¿POR QUÉ CELEBRAMOS EL ADVIENTO?

Coalición por el Evangelio

Noticias de gran Gozo

¿POR QUÉ CELEBRAMOS EL ADVIENTO?

La palabra «Adviento» no es una con la que crecí en la iglesia evangélica. Cuando la conocí, me sonó como algo que más bien creía la Iglesia católica romana. Luego me llevé una sorpresa al aprender que, a lo largo de la historia del cristianismo, el Adviento es visto como uno de los momentos más especiales en todo el año, solo comparable en importancia a la conmemoración de lo que Jesús hizo en la Semana Santa.

¿Por qué es tan especial el Adviento? La palabra viene del latín adventus Redemptoris, que significa «venida del Redentor». Eso es exactamente lo que se busca celebrar y recordar en este tiempo. Siempre ha sido visto por los creyentes como una temporada especial para meditar en el misterio de la encarnación de Jesús y gozarnos en lo que significa, y así preparar nuestros corazones para gozarnos más en Dios.1

Esta realidad, que el Hijo de Dios se hizo hombre para redimirnos y darnos vida eterna junto a Él, lo cambia todo. Nos muestra hasta qué punto el Dios infinito en gloria fue capaz de descender por nosotros para luego elevarnos junto a Él. Nos muestra que el regalo más grande que Dios decidió darnos, cuando más bien merecemos el castigo eterno por nuestros pecados, es Él mismo.

El Adviento es una época para recordar el amor de Dios, un amor que corazones distraídos como los nuestros tienden a olvidar con facilidad. Este es un amor que nos llena de consuelo, paz y esperanza cuando hemos fallado o cuando estamos en medio del dolor. Un amor que también nos lleva a darle toda la gloria a Dios en nuestros momentos de alegría, y a compartir de su gracia con un mundo que la necesita desesperadamente.

Todo esto está en el corazón del evangelio. Por eso los grandes líderes de la Reforma protestante del siglo XVI promovieron la celebración del Adviento con fervor. Si la salvación es por gracia sola, por medio de la fe sola, y por medio de Cristo solo, entonces tenemos el mayor de los motivos para gozarnos en Dios en respuesta a su salvación.

Así que el Adviento es un tiempo para buscar conocer más profundamente a Jesús a la luz de su encarnación, mientras también nos identificamos con las personas que en tiempos del Antiguo Testamento aguardaban la llegada del Mesías prometido, tratando de ponernos en sus zapatos mientras esperamos que llegue el día de celebración de la Navidad. Sin embargo, no somos llamados a mirar únicamente al pasado, sino también al futuro, preparándonos para aquel día en que veremos al Señor regresar para consumar su reinado.

Oramos que las siguientes meditaciones te ayuden a crecer más en tu amor por Dios y desear con más fervor el segundo adviento del Rey que nos redimió por su gracia.

Josué Barrios

Editor General

Acompáñanos por un viaje de veinticinco días de reflexión que nos lleve a través de algunos de los pasajes bíblicos más significativos sobre el nacimiento de nuestro Señor Jesucristo y lo que Él vino para realizar.

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Dedicación Matinal

El valle de la visión

Oraciones Puritanas

Dedicación Matinal

¡Dios Todopoderoso!
Mientras cruzo el umbral de este día, yo Te confío, a mí misma alma,
cuerpo, relaciones, amigos, a tu cuidado. Vigílame, guárdame, oriéntame,
dirígeme santifícame, bendíceme. Inclina mi corazón hacia Tus caminos.
Moldéame totalmente a imagen de Jesús, como un alfarero hace con el
barro. Que mis labios sean un arpa bien afinada para resonar Tu alabanza.
Haz que aquellos que me rodean me vean viviendo por Tu Espíritu, pisando
el mundo bajo los pies, no conformado a las mentirosas vanidades,
transformado por una mente renovada, revestido con toda la armadura de
Dios, brillando como una luz que nunca disminuye, demostrando santidad
en todas mis acciones. No permitas que ningún mal este día manche mis
pensamientos, palabras, manos. Que yo pueda peregrinar por caminos
lodosos con una vida pura de mancha u oscuridad. En las acciones
necesarias, haz que mi afecto esté en el cielo, y mi amor elevado en llamas
de fuego, mi mirada fija en cosas invisibles, mis ojos abiertos al vacío,
frágiles, lejos de la tierra y sus vanidades. Que yo pueda consultar todas las
cosas en el espejo de la eternidad, a la espera de la venida de mi Señor,
oyendo el llamado de la última trompeta, avivando el nuevo cielo y la
nueva tierra. Ordena en este día todas mis conversaciones de acuerdo con
Tu sabiduría, y a la ganancia del bien común. No permitas que yo no sea
beneficiado o hecho útil. Que yo pueda hablar cada palabra como si fuera
mi última palabra, y andar cada paso como el último. Si mi vida fuera a
terminar hoy, que este sea mi mejor día.

Oraciones Puritanas

¡Ay de aquellos que han de rendir cuentas por las almas!

Diarios de Avivamiento

¡Ay de aquellos que han de rendir cuentas por las almas!

Richard Baxter

«La libre confesión es la condición para la plena remisión; cuando el pecado es público, la confesión también debe serlo. Si los pastores de mi país solo pecaran en latín, me las habría arreglado para amonestarlos en latín, o me habría callado. Pero si pecan en su lengua materna, han de escuchar la reprimenda en ella. El pecado sin perdonar no admite ni descanso ni prosperidad, por mucho que nos esforcemos en taparlo; tarde o temprano nuestro pecado se descubrirá, aunque no nos demos cuenta. El fin de la confesión es reconocer el pecado, asumiendo la vergüenza que supone; y si es verdad que «el que confiesa y se aparta [de sus pecados] alcanzará misericordia», no resulta sorprendente que «el que encubre sus pecados no prosperará».

