44 – Las adicciones «El Alcoholismo y la Drogadicción – 2/2»
ENTENDIENDO LOS TIEMPOS
Surge en el 2013 como programa de radio bajo la cobertura de la emisora cristiana Radio Eternidad en la estación 990am. Las temáticas de nuestro programa son diversas y contemporáneas con las necesidades que se presentan hoy en día en la sociedad. Todo tema es llevado a la luz de la Palabra de Dios que es la única mediadora entre los hombres y la única verdad que puede hacerle libre. Tratamos diferentes temas con el propósito de entender el presente bajo una cosmovisión bíblica y actuar en base a esta. Con nuestro productor Andrés Figueroa y el equipo de Gracia TV, quienes semanalmente transmiten este programa en un formato para Radio y TV.
Nota del editor: Esta publicación es la tercera parte de la serie «El corazón del evangelio«, publicada por la Tabletalk Magazine.
Cada tarde, después del trabajo, me siento para pasar unos minutos poniéndome al día con las noticias diarias. Aunque son unos minutos de descanso para mi cuerpo y mente, tengo que admitir que no encuentro en esos momentos mucho descanso para mi corazón. Eso es porque lo que veo en los titulares me recuerda una realidad profundamente arraigada: algo está mal con nuestro mundo, e incluso con nosotros mismos como seres humanos. ¿Pero, qué es esto?
La gente ha dado diferentes respuestas a esa pregunta. Algunos dicen que los problemas son principalmente económicos, otros que son sociales, y otros que son psicológicos. Ciertamente, estas respuestas pueden darnos una idea de algunos de los síntomas de nuestra aflicción, pero la Biblia enseña que esta condición crítica es causada por algo mucho más profundo y significativo. En una palabra, el problema es el pecado: nuestra rebelión contra el Dios que nos creó.
El libro de Génesis relata cómo Dios creó el mundo por el poder de Su Palabra, y según Génesis 1:26-28, el acto de coronación de la obra de Dios fue la creación de seres humanos. Únicos entre todas las criaturas del universo, los seres humanos están hechos «a Su propia imagen». Ser creados a la imagen de Dios significa muchas cosas. Nosotros, los seres humanos, reflejamos el carácter y la naturaleza de Dios en nuestra racionalidad, nuestra creatividad e incluso nuestra capacidad de relacionarnos con Dios y con los demás. Pero la imagen de Dios no se refiere simplemente a lo que somos; también se refiere a lo que Dios nos creó para hacer.
Además de vivir en comunión con Dios, a Adán y Eva se les dio el trabajo de administrar y cuidar de Su creación como Sus vicegobernadores. Por lo tanto, Dios les dijo que debían «sojuzgar» la tierra y «tener dominio» sobre ella, no abusándola y tiranizándola, sino «cultivándola y cuidándola» (Gén 2:15). Al hacer esto, ellos comunicarán a toda la creación el amor, el poder y la bondad del Creador. Quizás más fundamentalmente, esto es lo que significa ser la imagen de Dios en el mundo: así como un antiguo rey del Cercano Oriente podría establecer una «imagen» de sí mismo en una montaña como un recordatorio a su pueblo de quién estaba en el trono, Adán representaba la autoridad de Dios para el mundo sobre el cual se le dio el dominio.
Sin embargo, la autoridad de Adán sobre la creación no era absoluta. Esta autoridad era delegada y circunscrita por Dios mismo. La gente a menudo se pregunta por qué Dios puso el Árbol del Conocimiento del Bien y el Mal en el jardín. La razón es que ese árbol les recordaba a Adán y Eva que su autoridad para gobernar y sojuzgar la tierra no era absoluta. Es por eso que al Adán y Eva comer la fruta fue un pecado tan trágico. Al comer la fruta, Adán y Eva estaban tratando de hacer precisamente lo que la serpiente les dijo falsamente que podían hacer: estaban tratando de «llegar a ser como Dios» (Gen 3:5). Estaban buscando más poder y autoridad de lo que Dios les había dado, y por lo tanto, apostaron al trono supremo.
Las consecuencias del pecado de Adán fueron catastróficas. Dios había prometido que si los humanos comían del árbol prohibido, seguramente morirían. Lo que Él quiso decir no fue solo muerte física, sino también, y más horriblemente, muerte espiritual. Este fue un castigo justo y correcto. No solo porque un Dios perfectamente santo y justo nunca podría tolerar tal maldad y pecado en Su presencia, sino también porque, al declarar su independencia de Dios, Adán y Eva se despegaron a sí mismos de la fuente de toda vida y bondad. Ellos merecían la ira de Dios por su rebelión contra Él, y la paga de su pecado era nada menos que la muerte, el juicio y el infierno eternos.
Peor aún, cuando Adán pecó, él lo hizo como representante de cada ser humano. Es por eso que Pablo les escribió a los Romanos: «por la transgresión de uno murieron los muchos» (Rom 5:15). Por lo tanto, con nuestro propio pecado, cada uno de nosotros ratifica una y otra vez el acto de rebelión de Adán contra Dios. Nosotros también anhelamos ser libres de la autoridad y el gobierno de Dios, y por eso nos entregamos a la búsqueda del placer y la alegría en las cosas creadas como meta suprema. En el proceso, declaramos que Dios no es digno de nuestra adoración, y así demostramos que somos dignos de la maldición de la muerte espiritual que Dios pronunció al principio.
Si la historia de la Biblia terminara allí, con seres humanos bajo la ira de Dios sin posibilidad de escape, viviríamos en una realidad sin esperanza. Pero alabado sea Dios que la historia no termina ahí. En lugar de dejarnos morir en nuestro pecado, Dios actúa para salvar. A través de la encarnación, la muerte y la resurrección de Su Hijo, Jesús, Él salva a Su pueblo de sus pecados y hace todo perfecto de una vez y por todas, finalmente y para siempre.
Carmen Espaillat: Hay algo hermoso acerca de las mujeres que honran a sus madres.
Mujer 1: Cada mañana y luego al acostarnos siempre orábamos a Dios, ahora entiendo que la oración era el medio para enfrentar los obstáculos que teníamos como familia y el acercarse a Dios como refugio era nuestra fortaleza.
Mujer 2: Fue en medio de sus rosas que me enseñó a apreciar lo maravilloso de la creación de Dios, a dar las gracias con una sonrisa, la compasión, a negarse a sí misma y amar sacrificialmente.
Mujer 3 : El testimonio de una mujer piadosa perdura más allá de su permanencia aquí en la tierra. Tengo el privilegio de ser la hija de una de ellas.
Mujer 4: Damos muchas gracias a Dios por ellas, su ejemplo ha sido un poderoso aliado que Dios ha usado para enseñarnos lo que es la centralidad del hogar y la familia según el diseño que ha dispuesto nuestro Señor.
Mujer 5: Tengo muy presente en mi memoria el despertarme temprano para ir la escuela y encontrarte teniendo tu tiempo de comunión con Él. ¡Gracias por ser un ejemplo de una mujer verdadera para todos nosotros!
Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.
Si has estado con nosotros durante el último par de semanas, sabes que estamos en un estudio profundo de Proverbios 31. He sacado tantas enseñanzas de este capítulo que antes no sabía que estaban allí. Si no has podido escucharlo completo, no te preocupes. Puedes ponerte al día escuchando el audio en AvivaNuestrosCorazones.com. También encontrarás transcripciones allí y podrás compartir los enlaces con otras hermanas a las que quieras bendecir con este rico recurso.
Hoy dejaremos que nuestras oyentes nos comenten sobre los atributos que tienen sus madres; bueno, quizás necesites tener algún pañuelo a mano.
Llegaremos allí en unos minutos. Primero, aquí está Nancy para explicar cómo la mujer de Proverbios 31 obtiene su increíble fortaleza.
Nancy Leigh DeMoss: En la última sesión hablamos sobre cómo la mujer virtuosa, la mujer excelente de Proverbios 31, se ciñe fuerza y fortalece sus brazos. Su meta es complacer al Señor. Pero antes de movernos al versículo 18 quisiera ofrecer una idea adicional con relación a este tema.
En Isaías capítulo 30, versículo 15 nos dice que “En quietud y confianza está tu fortaleza”. Ahora, sabemos que Dios da fortaleza al cansado, por eso debemos pedirle que nos dé fuerzas y sabemos que el gozo del Señor es nuestra fortaleza, que tener un corazón puro y una conciencia limpia también nos da fuerzas, y ahora vemos en ese versículo de Isaías capítulo 30 que en quietud y reposo, encontramos fuerzas.
Esas dos cualidades, quietud y reposo, son cosas que no vienen naturalmente para la mayoría de nosotras. No vienen de manera natural probablemente a ninguna de nosotras. Vivimos en un mundo de ruido, un mundo de caos, ocupado, frenético, desesperado y es muy difícil encontrar quietud.
Y déjenme decirles que la quietud no depende tanto del ambiente que te rodea, es más bien un asunto interno, un asunto de mi espíritu. Puedes tener un espíritu calmado delante Dios, o un espíritu que descansa en Dios, aunque tengas ocho hijos en tu casa, o aunque estés trabajando en un ambiente que es ruidoso y secular.
Pero sí creo que es importante, siempre que sea posible, encontrar maneras y momentos de lograr un ambiente calmado para ayudarnos a desarrollar un corazón tranquilo. Para algunos de nosotras, nuestro mundo es ruidoso y escandaloso y no tenemos otra opción, pero algunas de nosotras tomamos decisiones que hacen que nuestro mundo sea escandaloso y ruidoso.
Yo diría —y es un poco extraño para mí decir esto en un programa de radio— que muchas debemos desarrollar hábitos diferentes en lo que respecta a la radio, a la televisión, a los medios de comunicación, a las computadoras, al entretenimiento –cosas que hacen ruido en nuestras vidas, cosas que nos mantienen agotadas.
