Lunes 5 Septiembre Buscad al Señor y su poder; buscad su rostro continuamente. Haced memoria de las maravillas que ha hecho, de sus prodigios, y de los juicios de su boca… Él es nuestro Dios. 1 Crónicas 16:11-12, 14 Déjeme contarle Testimonio “Leyendo la Biblia aprendí a conocer a Dios. Supe lo que él hizo y lo que dijo a los hombres. Por medio de la Biblia comprendí que Dios vive eternamente, que él no cambia, que conoce todo, sabe todo, ve todo, registra todo. Él es fiel a sus promesas, es justo, santo, poderoso, sabio; es bueno y paciente para con los hombres.
Pero también descubrí algo que me aterrorizó: que yo había desobedecido a Dios, y era su enemigo sin ni siquiera haberme dado cuenta. Quería vivir mi vida a mi manera, sin pedir la opinión de mi Creador. Yo era un gran culpable delante de él, condenado a la muerte eterna.
Entonces aprendí que Dios me ofrecía su perdón, su paz. Yo no tenía que hacer nada, no tenía que pagar nada. Dios se encargó absolutamente de todo. Pagó el más alto precio dando a su Hijo Jesucristo. Jesús vino a la tierra para hablarnos del Dios de amor. Luego dio su vida en la cruz, para que todo aquel que en él cree no perezca, sino que tenga la vida eterna.
Viendo que mi vida era un fracaso delante de Dios, reconocí ante él mi mal proceder, dicho de otra manera, mi vida de pecado. Entonces le pedí que me perdonara por medio de Jesucristo, quien murió por mí. Como él nunca rechaza al que se arrepiente de todo corazón, me perdonó todo.
Hoy sé que soy un hijo de Dios. Es increíble, ¡pero cierto! ¡Mi vida es una nueva vida en el gozo del Señor! Y si la muerte me toca, entraré el mismo día en el paraíso, en la presencia de Dios. ¿No quiere usted tener las mismas certezas?”.
¿Alguna vez te has sentido desesperado? ¿Inquieto? ¿Preocupado de una manera en la que pierdes el control? Voy a tratar de ser específico e a ir a lo que algunas páginas médicas reconocidas por su confiabilidad dicen:
La ansiedad, como el estrés, es una respuesta del organismo ante situaciones límites, que se caracteriza por una sensación de angustia leve o miedo; y la aparición de aceleración del ritmo cardíaco y la respiración, sudoración o sensación de flojedad.
DSM-4 (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales). Todos experimentamos ansiedad en algún momento. No toda ansiedad es mala. Piensa un momento en aquel instante repentino en que perdiste de vista a tu hijo en el supermercado o en alguna venta callejera. Sufrimos cierta ansiedad cuando vamos tarde y queremos que todos se quiten, pitamos y pitamos, entre otras acciones; o cuando no hiciste la tarea y eres el siguiente en la lista para ser llamado a revisar.
Todo esto es muy diferente a sufrir una crisis de ansiedad. Me impactó lo que leí en una publicación médica que dice: “una crisis de ansiedad, sin ser un hecho grave para la salud, genera una situación de pánico que cursa con síntomas muy similares a los del infarto, hasta el punto de que puede confundirse con él. Ocurre de forma instantánea, sin previo aviso, y alcanza su máxima intensidad en cuestión de muy pocos minutos, pudiendo prolongarse durante más tiempo”.
De esa misma publicación tomaré algunos de los síntomas de una “crisis de ansiedad”.
La sintomatología puede variar en cada persona, pero se considera que se ha producido una crisis de ansiedad cuando se producen cuatro o más de los siguientes síntomas:
· Palpitaciones o elevación de la frecuencia cardíaca (taquicardia). · Sensación de ahogo, con respiración rápida. · Opresión en el pecho. · Miedo o pánico. Literalmente, sentirse morir. · Sudoración o escalofríos. · Temblores. · Náuseas o molestias abdominales. · Mareo, o incluso desmayo. · Sensación de irrealidad. · Sensación de entumecimiento u hormigueo. Esto es lo que se dice desde un punto de vista médico. Ahora nos dirigiremos a lo que la Biblia dice. I. ENTENDIENDO EL CORAZÓN DE LA ANSIEDAD Lo primero que tenemos que saber es que, en la Biblia, hay términos intercambiables para referirse a la ansiedad, por ejemplo: preocupación, angustia, ansiedad o afán. La palabra empleado en el idioma original—recordemos que la Biblia fue escrita en griego el NT y en hebreo el AT—literalmente significa una mente dividida (Merimnao). Este tipo de preocupación o ansiedad está prohibida repetidamente en la Biblia.