Demasiados que han emprendido la obra del ministerio se obstinan en el interés, la negligencia, el orgullo y otros pecados, de manera que nos vemos obligados a amonestarlos. Si viéramos que los tales se prestaran a reformarse sin esta reprensión, de buena gana evitaríamos publicar sus faltas. Pero cuando la amonestación resulta tan ineficaz que se ofenden más por ella que por el pecado en sí, y prefieren que dejemos de reprenderlos en lugar de dejar ellos de pecar, creo que es hora de usar un remedio más fuerte.

Pasar por alto el pecado de un pastor es fomentar la ruina de la Iglesia, ya que la depravación del pastor es la forma más rápida de viciar y descarriar la congregación. La forma más eficaz de fomentar la reforma es intentar reformar a los líderes de la Iglesia.

¡Tampoco podemos guardar silencio mientras tú ayudas a la gente a condenarse, trayendo confusión y peligro a la Iglesia por temor a ser bruscos contigo o disgustar a tu alma impaciente!

Si te hubieras dedicado a otra cosa, de manera que tus pecados solo te afectaran a ti mismo y te condenaras solo, no nos veríamos obligados a molestarte; pero si emprendes la labor del ministerio, tan necesaria para la preservación de todos nosotros, de manera que si te dejamos pecar libremente arriesgamos la pérdida de la Iglesia, no nos culpes por hablarte con más franqueza que delicadeza.

Consideremos en qué consiste la vigilancia de nosotros mismos.

 1.          Asegúrate de que la obra de la gracia salvadora sea completa en tu propia alma. Cuídate, no vayas a carecer de aquella gracia salvadora de Dios que ofreces a los demás, desconociendo la obra eficaz del Evangelio que predicas; y no sea que mientras proclamas al mundo la necesidad del Salvador, tu propio corazón lo desconozca y pierdas tu parte en Él y en los beneficios de su salvación. Cuídate de morir mientras avisas a los demás contra el peligro de muerte, y de morir de hambre mientras preparas su comida. Muchos han exhortado a los demás a no caer en el Infierno a la vez que ellos mismos corrían allá; más de un predicador que clamó muchas veces a sus oyentes para que escaparan de la condenación, está ahora en el Infierno. ¿Acaso resulta razonable imaginar que Dios le salvara a uno por ofrecer la salvación a los demás mientras él mismo la rechazaba; o por contar aquellas verdades a los demás que él mismo dejó de lado o de las cuales abusaba?

Créanme, hermanos míos; Dios nunca salvó a nadie por ser predicador, por muy capacitado que fuera, sino por ser justificado y santificado, y, por consiguiente, fiel en la obra de su Maestro. Por tanto, examina primero tu propia vida, y asegúrate de que eres lo que incitas a tus oyentes a ser, y crees lo que los persuades a creer, y acoges bien al Salvador que ofreces a los demás. Es terrible profesar la fe sin ser santificado, pero peor es el estado del predicador sin santificar. ¿No te hace temblar el abrir la Biblia, por si allí leyeras tu propia condena? Cuando escribes tus sermones, ¿se te ocurre pensar que estás trazando acusaciones contra tu propia alma? Cuando reprendes el pecado, ¡agravas el tuyo propio! Cuando proclamas ante la congregación las riquezas insondables de Cristo y su gracia, ¡estás publicando tu propia iniquidad al rechazarlas, y tu propia desgracia al perderlas! ¿Qué harás si, al persuadir a la gente a venir a Cristo, al sacarla del mundo e incitarla a una vida de fe y santidad, tu propia conciencia se despierta y te dice que todo lo que dices redundará en vergüenza para ti? Si hablas del Infierno, .hablas de tu propia heredad; si describes el gozo del Cielo, describes tu propia desgracia, ya que no tienes derecho a «la herencia de los santos en luz». ¡Gran parte de lo que dices irá en contra de tu propia alma!

¡Cómo aumenta la desgracia morir en medio de la abundancia, y perecer de hambre con el pan de vida en la mano que tendemos a los demás, animándolos a comer! ¡Que los mismos medios de la gracia divina, instituidos como medio de convicción y salvación, sean nuestro engaño! Mientras tendemos el espejo del Evangelio a los demás para mostrarles el rostro de su alma, nosotros solo miramos la parte de atrás, que no refleja nada, o lo miramos de lado para ver una imagen distorsionada de la nuestra.

Cuando estas ideas hayan entrado en tu alma y obrado un poco para el bien de tu conciencia, te aconsejo que acudas a la congregación para predicar el sermón de Orígenes sobre el Salmo 50:16-17: «Pero al malo dijo Dios: ¿Qué tienes tú que hablar de mis leyes, y que tomar mi pacto en tu boca? Pues tú aborreces la corrección, y echas a tu espalda mis palabras«. Y cuando hayas leído este texto, que te sientes para exponerlo y aplicarlo con lágrimas, haciendo una confesión plena y libre de tu pecado y lamentándolo ante toda la asamblea, pidiendo sus oraciones para recibir el perdón y la virtud de la renovación, para que después pueda predicar un Salvador al que conoce personalmente, y hablar de corazón, elogiando las riquezas del Evangelio por experiencia propia.

