las resonancias funcionales y las tomografías por emisión de positrones, se han demostrado las diferencias en la función cerebral de cada género, lo que a su vez demuestra las diferencias en las habilidades de cada género.

Por ejemplo, desde el embarazo, el cerebro femenino experimenta cambios y se prepara para lidiar con la vida multitarea que se le avecina. A través de las feromonas, la madre es capaz de apegarse a su niño de una manera especial incluso antes de que nazca, no necesita esperar hasta ver a su bebé para amarlo. Además, estos cambios cerebrales producen que por lo general sea más paciente con las rabietas del niño al punto de inclinarse a consentirlo más, y entonces el padre usualmente balancea esta permisividad con la justicia. De esta forma, ambos demuestran diferentes aspectos del amor de Dios: la mujer llena de una manera particular la necesidad del niño de sentirse amado y el hombre lo prepara para enfrentarse con un mundo caído.

Dios siempre ha sido relacional; existe eternamente una relación perfecta entre las tres personas de la Trinidad. Con esto en mente, también podemos entender que Él ha formado a la mujer con una necesidad y capacidad particular de relacionarse con otros, de una manera distinta a la del hombre, y así ella también demuestra que Dios la creó conforme a Su imagen y semejanza. Su particularidad, por ejemplo, promueve en ella el deseo de armonía en las relaciones. Debido a las conexiones cerebrales que tiene, su reacción más común es evitar una confrontación, a diferencia del hombre (a quien le faltan algunas de estas conexiones y tiene más facilidad para confrontar). De nuevo, podemos ver que tanto el hombre como la mujer son necesarios para reflejar a Dios como Él ha diseñado que lo hagamos. Dios mismo nos buscó para quitar la enemistad que nuestro pecado produjo (2 Co 5:18-19), por lo que la disposición a confrontar en amor también es un aspecto del carácter de Dios que es necesario que reflejemos (Gn 3:11-19).

Al hablar sobre qué es una mujer, no podemos dejar de mencionar el rol de ayuda idónea que le fue otorgado en su creación

Al hablar sobre qué es una mujer, tampoco podemos dejar de mencionar el rol de ayuda idónea que le fue otorgado en su creación (2:18). Adán recibió las instrucciones de cuidar y cultivar el huerto antes de la creación de Eva (2:15); sin embargo, para llevar a cabo esta tarea asignada por Dios, fue necesario unir a dos personas con una multiplicidad de características típicas de su diseño. Entonces, a Adán se le otorgó el rol de ser cabeza y líder, mientras Eva lo complementaba para desarrollar la creación como fue ordenado por Dios (1:28). Aunque este rol de ayuda idónea alcanza una expresión muy especial en el matrimonio, dada sus condiciones de diseño original, la contribución de las mujeres ha sido monumental en el desarrollo de las civilizaciones. Es por eso que podemos decir que no hay esfera de la vida humana que no se beneficie profundamente de la intervención de las mujeres, sean solteras o casadas, en la medida en que ellas caminan según el diseño de Dios para sus vidas.

Ahora bien, nada de esto quiere decir que las mujeres siempre manifiestan estas características de la misma forma. Cada persona es diferente y, por lo tanto, sus características innatas debido a su género pueden tener distintos matices de expresión en diferentes contextos y etapas de la vida. Por ejemplo, aunque las mujeres por lo general prefieren no confrontar, es posible que una mujer no tenga dificultad en hacerlo. Esto no la hace menos mujer. Recordemos también que el trasfondo cultural de las personas también ejerce una gran influencia. Por consiguiente, tanto los hombres como las mujeres pueden tener diferentes grados de expresión de aquellas cualidades que son típicas de uno u otro. Pero lo que nunca se puede negar es que las mujeres y los hombres son distintos por diseño, cada uno con rasgos particulares que derivan de la forma en que Dios los hizo para Su gloria, incluso en detalles que son imperceptibles a menos que los examinemos de cerca.

