La libertad del discipulado

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La libertad del discipulado

Roland Barnes

Cuando yo era adolescente, consideraba la fe cristiana como restrictiva y opresiva. Tenía miedo de que la manera cristiana de vivir fuera esclavizante, que me llevara a una vida de miseria. Por lo tanto, estaba esperando mi tiempo hasta que pudiera escaparme de la supervisión de mis padres y buscar una vida de libertad en la universidad.

Sin embargo, gracias a Dios, durante mi último año de secundaria descubrí que lo que yo pensaba que era libertad era en verdad esclavitud, y lo que pensaba que sería esclavizante era, de hecho, la verdadera libertad, la libertad del discipulado. Llegué a la conclusión de que, aparte de Jesús, no existe la verdadera libertad, solo la esclavitud del pecado.

Es solo cuando nos sometemos al señorío de Jesús y nos convertimos en Sus discípulos que experimentamos la verdadera libertad.

El hombre fue creado por Dios para gobernar sobre la tierra, para aprovechar el mundo material para la gloria de Dios y el beneficio del hombre. Pero cuando el hombre se rebeló contra Dios, se encontró a sí mismo bajo el dominio de la creación en lugar de ejercer el dominio sobre ella. Esto es lo que vemos en la esclavitud de las adicciones. El hombre se convierte en el esclavo de sus propios deseos. Él se convierte en esclavo del pecado. El hombre natural está bajo el cautiverio del pecado.

Este fue, por supuesto, uno de los énfasis principales de los reformadores mientras recuperaban el evangelio de la gracia soberana de Dios. Martín Lutero, en su obra La esclavitud de la voluntad, trata este punto con gran claridad. El hombre natural no es libre sino esclavo del pecado. Él no puede hacer lo contrario. Él debe ser liberado del poder del pecado que lo ata. Esta es la libertad del discipulado.

Jesús dijo: «Si vosotros permanecéis en mi palabra, verdaderamente sois mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres» (Jn 8:31-32). Es solo cuando nos sometemos al señorío de Jesús y nos convertimos en Sus discípulos que experimentamos la verdadera libertad. Él rompe el poder del pecado en nuestras vidas y nos otorga la libertad bajo Su gobierno benevolente. Somos hechos libres para ser lo que Dios quiere que seamos: seres que están llenos de gozo indescriptible mientras le obedecemos y cumplimos los propósitos para los cuales Él nos creó.

Aquí es cuando somos realmente libres. No es la falsa libertad de la anarquía, sino la verdadera libertad que se experimenta cuando vivimos la vida para la gloria de Dios como discípulos de Jesús. Esto es lo que el apóstol Pablo nos dice en Romanos 6: 20-23. Cuando nuestra esclavitud al pecado y la muerte se rompe por el poder de la gracia de Dios en Jesús, nos convertimos en esclavos (discípulos) de Jesús. En verdad, es una servidumbre gozosa, porque Jesús trata a Sus discípulos como hijos e hijas. De hecho, entramos en la gozosa libertad de los hijos de Dios.

Este artículo fue publicado originalmente en la Tabletalk Magazine.
Roland Barnes
Roland Barnes
El reverendo Roland Barnes es pastor principal de Trinity Presbyterian Church (PCA) en Statesboro, Georgia.

16/18 – Haced memoria

Aviva Nuestros Corazones

Serie: Ester, “Mujer de Dios en el tiempo de Dios”

16/18 – Haced memoria

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/haced-memoria/

Carmen Espaillat: Hay un tiempo para cada cosa. Con ustedes, Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladin.

Nancy Leigh DeMoss : Luchamos contra el pecado; luchamos con el mundo; luchamos con el diablo. Nuestras batallas espirituales deberían estar seguidas por tiempos de gozo y celebración. Es bueno detenerse y prestar atención a lo que Dios ha hecho y regocijarse. Pero no podrás estar gozosa y disfrutar de la celebración hasta que primero hayas librado la batalla.

Carmen: Este es su programa, Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Generalmente tenemos la tendencia a celebrar con el propósito de olvidar. Deseamos dejar atrás el trabajo, nuestros problemas y simplemente entretenernos. Sin embargo, existe una manera más gratificante de celebrar. A través de la Biblia, Dios llama a Su pueblo a celebrar, a hacer memoria en lugar de olvidar. Nancy continúa explicándonos la serie Ester: Mujer de Dios en el tiempo de Dios.

Nancy : Se dice que lo que hace un gran argumento en literatura es la existencia de tensión y un gran suspiro de alivio. Hoy estaremos discutiendo la parte de alivio de esta historia.

En la historia de Ester nos hemos encontrado con mucha tensión- para nosotras tensión, pero ¡imagínate si hubieras estado en la posición de los judíos! Durante todos esos meses han visto escalar la tirantez entre Amán y Mardoqueo, entre los judíos y sus adversarios. Han tenido que esperar casi un año para tener la oportunidad de vencer a sus enemigos.

Ha sido un trayecto largo. El tiempo de espera ha sido difícil. Ha habido mucha emoción, mucha tensión, y hoy nos encontramos con el gran suspiro de alivio. ¿Qué sucede después de la batalla?

Ester capítulo 9 de los versículos 17-19;

Esto sucedió el día trece del mes de Adar (esto nos remonta al final de la batalla en la cual los judíos derrotaron a sus enemigos), y el día catorce descansaron, y lo proclamaron día de banquete y de regocijo.

Pero los judíos que se hallaban en Susa se reunieron el trece y el catorce del mismo mes (si recuerdan nuestra última sesión, ellos tuvieron dos días de batalla), y descansaron el día quince y lo proclamaron día de banquete y de regocijo (vemos que lo que siguió a la batalla fue el descanso, el festejo y la alegría).

Por eso los judíos de las áreas rurales, que habitan en las ciudades abiertas, proclaman el día catorce del mes de Adar día festivo para regocijarse, hacer banquetes y enviarse porciones de comida unos a otros.

Después que la batalla terminó, ellos descansaron. La palabra descanso significa estar callados o libres de ansiedad.

De hecho, desde el principio no existía una causa real por la cual estar ansiosos pues Dios, en Su providencia, estaba orquestando los acontecimientos que conducían hasta este final. Pero mientras ellos esperaban el desenlace todavía tenían estos sentimientos de desasosiego.

Nosotras también tenemos sentimientos y tiempos de ansiedad. Pero al pasar la situación y darnos cuenta de lo que Dios ha hecho es importante detenernos, reposar y celebrar la victoria.

Este era un tiempo de festejo de alegría en el cual intercambiaban regalos entre ellos y también le hicieron donativos a los pobres. Era una celebración espontánea. Nadie tenía que recordárselo, simplemente no podían evitarlo; les resultaba como algo natural.

Seguramente has pasado por esta experiencia. Cuando has visto a Dios traer de vuelta a un hijo pródigo por el cual has orado durante años, ¿qué dice el padre del hijo pródigo? ¡Mata al becerro más gordo, vamos a festejar! ¡Vamos a celebrar!

¿Qué dice la mujer que ha perdido una moneda y la encuentra después de buscarla arduamente? Ha pasado por mucha tensión, por la ansiedad de haberla perdido. Pero al encontrarla, ¿qué hace? Lo mismo que pasa cuando el pastor encuentra a su oveja perdida. Hace una fiesta. Lo celebra. El cielo lo celebra; y nosotras también nos unimos a esa celebración (ver Lucas 15).

Proverbios capítulo 11, versículo 10 nos dice:

Con el bien de los justos, se regocija la ciudad, y cuando perecen los impíos, hay gritos de alegría.

¿No te parece ésta una buena descripción de lo que está ocurriendo aquí en Ester? Lo que debió ser un día de mortandad para los judíos resultó ser un día de gran celebración. Lo que debió ser un día destrucción se convirtió en el día de su liberación.

De modo que el ayuno se transformó en una celebración. El luto se convirtió en gozo y alegría. El temor se convirtió en valentía y confianza y la desesperación se transformó en esperanza.

Esta es una historia realmente sorprendente. Si lo piensas bien, esta oscura minoría de judíos se levantó para ocupar una posición de gran influencia en este enorme imperio. Todo fue el resultado de una serie de circunstancias orquestadas por el poder de Dios.

Permíteme sugerir que en el ámbito espiritual de nuestras vidas, nuestras batallas espirituales y de hecho las tenemos; batallamos con el pecado; batallamos con el mundo; batallamos con el Diablo- nuestras batallas espirituales deben estar seguidas por un tiempo de gozo y de celebración. Como dije al principio, es algo bueno y justo el detenerse y fijarse en lo que Dios ha hecho para celebrarlo. Pero no podrás disfrutar del gozo y la celebración hasta que hayas librado la batalla.

Creo que uno de los problemas del mundo cristiano de hoy es que deseamos que todo sea gozo, alegría y celebración. No queremos pasar por el dolor, por la agonía, la angustia, el tiempo de espera y la batalla espiritual. Simplemente deseamos festejar sin negarnos a nuestra carne, sin pelear la batalla en contra del enemigo.

Pero en realidad es imposible disfrutar del banquete y la celebración si no has atravesado la batalla. Ambas cosas son necesarias, ambas son apropiadas, pero en el orden adecuado.