¡Ay! Es un peligro y calamidad frecuente en la Iglesia el tener pastores inconversos y sin experiencia, y que tantos se hagan predicadores antes de ser cristianos, siendo santificados por el rito de la ordenación ante el altar como sacerdotes de Dios antes de santificarse por una entrega de corazón como discípulos de Cristo, de manera que adoran a un Dios desconocido y predican al Cristo que no conocen, orando por un Espíritu desconocido y recomendando un estado de santidad y comunión con Dios, y una gloria y felicidad que desconocen, y que probablemente nunca conozcan.

Una vez más, por tanto, quiero dirigirme a todo aquel que esté involucrado en la formación de los jóvenes, especialmente en la preparación para el ministerio. Si eres maestro o tutor, debes empezar y terminar con las cosas de Dios. Habla a diario a los corazones de tus alumnos sobre las cosas que deben suceder en sus propios corazones; si no, va todo perdido. Pronuncia a menudo palabras penetrantes en cuanto a Dios, el estado de sus almas, y la vida eterna. No digas que son demasiado jóvenes para comprenderlas o aplicarlas. No sabes el impacto que puedan tener. No solo el alma de un muchacho, sino muchas más pueden tener motivos de alabar a Dios por tu celo y diligencia y por las palabras oportunas. Tienes más oportunidades que otros para hacerles bien; tratas con ellos antes que alcancen la madurez, y te escucharán cuando no prestan oídos a ningún otro. Si están destinados para el ministerio, los estás preparando para un servicio especial a Dios. ¿Acaso no deben primero conocer al que tendrán que servir? ¡Imagínate lo triste que sería para sus propias almas, y qué desgracia para la Iglesia de Dios, si salen de tus manos con corazones vulgares y carnales, para emprender esa gran tarea espiritual!

2.         Asegúrate de predicarte a ti mismo los sermones que escribes antes de predicarlos a los demás. Probablemente se darán cuenta cuando has pasado mucho tiempo con Dios: lo que más ocupa tu corazón resonará más en sus oídos. Confieso que lo digo por mi propia experiencia lamentable; declaro ante el rebaño el malestar de mi propia alma. Cuando dejo enfriar mi corazón, la predicación resulta fría; cuando estoy confuso, la predicación también. Si nos alimentamos de errores o controversias inútiles, nuestros oyentes padecerán por ello. Si no te dedicas a diario a escudriñar tu propio corazón, desarraigar la corrupción, y andar con Dios -si no te ocupas en esto constantemente-, todo saldrá mal y tus oyentes morirán de hambre. Si finges el fervor, no puedes esperar una bendición de lo alto. Sobre todo, pasa mucho tiempo en la meditación y oración en privado. De allí saldrá el fuego celestial para encender tus sacrificios; recuerda que si abandonas tu deber, no serás el único dañado. Muchos otros saldrán perdiendo contigo.

3.         Asegúrate de que tu ejemplo no contradiga tu doctrina. No vayas a poner tropiezo ante los ciegos, para su ruina; no vayas a desmentir con tu vida lo que dices con la lengua, estorbando como nadie el éxito de tu propia labor. ¡Será un estorbo mucho mayor si te contradices a ti mismo; si tus acciones desmienten tus palabras, si edificas en un par de horas con la boca lo que te dedicas a derribar con las manos el resto de la semana! Así harás creer a los demás que la Palabra de Dios es un cuento de hadas, y que la predicación es mera palabrería. Es un error palpable de algunos pastores esta desproporción entre su predicación y su manera de vivir. Se esfuerzan mucho por predicar con exactitud, y no cuidan su estilo de vida. Les horroriza una palabra mal usada en un sermón, o alguna debilidad notoria -y no les culpo, por tratarse de un asunto santo y de mucha importancia- pero no se preocupan por las emociones, palabras y acciones mal empleadas a lo largo de su vida. ¡A cuántos he visto predicar con mucho esmero, y vivir descuidadamente! Se esfuerzan tanto por preparar sus sermones que pocas veces la predicación les parece una virtud, con tal que su lenguaje sea elegante; todos los autores retóricos que pueden encontrar les sirven para adornar más el estilo, y a menudo sus adornos más preciados son meras baratijas sin valor alguno.

Nuestros feligreses deben ser «hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores»; de igual manera, nosotros debemos ser hacedores, y no tan solamente predicadores. Una doctrina práctica se predica en la práctica. Hermano, si tu propósito es salvar almas, ¡seguro que quieres hacerlo tanto fuera del púlpito como dentro! Si ese es tu propósito, vivirás para ello, y todos tus esfuerzos contribuirán a ese fin. Dirás en cuanto al dinero que tienes en el bolsillo, tanto como de las palabras que tienes en la boca: «¿De qué manera puedo gastarlo para el mayor bien, especialmente para las almas?». ¡Ojalá que pensaras a diario cómo usar tu dinero, tus amistades, y todo lo que tienes para Dios, al igual que la lengua! Entonces veríamos los frutos de tu labor que nunca se verán de otra manera. Si piensas que tu ministerio acaba en el púlpito, pareces considerarte pastor solamente mientras estás allí. Si es así, creo que no eres digno de llamarte tal cosa.

Que tu vida condene el pecado, y persuada a la gente al deber. ¿Acaso querrás que tus feligreses cuiden más sus almas que tú mismo cuidas la tuya? Si quieres que rediman el tiempo, no lo malgastes tú. Si no quieres que su conversación sea de cosas vanas, asegúrate de hablar palabras, que tienden a ministrar la gracia a sus corazones. Ordena bien tu familia, si quieres que hagan lo mismo. No seas soberbio, si quieres que sean humildes. 

4.           Asegúrate de no cometer aquellos pecados contra los cuales predicas. Cuídate de criticar el pecado sin vencerlo, y de intentar eliminarlo en los demás mientras tú mismo eres su esclavo. ¡Ah, hermano mío! Es más fácil criticar el pecado que vencerlo.