Entonces, ¿qué es una mujer? Es uno de los dos géneros que Dios creó, con un conjunto de características divinas específicas. Fue hecha con la capacidad de complementar al hombre y brindar su aporte a las áreas donde él necesita ayuda para desarrollar la creación y glorificar a Dios. De esta manera, trabajando juntos en armonía demuestran al mundo quién es Dios.

Mientras el mundo en general está confundido con respecto a qué es una mujer, recordemos y proclamemos con alegría y asombro esta verdad para la gloria de nuestro Dios.

​Catherine Scheraldi de Núñez es la esposa del pastor Miguel Núñez, y es doctora en medicina, con especialidad en endocrinología. Está encargada del ministerio de mujeres Ezer de la Iglesia Bautista Internacional. Conduce el programa Mujer para la gloria de Dios, en Integridad y Sabiduría. Puedes seguirla en Twitter.

¿Cuáles son sus perspectivas?

Miércoles 8 Marzo
Mis días fueron más veloces que la lanzadera del tejedor, y fenecieron sin esperanza.
Job 7:6
Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo.
1 Juan 5:11
¿Cuáles son sus perspectivas?

¿Cuál es el sentido de mi vida? ¿Qué perspectivas tengo ante mí, aparte de vivir todavía algunos decenios y luego morir? Debo hacerme estas preguntas, pues la vida que poseo es mi bien más preciado. A mi alrededor hay personas que saben que la vida es corta y tratan de disfrutar al máximo, negándose a pensar en lo que vendrá después. También están los que se «matan» trabajando, esperando una jubilación que quizá nunca llegará. Pero, ¿cuáles son sus perspectivas a largo plazo? ¡Porque todo tiene un fin en esta tierra! La Biblia muestra la constatación que hizo el rey Salomón, conocido por su sabiduría: “¿Qué provecho tiene el hombre de todo su trabajo con que se afana debajo del sol?… He aquí, todo ello es vanidad y aflicción de espíritu” (Eclesiastés 1:3, 14).

Dios quiere dar un sentido a nuestra vida. La Biblia nos dice por qué estamos en la tierra, por qué existe la muerte… y qué es lo que le sigue. Dios creó al hombre a su imagen, lo colocó en un huerto de delicias donde no faltaba nada a su felicidad, pues vivía en armonía con su Creador. Luego el hombre desobedeció a Dios y perdió su relación de confianza con él. Al final se volvió enemigo de Dios. Desde entonces su vida parece sin sentido.

Pero “Dios es amor” (1 Juan 4:8). Él ama a su criatura y desea su felicidad. Jesús, el Hijo amado de Dios, se ofreció a sí mismo para que pudiésemos acercarnos a Dios y recibir su perdón y la vida eterna. Creer y aceptar a Jesús como Salvador abre una perspectiva eterna de felicidad junto a él.

Ezequiel 3 – Hechos 15:1-35 – Salmo 31:9-13 – Proverbios 11:5-6

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Es mejor refugiarse en el SEÑOR que confiar en el hombre | Charles Spurgeon

7 de marzo
«Es mejor refugiarse en el SEÑOR que confiar en el hombre».
Salmo 118:8 (LBLA)

Sin duda, el lector se habrá visto probado con la tentación de confiar en las cosas que se ven, en lugar de descansar solo en el Dios invisible. Los cristianos a menudo esperan del hombre ayuda y consejo, y dañan el noble candor de su confianza en Dios. Si la porción de esta noche cae bajo la mirada de algún hijo de Dios que esté preocupado por las cosas temporales, entonces quisiéramos razonar con él unos momentos. Tú confías en Jesús, y solo en Jesús, para tu salvación, ¿por qué estás turbado entonces? Por mi gran ansiedad. ¿No está escrito: «Echa sobre el Señor tu carga» (Sal. 55:22, LBLA)? «Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego» (Fil. 4:6). ¿No puedes confiar en Dios para las cosas temporales? ¡Ah!, desearía poder hacerlo.