Vayamos a Mateo capítulo 6 y leamos a Jesús hablando de esta preocupación ansiosa.
Mateo 6.25-34 25Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? 26Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas? 27¿Y quién de vosotros podrá, por mucho que se afane, añadir a su estatura un codo? 28Y por el vestido, ¿por qué os afanáis? Considerad los lirios del campo, cómo crecen: no trabajan ni hilan; 29pero os digo, que ni aun Salomón con toda su gloria se vistió así como uno de ellos. 30Y si la hierba del campo que hoy es, y mañana se echa en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más a vosotros, hombres de poca fe? 31No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos? 32Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas. 33Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas. 34Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal.
Aquí la palabra es afanar o afanarse. ¿Qué es esta palabrita en el español? Ya lo he comentado en otras ocasiones. Afanarse es hacer todo lo posible por conseguir una cosa. No muchos de nosotros nos afanamos en acciones, pero si en pensamientos. Pensamos en qué podemos hacer en tal situación. Cómo lograr algo. Qué estará haciendo tal persona. En el caso del pasaje que leímos, vemos que Jesús dice que no debemos afanarnos por nuestra vida.
Veamos el versículo 25:
25Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir.
Hay seis expresiones claras aquí. Muchos tomamos, al hablar de la ansiedad y temor, del versículo 25 en adelante; sin embargo, debemos comprender que esta porción es una especie de consecuencia de lo que se ha dicho antes. Lo podemos saber por la expresión “por lo tanto, os digo…”. Lo que Jesús ha dicho antes es lo que concluye con esta porción del afán y la ansiedad. Veamos rápidamente el contexto.
El capítulo 6 de Mateo es interesante porque en él se habla del Padre nuestro. La oración modelo que Jesús enseñó. En ella Jesús está atacando la actitud religiosa de los fariseos que les gusta ser vistos al hacer oración simplemente con el fin de que sean considerados espirituales. Lo mismo sucede con el ayuno (del verso 16 al 18). Fíjate cómo concluye esta porción:
“18para no mostrar a los hombres que ayunas, sino a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público.”
Mateo 6.18 La motivación de la oración y del ayuno—explicó Jesús—era hacerlo íntimamente para Dios. Sin embargo, hay una expresión interesante: “y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público”. Aquí la palabra “Padre” está escrita con mayúscula, lo que nos da referencia a que se habla de Dios como Padre del creyente, cuidador, protector, etc.
Inmediatamente en el versículo 19 tenemos un encabezado que dice algo así: “tesoros en el cielo”. Mateo está ligando todas estas enseñanzas de Jesús para llevarnos más profundo.
Vamos a dar un viaje rápido por el contexto.
“19No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; 20sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan. 21Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.”
Mateo 6.19-21 De plasmar Mateo la enseñanza de Jesús de orar en lo íntimo a nuestro Padre, ahora nos lleva a un tema que pareciera no tener conexión alguna. Jesús instruye a sus oyentes a ocuparse no de lo terrenal, sino de lo celestial. A hacer tesoros en el cielo donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde los ladrones no minan ni hurtan. ¿Cuál es la razón? Que en donde nosotros estemos haciendo nuestro tesoro ahí estará nuestro corazón.
Imagina que eres un empresario con muchos bienes, empresas, trabajadores, pendientes, etc. Estás trabajando para hacer bienes en el mundo, hacer dinero, ser rico, dejar un legado a la descendencia; ¿en qué crees que estará ocupado tu corazón? ¿Las cosas del cielo? ¡No! Vas a estar cuidando todas tus empresas. Tu corazón va a estar ahí, y por lo tanto, vas a tener miedo de perder lo que haz hecho. Así que Jesús está diciendo: Haz tesoros en el lugar correcto, porque donde estés haciendo tu tesoro, ahí va a estar tu corazón.
Luego sigue una enseñanza más: “La lámpara del cuerpo”.
“22La lámpara del cuerpo es el ojo; así que, si tu ojo es bueno, todo tu cuerpo estará lleno de luz; 23pero si tu ojo es maligno, todo tu cuerpo estará en tinieblas. Así que, si la luz que en ti hay es tinieblas, ¿cuántas no serán las mismas tinieblas?”