Algunas tenemos el hábito de siempre tener un aparato electrónico encendido. Así nos montamos en el carro, y encendemos la radio. Entramos a la casa, y encendemos el televisor o los televisores, o la computadora o cualquier otro que aparato que tengamos.
Y diría que si siempre tienes algunas de estas cosas encendidas en tu vida, te resultará difícil tener un corazón calmado. Puede que sea tu esposo quien encienda estos equipos, y no puedes controlar su vida en estas áreas. Pero sí puedes controlar tus decisiones en esas áreas.
Y con todo lo agradecida que estoy por el ministerio de la radio cristiana, y quiero que escuchen a Aviva Nuestros Corazones y otros ministerios de enseñanza que pueden edificar sus vidas, hay momentos cuando solo necesitas tomar la decisión “No voy a llenar el espacio vacío de mi vida con este ruido. Voy a disciplinarme para buscar quietud”.
Y eso no significa que hagas que tus hijos salgan de la casa. Hay algunos ruidos en tu vida que son un buen ruido, que es ruido apropiado y correcto, y es importante como madre y esposa que no te vuelvas resentida con esos hijos o con ese esposo que hacen ruido en tu vida. Tenemos algunas viudas aquí que se sentirían más que contentas de tener de nuevo ese ruido, pero hay tiempos en que sí debes tomar la decisión cuando es importante conseguir ese tiempo de quietud.
Y esa es una de las ventajas de levantarse temprano. En la mayoría de las situaciones, es una forma de conseguir un ambiente tranquilo y un corazón calmado antes de entrar a este mundo de ruido. Para ti, quizás el momento de quietud te resulte tarde en la noche. Y entonces, en quietud y en reposo, está tu fortaleza. Disciplina tu vida para la quietud y luego firmemente confía en Dios.
Y una de las cosas que roba y merma nuestras fuerzas para servir al Señor es que nos preocupamos de tantas cosas. Estamos ansiosas con tantas cosas, y necesitamos aprender a confiar que Dios está en control , Él no ha dejado Su Trono, y no me necesita para arreglar todo el universo, ni siquiera una pequeña parte de éste.
Sé que hay situaciones en tu vida, al igual que en la mía, que escapan de nuestro control. Así que deja de tratar de controlar y confía que Él tiene todo el mundo en Sus manos. Confía que Él hará lo que es bueno y lo que es correcto y confía en que Él es el gobernador del universo. Y en esa quietud y en esa confianza, encontrarás tus fuerzas.
Pero ahora, en el tiempo que nos resta, quiero hacer algunos comentarios sobre el versículo 18, que se conectan con los versículos que ya hemos estudiado de Proverbios 31, pero no quiero saltar este versículo antes de movernos a la próxima sesión en nuestro tiempo juntas.
En el versículo 18, esta excelente mujer virtuosa “percibe que su mercancía es buena”; en la Biblia de las Américas vemos que ella “nota que su ganancia es buena”. Ella ve que la obra de sus manos, aquello en que ha invertido su tiempo y esfuerzo, ella ve que esta labor ha producido buen fruto.
Y ella está consciente de la calidad. Y quiere asegurarse que el trabajo que está haciendo es un buen trabajo, así que no va a través de la vida -como una esposa, madre o mujer, ama de casa, en cualquier etapa de su vida- ella no hace las cosas de manera descuidada ni caprichosamente. La calidad importa, y ella tiene la capacidad de mirar hacia atrás y ver que el trabajo de sus manos ha sido bueno.
Y, ahora esta última frase —algunas viven basadas en este versículo y a otras no les gusta para nada— “no se apaga de noche su lámpara”; hay personas que son nocturnas. Otras, terminan a las nueve como una luz en la noche, pero creo que el énfasis aquí no está en la hora en que ella va a acostarse. El énfasis está, en un versículo anterior, donde vemos que ella se levanta de madrugada, se trata de que esta es una mujer diligente y hace lo que sea necesario, a cualquier hora que sea necesario, para ministrar a las necesidades de su familia.
Ella se levanta temprano si se necesita; se acuesta tarde, si es necesario, y en sus horas despierta, está ocupada en lo que es de provecho. No vemos la imagen de una mujer que pasa las noches viendo televisión, o una mujer que duerme hasta las once de la mañana cuando hay trabajo que hacer para su familia.
Y no les estoy diciendo a qué hora levantarse, porque la Palabra no nos dice nada al respecto. Pero sí nos dice que como mujeres, debemos ser laboriosas, y usar las horas, los momentos que el Señor nos da de formas que sean agradables a Él.
¿Implica eso que no me detenga y pase tiempo de diversión con mis hijos? Sí, absolutamente debes parar y divertirte con tus hijos. Cuando llega el momento de hacerlo, eso es algo santo, eso es ser virtuosa, eso es ser excelente. Pero sí significa que no malgastemos el tiempo, los momentos que Dios nos da, sino que los usemos con propósito y de forma intencional, para buscar la Gloria de Dios.
Carmen:“ Una perspectiva balanceada del tiempo” por Nancy Leigh DeMoss. Estamos a punto de escuchar algunas historias conmovedoras acerca de madres que hicieron buen uso de su tiempo. Estas historias le harán detenerse y considerar: cuando termines tu vida, mirarás atrás y te preguntarás “¿En verdad invertí mi tiempo sabiamente? ¿Lo invertí en mi hogar“? Las elecciones que hagas hoy influirán en la manera en que responderás esta pregunta.
La mayoría de nosotras pasamos el tiempo disponible, corriendo de una demanda para otra, por lo que se hace difícil detenernos a pensar si estamos usando el tiempo efectivamente. ¿Pasarías algún tiempo cada día aprendiendo lo que significa construir un hogar piadoso? Lee algunas páginas de un libro escrito por Nancy Leigh DeMoss y otras mujeres llenas de sabiduría, como Bunny Wilson y Susan Hunt. Se titula “Atrévete a ser una mujer conforme al plan de Dios”. Te diremos como obtenerlo cuando visites AvivaNuestrosCorazones.com.
Durante las últimas semanas en la serie llamada La mujer contra-cultura, hemos aprendido mucho sobre lo que significa ser una mujer de honra. Es tiempo de pausar y dejar que algunas oyentes nos hablen acerca de sus madres.
Hemos pedido a varias mujeres que nos envíen audios contándonos cómo sus madres invirtieron en ellas, creo que van a disfrutar escuchar estos conmovedores tributos.
Mujer 1: Cuando pienso en mi madre lo primero que me viene a la mente es una ejemplo de entrega y perseverancia. En la providencia de Dios mi madre tuvo que hacerse cargo sola de mis tres hermanos y yo luego del divorcio, mientras pasó el tiempo, las memorias que siempre han permanecido es el reflejo de una mujer comprometida con Cristo y con todo el deseo de criarnos teniendo como fundamento la Palabra de Dios.
Desde muy pequeña mi madre me enseñó a cocinar a bordar a limpiar la casa, a organizar, y sacar siempre un momento del día para leer la Biblia. En el momento, aunque era divertido, no me gustaba hacer tantas cosas. Con el transcurrir de los años estas enseñanzas han sido un reflejo de una mujer que ama su hogar y que su identidad primaria no es casada o divorciada sino Cristo.
Criar cuatro hijos sola era un reto, pero cada mañana y luego al acostarnos, siempre orábamos a Dios. Hoy entiendo que la oración era el medio para enfrentar los obstáculos que teníamos como familia y que el acercarse a Dios como refugio era nuestra fortaleza.
Alabo a Dios por su perseverancia, pues el que hoy yo pueda proclamar a Cristo como mi Salvador y amar el hermoso diseño de la feminidad bíblica, es el resultado de una madre que se propuso entregar su vida al Señor y que de la mano con su Esposo celestial nos muestra la plenitud y el gozo que existe en Cristo. Y sobre todo , que solo Cristo es suficiente, algo que anhelo traspasar a mis hijos algún día.
Mujer 2: Mi nombre es Sandra, soy la menor de cuatro hermanos y hoy tengo la maravillosa oportunidad de darles a conocer un poco de quién fue mi mamá. De pisada muy ligera pero de huellas muy firmes, así podrías definir un poco quién fue mi mamá. Siendo muy delgada sus pasos y movimientos eran suaves y ligeros, pero las huellas que dejó en mí fueron impresas en mi corazón como si hubieran sido hechas con el propósito de hacerlas indelebles. Sé que no hacemos nada para merecer algo bueno en nuestras vidas, y que todo viene como un regalo de la mano de Dios y es la única forma en que entiendo en que Él me haya dado el gran privilegio de ser su hija y de haberla tenido en mi vida desde los momentos más simples hasta los más significativos.
Mi mamá se dedicó completamente a nosotros, somos cuatro hermanos y yo soy la menor. Permaneció en el hogar siempre. Puedo decir que al igual de la mujer de Proverbios 31, fue extremadamente laboriosa con sus manos. Recuerdo el olor de las mermeladas hechas en casa o los diferentes colores de los condimentos que procesaba y envasaba. Algunas personas iban a mi casa solo para comprar estos condimentos naturales. Pero si alguien no los podía pagar daba igual, de todas formas mi mamá se lo daba.
Conservo piezas de ropa hechas a mano por ella, mis hermanos mayores vivían fuera y ella y yo tejíamos las piezas de lana que necesitarían para el invierno. No estudió medicina, sin embargo desarrolló algunas habilidades como poner inyecciones o prepara brebajes medicinales que hacía que las personas de una forma u otra llegaran a mi casa en busca de algún alivio.
Y luego su jardín, su preciado jardín. Eran sus momentos de mayor deleite. Podaba, abonaba, trasplantaba, en fin todo lo que podía hacer para embellecer y mejorar su jardín. Fue en medio de sus rosas que me enseñó a apreciar lo maravilloso de la creación de Dios, a dar las gracias con una sonrisa, la compasión. A negarse a sí mismo y a amar sacrificialmente, todo esto sin que recuerde una instrucción verbal específica al respecto. Fue su ejemplo práctico lo que siempre habló en voz alta, amé profundamente a mi mamá y haber conocido al Señor fue lo único que me hizo entender que cuando ella muriera yo estaría bien.