5.           Finalmente, asegúrate de que no te falten las cualidades necesarias para la obra. El que quiere enseñar a los demás los misterios de la salvación no debe ser un bebé en la sabiduría. Aquel que tiene un cargo como el nuestro debe estar muy cualificado. Hay grandes dificultades teológicas que resolver, que atañen a los principios fundamentales de la fe. Hay muchos pasajes oscuros de la Palabra que explicar. Hay deberes en los cuales nos podemos descarriar a nosotros mismos y los demás si no estamos bien informados en cuanto al asunto, su propósito y la forma de cumplirlo. ¿Acaso puede hacer esta clase de trabajo un hombre inculto y sin experiencia? No es una carga adecuada para los hombros de un niño. Cada aspecto de la labor requiere gran habilidad; ¡y qué importante es cada parte! Me parece que predicar un sermón no es lo más difícil; sin embargo, se requiere gran capacidad para dejar clara la verdad, convencer a los oyentes, y alumbrar de forma irresistible y permanente sus corazones, grabando la Verdad en sus mentes y abriendo sus corazones a Cristo.

¡Cuántos duermen bajo nuestro ministerio porque nuestras lenguas y corazones están adormecidos, y no tenemos habilidad ni celo para despertarlos! ¿No te dicen el corazón y la razón que si te atreves a aventurarte en una obra tan alta como esta, no debes escatimar esfuerzos al capacitarte para ella? No bastarán los ratos perdidos de estudio para formar a un teólogo sano y capaz. Sé que la pereza ha aprendido a decir que todo estudio es vano, porque el Espíritu nos capacita completamente y nos ayuda en la tarea; como si Dios nos diera los medios para luego permitirnos desestimarlos; como si tuviera por norma prosperamos en la desidia, transmitiéndonos su sabiduría en sueños mientras dormimos, o llevándonos al Cielo para mostramos sus propósitos mientras nosotros no pensamos en nada, sino que perdemos el tiempo aquí en la Tierra. ¿Cómo se atreve uno, por pereza, a apagar el Espíritu, diciendo luego que el Espíritu le llevó a hacerlo? ¡Sería un ultraje, una vergüenza desnaturalizada! Dios nos manda ser en lo que requiere diligencia, no perezosos; fervientes en espíritu, sirviendo al Señor

¡Hermano, no pierdas más tiempo! Estudia, ora, consulta y practica; son las cuatro maneras de aumentar tu capacidad. Cuídate de ser débil por negligencia propia, estropeando la obra de Dios con tu debilidad.»

Todos los párrafos anteriores son extractos del libro El Pastor Renovado (o Pastor reformado) de Richard Baxter.

Pastor Richard Baxter - Diarios de Avivamientos

Richard Baxter

Richard Baxter, Richard,  nació el 12 de noviembre de 1615; el pastor, evangelista y escritor más destacado en cuanto a asuntos prácticos y devocionales producido por el puritanismo. Logró cosas asombrosas en Kidderminster; Inglaterra nunca había sido testigo de un ministerio parecido. La ciudad abarcaba unos 800 hogares y 2000 personas. Cuando Baxter llegó, era ‘un pueblo ignorante, rudo y parrandero’, pero ese estado sufrió una dramática transformación: «La congregación solía estar completa [la iglesia tenía capacidad para 1000 personas], de manera que nos vimos obligados a construir cinco galerías[ … ]. Los domingos [ … ] se podía escuchar a cien familias cantando salmos y repitiendo sermones al pasar por las calles [ … ]; cuando llegué aquí había más o menos una familia por calle que adoraba a Dios y clamaba a su nombre y, cuando me marché, en algunas calles no quedaba ni una sola familia que no lo hiciera; todos, al profesar una piedad seria, nos hacían confiar en su sinceridad«

Diarios de Avivamientos – 2019

EL EVANGELIO DE HOY ¿AUTÉNTICO O SINTÉTICO?

Lumbrera

Walter J. Chantry 

Walter J. Chantry presenta un libro corto pero de gran contenido que usted no debe dejar de leer.

El evangelio de hoy ¿Auténtico o sintético? es una obra magistral que le ayudará a presentar el evangelio, como lo presentó Jesús. Voy a compartir con ustedes algunas pinceladas de este libro para su edificación.

¿Qué le pasa al evangelismo de hoy?

Verdad y unidad

Los evangélicos saben que hay problemas en sus iglesias y misiones. Tras la fachada de los entusiastas informes y de las grandes estadísticas, hay una conciencia profunda de que la iglesia tiene poco poder en la evangelización. Los dirigentes eclesiásticos, mientras intentan con ardor crear un aura de gozo y victoria entre seguidores, se encuentran inquietos y profundamente insatisfechos por su situación actual por el resultado de sus esfuerzos.

Se siguen haciendo las mismas preguntas: ¿Qué le pasa a nuestro evangelismo? ¿Qué hace falta para ganar al mundo para Cristo? ¿Dónde está el poder de un Jonathan Edwards o de un George Whitefield?

En esta búsqueda sincera para que el poder de Dios vuelva a la predicación de hoy, los evangélicos han cometido algunos errores cruciales. A pesar de ser creyentes en la Palabra de Dios, han recurrido a las mismas soluciones superficiales que han adoptado los liberales. Lo pertinente, lo respetable (sea intelectual o social), y sobre todo la unidad, han venido a ser los objetivos del pueblo de Dios, en la esperanza de que estas cosas revitalizarán a una debilitada iglesia.