Mateo 6.22-23 La enseñanza es clara en cierto aspecto. Dependiendo de lo que estemos viendo, de lo que cautive nuestra atención, eso estará creciendo dentro de nosotros. Para los judíos, un buen ojo representaba una actitud generosa; y el ojo maligno, una perspectiva incorrecta de las riquezas, que resulta en una profunda oscuridad interior y una ceguera moral que disminuye la capacidad de ver y llevar a cabo lo bueno.
Y finalmente, la tercera enseñanza corta, como puente para el tema de la ansiedad: “Dios y las riquezas”.
“24Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas.”
Mateo 6.24 Podemos preguntarnos: ¿Qué tienen de relevancia este tema? Simplemente Jesús está dejando en claro que no se puede servir a dos señores. En este caso a Dios y las riquezas.
Vamos a unir entonces estas tres enseñanzas breves.
Jesús está siendo enfático al afirmar que un creyente, un hijo de Dios, uno que depende de Él y tiene la confianza de llamarlo “Padre”—pues comenzó hablando del Padre nuestro”—debe poner la mira, su atención en las cosas del cielo. Debe poner su corazón en el lugar donde debe hacer buenas riquezas; y no físicas ni monetarias, sino un tesoro eterno. Por lo tanto, aquellos que ponen su vista—o buen ojo—en las riquezas y las ven tal cual son, pueden tener su corazón en Dios. Por otro lado, aquellos que tienen un “ojo maligno”, tienen una percepción incorrecta de las riquezas; lo que los va a llevar a estimar más a las riquezas que a Dios, y por lo mismo, Jesús ha sido claro: “No se pueden servir a Dios ni a las riquezas al mismo tiempo”.
De manera sencilla, Jesús está diciendo: “Ocúpense de las cosas eternas, de las cosas del cielo, no estimen demasiado las riquezas y amen a Dios por encima de ellas”.
Veamos el siguiente texto:
“25Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? 26Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas?”
Mateo 6.26-26 Dicho de otra manera: “ocúpense de las cosas del cielo, amen a Dios sobre todo y no se preocupen por la vida (¡vida completa!), por lo que van a comer, beber o vestir. Su Padre tiene la capacidad de cuidar de ustedes.
Leamos el versículo 32:
“32Porque los gentiles [ un sinónimo de aquellos pecadores que no buscan a Dios]buscan todas estas cosas [es decir, están preocupado por todas estas cosas]; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas [ustedes no están como esos pecadores, sino que su Padre sabe de qué tienen necesidad y va a cuidar de ustedes]”.
Mateo 6.32 Aunque puedo seguir desarrollando este pasaje (que lo haremos en otra ocasión), la enseñanza sobre la ansiedad es sencilla: debemos poner a Dios en el lugar correcto, no debemos de perder de vista que Él nos cuida, guarda, ama, provee; y es quien se ocupa de nosotros.
II. IDENTIFICANDO EL DETONANTE DE LA ANSIEDAD Como lo hemos visto hasta aquí, cualquier área en la que estemos sufriendo o padeciendo ansiedad, tiene que ver con qué es lo que está ocupando nuestro corazón, tiene que ver con aquello con lo que hemos movido a Dios de lugar. Esto provoca entonces una preocupación o afán que son pecaminosos, porque producen un interés exagerado o irracional acerca del futuro y otras cosas, que nos impiden cumplir con las responsabilidades bíblicas del presente.
Lo que originalmente pensé para este mensaje era presentar varias situaciones que producen ansiedad, pero la ansiedad es causada por un sin fin de motivos, así que lo que vamos a hacer es tratar de identificar el detonante de la ansiedad.
La ansiedad es producida por el miedo. El miedo hace que nos enfoquemos en algo, o en cierta situación que consideramos peligrosa que nos impide; ya sea amar a Dios, o a los demás de manera correcta debido a que eclipsan primeramente nuestro concepto de Dios, de nosotros, de los demás y/o de las circunstancias.
Dios dice que es pecado tener miedo excesivo a cosas del mundo en lugar de ser motivados y controlados por el temor a Dios. El temor a Dios no es un miedo como lo concebimos, sino es más un respeto amoroso y reverente ante Él.