Conoció al Señor en edad avanzada, no alcanzó a entender grandes doctrinas pero sí lo más importante, que ella era pecadora, que Cristo había muerto por ella y que ahora podría confiar en Él plenamente. El himno que se titula, “Todas las promesas del Señor Jesús” fue su lema hasta el final de su vida. Después de su muerte encontré entre todas sus cosas, todas las tarjetas, notas y fotos que a o largo de toda la vida había recibido de sus hijos, y digo a lo largo de la vida, porque encontré tarjetas de cumpleaños escritas por mí cuando apenas tenía siete años.
Y fue muy bueno ver en ellas que Dios me dio la oportunidad a través de los años de decirle a mi mamá todo lo que ella significaba para mí, pero sobre todo lo mucho que hablábamos del Evangelio y de su única fuente de descanso en medio de sus aflicciones. Alabo a Dios por habérmela dado los años que estuvo conmigo, espero anhelante el día en que la volveré a ver.
Cuando ella murió escribí algo titulado, “Hay trabajo en el Cielo”, basado en el texto de Juan 5:17 cuando el Señor Jesús dijo : “Mi padre hasta trabaja y yo trabajo”. Porque la imaginé ocupada en el más hermoso trabajo, el de adorar y abalar a Dios y tal vez en medio de algún rosal adornando ahora para su Señor, a Él sea la gloria por la vida de mi mamá.
El testimonio de una mujer piados perdura más allá de su permanencia aquí en la tierra, tengo el privilegio de ser la hija de una de ellas, mi madre Julia viuda González, es un ejemplo tan fiel que aún al día de hoy me encuentro recordando su vida para tomarla como ejemplo y asegurarme una senda cimentada en Dios y en Su Palabra. Fue una mujer sumamente fiel, nunca la escuché quejarse de su iglesia ni de sus pastores, siempre tenía una nota positiva y de aliento en cualquier situación, tenía el compromiso consigo misma de predicar la Palabra a todo el que visitara su casa no importa cuál fuera el motivo de la visita. Amaba la Palabra de Dios y se exponía a ella constantemente, las cualidades que más la identificaban era su dulzura, su ternura, y su disponibilidad.
No recuerdo una sola ocasión que yo la necesitara que ella no estuviera dispuesta a ayudarme sin importar cuál fuera la situación ni el tiempo que le tomara, puedo decir sin lugar a dudas que su ejemplo de amor y de fe y de confianza en su Dios, han sido de gran ayuda para moldearme como cristiana y también tomar su ejemplo en su trato con sus yernos y con sus nietos, me estimula y me orienta en la etapa como suegra y como abuela.
Mujer 3: ¡Hola! Soy Laura, y hablo como representante de mis hermanos al dar testimonio del ejemplo que ha sido nuestra madre. Aun antes de entregarle su vida al Señor, el adorno que la caracterizaba era la dedicación y la entrega hacia nuestra familia. Dios la capacitó desde temprano para tener una gran disposición hacia el sacrificio, no solo en beneficio de nosotros sus hijos sino también hacia sus padres y hermanos.
Ahora como una hija de Dios, estos atributos anteriores brillan con el propósito de agradar a nuestro Señor en este momento, sirviendo al pueblo de Dios y a su familia. Ahora son abundantes sus oraciones ante los necesitados en la iglesia, teniendo siempre palabras de aliento y sostén en momentos de tribulación para todas las personas que se encuentran con ella. Damos muchas gracias a Dios por ella, su ejemplo ha sido un poderoso aliado que Dios ha usado para enseñarnos lo que es la centralidad del hogar y la familia según el diseño que ha dispuesto nuestro Señor.
¡Gracias mami Mina por ser esa anciana que como dice Tito 2:4-5 nos enseñas a amar a nuestros maridos y nuestros hijos siendo cuidadosas de nuestras casas, te amamos mucho!
Mujer 4: Este es el testimonio acerca de mi madre Marcia Hernández. Cuando mis padres recibieron la alegría de presentarse delante de su Señor a gozar de Él por la eternidad. Estaba una mañana organizando los libros que dejaron. Allí encontré una de las Biblias de estudio de mi papá y al abrirla se deslizó una página suelta escrita con la letra de mi mamá, no puedo describir con palabras lo que sentí al leerla, era una oración escrita a su Dios donde ella derramaba su corazón delante de Él, pidiéndole que por Su gran misericordia perdonara sus pecados y escuchara su oración, que viniera pronto a reinar para así con Él estar eternamente y que le diera las fuerzas para andar en sus caminos.
Le pedía entendimiento para guardar su ley en su corazón y que la ayudara a buscar Su rostro continuamente. Así seguí leyendo con lágrimas en los ojos pero a la vez con un inmenso gozo al ver el legado de fe que ella me dejaba. Fue un privilegio para mí ser su hija y ciertamente puedo entender hoy con más claridad el impacto que una madre puede tener en la vida de sus hijos. Puedo ver como todo lo que soy y todo lo que hago está impregnado por su sello. Creo firmemente que los conocimientos y las experiencias que obtuve a través de sus enseñanzas han impactado más profundamente mi vida que todos los conocimientos que obtuve en la universidad o en el mundo exterior.
De ella aprendí cómo ser esposa, cómo ser madre, cómo cuidar mi hogar, cómo los detalles son importantes, me enseñó a crear memorias con mi familia, la importancia de compartir momentos que ella hacía especiales a veces sin ningún motivo.
Mi mamá tenía una corazón para su Dios, deseoso de amarle y servirle cada día y hacer siempre su voluntad. Tengo la certeza de que ese era su secreto para aun a pesar de sus muchos quebrantos de salud estaba siempre continuamente gozosa. Era una mujer virtuosa, me enseñó la importancia de mantener un hogar en orden, hasta el final de sus días en esta tierra la veía decorando cada rincón de su casa, cortando las flores de su jardín que con tanto esfuerzo cultivaba, bordando los mantelitos para la bandeja del café… En fin, la lista sería interminable. La adornaban tantas virtudes que hoy y siempre serán para mí un especial tesoro y serán mi ejemplo a seguir. Es mi oración a mi padre celestial que me de la sabiduría y las fuerzas para poder modelar y traspasar a mis hijos cada una de esas virtudes para lo gloria y honra de Su santo Nombre.
Mujer 5: Mi nombre es Rosalía, estoy muy agradecida del Señor por mi mamá, no creo tener palabras suficientes para expresar todo lo que ella ha sido y es para mí y alabo al Señor por la obra de gracia que ha hecho en su vida. Gracias mami por ser un ejemplo para mí de amor al Señor, tengo muy presente en mi memoria despertarme temprano para ir a la escuela y encontrarte teniendo tu tiempo de comunión con Él.
Gracias por ser un ejemplo de una mujer verdadera para todos nosotros. Por darle prioridad a tu matrimonio con papi y ser un ejemplo de sumisión a él. Gracias por perseverar en oración y disciplina en los años en que mi corazón fue rebelde. Gracias por poner a un lado tu propia agenda y comodidad para servirnos, fueron muchos los días de las pequeñas cosas que Dios usó para que fueras mi maestra en cómo ser una mujer cristiana, esposa y madre. Gracias por animarme a ser y hacer las cosas con excelencia para el Señor.
Le doy gracias a Dios porque en ti me ha dado una mejor amiga, gracias por tus sabios consejos, puedo decir que muchas mujeres hicieron el bien mas tu sobrepasas a todas. Engañosa es la gracia y vana la hermosura, la mujer que teme al Señor, esa será alabada. ¡Te amo!
Carmen: He sido muy conmovida por la simple obediencia que nuestras oyentes han mostrado hoy. La Escritura nos dice que debemos honrar a padre y madre, pero en la medida en que estas madres han sido honradas, hemos visto lo increíblemente poderoso que este tipo de tributo puede ser. Espero que te tomes unos minutos para honrar a tu madre.
Claro está, también es un honor honrar a los padres, pero nos estamos enfocando en las madres debido a la serie que Nancy Leigh DeMoss está enseñando llamada La mujer contra-cultura. Es una mirada profunda a Proverbios 31, y si te has perdido algo de este útil material, puedes escucharlo en AvivaNuestrosCorazones.com.
¿Verdad que hubiese sido una pena haberse perdido el programa de hoy y las historias que hemos escuchado? Asegúrate de no perderte de nada de lo que ocurre en Aviva Nuestros Corazones.
Si una mujer pasa todo el tiempo de voluntaria en un refugio para desamparados, ¿está haciendo una gran labor; verdad? Bueno, quizás no. Todo depende qué esté pasando dentro de su casa. Escucharemos sobre buenas obras y prioridades, esto será mañana en Aviva Nuestros Corazones. Ahora cerremos con un tiempo de oración con Nancy.
Nancy: Señor, ayúdanos a aprender a usar nuestros días como debe ser y a vivirlos de una manera que podamos mirar atrás al final de nuestros días y ver que nuestro trabajo ha sido bueno. Que Tú, por Tu gracia, nos has permitido producir algo que sea de buena calidad y que hayamos usado nuestros días y todos nuestros momentos para agradarte. Señor, muéstranos el momento en que quieres que nos levantemos por las mañanas y cuándo debemos ir a dormir en las noches y cómo quieres que usemos cada momento entre ambos, para Tu gloria. Oro en el Nombre de Jesús, Amén.
Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de Life Action Ministries.
Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de las Américas a menos que se cite otra fuente.