Al haber aceptado la teoría de que la unidad es absolutamente necesaria para la evangelización mundial, tanto la iglesia como el individuo deben rebajar la estimación del valor de la verdad. Por ello, en un gran congreso sobre evangelización no podríamos hacer hincapié en alguna verdad de la Palabra de Dios que pudiera ofender a un hermano evangélico. Así es necesario encontrar el mínimo denominador común que todos los cristianos nacidos de nuevo puedan aceptar. Las organizaciones misioneras tacharían de “no esencial” al resto de la Biblia. Después de todo, la unidad (entre cristianos) se considera más importante que le precisión doctrinal.

Es precisamente por esta razón que las sociedades misioneras no se han mostrado dispuestas a examinar cuidadosamente la raíz del problema en la predicación. Los consejos de administración de las misiones vacilan para contestar a la pregunta: “¿Qué es el evangelio?”

El contestar a esta pregunta a fondo supondría condenar lo que predican muchos de sus misioneros. Destruiría la sociedad misionera que depende de una cooperación de iglesias que tienen distintas respuestas a esa pregunta. El adoptar el criterio de una iglesia significaría perder la ayuda de las otras. Todo el sistema construido sobre la base de la unidad y la generalidad se derrumbaría. Tampoco la iglesia local puede ser muy específica respecto a la verdad. Podría afectar a su armonía con la denominación o la asociación. La definición escrupulosa del evangelio provocaría también conflictos con las organizaciones que trabajan entre adolescentes. Promovería irritantes problemas con las juntas directivas de las misiones y embarazosos desacuerdos con misioneros que han sido apoyados durante muchos años. Podría asimismo condenar el programa entero de la Escuela Dominical. El prestar mucha atención al contenido del evangelio produciría fricción con otros evangélicos. ¡Y la unidad es la clave del éxito!

La tradición en el evangelismo

Los evangélicos aman la herencia de la Reforma. Estamos en línea de Lutero y de aquellos que rompieron las cadenas de la superstición papista. La Biblia, la Palabra Santa de Dios, es nuestra guía en todas las cosas. No nos doblegamos ante ninguna autoridad religiosa humana. Esa declaración fluye de un correcto espíritu de suprema lealtad a Dios. Sin embargo, el grito “Sola scriptura” es con frecuencia más una indicación de buenas intenciones que un hecho. El ala evangélica de las iglesias protestantes está saturada de doctrinas y prácticas que no tienen fundamento bíblico. Muchas enseñanzas y costumbres referentes al evangelio son tan invención y tradición humana como lo fueron las indulgencias de Tetzel. Y ciertas doctrinas que hay entre nosotros son igual de peligrosas.

En la cuestión central del camino de la salvación, amplios sectores del protestantismo están entregados al neotradicionalismo. Hemos heredado un sistema de predicación evangelística que no es bíblica. Y esta tradición no es antigua. Nuestro mensaje y forma de predicar el evangelio no se remontan a la Reforma y a sus credos. Son innovaciones mucho más recientes.

Peor aún: no se encuentran en las Escrituras. Es evidente que han surgido de una exégesis superficial y de una descuidada mezcla del racionalismo del siglo XX con la revelación de Dios.

El producto resultante es un conglomerado peligroso -exactamente de la clase que Satanás usa para engañar a los pecadores. ¿Que secta es la que no ha aprendido a emplear versículos de la Biblia y verdades a medias para establecer sus mentiras? Esa ha sido la estrategia del Diablo desde principio (Génesis 3:5). Mediante la venta de otro evangelio a esta generación, Satanás ha estado utilizando a muchos hombres sinceros para predicar un Cristo destronado. La gloria del Salvador queda oculta incluso para sus servidores por causa de que los predicadores no dan la debida atención al evangelio de la Palabra de Dios sola.

Los productores del evangelismo moderno son, con frecuencia, tristes ejemplos de cristianismo. Son personas que hacen una profesión de fe y luego continúan viviendo como el resto del mundo. Las “decisiones por Cristo” significan muy poco. Sólo una pequeña proporción de los que “se deciden” presentan la evidencia de la gracia de Dios en una vida transformada. Cuando la excitación de la última campaña de evangelización se ha esfumado, cuando el coro ya no canta emocionantes himnos, cuando ya no se reúnen las grandes multitudes y cuando la conmovedora esperanza de la “invitación” del evangelista se ha trasladado a otra ciudad, ¿qué queda de real y duradero? Cuando ya sea ha visitado cada casa del pueblo de misión, ¿qué se ha conseguido? Un corazón sincero responderá: “Muy poco”. Se ha hecho mucho ruido y ha habido una conmoción espectacular, pero Dios no ha descendido con su terrorífico poder y su gracia regeneradora.

Todo esto está relacionado con el uso de un mensaje no bíblico en el evangelismo. La verdad necesaria para dar vida ha quedado oculta por la cortina de humo de las invenciones humanas. Sobre la base superficial de la lógica humana se ha inducido a muchos a creer que tienen un derecho a la vida eterna y se les ha dado una seguridad que no les pertenece. Los evangélicos están engrosando las filas de los engañados con un evangelio pervertido. Muchos de lo que han tomado “decisiones” en las iglesias modernas, y se les ha dicho que sus pecados han sido perdonados, se sorprenderán al oír -como los clientes de Tetzel– “Nunca os conocí; apartaos de mí.” (Mateo 7:23).