Hace tiempo fui testigo de una discusión que terminó casi a golpes, porque un joven tenía miedo a las cucarachas y cuando la mamá lo mandó a un cuarto no quería ir. Literalmente se puso como un niño pequeño que gritaba y pataleaba, esa escena terminó en pelea, groserías, etc. Aquí el miedo lo controló más que ese temor reverente que debió de haber tenido hacía el Señor, ya que lo que la cucaracha podría haberle hecho, no se compara con lo que Dios pudiera hacer al joven condenándole por rebelde y desobediente, ya que había deshonrado a su madre, y el Señor pide que sean honrados.
¿Qué pasó aquí? En estos miedos se pone “algo” por sobre Dios. Quitamos la mirada del cuidado y del amor de Dios y nos centramos en otra cosa.
¿Qué pensaba este joven de la cucaracha? ¿Qué pensaba de sí mismo? ¿Qué pensaba de la mamá? ¿Qué pensaba de Dios?
Dios, mamá, sí mismo, cucaracha…
Cuando somos víctimas de la ansiedad por miedo, debemos de pedir a Dios dominio propio para poner cada cosa en su lugar.
“Pues Dios no nos ha dado espíritu de cobardía, sino de poder, de amor, y de dominio propio”.
2 de Timoteo 1:7 Quise abordar este ejemplo para que nos ayude a entender los demás, y veremos que ya sea que temamos a una cucaracha o a una enfermedad, el corazón funciona de la misma manera.
La mayoría de las veces es fácil encontrar el detonante de la ansiedad haciendo la pregunta: ¿a qué tienes miedo? Ya que se puede percibir una amenaza.
Por ejemplo, piensa en un padre de familia que tiene problemas en su trabajo y posiblemente sea despedido. Tiene miedo porque su seguridad está amenazada. ¿Qué sucede cuando piensa en que puede ser despedido? Vienen los síntomas de palpitaciones, temblores, sudor, etc. Esta es una crisis de ansiedad.
Primera pregunta: ¿A qué tiene miedo? Ser despedido, no poder proveer para su familia.
¿Qué está pensando de él? Que él es el responsable de su familia. Esto es cierto, pero no del todo.
¿Qué está pensando de Dios? Que Dios es un Dios que lo va a abandonar, que no se interesa por él y que es hasta malvado porque los va a hacer sufrir.
¿Qué está pensando de los demás o de las circunstancias? Que lo van a destruir, lo van a hacer sufrir, que es el medio determinante para su sostenimiento.
Vamos a ayudarlo a centrar sus pensamientos de manera correcta:
¿Que debe de pensar de Dios? Que Dios se interesa por él porque lo ama. Que Dios es poderoso y nada está fuera de su control.
¿Qué debe pensar de las circunstancias o de los demás? Que su trabajo no es la fuente de su seguridad, sino que es Dios, quien además es su seguridad y sustento.
¿Qué debe pensar de sí mismo? Que es un ser limitado, que no sabe el futuro, que está creado para depender y confiar en Dios.
En la medida que el crea todo esto, es en la medida que su corazón será controlado.
Jorge Meléndez, vivo en ciudad Delicias, Chihuahua, México, soy líder del equipo de plantación de la Iglesia Sobre La Roca en la misma ciudad. Fuí salvo en el año 2010 en una pequeña iglesia pentecostal donde al tratar de entender mi conversión supe que fuí cautivado por la gracia de Dios cuando estaba muerto en mis delitos y pecados. Me desempeño laboralmente como productor y locutor de radio.
Domingo 4 Septiembre El amor nacido de corazón limpio, y de buena conciencia, y de fe no fingida… Manteniendo la fe y buena conciencia, desechando la cual naufragaron en cuanto a la fe algunos. 1 Timoteo 1:5, 19 Por esto procuro tener siempre una conciencia sin ofensa ante Dios y ante los hombres. Hechos 24:16 La conciencia, señal de advertencia “Ciencia sin conciencia no es más que ruina del alma”. Esta frase de Rabelais (escritor francés, 1494-1553) da una justa importancia a la conciencia, facultad que Dios dio al hombre cuando este desobedeció a su Creador en el huerto de Edén (Génesis 3:7-8). La conciencia es el conocimiento intuitivo del bien y del mal, que todos los hombres poseen. Así todos sentimos más o menos vergüenza cuando hacemos algo que sabemos que está mal. Y también nos sentimos satisfechos cuando hacemos el bien. Pero la conciencia no es totalmente fiable, ella puede ser más o menos sensible. Por eso algunos piensan que el bien y mal son nociones relativas. Pero veamos lo que Dios nos enseña sobre este tema del bien y del mal.