Corrie era cristiana. Ella iba a pasar la frontera llevando una pesada valija llena de Biblias que deseaba introducir en un país hostil al Evangelio. Su ansiedad crecía a medida que se acercaba al despacho de la aduana. Sus temores eran justificados, puesto que introducir Biblias de manera clandestina era considerado un crimen severamente castigado. El pánico la invadió cuando vio a los aduaneros vaciando todas las valijas de las personas que estaban delante de ella. Temblorosa y temiendo ser descubierta, oró: Señor, ¡tú prometiste velar sobre tu Palabra!
Un instante después, un aduanero avanzó hacia ella:
–¡Su maleta está muy pesada!, exclamó levantando el equipaje de Corrie.
–Sí, señor, balbuceó ella.
–Tengo un poco de tiempo, puedo llevársela, ofreció el agente.
Maravillada y rebosante de gozo, siguió al policía, quien no solo no inspeccionó su valija, sino que la llevó hasta el automóvil que la esperaba.
Cristianos, tanto en las grandes cosas como en los pequeños detalles de nuestra vida diaria, seamos conscientes de la importancia de la oración. Si nada es demasiado grande para el poder de Dios, nada es demasiado pequeño para su amor. Él quiere ocuparse de todos los detalles de nuestra vida. El mismo Jesús enseñó a los suyos sobre la necesidad de orar siempre y no desmayar (Lucas 18:1). Esto significa que debemos tener una disposición continua de corazón para orar, que es la respiración espiritual del alma.
56/63 – ¡Un juicio injusto contra el Dios justo! | Marcos 14:53-65
Ps. Sugel Michelén
El pastor Michelén ha formado parte del Consejo de Ancianos de Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo en Santo Domingo, República Dominicana, durante más de 30 años.Tiene la responsabilidad de predicar la Palabra regularmente en el día del Señor.Tiene una Maestría en Estudios Teológicos y es autor de varios libros: Historia de las Iglesias Bautistas Reformadas de Colombia, Coautor junto al Pastor Julio Benítez; La Más Extraordinaria Historia Jamás Contada, Palabras al Cansado – Sermones de aliento y consuelo; Hacía una Educación Auténticamente Cristiana, El que Perseverare Hasta el Fin; y publica regularmente artículos en su blog “Todo Pensamiento Cautivo”https://www.todopensamientocautivo.com/
Él es instructor asociado en Universidad Wesleyana en Indiana (IWU), extensión en español; enseña Filosofía en el Colegio Cristiano Logos; y durante 10 años, ha sido profesor regular de la Asociación Internacional de Escuelas Cristianas (ACSI) para América Latina. El pastor Michelén, junto a su esposa Gloria tiene tres hijos y cuatro nietos.
“Pensemos con el Dr. Ravi Zacharias” es una producción de RZIM y es un excelente recurso para los cristianos que anhelan entender la fe y testificar con inteligencia.
Sermón predicado el Domingo 2 de Diciembre de 1855
por Charles Haddon Spurgeon
En La Capilla New Park Street, Southwark, Londres.
«Y no queréis venir a mí para que tengáis vida.» — Juan 5:40
Este es uno de los poderosos cañones de los arminianos, colocado sobre sus murallas, y a menudo disparado con un terrible ruido contra los pobres cristianos llamados calvinistas Yo pretendo silenciar ese cañón el día de hoy, o, más bien, dispararlo en contra del enemigo, pues nunca les perteneció a ellos. El cañón no fue construido en la fundición de los arminianos, y más bien su objetivo era la enseñanza de una doctrina totalmente opuesta a la que los arminianos sostienen.
Usualmente, cuando se explica este texto, las divisiones son: primero, que el hombre tiene voluntad. Segundo, que es enteramente libre. Tercero, que los hombres deben decidir venir a Cristo por ellos mismos, de lo contrario no serán salvos.
Pero nosotros no lo dividiremos de esa manera, sino que nos esforzaremos por analizar de manera objetiva este texto, sin concluir apresuradamente que enseña la doctrina del libre albedrío, simplemente porque contiene palabras tales como «querer» y «no querer.»
Ya se ha demostrado más allá de toda controversia, que el libre albedrío es una insensatez. La voluntad no tiene libertad como tampoco la electricidad tiene peso. Son cosas completamente diferentes. Podemos creer en la libertad de acción del individuo, pero el libre albedrío es algo sencillamente ridículo. Todo mundo sabe que la voluntad es dirigida por el entendimiento, que es llevada a la acción por motivos, que es guiada por otras partes del alma, y que es una potencia secundaria.
Tanto la filosofía como la religión descartan de inmediato la pura idea del libre albedrío; y yo estoy de acuerdo con la rotunda afirmación de Martín Lutero que dice: «Si algún hombre atribuye una parte de la salvación, aunque sea lo más mínimo, al libre albedrío del hombre, no sabe absolutamente nada acerca de la gracia, y no tiene el debido conocimiento de Jesucristo.» Puede parecer un concepto duro, pero aquel que cree con plena convicción que el hombre se vuelve a Dios por su propio libre albedrío, no puede haber recibido esa enseñanza de Dios, pues ese es uno de los primeros principios que aprendemos cuando Él comienza a trabajar en nosotros: que no tenemos ni voluntad ni poder, sino que ambos los recibimos de Él; que Él es «el Alfa y la Omega» en la salvación de los hombres.
Nuestras consideraciones el día de hoy serán las siguientes: primero: todos los hombres están muertos, porque el texto dice: «Y no queréis venir a mí para que tengáis vida.» Segundo: que hay vida en Jesucristo: «Y no queréis venir a mí para que tengáis vida.» Tercero: que hay vida en Jesucristo para todo aquel que viene por ella: «Y no queréis venir a mí para que tengáis vida,» implicando que todos los que vengan, tendrán vida. Y cuarto: la sustancia del texto radica en esto, que ningún hombre por naturaleza vendrá jamás a Cristo, pues el texto dice: «Y no queréis venir a mí para que tengáis vida.» Lejos de afirmar que los hombres por su propia voluntad harán alguna vez eso, lo niega de manera abierta y categórica, diciendo: «Y NO QUERÉIS venir a mí para que tengáis vida.» Entonces, queridos hermanos, estoy a punto de gritar: ¿Acaso los que creen en el libre albedrío no están conscientes que se están atreviendo a desafiar la inspiración de la Escritura? ¿No tienen ningún entendimiento, aquellos que niegan la doctrina de la gracia? Se han apartado tanto de Dios que retuercen el texto para demostrar el libre albedrío; en cambio, el texto dice: «Y NO QUERÉIS venir a mí para que tengáis vida.»
I. Entonces, en primer lugar, nuestro texto indica QUE LOS HOMBRES ESTÁN MUERTOS POR NATURALEZA. Ningún ser necesita buscar la vida si tiene vida en sí mismo. El texto habla de manera muy fuerte cuando afirma: «Y no queréis venir a mí para que tengáis vida.» Aunque no lo dice con las palabras, efectivamente está afirmando que los hombres necesitan otra vida que la que tienen. Queridos lectores, todos nosotros estamos muertos a menos que seamos engendrados a una esperanza viva.
Todos nosotros, por naturaleza, estamos legalmente muertos: «el día que de él comieres, ciertamente morirás,» le dijo Dios a Adán; y aunque Adán no murió en ese momento físicamente, murió legalmente; es decir, su muerte quedó registrada en su contra. Tan pronto como en Old Bailey (famosa corte criminal de Londres) el juez se cubre la cabeza con una gorra negra y pronuncia la sentencia, el reo es considerado muerto según la ley. Aunque pueda transcurrir todavía un mes antes de que sea llevado al cadalso para que se cumpla la sentencia, la ley lo considera un hombre muerto. Es imposible que ese hombre realice ninguna transacción. No puede heredar nada ni puede hacer un testamento; él no es nada: es un hombre muerto. Su país considera que no tiene ninguna vida. Si hay elecciones, él no puede votar porque está considerado como muerto. Está encerrado en su celda de condenado a muerte, y es un muerto vivo.
¡Ah! Ustedes, pecadores impíos, que nunca han tenido vida en Cristo, ustedes están vivos hoy, por una suspensión temporal de la sentencia, pero deben saber que ustedes están legalmente muertos; que Dios los considera así, que el día en que su padre Adán tocó el fruto, y cuando ustedes mismos pecaron, Dios, el Eterno Juez, se puso una gorra negra de Juez y los ha condenado.
Ustedes tienen opiniones muy elevadas acerca de propia posición, y de su bondad, y de su moralidad. ¿Dónde está todo eso? La Escritura dice que «ya han sido condenados.» No tienen que esperar el día del juicio para escuchar la sentencia (allí será la ejecución de la sentencia) ustedes «ya han sido condenados.» En el instante en que pecaron, sus nombres fueron inscritos en el libro negro de la justicia; cada uno ha sido sentenciado a muerte por Dios, a menos que encuentre un sustituto por sus pecados en la persona de Cristo.
¿Qué pensarían ustedes si entraran en la celda de un condenado a muerte, y vieran al reo sentado en su celda riéndose muy feliz? Ustedes dirían: «Ese hombre es un insensato, pues ya ha sido condenado y va a ser ejecutado; sin embargo, cuán feliz está.» ¡Ah! ¡Y cuán insensato es el hombre del mundo, quien, aunque tiene una sentencia registrada en su contra, vive muy contento! ¿Piensas tú que la sentencia de Dios no se cumplirá? ¿Piensas tú que tu pecado, que está escrito para siempre con una pluma de hierro sobre las rocas, no contiene horrores en su interior? Dios dice que ya has sido condenado. Si tan sólo pudieras sentirlo, esto mezclaría gotas amargas en tu dulce copa de gozo; tus bailes llegarían a su fin, tu risa se convertiría en llanto, si recordaras que ya has sido condenado. Todos nosotros deberíamos llorar si grabáramos esto en nuestras almas: que por naturaleza no tenemos vida ante los ojos de Dios; que estamos en realidad, positivamente condenados; que tenemos una sentencia de muerte en contra nuestra, y que somos considerados por Dios tan muertos, como si en realidad ya hubiésemos sido arrojados al infierno. Aquí ya hemos sido condenados por el pecado. Aun no hemos sufrido el correspondiente castigo, pero la sentencia ya está escrita y estamos legalmente muertos. Tampoco podemos encontrar vida a menos que encontremos vida ante la ley en la persona de Cristo, de lo que hablaremos más adelante.