Muchos del los que leen estas páginas habrán heredado costumbres y enseñanzas que asumirán como la forma correcta del evangelismo. Nunca habréis visto una iglesia viva evangelizar activamente de otra manera, de modo que les habréis puesto en duda. Ya se que hay algunos que afirman tener la teología de la evangelización más exacta, y que no hacen nada para ganar pecadores para Cristo. Por una parte, la ausencia de celo evangelizador es una situación terrible; pero también existe el peligro de un evangelismo no conforme a ciencia. ¿Podrías estar desviando almas o dirigiendo mal las labores de otros cristianos? ¿Has examinado tu mensaje de tus métodos a la luz de la Palabra de Dios?

Pastores, esta no es una pregunta ociosa: ¿Nunca os habéis extrañado de esos “convertidos” que son tan carnales como siempre? ¿Y qué decir de aquellos que “se han decidido por Cristo” y no se puede saber lo que han decidido? No son piadosos como el Salvador en el que profesan creer, ni celosos por su causa. No estudian la Palabra y no se preocupan si están ausentes cuando es predicada. En consecuencia se puede saber que no dan una evidencia de verdadera conversión. ¿Has considerado la posibilidad que nunca fueron evangelizados? ¿Acaso han sido tu predicación y tus métodos los que les ha guiado a sentirse a gusto con Cristo?

A menos que nuestras iglesias se repiensen lo que es el camino de la salvación mediante una sincera búsqueda en la Palabra de Dios, el protestantismo evangélico se asfixiará en la ciénaga de las tradiciones humanas, como le sucedió a Roma mucho tiempo atrás. Ya hay muchos evangélicos que se ven tristemente maniatados como lo están los ignorantes vasallos del Papa. No se puede pretender la unidad a expensas del evangelio.

Muchos casos concretos del evangelismo personal de nuestro Señor y muchos sermones apostólicos servirían muy bien para definir lo que es el evangelio. Hemos elegido la entrevista de Jesús con el joven rico porque es un ejemplo vivo de los elementos esenciales de la predicación del evangelio, según encontramos por todo el Nuevo Testamento. Las palabras de Marcos 10:17-27 resaltan en claro contraste con la doctrina prevalente de los evangélicos de hoy. La diferencia entre el evangelio actual y el evangelio de Jesús no consiste en pequeños detalles sino en la esencia de la cuestión. Las desviaciones modernas son lo bastante graves como para entristecer al Espíritu y dar como resultado unas redes vacías. Son tan peligrosas que pueden desviar a las almas por toda la eternidad.

Algunos irán a refugiarse de inmediato tras el cómodo escudo del relativismo. La excusa de que “solo es una cuestión de énfasis” se utilizará para eludir un autoexamen profundo de la luz de la Palabra de Dios. Pero los contrastes que resultan de la comparación del Evangelio de Cristo y el “evangelio” popularizado de nuestro tiempo, son cruciales y no periféricos. En el contraste entre estos dos mensajes pueden estar la diferencia entre la vida y la muerte para un alma, y la diferencia entre la vitalidad y la esterilidad para una iglesia.

Ningún cristiano sincero tiene la intención de engañar a los pecadores. Por su amor a las almas, los evangélicos sinceros presentan algunas verdades profundas en su testimonio. Y sin embargo, a causa de la omisión inconsciente de ciertos ingredientes esenciales del evangelio, son muchos los que fracasan en comunicar incluso aquella parte de la Palabra de Dios que intentan explicar. Cuando media verdad se presenta como si fuera toda la verdad, se convierte en falsedad.

Aunque las soluciones pueden ser dolorosas, debes preguntarte si tu iglesia, tus misioneros, tus evangelistas, tus maestros de Escuela Dominical y tú mismo, estáis predicando el evangelio de nuestro Señor. Aunque la respuesta pueda provocar incomodidad, conflictos, malentendidos y pérdida de amigos, no puedes deshonrar a Dios haciendo caso omiso a su verdad. Si no estás dispuesto a estar firme acerca del contenido del evangelio, entonces nunca más hables de celo, el sacrificio y la actividad. Si no estás dispuesto a exigir que la historia que hay que contar a las naciones tiene que ser exactamente la historia de Jesús, ¿para qué continuar con el “evangelismos” y con las “misiones”?

Observa atentamente al Maestro Evangelista de todas las edades. Escucha su mensaje, examina sus motivos y toma nota de sus métodos. Y luego refléjalo en tu propio ministerio. En aquel joven del año 30 d.J.C. verás el rostro de los jóvenes de nuestros tiempos. Para llegar a ellos debes decir lo que el Señor dijo. Para agradar a Dios debes trabajar como Cristo trabajó. ¡Arroja las cadenas de las tradiciones evangélicas! rechaza el tener que pagar la unidad externa con las monedas de la verdad fundamental. En el evangelismo, aprende a seguir al Cristo de la Escritura. Echa mano del evangelio auténtico y desecha el sintético.

Índice

1. La predicación del carácter de Dios

* Las ventajas del joven rico

* La reprensión de Jesús

* El motivo de Jesús

* El mensaje de Jesús

2.- La predicación de la Ley de Dios

* Los primeros nueve mandamientos

* El décimo mandamiento

3.- La predicación del arrepentimiento

4.- La predicación de la fe en el hijo de Dios

5.- La predicación de la confianza de ser aceptado por Dios.

6.- La predicación dependiente de Dios

Conclusión

Bibliografía de interés

ARTÍCULO TOMADO DE: https://lumbrera.me/

Por qué «Abba» no significa «papito»

Coalición por el Evangelio

Por qué «Abba» no significa «papito»

JUSTIN TAYLOR

En ocasiones se nos ha dicho que la palabra Abba en arameo (Ro 8:15Gá 4:6) indica que debemos llamar a Dios Padre «papito», como una expresión de intimidad relacional reverente.