La Biblia, su Palabra, es la verdadera referencia para conocer la verdad; ella nos muestra el camino del bien en medio del mal que nos rodea. El bien es lo que está de acuerdo con el pensamiento de Dios; todo lo opuesto a Dios y a las verdades de su Palabra es malo.
La Biblia presenta a un Dios santo y justo que es luz (1 Juan 1:5), pero que también es amor (1 Juan 4:16). Él nos envió a su Hijo Jesucristo, “el camino, y la verdad, y la vida” (Juan 14:6). Creyendo en él y en su obra en la cruz recibimos una naturaleza nueva, divina, que capacita al creyente para dejar que la Palabra de Dios obre en su conciencia para juzgar lo que en él no es conforme a la justicia y a la santidad divinas.
Sábado 3 Septiembre Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida. Proverbios 4:23 Huid de la fornicación. Cualquier otro pecado que el hombre cometa, está fuera del cuerpo; mas el que fornica, contra su propio cuerpo peca. 1 Corintios 6:18 Jóvenes cristianos en peligro Nuestro mundo es un océano de tentaciones y de corrupción sexual. La sociedad se burla de los tabúes y prohibiciones del pasado, pero sobre todo ignora voluntariamente las advertencias de la Palabra de Dios.
El cristiano desea permanecer puro hasta el matrimonio. ¿Y cómo permanecer puro en un mundo inmoral, cómo agradar a nuestro Señor en medio de tantas tentaciones? La Palabra de Dios nos exhorta a:
– Mantener puros nuestros pensamientos, porque ellos son la fuente de todos los actos. Sabiendo que del interior, de nuestros corazones, “salen los malos pensamientos… las fornicaciones…” (Marcos 7:21); pensar en “todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro” (Filipenses 4:8).
– Poner la confianza en Dios y no en sí mismo, recordando que en nosotros mismos no tenemos ninguna fuerza. “Fíate del Señor de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia” (Proverbios 3:5).
– Orar. “Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil” (Marcos 14:38).
– Tener cuidado con los lugares y las personas que frecuentamos. “No erréis; las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres” (1 Corintios 15:33). El apóstol Pablo dijo: “El mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo” (1 Tesalonicenses 5:23).
Dios… nos ha hablado por el Hijo… el cual (Jesús), siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder…
El hombre se imagina fácilmente un Dios que le conviene, que corresponde a sus propias aspiraciones, comprensivo y tolerante con todos. Ese Dios no es el de la Biblia. Dios no es el “buen Dios” como los hombres lo apodan. “Dios es amor” (1 Juan 4:8), es verdad. También es santo, y no puede soportar el pecado (Habacuc 1:13). En su Palabra Dios afirma que el pecado apartó al hombre del conocimiento íntimo de su Creador. Por eso Dios tuvo que echar a Adán del huerto del Edén (Génesis 3:9, 22-24). A partir de este acontecimiento, el hombre no puede ver a Dios y vivir (Éxodo 33:20).
Sin embargo, Dios nunca renunció a su voluntad de darse a conocer al hombre. Se reveló a nosotros enviando a su Hijo unigénito, Jesucristo, “hecho semejante a los hombres” (Filipenses 2:7-8). Él es “la imagen del Dios invisible” (Colosenses 1:15). Jesús incluso nos mostró a Dios como Padre, un calificativo que para el creyente sobrepasa a cualquier otro nombre: “A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer” (Juan 1:18).
Pero el pecado, obstáculo infranqueable para el hombre, debe ser castigado. Entonces, por medio de su muerte, Jesús manifestó la inmensidad de su amor divino: sufrió en nuestro lugar el castigo que nosotros merecíamos. Así abrió el camino de la salvación, el acceso a Dios para todos los hombres que lo aceptan como su Salvador.
“Arrepentíos”. El sentido inicial de este verbo contiene la idea de girarse, dar la vuelta, cambiar de rumbo. “Os convertisteis de los ídolos a Dios”, escribió el apóstol Pablo a los cristianos de Tesalónica (1 Tesalonicenses 1:9). Todos debemos convertirnos a Dios, aunque no hayamos adorado a los ídolos, porque “cada cual se apartó por su camino” (Isaías 53:6). Este texto de la Biblia describe bien nuestro estado. Naturalmente nuestra naturaleza humana orienta nuestros pensamientos y nuestra vida lejos de Dios. Ahora, por la conversión, nuestro camino nos conduce hacia Dios y hacia Jesús, nuestro Salvador y modelo.