Pero además de estar legalmente muertos, también estamos muertos espiritualmente. Porque además de que la sentencia fue registrada en el libro, también se registró en el corazón; entró en la conciencia; obró en el alma, en la razón, en la imaginación, en fin, en todo. «El día que de él comieres, ciertamente morirás,» se cumplió, no solamente por la sentencia que fue registrada, sino por algo que ocurrió en Adán. De la misma forma que en un momento determinado, cuando me muera, la sangre se detendrá, cesará de latir el pulso, los pulmones dejarán de respirar, así el día que Adán comió del fruto, su alma murió. Su imaginación perdió su poder maravilloso de elevarse hacia las cosas celestiales y ver el cielo, su voluntad perdió el poder que tenía para elegir siempre lo bueno, su juicio perdió toda la habilidad anterior de discernir entre el bien y el mal, de manera decidida e infalible, aunque algo de eso fue retenido por la conciencia; su memoria quedó contaminada, sujeta a recordar lo malo y olvidar lo bueno; todas sus facultades perdieron el poder de la vitalidad moral. La bondad, que era la vitalidad de sus facultades, despareció. La virtud, la santidad, la integridad, todas estas cosas, eran la vida del hombre; pero cuando desaparecieron, el hombre murió.
Y ahora, todo hombre, está «muerto en sus delitos y pecados» espiritualmente. En el hombre carnal el alma no está menos muerta de lo que está un cuerpo cuando es depositado en la tumba; está real y positivamente muerta: no a la manera de una metáfora, pues Pablo no está hablando de manera metafórica cuando afirma: «Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados.»
Pero, queridos lectores, nuevamente quisiera poderles predicar a sus corazones en relación a este tema. Ha sido algo penoso tener que recordarles que la muerte ya está registrada; pero ahora tengo que hablarles y decirles que la muerte ya ha ocurrido, efectivamente, en sus corazones. Ustedes no son lo que antes eran; ustedes no son lo que eran en Adán, ni son lo que eran cuando fueron creados. El hombre fue creado puro y santo. Ustedes no son las criaturas perfectas que algunos presumen ser; ustedes están completamente caídos, completamente extraviados, llenos de corrupción y suciedad. ¡Oh! Por favor no escuchen el canto de la sirena de quienes les hablan de su dignidad moral, o de su elevada capacidad en los asuntos de la salvación. Ustedes no son perfectos; esa terrible palabra «ruina,» está escrita en sus corazones; y la muerte está sellada en su espíritu.
No pienses, oh hombre moral, que tú serás capaz de comparecer ante Dios sólo con tu moralidad, pues no eres otra cosa que un cadáver embalsamado en legalidad, un esqueleto vestido elegantemente, pero finalmente putrefacto a los ojos de Dios. ¡Y tampoco pienses tú, que posees una religión natural, que tú puedes hacerte aceptable ante Dios mediante tu propia fuerza y poder! ¡Vamos, hombre! ¡Tú estás muerto! Y tú puedes maquillar a un muerto tan gloriosamente como te plazca, pero no dejará de ser una solemne burla.
Allí está la reina Cleopatra: con una corona sobre su cabeza, vestida con sus mantos reales, siendo velada en la sala mortuoria. ¡Pero qué escalofríos recorren tu cuerpo cuando pasas junto a ella! Aun en su muerte, se ve bella. ¡Pero cuán terrible es estar junto a un muerto, aun si se trata de una reina muerta, muy celebrada por su belleza majestuosa! Así también tú puedes tener una belleza gloriosa y ser atractivo, amable y simpático; te pones sobre tu cabeza la corona de la honestidad, y te vistes con los vestidos de la rectitud, pero a menos que Dios te haya dado vida ¡oh, hombre! a menos que el Espíritu haya obrado en tu alma, tú eres a los ojos de Dios tan desagradable, como ese frío cadáver es desagradable para ti.
Tú no elegirías vivir con un cadáver para que comparta tu mesa; tampoco a Dios le agrada tenerte ante sus ojos. Él está airado contigo cada día, pues tú estás en pecado: tú estás muerto. ¡Oh! Debes creer esto; deja que penetre en tu alma; aplícalo a ti, pues es muy cierto que estás muerto, tanto espiritualmente como legalmente.
El tercer tipo de muerte es la consumación de las otras dos. Es la muerte eterna. Es la ejecución de la sentencia legal; es la consumación de la muerte espiritual. La muerte eterna es la muerte del alma; tiene lugar después que el cadáver ha sido colocado en la tumba, después que el alma ha salido de él. Si la muerte legal es terrible, es debido a sus consecuencias; y si la muerte espiritual es espantosa, es debido a todo lo que viene después. Las dos muertes de las que hemos hablado son la raíz, y esa muerte que vendrá es la flor que nace de esa raíz.
¡Oh! quisiera tener las palabras apropiadas para poder describirles lo que es la muerte eterna. El alma se ha presentado ante su Hacedor; el libro ha sido abierto; la sentencia ha sido pronunciada: «Apartaos de mí, malditos» ha sacudido el universo y ha oscurecido a los astros con el enojo del Creador; el alma ha sido arrojada a las profundidades donde permanecerá con otros en muerte eterna. ¡Oh! cuán horrible es su condición ahora. ¡Su cama es una cama de fuego; los espectáculos que contempla son de tal naturaleza que aterran a su espíritu; los sonidos que escucha son gritos sobrecogedores, y quejidos y gemidos y lamentos; y su cuerpo sólo conoce un dolor miserable! Está sumido en un dolor indecible, en una miseria que no conoce el descanso.
El alma mira hacia arriba. La esperanza no existe, se ha ido. Mira hacia abajo llena de terror y miedo; el remordimiento se ha adueñado de su alma. Mira hacia la derecha y las paredes impenetrables del destino la mantienen dentro de sus límites para torturarla. Mira hacia su izquierda y allí los muros de fuego ardiente descartan la menor posibilidad de colocar una escalera para poder escapar. Busca en sí misma el consuelo, pero un gusano que muerde dolorosamente ha penetrado en su alma. Mira a su alrededor y no encuentra a ningún amigo que le pueda ayudar, ni a ningún consolador, sino sólo atormentadores en abundancia. No tiene a su disposición ninguna esperanza de liberación; ha escuchado la llave eterna del destino girar en su terrible cerradura, y ha visto que Dios toma la llave y la lanza al fondo del abismo de la eternidad donde no podrá ser encontrada nunca. No tiene esperanza, no tiene escape, no hay posibilidad de liberación; desea ardientemente la muerte, pero la muerte es su encarnizada enemiga y no vendrá; anhela que la no-existencia lo trague, pero esta muerte eterna es peor que la aniquilación. Anhela la exterminación como el trabajador ansía el día de descanso. Espera ser tragado por la nada de la misma manera que un preso anhela su libertad. Pero nada de esto sucede: está eternamente muerta.
Cuando la eternidad haya recorrido muchísimas veces sus ciclos eternos, estará todavía muerta. La eternidad no tiene fin; la eternidad sólo puede deletrearse con la eternidad. Y después de todo eso, el alma verá un aviso escrito sobre su cabeza: «Tú estás condenada para siempre.» Escucha aullidos que durarán por toda la eternidad; ve llamas que no se pueden extinguir; sufre dolores que no pueden mitigarse; oye una sentencia que no retumba como los truenos de la tierra, que pronto se desvanecen, sino que va en aumento, más y más, sacudiendo los ecos de la eternidad, haciendo que miles de años se sacudan nuevamente con el horrible trueno de su terrible sonido: «¡Apartaos de mí! ¡Apartaos de mí! ¡Apartaos de mí! ¡Malditos!» Esta es la muerte eterna.
II. En segundo lugar, EN CRISTO JESÚS HAY VIDA, pues Él dice: «Y no queréis venir a mí para que tengáis vida.» No hay vida en Dios Padre para un pecador; no hay vida en Dios Espíritu Santo para un pecador, aparte de Jesús. La vida de un pecador está en Cristo. Si piensas que en el Padre puedes encontrar la vida aparte del Hijo, aunque Él ame a Sus elegidos, y decrete que vivirán, no es así; la vida está solamente en el Hijo. Si tomas a Dios el Espíritu Santo aparte de Jesucristo, a pesar de que es el Espíritu quien nos da vida espiritual, sin embargo la vida está en Cristo, la vida está en el Hijo. Ni nos atreveríamos ni podríamos pedir la vida espiritual a Dios el Padre o a Dios el Espíritu Santo. Lo primero que se nos ordena hacer cuando Dios nos saca de Egipto es comer la Pascua. Eso es lo primero. El primer medio por el que recibimos la vida es comiendo la carne y la sangre del Hijo de Dios; viviendo en Él, confiando en Él, creyendo en Su gracia y Su poder.
Nuestra segunda consideración es: hay vida en Cristo. Les mostraremos que hay tres tipos de vida en Cristo, de la misma manera que hay tres tipos de muerte.
En primer lugar hay vida legal en Cristo. De la misma manera que todos los hombre considerados en Adán tenían una sentencia de condenación dictada contra ellos en el momento que Adán pecó, y más especialmente en el momento de su propia primera trasgresión, así también, yo, si soy un creyente, y tú, si confías en Cristo, hemos recibido una sentencia legal absolutoria, dictada a nuestro favor por medio de la obra de Jesucristo.