Si no puedes confiar en Dios para las cosas temporales, ¿cómo te atreverás a confiar en él para las espirituales? ¿Puedes fiarte de él para la redención de tu alma y no puedes hacer lo mismo en cuanto a las bendiciones menores? ¿No es Dios suficiente para tus necesidades? ¿O acaso su omnisuficiencia resulta demasiado escasa para satisfacerlas? ¿Necesitas otro ojo aparte del suyo, que ve todo lo secreto? ¿Desfallece tal vez su corazón? ¿Es débil su brazo? Si es así, búscate otro Dios. Sin embargo, si él es infinito, omnipotente, fiel, verdadero y omnisapiente, ¿por qué vagas tanto en busca de alguna otra confianza? ¿Por qué remueves la tierra para hallar otro fundamento, cuando ella es lo suficientemente fuerte para soportar todo el peso que puedas alguna vez edificar sobre ella? Cristiano, no mezcles tu vino con agua; no mezcles el oro de tu fe con la escoria de la confianza humana. Espera solo en Dios y depende únicamente de él.

No codicies la calabacera de Jonás, sino apóyate en el Dios de Jonás. Deja que los necios elijan los arenosos fundamentos de la confianza terrenal; tú haz como el que prevé la tormenta: edifica para ti un lugar firme sobre la Roca de los Siglos.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar (S. D. Daglio, Trad.; 4a edición, p. 75). Editorial Peregrino.

Ocultar el pecado…

Martes 7 Marzo
¿Qué pecado es el nuestro, que hemos cometido contra el Señor nuestro Dios?
Jeremías 16:10
¿Se ocultará alguno, dice el Señor, en escondrijos que yo no lo vea? ¿No lleno yo, dice el Señor, el cielo y la tierra?
Jeremías 23:24
Se hacen manifiestas las buenas obras; y las que son de otra manera, no pueden permanecer ocultas.
1 Timoteo 5:25
Ocultar el pecado…

Adán y Eva habían sido colocados por Dios en un maravilloso jardín. Solo les fue prohibido comer del fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal. Dios había dicho a Adán: “Mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás” (Génesis 2:17).

Pero Eva vio que el fruto prohibido era hermoso a la vista, bueno para comer y codiciable para alcanzar inteligencia (cap. 3:6). Entonces comió de él y dio también a su marido. Así “el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte” (Romanos 5:12). “Cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido. Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte” (Santiago 1:14-15). El pecado de Adán y Eva fue puesto en evidencia; se dieron cuenta de que estaban desnudos. Pronto hallaron su propio remedio: se hicieron delantales con algunas hojas de higuera. ¿Pensaban ingenuamente cubrir así su pecado?

De repente oyeron la voz de Dios. Tuvieron miedo, pues habían desobedecido al Dios que los había favorecido. Entonces se escondieron. Pero, ¿puede el ser humano ocultarse a la mirada de Dios? Jamás. Un día u otro, aquí en la tierra o más tarde, tendrá que encontrarse delante de Dios. Sea el Dios que perdona hoy, o el Dios que condenará mañana.

Ezequiel 2 – Hechos 14 – Salmo 31:1-8 – Proverbios 11:3-4

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Gloríese en el Señor – Charles Spurgeon

6 de marzo
«Antes del quebrantamiento, se eleva el corazón del hombre».
Proverbios 18:12


Se suele decir que «los acontecimientos futuros proyectan sus sombras delante de ellos». El sabio nos enseña aquí que un corazón soberbio es presagio profético del mal. La soberbia es signo tan seguro de destrucción como el cambio del mercurio en el barómetro lo es de lluvia; aunque el primer signo es más infalible que el segundo. Cuando los hombres se han mostrado soberbios, siempre los ha alcanzado la destrucción. Dejemos que el dolorido corazón de David demuestre que hay un eclipse en la gloria del hombre cuando este piensa en su propia grandeza (2 S. 24:10). Mira a Nabucodonosor, el poderoso constructor de Babilonia, arrastrándose sobre la tierra, comiendo «hierba como los bueyes […] hasta que su pelo creció como plumas de águila y sus uñas como las de las aves» (Dn. 4:33). La soberbia hizo de aquel fanfarrón una bestia, como en una ocasión anterior había hecho de un ángel un demonio.