Mardoqueo escribió estos hechos y envió cartas a todos los judíos que estaban en todas las provincias cercanas y lejanas del rey Asuero ordenándoles guardar el día 14 y 15 del mes de Adar. Debían hacerlo todos los años para celebrar aquellos días en los cuales los judíos fueron liberados de sus enemigos. En ese mes la pena se transformó en alegría y el duelo en día de fiesta; debían convertir este tiempo en días de banquete y regocijo (podrás darte cuenta que estas palabras se repiten una y otra vez), días de enviar regalos y comida unos a otros así como a los pobres (versos 20-22).

Así que Mardoqueo instituye un día para recordar; para hacer memoria. No sería una fiesta que se celebraría solo en una ocasión, sino que debía ser una práctica anual un tiempo para que ellos hicieran memoria de cómo su pena se transformó en alegría y su luto en un día de fiesta.

Este era un día para reconocer, celebrar y conmemorar el rescate de Dios y la liberación del pueblo. Así que en este día compartieron sus regalos unos con otros. También le enviaron presentes y comida a aquellos que eran menos afortunados que ellos.

No es la única vez que vemos esto en el Antiguo Testamento. En diferentes ocasiones, una y otra vez- después que los hijos de Israel cruzaron el Mar Rojo, cuando llegaron a la Tierra Prometida Dios decía: Deténganse y hagan memoria de lo que ha ocurrido. Deténganse y celebren. Deténganse y conmemoren.

La Pascua debía ser la celebración anual de la liberación del ángel de la muerte; la ocasión para conmemorar las obras de Dios. Esto no era algo primordial tan solo en los tiempos bíblicos, sino que aún para nosotras hoy es importante celebrar la liberaciones pasadas del Señor. La primera razón es porque que al hacerlo hacemos memoria. Nos acordamos.

Es fácil olvidar como Dios nos ha libertado. Luego cuando nos enfrentamos con otra circunstancia difícil pensamos: Oh no, y ahora ¿qué voy a hacer? Pero si hacemos un hábito de recordar las cosas que Dios ha hecho, esto nos llenará de valor para el futuro.

Además es importante decirle a la nueva generación, y a la que le sigue, el relato de lo que Dios ha hecho. ¿Celebras tu salvación? ¿Te detienes para tomar el tiempo de conmemorar el momento en que Dios te encontró, como te libertó de los enemigos del pecado y Satanás?

Nunca olvides de esta historia y asegúrate que tus hijos y tus nietos tampoco lo olviden. Continúa compartiendo la historia de lo que Dios ha hecho. Esta es la razón por la cual las tradiciones y las celebraciones familiares significativas son algo bueno- para conmemorar las obras del Señor.

El Salmo 78 en el versículo 4 dice: No lo ocultaremos a sus hijos, sino que contaremos a la generación venidera las alabanzas del SEÑOR, Su poder y las maravillas que hizo.

Cuando llega la Navidad, la Semana Santa, el Día de Acción de Gracias, o cualquier otro día de fiesta que celebra eventos nacionales especiales, ¿te recuerdas de qué es lo que realmente se está celebrando? ¿Qué estás haciendo o que hace tu familia para conmemorar la obra de redención de Dios en la salvación?

Mientras preparaba esta serie, me encontré con algo que me había olvidado que tenía en mi computadora portátil. Hace algunos años atrás, al cumplir 35 años de haber nacido de nuevo —cada año que pasa celebro el 14 de mayo del 1963; es el día que vine a Cristo así que es un día muy especial para mí – le envié tarjetas de invitación a amigos, colegas del trabajo, y personas en mi área. La tarjeta decía: Les invito a compartir una celebración de redención.

Luego le agregué la fecha, la hora y el lugar -lo hice en mi casa. El versículo que tenía la invitación era Éxodo 13:3 que dice,

Y Moisés dijo al pueblo: Acordaos de este día en que salisteis de Egipto, de la casa de esclavitud, pues el SEÑOR os ha sacado de este lugar con mano poderosa.

La invitación también decía: En ocasión de mis 35 años en el Señor, deseo invitar a mis amigos a unirse a mí para celebrar el gran regalo de la salvación que es nuestra en Cristo Jesús. Este será un tiempo informal de alabanza, adoración y testimonios.

Y esto es justo lo que hicimos. Celebramos la obra de redención, y ahora hago memoria de ello. Tuvimos la oportunidad de que las personas compartieran sus testimonios de cómo vinieron a la fe en Cristo.

Al final de la invitación escribí: Traer un postre o merienda para compartir. Los niños son bienvenidos.

Cuando la leí pensé: Se parece mucho al libro de Ester. Tenían comida. Estaban festejando. Los niños eran bienvenidos. Los niños eran parte de la celebración y fue una tarde especial.

Es importante no hacerlo solamente una vez, sino sacar tiempo como persona, como familia y como pueblo de Dios para conmemorar sus obras. A medida que lo hacemos, siempre estaremos imaginando y anticipando esa celebración por venir cuando la batalla haya terminado por completo, cuando Dios triunfe sobre todos sus enemigos, y entremos en un gozo, regocijo y celebración eternos.

Lo que hacemos ahora es tan solo vislumbrar; es tan solo saborear. Es tan solo un aperitivo, un retrato de lo que estaremos haciendo por la eternidad celebrando, honrando al Rey de reyes y al Señor de señores, celebrando Su gran triunfo redentor en es este mundo.

Carmen: Las celebraciones pueden servir como señalizadores o puntos de referencia importantes en tu travesía espiritual. Nancy Leigh DeMoss ha estado explicando por qué es tan importante tener estos puntos de referencia.

Estudiar el libro de Ester con Nancy puede ser uno de esos puntos de referencia para ti, un tiempo de gran crecimiento. Tengo la esperanza que de alguna manera hagas memoria de este tiempo.

Tenemos a tu disposición recursos en nuestra página que pueden ayudarte en tu estudio personal del libro de Ester. Visita AvivaNuestrosCorazones.com.

Y mientras visitas, no dejes de informarte de los detalles de la próxima conferencia de Mujer Verdadera. Infórmate acerca de cómo puedes ser parte de este evento, aun desde tu propia localidad.

No te preocupes. En realidad este puede ser unos de los clichés más difíciles de poner en práctica. Con esta serie de Ester, nuestras radioescuchas han estado aprendiendo aspectos importantes acerca de la confianza y la preocupación.

Testimonio 1 : Amadas hermanas al escuchar la serie de Ester que hablaba como una situación de gran tensión y angustia para el pueblo judío se había tornado en una gran alegría y tiempo de celebración.

Pude recordar una situación en la que me encontré en el año 1981 hasta el año 1982 yo tenía ya tres hijos, no estaba buscando otro en ese preciso momento, pero sí anhelaba otro hijo en un futuro, cuando de repente comienzo a tener todos los síntomas de estar embarazada, luego de haber esperado un tiempo prudente decido ir al médico el cual me ordena la prueba de embarazo y sale negativa pero yo continúo esperando y teniendo los mismos síntomas, vuelvo al médico y me repiten de nuevo la prueba de embarazo increíblemente de nuevo la prueba da negativa.

Comprendí entonces que era necesario ir por una segunda opinión, increíblemente de nuevo al enviarme a hacer las pruebas de embarazo vuelve a ser negativa, con tristeza tuve que admitirlo recuerdo que oraba: “Padre y si estoy embarazada protege mi bebé, nunca pensé que esto me estuviera ocurriendo a mí”.

Decido ir a los Estados Unidos a buscar otra opinión fui a mi doctor y acabando de llegar me confirma luego de las pruebas la buena noticia; lo que siempre sabía en mi corazón, estaba embarazada. Cuál no fue mi angustia al decirles que había tomado ese medicamento de hormona… Lo que tanto temía me aconteció, ellos me comunicaron que debía someterme a un aborto pero ya yo era creyente, aunque una bebé realmente en el Evangelio. De repente todo mi mundo se había derrumbando, no podía estar escuchando esto pero una cosa sé no iba a abortar a mi hijo, esta mujer débil dependiente, necesitada del consejo de los demás, había tomado una decisión, el Señor de los cielos me llenó de su discernimiento de su fortaleza para enfrentarme a todos los resultados médicos y tomar la decisión correcta y decir “quiero mi hijo no me importa como nazca”.

Se esperaba que podía nacer sin brazos o sin piernas por la cantidad de hormonas tan alta que me habían suministrado. Ahí entre lagrimas le pedí al doctor que quería confirmarlo entonces me enviaron a una universidad al hospital de una universidad de Miami muy reconocida en esa área y luego de haber clamado al Dios omnipotente, al Dios altísimo que me diera alguna esperanza partí para hacerme las pruebas cuando llegamos nos dieron la terrible noticia que confirmaba que debíamos abortar. Entre sollozos entra el jefe del departamento y confirma lo mismo, sin embargo él insiste en saber por qué yo me negaba a abortar, le expliqué que yo era cristiana y que tenía un Padre en los cielos que es Todopoderoso a lo que él tornándose le dijo a mi esposo, yo soy judío, yo no creo lo que ella cree pero si fuera mi esposa yo la apoyara para que no hiciera el aborto.