¡Oh, pecador condenado! Tú puedes estar aquí hoy, condenado como el prisionero de Newgate (famosa prisión de Londres para los condenados a muerte); pero antes de que pase este día, tú puedes estar tan libre de culpa como los ángeles del cielo. Hay vida legal en Cristo, y, ¡bendito sea Dios! algunos de nosotros la tenemos. Sabemos que nuestros pecados son perdonados porque Cristo sufrió el castigo merecido por esos pecados; sabemos que nosotros mismos no podremos ser castigados, pues Cristo sufrió en lugar nuestro. La Pascua ha sido sacrificada por nosotros; el dintel y los postes de la puerta han sido rociados y el ángel exterminador no puede tocarnos jamás. Para nosotros no hay infierno, aunque esté ardiendo con terribles llamas. No importa que Tofet esté preparado desde hace mucho tiempo, y tenga un buen suministro de leña y mucho humo, nosotros nunca iremos allí: Cristo murió por nosotros, en nuestro lugar. ¿Qué importa que haya instrumentos de horrible tortura? ¿Qué importa si hay una sentencia que produce los más horribles ecos de sonidos atronadores? ¡Sin embargo, ni los tormentos, ni la cárcel, ni el trueno, son para nosotros! En Cristo Jesús hemos sido liberados. «Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.»
¡Pecador! ¿Estás tú, legalmente condenado esta mañana? ¿Sientes que es así? Entonces déjame decirte que la fe en Cristo te hará saber que has sido absuelto legalmente. Amados hermanos, no es una fantasía que estamos condenados por nuestros pecados, es una realidad. Tampoco es una fantasía que hemos sido absueltos, es una realidad. Si un hombre va a morir en la horca, pero recibiera un perdón de última hora, sentiría que es una grandiosa realidad. Diría: «he sido perdonado completamente, ya no pueden condenarme otra vez.» Así me siento yo.
«Libre de pecado ahora, camino en libertad,
La sangre del Salvador es mi completo perdón,
A sus amados pies me arrojo,
Para rendirle homenaje, siendo un pecador redimido.»
Hermanos, hemos ganado una vida legal en Cristo, y no podemos perder esa vida legal. La sentencia fue dictada en contra nuestra una vez: pero ahora ha sido anulada. Está escrito: «AHORA, PUES, NINGUNA CONDENACIÓN HAY,» y esa anulación es tan válida para mí dentro de cincuenta años, como lo es ahora. No importa cuántos años vivamos, siempre estará escrito: «Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús.»
Continuando, en segundo lugar, hay vida espiritual en Cristo Jesús. Como el hombre está muerto espiritualmente, Dios tiene una vida espiritual para él, pues no hay ninguna necesidad que no pueda ser suplida por Jesús, no hay ningún vacío en el corazón, que Cristo no pueda llenar; no hay ningún lugar solitario que Él no pueda poblar, no hay ningún desierto que Él no pueda hacer florecer como una rosa.
¡Oh, ustedes pecadores que están muertos! que están muertos espiritualmente, hay vida en Cristo Jesús, pues hemos visto ¡sí! estos ojos lo han visto, que los muertos reviven; hemos conocido al hombre cuya alma estaba totalmente corrompida, pero que por el poder de Dios ha buscado la justicia; hemos conocido al hombre cuya visión era completamente carnal, cuya lujuria lo dominaba plenamente, y cuyas pasiones eran muy poderosas, pero que, de pronto, por un irresistible poder del cielo, se ha consagrado a Cristo, y se ha convertido en un hijo de Jesús.
Sabemos que hay vida en Cristo Jesús de un orden espiritual; sí, y más aún, nosotros mismos, en nuestras propias personas, hemos sentido esa vida espiritual. Recordamos muy bien cuando estábamos en la casa de oración, tan muertos como el propio asiento en el que estábamos sentados. Habíamos escuchado durante mucho, mucho tiempo el sonido del Evangelio, sin que surtiera ningún efecto, cuando de pronto, como si nuestros oídos fuesen abiertos por los dedos de algún ángel poderoso, un sonido penetró en nuestro corazón. Creímos escuchar a Jesús que decía: «El que tenga oídos para oír, oiga.» Una mano irresistible apretó nuestro corazón hasta arrancarle una oración. Nunca antes habíamos orado así. Clamamos: «¡Oh Dios!, ten misericordia de mí, pecador.»
¿Acaso algunos de nosotros no hemos sentido una mano que nos apretaba como si hubiésemos sido sorprendidos en un vicio, y nuestras almas derramaban gotas de angustia? Esa miseria era el signo de una nueva vida. Cuando una persona se está ahogando no siente tanto dolor como cuando logra sobrevivir y está en proceso de recuperación. ¡Oh!, recordamos esos dolores, esos gemidos, esa lucha encarnizada que nuestra alma experimentaba cuando vino a Cristo. ¡Ah!, podemos recordar cuando recibimos nuestra vida espiritual tan fácilmente como puede hacerlo un hombre que ha resucitado de su sepulcro. Podemos suponer que Lázaro recordaba su resurrección, aunque no recordara todas las circunstancias que la rodearon. Así nosotros también, aunque hayamos olvidado mucho, ciertamente recordamos cuando nos entregamos a Cristo. Podemos decir a cada pecador, sin importar cuán muerto esté, que hay vida en Cristo Jesús, aunque esté podrido y lleno de corrupción en su tumba. El mismo que levantó a Lázaro nos ha levantado a nosotros; y Él puede decir, aún a ti pecador: «¡Lázaro!, ven fuera.»
En tercer lugar, hay vida eterna en Cristo Jesús. ¡Oh!, y si la muerte eterna es terrible, la vida eterna es bendita; pues Él ha dicho: «Y donde yo estuviere, allí también estará mi servidor.» «Padre, aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, también ellos estén conmigo, para que vean mi gloria.» «Yo les doy vida eterna; y no perecerán para siempre.» Entonces, cualquier arminiano que quiera predicar acerca de ese texto debe comprar algo que le ayude a estirar sus labios de manera especial; nunca podría decir toda la verdad sin retorcerla de una manera muy misteriosa. La vida eterna: no una vida que se pueda perder, sino la vida eterna. Si perdí mi vida en Adán, la recobré en Cristo; si me perdí a mí mismo eternamente, me he encontrado a mí mismo en Jesucristo. ¡Vida eterna! ¡Oh pensamiento bendito! Nuestros ojos brillan de gozo y nuestras almas se encienden en un éxtasis al pensar que tenemos vida eterna.
¡Estrellas, apáguense!, dejen que Dios ponga Su dedo sobre ustedes: pero mi alma vivirá en el gozo y la bienaventuranza. ¡Oh sol, oscurece tu ojo!, mi ojo verá «al Rey en su hermosura» mientras que tu ojo no hará sonreír más a la verde tierra. ¡Y tú, oh luna, enrojece de sangre! Pero mi sangre nunca dejará de ser; este espíritu vivirá cuando tú hayas dejado de existir. ¡Y tú, grandioso mundo!, tú puedes desaparecer por completo tal como la espuma desaparece sobre la ola que la transporta; sin embargo, yo tengo vida eterna. ¡Oh tiempo!, tú puedes ver a las gigantes montañas morir y esconderse en sus tumbas; puedes ver a las estrellas como higos remaduros caer del árbol, pero nunca, nunca, verás morir mi espíritu.
III. Esto nos lleva al tercer punto: LA VIDA ETERNA ES DADA A TODO AQUEL QUE VENGA BUSCÁNDOLA. Nunca hubo nadie que haya venido a Cristo buscando la vida eterna, la vida legal, la vida espiritual, que no la haya recibido antes, en algún sentido, habiéndole sido manifestado que la tenía tan pronto como vino. Tomemos uno o dos textos: «por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios.» Todo hombre que venga a Cristo encontrará que Cristo puede salvarle: no solamente puede salvarlo un poco, liberarlo de un pequeño pecado, librarlo de un pequeño juicio, llevarlo por un trecho para luego soltarlo: sino que puede salvarlo completamente de todo pecado, protegerlo durante todo el juicio, hasta las mayores profundidades de sus aflicciones, durante toda su existencia.
Cristo le dice a todo el que viene a Él: «Ven, pobre pecador, no necesitas preguntar si tengo poder para salvar. Yo no te voy a preguntar qué tan hundido estás en el pecado; Yo puedo salvarte plenamente.» Y no hay nadie en la tierra que pueda traspasar ese «plenamente.»
Ahora, otro texto: «El que a mí viene (noten que las promesas son casi siempre para los que vienen) no lo echo fuera.» Todo aquel que venga encontrará abierta la puerta de la casa de Cristo, y la puerta de Su corazón también. Todo aquel que venga (lo digo en el sentido más amplio) encontrará que Cristo tiene misericordia de él. La cosa más absurda del mundo es querer tener un Evangelio más amplio que el que está contenido en la Escritura. Yo predico que todo hombre que cree será salvo: que todo hombre que viene hallará misericordia.
La gente me pregunta: «Pero supongamos que un hombre que no es elegido viene, ¿será salvo?» Tú estás suponiendo una cosa sin sentido y no te la voy a responder. Si un hombre no es elegido, nunca vendrá. Cuando en efecto viene, esa es la mejor prueba de su elección. Alguien dice: «Supongamos que alguien viene a Cristo sin ser llamado por el Espíritu.» Detente, hermano mío, esa no es una suposición válida, pues algo así no puede suceder; dices eso sólo para enredarme, y no lo vas a lograr. Yo afirmo que todo aquel que viene a Cristo será salvo. Puedo decir eso como calvinista o como hipercalvinista, tan sencillamente como tú. Yo no tengo un Evangelio más limitado que el tuyo; mi único Evangelio está colocado sobre un cimiento sólido, mientras que el tuyo está construido sobre arena y podredumbre. «Todo aquel que venga será salvo; porque ninguno puede venir a mí si el Padre no le trajere.»