Cuando el apóstol Pedro interpeló a sus contemporáneos, ellos estaban convencidos de estar en la “buena religión”. Sin embargo, Pedro los llamó a convertirse, a volverse a Dios. Su llamado también es para nosotros, aunque pensemos que practicamos la religión correcta. Lo esencial es tener una relación personal con Dios. Esto implica necesariamente renunciar a nosotros mismos para volvernos a Dios.
El arrepentimiento y la conversión son obra del amor divino en nuestros pensamientos y en nuestra vida. El uno no va sin el otro: arrepentirse significa que debe haber un cambio en nuestra forma de pensar; convertirse es la consecuencia de este cambio en nuestra manera de vivir: tenemos un nuevo objetivo.
Pablo también escribió: “Anuncié… que se arrepintiesen y se convirtiesen a Dios, haciendo obras dignas de arrepentimiento” (Hechos 26:20).
Miércoles 31 Agosto Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones. Por tanto, no temeremos, aunque la tierra sea removida, y se traspasen los montes al corazón del mar. Salmo 46:1-2 Conmoción Montes traspasados “al corazón del mar”: ¡imaginemos la angustia y el terror que produciría semejante alteración de la naturaleza! Pero podemos experimentar sentimientos parecidos cuando presenciamos los cambios tan rápidos de nuestra época. Muchas personas se sienten abrumadas, incluso oprimidas, por la evolución acelerada de nuestro entorno, tanto en las tecnologías como en los comportamientos.
Ningún campo escapa a esto. Muchos científicos temen que el calentamiento global sea bastante grave para el planeta en los futuros decenios, y que la subida de los océanos sumerja países enteros. El hambre y las guerras causan grandes migraciones, cada vez menos controladas. Las bases de la economía y las finanzas mundiales titubean. Una inesperada epidemia trastorna por completo el sistema del mundo. Y qué decir del desarrollo vertiginoso del internet y de sus aplicaciones, herramientas tan ingeniosas como vulnerables, y por lo tanto peligrosas.
Podemos confundirnos y sentirnos frágiles ante tales amenazas. Pero Dios sigue siendo el mismo, en él “no hay mudanza, ni sombra de variación” (Santiago 1:17). Él ama a todos los seres humanos y les propone ser su refugio eterno. A cada uno de los suyos, de los que ponen su confianza en él, promete: “Los montes se moverán, y los collados temblarán, pero no se apartará de ti mi misericordia, ni el pacto de mi paz se quebrantará, dijo el Señor, el que tiene misericordia” (Isaías 54:10).
“El Señor me ha sido por refugio, y mi Dios por roca de mi confianza” (Salmo 94:22).
Martes 30 Agosto Sabed que vuestro pecado os alcanzará. Números 32:23 Yo sé de vuestras muchas rebeliones, y de vuestros grandes pecados; sé que afligís al justo, y recibís cohecho, y… hacéis perder su causa a los pobres. Amós 5:12 Malversación de fondos Muy a menudo los medios de comunicación informan sobre personas de alta posición acusadas de “malversación de fondos”. ¿Qué hicieron? Estos altos funcionarios, llevados por la ambición, confundieron lo que era realmente suyo con lo que pertenece a su empresa o al Estado.
Se les consideraba como personas honestas. Y tal vez ellos mismos se lo creían. Después de todo, ¡otros también lo hacen! Pero un día la justicia interviene, y todo cambia. Al principio se defienden, proclamando su inocencia, e incluso acusan a los magistrados. Sin embargo, pronto deben bajar el tono y permitir que sus oficinas sean registradas. ¡Luego viene el juicio, la vergüenza y el fin de la hermosa fachada! Entonces todo el mundo conoce la verdad. Ayer esos personajes eran envidiados, hoy son menospreciados.
Así, ante el tribunal de Dios, todo será puesto a la luz para cada ser humano. Hoy, a menudo, nos contentamos con las apariencias y actuamos con disimulación. Pero pronto la justicia divina revelará todo. Quizá no hayamos hecho nada escandaloso a los ojos de los hombres, pero estaremos delante del Dios santo, de Aquel que sondea y juzga nuestros actos y nuestros pensamientos más secretos. ¿Qué recursos tendremos frente al juicio? ¡Ninguno!