Eso me llenó de fortaleza para pedir a las iglesias que oraran por mi hijo. Fue así que llegué a término y mi familia al llegar el momento solicitó que entraran dos pediatras, un cardiólogo, un médico general, dos anestesiólogos. Pero cuán grande es nuestro Dios, eso no era para mi hijo. Dios utilizó mi aflicción de muchas maneras, pude ver como Él orquestó todas las circunstancias de mi vida para salvar la vida de otro bebé y la vida de otra mamá, porque mi bebé nació bello y perfecto, pero en dos salas de parto diferente nació un niño con espina bífida y en la otra había una madre que estaba teniendo un ataque de preclancia, por lo que los médicos que se suponía que yo usara y no necesité por la misericordia de nuestro Padre fueron los que les salvaron la vida a ellos dos.

Amadas hermanas ¿pueden ver la poderosa mano de nuestro Dios orquestando todas las situaciones para mostrar Su poder y dar gloria a Su Santo Nombre? Este evento transformó mi vida y me hizo regocijarme en Él y comprender que ninguna de nuestras pruebas llegan a nuestra vida sin que el propósito de nuestro gran Dios sea para bendición de nosotros. El Señor les bendiga.

Nancy : Gloria a Dios, gracias por tu testimonio.

Testimonio 2 : Ciertamente el ejemplo de valentía y coraje de Ester ha sido de gran estímulo pero a la vez de gran amonestación para mí. Dios le dio la gracia para no dejarse dominar por sus emociones y temores ni permitir que las circunstancias que estaba enfrentando junto a su pueblo opacara sus pensamientos ni su seguridad de saber que el Dios Soberano reinaba y que Él tenía el control del corazón de cada una de las personas envueltas en esta historia.

Son muchas las veces en que me encuentro llena de ansiedad en mi corazón en medio de aflicciones y circunstancias que escapan de mi control es ahí cuando a diferencia de Ester, pierdo el enfoque y la perspectiva de que mi Dios es quien va delante de mi peleando cada batalla en mi caminar en esta tierra. Gloria a Dios y gracias infinitas le doy a Él porque nos deja en Su Palabra ejemplos de fe y de obediencia como el de Ester, para animarnos a que con valentía podamos darle gloria y honra a Su Santo Nombre en cada una de las batallas que Él tenga preparadas para nosotras.

Nancy : Gracias por compartir eso.

Testimonio 3 : He sido enriquecida y animada con el estudio de Ester, ella es una mujer que en momentos de dificultad escogió obrar a la manera de Dios no conformándose al patrón de las mujeres del mundo de su época en circunstancias presionantes.

Hoy en día al igual que en el tiempo de Ester la apariencia externa es algo muy importante los medios de comunicación y la publicidad nos llevan a pensar que la mujer debe llamar la atención por su belleza en todo tiempo, a veces me he sentido tentada a dejarme arrastrar por esta corriente preocupándome por cómo me ven los demás. Con este estudio una vez más Dios me ha recordado que Él quiere vernos verdaderamente bellas pero cuál es el concepto de Dios de la verdadera belleza en una mujer.

¿Qué es lo que Dios valora? He aprendido que Dios claramente nos lo enseña en 1era de Pedro 3:4-5 «que vuestro atavío sea el incorruptible ornato de un espíritu afable y apacible, es decir tierno y sereno que es de gran estima delante de Dios, porque así se ataviaban en otro tiempo aquellas santas mujeres que esperaban en Dios y este es un atavío que pasa la prueba del tiempo, permanece para siempre en 1era de Timoteo 2:9 nos dice «con ropa decorosa, con modestia, con buenas obras como corresponde a mujeres que profesan la piedad”.

Es por eso que cuando me paro ante el espejo cada mañana para maquillarme y ver como luce mi ropa le hablo a mi corazón y le digo: “Por la gracia de Dios hoy quiero vestirme de Cristo, quiero lucir como Él que vean en mi su humildad, su mansedumbre, quiero reflejar su belleza en mi hablar con dulzura con una sonrisa mostrando ternura y cuidado por los demás, manejándome con serenidad en medio de las circunstancias presionantes de cada día”, para esto necesito preparar mi corazón cada mañana con la meditación en su palabra y la oración. Quiero ser hermosa a los ojos de Dios y mostrar a los demás los efectos de su obra redentora en mí.

Nancy : Gracias por tu testimonio. Si no existiera la providencia, tendríamos toda la razón de estar sobrecogidos ya que este mundo estaría fuera de control y deberíamos estar atemorizadas hasta la muerte. Pero si existe un Dios que es el Creador, lo suficientemente sabio, lo suficientemente inteligente, lo suficientemente amoroso, lo suficientemente bueno y capaz para controlar cada aspecto y átomo de Su creación, entonces ¿Por qué hemos de temer?

Creo que cuando tememos, es una evidencia de que no estamos confiando en que Dios es soberano. O no conocemos Su soberanía, o no creemos en ella, o se nos ha olvidado, pero el temor no puede coexistir con la fe.

La fe erradica el temor y esta no está basada en un sentimiento que tenemos, sino en la realidad de lo que Dios es, en Sus promesas, en Su carácter, en Su soberanía . ¿Ahora, significa esto que si estamos confiando en la soberanía y en la providencia de Dios podemos simplemente marchar hacia el rey sintiéndonos valientes y sin ningún tipo de aprehensión?

Creo que probablemente Ester se sintió ansiosa y aprehensiva, pero tan solo en cuanto a que no sabía lo que Dios iba a hacer. Cualquier aprensión que tengamos -si supiéramos lo que Dios sabe- no tendríamos lugar para el temor. Si realmente conociéramos a Dios y supiéramos lo que Él va a hacer…..Mientras más conocemos acerca de Dios, menos será el temor.

Como resultado de pasar semanas en el libro de Ester, hoy estoy más firme que antes en los caminos de Dios. Encuentro que estoy respondiendo a las circunstancias de la vida con mucho más confianza en Dios, con mucha más estabilidad, y pensando menos en cosas como: Oh, y ahora, ¿qué vamos a hacer? Mientras más crecemos, mientras más conocemos a Dios, más estables y enraizadas estaremos y menos temerosas seremos.

Debemos pasar por un proceso. La persona que acaba de conocer a Dios, que no tiene una experiencia con Dios, que no ha visto a Dios demostrar Su providencia una y otra vez – esa persona aunque sea un creyente comprometido que ama a Dios, puede tener muchos temores todavía. Pero mientras más creces, mientras más lo conoces, más confías en Él. Salmos 9 versículo 10 dice: “En ti pondrán su confianza los que conocen tu nombre, porque tú, oh SEÑOR, no abandonas a los que te buscan”.

Carmen: Nancy Leigh DeMoss nos ha estado señalando la sola Persona que nos puede liberar de la preocupación. Si conoces a alguien que está luchando con la preocupación, que disfrutaría escuchar este programa, no dejes de hablarle de él.

Nuestro sitio de internet es un recurso muy rico para mujeres que están buscando consejo para todo tipo de asuntos. Podrás encontrar las transcripciones y artículos escritos por Nancy, y otros recursos que te servirán de mucho aliento en tu caminar con el Señor. Visita AvivaNuestrosCorazones.com.

Es difícil imaginarse qué tan larga es verdaderamente la eternidad, pero tener la eternidad en mente puede afectar dramáticamente tu visión de la preocupación y la confianza. Nancy nos estará hablando precisamente de esto en nuestro próximo programa de Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Toda las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de Las Américas a menos que se cite otra fuente.

Tomado de: Aviva Nuestros Corazones

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

Usted no le molesta

Miércoles 17  Junio
Dios mío, en ti confío… ninguno de cuantos esperan en ti será confundido.
En el día de mi angustia te llamaré, porque tú me respondes.
Usted no le molesta

Un niño tenía que pedirle algo a su papá, un hombre de negocios muy ocupado. Pero este estaba en una reunión importante firmando un nuevo contrato. El niño pasó todas las puertas y en la última fue detenido por la secretaria: «¡Prohibido entrar! ¡No quiere ser molestado!». –«¡Yo nunca molesto a mi papá!», respondió el niño, franqueando la última barrera.

A menudo tenemos la impresión de molestar a Dios. ¿Podemos molestar a nuestro Padre?

Cuando Jairo se postró a los pies del Señor Jesús, en medio de la multitud, y le suplicó que fuera a sanar a su hija moribunda, Jesús lo siguió. Cuando le anunciaron la terrible noticia de la muerte de su hija, y le dijeron: “No molestes más al Maestro”, Jesús respondió enseguida: “No temas; cree solamente, y será salva” (Lucas 8:49-50).

Cuando los discípulos dijeron: “Despide a la multitud”, que tiene hambre, Jesús respondió: “Dadles vosotros de comer” (Mateo 14:15-16).

Y cuando le llevaron los niños para que los bendijera, los discípulos solo tuvieron reproches que hacer. Pero Jesús, indignado, les dijo: “Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis” (Marcos 10:13-16). Entonces los tomó en sus brazos.