Dios odia a los altivos y nunca deja de humillarlos. Todas las flechas divinas apuntan hacia los corazones soberbios. ¡Oh cristiano!, ¿se muestra soberbio tu corazón en esta noche? Averígualo: porque la altivez puede entrar en el corazón del cristiano como entra en el del pecador, y puede engañarlo con la ilusión de que es «rico, y [se ha] enriquecido y de ninguna cosa [tiene] necesidad» (Ap. 3:17). ¿Te estás gloriando en tus dones y talentos? ¿Estás orgulloso de ti mismo porque has tenido notables éxitos y gratas experiencias? Te advierto, lector, que también sobre ti vendrá el quebrantamiento. Las vistosas adormideras de tu arrogancia serán extirpadas de raíz; tus efímeras virtudes se marchitarán con el ardiente calor y tu suficiencia propia llegará a ser como basura para el muladar. Si nos olvidamos de vivir al pie de la cruz en profunda humildad de espíritu, Dios no se olvidará de hacernos sufrir bajo su vara.

Quebrantamiento vendrá sobre ti, oh indebidamente exaltado creyente, el quebrantamiento de tus goces y de tus comodidades, aunque tu alma no se vea quebrantada. Por tanto, «el que se gloría, gloríese en el Señor».

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar (S. D. Daglio, Trad.; 4a edición, p. 74). Editorial Peregrino.

Conocer a Jesús personalmente

Lunes 6 Marzo

Si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo.

Romanos 10:9

Conocer a Jesús personalmente

Testimonio

«Nací en una familia cristiana, pero no por eso era creyente. Mis padres me habían trasmitido las enseñanzas de Jesús, el amor al prójimo, la caridad, la compasión, me enseñaron a escuchar, a empezar a leer y a comprender lo que la Biblia nos enseña.

Me volví muy rígido en mi comportamiento, de manera que podía herir y hacer daño a los que me rodeaban, mientras la Biblia me decía que no juzgara a mi prójimo. No soportaba que alguien no pensara como yo o no viviese las cosas como yo; sin embargo, hacía cosas que mi conciencia me reprochaba.

Un verano pasé las vacaciones con un grupo de jóvenes cristianos. Allí comprendí que tenía cierta vida religiosa con los dogmas y las convicciones, verdaderas o falsas, que me había fabricado leyendo la Biblia. Entonces fui consciente de que vivía lo que yo creía que era la vida de un creyente, pero no conocía personalmente a Jesucristo. Todo cambió cuando abrí mi corazón a Jesús y le confié la dirección de mi vida. Hoy creo no por tradición familiar, sino porque reconocí que era pecador. Dios me perdonó plenamente, pues Jesús pagó mi deuda una vez por todas.

Aún hoy la gracia de Dios es para todo aquel que va a Jesús para recibir el perdón de sus pecados y la vida eterna».

Timothée

“Dame, hijo mío, tu corazón, y miren tus ojos por mis caminos” (Proverbios 23:26).

Ezequiel 1 – Hechos 13:26-52 – Salmo 30:6-12 – Proverbios 11:1-2

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Jesús – Conclusión (9)

Domingo 5 Marzo

En el mundo estaba, y el mundo por él fue hecho; pero el mundo no le conoció. A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron. Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios.

Juan 1:10-12

Jesús – Conclusión (9)

Jesús era un hombre sin pecado, siempre hacía la voluntad de Dios y confiaba en él, en todas las circunstancias.