Pero si ahora nos declaramos culpables, si nos ponemos al abrigo de la cruz de Cristo, nuestros pecados son perdonados. No iremos a condenación. Jesús pagó en nuestro lugar.
LO QUE CADA MADRE NECESITA SABER POR GLORIA FURMAN
Cada madre necesita saber en lo más profundo de su ser que Jesucristo es Aquel a quien todos los profetas estaban apuntando. Jesús es el Rey davídico que había sido profetizado y que reina sobre las naciones. Jesús ha vencido a Sus enemigos, y a través de Su Espíritu está estableciendo Su iglesia—ese magnífico “templo” multiétnico en la tierra. Dios ha establecido Su morada entre hombres y mujeres a través de Su Espíritu. Jesús es el verdadero Hijo—haciendo lo que ni Adán, ni Israel, ni David pudieron hacer—que vive fielmente de cada palabra que sale de la boca de Dios. De entre todas las naciones de la tierra, Jesús está llamando a un pueblo para Sí mismo, para que sean “linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo que pertenece a Dios” (1P 2:9). Jesús está sacando a personas de Adán y colocándolas en Sí mismo. Jesús está reemplazando corazones de piedra con corazones de carne. Con cada día que pasa, el día del Señor se va acercando, y esa no es una esperanza vana. La maternidad es un ministerio estratégico en las manos del Hijo del Hombre que fue profetizado.
Tenemos un rol sacerdotal en el que le presentamos nuestras súplicas a Dios por medio de Cristo, súplicas por Sus ovejas elegidas que están esparcidas entre las naciones. “¡Señor, escúchanos! ¡Señor, perdónanos! ¡Señor, atiéndenos y actúa! Dios mío, haz honor a Tu nombre y no tardes más; ¡Tu nombre se invoca sobre Tu ciudad y sobre Tu pueblo!” (Daniel 9:19).
Tenemos el rol real de difundir la luz del evangelio por todo el reino tenebroso de Satanás, animándonos unas a otras y edificándonos unas a otras (1Ts 5:1-11). Y tenemos un rol profético, a medida que escuchamos y obedecemos al único y verdadero Dios que se ha revelado en Su Palabra, y hablamos con la verdad acerca de Él y de Su actividad en el mundo. Como madres con una misión, para nosotras es de particular importancia el escuchar y obedecer lo que Dios ha revelado como Sus propósitos para nosotras como mujeres.
Nuestras amigas, subculturas y gobiernos tienen sus propias ideas acerca de la imagen que debemos mostrar y cómo hacerlo, pero ¿cuadran esas imágenes con lo que el Creador ha dicho en Su Palabra? ¿Es coherente con la forma en que Jesucristo está moldeando a las mujeres para que sean madres con una misión que hacen discípulos en todas las naciones?
Nuestro rol profético en el mundo deriva del hecho de que hemos sido creadas a la imagen de Dios y recreadas a la imagen de Cristo. Desde las amas de casa en Santa Clara hasta las abuelas en Nepal, todas las culturas del mundo tienen sus propias ideas de la imagen que las mujeres deben representar. (Y ni hablar de cómo esas ideas cambian con el tiempo.) Dependiendo de la imagen que cada cultura tenga, a las mujeres se le asignan “trabajos de mujer”. El razonamiento es el siguiente: las mujeres hacen lo que hacen porque eso es lo que son. Tal razonamiento puede ser correcto, pero si la imagen es incorrecta, entonces también lo será el rol. Basta pensar en la pornografía o el voyerismo farandulero como ejemplos de esto. ¿Cuál es la imagen percibida de las mujeres dentro de esos esquemas? ¿Cuál, entonces, sería el rol que desempeña la mujer al mostrar esa imagen? Piensa en las imágenes de las madres en tu propia cultura. ¿A quién o qué se supone que deben de encarnar? ¿Cuáles son las funciones que estas madres deben desempeñar?
En medio de todo este mar de ideas, la Biblia afirma la verdad inmutable de que las mujeres están hechas a la imagen de Dios. Las mujeres hacen lo que hacen porque Dios las hizo de esa manera. Reflejamos la imagen del Creador, porque eso es lo que somos: generadoras de la imagen de Dios. La imago Dei implica necesariamente capacidades y habilidades dadas por Dios, pero también implica que nuestras actividades son igualmente ordenadas por Dios.