Jesús siempre está disponible, tanto de día como de noche. Él dice: “Al que a mí viene, no le echo fuera” (Juan 6:37). Vayamos a él en oración con nuestras preguntas, contémosle simplemente nuestras debilidades y lo que nos carga. Busquémosle también a través de la lectura de la Biblia, pues él desea revelarse a nosotros. Jamás le molestaremos.

23/62 – La providencia de Dios obra a través de la persecución

Iglesia Bautista Internacional

Serie: Hasta los confines de la tierra

23/62 – La providencia de Dios obra a través de la persecución

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Es miembro del concilio de Coalición por el Evangelio. Es el pastor de predicación y visión de la Iglesia Bautista Internacional, y presidente de Ministerios Integridad y Sabiduría. El Dr. Núñez y su ministerio es responsable de las conferencias Por Su Causa, que procuran atraer a los latinoamericanos a las verdades del cristianismo histórico. Puede encontrarlo en Twitter.

Una producción de Ministerios Integridad & Sabiduría

Queda prohibida la reproducción total o parcial de este recurso, por cualquier medio o procedimiento, sin para ello contar con nuestra autorización previa, expresa y por escrito. Toda forma de utilización no autorizada será perseguida con lo establecido en las leyes internacionales de Derecho de Autor. Derechos Reservados.

22/41 – La Verdad Acerca de Nuestras Tendencias

Sabiduría para el Corazón

Serie: Filipenses

22/41 – La Verdad Acerca de Nuestras Tendencias

Stephen Davey

Texto: Filipenses 2:12-13

Todos nosotros tenemos ciertas tendencias que se interponen en el camino de la humildad y la obediencia. Así que, a través de este pasaje, Pablo va a señalar esas tendencias y proveer soluciones para que podamos crecer en nuestro proceso de santificación.

Sabiduría para el Corazón es el ministerio internacional de enseñanza bíblica del Pastor Stephen Davey, traducido y adaptado al español por Daniel Kukin.

http://www.sabiduriaespanol.org

¿Qué dice la biblia acerca de la popularidad / deseo de ser popular?

Got Questions

¿Qué dice la biblia acerca de la popularidad / deseo de ser popular?

Todos anhelamos la aceptación por parte de los demás. Los bebés se socializan cuando aprenden a leer las señales de aquellos que quieren agradar y ajustan su comportamiento como corresponde. Sin embargo, cuando buscamos la mayor parte de nuestra aprobación y autoestima en las opiniones de otras personas, estamos en el camino equivocado. La opinión popular cambia constantemente, y cuando ponemos demasiada importancia en eso, nos estamos preparando para una continua decepción. Mientras persigamos la popularidad como un medio para la felicidad, estamos entrando en la idolatría. Cuando encontramos nuestro valor personal en algo o en alguien aparte de Dios, estamos creando un ídolo. Un ídolo es alguna cosa o persona que usamos para satisfacer profundas y sinceras necesidades que sólo Dios puede suplir.

El deseo de ser popular es más que simplemente querer que otros tengan un buen concepto de nuestro carácter. Tenemos que desear tener un buen testimonio en el mundo (Filipenses 2:15). Un enfoque en la popularidad es una obsesión con uno mismo. El ansia de popularidad es parte del «orgullo de la vida» que se menciona en 1 Juan 2:16. El ego se siente bien cuando nos considerarnos populares, y tendemos a disfrutar ese sentimiento, en lugar de tratar honestamente con nosotros mismos respecto a nuestras propias debilidades. Esto conduce al orgullo. El orgullo infla la visión que tenemos de nuestra propia importancia y nos ciega a nuestros pecados y faltas (Proverbios 16:18; Romanos 12:3).

La popularidad es un dios escurridizo que muchos han perseguido para su propia destrucción. El rey Herodes estaba disfrutando de popularidad en el momento mismo de su espantosa muerte pública (Hechos 12:19-23). Los falsos maestros siempre son populares con las multitudes que tiene «comezón de oír» (2 Timoteo 4:3). Un triste ejemplo de escoger la popularidad por encima de Dios, se encuentra en Juan 12:42-43: «Con todo eso, aun de los gobernantes, muchos creyeron en él; pero a causa de los fariseos no lo confesaban, para no ser expulsados de la sinagoga. Porque amaban más la gloria de los hombres que la gloria de Dios». Todos los que desean ser populares muchas veces tendrán que elegir entre la aprobación de los demás y la aprobación de Dios. El plan de Dios y el plan del mundo para nosotros a menudo está en conflicto (1 Juan 2:15). Para ser «popular», debemos elegir el mundo. Pero al hacerlo, estamos dando a entender que Jesús no es Señor de nuestra vida, sino que somos nosotros (Lucas 9:23).

Gálatas 1:10 dice, «Pues, ¿busco ahora el favor de los hombres, o el de Dios? ¿O trato de agradar a los hombres? Pues si todavía agradara a los hombres, no sería siervo de Cristo». Según este versículo, no podemos siempre complacer a Dios y al mundo. El deseo de la popularidad está arraigado en nuestra vieja naturaleza pecaminosa. Cuando cedemos a ella, estamos viviendo «según la carne» (Romanos 8:5, 12). Incluso los líderes cristianos pueden caer presa de este deseo seductor. Los maestros o predicadores que se intoxican con su propia popularidad, están en riesgo. Si no se controla, el deseo de ser popular puede llevarlos a que se conviertan en aquellos que complacen a los hombres, que enseñen herejías (2 Pedro 2:1), y que diseñen sus ministerios para complacer a la mayoría de la gente (2 Timoteo 4:3) en lugar de permanecer fiel a «todo el consejo de Dios» (Hechos 20:27).

Jesús es nuestro modelo. Él era el favorito tanto con Dios como con los hombres en la medida que crecía (Lucas 2:52). Sin embargo, nunca hubo una lucha en Su mente acerca de lo que iba a elegir, y eso lo demostró una y otra vez (Juan 8:29; Marcos 1:11). Él no dejó que la popularidad temporal lo influenciara o lo distrajera de Su propósito (Juan 6:15). Él nunca evadió las duras verdades, incluso cuando eso significó el rechazo (Juan 6:66), las amenazas (Juan 11:53-54) y, finalmente, la muerte (Juan 19:16).

Jesús nos da un ejemplo perfecto de la manera que Él quiere que nos relacionemos con los demás. No estamos aquí para hacernos famosos. Estamos aquí en una misión de nuestro Padre celestial (Hechos 1:8; Mateo 28:19). Las personas pueden amarnos, o pueden odiarnos, pero nuestro compromiso con nuestro objetivo nunca debe flaquear (Hebreos 12:1-3). Cuando decidimos dejar que Dios defina nuestro valor en lugar de otras personas, nos libramos para cumplir todo lo que Jesús nos llama a hacer. Él sabía que iba a ser difícil, pero nos dio el mejor consejo cuando dijo, «Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo. Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es grande en los cielos…» (Mateo 5:11-12).

Usado con permiso del Ministerio Got Questions

Tomado de GotQuestions.org. Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en:  https://www.gotquestions.org/Espanol/

Los discípulos aman la sana doctrina

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Los discípulos aman la sana doctrina

C.N. Willborn

Nota del editor: Este es el décimo quinto capítulo en la serie «Discipulado», publicada por la Tabletalk Magazine.

Hace algunos años, mi esposa, mi hija pequeña y yo vivíamos en Filadelfia, donde era un nuevo estudiante de Doctorado en el Seminario Teológico de Westminster. Después de adorar en una iglesia local, recibimos una visita cordial de un par de los ancianos de la iglesia. Mientras hablábamos, el mayor de los dos comentó sobre mis libros (mi esposa tuvo que decorar la casa con mis libros debido a la falta de espacio en aquellos días). Estaba particularmente contento de ver la Colección de escritos de John Murray en mis estanterías. «¿Los has leído?», preguntó. Pude responder afirmativamente, gracias a Dios. «¿Recuerdas haber leído sobre el Sr. Murray enseñando una clase de escuela dominical juvenil en nuestra iglesia?», preguntó. Yo sí había leído sobre eso. «Bueno, soy el estudiante mencionado. ¡Soy Bobby! «, respondió con una sonrisa. Entonces este santo envejecido comenzó a contarnos cómo el profesor Murray les enseñó el libro de Romanos (esto fue mientras escribía su célebre comentario). «Nunca lo olvidaré. Cuando era adolescente, aprendí a estudiar la Palabra de Dios por medio del profesor Murray», dijo Bobby. Luego agregó: «Todavía amo la doctrina».

Un obrero se embarca en una tarea y permanece allí hasta que la completa.

El apóstol Pablo exhortó a su hijo espiritual Timoteo a ser diligente en el estudio de la Palabra de Dios (2 Tim 2:15). El cristiano no debe ser un investigador casual de la Palabra de Dios. No, Pablo describe a aquel que es diligente como «un obrero». Un obrero se embarca en una tarea y permanece allí hasta que la completa. Recientemente, leí una recomendación de un empleado por parte de su empleador: «Ella tiene una gran ética de trabajo y una mentalidad de cumplimiento de la tarea». A eso es a lo que Pablo llama a Timoteo cuando se trata de «la Palabra de verdad». No estamos lidiando con una novela, ni siquiera con una novela de William Faulkner o Gabriel García Márquez. Estamos tratando con «la Palabra de verdad», que es la misma Palabra del infinito, eterno e inmutable Dios trino.