Humilde de corazón, decía la verdad costase lo que costase. Fue obediente hasta la muerte, y ayudó a todos sin pensar en sí mismo. Estas son algunas de las características de “Jesucristo hombre” (1 Timoteo 2:5).

Pero, ¿quién era Jesús, este hombre único? Fue crucificado, y su muerte fue única, pues las tinieblas cubrieron la tierra en pleno mediodía. ¡Tres días después salió de la tumba, y más tarde subió al cielo! Todo demuestra que Jesús, en la tierra, era “Dios… manifestado en carne” (1 Timoteo 3:16). “En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él… y envió a su Hijo en propiciación (sacrificio) por nuestros pecados” (1 Juan 4:9-10). Jesús dijo: “Esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna” (Juan 6:40).

¿Podríamos seguir nuestro camino sin reconocer en él al Señor Jesús, y creer en él para ser salvo? Él es “nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo” (Tito 2:13).

“E indiscutiblemente, grande es el misterio de la piedad: Dios fue manifestado en carne, justificado en el Espíritu, visto de los ángeles, predicado a los gentiles, creído en el mundo, recibido arriba en gloria” (1 Timoteo 3:16).

2 Samuel 24 – Hechos 13:1-25 – Salmo 30:1-5 – Proverbios 10:31-32

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¿Cuanta Gracia necesita un santo? | Charles Spurgeon

4 de marzo
«Serán completamente saciados de la grosura de tu casa».
Salmo 36:8

La reina de Sabá se sorprendió de la suntuosidad de la mesa de Salomón. Se quedó asombrada al ver la provisión que tenía para un solo día y se maravilló, igualmente, de la cantidad de siervos que comían de la mesa real. No obstante, ¿qué es esto en comparación con la hospitalidad del Dios de la gracia? Él alimenta a millones de los suyos diariamente. Hambrientos y sedientos, van al banquete con mucho apetito, pero ninguno sale insatisfecho; pues hay suficiente para cada uno, para todos y para siempre. Aunque la multitud que se alimenta de la mesa del Señor es incontable como las estrellas del cielo, sin embargo, cada uno recibe su ración de comida. Piensa en cuánta gracia necesita un santo: tanta que ninguno, excepto el Infinito, podría suplirla siquiera por un día.

No obstante, el Señor pone su mesa, no para uno, sino para muchos; no por un día, sino para muchos años; y no solo para muchos años, sino para una generación tras otra. Observa el rico festín de que habla el texto: los convidados al banquete de la misericordia quedan saciados; más aún: «Completamente saciados»; y no de comida común, sino de la grosura de la casa de Dios.

Y este banquete les está garantizado a todos los hijos de los hombres que se amparan con confianza bajo la sombra de las alas del Señor. En otro tiempo pensaba que si me dieran un poco de carne por la puerta trasera de la gracia de Dios, estaría satisfecho —como la mujer que dijo: «Los perrillos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos» (Mt. 15:27)—; no obstante, he descubierto que a ningún hijo de Dios se le han servido nunca migajas y sobras. Como Mefi-boset, todos ellos han comido de la mesa del rey.

En lo que concierne a la gracia, todos tenemos la ración de Benjamín: diez veces más de lo que podíamos esperar. Y aunque nuestras necesidades son grandes, con frecuencia nos admiramos de la maravillosa abundancia de gracia que Dios nos da para que la disfrutemos.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar (S. D. Daglio, Trad.; 4a edición, p. 72). Editorial Peregrino.