«Pero,» objeta alguien, «supongamos que todo el mundo quisiera venir, ¿los recibiría Cristo a todos?» Ciertamente sí, si vinieran todos; pero no quieren venir. Les digo que a todos los que vengan, ay, aun si fueran tan malos como los diablos, Cristo los recibirá; si todo tipo de pecado y de suciedad fluyera de sus corazones como de un sumidero común utilizado por todo el mundo, Cristo los recibirá. Otro dice: «Quiero saber acerca del resto de la gente. ¿Puedo salir y decirles: Jesucristo murió por cada uno de ustedes? ¿Puedo decir: hay justicia para cada uno de ustedes, hay vida para cada uno de ustedes?» No; no puedes. Puedes decir: hay vida para todo el que viene. Pero si tú dices que hay vida para alguno de esos que no creen, estarías diciendo una mentira muy peligrosa. Si les dices que Jesucristo fue castigado por sus pecados, y sin embargo se pierden, estarías diciendo una vil falsedad. Pensar que Dios pudo castigar a Cristo y luego castigarlos a ellos: ¡me sorprende que te atrevas al descaro de decir eso!
Un buen hombre predicaba una vez que había arpas y coronas en el cielo para toda su congregación; y luego concluyó de la manera más solemne: «Mis queridos amigos, hay muchos para quienes están preparadas estas cosas que nunca llegarán allá.» De hecho, inventó esa historia lamentable, y pudo haber sido cualquier otra historia. Pero les diré por quiénes debió haber llorado. Debió haber llorado por los ángeles del cielo y por todos los santos, pues eso arruinaría al cielo completamente.
Tú sabes cuando te reúnes en Navidad, que si has perdido a tu hermano David y su asiento está vacío, dirás: «Bien, siempre disfrutamos de la Navidad, pero ahora no es igual; ¡el pobre David está muerto y enterrado!» Imagínense a los ángeles diciendo: «¡Ah!, este es un cielo hermoso, pero no nos gusta ver todas esas coronas que están allá cubiertas de telarañas; no podemos soportar esa calle deshabitada: no podemos contemplar aquellos tronos vacíos.» Y entonces, pobres almas, tal vez comenzarían a hablar entre sí, diciendo: «ninguno de nosotros está seguro aquí pues la promesa fue: ‘Yo doy vida eterna a mis ovejas,’ y hay muchas de esas ovejas en el infierno a las cuales Dios dio vida eterna. Hay muchas personas por las que Cristo derramó su sangre que están ardiendo en el abismo, y si ellos pueden ser enviados allí, nosotros también podemos ir. Si no podemos confiar en una promesa, tampoco podemos confiar en la otra.» Así el cielo perdería sus cimientos, y caería. ¡Largo de aquí con ese evangelio que no tiene sentido! Dios nos da un Evangelio seguro y sólido, construido sobre un pacto sellado con hechos y bien ordenado en sus relaciones, sobre eternos propósitos y cumplimientos seguros.
IV. Llegamos ahora al cuarto punto, QUE POR NATURALEZA NINGÚN HOMBRE VENDRÁ A CRISTO, pues el texto dice: «Y no queréis venir a mí para que tengáis vida.» Yo afirmo con base en la autoridad de la Escritura por medio de este texto, que no quieren venir a Cristo para que puedan tener vida. Les digo, podría predicarles por toda la eternidad, podría pedir prestada la elocuencia de Demóstenes o de Cicerón, pero ustedes no querrían venir a Cristo. Podría pedirles de rodillas, con lágrimas en mis ojos, y mostrarles los horrores del infierno y los gozos del cielo, la suficiencia de Cristo, y su propia condición perdida, pero ninguno de ustedes querría venir a Cristo por ustedes mismos a menos que el Espíritu que descansó en Cristo los traiga. Es una verdad universal que los hombres en su condición natural no quieren venir a Cristo.
Pero me parece que escucho a uno de estos charlatanes que hace una pregunta: «Pero, ¿no podrían venir si quisieran?» Amigo mío, te voy a responder en otra ocasión. Ese no es el tema que estamos analizando hoy. Estoy hablando de si quieren, no acerca de si pueden. Ustedes se darán cuenta, siempre que hablan acerca del libre albedrío, que el pobre arminiano en dos segundos comienza a hablar acerca del poder, mezclando dos conceptos que deben mantenerse separados. Nosotros no vamos a tratar esos dos temas conjuntamente; rehusamos tener que pelear con dos a la vez, si me lo permiten. En otra ocasión voy a predicar sobre este texto: «Ninguno puede venir a mí si el Padre no le trajere.» Pero hoy sólo estamos hablando acerca del querer; y es un hecho que los hombres no quieren venir a Cristo, para que puedan tener vida.
Podríamos demostrar esto por medio de muchos textos de la Escritura, pero sólo vamos a tomar una parábola. Ustedes recuerdan la parábola en la que un cierto rey preparó una fiesta para su hijo, e invitó a un gran número de personas para que vinieran; los bueyes y los animales engordados fueron preparados y envió a sus mensajeros para invitaran a muchos a la cena. ¿Fueron a la fiesta los invitados? Ah, no; sino que todos ellos, como si se hubieran puesto de acuerdo, comenzaron a poner pretextos. Uno dijo que se había casado, y por lo tanto no podría asistir, aunque muy bien pudo haber traído a su esposa con él. Otro había comprado una yunta de bueyes y quería ver cómo trabajaban; pero la fiesta era en la noche, y no podía probar a sus bueyes en la oscuridad. Otro había comprado un pedazo de terreno, y quería verlo; pero es difícil pensar que fue a verlo con una linterna. Así que todos pusieron pretextos y no quisieron asistir. Pero el rey estaba decidido a tener la fiesta; por eso dijo: «Vé por los caminos y por los vallados e» invítalos; ¡alto! no invítalos; fuérzalos a entrar;» pues ni aun los mendigos harapientos en los vallados habrían querido venir si no hubieran sido forzados.
Tomemos otra parábola: Un cierto hombre tenía una viña; y en el momento oportuno envió a uno de sus siervos para cobrar su renta. ¿Qué le hicieron? Golpearon al siervo. Entonces envió a otro siervo; y lo apedrearon. Todavía envió a otro y lo mataron. Y, finalmente, dijo: «Enviaré a mi hijo amado; quizás cuando le vean a él, le tendrán respeto.» Pero ¿qué hicieron? Dijeron: «Éste es el heredero; venid, matémosle, para que la heredad sea nuestra.» Y así lo hicieron. Lo mismo sucede con todos los hombres por naturaleza. Vino el Hijo de Dios, y sin embargo los hombres lo rechazaron. «Y no queréis venir a mí para que tengáis vida.»
Nos tomaría mucho tiempo mencionar más pruebas de la Escritura. Sin embargo, nos vamos a referir ahora a la gran doctrina de la caída. Cualquiera que crea que la voluntad del hombre es enteramente libre, y que puede ser salvo por medio de esa voluntad, no cree en la caída. Como se los he repetido a menudo, muy pocos predicadores de la religión creen en verdad completamente en la doctrina de la caída, o bien creen que cuando Adán cayó se fracturó su dedo meñique, y no se rompió el cuello arruinando a toda su raza. Pues bien, amados hermanos, la caída destruyó al hombre enteramente. No dejó de afectar ni una sola potencia; todos fueron hechos pedazos, fueron contaminados y envilecidos; como si en un grandioso templo, los pilares todavía están allí, partes de la nave, alguna pilastra y una que otra columna todavía permanecen allí; pero todo está destruido, aunque algunos elementos todavía retienen su forma y su posición.
La conciencia del hombre algunas veces retiene mucho de su sensibilidad, pero eso no significa que no esté caída. La voluntad tampoco se escapó. Y aunque es el «Alcalde de Alma-humana,» como Bunyan la llama, el Señor Alcalde se ha descarriado. El Señor «Obstinado» ha estado continuamente haciendo lo malo. La naturaleza caída de ustedes no funciona; su voluntad, entre otras cosas, se ha apartado claramente de Dios. Pero les diré la mejor prueba de ello; es el grandioso hecho que nunca han conocido en la vida a un cristiano que les haya dicho que vino a Cristo sin que mencionara que Cristo vino primero a él.
Me atrevería a decir que ustedes han oído muchos buenos sermones arminianos, pero nunca han oído una oración arminiana, pues cuando los santos oran, son una misma cosa en palabra, obra y mente. Un arminiano puesto de rodillas oraría desesperadamente igual que un calvinista. No puede orar sobre el libre albedrío: no hay espacio para eso. Imagínenlo orando así: «Señor, te doy gracias porque no soy como esos pobres calvinistas presumidos. Señor, yo nací con un glorioso libre albedrío; yo nací con el poder de ir a ti por mi propia voluntad; yo he aprovechado mi gracia. Si todos hubieran hecho lo mismo con su gracia como lo he hecho yo, todos podrían haber sido salvos. Señor, yo sé que Tú no puedes hacernos querer si nosotros mismos no lo queremos así. Tú das la gracia a todo mundo; algunos no la utilizan, pero yo sí .Hay muchos que irán al infierno a pesar de haber sido comprados con la sangre de Cristo al igual que yo; a ellos les fue dado el Espíritu Santo también; tuvieron una muy buena oportunidad, y fueron tan bendecidos como lo he sido yo. No fue tu gracia lo que hizo la diferencia; acepto que sirvió de mucho, pero fui yo el que hizo la diferencia; yo hice buen uso de lo que me fue dado, en cambio otros no lo hicieron así; esa es la diferencia principal entre ellos y yo.»
Esa es una oración diabólica, pues nadie más que Satanás podría orar así. ¡Ah!, cuando están predicando y hablando cuidadosamente, puede entrometerse la doctrina errónea; pero cuando se trata de orar, la verdad salta, no pueden evitarlo. Si un hombre habla muy despacio, puede hacerlo muy bien; pero cuando se pone a hablar rápido, el viejo acento de su terruño, donde nació, se revela.