Puede haber algunos que piensan que esta exhortación fue para Timoteo y, por lo tanto, es relevante solo para los ministros o pastores. Seguramente, dicen, Dios no espera que todos los cristianos sean obreros diligentes cuando se trata de la Palabra de Dios. Bueno, recuerda quién enseñó a Timoteo su doctrina a temprana edad. Recuerda quiénes fueron sus mentores antes que Pablo. Su abuela Loida y su madre Eunice son mencionadas, incluso recomendadas (2 Tim 1: 5), por conocer y enseñar «las Sagradas Escrituras» a Timoteo (3:15).

Cuando abres tu Biblia y comienzas a leer, ¿tienes una «mentalidad de cumplimiento de la tarea»? Quizás dices: «La Biblia es como medio lenta; a veces puede hasta parecer polvorienta o confusa». Recuerda las palabras del profesor Murray: «El polvo tiene su lugar, especialmente cuando es polvo de oro». Bobby nunca había perdido su devoción por el polvo de oro. ¿Y tú?

Este artículo fue publicado originalmente en la Tabletalk Magazine.
C.N. Willborn
C.N. Willborn
El Dr. C.N. Willborn es pastor principal de Covenant Presbyterian Church en Oak Ridge, Tenn., Y profesor adjunto de teología histórica en Greenville Presbyterian Theological Seminary en Greenville, S.C.

 

 

 

30 CARACTERÍSTICAS DE UNA PERSONA ORGULLOSA

Alimentemos El Alma

30 CARACTERÍSTICAS DE UNA PERSONA ORGULLOSA

Stuart Scott

El orgullo ciega. Este hecho es porque frecuentemente es difícil ver el orgullo en nosotros mismos, y es aun tan fácil verlo en otros.

He aquí una lista de ejemplos de manifestaciones del orgullo que pueden fácilmente despejar el humo de cualquier justicia propia.

1. Quejarse contra o pasar juicio sobre Dios. Una persona orgullosa en una situación difícil piensa, “Mira lo que Dios me hecho después de todo lo que yo he hecho por Él” (Números 14:1–4, 9, 11; Romanos 9:20).

2. Una falta de gratitud en general. Las personas orgullosas usualmente piensan que merecen lo que es bueno. El resultado es, que ellos no ven ninguna razón para estar agradecidos por lo que han recibido.

De hecho, pueden hasta quejarse porque piensan que merecen lo mejor. Tienden a ser críticos, quejosos, malagradecidos y descontentos.

La persona orgullosa no tiene la práctica de estar agradecidos hacia Dios o hacia otros (2 Crónicas 32:25).

3. Ira. Una persona orgullosa es regularmente una persona enojada. Nuestra ira puede incluir arranques de ira, aislamiento, hacer mala cara, o frustración.

Una persona mayormente se enoja porque sus “derechos” o expectativas no son satisfechas (Mateo 20:1–16).

4. Verte a ti mismo mejor que los demás. Un orgulloso usualmente está en la cima menospreciando a otros.

El orgulloso se disgusta fácilmente y tiene poca tolerancia por las diferencias (Lucas 7:36–50).

5. Teniendo una vista inflada de tu importancia, dones, y habilidades. Muchos orgullosos tienen una percepción muy equivocada de si mismos.

Ellos necesitan una amorosa dosis de la realidad. Necesitan oír, “¿Qué tienes que Dios no te haya dado?” (1 Corintios 4:7).

6. Estando enfocado en la falta de tus dones y habilidades. Algunos orgullosos parecen no ser orgullosos, porque siempre están lamentando su condición. Esto es todavía evidencia de orgullo porque está enfocado en si mismo y quiere ser elevado.

Tener una actitud de “Ay, de mi” es autocompasión, lo cual es orgullo (1 Corintios 12:14–25).

7. Perfeccionismo. Las personas que se esfuerzan para que todo esté perfecto frecuentemente lo hacen para el reconocimiento. Puede que lo hagan para sentirse bien acerca de ellos mismos.

Cualquiera que sea la razón, esta conducta es muy egoísta y orgullosa. El problema principal es hacer las cosas que son menos importantes, mas importantes (Mateo 23:24–28).

8. Hablar mucho. Las personas orgullosas que hablan mucho frecuentemente lo hacen porque piensan que lo que ellos tienen que decir es más importante que lo que alguien mas tenga que decir.

Cuando hay muchas palabras, el pecado es generalmente inevitable (Proverbios 10:19).

9. Hablar mucho de ti mismo. Un orgulloso puede centrarse en si mismo en la conversación.

Compartir los logros personales y las buenas cualidades personales con otros puede ser alarde o jactancia (Proverbios 27:2; Gálatas 6:3).

10. Buscar independencia o control. Algunas personas orgullosas encuentran extremadamente difícil trabajar bajo alguien más o someterse a una autoridad. Ellos tienen que ser su propio jefe.

Podrían decir, “No necesito a nadie,” o “No necesito dar cuenta por mi fe y doctrina.”

Son frecuentemente rígidos, testarudos, cabeza duras, e intimidantes. También podrían decir, “Es a mi manera o nada” (1 Corintios 1:10–13; Efesios 5:21).

11. Estar consumidos por lo que otros piensan. Algunos orgullosos están demasiado preocupados por la opinión de los demás. Muchas de sus decisiones están basadas en lo que otros podrían pensar.

Algunos están en búsqueda constante de ganar la aprobación y la estima de los demás.

Enfocarse en lo que otros piensan de ti o tratar de impresionarlos es ser un temeroso del los hombres en vez de un temeroso de Dios (Gálatas 1:10).

12. Estar devastado o enojado por las críticas. Los orgullosos con frecuencia luchan mucho con la crítica.

Tales personas no pueden tolerar que no son perfectos o que tienen debilidades porque no pueden aceptar quienes realmente son (Proverbios 13:1).

13. Siendo poco enseñable. Algunos individuos lo saben todo. Son superiores. Parece que no pueden aprender algo de alguien más. No respetan a nadie (Proverbios 19:20; Juan 9:13–34).

14. Siendo sarcástico, hiriente, o degradante. Las personas orgullosas pueden ser personas muy duras. Aquellos que minimizan a otros usualmente quieren alzarse a si mismos sobre los demás.

Muy frecuentemente esto puede ser hecho muy hábilmente a través de la burla. Pueden excusarse a si mismos diciendo, “Es la manera en que soy. Esa es mi personalidad” (Proverbios 12:18, 23).

15. Una falta de servicio. Los orgullosos no pueden servir porque no están pensando en los demás, o porque quieren ser persuadidos para servir y no quieren continuar si no hay alabanza de por medio.

Necesitar reconocimiento es una señal segura de los motivos equivocados en el servicio (Gálatas 5:13; Efesios 2:10).

16. Una falta de compasión. Una persona orgullosa raramente se preocupa por los demás y sus problemas.

Ellos no pueden ver más allá de sus propios deseos (Mateo 5:7; 18:23–35).

17. Estando a la defensiva o echando la culpa a otros. Con frecuencia oirás a personas orgullosas decir, “¿Estás diciendo que es mi culpa?” o “Bueno, ¿Y qué acerca de ti?” (Génesis 3:12–13; Proverbios 12:1).

18. No admitir cuando estás equivocado. Una persona orgullosa pondrá muchas excusas tales como, “Estaba cansado,” o “Estaba teniendo un mal día” (Proverbios 10:17).

19. No pedir perdón. Los orgullosos raramente admiten su pecado o piden perdón a otros.

Ellos no pueden ver su pecado porque están cegados por su orgullo, o simplemente no pueden humillarse ante alguien mas y pedir perdón (Mateo 5:23–24).

20. Una carencia de oración bíblica. La mayoría de los orgullosos oran muy poco, o nada.

Los orgullosos que oran usualmente centran sus oraciones en ellos mismos y sus deseos, en vez de Dios y los demás (Lucas 18:10–14).

21. Resistiendo a la autoridad o siendo irrespetuosos. Un orgulloso puede detestar que le digan que tiene que hacer. Podríamos decir que el o ella tiene un problema de sumisión.

Lo que en verdad tiene, sin embargo, es un problema de orgullo. Simplemente se manifiesta en una falta de sumisión (1 Pedro 2:13–17).

22. Vociferando preferencias u opiniones cuando no se les pide. Un orgulloso no podría mantener sus preferencias u opiniones para si mismo. El las ofrecerá cuando no le son preguntadas.

Estas preferencias son usualmente vociferadas sin consideración a los demás (Filipenses 2:1–4).

23. Minimizando tu propio pecado y faltas. Un orgulloso típicamente cree que su pecado no es la gran cosa.

Piensan que tienen pocos pecados y los demás tienen muchos. (Mateo 7:3–5).

24. Maximizando el pecado y las faltas de otros. Para el orgulloso, el problema son las demás personas.

Pueden magnificar o llamar la atención al pecado de otros al chismear acerca del pecado del otro (Mateo 7:3–5; Lucas 18:9–14).