Un aplauso para los fracasos | Tim Challies

Un aplauso para los fracasos
Por: Tim Challies

Una vez escuché a un cristiano decir que cuando llegue al cielo no espera oír «bien, siervo bueno y fiel», sino «buen intento». Él no quiere decir que Dios vaya a quedar impresionado por una sucesión imprudente de precipitados intentos de egocentrismo. No quiere decir que Dios lo elogiará por los proyectos que comenzó con gran pasión antes de perder el interés y distraerse con la siguiente gran tarea. No, solo quiere decir que cree que Dios le recompensará por sus constantes intentos de buscar y hacer lo que Él manda. Él espera que, aunque en la cuenta final sus logros sean pocos, sus intentos de ser fiel sumen mucho. 

Hay muchas cosas que comenzamos con gran energía y muchos proyectos que emprendemos con gran entusiasmo. Convictos por la predicación de la Palabra o persuadidos por nuestra lectura de la Providencia, determinamos que haremos un cambio sustancial en nuestras vidas o nos embarcaremos en un ministerio que bendecirá a otros. Intentamos pequeñas cosas, grandes cosas y cosas intermedias. Y aunque algunas de ellas tienen éxito algunas veces, muchas no lo tienen. Aunque unas pocas crecen hasta convertirse en grandes cosas, muchas más siguen siendo pequeñas o pronto se convierten en cosas pasadas. 

Un hombre anhelaba crear un ministerio a través de su iglesia local que sirviera a los residentes de una residencia de ancianos. Sin duda era un deseo bueno y noble, y se embarcó en él con gran entusiasmo. Pero aunque trabajó con diligencia, tuvo pocas oportunidades de reunirse con la gente en esa residencia o de cuidar de ellos. Y aunque se lo contó a otros creyentes, se dio cuenta de que pocos tenían interés en unirse a él. Siguió adelante durante un tiempo, pero acabó rindiéndose a lo inevitable y decidió que invertiría su tiempo y energía en otras formas de servicio.Y aunque este ministerio no tuvo éxito en la mayoría de los aspectos, estoy convencido de que Dios le dirá con orgullo: «Buen intento». 

Una mujer que dedicaba su vida a criar a sus hijos, deseaba complementar los ingresos de su familia, así que empezó un negocio a tiempo parcial. Sus motivos eran buenos como lo era su plan. Empezó a trabajar siguiendo los horarios de la familia, levantándose unos minutos antes, quedándose despierta una hora más tarde, enviando algunos correos electrónicos durante la hora de silencio de los niños. El negocio creció al principio, pero luego se estancó. El negocio generaba algunos ingresos, pero solo unos pocos, no los suficientes para ayudar de forma sustancial o incluso para justificar su tiempo. Así que lo abandonó. ¿Fue un fracaso? En cierto sentido puede haberlo sido, ya que el negocio tuvo que cerrarse, pero en otro sentido no lo fue, porque la mujer no hizo nada malo ni cometió ningún pecado. Por la razón que fuera, la providencia de Dios dispuso que el negocio no prosperara ni tuviera éxito. Pero seguramente ella también oirá: «Buen intento». 

Misioneros que parten a tierras extranjeras, pero pronto tienen que regresar. Pastores que fundan iglesias que no crecen. Autores que derraman su corazón en la página, pero venden pocas copias de sus libros. Jóvenes que crean un grupo cristiano en el campus, pero nadie se presenta. Sospecho que, para ser honesto, tendrías que admitir que tu vida se parece mucho a la mía, en el sentido de que está marcada por todo tipo de fracasos: fracasos en el hogar, fracasos en la iglesia, fracasos en el vecindario, fracasos en el trabajo. Y si no es un fracaso rotundo, es pura mediocridad, falta de éxito, falta de grandes triunfos. Pero seguramente parte de la razón por la que fracasamos es que intentamos mucho. Seguramente parte de la razón por la que vemos tantos resultados mediocres es que al menos tenemos el valor de intentarlo. La única forma de evitar el fracaso es no intentar nada. Pero eso, por supuesto, es su propia forma de fracaso. 