Las mujeres muestran la imagen de su Creador a través del ejercicio de la función y el llamado de Dios para ellas (o, en otras palabras, su vocación). Podríamos decir que los términos vocación y misión son sinónimos. Nuestro Padre ha diseñado una función para nosotras y nos ha llamado a ejercerla mediante el cumplimiento de la misión que Él nos dio. Trabajando, dirigiendo, hablando, sirviendo, cuidando, liderando, enseñando y construyendo—todas estas capacidades y más son dones de Dios como provisión para la misión que Él nos dio de hacer discípulos en todas las naciones.
Ahora mismo, en todo el mundo, las mujeres están naciendo de nuevo y siendo transformadas a la imagen de Cristo al contemplar la gloria suprema y permanente de Su ministerio (2Co 3:16-18). Este nuevo nacimiento es una palabra profética al mundo que nos ve. A través del evangelio de Dios, las mujeres están siendo conformadas a la imagen de Su Hijo. Jesús está renovando a las madres misionales, no a la imagen de Eva antes de que cayera, sino a algo más glorioso: a Su propia imagen. Las mujeres que están en Cristo hacen lo que hacen porque para eso es que Cristo las está recreando.
Las madres con una misión están experimentando el poder transformador de Jesús a medida que Él va dándoles nuevas habilidades para trabajar, dirigir, hablar, servir, cuidar, liderar, enseñar y construir según Su patrón cruciforme, fortalecidas por Su Espíritu, y para que Su gloria sea conocida en el mundo. No se trata de ser súper mamás; se trata de ser madres con una misión. Me encanta como lo dijo Susan Hunt en su libro Spiritual Mothering [Maternidad espiritual]:
A medida que el deseo creciente de una mujer de imitar a Dios produce obediencia a Su Palabra, ella va desarrollando características maternales. Nuestra femineidad nos capacita para la maternidad; nuestra fe produce ciertas características de esa maternidad. Algunas de las características que vemos en las Escrituras son la fuerza, la excelencia, la ternura, la generosidad, el deseo de nutrir y cuidar, el consuelo, la compasión, el afecto, la protección y el sacrificio.
El Verbo hecho carne es Cristo mismo, y cuando Su Palabra mora en abundancia en Sus nuevas creaciones, entonces el mundo puede ver cómo Su Palabra profética está obrando hoy.
Este artículo Lo que cada madre necesita saber fue adaptado de una porción del libro Madres con una misión publicado por Poiema Publicaciones. Puedes descargar una muestra gratuita visitando este enlace.
Lunes 29 Agosto Levantándose, reprendió al viento, y dijo al mar: Calla, enmudece. Y cesó el viento, y se hizo grande bonanza. Y les dijo: ¿Por qué estáis así amedrentados? ¿Cómo no tenéis fe? Entonces temieron con gran temor, y se decían el uno al otro: ¿Quién es este, que aun el viento y el mar le obedecen? Marcos 4:39-41 Tempestad en el lago Leer Marcos 4:35-41 Como los discípulos en la barca durante la tempestad, los cristianos atraviesan el mar agitado de este mundo.
Si Jesús está en nuestro barco, aunque nos parezca que duerme, el naufragio es imposible, porque nuestra suerte está unida a la suya. Notemos que Jesús estaba en la popa del barco, cerca del timón. Este detalle nos recuerda que, a pesar de las apariencias, él dirige la barca. Los discípulos, angustiados, no comprendían cómo Jesús podía dormir en semejante situación, y lo despertaron: Maestro, vamos a perecer, ¿no te importa?
Lo mismo sucede en nuestros días: cuando pasamos por momentos difíciles, solemos pensar que el Señor duerme y no se preocupa por nosotros. ¡Qué error! Él mismo dio la orden: “Pasemos al otro lado”. Los discípulos aún no habían comprendido quién era su Maestro. Si hubieran creído su palabra, hubieran estado seguros de llegar a su destino sanos y salvos, a pesar de la tempestad.
Él nos prometió: “He aquí yo estoy con vosotros todos los días” (Mateo 28:20). Con Jesús en la barca de nuestra vida no tenemos nada que temer, aunque parezca que él duerme. Las olas y el viento pueden sacudirnos, pero con Jesús siempre estaremos seguros. Confiemos en él; suceda lo que suceda, él tendrá el control de cualquier situación.