25. Siendo impaciente e irritable con otros. Un orgulloso podría estar enojado con otras personas porque se preocupan de que sus propios horarios o planes están siendo arruinados.

Son frecuentemente poco flexibles en asuntos de preferencia (Efesios 4:31–32).

26. Estando celosos o envidiosos. Frecuentemente cuando ellos no disfrutan los mismos beneficios, los orgullosos tienen dificultad de estar alegres por los éxitos y bendiciones de los demás (1 Corintios 13:4).

27. Usando a otros. El orgulloso usualmente ve a los demás en términos de que esas personas pueden hacer por ellos y sus intereses.

Su enfoque no es en ministrar a otros. Todo es para ellos y en relación a ellos (Mateo 7:12; Filipenses 2:3–4).

28. Siendo engañosos al encubrir pecados, faltas, y errores. Algunos orgullosos harán cualquier cosa para que otros no descubran cosas negativas acerca de ellos (Proverbios 11:3; 28:13).

29. Usando tácticas para llamar la atención. Un orgulloso tratará de atraer atención sobre el a través del vestir, un comportamiento extravagante, siendo rebelde, siempre hablando de sus problemas, etc. (1 Pedro 3:3–4).

30. No teniendo relaciones cercanas. Los orgullosos frecuentemente no hacen uso de relaciones cercanas, pensando que el problema pesa más que los beneficios.

Pueden verse a si mismos como tan autosuficientes que no necesitan a otras personas (Proverbios 18:1–2; Hebreos 10:24–25).

El orgullo es un pecado con el cual debemos luchar día a día como cristianos, arrepíntamonos y busquemos vivir agradando a Dios quitando todo orgullo de nuestra vida. Que el Señor nos de fortaleza, crecimiento y madurez.

 

Tomado de: http://www.evangelioreal.com

15/18 – Tiempo de celebrar

Aviva Nuestros Corazones

Serie: Ester, “Mujer de Dios en el tiempo de Dios”

15/18 – Tiempo de celebrar

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/tiempo-de-celebrar/

Carmen Espaillat: En el libro de Ester, Mardoqueo y otros judíos tenían razón para lamentar, y tenían razón para celebrar. Nancy Leigh DeMoss señala que nosotros tenemos razones para celebrar también.

Nancy Leigh DeMoss: ¿No te resulta un poco extraño que algunos cristianos vivan sus vidas en el suelo, aplastados por sus circunstancias? Y le preguntamos: “¿Qué estás haciendo ahí? ¿Dónde está la alegría? ¿Dónde está el gozo?” Cristo es nuestro Mardoqueo. ¡Él es nuestro libertador!

Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

El libro de Eclesiastés nos dice que hay un tiempo para llorar y un tiempo para reír. ¿Tienes este balance en tu vida? Lloramos por los que están perdidos y por nuestros propios pecados. Al mismo tiempo, necesitamos celebrar con gozo el perdón y la bondad de Dios. Hoy Nancy Leigh DeMoss continúa con la serie de Ester: Mujer de Dios en el tiempo de Dios , y nos invita a celebrar.

Nancy: Si has leído reportes acerca del fin de la Segunda Guerra Mundial, acordarás que las noticias corrieron rápido. El 7 de mayo del 1945, Alemania oficialmente se rindió ante los Aliados, y el 8 de Mayo —el siguiente día —fue declarado “Día de victoria en Europa”.

Ese anuncio causó celebraciones desenfrenadas alrededor del mundo —la gente cantaba, bailaba, festejaba; habían fiestas en las calles. Algunas 500,000 personas llenaron las calles de la ciudad de Nueva York. Quizás has visto esas fotos de Times Square— todo este gran derramamiento de emoción.

Era “Día de victoria en Europa”. Pero la guerra aún no terminaba al otro lado del Pacifico. Japón no se rindió hasta tres meses después. Pero la gente sabía que la victoria estaba asegurada. Y así fue que la noticia corrió rápidamente y las celebraciones prorrumpieron.

En Europa, cuando el primer ministro Winston Churchill anunció el fin de la guerra en Inglaterra, por primera vez desde que la guerra empezó las campanas de las iglesias resonaron en toda Europa. Había celebración por todas partes.

Esas fueron las imágenes que vinieron a mi mente al leer el capítulo 8 del libro de Ester. Vemos lo que sucede ahora que Amán ha sido ahorcado. El hombre equivocado es sacado del palacio… Y Mardoqueo está dentro del palacio.

El viejo edicto de aniquilar a los judíos no puede ser revocado, pero el rey ha dado permiso a Mardoqueo para promulgar un nuevo edicto el cual decía que los judíos podían unirse para defenderse en aquella fecha destinada como su día de destrucción. Ahora podrían defenderse a sí mismos.

Aunque la batalla aún no había terminado, la gente estaba emocionada. Están emocionados porque saben que su victoria está a la mano. Saben que hay esperanza.

Y así, vemos en Ester capítulo 8 versículo 15 que:

“Entonces Mardoqueo salió de la presencia del rey [apenas habiendo recibido permiso para promulgar este nuevo edicto] en vestiduras reales de azul y blanco, con una gran corona de oro y un manto de lino fino y purpura.”

Por cierto, esto es un contraste total de cómo vimos a Mardoqueo vestido al principio del capítulo 4, donde él estaba vestido de cilicio y de cenizas; él no podía ni acercarse a la puerta del palacio del rey. Ahora él está vestido de ropas reales.

Amán había conspirado y había tramado para obtener estas cosas. Recuerda que él trato de conseguirlas cuando pensó que él sería el hombre que el rey quería honrar. “Permite que alguien vista las ropas del rey”. Él nunca consiguió lo que él quiso, pero Mardoqueo, quien nunca buscó obtener estas cosas, las recibió como un regalo inesperado. De nuevo, esto es solo un recordatorio de que Dios humilla al altivo y Él exalta al humilde.

Mientras Mardoqueo salió de la presencia del rey (continúa diciendo el versículo 15), “la ciudad de Susa dio vivas y se regocijó”.

Vimos a la ciudad de Susa antes en un estado de confusión, en pánico y alboroto. Pero ahora la ciudad está alegre y regocijándose. Esta es la ciudad capital del Imperio Persa, donde vivían quizás hasta medio millón de judíos.

“Para los judíos fue día de luz y alegría, de gozo y gloria. En cada provincia, en cada ciudad y en todo lugar adonde llegaba el mandato del rey y su decreto había alegría y gozo para los judíos, banquete y día festivo.” (versos 16-17)

¡El día de la victoria! Ahora bien, la guerra no había terminado. Aún no habían librado la batalla en contra de sus opresores. Pero ahora que este nuevo edicto había sido promulgado, sabían que había esperanza. Así que de esa esperanza brota gozo y alegría y celebración. Una celebración exuberante irrumpió y cubrió el vasto imperio.

Hasta este punto ha habido poca razón para celebrar. Pero ahora hay una gran causa de alegría, de gozo y de regocijo.

Si recuerdas bien, el capítulo 8 empezó con Ester lamentándose, yendo frente al rey, suplicándole de parte de su pueblo. “¿Cómo podría yo ver la calamidad que caería sobre mi pueblo? ¿Cómo podría yo ver la destrucción de mi gente?” Ella está lamentándose frente al rey.

Como hemos dicho, la torta se ha volteado. Los judíos se regocijan y celebran.

Hay un salmo que viene a mi mente mientras leo este pasaje. Déjame leerte del Salmo 30.

“Te ensalzaré, Oh SEÑOR, porque me has elevado, y no has permitido que mis enemigos se rían de mí. Oh SEÑOR, Dios mío, a ti pedí auxilio y me sanaste. Oh SEÑOR, has sacado mi alma del Seol; me has guardado con vida, para que no descienda al sepulcro.” (versos 1-3).

Fue como si hubieran resucitado a nueva vida. O sea, sus vidas habían terminado, se habían acabado, hasta que Dios les trajo esta nueva esperanza.

“Cantad alabanzas al SEÑOR, vosotros sus santos y alabad su santo nombre. Porque su ira es solo por un momento, pero su favor es por toda una vida; el llanto puede durar toda la noche, pero a la mañana vendrá el grito de alegría” (verso 4).

Y luego los versículos 11-12 del Salmo 30:

“Tú has cambiado mi lamento [mi aflicción, mi dolor] en danza; has desatado mi cilicio y me has ceñido de alegría, para que mi alma te cante alabanzas y no esté callada. ¡Oh SEÑOR, Dios mío te alabare por siempre!”

¿Puedes ver el avance? Esto fue cierto, no solo para los judíos, sino que también es cierto para el pueblo de Dios. Aquí vemos el poder transformador del Evangelio, el Evangelio de Jesucristo que cambia al pobre en príncipes. Aquellos que habían recibido una sentencia de muerte ahora han sido liberados de la prisión. Aquellos que habían sido condenados ahora son exaltados.

El lamento ha sido cambiado en danza, el ayuno en festejo, la confusión en regocijo, la oscuridad en luz, el cilicio en ropas reales. ¿No es eso lo que el Evangelio hace por nosotras?