El objetivo que Dios nos ha dado en la vida no es tener éxito en todo lo que intentamos. Es bueno ser exitoso, por supuesto, y no debemos alabar el fracaso como si fuera más noble que el éxito. Pero es Dios quien es soberano sobre todos nuestros asuntos y Su preocupación no es tanto que tengamos éxito o que fracasemos, sino que crezcamos en carácter piadoso. Lo que le importa a Dios no son nuestros aplausos y elogios, sino nuestra conformidad a Cristo. Y el hecho es que aunque Dios nos forma a través de nuestros éxitos, a menudo lo hace aún más a través de nuestros fracasos. Es a través de los fracasos como a menudo aprendemos nuestra finitud, a través de nuestros fracasos como a menudo adquirimos humildad, a través de nuestros fracasos como a menudo nos despojamos de muchos vicios y nos revestimos de muchas gracias. Dios obra en nosotros incluso cuando nos cuesta ver cómo puede actuar a través de nosotros. 

Llegará el día en que nos presentaremos ante el Señor para rendir cuentas de cómo hemos utilizado nuestros dones, talentos, tiempo, energía, entusiasmo y todo lo demás que Dios nos ha concedido generosamente. El fracaso sería admitir que no sólo no hicimos nada, sino que no intentamos nada. El éxito sería contar aquellas cosas con las que soñamos, por las que oramos y que intentamos, incluso si no condujeron a grandes resultados. Porque sin duda en la mente de Dios, la fidelidad es su propio logro, la fidelidad marcada por los intentos de hacer aquellas cosas que deleitan Su corazón. Sin duda es Su alegría elogiarnos tanto por los éxitos como por los fracasos: «Buen intento, siervo bueno y fiel». 

Tim Challies es uno de los blogueros cristianos más leídos en los Estados Unidos y cuyo Blog ( challies.com ) ha publicado contenido de sana doctrina por mas de 6000 días consecutivos. Tim es esposo de Aileen, padre de dos niñas adolescentes y un hijo que espera en el cielo. Adora y sirve como pastor en la Iglesia Grace Fellowship en Toronto, Ontario, donde principalmente trabaja con mentoría y discipulado.

La vara de almendro

Sábado 4 Marzo

La palabra del Señor vino a mí, diciendo: ¿Qué ves tú, Jeremías? Y dije: Veo una vara de almendro. Y me dijo el Señor: Bien has visto; porque yo apresuro mi palabra para ponerla por obra.

Jeremías 1:11-12

La vara de almendro

El nombre hebreo del almendro es «el árbol que vela» (Shaqed). De forma concreta y sorprendente, Dios imprimió en la memoria de su joven profeta Jeremías la seguridad de que él vela sobre su palabra para ejecutarla.

Jesús lo confirma: “Hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido” (Mateo 5:18).

Pero en la Biblia la vara de almendro también tiene un significado particular: para poner fin a una controversia sobre la legitimidad del sacerdote Aarón, Moisés pidió que cada uno de los doce jefes de tribu llevase una vara al tabernáculo sagrado. Dios designaría claramente al hombre que había escogido. “El día siguiente vino Moisés al tabernáculo del testimonio; y he aquí que la vara de Aarón de la casa de Leví había reverdecido, y echado flores, y arrojado renuevos, y producido almendras” (Números 17:8). Dios no solo mostró quién estaba a cargo del servicio religioso, sino que dio a ese milagro un significado concreto, es decir, anunció la resurrección. ¡Una vara seca y podada recobró vida en una noche, reverdeció, produjo brotes, flores y almendras maduras!

¡Sí! El almendro es a la vez figura del que vela para que su palabra y el anuncio de la resurrección se cumplan. ¡Qué consuelo cuando pensamos en nuestros seres queridos que partieron de este mundo habiendo puesto su confianza en Jesús! ¡Sabemos que el Señor cumplirá su promesa de resucitarlos en el día postrero! (Juan 6:3911:24).

2 Samuel 23 – Hechos 12 – Salmo 29:7-11 – Proverbios 10:29-30

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