Les pregunto otra vez, ¿han conocido alguna vez a algún cristiano que haya dicho: «Yo vine a Cristo sin el poder del Espíritu?» Si en efecto alguna vez han conocido a un hombre así, no deben dudar en responderle: «Mi querido señor, yo verdaderamente lo creo, pero también creo que saliste también sin el poder del Espíritu, y que no sabes nada acerca del tema del poder del Espíritu, y que estás en hiel de amargura y en prisión de maldad.» ¿Acaso escucho a algún cristiano diciendo: «Yo busqué a Jesús antes que Él me buscara a mí?» No, amados hermanos; cada uno de nosotros debe poner su mano en su corazón y decir:
«La gracia enseñó a orar a mi alma,
Y también hizo que mis ojos derramaran lágrimas;
Es la gracia la que me ha guardado siempre,
Y nunca me abandonará.»
¿Hay aquí alguien, alguien solitario, hombre o mujer, joven o viejo, que pueda decir: «Yo busqué a Dios antes que Él me buscara a mí?» No; y aun tú que eres un poco arminiano vas a cantar:
«¡Oh, sí!, verdaderamente amo a Jesús,
Sólo porque Él me amó primero.»
Y ahora otra pregunta. ¿Acaso no nos damos cuenta, aun después de haber venido a Cristo, que nuestra alma no es libre, sino que es guardada por Cristo? ¿Acaso no nos damos cuenta, aun ahora, que el querer no está presente en nosotros? Hay una ley en nuestros miembros, que está en guerra contra la ley de nuestras mentes. Ahora, si quienes están vivos espiritualmente sienten que su voluntad es contraria a Dios, ¿qué diremos del hombre que está «muerto en delitos y pecados»? Sería una cosa maravillosamente absurda poner ambos al mismo nivel; y sería aun más absurdo poner al que está muerto antes del que está vivo. No; el texto es verdadero, la experiencia lo ha grabado en nuestros corazones. «Y no queréis venir a mí para que tengáis vida.»
Ahora, debemos decirles las razones por las que los hombres no quieren venir a Cristo. Primero, porque ningún hombre por naturaleza considera que necesita a Cristo. Por naturaleza el hombre considera que no necesita a Cristo; considera que está vestido con sus ropas de justicia propia, que está bien vestido, que no está desnudo, que no necesita que la sangre de Cristo lo lave, que no está rojo ni negro, y que no necesita que ninguna gracia lo purifique. Ningún hombre se da cuenta de su necesidad hasta que Dios no se la muestre; y hasta que el Espíritu Santo no le haya mostrado la necesidad que tiene de perdón, ningún hombre buscará el perdón. Puedo predicar a Cristo para siempre, pero a menos que sientan que necesitan a Cristo, jamás vendrán a Él. Puede ser que un doctor tenga un consultorio muy bueno, y una farmacia bien surtida, pero nadie comprará sus medicinas a menos que sientan la necesidad de comprarlas.
La siguiente razón es que a los hombres no les gusta la manera en que Cristo los salva. Alguien dice: «No me gusta porque Él me hace santo; no puedo beber o jurar si Él me ha salvado.» Otro afirma: «Requiere de mí que sea tan preciso y puritano, y a mí me gusta tener mayor libertad.» A otro no le gusta porque es tan humillante; no le gusta porque la «puerta del cielo» no es lo suficientemente alta para pasar por ella con la cabeza erguida, y a él no le gusta tener que inclinarse. Esa es la razón principal por la que no quieren venir a Cristo, porque no pueden ir a Él con las cabezas erguidas; pues Cristo los hace inclinarse cuando vienen. A otro no le gusta que sea un asunto de la gracia desde el principio hasta el final. «¡Oh!» dice:»si yo pudiera llevarme algo del honor.» Pero cuando se entera que es todo de Cristo o nada de Cristo, un Cristo completo o sin Cristo, dice: «no voy a ir,» y gira sobre sus talones y se va. ¡Ah!, pecadores orgullosos, ustedes no quieren venir a Cristo. ¡Ah!, pecadores ignorantes, ustedes no quieren venir a Cristo, porque no saben nada acerca de Él. Y esa es la tercera razón.
Los hombres desconocen Su valor, pues si lo conocieran, querrían venir a Él. ¿Por qué ningún marinero fue a América antes de que Cristóbal Colón fuera? Porque no creían que América existiera. Colón tenía fe, y por tanto él sí fue. El que tiene fe en Cristo viene a Él. Pero ustedes no conocen a Jesús; muchos de ustedes nunca han visto su hermosísimo rostro; nunca han visto cuán valiosa es su sangre para un pecador, cuán grande es su expiación; y que Sus méritos son absolutamente suficientes. Por tanto «no queréis venir a Él.»
Y ¡oh!, queridos lectores, mi última consideración es muy solemne. He predicado que ustedes no quieren venir. Pero algunos dirán: «si no vienen es su pecado.» ASÍ ES. Ustedes no quieren venir, pero entonces esa voluntad de no venir es una voluntad pecaminosa. Algunos piensan que estamos tratando de poner «colchones de plumas» a la conciencia cuando predicamos esta doctrina, pero no hacemos eso. Nosotros no afirmamos que es parte de la naturaleza original del hombre, sino que decimos que pertenece a su naturaleza caída.
Es el pecado el que te ha sumido en esta condición de no querer venir. Si no hubieras caído, querrías venir a Cristo en el momento en que te es predicado; pero no vienes por tus pecados y crímenes. La gente se excusa a sí misma porque tiene un corazón malo. Esa es la excusa más débil del mundo. ¿Acaso el robo y el hurto no vienen de un corazón malo? Supongan que un ladrón le dice a un juez: «No pude evitarlo, tenía un mal corazón.» ¿Qué diría el juez? «¡Bandido!, si tu corazón es malo, voy a darte una mayor sentencia, pues tú eres ciertamente un villano. Tu excusa no sirve para nada.» El Todopoderoso «se reirá de ellos, se burlará de todas las naciones.» Nosotros no predicamos esta doctrina para excusarlos a ustedes, sino para que se humillen. La posesión de una mala naturaleza es tanto mi culpa como mi terrible calamidad.
Es un pecado que siempre será achacado a los hombres. Cuando no quieren venir a Cristo es el pecado lo que los aleja. Quien no predica eso, me temo que no es fiel a Dios ni a su conciencia. Vayan a casa, entonces, con este pensamiento; «soy por naturaleza tan perverso que no quiero venir a Cristo, y esa perversidad impía de mi naturaleza es mi pecado. Merezco ir al infierno por eso.» Y si ese pensamiento no te humilla, a pesar de que el Espíritu lo está usando, ninguna otra cosa podrá hacerlo. Este día no he ensalzado la naturaleza humana, sino que la he humillado. Que Dios nos humille a todos. Amén.
Charles Spurgeon: Vida y ministerio de “El Príncipe de los Predicadores”
Es considerado por muchos como uno de los predicadores más grandes de la historia. La vida y el ministerio de Charles Spurgeon realmente son inspiradores.
Charles Spurgeon fue llamado “el príncipe de los predicadores”, llegó a predicar a audiencias de más de 20,000 personas sin micrófono, fue uno de los hombres más importantes de su tiempo, y su pensamiento e influencia llegan hasta nuestros días. Se le considera hoy el predicador más extraordinario de su época.
Podríamos decir que, como predicador, Spurgeon lo tenía todo, excepto buena salud. Sufría constantemente de diversas dolencias y a veces sufría de graves episodios de depresión. También tenía gota reumática, lo que finalmente le quitó la vida a la edad de 57 años.
Cuando se considera el gran corazón de Spurgeon, su exposición bíblica del evangelio, su relevancia cultural, su estilo apasionado y la elocuencia de su predicación, no es de extrañar que se le llame hoy “el príncipe de los predicadores”.
Predicó su último sermón en junio de 1891 y murió seis meses después.
Cuando Charles Spurgeon murió en enero de 1892, Londres se puso de luto. Cerca de 60,000 personas vinieron a rendirle homenaje en el Tabernáculo Metropolitano. Alrededor de 100,000 salieron a las calles mientras un desfile fúnebre de dos millas de largo siguió a su carroza fúnebre desde el Tabernáculo hasta el cementerio. Las banderas ondearon a media asta y las tiendas y los pubs estuvieron cerrados.
Una producción de Ministerios Integridad & Sabiduría
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Josías es licenciado en idiomas bíblicos por The Master’s University y con Maestría en Divinidad por The Master’s Seminary. Sirvió durante cinco años como capellán del Hospital General de Los Angeles (California), y sirvió como misionero por dos años en la Ciudad de México. En la actualidad , está encomendado como anciano de la iglesia Grace Community Church donde sirviendo en el ministerio hispano. Josías y su esposa Cristal tienen tres hijos.
Poco antes de su muerte, un presidente de la República francesa declaró públicamente: «Creo en las fuerzas del espíritu, y no los dejaré». Con esto quería decir que su espíritu, después de su muerte, estaría aún entre sus compatriotas. Sin embargo, la Biblia dice: “El espíritu vuelva a Dios que lo dio” (Eclesiastés 12:7), indicando así que después de la muerte, el espíritu del hombre no se manifiesta más en la tierra.
Algunos incrédulos, cuando se acerca el momento de la muerte, evocan la idea de que si hay un más allá, Dios tendrá gracia… al menos así lo esperan.
La vida del alma después de la muerte es una realidad. Está ligada al hecho de que cuando Dios creó al ser humano, este recibió el soplo de vida y fue “un ser viviente” (Génesis 2:7). Después de la muerte, el alma vuelve a Dios, esperando ser revestida de un cuerpo nuevo, pues todos resucitarán, “los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación” (Juan 5:29).
Ahora bien, ¿quién hizo el bien en este mundo? Uno solo, Jesucristo. Entonces, ¿quién puede pretender la “resurrección de vida”? Solamente aquellos que creen en el Señor Jesús para tener la vida. “Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo. El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida. Vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios… tenéis vida eterna” (1 Juan 5:11-13).