Sobre nosotras pesaba una condena de muerte. Éramos prisioneras. No teníamos esperanza. Estábamos sin Dios, sin ninguna esperanza en el mundo. Y luego Dios a su tiempo, en la plenitud del tiempo, mandó a Jesucristo a este mundo, quien se entregó a sí mismo como un sacrificio, como una ofrenda por nuestros pecados, y ahora nos ha resucitado a una nueva vida en Cristo.

¿Cuál debe ser la consecuencia de esto, el resultado?

¡Canto! ¡Deleite! ¡Alegría! ¡Gozo! No, la batalla no ha terminado. Todavía vivimos en esta carne. Todavía tenemos pecado morando en nosotros. Todavía tenemos que tratar con eso. Pero conocemos el resultado. Tenemos esperanza. Tenemos los medios para obtener la victoria.

El gozo y la alegría en este punto en la historia de Ester son una expresión de fe. El decreto de Amán todavía está en efecto. Pero ahora los judíos saben que tienen una salida. ¡Que tienen esperanza!

No puedo evitar el preguntarme mientras leo esta historia y leo el Salmo 30 y veo el gozo que viene, el agradecimiento, la alabanza, la celebración de los prisioneros cuando son liberados. Tengo que preguntar, “¿Dónde está el gozo? ¿Dónde está la alegría? ¿Dónde están los gritos? ¿Dónde está el regocijo? ¿Dónde está la celebración? ¿Dónde está el festejo entre el pueblo de Dios hoy?”

En lugar de esto, si ves a tu alrededor… Y si recibieras los correos que yo recibo, si leyeras las cartas que yo leo, y hablaras con muchas de las personas con las que yo hablo, lo que encuentras muy seguido entre los creyentes es depresión, desánimo, ataduras, temor, tristeza y perdición.

Yo sé que todavía no estamos en el cielo. No ha llegado todavía la hora de la celebración final. No será ahora. Será después. Y todavía vivimos en un mundo caído. Todavía tenemos que lidiar con nuestra carne. Todavía tenemos que lidiar con los enemigos; con Satanás y con este mundo. Estas son cosas serias. Todavía no todo momento es para festejar y celebrar.

Pero, ¿No te resulta un poco extraño que algunos cristianos vivan sus vidas en el suelo, aplastados por las circunstancias? Y nos preguntamos: “¿Qué estás haciendo allí? ¿Dónde está la alegría? ¿Dónde está el gozo?

Cristo es nuestro Mardoqueo. ¡Él es nuestro libertador! Él ha escrito y firmado y sellado un decreto que dice que puedes tener victoria sobre la ley del pecado, victoria sobre la muerte. Él ha promulgado un decreto que anuncia nuestra libertad.

¿No crees que deba haber algo de gozo? ¿No debe haber algo de alegría? Nuestras iglesias… ¿no deberían ser lugares donde hay gozo y alegría?

Vemos a la iglesia promedio de hoy —y yo hablo mucho frente a la gente, así que veo las caras de las personas… Las personas lucen como que iban rumbo a la morgue y que se perdieron en el camino, viniendo a dar a la iglesia. Sus caras lucen como si estuvieran tomando puro jugo de limón.

Ves a algunos cristianos y piensas, “no le desearía lo que ellos tienen ni a mi peor enemigo”.

No estoy hablando de poner una sonrisa superficial en tu cara o de siempre andar frívolamente. Todavía vivimos en un mundo muy turbado, y hay muchas cosas por las cuales estamos afligidas. Mi corazón frecuentemente se siente oprimido sobre las circunstancias de este mundo y por la condición de la iglesia y la necesidad de avivamiento que hay hoy en día.

Pero no debemos vivir atadas a la depresión ni al desánimo ni al temor. Cristo, nuestro Mardoqueo, nos ha dado razón para celebrar, razón para tener gozo y alegría.

Compara lo que está pasando ahora en el capítulo 8 de Ester al primer edicto que fue promulgado. El primer edicto trajo confusión y consternación. Ahora la noticia de que la justicia ha prevalecido trae gran gozo y celebración.

Y te diré también qué otra cosa trajo. Trajo la conversión de muchos extranjeros que estaban dominados por el miedo por lo que habían visto.

El versículo 17 nos dice, “Y muchos de entre los pueblos de la tierra se hicieron Judíos, porque había caído sobre ellos el temor de los judíos.”

Así que las cosas dieron un giro de 180 grados. Y hoy venimos al capítulo 9, que de acuerdo a la manera que han calculado los historiadores y los eruditos de la Biblia, toma lugar el 7 de marzo del año 473 a.C.

Ester capítulo 9, versículo 1:

“En el mes doce es decir, el mes de Adar, el día trece cuando estaban para ejecutarse el mandato y el edicto del rey.”

¿Qué mandato y qué edicto es ese? Es el edicto de Amán. Es el que dice que los judíos serían destruidos y aniquilados.

En ese mismo día.

¿Cómo llegaron a ese día? ¿Te acuerdas? Habían echado suertes. Amán había echado suertes. Él era supersticioso. Él pensó que era cosa de casualidad. Él consultó con sus amigos astrólogos y ellos dijeron, “este es el día más propicio”.

Habían echado suertes once meses antes. Pero la Escritura dice que el Señor determina el resultado de las suertes. De hecho, eso fue lo que paso.

De modo que ahora llegó el día. Estamos llegando al momento culminante. ¿Qué pasará?

De nuevo, a veces no vemos a las Escrituras con suficiente asombro porque hemos leído estas historias una y otra vez. Las hemos escuchado desde que éramos niñas. Se nos olvida cómo pudo haber sido el estar viviendo estas historias.

Pero al leer historias como éstas, nos recordamos que con nuestras propias historias, cuando no sabemos lo que va a pasar, Dios sí lo sabe; Él es quien lo está orquestando. Y al fin tendrá un buen resultado.

Ahora es el duodécimo mes, el mes de Adar, el día decimotercero. El edicto del rey de destruir a los judíos está a punto de ser ejecutado.

“El mismo día que los enemigos de los judíos esperaban obtener dominio sobre ellos, sucedió lo contrario”. (versículo 1)

Sucedió lo contrario. ¡Solo Dios! El nombre de Dios no estará en el libro de Ester, pero Su huella está por todos lados. Sucedió lo contrario. Los judíos obtuvieron el dominio sobre los que los odiaban.

Esto era una imposibilidad absoluta, pero Dios lo había hecho posible. Con Dios todas las cosas son posibles.

Así que aunque Amán estaba muerto, todavía había mucha gente que quería hacerle daño a los judíos. Este siempre ha sido el caso en la historia del mundo desde los días de Abraham. Siempre ha habido aquellos que han querido atacar al pueblo de Dios.

Mientras estábamos en el receso alguien me preguntó, “¿Por qué? ¿Por qué a la gente le gustará hacer eso? ¿Por qué le tienen tanto odio al pueblo de Dios?

Básicamente yo pienso que la respuesta es porque la gente odia a Dios.

No quieren que Dios gobierne sobre ellos.

Ellos quieren ser Dios.

Ellos quieren ser su propio Dios.

Ellos quieren dirigir sus propias vidas.

Ellos quieren gobernar la tierra por ellos mismos.

Ellos no quieren doblegarse ante Dios.

Así que, con el propósito de atacar a Dios, ellos siempre tratan de llegarle a la niña de Sus ojos. El pueblo escogido de Dios, los judíos y el pueblo de Dios, los que son creyentes en Jesucristo siempre serán objeto de odio, de rencor y de ataque.

Así que cuando suceda, entiende que es parte de vivir en un mundo caído. Hay aquellos que quieren tener dominio sobre el pueblo de Dios. Pero ahora ha habido un giro. Los judíos han ganado dominio sobre sus enemigos, sobre aquellos quienes pudieron haberlos destruido.

Los judíos, recuerda, son una pequeña minoría. Pudieron haber sido tanto como unos 15 millones de personas, pero se encontraban dispersos por todo el Imperio Persa, el cual era un imperio inmenso que iba desde lo que hoy es Pakistán hasta el norte de la península de Sinaí — esto es, Etiopía, Sudán y Egipto. Quince millones de judíos dispersados por todo este imperio que tenía una población aproximada de 100 millones de personas.

Esta fue una intervención a favor de ellos. Dios estaba peleando por Su pueblo. Y Dios pelea por ti. No siempre Dios gana las batallas de las formas en que nosotros nos gustaría que lo hiciera, pero al final Él es victorioso.

Así que el versículo 2 dice:

“Se reunieron los judíos en sus ciudades por todas las provincias del rey Asuero para echar mano a los que buscaban su daño.”

Al leer este capítulo, fíjate como los atacantes son descritos. Son descritos como los enemigos de los judíos. Son descritos, aquí en el versículo 2, como aquellos que buscaban su daño.

“Y nadie podía oponérseles, porque el temor a ellos había caído sobre todos los pueblos. Y todos los príncipes de las provincias, los sátrapas, los gobernadores y los que manejaban los negocios del rey ayudaron a los Judíos, porque el temor a Mardoqueo había caído sobre ellos” (versos 2-3).