Murray Harris, el estudioso del Nuevo Testamento quien ha sido llamado una de las más grandes mentes griegas de nuestros días, nos dice por qué esto no es cierto.

A continuación comparto un extracto de su libro Navigating Tough Texts: A Guide to Problem Passages in the New Testament (Navegando por textos difíciles: Una guía de pasajes problemáticos en el Nuevo Testamento).


Es cierto que en el Talmud judío y otros documentos judíos encontramos declaraciones tales como: «cuando un niño experimenta el sabor del trigo (esto es, cuando es destetado), aprende a decir ‘abbā ‘immā» (en el Talmud babilónico Berakot 40a) (= nuestro «dada» y «mama»).

Sin embargo, aun si el término abba comenzó como un balbuceo infantil (y esto no está muy claro), en los tiempos de Jesús era una palabra de adultos que significa «Padre» o «mi Padre» (como un vocativo) o «el Padre» o «mi Padre» (como una referencia).

Es decir, abba no es un término infantil de guardería comparable a «papito». Era un término cordial y serio, pero también coloquial y familiar, usado con regularidad por hijos e hijas adultos al referirse a su padre. Unida a esta palabra familiar de confianza y obediencia infantil están las nociones de simplicidad, intimidad, seguridad y afecto. Entonces, para evocar la sensación de intimidad cálida y confiada que pertenece a la palabra, podríamos parafrasearlo de manera apropiada como «querido padre».

Si Pablo hubiese querido expresar el sentido de «papito», él pudo haber usado una palabra en griego que él sin duda conocía: papas pappas que quiere decir «papá» o «papito», la primera palabra que un niño dice para «padre».

Estas son cuatro razones por las que «papito» no es una traducción apropiada para Abba.

Primero: En los tres pasajes del Nuevo Testamento donde la palabra abba aparece (Mr 14:36Ro 8:15Gá 4:6), es traducido de manera inmediata con el término «Padre» (ho patēr, el nominativo articular griego usado en un sentido vocativo).

Segundo: Jesús mismo indicó a sus seguidores que llamarán a Dios como «nuestro Padre», pater hēmōn (Mt 6:9).

Tercero: Cada una de las diecisiete oraciones de Jesús (no contando los paralelos) registradas en los Evangelios comienzan con «Padre», posiblemente Abba en cada caso.

Cuarto: Es totalmente inapropiado que los cristianos, jóvenes o mayores, llamen a Dios «papito», ya que el término usado en español es muy casual, ligero y modesto como para ser usado para llamar al Señor Dios Todopoderoso, el creador y sustentador de todas las cosas, sin mencionar el hecho de que «papito» se abrevia comúnmente como «papi».

Es posible que un sentido inadecuado de familiaridad con Dios por parte de algunos cristianos llevó a Pedro a decir: «Y si invocan como “Padre” a Aquel que imparcialmente juzga según la obra de cada uno, condúzcanse con temor durante el tiempo de su peregrinación» (1 P 1:17).

Es decir, llamar a Dios como «Padre nuestro que estás en los cielos» en el Padre Nuestro es recordar que Él es el Juez Supremo, omnisciente e imparcial de cada persona, que debemos acercarnos a Él con reverencia, no como si fuera simplemente otro «papito».


Publicado originalmente en The Gospel Coalition. Traducido por Equipo Coalición.

Justin Taylor es el vicepresidente y editor general de libros en Crossway. También escribe en su blog Between Two Worlds. Lo puedes seguir en Twitter.

La oración de alabanza y adoración de David

Domingo 21 Noviembre

Tuya es, oh Señor, la magnificencia y el poder, la gloria, la victoria y el honor… nosotros alabamos y loamos tu glorioso nombre… ¿quién soy yo, y quién es mi pueblo, para que pudiésemos ofrecer voluntariamente cosas semejantes? Pues todo es tuyo, y de lo recibido de tu mano te damos.1 Crónicas 29:11-14

Todo tipo de oraciones (13) – La oración de alabanza y adoración de David

El rey David, ya mayor, estaba a punto de dejar el trono a su hijo Salomón, quien tendría el privilegio de construir el templo de Dios. David preparó todo, pues para él este asunto era muy importante. Reunió al pueblo, le habló del futuro templo e hizo un llamado a hacer donaciones. El pueblo, de un solo corazón, ofreció materiales en abundancia para la casa de Dios. Entonces David, feliz y agradecido, dirigió a Dios la oración de alabanza y adoración que leemos en el versículo del día. Celebró su grandeza y se maravilló de tener el privilegio de ofrecer algo a un Dios tan grande y bondadoso e invitó a todos los presentes a postrarse ante Dios.

Esta alabanza brotó espontáneamente del corazón del rey David. La grandeza, el poder y la bondad de Dios produjeron en él un profundo sentimiento de su pequeñez y una adoración ferviente.

Cristianos, la bondad de Dios hacia hombres pecadores y enemigos se manifestó de forma todavía más maravillosa mediante el don de su muy amado y unigénito Hijo. Como David, nos sentimos muy pequeños ante tanta bondad. Nos unimos al apóstol Pablo para exclamar: “¡Gracias a Dios por su don inefable!” (2 Corintios 9:15). Nuestro corazón desborda de agradecimiento hacia el autor de nuestra salvación: “Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre… a él sea gloria e imperio por los siglos de los siglos” (Apocalipsis 1:5-6).(mañana continuará)

Job 25-27 – Hebreos 10:19-39 – Salmo 130 – Proverbios 28:7-8

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La fe recompensada

Sábado 20 Noviembre

El Señor recompense tu obra, y tu remuneración sea cumplida de parte del Señor… bajo cuyas alas has venido a refugiarte.Rut 2:12

La fe recompensada

En un relato de la Biblia, en el libro de Rut, leemos que Noemí y su marido dejaron Belén para huir de la hambruna e ir a un país vecino. Allí sus dos hijos se casaron con mujeres moabitas: Orfa y Rut, quienes no conocían a Dios. Noemí perdió a su marido y luego a sus dos hijos. Entonces se enteró de que Dios había hecho cesar el hambre en su país, y decidió volver. Explicó a sus nueras su decisión de dejarlas.