¿Es este un cambio de circunstancias o qué? Mardoqueo no había temido a nadie más que a Dios, pero ahora otros le tenían miedo.

Pensé en lo diferente que es esto a las formas del mundo cristiano hoy en día. Muchos cristianos de hoy viven atemorizados de la cultura, con miedo de ser conquistados por ella. Debería ser al revés.

Debería de haber tal evidencia de la presencia y del poder de Dios en medio de Su pueblo que la cultura tema a Dios y tenga miedo de nosotros —no porque seamos crueles o malos o vengativos, sino porque ven el poder de Dios en nuestro medio.

¿Acaso no es eso lo que Pablo describe en 1era Corintios capítulo, 14 versículo 25? Donde dice que cuando un incrédulo entra a tu iglesia, si ésta está funcionando de la manera adecuada, como debe funcionar una iglesia del Nuevo Testamento, él dice que, “él se postrará de cara al piso y dirá: ‘en verdad Dios está en este lugar’” (parafraseado).

¿Qué tan frecuente vemos eso pasar en nuestras iglesias? En cambio pasamos el tiempo encogiéndonos de miedo por los ataques de un mundo perdido. En última instancia estamos en el lado ganador. Nuestra victoria es segura, y debemos de andar con esa convicción.

“Pues Mardoqueo era grande en la casa del rey, y su fama se había extendido por todas la provincias, porque Mardoqueo se hacía mas y mas grande.” (verso 4)

Pensé en esto como si fuera un retrato de Cristo en el Antiguo Testamento —no que Cristo crezca más y más poderoso sino que Su fama continúa extendiéndose. Él será amado y reverenciado y adorado. Un día toda rodilla se doblará y toda legua confesará que Jesucristo es Señor.

“Y los judíos hirieron a todos sus enemigos a filo de espada, con matanza y destrucción; e hicieron lo que quisieron con los que los odiaban.” (versículo 5)

Esto era una defensa. Esta no era una guerra agresiva. No era vengativa o una vendetta privada. De forma controlada se estaban defendiendo de aquellos que buscaban destruirlos.

“En la fortaleza de Susa los judíos mataron y destruyeron a 500 hombres, también a Parsandata, Dalfón, Aspata, Porata, Adalía, Aridata, Parmasta, Arisai, Aridai, y Vaizata.” (versículos 6-9)

Dirás, “¿Quiénes son, y porque están todos esos nombres allí?” Mira el versículo 10.

“…los diez hijos de Amán, hijo de Hamedata, enemigo de los judíos.”

En el texto hebreo, los nombres de los diez hijos de Amán están escritos en orden y de forma tal que visualmente representan una horca (no puedes ver esto en la Biblia en español). Es una ilustración que lo que le sucedió a ellos.

En la fiesta de Purim, de la que hablaremos en la próxima sesión, los judíos celebran su victoria sobre sus enemigos los Persas, ellos leen el libro de Ester de principio a fin. El lector lee los diez nombres de los hijos de Amán de un tirón, sin tomar aliento, como lo acabo de hacer yo, simbolizando que los diez hijos de Amán murieron juntos.

Al destruir los diez hijos de Amán, los judíos finalmente llevaron a cabo las ordenes que Dios había dado a Saúl cientos de años antes. Ellos cumplieron las intenciones claramente reveladas acerca de la destrucción de los amalecitas.

“Aquel mismo día comunicaron al rey el numero de los que fueron muertos en la fortaleza de Susa. Y el rey dijo a la reina Ester: En la fortaleza de Susa los judíos han matado y exterminado a 500 hombres y a los diez hijos de Amán. ¡Qué habrán hecho en las demás provincias de rey! ¿Cuál es tu petición ahora? Pues te será concedida. ¿Qué más quieres? También te será hecho. Entonces Ester dijo: Si le place al rey, que mañana también se conceda a los judíos que están en Susa hacer conforme al edicto de hoy”. (versículos 11-13)

En otras palabras “Dános un día más para terminar el trabajo. Todavía hay enemigos que quieren destruir al pueblo judío.”

“Y que los diez hijos de Amán sean colgados en la horca.”

“El rey ordenó que así se hiciera; y un edicto fue promulgado en Susa, y los diez hijos de Amán fueron colgados. Los judíos que se hallaban en Susa se reunieron también el día catorce del mes de Adar y mataron a trescientos hombres en Susa, pero no echaron mano a los bienes.” (versículos 13-15)

Vemos esto tres veces en este texto. Fueron autorizados a tomar los despojos, echar mano a los bienes, al igual que Saúl, cien años antes, cuando luchó contra los amalecitas, y retuvo un poco de los despojos. Pero esta no era una guerra agresiva. Esta guerra era en defensa propia en contra de sus enemigos, así que no echaron mano a esos bienes. Ellos no estaban tratando de hacerse ricos acosta de sus enemigos.

“Y los demás judíos que se hallaban en las provincias del rey se reunieron para defender sus vidas y librarse de sus enemigos; y mataron a setenta y cinco mil de los que los odiaban, pero no echaron mano a los bienes.” (versículo 16)

Así que la matanza fue limitada a un día en todas las provincias, dos días en la capital, y luego pararon. Solo mataron hombres; mientras que el edicto en contra de ellos había autorizado a sus enemigos a matar hombres y mujeres y niños y jóvenes y viejos.

Se alinearon con Dios en contra de Sus enemigos. Y se nos recuerda que tenemos algunos enemigos —la carne, el mundo, el Diablo— y estamos combatiendo en una batalla. Dios nos llama en el nombre de Jesucristo a hacer batalla, a hacer guerra, sabiendo que el día llegará cuando el triunfo de Cristo será completado sobre todos Sus enemigos.

Si quieres leer acerca de esto, lee el libro de Apocalipsis. Hay dos temas principales en el libro de Apocalipsis. Uno es adoración, pero el otro es guerra. Hay guerra en contra de los enemigos de Dios. Los que se oponen, se declaran enemigos de Dios, Dios mismo hará guerra contra ellos.

Nos unimos en Su nombre, no a ser belicosos, no para atacar a las personas que no están de acuerdo con nosotras, pero para hacer batalla en contra de nuestra carne pecaminosa, a hacer batalla en el reino espiritual en contra de Satanás en el nombre de Jesús, y a resistir este sistema mundano que se opone a Dios.

Eso es parte de la vida cristiana —el ser una guerrera, un soldado, estar involucrada en el nombre de Jesús— no el odiar a la gente, no en ser despiadado, no en saquear a la gente, no en ser grosero, no en ofender a la gente. Pero el decir “En el nombre de Jesucristo y en el nombre de Su cruz, queremos verlo victorioso.”

“Y Él estará sobre todos Sus enemigos en la eternidad. Toda rodilla se doblara; toda lengua confesara que Jesucristo es Señor” (Filipenses 2:10-11, parafraseado).

Carmen: Es era Nancy Leigh DeMoss ayudándonos a mantener nuestro enfoque en Cristo mientras vivimos en una cultura hostil.

El libro de Ester tiene todos los elementos de una gran historia, desarrollo de personajes, acción, trama secundaria, presagios. Como hemos visto, su escenario es muy importante. La historia de Ester no sería la misma si no se hubiera tomado a cabo en una tierra hostil a las cosas de Dios.

Bien, es necesario recordar que estamos viviendo como extraños en una tierra extraña, y podemos aprender mucho del libro de Ester acerca de cómo vivir para el reino que vendrá.

Muchas veces celebramos para olvidar. Nos entretenemos para olvidar nuestros problemas. Veremos qué tan satisfactorio puede ser el celebrar para recordar. Espero y puedas regresar con nosotros aquí en Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries. Y quiero ser una mujer verdadera.

Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de Las Américas a menos que se cite otra fuente.

Tomado de: Aviva Nuestros Corazones

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Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

Cristo, la Roca (2)

Martes 16 Junio


(Jesús dijo:) Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca. Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca.

Mateo 7:24-25

Cristo, la Roca (2)

¡Oh! Qué Roca inquebrantable
La que Dios ha dado
Como abrigo seguro
Para mi corazón cansado.
Mi Roca, mi fortaleza,
Mi refugio protector,
Mi recurso en la tribulación
Es Jesús, mi Redentor.
A mis pies el océano ruge,
El viento silba a mi derredor;
Sobre Cristo, mi Roca, se funda
Mi esperanza y mi fe.
En vano se enfurece el huracán,
No veo el brillo de ninguna luz;
Con paz en medio de la tormenta,
Espero el alba después de la noche.
En medio de la tormenta,
¿Has hallado ese abrigo?
¡Ah! toma la poderosa mano
De Cristo: pues él desea salvarte.

“Será aquel varón como escondedero contra el viento, y como refugio contra el turbión… como sombra de gran peñasco en tierra calurosa” (Isaías 32:2).

“El Señor es mi roca y mi fortaleza, y mi libertador… Porque ¿quién es Dios, sino solo el Señor? ¿Y qué roca hay fuera de nuestro Dios?” (2 Samuel 22:2, 32).

Levítico 25:29-55 – Efesios 4:17-32 – Salmo 71:12-18 – Proverbios 17:13-14

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