Rut escuchó a Noemí hablar del poder de Dios a favor de su pueblo y decidió acompañarla. Le dijo: “Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios mi Dios” (Rut 1:16). Cuando llegó a Belén como extranjera, Rut se fue a los campos a espigar para conseguir alimentos. Esos campos eran de un creyente, Booz, quien conocía los pensamientos de Dios. Él vio la fe sincera de Rut y pronunció la bendición del versículo arriba citado. Rut, por su fe en Dios, encontró un refugio en él. Y Dios la bendijo mucho más de lo que podía esperar, pues Booz se casó con ella.

Carente de esa preciosa fe, Orfa, la cuñada de Rut, retrocedió. Su suegra Noemí dijo a Rut: “He aquí tu cuñada se ha vuelto a su pueblo y a sus dioses” (Rut 1:15). Así, Orfa no encontró refugio en el Dios verdadero.

Hoy Dios sigue siendo el mismo. Nunca desprecia al que se refugia en él. Todos somos pecadores ante Dios, pero él no quiere castigar al pecador. Jesús dijo: “Al que a mí viene, no le echo fuera” (Juan 6:37). “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar” (Mateo 11:28).

Si usted se refugia en Dios, aceptando a su Hijo Jesucristo como su Salvador, encontrará mucho más de lo que espera.

Job 24 – Hebreos 10:1-18 – Salmo 129 – Proverbios 28:5-6

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¿Qué ventaja tiene ser cristiano?

Viernes 19 Noviembre

Los que temen al Señor… serán para mí especial tesoro, ha dicho el Señor… los perdonaré, como el hombre que perdona a su hijo que le sirve. Entonces… discerniréis la diferencia entre… el que sirve a Dios y el que no le sirve. Malaquías 3:16-18

¿Qué ventaja tiene ser cristiano?

¿Acaso los cristianos no sufren decepciones, pruebas y sufrimientos como los incrédulos? Por supuesto que sí, pero los atraviesan con Dios.

El cristiano tiene una razón de vivir. El apóstol Pablo afirmaba: “Lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Gálatas 2:20).

El cristiano tiene convicciones sólidas, una esperanza basada en las promesas de Dios contenidas en su Palabra. “Estas palabras son fieles y verdaderas” (Apocalipsis 22:6).

El cristiano dispone de la ayuda de un Dios poderoso, a quien se dirige para hallar fuerza y ánimo. “Anímate y esfuérzate, y manos a la obra; no temas, ni desmayes, porque el Señor Dios… estará contigo; él no te dejará ni te desamparará” (1 Crónicas 28:20).

El cristiano recibe del Señor la paz interior que le permite aceptar la prueba con serenidad, que lo hace capaz de atravesar un mundo donde corren las lágrimas, conociendo anticipadamente algo de la felicidad del cielo. “Sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús” (Filipenses 4:6-7).

Por último, los privilegios del cristiano no se limitan al tiempo de su paso por la tierra, pues posee la vida eterna. ¡Ante él se abre una eternidad bienaventurada junto a Jesús su Salvador!

Job 22-23 – Hebreos 9:15-28 – Salmo 128 – Proverbios 28:3-4©

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 El penetrante poder de la Palabra

Soldados de Jesucristo

Noviembre 18/2021

Solid Joys en Español

 El penetrante poder de la Palabra

John Piper

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¿Demasiado culpable?

Jueves 18 Noviembre

Si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana.Isaías 1:18

¿Demasiado culpable?

A petición de un amigo, visité a un enfermo que se oponía mucho al Evangelio. Yo no lo conocía. Nuestra conversación solo me dejó la posibilidad de evocar a su padre, un fiel cristiano que había conocido hacía muchos años.

Algunos meses más tarde su médico me dijo que el enfermo se había agravado y por ello debía ser hospitalizado. Me animó a ir a verlo lo antes posible, pues podría morir en breve. Fui rápidamente a visitarlo. El Señor le había hablado. Tomó conciencia de que había ofendido gravemente a Dios durante toda su vida de rebelión contra él. ¡Necesitaba su perdón! Pero pensaba que había hecho mucho daño y que era demasiado culpable; por ello decía: “¡El Señor no puede perdonarme!”.

Leímos juntos la escena del evangelio de Lucas en la que uno de los malhechores, crucificado al lado de Jesús, y quien poco antes lo había insultado (Mateo 27:44), se dirigió a él y le dijo: “Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino” (Lucas 23:42).

Me detuve y le pregunté: ¿Qué respondió Jesús a ese malhechor? ¿Acaso le dijo: Hiciste o dijiste demasiadas cosas malas? No, escucha esta maravillosa respuesta: “Hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lucas 23:43). Jesús está vivo, te habla ahora. ¡Esta respuesta también es para ti! Inmediatamente la paz de Dios llenó el corazón del enfermo. Sus angustias dieron lugar a una gran calma. Al día siguiente estaba con Jesús.

“Os digo que así habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos que no necesitan de arrepentimiento” (Lucas 15:7).

Job 21 – Hebreos 9:1-14 – Salmo 127 – Proverbios 28:1-2

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